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domingo, 25 de noviembre de 2007

La bici


Parecía sencillo. Tenía que girar, mover hacia adelante aquellos pedales enrobinados y llenos de barro. Pero los giros me salían hacia atrás y yo siempre iba hacia abajo. Era incapaz de utilizar la bicicleta de mi hijo. Tuve que hacerlo: el primer día soleado en meses la colgué al lado de sus pósteres de Indurain, Pantani y Coppi. A veces la miro y veo a Eduardo subiendo con garbo aquellas pendientes sin asfaltar, con su maillot poco discreto y su mochila de colegial. A veces no puedo evitar observarle, inmóvil, junto a su bici en el terraplén. Sonriente. Como siempre.

viernes, 23 de noviembre de 2007

Lakovic aprovecha la mejor versión del Barça ante el Real Madrid (73-62)

Lakovic progresa ante la defensa de Raúl López -AFP.

Hizo y deshizo. Suele hacerlo este Barça. Es un cúmulo de genialidades, de defensa impecable y contraataques de manual, pero también se parece al crío al que le roban el bocadillo en el patio. Muestra un desconcierto parecido, tiene esa inocencia y desfallece con la misma facilidad. Eso sí, cuando reacciona puede hacerlo sin dudas. Especialmente si Jaka Lakovic, su líder natural, cumple su rol. El base esloveno (14 puntos, 12 rebotes y siete asistencias) rescató al conjunto azulgrana para romper la imbatibilidad del Real Madrid en la Euroliga (73-62).

Cuando Kerem Tunçeri anotó su primer y único triple, a seis minutos para el final, se consumó el surrealismo. De una ventaja de 19 puntos del conjunto azulgrana (34-15, minuto 14) se había pasado a una renta de tres del grupo de Joan Plaza (56-59). Quedaban seis minutos y el Barça acumulaba hasta 13 con un frustrante balance de ocho puntos. Entonces Álex Acker, el fichaje de relumbrón que llegó lesionado, anotó su segunda canasta. Dos de dos: acababa de salir por primera vez a la pista.

Ante tres rivales

Falló Felipe Reyes falló el siguiente ataque y
segundos después Lakovic (Ljubliana, Eslovenia, 1978) avanzaba hasta la cancha contraria. Estaba solo ante tres rivales. La perdió y la volvió a recuperar: tiró como pudo, por mucho que la posición fuese más que forzada. El triple, el segundo de su equipo en 14 intentos, acabó entrando. 61-59 al estilo Basile. En la siguiente jugada, Lakovic capturó un rebote en defensa y metió otro lanzamiento de tres.


Reyes cometió (o le pitaron) pasos, y Acker anotó, de nuevo, desde 6'25. 17-3 fue el parcial de los últimos seis minutos, en los que el Real Madrid sólo sumó tiros lejanos mal seleccionados, faltas personales y pérdidas. Y vio cómo el Barça volvía a ganar otra vez un partido que él mismo parecía había perdido.

Defensa zonal

¿A qué puede aspirar este Barça con un mínimo de regularidad? ¿A dónde llegaría sin ese pasotismo en el tercer período? No se sabe qué le ocurre tras la reanudación a este equipo, pero desde que Dusko Ivanovic lo entrena, suele ser su peor cuarto.

En esta ocasión el conjunto azulgrana se ahogó (no es nuevo) en la defensa zonal 2-3 planteada por Plaza y aparcó la intensidad en defensa de la primera parte. Así se crecía Àlex Mumbrú, que apenas había aportado nada hasta entonces. Así el Madrid anotaba con contras fáciles casi al límite de la posesión liderado. Destacaba Raúl López, más por picardía que por clarividencia. Como sus compañeros, se limitaba a aprovechar los numerosos errores de su rival, que quería resolver con triples lo que no podía hacer en la pintura (54-51, minuto 30, parcial de 6-15).

Inicio contundente

No se parecía el Barça a ese equipo espectacular y efectivo de la primera parte. A los tres minutos ya había provocado tres pérdidas y cuatro personales al rival. Y dos después ya ganaba 13-4, con un parcial de 11-0, y con Fran Vázquez como referente. Es un pívot tan excelente como intermitente: sólo se exhibe durante segundos y de vez en cuando. Sus mates y su tiro a media distancias son sus mejores recursos, pero entre que juega poco y le falta confianza, no suele demostrarlo. Plaza relevó a Sergi Llull (sorprendentemente titular) y salió López, que no arregló a su equipo, demasiado pasivo. Sólo cogió un rebote ofensivo en todo el primer cuarto.

Ese rechace fue para Reyes, que pase lo que pase, haga un partido discreto o excelente, sabe cómo acumular gran parte de las personales. Sus homólogos en el Barça, Mario Kasun y Denis Marconato volvieron a comprobarlo. El pívot cordobés fue el relevo anotador de Louis Bullock en el segundo cuarto y sumó los últimos nueve puntos del actual campeón de Liga en la primera parte. Su rendimiento ajustó el marcador al descanso (48-36). Después llegaría la descomposición del Barça, la reacción del Madrid, y la aparición de Lakovic, que sin duda aprovechó la mejor versión de su equipo. No era para menos.


lunes, 19 de noviembre de 2007

Roger Federer, la serenidad de un genio

Federer celebra su victoria en el Torneo de Maestros celebrado en Shanghai -EFE.

