Buscar este blog

Cargando...

lunes, 30 de julio de 2007

Bennati, un filósofo entre pedales

Daniele Bennati celebra su victoria en los Campos Elíseos. -EFE

Llegar a París, atravesar los Campos Elíseos, el Arco del Triunfo, oler el aroma del río Senna debe ser un placer. También un alivio para un corredor que se ha pasado 21 días pedaleando, más de 91 horas contra el cronómetro, peleándose tanto con los puertos más asequibles como con los complicados, luchando con los sprinters o escondiéndose en la cola del pelotón para evitar riesgos innecesarios. Ganar el último día debe ser sensacional. Es llevarse el mejor recuerdo posible.

La última etapa es un carrusel de fugas poco claras. Imprecisas. Muchos lo intentan y casi todos son alcanzados. Los mejores no suelen escaparse: es el pacto de siempre. "No he tratado de atacar a Evans por la segunda plaza porque este es un día de fiesta", resume Leipheimer, tercero a tan sólo ocho segundos.
Es un homenaje a los supervivientes y, sobre todo, a los que ganan una clasificación. El campeón, en este caso Alberto Contador, se hace fotografías con sus compañeros, brinda con ellos con champaigne. E incluso, si tiene problemas -pinchó y tuvo que cambiar la rueda- hay un acuerdo de no agresión.

El sprint

Casi siempre se decide todo en un sprint. Casi siempre gana ese tipo de corredor que se desenvuelve a la perfección rodeado de bicis desbocadas. Es el ganador o un aspirante al maillot verde de la regularidad. Por un día pareció que no sería así. Una fuga de 10 corredores, entre los que estaban Joan Antoni Flecha e Iván Gutiérrez, quiso evitarlo. Fue un amago de novedad, ya que tan sólo llegaron a tener 45 segundos y con el trabajo del Barloworld, al que le interesaba una llegada al sprint para su líder Robbie Hunter, fueron cazados. Quedaba 1 kilómetro de Tour.

En los últimos metros el favorito, Tom Boonen, se quedó encerrado. No pudo progresar, pero al menos conservó su maillot verde. El ciclista belga sólo pudo observar cómo Daniele Bennati (Lampre), con el viento a favor, lanzaba un ataque. El definitivo. Ni Thor Hushovd ni Érik Zabel, ambos por la derecha, pudieron seguir su rueda. Ganó Bennati y se llevó el último premio. O quizás algo más: "Vencer en el Tour te convierte en un corredor importante. Mi carrera empieza ahora".

Futuro ganador del maillot verde

Daniele Bennati (Arezzo, Italia, 1980) es un futuro ganador del maillot verde del Tour. Vencedor en dos etapas -también Castelsarrasin-, ha logrado el premio a la regularidad en carreras más modestas, como la Vuelta a Suiza (2006 y 2007), la Vuelta a Alemania (2005), la Three Days of De Panne (2007) o la Vuelta Valencia de este año, donde además ganó tres etapas.

Era cuestión de tiempo que Bennati se apasionara por el ciclismo. Tanto su padre Moreno como su hermano Samuele eran fanáticos y competían en pequeñas pruebas. Su abuelo, Nino, le regaló su primera bicicleta -"¡me seguía con 84 años!"- y, en
1990, con diez años, ganó su primera carrera, un campeonato provincial en Arezzo.

Fan de Coldplay

"Para mí la bici no es tan sólo un trabajo, es un color fundamental en el cuadro de la vida. Un modo de estar en armonía, de no estresarme", explica, filosófico, Bennati. "Mientras pedaleo me gusta escuchar Coldplay, explorar el mundo, saborear la naturaleza y los sueños", añade.


Benna se declara un tipo hogareño y confiesa que uno de sus sueños por cumplir es viajar al espacio. "Pesé 4 kilos 300 gramos. Es demasiado para un recién nacido", explica, divertido, en su página web, donde también reconoce que la victoria más especial de su vida siempre será la del 1 de marzo de 2005 en la Vuelta a Toscana. Entonces ganó la etapa que pasó por su querido Arezzo, por su ciudad. Era el incentivo que necesitaba tras un año casi en blanco en el Phonak.

domingo, 29 de julio de 2007

Levi Leipheimer, ciclista por los esquís

Leipheimer ganó con autoridad la última contrarreloj del Tour. -EFE

Este Tour, el más herido en su orgullo y credibilidad, necesitaba un desenlace como éste. Ansiaba por una resolución lenta e infinita. Y así ha sido. Sólo 23 segundos separan al virtual campeón, Alberto Contador, del segundo, Cadel Evans. Tan sólo 31, algo casi inapreciable tras más de 89 horas de esfuerzo, distancian al primero del tercero, otro corredor del Discovery Channel, Levi Leipheimer, ganador de la última contrarreloj.

