lunes, 25 de junio de 2007

Marion Jones, de la excelencia a la ruina

Tenía un futuro envidiable. Casi inagotable. Era la mujer más rápida del mundo, el gran ejemplo para la sociedad estadounidense, tan amante de los mitos. Era un ideal, por eso la revista Vogue la nombró Nuevo héroe americano. Pero un día todo se torció y Marion Jones (L.A., California, 1975) pasó a ser una atleta tramposa, una traidora. Ahora, según publica Los Angeles Times, está en la ruina. Tan sólo dispone de 2.000 dólares en efectivo, cuando sus ingresos anuales rondaron los 10 millones. Cuando llegó a ganar 80.000 dólares por correr una carrera.

La estrella de los Juegos Olímpicos de Sydney ha perdido su patrimonio -"quién sabe qué ha pasado..."-, entre otras cosas, intentando demostrar que es inocente. Que es falso que alguna vez se haya dopado, como todos insinúan y nadie demuestra. Su última acusación data de agosto de 2006, cuando dio positivo por EPO (eritropoietina) en los campeonatos estadounidenses. Pero el contraanálisis la señaló como inocente.

"Siempre he sostenido que jamás tomé nada y estoy deseando volver a correr", dijo entonces Jones. "No creo que compita este año", expresa ahora su actual entrenador, Steve Riddick. "Quiere estar en los Juegos Olímpicos de Pequín", concluye, optimista.

Las cinco medallas de Sydney

Poco, muy poco, ha disfrutado en la cumbre, entre los más grandes, Marion Jones. Apenas pudo saborear su gran proeza, lograr cinco medallas (tres de oro, en 100, 200 y en relevos 4x400 m.; y dos de bronce, en salto de longitud y 4x100 m.) en los Juegos Olímpicos de Sydney, en 2000. Durante la competición se comunicó el positivo por nandrolona y testosterona de su entonces marido y entrenador, C.J. Hunter, un armario lanzador de peso.

¿Eran sus marcas un fraude? Se preguntaban muchos. Pero Jones supo abstraerse de aquel mal momento, aprovechar sus inagotables recursos y conseguir los cinco metales que se había propuesto conseguir -aunque no fueran todos de oro como se había marcado-. Ante la adversidad, se hizo más fuerte: "¿Qué cómo estoy? No sé, pregúnteselo a un psicólogo", le contestó a un periodista.

No era la primera vez que Jones era sospechosa de dopaje. En 1993, con 16 años, fue sancionada cuatro años por no presentarse a un control, aunque finalmente se salvó por la intervención del prestigioso abogado Johnny Cockrane, que alegó que su cliente no había recibido la notificación previa. Un año después la joven deportista ganaría el campeonato universitario de Carolina del Norte. Y, en 1997, ya volcada en el atletismo, lograría sus dos primeros oros internacionales (100 y 4x100 m.), en el Mundial de Atenas. En el escenario, en 2004, de su primera rendición.

Mirada triste

"Marion Jones tiene la mirada triste y el aire resignado de una mujer que se siente sola", describía con brillantez el periodista de El País Santiago Segurola en la crónica de las semifinales del salto de longitud de los Juegos Olímpicos disputados en la capital griega. En la final sólo sería quinta. En la otra prueba a la que se presentó, 4x100 relevos, falló en la entrega y su equipo fue descalificado.

No se sentía con fuerzas Jones. Todo estaba en su contra: su ya ex marido, Hunter -del que se había separado en 2001-, la acusó de coleccionar sustancias dopantes y su ex entrenador, Trevor Graham, envió al laboratorio de la Agencia Antidopaje de Estados Unidos una jeringuilla con la que supuestamente se había inyectado THG. Un anabolizante de diseño discreto. Nacía el Caso Balco. No se demostró nada. La condenaron como siempre.

El nacimiento de su hijo

Tampoco ha sabido elegir a sus parejas. Ni primero a Hunter ni después a Tim Montgomery, el atleta que, temporalmente, logró la plusmarca en 100 metros (9'78), pero que viviría su carrera entre sanciones. Jones tuvo un hijo, Tim, con Montgomery. Su retoño fue una pausa en su frenética vida: estuvo 17 meses sin competir, desde septiembre de 2002 (Copa del Mundo en Madrid), hasta febrero de 2004, cuando reapareció en Birmingham. Poco después la pareja sería vetada por la organización de la Golden League, la reunión de los mejores. En 2005, tras renunciar a partipar en los Mundiales de Helsinki, rompieron.

También se ha equivocado Jones con sus entrenadores, como Charlie Francis, promotor del Sistema Avanzado de Entrenamiento (F.A.S.T.), ex técnico del gran tramposo de la historia (Ben Johnson, Seúl 88) y que en su web se vendía como "el hombre que produjo 23 récords del mundo". En 2002 Jones, ante la presión mediática, tuvo que despedirle. "Con él sólo quería mejorar técnicamente, estar al nivel de quienes han seguido sus consejos", se defendió, "Soy una defensora del deporte sin drogas y lo seré siempre".

Todavía sueña con volver a las pistas. Con recuperar sus prodigiosas zancadas. Con demostrar a sus detractores que se han equivocado y hacer añicos las críticas. "Tendría que cuidar de su pequeño y alejarse de las pistas", le recomienda un mito como Michael Johnson. Pero la que fuera la mujer más rápida del mundo aún se ve compitiendo. Pase lo que pase, lo seguirá intentando. No quiere ser recordada como una atleta que pasó de la excelencia a la ruina, de la genialidad a la oscuridad del dopaje.

2 comentarios :

jose dijo...

Marion Jones es una tramposa.Debería ser desposeída de sus medallas

CARLOS dijo...

IGUAL PASO CON FLORENCE GRIFFITH JOYNER Y MURIO A LO 36 O 38 DOPADA EN UN AVION MUCHO DESPUES DE SU RETIRO. DE HECHO TIENE LA MARCA DE 100 MTS VIGENTE. JONES YA SE JODIO EN EL ATLETISMO Y NO PUEDE COMPROBAR SU INOCENCIA. YO ME CASO CON ELLA Y LA MANTENGO