"Te cambia el ritmo, te obliga a variar el juego. Realmente ante Federer te sientes poco más que una marioneta", dijo David Ferrer, la gran sensación del Torneo de Maestros de Shanghai, el tenista que había ganado a Rafa Nadal y a Andy Roddick sin apenas esfuerzo. Hablaba el jugador alicantino, que acabará el año como quinto mejor jugador, con la cara todavía de susto. Había pasado una hora tras su derrota en la final en la estadio Qi Zhong, pero Ferrer no podía olvidar cómo el número uno mundial le hizo esconder su mejor arma, la derecha, cómo neutralizó su físico con golpes poco humanos. No esperaba una derrota tan contundente: 6-2, 6-3 y 6-2.

No concedió opciones Roger Federer (Basilea, Suiza, 1981), que en su peor año ha ganado siete torneos (Abierto de Australia, Wimbledon, US Open y su cuarto Torneo de Maestros entre los más importantes). Más que nadie. Sólo se le resistió Roland Garros, el único gran sueño que aún le queda por cumplir al tenista helvético además de la medalla olímpica (en Atenas 2004 cayó ante Tomas Berdych en segunda ronda).

En París le frenó Nadal, al que días antes había ganado en Hamburgo. Continúa siendo la primera y la única vez que ha vencido en arcilla al español, que hasta el pasado 20 de mayo sumaba 81 triunfos consecutivos en esa superficie. No se olvidó de ese detalle Federer en la rueda de prensa: "Ha sido un año fantástico. Además, por fin he ganado a Rafa (Nadal) en tierra batida".

Dudas sobre su liderazgo

Llegó el tenista suizo a Shanghai como un número uno menor. O eso consideraban algunos periodistas que sólo miran las estadísticas: Federer acumulaba durante la temporada ocho derrotas (una menos que entre 2005 y 2006). Las dos últimas, en menos de tres semanas y ante el mismo rival. El argentino David Nalbandián le superó primero en la final del Másters de Madrid y después en segunda ronda del Open Paris-Bercy. El suizo sólo tenía 995 puntos sobre Nadal en el ránking de la ATP.

Aquéllos que dudaban de Federer se reafirmaron tras su derrota en el debut en el Torneo de Maestros ante el chileno Fernando González. "No soy más vulnerable. No estoy de acuerdo con eso. Espero demostrarlo esta semana", sentenció tras aquel desengaño. Cumplió su deseo: superó sin problemas a Andy Roddick y Nicolay Davydenko en la round robin, y a Nadal en semifinales.

El juego alegre de Ferrer

Su último rival era David Ferrer, un tenista al que le ha costado centrarse y despuntar. Su padre le castigó con trabajar en una obra cargando ladrillos por no progresar como jugador. Su entrenador, Javier Piles, le encerraba como toque de atención en el cuarto donde guardaban las pelotas. El tenista alicantino se presentaba en la final como el único que no había perdido en el torneo, sólo había cedido un set ante Nadal en el segundo partido. En Shanghai Ferrer había realizado el mejor juego (alegre, consistente y duro). Era el peor contrario para Federer.

"Mi gran fortaleza ante Ferrer es mi capacidad de quitarle cosas", anticipó en la víspera el tenista suizo. En tan sólo 19 minutos esa frase era casi el titular de la crónica: Federer dominaba el primer set 4-1 y había roto dos de los tres servicios al tenista alicantino. Fed Ex no concedía opciones, tampoco fallaba en sus subidas a la red. Era infalible (6-2).

El número uno, cómodo

Federer sabía sacar provecho de sus virtudes: la precisión por encima de la fuerza y el desgaste, su volea imprevisible. Ferrer, mientras, se sentía incómodo, viendo cómo su rival dominaba sin problemas el centro de la pista y evitaba el intercambio de derechas. Su única oportunidad.

En el segundo set, al menos, el tenista español no acumuló otro break en contra hasta el séptimo juego (4-3). Eso era casi una proeza. Federer se llevó el siguiente juego en blanco y ganó el set en el punto más espectacular, en su tercera opción. El drive de Ferrer se fue largo (6-3). Tanto se enfadó el alicantino por ese error en particular y por su actuación en general que rompió la raqueta sobre su muslo. La tercera manga fue un trámite (6-2).

El curioso pasado de Federer

Viendo a Federer, un jugador tan frío como Justine Henin y tan discreto como Pete Sampras, su pasado parece surrealista. "Solía tirar la raqueta cuando las cosas no me iban bien. Con 16 años me expulsaban de casi todos los entrenamientos", recuerda el suizo, que con 17 fue a un psicólogo deportivo, que consiguió que cambió la agresividad por serenidad, la impaciencia, por el pragmatismo.

