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lunes, 29 de octubre de 2007

Huertas hace posible la primera derrota del DKV Joventut

Marcelinho Huertas salta ante la defensa de Jan Jagla. -EFE

Nunca es fácil ver cómo tu situación cambia de repente. Hace un año a Marcelinho Huertas (Santa Catarina, Brasil, 1983) le costó asumir que dejaría de ser el relevo y el principal complemento de Elmer Bennett, el base titular del DKV Joventut. No le fue fácil comprobar al jugador brasileño que ese papel sería para Ricky Rubio, un joven prodigioso de 16 años que había asombrado Europeo sub 16 y que desde el primer partido jugó más él.

Huertas
no se entretuvo en lamentos y malas palabras ante al prensa, se limitó a aprovechar sus oportunidades. Su gran día fue ante el Akavasyu Girona en los cuartos de final de la Copa del Rey de Málaga, donde fue el jugador decisivo a pesar de no jugar ni 10 minutos.

Máximo anotador

Ni el club verdinegro ni el propio
Huertas querían repetir otro año así. Por eso a finales de la temporada pasada negociaron su cesión al Iurbentia Bilbao Basket, decepcionado por no haber podido fichar a Marko Tomas. Meses después el técnico Txus Vidorreta ya no se acuerda de aquel desengaño, está satisfecho con Huertas, que se ha convertido en el máximo anotador del equipo, con casi 15 puntos por partido, bastantes más que jugadores más mediáticos como Quincy Lewis o Luke Recker.

Por fin
Huertas se siente líder de un grupo: lo demostró en su retorno al Olímpic de Badalona ante su ex equipo. Supo dirigir el ataque del Iurbentia Bilbao Basket con 25 puntos y unos excelentes 5 de 7 en tiros de dos y 3 de 4 en triples. Fue el principal responsable de la primera derrota del DKV Joventut esta temporada (58-81). Fue su segunda mejor actuación desde que en el verano de 2004 aterrizara en Badalona. La primera fue, curiosamente, también en la quinta jornada, en la temporada 2005-2006. Entonces anotó 27 puntos ante el Fórum Valladolid para un 32 de valoración.

El reto

Lo dijo minutos antes de empezar el encuentro
Vidorreta: "Si no estamos bien en ataque, no tendremos opciones". Fue explícito el técnico del conjunto bilbaíno que sabía que sólo así podía neutralizar a un equipo que había ganado los cuatro primeros partidos de la Liga ACB anotando una media de 98'25 puntos y con una diferencia mínima de 21.

El reto era imponerse al grupo que mejor estaba jugando en Europa. El
Iurbentia lo consiguió reuniendo las mejores virtudes de su rival: robos, contras rápidas y excelente lanzamiento desde 6'25 (11 de 21 en triples por un paupérrimo 4 de 24 de su rival). Lo logró incluso lanzando 15 tiros menos (51 por 66). El primero en destacar fue otro ex jugador del club verdinegro, Paco Vázquez. El escolta balear sumó los primeros ocho puntos de su equipo y firmó la segunda ventaja visitante del partido (5-8, minuto 3). El grupo vasco no cedió.

Barton, baja en el calentamiento

Con
Rudy Fernández lesionado en la grada y Lubos Barton descartado en la rueda de calentamiento por problemas en la espalda, Demond Mallet y Ricky Rubio tenían que ser los referentes del equipo. Pero no fue así. El DKV Joventut no tuvo un líder, simplemente dispuso de un jugador algo menos desacertado que los demás. El primero fue Ferran Laviña, que asumió la responsabilidad y tiró cinco de los primeros diez lanzamientos. El grupo de Aíto no podía superar la agresiva defensa del Iurbentia (con Frederic Weis como absoluto dominador del rebote defensivo) y sólo podía acabar sus jugadas al límite de la posesión o con tiros forzados. A pesar de todo, las distancias no fueron contundentes en el primer cuarto, en el que el conjunto verdinegro sobrevivió capturando 10 rechaces ofensivos y por la inspiración en los últimos instantes de Mallet.

El ataque del DKV Joventut era muy rudimentario y artificioso. Su juego interior
casi no existía. Ni Jan Jagla, que anotó sus primeros puntos en su séptimo intento, ni Jerome Moiso podían con Weis y Banic. El grupo de Aíto falló los doce lanzamientos interiores que probó en la primera parte, un déficit que aprovechó a la perfección el Iurbentia. Todos sumaban en el conjunto visitante: salía Recker y anotaba un par de triples seguidos, Vázquez seguía aportando y Huertas lograba un triple sensacional (3/4), que hacía que la diferencia fuese más del doble (19-40, minuto 19).