Nunca los tres primeros estuvieron tan cerca. Sólo en 1989 hubo menos diferencia entre el ganador y el subcampeón. Entonces Greg LeMond se impuso al ídolo local Laurent Fignon por ¡8 segundos! "
Espero que los jóvenes vean como yo que el ciclismo es bonito y saludable, que lo practiquen o lo sigan por televisión", suspira en alto Contador.

Entre Evans y Contador estaban las apuestas y el ganador final. Nadie parecía contar con Levi Leipheimer (Butte, Montana
, EE UU, 1973), a casi tres minutos del español y a 61 segundos del australiano. Nadie parecía recordar que el corredor estadounidense era el líder del Discovery Channel antes de empezar el Tour.

Con energía ilimitada

Pronto demostró Leipheimer que, al menos, la contrarreloj entre Cognac y Angoulème, de 55'5 km, iba a ser suya. En el primer parcial marcó el mejor tiempo. Acabaría haciéndolo en todos, con alegría, con energía ilimitada. Apretando sus dientes para morder más premio, un segundo puesto. Quizás el de campeón.

Su ritmo, más de 53 kilómetros por hora, era sensacional. Y Leipheimer no escatimó ni en la recta final: se agarró a las manetas, se levantó del sillín y apuró para lograr su primera victoria en el Tour. A la tercera, tras ser segundo en la 16ª etapa, en el Aubisque, ante el expulsado Michael Rasmussen, y en la 11ª de 2006 tras Denis Menchov en Pla de Beret.

Poco después llegaría Evans, desencajado. Totalmente entregado. Demasiado frustrado, no sólo haber sido incapaz de remontar la desventaja con Contador, sino porque incluso pudo perder su segundo puesto. Lo conservó por poco, por tan sólo ocho segundos. Aunque no debe fiarse: quizás mañana Leipheimer se marque un buen sprint en los últimos metros y se aproveche de las bonificaciones.

Para fortalecer sus piernas

Pase lo que pase, el Tour habrá sido un éxito para este veterano corredor estadounidense que empezó a competir con su bici para fortalecer sus piernas, para poder controlar con más precisión sus esquís en los descensos. Porque Leipheimer quería ser esquiador, pero acabó enamorándose de la bici.

No fue hasta 1998, con 25 años, cuando llegó a la élite. Sus buenas actuaciones en su primer equipo, el Saturn, le llevaron, en 2000, al US Postal de Lance Armstrong. En 2001, contra pronóstico, queda tercero en la Vuelta a España, tras el campeón Ángel Casero y Óscar Sevilla. "Hasta hoy ése era mi gran éxito", rememora en la TV francesa Leipheimer. Ahora ya tiene una etapa en una gran prueba y otro tercer puesto.

Su éxito en La Vuelta hizo que le fichara el conjunto holandés Rabobank. Con el maillot naranja debutará en el Tour, en 2002, donde será octavo. En 2004 ganará la Setmana Catalana y decidirá irse al Gerolsteiner, con el que será tercero en la Dauphiné Libéré en 2005 y campeón en 2006. Además de ganador del Tour de Alemania por delante de Jan Ullrich. En Francia, pese a formar parte de los favoritos, no conseguía sobresalir, mejorar su mejor posición,hace dos años.
Algo que sí ha logrado en su retorno al Discovery Channel -antiguo US Postal-.

Un billete de avión

Leipheimer es tremendamente familiar. Le encanta pedalear por Santa Rosa (California) junto a su mujer, Odessa Gunn, a la que conoció en 1997, en unos campeonatos en Philadephia. "Me regaló un billete de avión para que le visitara y nunca nos hemos vuelto a separar", relata Gunn.

El ciclista del Discovery Channel es un apasionado de la bici de montaña y de Internet -aunque en su página web salga aún como corredor del Gerolsteiner-. Subasta sus maillots del Tour para ayudar a un ciclista accidentado y a asociaciones a favor de sus animales preferidos, los gatos. Menos le atraen los caballos, uno, cuando tan sólo tenía dos años, le reventó los intestinos de un golpe. A punto estuvo de morir.

"He hecho la crono de mi vida", prosigue. A unos metros sonríe su director de equipo, Johan Bruyneel. No se ha equivocado con su fichaje. Más serio y oculto está Armstrong, que apenas se deja ver. El heptacampeón del Tour ha seguido la carrera desde el coche del Discovery Channel. Ha disfrutado del triunfo final de Contador -"Lance siempre ha sido un ejemplo de superación para mí; leí su biografía cuando estaba en el hospital y me ayudó mucho"-, y de la victoria de Leipheimer, su sustituto en los Juegos Olímpicos de Atenas. De un hombre que se hizo ciclista por los esquís.