A Federer le costó sobresalir. Debutó en el circuito profesional en 1998. Entonces sólo jugó cinco partidos, pero acabó el año como 302 del mundo (avanzó 398 puestos). No destacó hasta 2001. Ese año ganó su primer torneo (en Milán ante el francés Julien Boutter) y sorprendió al mundo: eliminó en octavos de final de Wimbledon a Pete Sampras. El estadounidense defendía el título y sigue siendo quien más a ganado en Londres (siete veces) y quien más Grand Slams tiene (14 por 12 de Federer y Roy Emerson).

Dos años después, en 2003, Federer ya ganó en Wimbledon. Fue el primero de sus cinco títulos en el All England Club. Lo hizo ante el australiano Mark Philippoussis, el jugador que entonces tenía el saque más potente del circuito.

La liberación

Opina René Stauffer, autor del libro En busca de la perfección: la historia de Roger Federer, que la clave de la ascensión definitiva de Federer fue su primera victoria en el Abierto de Australia ante el ruso Marat Safin. "Fue una enorme liberación para él. Pasó a ser el número uno del mundo (lo es desde el 2 de febrero de 2004). Roger dice que en aquel momento hubiera podido dejar de jugar. Había logrado todo lo que se ha propuesto. Todo lo que ha logrado desde entonces es una recompensa adicional para él", explica Stauffer.

Desde ese triunfo en Australia, el suizo ha ganado diez de los 15 Grand Slams disputados. Sólo en tres ocasiones no llegó a la final. Federer acumula en su carrera cinco Wimbledon, cuatro US Open y tres Abiertos de Australia. El suizo ha levantado 53 títulos individuales en total. Desde 2004 lleva 307 victorias por tan sólo 23 derrotas.

"Federer es el más grande", asegura John McEnroe. "Es el mejor jugador al que me he enfrentado", dijo André Agassi tras perder ante él la final del US Open de 2006. "Soy fan de Federer, pero a mí no me dominaría", comentó en su día Pete Sampras. "Es el mejor", ha reiterado siempre Nadal. "¿Los elogios? No quiero que me afecten. Sí quiero recordarlos para los últimos años de mi carrera", comentaba, con humildad, a finales de noviembre del año pasado a la Agencia EFE tras ganar su tercer Torneo de Maestros ante el estadounidense James Blake. Doce meses después, ha superado a David Ferrer con la misma contundencia. Con la misma ambición con la que un día escribió su sueño en un papel: "Batir a los diez mejores y ser número uno mundial". Tenía 15 años y tiraba la raqueta si las cosas no le salían bien. Aún no tenía esa serenidad que le caracteriza.


lunes, 12 de noviembre de 2007

Justine Henin, una campeona diferente

Justine Henin celebra su triunfo en el Másters celebrado en Madrid -EFE.


Su físico, un cuerpo delgado de apenas 1'67 metros y una cara tan blanca que parece enfermiza, le aparta de ser un icono publicitario. Su talento, basado una contundente sencillez, le acerca a mitos como Steffi Graf o Martina Navratilova. Justine Henin (Lieja, Bélgica, 1982) es la mejor tenista del mundo. Lo es con más razones tras lograr su segunda victoria consecutiva en el Másters ante María Sharapova, pura elegancia, absoluta potencia. Su antítesis. En Madrid la tenista belga ganó a la rusa una final que duró casi tres horas y media (5-7, 7-5 y 6-3) y prolongó una temporada difícilmente superable, en la que ha ganado diez de los 14 torneos que ha disputado, entre ellos Roland Garros y el US Open, y se ha impuesto en el 94% de los partidos. Un 2007 que empezó mal tras su divorcio y continuó con el acercamiento con su padre, con el que no se hablaba desde hacía siete años.

No es un prodigio de fuerza, pero con su revés a una mano la tenista belga consigue cambiar la velocidad de la bola sin demasiado esfuerzo. Henin compensa su falta de músculo y altura a base de estrategia, colocación y rapidez de movimientos. "No me preocupan mis fallos, sino provocarlos en la rival": ésa es su filosofía de juego. Así desesperó en semifinales a Ana Ivanovic, la primera rival que realmente le puso en aprietos durante el Másters. La tenista serbia logró igualarle tres juegos en contra en el segundo set y desconcertarla (hasta nueve dobles faltas cometió Henin). En la final claudicó Sharapova, cuyo juego estuvo más próximo a la contundencia de hace dos años que a la actual irregularidad marcada por las continuas lesiones.

"Un partido que nadie olvidará"

No celebró demasiado Henin esos triunfos tan trabajados. Apenas resopló un par de veces de alivio tras ganar a Ivanovic. Tampoco se excedió tras ganar el Másters. "Ha sido un partido que nadie olvidará nunca. Estoy muy contenta, pero aún me queda mucho por mejorar", zanjó, ahora sí emocionada, la tenista belga. Se había dejado llevar: a veces parece que cuente sus gestos y controle cuáles deben ser sus reacciones en cada momento.