Esa gran jugada fue un aviso de lo que se vería después: el monólogo de Huertas en el tercer período, en el que anotó
15 de los 19 puntos de su equipo (42-61). Un palmeo y un mate de Eduardo Hernández Sonseca redujeron al diferencia a 17 (48-63, minuto 33). El público del Olímpic soñó con la remontada, hasta que Javi Salgado con un triple al límite de la posesión y Banic le confirmaron que llegaría la primera derrota de su equipo, que acabó con 46 puntos de valoración, menos de la mitad que su rival (96). Huertas fue el principal responsable de esa decepción.

lunes, 22 de octubre de 2007

Raikkonen se proclama campeón de un mundial que McLaren no sabe gestionar

Raikkonen festeja su victoria en el GP de Brasil, que le da su primer título mundial -EFE.

La temporada más polémica acabó de la forma más imprevisible. Tanto se habló durante días de conspiraciones internas, del posible sabotaje de McLaren a Fernando Alonso y de los tratos de favor de la FIA a Lewis Hamilton que en Brasil acabó ganando Kimi Raikkonen, que logró su primer mundial. En el circuito de Interlagos triunfó Ferrari.

Inédita fue la reacción de Raikkonen, hombre frío que gesticula más o menos igual si las cosas le funcionan o no. Primero, excitado, se subió a su monoplaza; después, se perdió entre los miembros e invitados de su equipo que le esperaban tras las vallas. Se dejó querer. Acababa de lograr el triunfo más importante de su carrera, un éxito a la constancia: "No hemos perdido la fe en los malos momentos y hemos mejorado el rendimiento". La actuación del finlandés en la recta final del campeonato ha sido excelente, con tres triunfos en las últimas cuatro carreras (Bélgica, China y Brasil).

Posiblemente Raikkonen es el campeón más meritorio. Es el primer piloto en la historia en remontar 29 puntos de desventaja, los que le sacaba Hamilton tras la séptima prueba, el GP de Canadá. El británico sólo pudo ser séptimo en Brasil y acabó el Mundial segundo empatado a 109 con Alonso. Uno menos que el campeón.


Milagro y venganza

Desde España se hablaba de otro milagro para Alonso, que salía cuarto en escenario en el que había logrado sus dos campeonatos en 2005 y 2006. Desde Inglaterra se exigía venganza: Hamilton tenía que minimizar la gran decepción de haber perdido el mundial de rugby ante Sudáfrica. Unos y otros ignoraban al tercer aspirante. A Raikkonen, dos veces subcampeón, sólo superado por el propio Alonso y Michael Schumacher, el mejor piloto de siempre.

El final más inesperado se convirtió en el más lógico en la salida, en la que Hamilton no pudo soportar la presión y perdió prácticamente todas sus opciones. El piloto británico no pudo impedir que Felipe Massa, que partía desde la pole, le taponara para que Raikkonen progresara por la izquierda. Los dos bólidos rojos pasaban a liderar la carrera. Era cuestión de tiempo que el escudero cediera ante el primer piloto. Jean Todt, director deportivo de Ferrari, sonreía. Era el primer paso hacia la gloria para la escudería italiana.

Hamilton se sale del trazado

El siguiente lo dio Alonso, que superó por el interior, en un adelantamiento limpio y perfecto, a su compañero Hamilton. La réplica del británico fue instantánea e irracional: en lugar de conservar ese cuarto puesto, que ya le valía para ser campeón, quiso recuperar lo perdido y acabó saliéndose del trazado por pasarse de frenada. Se reincorporó en la octavo posición. El campeón virtual era Alonso.

Pero lo peor para Hamilton estaba por llegar. En la séptima vuelta tuvo problemas: casi todos los monoplazas le superaban.
Parecía que el motor de su coche estaba a punto de romperse, pero lo que realmente pasaba era que la caja de cambios se había puesto en neutro y el joven piloto no sabía cómo solucionar el imprevisto. Cuando desde boxes le explicaron cómo desbloquearla, era ya demasiado tarde. Ocupaba la 18ª posición, necesitaba una remontada épica. Y en parte reaccionó, ya que en ocho giros recuperó seis puestos, mientras Massa y Raikkonen marcaban los mejores parciales y se distanciaban más de Alonso.