lunes, 23 de julio de 2007

Stoner aumenta la frustración de Rossi

Stoner encara una curva en el circuito de Laguna Seca, en EE UU. - EFE

Laguna Seca
seguirá siendo, junto con el de Estambul, uno de los dos circuitos en los que Valentino Rossi nunca ha ganado. Y, como el año pasado, el escenario de sus peores momentos. En 2006 abandonó el trazado mientras Nicky Hayden dominaba a placer. Se quedó a 51 puntos del liderato. También fracasó en EE UU. Esta vez acabó la carrera, pero sólo fue cuarto en el monólogo de Casey Stoner. El piloto australiano, de tan sólo 21 años, logró su sexta victoria de la temporada y ya le saca 44 puntos a Il Dottore. Aumentó su frustración. 30 segundos les separaron. El español Dani Pedrosa fue quinto.

"Hace carreras que me veo campeón. Cada vez es más real esa posibilidad", sentenció Stoner. El piloto de Ducati no sólo se acercó más a su primer título mundial, además, rompió la estadística más curiosa: por fin el hombre pole, 13 carreras después, ganó la carrera. Y, por fin, el propio Stoner fue podio saliendo el primero. Esta temporada en los dos antecedentes no estuvo entre los tres primeros. Chris Vermeulen y Marco Melandri le acompañaron en el podio. Tres pilotos Bridgestone: la marca de neumáticos ganó su duelo con Michelin (Rossi y Pedrosa).

20'09 puntos

Sabe el heptacampeón que necesitará otra reacción espectacular como la del año pasado, cuando se puso por delante de Hayden en la penúltima prueba, en Estoril -gracias a la temeridad de Pedrosa, que tiró a su compañero-. Aún tendría más repercusión su remontada. Porque Stoner no es un simplemente un piloto regular, consigue 20'09 puntos de cada 25. Il Dottore sólo 16'09. Mucho tiene que cambiar todo en las siete pruebas que quedan, incluida una de sus favoritas, la de Philip Island, para que Rossi consiga su octavo mundial.

Como en Sachsenring, Pedrosa realizó una excelente salida. Se colocó primero, pero en pocos metros vio cómo Stoner le adelantaba. Y cuatro giros después fue Vermeulen, por el interior, quien le pasó. Con problemas en sus neumáticos, el piloto español nunca se sintió bien en un circuito tan exigente como el de Laguna Seca -"La moto rebotaba mucho. No podíamos atacar, teníamos que ser conservadores"-. No tuvo las sensaciones de 2006, cuando fue segundo tras Nicky Hayden.

La decepción de Hayden

Tampoco el estadounidense cumplió en el trazado de su país, donde había ganado en 2005 y 2006. Estuvo a punto de caerse en la primera vuelta, cuando Hopkins colisionó con su Honda. Y de estar a punto de ponerse a rueda de Pedrosa pasó a perder posiciones. Hasta ir último, el 15º, hasta ser doblado a falta de nueve vueltas por el imparable Stoner. Poco después abandonó, absolutamente decepcionado. El campeón del mundo es décimo... ¡a 148 puntos del liderato!

Quien sí que brilló en EE UU fue Melandri. El sábado, en la sesión de calificación, el piloto italiano se lanzó de la moto cuando vio que iba a impactar contra un muro. Poco después apareció cojeando, se montó en su Honda y se clasificó décimo. En la carrera su actuación aún fue más meritoria. Igualó la tercera plaza de 2006. Desesperó a Pedrosa primero y a Rossi después, pero nunca tuvo opciones de alcanzar al australiano Vermeulen.

Contador, escalador de montañas, ejemplo de vida

Contador rechaza las felicitaciones del líder Rasmussen tras su triunfo. - EFE

Vivir sabiendo que has estado cerca de dejar de hacerlo marca. La desgracia ayuda a priorizar, arranca madurez y coraje. Alberto Contador (Pinto, Madrid, 1982) lo explica muy bien. Dice que se vio alejado de la bici, tras diagnosticársele un cavernoma cerebral en 2004, y ahora es la gran sensación del Tour. Dice que perdió la ilusión cuándo comprobó cómo era realmente el ciclismo, tan alejado de su idea, y cuándo le implicaron en la Operación Puerto, sin tan siquiera conocer a Eufemiano Fuentes. Y ahora disfruta de su espectacular metamorfosis y, tras ganar en Plateau de Beille, la primera etapa de Los Pirineos, es el principal candidato a quitarle el maillot amarillo a Michael Rasmussen. Es segundo a 2'23'' del danés.


Como Marco Pantani en 1998, como Lance Armstrong en 2002 y 2004, Contador protagonizó otra exhibición de fuerza en el mítico Plateau de Beille. El líder, Rasmussen, el único que aguantó su ritmo, lo reconoció: "Probablemente fue la subida y el final de etapa más difícil de la carrera. Es un gran triunfo para él". El ciclista danés felicitó en persona al corredor del Discovery Channel, pero éste rechazó sus elogios. "Hemos pactado que nos escaparíamos y que yo ganaba la etapa. Nos beneficiaba a los dos -explicó Contador-. Pero en los últimos metros arrancó. Me ha demostrado que no tiene palabra".