Quizás la vida le ha hecho consolidar su carácter individualista y reservado. Henin ha sufrido mucho: pasó un infierno viendo morir a su madre, Françoise Rosière, cuando tan sólo tenía 12 años. Nunca se llevó bien con su padre, José Henin, con el que estuvo mucho tiempo sin relacionarse y al que llegó a acusar de abusar de ella de pequeña. Su hermana Florence murió atropellada por un conductor borracho y, en 2001, su abuelo, George Rosière, falleció de un infarto poco antes de que la tenista jugase ante Serena Williams la final de Wimbledon, el único Grand Slam que aún no ha ganado.

Su separación

Henin se pasó gran parte del 2004 encerrada en casa, tras contraer un citomegalovirus, de la familia del herpes. Tan sólo veía al que entonces era su marido, Pierre-Yves Hardenne, del que se separó a principios de este año. Descentrada y hundida, Henin decidió tomarse un tiempo y abandonar el tenis. Renunció a participar en el Abierto de Australia, en el que tenía que defender muchos puntos por haber sido finalista en 2006. María Sharapova aprovechó su ausencia y, pese a perder la final ante Serena Williams, le arrebató el número uno mundial. Una posición a la que había llegado tras ganar el Másters del año pasado sin ser favorita. Llevaba dos meses sin competir por una lesión.

La vuelta al circuito

"Volveré cuanto antes", se apresuró a decir Henin. Lo hizo muy rápido, en febrero en el Open de París, en el que perdió en semifinales ante Lucie Safarova. Ganó en Dubai y Qatar, perdió la final de Miami ante Serena Williams, se impuso en Varsovia y fue eliminada en semifinales en Berlín. Estaba claro: había vuelto.

Su gran reto era ganar su cuarto Roland Garros, su torneo favorito. Lo logró tras vencer en la final a Ana Ivanovic. "Dedico esta victoria a alguien que está en el cielo y que desde allí me protege", dijo Henin al público de la Philippe Chatrier mientras señalaba arriba, hacia su madre, a la que de niño prometió que algún día ganaría allí. Por eso en 2003 cuando se impuso por primera vez ante su compatriota Kim Clijsters (entonces número uno) se llevó la réplica del trofeo a la tumba de su protectora: "Te lo dije".

El 2007 ha confirmado que Henin sigue siendo la mejor. La número uno mundial se aleja de los flashes y cada vez más se aproxima hacia su gran ídolo, la alemana Steffi Graf. "Lo mío es el deporte, la competición. Por eso estoy aquí, no para que se den la vuelta cuando paso", explicaba el pasado martes en El País esta campeona diferente.

viernes, 9 de noviembre de 2007

Mario Kasun, confirmando un talento anunciado

Kasun defiende a Pellin. -EFE

Un día le encumbró y le hizo cargar con una responsabilidad para la que no estaba preparado. Hablar de Mario Kasun (Vinkovci, Croacia, 1980) es rememorar su partido ante España en los cuartos de final del Eurobasket de Belgrado. El 23 de septiembre de 2005 el pívot croata anuló a Felipe Reyes y minimizó a Carlos Jiménez hasta que se retiró lesionado a finales del segundo cuarto. Ocho puntos y dos rebotes fueron los números con los que se reivindicó y quiso demostrar a sus detractores que se habían equivocado con él. Que no era un agitatoallas de NBA de casi 130 kilos y 2'13 metros.

Pero a Kasun le ha costado confirmar su talento. Ahora empieza a hacerlo con actuaciones más que interesantes. La última, 22 puntos y cinco rebotes ante el Chorale Roanne (82-76) en la Euroliga. Ésta es su segunda mejor anotación en el Barça. Sólo el año pasado, también en la máxima competición europea y contra otro equipo francés (el Pau Orthez), sumó más puntos: 29 en 26 minutos.

En las últimas dos temporadas, desde aquella exhibición con su selección, Kasun ha sido un jugador sin confianza, un blanco fácil de lesiones y de faltas personales. Tras el Eurobasket, sólo jugó 28 partidos con los Orlando Magic (apenas ocho minutos de media). Su técnico, Brian Hill, le ignoró. "No ha demostrado nada", dijo sobre él su entrenador siguiente, Dusko Ivanovic, que sólo le concedió 33 minutos en los cuatro partidos de la pasada final de la Liga ACB ante el Real Madrid.

Renovación

Supermario
se ha renovado. Se acerca, poco a poco, al jugador rápido, cerebral y espectacular que asombró ante España. Casi 14 puntos promedia Kasun en la Euroliga (71% en tiros de dos), mientras que en la Liga ACB acumula nueve.


Ante el Chorale Roanne,
un equipo débil, pero con más músculo, talentoso en las transiciones rápidas, pero poco preciso en los tiros, Kasun fue el mejor. Aportó la frialdad y la contundencia suficientes a un Barça anárquico y demasiado dependiente del triple (10 de 25, 7 de 15 al descanso). Supo disminuir la aportación de Brion Rush, la estrella del conjunto francés, que se quedó en 14 puntos. Sólo Marc Salyers, con 21, pudo sobresalir ante él.