El ritmo de los Ferrari

"Sólo he podido seguir el ritmo de los Ferrari en las primeras vueltas. Supongo que entonces estaban cuidando los neumáticos", reconoció el piloto español, que concluyó el GP de Brasil a 57 segundos de Raikkonen. Pero hasta a falta de 19 vueltas Alonso fue el campeón. Hasta que el piloto finlandés salió de boxes por delante de Massa, que había entrado tres vueltas antes y había rodado con tráfico. La estrategia de Ferrari había salido perfecta. Salvo accidente o remontada espectacular de Hamilton, que rodaba séptimo, el mundial era para Ferrari.

Aunque también podían intervenir terceras personas. Como Robert Kubica y Nico Rosberg, enfrascados en luchar por la cuarta posición. Tanto que llegaron a tocarse. Si llegan a abandonar, el Mundial hubiese sido para Hamilton. El leve impacto llegó a falta de dos vueltas... Pero nada cambió. Raikkonen ganó, le secundó Massa. El finlandés era el campeón de un mundial que McLaren, especialmente Ron Dennis, no ha sabido gestionar.


Jorge Lorenzo, demasiado seguro de sí mismo

Jorge Lorenzo, disfrazado de Rocky Balboa, celebra su segundo mundial -Reuters.

Siempre le gustaron los incomprendidos. Los antihéroes. "Soy raro y me siento identificado con ese tipo de personas. Es muy fácil ir con los que ganan siempre y salen en todos los sitios", suele decir Jorge Lorenzo (Palma de Mallorca, 1987). Por eso el gran ídolo del último bicampeón español en 250cc tras Dani Pedrosa es Max Biaggi, Mad Max, un piloto polémico y extravagante que en los últimos días había declarado que podría volver a competir en la máxima categoría.

"Sales y te vas, así ganan los mejores, los más rápidos". Ésa es la filosofía de Lorenzo, un campeón que se desmarca de cualquier prototipo y proclama que si él está mentalmente poco le importa qué puedan hacer los demás.

En Malasia poco necesitaba el piloto español: partía tercero en la parrilla y tan sólo tenía que ser undécimo si su eterno rival, Andrea Dovizioso, ganaba la carrera. Logró mucho más: un tercer puesto, sin arriesgar en los últimos intantes, por detrás del ganador, Hiroshi Aoyama y del segundo, Héctor Barberá. Y Dovizioso, que dominó gran parte de la carrera, se cayó a unos metros de la última vuelta, golpeado por la moto de Mika Kallio. "Me hubiese gustado levantarle el brazo en el podio. Me ha puesto las cosas muy complicadas", dijo Lorenzo.

Susto en la vuelta 15

"He estado a puto de caerme en la vuelta 15. Por eso no he querido precipitarme. No era el día para ganar", reflexionaba el piloto de Aprilia, que ha sido campeón por segundo año consecutivo con 56 puntos de margen. Lorenzo ha ganado nueve de las 16 carreras disputadas. 12 podios en total.

"
Cuando te haces mayor saboreas más las cosas",
comentaba Lorenzo, que sólo tiene 21 años, pero que se siente maduro porque lleva desde los tres años pasándose muchas horas entre adultos con una moto. En 1998, con tan sólo 11 años, ganó cinco de las seis carreras de la Copa Aprilia 50 ante chicos que rozaban la mayoría de edad.

El debutante más joven

Lorenzo sigue siendo el piloto más joven en debutar en el Mundial. Lo hizo el 5 de mayo de 2002 en el GP de Jerez con 15 años y un día. Acabó 23º. Su primera victoria llegaría en el GP de Brasil el 20 de septiembre de 2003, cuando se impuso a Casey Stoner, a Dani Pedrosa, a su eterno rival Andrea Dovizioso.

Dice que su gran defecto es que tiene demasiado amor propio. Demasiada confianza en sí mismo. Por eso cuando las cosas le van mal se refugia en su coraza. "Si alguien me dice algo me enfado con él. Los hay que acaban sexto y se van a jugar a la Play o a dar una vuelta por el paddock. Yo me pongo enfermo", explicaba hace meses en el diario El País. Siempre ha actuado así Lorenzo, desde pequeño. "No tolera no ser primero", explica su mánager Dani Amatriaín.