Valverde y Vinokurov, descartados


Ese intento de traición fue lo único malo de una jornada redonda para Contador, que aumentó su ventaja sobre Kloden y superó en la clasificación a Evans, incapaz de seguir uno de sus innumerables ataques. También descartó definitivamente a Alejandro Valverde, que perdió casi tres minutos y está a casi diez del líder. Aunque, sin duda, el gran derrotado fue Alexander Vinokurov. El kazajo, tras su tremendo triunfo en la contrarreloj, llegó con 29 minutos de retraso.

"Me he emocionado leyendo mi nombre en la carretera, con este gran ambiente. Quedan tres etapas muy duras... Es posible que falle, pero Rasmussen también puede tener un mal día", analizó Contador. Seguramente, mientras lanzaba el último ataque, mientras veía cómo Evans, Soler o su compañero -y presunto líder- Leipheimer resoplaban, recordó por lo que ha pasado. Aquel desmayo en la Vuelta a Asturias, el 12 de mayo de 2004, que le hizo caerse de la bici.

Salva su vida

Tras varios días ingresado en el hospital, con fractura del hueso malar, traumatismo cerebral y un coágulo de sangre en el cerebro,
el ciclista fue dado de alta, pero volvió a encontrarse mal. Tenía un cavernoma cerebral, una malformación genética de una arteria. Dos meses después de su accidente fue operado en Madrid. Salvó su vida.

Desde aquel día disfruta más de todo y es mejor corredor. En 2005 ganó una etapa en el Tour Down Under y ganó la Setmana Catalana (con otra victoria) y debutó en el Tour. Pero acabó el año en el hospital, operado de una hernia inguinal (abultamiento en la ingle o dentro del escroto). En 2006, acusado de doparse, no pudo competir en Francia. Tuvo que conformarse con ganar tres etapas en Romandía, País Vasco y Suiza.

El salto de calidad

Pero ha sido esta temporada cuando Contador ha dado el gran salto de calidad. En marzo ganó la clásica París-Niza con una gran escapada el último día. Se convirtió en el segundo español en conseguirlo, tras Miguel Indurain (1989 y 1990). Davide Rebellin (Gerolsteiner) aún no lo ha podido asimilar. También se ha impuesto en la Vuelta a Castilla y León. Y ahora triunfa en el Tour.

Contador logró la 105ª victoria de etapa de un ciclista español en la ronda gala. Una cifra que inició, en 1929, el valenciano Salvador Cardona, que ganó la novena etapa -con el Tourmalet como gran torturador- y por delante del gran ídolo francés, Victor Fontan. Completó los 363 km. en 16 horas y media. Eran otras tiempos. Tiempos de etapas nocturnas.

Contador es un enamorado de los pájaros, que le liberan de las tensiones, le hacen desconectar. De pequeño, tras llegar de la escuela, lo primero que hacía era desmenuzar pan, salir al balcón y dar de comer a las palomas. Ahora se dedica a la cría de jilgueros y canarios, que le ocupa gran parte de su tiempo libre. También le encanta cantar y bailar los éxitos de su grupo preferido, El Canto del loco, y no se cansa de ver Braveheart. Una historia épica. Como la suya.


Alonso reabre el Mundial y la polémica

Alonso celebra su triunfo en el GP de Europa. -EFE

No era necesario. Fernando Alonso acababa de reabrir el Mundial, de lograr una tremenda victoria en el circuito de Nürburgring, en el santuario de Michael Schumacher. En el GP de Europa, bajo la lluvia, había superado a Felipe Massa a cinco vueltas para el final, y se ponía a dos puntos del líder, de su compañero Lewis Hamilton, noveno y por primera vez fuera del podio y sin puntos. No se controló el piloto español: se bajó del McLaren, hizo su ritual de festejos y se equivocó. Señaló la marca de su monoplaza, unos rasguños negros, fruto del choque involuntario con Massa. Reabrió la polémica.

"¿Ganas y te pones así?", le recriminó, incrédulo, el brasileño. Y Alonso se puso a celebrar su éxito, la 18ª victoria de su carrera, con la cámara. Una actitud más típica de un niño malcriado que de un bicampeón mundial. "Le pido disculpas, estaba demasiado nervioso", dijo Alonso. Ya tiene otro enemigo.

Golpe a sus rivales

"He disfrutado mucho. Me encantan este tipo de carreras sobre mojado. Me siento muy cómodo", explicaba Alonso, que sin duda se descargó de sus últimas frustraciones. Su tercer triunfo de la temporada fue el más decisivo: dobló a Hamilton, vio cómo Raikkonen abandonaba (por cuarta vez en cinco años en este circuito) y encolerizó a Massa -"Si Fernando no está contento, no es mi problema. En Barcelona pasó algo similar"-.