El entendimiento con Trias

Supermario también ha cambiado su carácter y, sobre todo, su actitud. Hace meses parecía un jugador sin sangre o con la necesaria para cometer el máximo número de infracciones posibles.
El curso anterior, en Girona ante el Akasvayu, logró un récord difícilmente superable: cometió cinco faltas personales en tres minutos. Ahora se mueve mejor y se siente más parte del grupo. Cuando anotó una canasta con tiro adicional (68-58, minuto 33) se abrazó a Jordi Trias. Era un gesto casi inédito en Kasun. Era su agradecimiento a un jugador con el que se entiende bien. Al otro gran destacado del partido. El ala-pívot catalán sumó ocho puntos en el último cuarto (11 en total).

Kasun parece estar olvidando sus frustraciones, como la de no haber triunfado en la NBA
. Triunfar entre los más mediáticos era su obsesión desde que fue drafteado por los Clippers en 2002 y traspasado a los Magic, que lo cedieron dos años al Opel Skyliners de Frankfurt. Pero cuando aterrizó en la Liga estadounidense apenas tuvo opciones, en dos temporadas tan sólo disputó 569 minutos, que no equivalen ni a 12 partidos completos. Por eso en el verano de 2006 decidió estudiar las propuestas de Europa. Aceptó la del Barça, que le seguía desde hacía meses, y le ofreció casi un millón de euros y la posibilidad de jugar con estrellas como Jaka Lakovic o Juan Carlos Navarro.

Resultados cuanto antes

Necesitaba tiempo y confianza Kasun, pero acabó fichando por un equipo que buscaba todo lo contrario: con 22 millones de euros de presupuesto el Barça quería volver a ser el club referente cuanto antes. Deseaba olvidar una temporada frustrante, en la que había sido eliminado en cuartos de final en la Liga ACB y en la Copa del Rey, en la que Dejan Bodiroga había salido del club con la misma repercusión del jugador que sirve para mejorar los entrenamientos.

El desastroso inicio del conjunto azulgrana convirtió al pívot croata en el jugador más pitado del Palau. Sólo Dusko Ivanovic parecía ser más culpable de la situación que Supermario, que empezó el 2007 con una fisura por estrés del peroné de la pierna derecha. Prolongó su baja por una sobrecarga en el tendón tibial anterior. Volvió a finales de abril en un amistoso ante el Gran Canaria y se convirtió en un jugador aún más inseguro, torpe y descentrado. Ahora Kasun parece estar confirmando algo que ya anunció contra España en Belgrado: su gran talento.

lunes, 5 de noviembre de 2007

Rossi abandona en Valencia y pierde el subcampeonato del mundo a favor de un espléndido Pedrosa

Dani Pedrosa festeja su subcampeonato en el GP de Valencia -AP.

Era un premio muy menor para todo un heptacampeón como él. Pero con su mano derecha malherida tras el accidente en los entrenamientos Valentino Rossi (Tavullia, Italia, 1979) poco más podía hacer que intentar sumar un punto que le permitiese lograr el subcampeonato en MotoGP. Il Dottore siempre había sido primero o segundo desde 1997. Pero dos factores acabaron con la estadística: el motor de su Yamaha, que se paró cuando ocupaba la 14º y era virtual subcampeón (sumaba dos puntos), y Dani Pedrosa, que hizo lo único que podía hacer: ganar el GP de Valencia. El piloto español sumó su segunda victoria de la temporada, tras la del GP de Alemania, y acabó siendo el vencedor del duelo que tantos publicitan desde hace dos años y que poca trascendencia ha tenido realmente.

Faltaban 13 vueltas para el final y en la curva
Aspar la Yamaha de Rossi se tambaleó. Algo fallaba. ¿Se había gripado el motor? En el antiguo equipo del italiano, en Honda, se frotaban las manos. Su piloto Dani Pedrosa tenía más fácil el subcampeonato: dominaba la carrera sin complicaciones, manteniendo una distancia considerable con el campeón Casey Stoner, que finalmente acabó segundo (John Hopkins completó el podio). Il Dottore acabó reitrándose a 11 vueltas para el final, cabizbajo. Absolutamente desconsolado, su esfuerzo de correr infiltrado había sido inútil. "Iba tranquilamente corriendo y me he encontrado con esto... Este subcampeonato no lo he perdido yo, lo ha perdido Yamaha", critaba el heptacampeón.

Circuito gafe

El
circuito Ricardo Tormo continuó siendo esquivo para Rossi, que no gana allí desde 2004. El año pasado se cayó solo en la curva Doohan y perdió el campeonato a favor de Nicky Hayden. Esta temporada tampoco suerte. Una fortuna que sin duda mereció Pedrosa, que ha acumulado las cuatro últimas poles del curso (Japón, Australia, Malasia y Valencia) y que, tras la victoria de Rossi en el GP de Portugal, ha logrado 54 puntos por tan sólo 30 del italiano.