Creativo

Siempre le ha fascinado crear. En la escuela Lorenzo ganaba todos los concursos de pintura y conseguía unas pesetas haciendo caricaturas de compañeros y amigos. Ahora, en sus pocos ratos libres, se pierde leyendo y escribiendo. Tiene una cierta obsesión por ser original: es algo que le reta constantemente. Por eso se mandó diseñar un casco dorado (ningún piloto lo lleva de ese color) y por eso, desde su primera victoria en Jerez este año, siempre clava una bandera donde gana en la que se lee Lorenzo's land (territorio Lorenzo). Se siente como un conquistador. World Championchip conquered (Mundial conquistado) puede leerse en su web personal (www.lorenzo48.com).

El año que viene dará el salto a la MotoGP y correrá en Yamaha junto a Valentino Rossi. "He probado la moto y no parece muy complicada de guiar", sentencia este fan de Red Hot Chili Peppers y Estopa. Un campeón demasiado seguro de sí mismo.

domingo, 21 de octubre de 2007

Cuando el campeón ya ha ganado

Stoner encara una curva durante el GP de Malasia -EFE.

¿Cómo debe tomarse un campeón cuando ya ha ganado? ¿Qué incentivos puede tener más allá de ser el mejor? "Quiero más récords", responde Casey Stoner (Southport, 1985), el segundo piloto más joven de imponerse en la máxima cilindrada (21 años y 342 días) tras Freddie Spencer.

El piloto australiano sumó en el GP de Malasia su décima victoria del año, la segunda consecutiva desde que hace casi un mes se proclamara en Japón campeón de MotoGP. Un triunfo que le permite seguir desafiando a la historia: superó los nueve triunfos de Valentino Rossi en 2003 y 2004 y si gana en Valencia en la última prueba superará la mejor puntuación de siempre, los 367 puntos de Il Dottore en 2005. Aunque Stoner habrá corrido una carrera más (18 por 17).

Récord del trazado


El piloto de Ducati se convirtió, además, en el primer corredor en ganar en las tres categorías en el circuito de Sepang. Se había impuesto en 2004 el día que Andrea Dovizioso se proclamó campeón de 125 cc y un año después en 250cc. En Malasia Stoner tan sólo necesitó adelantar en la salida a Dani Pedrosa, que salía primero por tercera carrera consecutiva, y demostrar que ni él ni su moto tienen rival.
El corredor australiano incluso batió por 19 milésimas el récord del trazado, que correspondía desde el año pasado a su compañero Loris Capirossi (2'02'127).

Sólo se resistió Marco Melandri, impecable con las frenadas para impedir que el propio Pedrosa le pasase en las rectas y él único que se mantuvo cerca de Stoner. Lo hizo hasta que éste dio el último acelerón a falta de cuatro vueltas: en un giro cogió cuatro décimas más de ventaja, 1'5 segundos de margen. Todo resuelto. Melandri quedó segundo y, tras su tercer podio del año, se coloca cuarto del Mundial (con 174 puntos por 173 de John Hopkins). Tercero fue Pedrosa, que aún aspira (aunque mínimamente) a lograr el subcampeonato. A falta de la prueba en Cheste, 24 puntos le superan de Rossi.

Rossi, sin su 100º podio

El heptacampeón volvió a defraudar y sólo fue quinto. De nuevo Rossi realizó una salida mediocre (pasó del octavo al undécimo lugar) y nunca pudo optar al podio, pese a su gran reacción en el ecuador de la prueba. Otra vez no le respondieron ni los neumáticos ni la Yamaha, que en velocidad punta alcanzaba seis kilómetros menos que la Ducati de Stoner. Il Dottore tuvo que aplazar su 100º podio en la categoría reina y rompió su racha en Malasia, donde acumulaba cuatro triunfos en los últimos seis años.

Rossi sigue siendo el piloto en activo con más victorias en la categoría reina (62), sólo seis menos que su compatriota Giacomo Agostini, el piloto que más mundiales ha ganado nunca: 15. Stoner ya suma 10 victorias, una más que un histórico como Sete Gibernau y se coloca como el noveno mejor piloto de la historia en la cilindrada. Dentro de 15 días, en Valencia, aún puede seguir su camino de récords. Si gana superará la mayor puntuación de la historia y se quedará a un triunfo de la gran marca de la categoría, que ostenta Michael Doohan desde 1997. Éste es el guión de Stoner pese a haber ya ha ganado.

lunes, 15 de octubre de 2007

Alessandro Petacchi: más aliento para un año asfixiante

Petacchi festeja su victoria al sprint en la París-Tours. -Reuters

Si alguien debe reunir amor propio, sangre fría e inconsciencia, ése debe ser el sprinter. En décimas de segundo puede pasarle todo, porque casi todo lo tiene a centímetros. Está rodeado, forma parte de un mosaico de bicicletas desbocadas y de codos que siguen a la perfección ese tambaleo frenético.