No se esperaba ganar Alonso cuando quedaban poco más de diez vueltas. Se conformaba con la segunda posición, tras Massa. O eso dijo en la rueda prensa. Porque en el trazado no dejó de presionar al brasileño, de poner a prueba su sangre fría. Dijo que tampoco quería que volviera a llover, aunque luego lo celebró. Era el toque de suerte que necesitaba.

Como siempre

Tenía que arriesgar y lo hizo Alonso. Como casi siempre. En Canadá su ambición en la salida le hizo perder puestos, y acabó séptimo, frustrado, tras Sato. Hoy, como tantas veces, le ha servido para ganar. Aunque también podría haberle valido para abandonar. Como Massa, a falta de ocho giros para el final, pasó por boxes para poner neumáticos intermedios. Y quiso salir tan rápido el español que casi se choca con su ex compañero en Renault Fisichella.

No se rindió Alonso. Es un especialista en mojado. Sabía que Massa aún sería más conservador. Volvió a intentarlo: sobrepasó al piloto brasileño en varias ocasiones, durante décimas. Parecía imposible. Hasta que en la 55ª se tocaron y el español le adelantó. Por fin. Una acción de genio que le valió para ganar por segunda vez en Alemania, algo que sólo había logrado su gran rival, Schumacher.

Entrega por fascículos

La carrera fue una entrega por fascículos. En el primero, Massa superó a Alonso en la salida, Raikkonen conservó la primera plaza y Hamilton, tras su gran accidente de ayer, se puso cuarto, adelantó seis plazas. Pero perdió el premio tan rápido como lo consiguió: bajó a la novena posición.

En el segundo, Raikkonen hizo un amago de entrar en el pit lane para poner neumáticos de lluvia (lo haría Massa al final) y perdió varios segundos. No le iban mejor las cosas a otros seis pilotos. Uno a uno, Hamilton incluido, se salieron en la misma curva. Aunque el británico, con vuelta perdida, pudo reincorporarse a la carrera con la ayuda de la grúa. Algo que no es habitual, pero sí legal (el coche puede recibir la ayuda de los asistentes de pista si el motor está en marcha, como era el caso). Apareció el coche de seguridad y poco después, la bandera roja. La prueba se interrumpió 22 minutos.

La lluvia había hecho una curiosa selección. El líder era un Spyker, el del debutante Marcus Winkelhock, que tenía más de 30 segundos sobre sus dos perseguidores, Massa y Alonso. Ver para creer. Y empezó el tercer fascículo, con Massa y Alonso ya en cabeza, Hamilton recolocado en la última posición, y con el abandono de Raikkonen poco después, cuando ya no llovía. La última entrega se inició con el líder doblado por su compañero y el brasileño y acabó con la acción genial de Alonso. Lástima que después actuara como un adolescente.

domingo, 22 de julio de 2007

Vinokurov, el ciclista de las pedaladas dobles

Vinokurov, durante la contrarreloj que empezó y terminó en Albi. -EFE

Dice Paula Radcliffe, plusmarquista mundial de maratón, que el dolor de la competición recompensa, que no tiene nada que ver con el cotidiano. Alexander Vinokurov (Petropavlosk, Kazakistán, 1973) comparte la teoría de la atleta británica.

En el hotel, cuando camina hacia el autobús de su equipo, el ciclista del Astana anda
a medias, sin flexionar las rodillas. No puede hacerlo desde que siete días antes se cayera en una curva de descenso en la Borgoña. Por eso es casi surrealista su actuación en la contrarreloj de Albi. Su victoria desde el primer metro, su superioridad en todos los parciales. "He tenido que decir mil veces que el Tour acaba en París. Soy kazajo, si fuera un corredor del sur de Europa ya habría abandonado", explicó. Vinokurov ha pasado de estar a más de ocho minutos de Rasmussen a poco más de cinco. "Empieza mi Tour. Voy a atacar", sentencia. El dolor, el otro dolor, le motiva aún más.

Ni Valverde, ni Kloden ni Contador. Pocos miembros del pelotón se atrevió nunca a descartar al ciclista kazajo. Sus rodillas hinchadas no le quitaban la condición de favorito. Y en cuanto ha tenido la ocasión se ha exhibido: "Me encontraba mejor desde hacía dos días y sabía que hoy podía dar el golpe. Esto va por aquellos que me borraron".