"Este chico tiene talento. Llegará a ser el mejor", pronosticó
Il Dottore el primer día que vio maniobrar sobre una moto a un Pedrosa muy joven. No se equivocó: el piloto español ya acumula un mundial de 125cc (2003) y dos de 250cc (2004 y 2005). "Stoner ha sido muy superior casi siempre. Antes le ganaba casi siempre, pero este curso no ha sido así", señaló Pedrosa, que celebró exultante su victoria y la segunda posición en el mundial.

El contraste era
Rossi, que dejó entrever que si las cosas no cambian no prolongará su contrato con Yamaha: "Muchos movimientos tienen que haber en el equipo, desde ya. Soy Valentino Rossi y no puedo llevar una moto así".

El Barça homenajea a Roberto Dueñas con un recital de triples ante el Fuenlabrada


"Nunca podré devolveros todo lo que me habéis dado. Gracias de todo corazón", se sinceraba, con voz temblorosa, Roberto Dueñas (Madrid, 1975). Así agradecía al público su devoción uno de los pívots más determinantes de Europa de finales de los noventa e inicios de este siglo. El eterno dorsal 12 del Barça. Porque ningún jugador llevará nunca más ese número en el club azulgrana. Su camiseta colgará junto al 4 de Andrés Jiménez, el 7 de Nacho Solozábal y el 15 de Epi en el actual Palau -"jugar aquí ha sido el privilegio más grande"-. Seguirá en lo más alto del nuevo pabellón, aún por construir.

El acto a Dueñas, que se retira del básket cansado de sus problemas de espalda, se hizo el día idóneo, durante partido entre su segundo equipo, el
Fuenlabrada, y el Barça, donde triunfó a lo largo de una década, entre 1995 y 2005. El grupo de Ivanovic le homenajeó a su manera, con un recital de triples (14 de 23). Una exhibición que le bastó para ganar 78-62 a un Fuenlabrada voluntarioso y liderado por el nuevo techo de la Liga. John Peter Ramos mide 2'22 metros, un centímetro más que el gigante Dueñas.

Con triples el Barça minimizó el reducido testimonial papel de sus jugadores interiores, que sólo aportaron 25 de los 78 puntos del equipo y cinco rebotes. Unos datos que cualquier otro día le hubiesen supuesto una contundente derrota. Ese déficit fue mérito de la defensa cambiante del Fuenlabrada. Y partido estuvo igualado hasta que apareció Gianluca Basile, el máximo anotador con 17 puntos. Lo suele ser cuando está en racha. Entonces sus porcentajes son brillantes. Ante el conjunto de Luis Casimiro anotó cinco de los nueve intentos que lanzó, y que fue decisivo en el último cuarto con un parcial de 18-10 que sentenció el encuentro (76-60, minuto 37).

Basile
,
con un 41% de acierto, es el tercer jugador más fiable desde 6'25 de la Liga ACB tras el base del
DKV Joventut Demond Mallet (52% y 4/6 esta jornada ante el Grupo Begar León) y su compañero en el Barça Jaka Lakovic (42% y 3/4). Con tan sólo dos partidos disputados el capitán azulgrana Roger Grimau ha anotado tres de los cinco que ha lanzado (60% y 3/3 ante el Fuenlabrada).

Puntos repartidos

El Barça se siente cómodo en las transiciones rápidas. En ese contexto es en el que mejor se desenvuelven sus jugadores, que son capaces del ataque más brillante, pero también del despiste más vergonzoso. En el primer período el conjunto azulgrana jugó a su ritmo. Le funcionó: anotaba de todas las formas posibles: un mate de Trias, un triple de Ilyasova... Todos los miembros del quinteto inicial habían logrado alguna canasta a los ocho minutos (20-15).

Sufre el grupo de Ivanovic con los pívots inmensos y habilidosos. Padeció ante Petkovic en su debut en la Euroliga en Partizán, volvió a pasarlo mal ante Ramos. El pívot puertorriqueño ha olvidado su inicio de temporada irregular y se reivindicó en el Palau. Especialmente brillante estuvo en el primer cuarto, hasta que Basile (o el árbitro) le sacó la tercera personal. Hasta entonces llevaba ocho puntos y tres rebotes (acabaría con 12 puntos y sin sumar más rechaces).

Clara ventaja y gran parcial visitante

De la excelencia a la mediocridad pasó el Barça en el segundo cuarto. Con un par de jugadas de Denis Marconato y Fran Vázquez y cuatro triples logró una cómoda ventaja de 12 puntos (38-26, minuto 17). Y fue entonces cuando, incomprensiblemente, se descompuso. Se transformó en un rival de perfil bajo: perdió tres pelotas consecutivas (hasta siete en el período). Y el Fuenlabrada, sin su estrella, el pívot estadounidense Tom Wideman (en el banquillo con dos puntos) y con Marko Tomas desaparecido (una sola canasta), se agarró a Salva Guardia. Su eterno capitán lideró el parcial de 0-9 con el que acabó la primera parte (38-35).