Poco le importa a Óscar Freire llegar a los últimos 50 metros sin espacio. Siempre sabe encontrar su sitio. Incluso aunque se quede arrinconado en la valla, aunque un rival (Robbie McEwen, en este caso) lo utilice como respaldo cuando está progresando. También a pesar de que esté a punto de caerse y le sobrepasen especialistas como Leonardo Duque y Allan Davis. Esto y más vivió en la clásica París-Tours, donde de la nada sacó un tercer lugar.

Sólo dos ciclistas pudieron imponerse a Freire. Para Francesco Chicchi el segundo puesto fue el mayor logro de una carrera modesta. Para el ganador,
Alessandro Petacchi (La Spezia, Italia, 1974), fue otro aliento para un año asfixiante. El ciclista del Milram ha sufrido mucho en los últimos meses. Como Ibán Mayo y Leonardo Piepoli dio "no negativo" en el pasado Giro. Sus cinco triunfos de etapa parecían un fraude. Su director deportivo, Gianluigi Stagna, no dudó de él. Sabía que el corredor realmente utilizaba el sabtutemol, un medicamento prohibido para el asma.

Verano infernal

"Este verano ha sido infernal", reconoce Petacchi, que fue exculpado y renació con dos victorias seguidas en la Vuelta, cuando Freire había decidido abandonar para preparar el Mundial de Stuttgart. El ciclista italiano se impuso primero en Algemesí y después en Hellín. En ambas ocasiones ganó a uno de los sprinters más en forma de la temporada: Daniele Bennati, que acabó con victoria tanto Giro como Vuelta. 18 triunfos ha logrado Petacchi en el 2007.

Explica en su blog Jon Rivas, periodista del diario El Mundo, que Petacchi, ganador de la Milán-San Remo de 2005, es un corredor melancólico y tímido que "cuando no gana se culpa a sí mismo". Es un tipo que necesita mucho apoyo de su entorno para seguir luchando y ganando. Con confianza es difícilmente batible en el Giro, donde acumula 19 victorias (nueve en 2004, un récord inalcanzable). En la Vuelta lleva 17.

Sucesor de Cipollini

"Es mejor que Mario Cipollini", ha dicho Freire en más de una ocasión. A Petacchi le señalan como sucesor de Supermario desde su triunfo en la primera etapa del Tour de 2003. Ésa fue la última edición en la que acabó y en la única en la que ganó etapas (cuatro).

Como era de esperar la París-Tours se decidió en los últimos metros. En el recuerdo quedaba la épica escapada de Manuel Quinziato que estuvo por delante 100 kilómetros, el gran cambio de ritmo de Philippe Gilbert, Philippo Pozzato y Karsten Kroon, la respuesta de Fabian Cancellara y Juan Antonio Flecha. Nada. Era el día de Míster Sprint. Por mucho que Freire esquivara a desgracias y a rivales. Ganó Petacchi. Logró otro aliento en un año asfixiante para él.

Stoner aparca las grandes hazañas de Rossi en Australia

Stoner rueda por delante de Rossi durante el GP de Australia. -EFE

Está convencido de que es un campeón menor, que tan sólo se trata de un buen piloto que tiene los mejores neumáticos y la moto más completa. "Es demasiado rápido", así justifica Valentino Rossi, el heptacampeón, el gran icono del motociclismo, los méritos de Casey Stoner, el joven que ha pasado de caerse hasta 14 veces en 2006 a ganar nueve de las 16 pruebas disputadas y sumar ¡92 puntos! más que Il Dottore (320 por 230). En el circuito de Phillip Island, en su casa, el piloto aussie volvió a demostrar su superioridad, venció y aparcó las grandes hazañas en Australia de Rossi, que sólo fue tercero por detrás de Loris Capirossi. El español Dani Pedrosa finalizó cuarto.

Stoner tenía ganas de ganar por fin ante su público. Era la mejor manera de celebrar por adelantado su 22º aniversario (el martes) y premiar el apoyo de sus seguidores, que agotaron las entradas hace una semana. El piloto australiano quería festejar su primer título mundial en un escenario tan exuberante como complicado. Deseaba Stoner olvidar su caída de 2005 cuando iba líder ante Dani Pedrosa, su discreto sexto puesto el año pasado. Sólo una vez había acabado en el podio en Phillip Island. En 2004 fue tercero en 125cc.