Su mejor amigo

En Albi, Vinokurov ha vuelto a pedalear doble. Cada día, desde hace más de cuatro años, lo hace. O eso afirma él, que siente que su mejor amigo le ayuda a superar los puertos más duros, a iniciar los ataques más osados. Su compatriota
Andrei Kivilev era su hermano deportivo. Hasta que el 11 de marzo de 2003 muriera tras una brutal caída en la segunda etapa de la clásica París-Niza. No llevaba casco el ciclista kazajo, lo había lanzado a la carretera para afrontar más ligero los últimos 35 kilómetros.

La pérdida de Kivilev transformó a Vinokurov. Le ayudó encontrar más incentivos. Por eso ganó aquella prueba, y la Amstel Gold Race poco después. Por eso ese mismo año fue tercero en el Tour, tras Armstrong y Ullrich. Todos sus éxitos tenían un único destino: el cielo. Vinokurov no dudó en ayudar a la familia de su amigo y creó la Fundación Andrei Kivilev, en la que la gente podía hacer donaciones.

Dos años después el ciclista kazajo fue quinto en Francia: ganó dos etapas, incluida la de los Campos Elíseos. El día que otro luchador como él, Lance Armstrong, se retiró con séptimo Tour. Vinokurov decidió irse del T-Mobile y fichar por el Liberty Seguros -llamado después Astana Wurth y ahora Astana-.
Su entonces director, Manolo Saiz, fue sancionado por dopaje, como otros compañeros de equipo. Empezaba la Operación Puerto. Y Vinokurov no pudo participar en el Tour más abierto: el grupo no tenía los miembros suficientes.

"Venganza deportiva"

No tardó Vinokurov en tomarse su "venganza deportiva". Lo hizo en la Vuelta a España y con una reacción inesperada. Hasta la 16ª etapa hubo un líder sólido, Alejandro Valverde. A partir de entonces, el ciclista kazajo reescribió el desenlace con un par de ataques que le valieron dos segundos puestos y pasar de perder 1'42'' a tener 52'' de margen, una ventaja más que suficiente teniendo en cuenta que faltaba la última crono. La ganó. Y días después se colgaría la medalla de bronce en contrarreloj en el Mundial de Salzburgo.

Este año, tras una buena actuación en la Dauphiné Libéré (dos triunfos de etapa), Vinokurov llegaba al Tour como el gran favorito de aficionados y periodistas. También para la guía oficial de la prueba gala, que le daba 36 sobre 40 puntos (escalador, contrarreloj, táctica y peso de su equipo). Más que a Valverde (33) o Kloden (32). "Es un maestro táctico. Puede aprovechar su frescura al final del Tour para hacer del ejercicio en solitario su mejor aliado", pronosticaba Jean-François Quénet en la publicación. Si lo hace, sin duda, volverá a pedalear con Kivilev. A pedalear doble.

lunes, 16 de julio de 2007

Argentina pierde la Copa América ante un Brasil pragmático

El defensa argentino Ayala introduce el balón en su portería. -EFE

Argentina no disfrutó con Messi, que pareció un debutante más bien tímido. Argentina casi gritó con Riquelme dos veces, pero el genio recuperado falló, palo incluido para más dramatismo. Argentina tuvo en un defensa, Roberto Fabián Ayala, a su representante en la final de la Copa América ante Brasil. Y no fue para bien. Espectador atento en el primer gol, autor del segundo en propia puerta. La derrota (3-0) desvanece el sueño de conseguir un gran torneo desde 1993.

No se le da bien a la selección albiceleste ir de favorito. Le pasó en 2004, en Perú, en el mismo torneo ante un Brasil justito. Entonces cayó en los penaltis y tras recibir un gol de Adriano en el último minuto. En el Estadio José Pachencho Romero de Maracaibo, en Venezuela, no necesitó tanto tiempo para repetir el guión. No repitió sus grandes actuaciones durante el torneo y no tuvo suerte en los momentos decisivos.

Golazo de Baptista

La selección albiceleste encajó el primer gol rápido, demasiado. Una asistencia medio globo, medio precisa de Elano le cayó a Baptista, que ha pasado en dos años de ser una de las estrellas de la Liga española, a ser mediocre en el Madrid e ir cedido al Arsenal para contemplar partidos desde el banquillo. Controló La Bestia, avanzó unos metros, recortó a Ayala y culminó un disparo seco y contundente a la escuadra. Golazo.

Reaccionó Argentina, con Riquelme, tan pausado como líder, como protagonista. El jugador del Villarreal lanzó al palo una estética jugada entre Messi y Verón. Un frío final para una jugada de videoteca entre el azulgrana y la Brujita. Y del posible empate se pasó a un aviso de lo más absurdo: Abbondanzieri despejó mal un tiro flojo de Robinho, pichichi de la Copa América con 6 goles.