La igualdad continuó en la reanudación. El Fuenlabrada optaba por ataques largos y una selección de tiros de dos muy buena (15 de 22, 68% de acierto), pero se obsesionó demasiado con lanzar triples. Quizás se contagió del rival y su ansia le condenó (siete de 26).

Combinaba contras y lanzamientos de tres el Barça, pero seguía sin sentenciar el partido. Resistía el Fuenlabrada, con Ramos, con Tomas, que ahora sí era decisivo (11 puntos en la segunda parte). El grupo de Luis Casimiro llegó a acercarse a cinco (53-48, minuto 29), pero el Barça acabó sentenciando a la contra y a base de triples. Lanzamientos geniales, lanzamientos con suerte como el de Basile que entró tras tocar el tablero. El escolta italiano metió dos triples consecutivos, los que iniciaron un parcial de 18-10 que sentenció el partido. Grimau anotó su tercer triple de tres intentos y demostró que, tras su lesión, tiene sitio en el grupo. Fue el mejor homenaje que el Barça le podía haber dado a Dueñas. A su eterno 12.


sábado, 3 de noviembre de 2007

Martina Hingis: otro icono que se destruye

Hingis, de 27 años, se retira del circuito profesional -Steve Christo.

Otro icono que se destruye. Hace unos días Marion Jones, la imagen del atletismo moderno, confesaba que había hecho trampas y que sus proezas en Sydney eran un engaño. Ahora
Martina Hingis (Kosice, Eslovaquia, 1980), la mejor tenista de finales de los noventa, anuncia que deja la raqueta tras haber dado positivo por cocaína en un control efectuado durante el pasado Wimbledon.

"Es una acusación horrenda y monstruosa. Mis únicas armas en la pista han sido siempre la imaginación y el amor por el juego. Me aterroriza consumir drogas", dice la tenista suiza, a la que le espera un largo camino de juicios y leyes para demostrar que es inocente. "Lo soy cien por cien", ratifica Hingis, de 27 años, mientras asegura que aconsejada por su familia se ha hecho la prueba en el cabello y que ha dado negativo "como todos los análisis que me han hecho en los últimos 12 años".

La WTA, escéptica

Según su entorno, las muestras de orina analizadas ni tan siquiera son de la tenista suiza. Afirman que hay un extraño complot contra la que hace una década, en 1997, se convirtió en la número uno más precoz, con 16 años, seis meses y un día. También son escépticos en la WTA: "No hemos recibido confirmación oficial de nada. Todas las jugadoras son inocentes hasta que se demuestra lo contrario. Martina Hingis es una tremenda campeona y una de las favoritas de los aficionados", explicó en un comunicado Larry Scott, presidente de la WTA.

Ganadora de 43 títulos individuales, entre los que destacan cinco Grand Slams (un Open de Estados, un Wimbledon y tres Open de Australia), Hingis abandona el tenis por segunda vez en su carrera. En 2002 se vio obligada a retirarse por las lesiones, que le impidieron seguir entre las mejores. Ahora se va acusada de dopaje. "Teniendo en cuenta este hecho, mi edad y los problemas físicos que he padecido con la cadera, he decidido abandonar el circuito", resumió.
Relato de prodigio adolescente

La historia de Hingis es un relato de prodigio adolescente. De una estrella que surge de repente y logra minimizar a un mito como Steffi Graf, que entre 1995 y 1996 había ganado seis de los ocho Grand Slams. Hingis, en mayo de 1996, fue quien rompió la excelente racha sobre tierra batida de la número uno, que hacía dos años que no perdía en esa superficie. "Es una jugadora muy sólida", reconoció Graf tras perder en los cuartos de final de Roma. Era el 10 de mayo de 1996. El primer aviso de aquella descarada jugadora que disfrutaba escuchando Bon Jovi y montando a caballo.
No tardó Hingis en lograr su primer torneo como profesional. Fue el 13 de octubre de ese mismo, en Fildestadt (Alemania). Tenía 16 años y 14 días. Desde entonces su progresión fue excepcional, casi surrealista: apenas cuatro meses después ganaba su primer Grand Slam, el Open de Australia, ante una desconcertada Mary Pierce. Y el 30 de marzo de 1997 Hingis se convertía en la número uno más joven de la historia, con 16 años, seis meses y un día. Esa temporada, en la que ganó 12 de los 17 torneos que disputó, también logró Wimbledon y el Open de Estados Unidos. Sólo se le resistó un grande, Roland Garros, su torneo maldito. El único torneo prestigioso que jamás conquistó.