Con suficiencia, con suma tranquilidad, logró Stoner su primer triunfo en Australia en una carrera que no tuvo nada que ver con el pasado del circuito, con algunos famosos desenlaces con Rossi de protagonista. "Los títulos de 2001 y 2004 no sólo fueron los más peleados, sino también los más importantes entre los que he ganado. Los obtuve en la misma pista, Phillip Island, haciendo dos maniobras increíbles", reconoce el propio piloto italiano en su autobiografía, Imagina si no lo hubiera intentado.

Los recuerdos

La primera hazaña de Il Dottore en Australia fue en 2001 ante Max Biaggi, posiblemente el piloto que más le ha odiado nunca. Rossi llegó a la última curva de la última vuelta y atacó: "Sentí que mi codo izquierdo rozaba con su Yamaha, primero con el escape, luego con el neumático trasero. Estaba corriendo un gran riesgo, claro que sí. Pero tenía que hacerlo".

No se puso nervioso Rossi: "Era la única forma de quedarme por delante de él cuando llegara el momento de frenar. Y así fue. Cuando él se dio cuenta de lo que pasaba, yo ya estaba ahí, a su lado. Y de repente era demasiado tarde para que el reaccionara". Ganó y, con 22 años y casi ocho meses, Rossi se convirtió en el cuarto piloto más joven en ganar el mundial en la máxima cilindrada, tras Freddie Spencer, Mike Hailwood y John Surtees. Ahora es el quinto: Stoner es el campeón más precoz.


En 2004 se repitió el contexto, pero con una moto inferior (la Yamaha) y otro rival, el español Sete Gibernau. También acabó superándole el piloto italiano en el último instante: "Se metió en la curva demasiado de prisa, mientras que yo entré justo a la velocidad adecuada. Le pasé yendo hacia la última cerrada, de derechas, igual que había hecho tres años atrás".

La filosofía del heptacampéon

El piloto está por encima de la máquina, el deportista puede triunfar aunque su moto no sea la mejor. Ésa es ha sido siempre la filosofía de Rossi. Por eso abandonó Honda, donde tenía la moto perfecta (en 2003 logró su tercer mundial en la máxima cilindrada con 80 puntos sobre Sete Gibarnau), y se fue a Yamaha, a años luz de las mejores -"la mejor era un segundo más lenta por vuelta que la Honda"-.

Ahora Il Dottore no recuerda su máxima. Su excelente pilotaje, las apuradas de frenada y el estilo agresivo no le sirven porque a su moto le falta velocidad y aceleración, y sus neumáticos Michelin no han cumplido con las expectativas. Por eso Rossi exigirá un motor mejor y ya ha asegurado que la próxima temporada sus gomas serán Bridgestone. Quiere estar en igualdad de condiciones que Stoner.

Como durante gran parte de la temporada, a Stoner no le costó poner primero. Lo hizo en la salida progresando desde el tercer lugar, abordando a Rossi y Pedrosa, y nunca cedió. Ni tan siquiera tuvo que pestañear por algún contratiempo el piloto australiano: el ritmo de su Desmocedici 2007 era incuestionable. ¿Cuál ha sido y sigue siendo el secreto? "Casey calienta las gomas muy pronto y puede rodar muy rápido nada más comenzar la carrera", respondía ayer Pedrosa en el diario El País.

Hayden abandona

Con Stoner liderando la carrera con comodidad, imaginándose cómo era eso de celebrar su Mundial en casa, sólo quedaba saber qué otros dos pilotos le acompañarían en el podio. Pronto Nicky Hayden indicó que él no sería. Su Honda no funcionaba, perdía hasta seis décimas por vuelta con Pedrosa. Era inevitable: el piloto estadounidense acabó abandonando tras romper el motor.