Otra vez Ayala

Elano, sustituto del sancionado Gilberto Silva, tuvo que retirarse lesionado. Entró por él el sevillista Dani Alves, que poco tardó en sentenciar. Galopó por la banda derecha, centró al área y Ayala, otra vez, estaba ahí. En su intento por despejar el peligro, lo aumentó. El central anotó en propia puerta y aceleró los festejos del rival. Argentina, que sólo había encajado tres goles hasta la final, perdía 2-0. Era casi imposible la remontada.

Ayala parecía querer irse, desaparecer. Ha pasado una temporada complicada. Peleado con Amadeo Carboni, el ex director deportivo del Valencia, que no quiso renovarle y acabó siendo despedido. Ilusionado con fichar por el Villarreal -mensajes de buenos tiempos incluidos a los aficionados- y poco antes de la final de la Copa América, nuevo jugador del Zaragoza de Diego Milito, Aimar y D'Alessandro. Un culebrón rocambolesco y con pocos antecedentes.

El contragolpe

En la segunda parte, el ataque argentino siguió sin poder superar a la ordenada y pragmática defensa brasileña. Presión al límite y contragolpe. Ésa es una de las fórmulas del seleccionador Dunga, que ha transformado el juego rico en filigranas, en una ciencia exacta. Si el rival saca tres faltas seguidas, es básico despejar y fabricar una nueva jugada aprovechando la gran zancada de sus atacantes. Sorprender por velocidad. Un clásico.

Así fue como, si no lo estaba ya, se aclaró el desenlace. Un contragolpe de Vagner Love -elogiado horas antes por el presidente de la FIFA Joseph Blatter- fue culminado con un tiro cruzado por Dani Alves. 3-0 y baile anticipado para celebrar la octava Copa América de Brasil. Pero faltaba otro elemento dramático, que el nuevo ídolo, Messi, apareciera y no valiera para nada. Su gol, tras driblar al portero Doni, fue anulado por fuera de juego. Y apenas protestó. Su primer gran torneo con la absoluta poco más podía ofrecer. No valía la pena.

Rasmussen, escalador clásico, vida para el Tour

Michael Rasmussen recorre los últimos metros de la 8ª etapa. -EFE

El Tour y el ciclismo serán indestructibles, legendarios mientras haya ciclistas como Michael Rasmussen (Holbaek, Dinamarca, 1974). Un escalador de 33 años que disfruta abriendo hueco y coronando los puertos más exigentes en solitario. Sin mirar atrás y con la única convicción de sus pedaladas. Como Christophe Moreau, que con 36, aún es capaz de neutralizar a grandes aspirantes como Alexander Vinokurov. También como Alberto Contador, ejemplo de superación por ganar a la enfermedad (cavernoma, aneurisma cerebral), como Alejandro Valverde, ejemplo de madurez. Se camufla en las últimas posiciones en las etapas intrascendentes de sprinters y saca fuerzas para acelerar y ganar segundos, tras subir tres puertos consecutivos de primera categoría. O como Iban Mayo, que sabe que no ha logrado cumplir las expectativas que despertó en Francia en 2003. Se ve capaz de recuperar pasadas sensaciones.

Decisiones como la de Rassmussen son las que fortalecen al ciclismo. El corredor danés se retó en el primer gran desafío de este Tour, el ascenso al Cormet de Roselend: atacó al pelotón, alcanzó a los 18 escapados y se escapó, con el español Toni Colom (Astana), Kohl, Goubert y Rogers -que se caería y abandonaría el Tour cuando era virtual líder- como compañeros.

Ninguno aguantó el ritmo de Rasmussen, del Rabobank. El último en ceder sería Toni Colom, que, impotente, observaba cómo el danés se ponía encima de la bicicleta, en plena ascensión al Montée de Tignes a 18 kilómetros. Era inalcanzable. Quería su tercera victoria de etapa, empezar a conseguir su tercer maillot de la montaña. Un premio que ganó en 2005 y 2006.


Sin tiempo para celebraciones

Ni un gesto gastó Rasmussen para celebrar su tercera victoria en el Tour y el liderato, con 43 segundos de ventaja sobre el antiguo jefe Linus Gerdemann, 2'39'' sobre el renacido Iban Mayo, 2'51'' sobre Alejandro Valverde.
¡Y 5'23'' sobre Alexander Vinokurov! El nuevo maillot amarillo es un tipo frío y calculador: "Soy un escalador clásico. No he mejorado en la contrarreloj. Por eso no puedo perder ni un segundo. Por eso no he celebrado la victoria, ya tendré tiempo de hacerlo esta noche".

Hace años que Rasmussen es conocido como el Pollo. Un apodo que tiene desde sus tiempos en pruebas de ciclismo de montaña. Entonces ponía su voz a este animal, uno de los dos protagonistas, junto a un oso, de un programa infantil que trasmitía la televisión danesa, Bamses Billedbog.