Con Hayden fuera, se repetía el duelo esperado durante los últimos dos años y que apenas se ha producido. Pedrosa adelantó a Rossi. Empezaba una interesante pugna por la segunda plaza, pero acabó rápido. El tiempo que necesitó Loris Capirossi para pasar a ambos a falta de ocho vueltas. Il Dottore superó a Pedrosa. Y ya nada cambio nada en las tres posiciones para el podio. Stoner conseguía su primera victoria en casa, donde Rossi más ha disfrutado nunca. En Phillip Island ha logrado sus grandes hazañas.

domingo, 7 de octubre de 2007

El Mundial más igualado desde 1986

Un fotógrafo capta el instante en el que Hamilton es conducido en moto al hospitality tras su abandono. -EFE

"Necesito que Lewis abandone...", soñaba en voz alta Fernando Alonso (Oviedo, 1981) hace una semana tras el GP de Japón, en el que tuvo que retirarse por un aquaplaning y la victoria de Hamilton le dejó a 12 puntos del liderato a falta de 20. "Dependo de algo que no ha sucedido en todo el año", recordaba el piloto español, que hablaba de correr sin presión el último tramo del Mundial. El bicampeón, declarado pesimista, no esperaba un milagro en circuito de Shanghai. Menos aún saliendo desde la cuarta línea de parrilla y con su rival primero.

Pero ocurrió lo inesperado: McLaren tardó demasiado en ordenar a Hamilton que pasara con boxes -sus neumáticos intermedios estaban desgastados y no cumplían su función, ya que ya no llovía- y cuando lo hizo, el monoploza aún era más inestable -Kimi Raikkonen acababa de adelantarle-. Tanto que en el camino nada más entrar en la zona de pit lane se salió. Se quedó en la grava. El piloto británico se desgañitó para que los asistentes le ayudaran. Pero no funcionó como en Alemania: esta vez no le auxilió la grúa. Tuvo que retirarse. Era la vuelta 31.

El último antecedente, Alain Prost

Empezaban los primeros giros del Mundial más igualado desde 1986, cuando
Alain Prost le recortó 11 puntos a Nigel Mansell en las dos últimas pruebas. Entonces sólo se computaban los mejores 11 resultados y el quinto puesto de Mansell en México no le sirvió para nada. Con esos dos puntos hubiese sido ganador, pese a abandonar en Australia. El tercero en discordia fue Nelson Piquet. 21 años después, como ha pasado otras ocho veces en la historia, tres vuelven a ser los aspirantes. Hamilton tiene 107 puntos, sólo cuatro más que Alonso que logró en China su tercer segundo puesto del año y siete que Kimi Raikkonen, que sumó su quinto triunfo.

Necesitaba estar solo Hamilton y se aisló un rato. Mientras, Raikkonen lideraba cómodamente con Alonso por detrás suyo. El bicampeón volvió a rivalizar con Felipe Massa en la salida -casi se rozan de nuevo- y le ganó la posición en una acción por el interior.

"Es mi culpa, perdón"

Minutos después apareció el nuevo icono deportivo británico. Sus primeras palabras ante los medios de su país fueron humildes: "Es mi culpa, perdón". Y se fue rápido. "Después de la prueba, después", indicaba la jefa de prensa de McLaren. En la carrera Raikkonen seguía liderando la prueba con suficiencia. Massa se descolgaba de Alonso y sólo era emocionante la lucha de un secundario como Vitantonio Luizzi por conservar su histórica sexta posición. Lo hizo, pese a los ataques de Giancarlo Fisichella y la insistencia de David Coulthard.

"Cuando me he bajado del coche estaba descorazonado, por el equipo y por mí mismo", dijo poco después Hamilton, que saludó uno a uno a sus mecánicos, que en caliente no les reprendió nada. "Aún puedo ser campeón", concluyó, y no tardó en abandonar el circuito. No quiso ver la ceremonia del podio.

Más punzante estuvo Alonso en la rueda de prensa. Empezó con un guión lógico -"el resultado es bueno, pero aún es difícil ganar el Mundial"- y acabó con su irónico deseo: "Espero que en Brasil (donde ha ganado sus dos títulos) haya igualdad en el equipo durante todo el fin de semana". El actual campeón no olvida que McLaren priorizó a Hamilton en la calificación. Tampoco omite que la FIA no sancionó a Hamilton por su conducción irregular en Japón que provocó el accidente de Vettel y Webber. Menos aún que Bernie Ecclestone, el jefe de la Fórmula 1, haya dicho que no quiere que gane, que no ha hecho nada por este deporte. Menos se esforzó Raikkonen. Tras señalar que durante las primeras vueltas no se sintió cómodo, que tuvo problemas con sus neumáticos delanteros resumió: "Tengo opciones".

lunes, 1 de octubre de 2007

Paolo Bettini: el campeón del mundo rebelde

Bettini celebra su segundo mundial ante Schumacher, izquierda, y Kolobnez, centro. -EFE


Sólo el día antes supo que le dejaban correr. Lo dictaminó un juez, porque ni la UCI ni la propia organización del Mundial de Stutgart querían verle correr la prueba en ruta. Y, ni mucho menos, ganar. Paolo Bettini (Cecina, Italia, 1974) era un peligro a la revolución: no había querido firmar la carta ética. También era un corredor sospechoso: la televisión alemana ZDF había asegurado que tanto él como Bramatti habían proporcionado dosis de testosterona al germano Patrick Sinkewitz, que dio positivo en el control realizado antes del Tour. La TV suspendió la emisión de la prueba cuando se conoció la noticia.

Y lo inevitable, con el gran favorito Óscar Freire demasiado lejos del grupo principal, ocurrió. Aunque costó que ocurriese: Alexandr Kolobnev, una promesa cuyo mayor mérito era haber ganado este año la tercera etapa de la París-Niza, se lanzó en los últimos 200 metros. Sólo el ídolo local, Stefan Schumacher, y el propio Bettini tuvieron fuerzas para responderle. El italiano, Il Grillo, se hueco hizo por el exterior, extenuó a sus rivales. Ganó. Lo celebró con más rabia que el Mundial de Salzburgo de hace un año. Pronunció varias palabras para él mismo. Y para otros.

"Cuando me hacen enfadar..."

"Esto es lo que sucede cuando me hacen enfadar", sentenció Bettini, al que acompañaron en el podio Kolobnev, segundo, y Schumacher, tercero. El corredor italiano se proclamó campeón del mundo por segunda temperada consecutiva, algo que no sucedía desde que lo logró su compatriota Gianni Bugno en 1992. Bettini lamentó haber pasado una semana complicada, sin saber si iba a correr o no la prueba. "Mi abogado lo lleva todo", dijo. Denunciarán a la ZDF por implicarle en el Caso Sinkewitz (el propio ciclista aseguró que no tenía nada que ver).

Sabía Bettini que su gran rival era Freire, que optaba por primera vez a su cuarto Mundial. El español veía al italiano como el gran peligro. Lo dijo en la previa: "¿Queréis que nombre a uno por encima de todo? Bettini, sin duda". Por eso siempre se vigilaron. Pedalearon en paralelo en el pelotón mientras algunos, pocos, se animaban a escaparse. Eran ataques esporádicos y poco contundentes, como marca la tradición del Mundial de ruta -"nadie es capaz de ir solo más de una vuelta en este circuito", pronosticó Freire-.

Kolobnev y Rebellin

La escapada más seria la protagonizaron Kolobnev y Rebellin a dos vueltas (de un total de 14 vueltas, 267'4 km). Hasta que el pelotón se quedó a unos metros. Michael Boogerd quiso escaparse, respondió el español Samuel Sánchez -el mejor clasificado dela selecciónde Paco Antequera, séptimo; fue cuarto en Salzburgo-. Cambió de ritmo Bettini, se giró hacia atrás: Freire no podía seguirlo.

El gran duelo final del Mundial de 2001 en Lisboa no se repetiría. Entonces Freire ganó su segundo campeonato del mundo e Il Grillo fue segundo. En Stuttgart el español tuvo que conformarse con la 14ª posición, como en 2003 en Hamilton (Canadá), el último mundial que corrió y no fue medalla. Aquella tarde triunfó Igor Astarloa y Alejandro Valverde fue plata. Hoy el ciclista murciano tampoco cumplió con las expectativas y llegó en el mismo grupo que Freire. Se ha pasado demasiado tiempo luchando por acudir a la cita, desmintiendo que no es el Piti que figura en los documentos de la Operación Puerto. No llegaba en el mejor momento anímico, ni físico, tras renunciar a disputar la Vuelta.

Mientras Valverde y Freire pedaleaban por inercia, ya sin opciones, Bettini seguía espléndido. Atacando, exigiendo a sus compañeros de fuga que le ayudaran, pero nadie quería facilitarle la victoria. Samuel Sánchez se descolgó. Los rivales de Il Grillo tenía que competir con Schelck, Schumacher, Kolobnev o Evans, el primero en atacar en el último kilómetro. En seguida se retiró. Le secundó Schumacher, después Kolobnev. Acabó ganando Bettini, el campeón del mundo rebelde que no ha querido aceptar el circo de la UCI, que exige a los ciclistas que informen de sus actividades con mucha antelación. "Han podido destrozar mi carrera", sentenció.