La mentira de Landis

Rasmussen provocó la mentira de Floyd Landis en el Tour del año pasado. El ciclista danés pactó con su equipo tener libertad de actuación en la 16ª etapa, ganó, casi se aseguró el maillot de la montaña y le sacó 10 minutos al estadounidense en La Toussuire. Y al día siguiente Landis acabó en Màcon una tramposa exhibición, que completaría en la última contrarreloj. Campeón efímero, como saben.

Las pruebas de VTT fueron los primeros desafíos en la carrera de Rasmussen. En 1996 ganó el campeonato de su país y en 1999, el del mundo. En su web personal detalla con meticulosidad todas sus posiciones en las etapas en las que ha participado desde 2004. Destacan, además de sus éxitos en Francia, la victoria en una etapa en la Dauphiné Libéré de 2004, en la edición en la que fue el mejor escalador. Rasmussen es clásico, es vida para el Tour.


Pedrosa rescata a Honda en Alemania el día que Rossi abandona y Stoner acaba quinto

Dani Pedrosa logró en Alemania su tercera victoria en MotoGP. -EFE

Volvió Dani Pedrosa y rescató a Honda. Recuperó su mejor pilotaje y, por un día, su moto no se agotó en las últimas vueltas. Necesitaba el español una victoria tan autoritaria, tan excelente (13 segundos sobre Loris Capirossi) como la del GP de Alemania para olvidarse de su discreto Mundial y de las carencias de su Honda.

"Dedico este triunfo a mis fans, que nunca han dudado de mí. Han sido un gran apoyo",
explicó Pedrosa, al que le acompañaron en el podio Capirossi, segundo, y su compañero Nicky Hayden, tercero por tercer año consecutivo. Con su triunfo en el circuito de Sachsenring, el 26º de su carrera y el tercero en MotoGP, el piloto español evitó ampliar dos rachas negativas. Su peor balance (17 pruebas sin ganar; no era primero desde el 2 de julio del año pasado en Donington Park) y el de su equipo (10 carreras sin ganar, como en 1990). Ahora Pedrosa es más optimista. Sigue tercero en el campeonato, pero en circunstancias mucho mejores: con 52 puntos de desventaja con Casey Stoner, que sólo fue quinto y no pudo aprovechar la caída de Valentino Rossi para casi sentenciar el Mundial.

Discurso renovado

"El equipo ha sabido mantener la motivación, aunque no nos salieran las cosas. Mi gente no ha perdido nunca la esperanza", manifestaba, emocionado, Pedrosa. Era un discurso nuevo, renovado. Nada que ver con sus amenazas de abandonar Honda tras el GP de Inglaterra, tras una pobre octavo puesto. El chasis, el tren delantero, la poca fiabilidad... Muchos problemas que había hecho reflexionar su futuro al piloto español. "No voy a quedarme con los brazos cruzados. No descarto irme a otro sitio el año que viene", llegó a decir.

Ahora todo parece distinto para Pedrosa. Difícilmente siga defendiendo sus ideas de esta temporada. Ha logrado su mejor victoria en MotoGP ante el nuevo presidente de HRC, Masumi Hamane, que ya le prometió hace unos días que la moto había mejorado. Dicho y hecho.

"Out Rossi"

El día de la gran actuación de Pedrosa pudo decidirse el campeón de la máxima categoría. Y tan sólo tras las primeras cinco vueltas. Mientras un miembro de Ducati movía, de un lado a otro, un panel en el que se podía leer "Out Rossi", el heptacampeón abandonaba el circuito con fiebre y la certeza de que el final de 2006 iba a repetirse. Acababa de caerse en su intento por adelantar a De Puniet. Le perjudicó la falta de grip. "Perdí la rueda. He cometido un error y pido perdón a todos", explicó Il Dottore.


Seguramente, el piloto italiano recordó el peor momento de su carrera, cuando tuvo que abandonar en Laguna Seca. Hace poco más de un año, se quedaba a 51 puntos de Nicky Hayden. Y la remontada final no bastó. Ahora la situación es menos delicada, sobre todo por el infortunio de Stoner.

Stoner, con problemas

Cuando el líder se enteró que Rossi había abandonado se olvidó de competir por la primera plaza con Pedrosa. Quiso asegurar su segundo puesto, pero no contó los problemas técnicos de su fiable Ducati. Así que mientras el español completaba vueltas a ritmo de récord, el aussie veía cómo Melandri y Capirossi estaban demasiado cerca. Ambos consiguieron superarle en un par de giros. El nuevo enemigo era el actual campeón, Hayden. El otro gran exponente de Honda.

A 7 vueltas para el final, el piloto estadounidense pasó, por el exterior a Stoner, que llegó a ser sexto, y que al final logró la quinta plaza. Sumar 11 puntos más para aumentar su diferencia con Rossi. Le saca 32 puntos a su ídolo, y 52 a su antiguo rival en 250 cc. Al emergente Pedrosa.