Roland Garros


En París empezaron sus dudas. Se convirtió en una tenista más débil y temperamental. Siempre se encaró con el público, protestó a los jueces de silla, se concentró más en el entorno que en su propio partido. Sólo así se explica que perdiese la edición de 1999 ante Steffi Graf tras haber ganado el primer set 6-4 y sacando con 5-4 y 15-0 a favor. Ese año ganó por tercera vez consecutiva el Open de Australia ante Amélie Mauresmo. El 31 de enero de 1999 ganaba su quinto y último Grand Slam. Esa temporada perdió la final del US Open ante una emergente Serena Williams y fue finalista en el Másters de Campeonas. Aún era número uno.
Si Hingis siguió en lo más alto durante el año 2000 fue por su regularidad en los torneos menores. Porque en los más prestigiosos fracasó: cuartofinalista en Wimbledon, semifinalista en Roland Garros y Estados Unidos, y finalista en Australia. Pero la tenista suiza alivió sus males con un gran final de temporada, en el que ganó en Filderstadt, Zúrich y Moscú, y se impuso a Monica Seles en la final del Másters, en el mítico Madison Square Garden de Nueva York.
Pierde el número uno
Pero Hingis parecía otra tenista. No pudo competir contra la estelar aparición de las hermanas Venus y Serena Williams. Menos aún ante el excelente año 2001 de Jennifer Capriati, que ganó a la suiza en las finales del Open de Australia y en Charleston (Estados Unidos), además de imponerse en París. La tenista estadounidense, otro prodigio precoz, le arrebató el número uno el 15 de octubre de 2001, tras 209 semanas como la mejor. Capriati también había encontrado el éxito muy pronto: con poco más de 16 años ganó el oro olímpico en Barcelona ante Steffi Graf y pronto se perdió entre robos, drogas y sobrepeso. Su excelente ejemplo fue un ejemplo para todos y la agencia EFE la nominó como mejor deportista del año.
La confirmación del declive de Hingis llegó en 2002, donde sólo consiguió dos torneos modestos (Sydney y Tokio) y por primera vez desde 1996 estaba fuera de las diez primeras jugadoras de la WTA. Sus interminables lesiones en los tobillos no le permitieron jugar Roland Garros y Wimbledon. Su ansiedad le apartaba de las mejores, pero también de las desconocidas, como Nadia Petrova y Elena Dementieva sin apenas esfuerzo.
Hingis decidió retirarse esa temporada. Muchos fueron los que aseguraron que nunca más volvería a competir, que sus dolencias en los ligamentos de ambos tobillos eran incurables. Pero resurgió en 2006: "Jamás acepté tener que poner fin a mi carrera por una lesión", dijo tras su brillante Open de Australia, en el que llegó a cuartos de final. Esa misma temporada ganó en Roma y Calcuta, y llegó a cuartos de final de Roland Garros -"uno de los grandes motivos de mi vuelta es ganar en París"-.
El retorno
Esta temporada había ganado el torneo de Tokio a otra joven promesa como Ana Ivanovic. Ése ha sido el último éxito de Hingis, una tenista genial, tan irreverente como efectiva. Para la historia queda su espectacular ascenso, su lento declive, su vuelta triunfal y su adiós más doloroso. "Ni siquiera Navratilova tenía tal capacidad mental; Graf era más paciente, pero no tenía instinto; Chris Evert no tenía su audacia en la red. Reúne todas las cualidades de todas las campeonas precedentes", dijo en su día Andrea Jaeger, otra tenista precoz. Otra tenista también tuvo que retirarse por las lesiones. Aunque no baja sospechas. Con Hingis se destruye otro icono.

viernes, 2 de noviembre de 2007

Sánchez equilibra a un Barça que logra ante el Fenerbahce su primer triunfo en la Euroliga

Grimau captura un rebote durante el partido ante el Fenerbahce -EFE.

No necesitó una gran actuación individual. No sobrevivió a base de jugadas geniales en un cúmulo de desconciertos. Al Barça le bastó y le sobró equilibrio en sus líneas para lograr ante el Fenerbahce su primer triunfo en la segunda jornada de la Euroliga (82-67). Hasta cinco jugadores azulgrana consiguieron al menos 10 puntos en un encuentro que supo dirigir con criterio Pepe Sánchez.

Llegó al Barça en verano como segunda opción: el favorito para el puesto de base era Pablo Prigioni del Tau. Pepe Sánchez (Bahía Blanca, Argentina, 1977) aterrizaba en Barcelona como el jugador que había anotado un triple imposible que impidió al conjunto de Ivanovic clasificarse para la Final Four de Atenas. Poco meses después ya ha demostrado que puede ser un buen segundo base o el referente cuando Jaka Lakovic juega de dos.

El base argentino cambió por completo el partido. Se fue al banquillo en el minuto 16, con 35-20, y volvió a la pista en el 23, cuando su equipo estaba a punto de perder la gran ventaja (46-42). Entonces Pepe Sánchez supo reorientar al Barça, logró equilibrar a un grupo que sólo veía en la precipitación y en los tiros lejanos el antídoto al buen juego interior de Oguz Savas y Mirsad Turkcan.

Solomon y Onan

La gran actuación del base argentino (seis puntos, ocho rebotes y seis asistencias) fue decisiva. Como la buena conexión entre Denis Marconato y Jordi Trias (24 puntos entre ambos) y la gran defensa en la segunda parte a Willie Solomon y Omer Onan. Si en la primera mitad sumaron 22 puntos de los 36 puntos del Fenerbahce, en la reanudación sólo Solomon anotó. El base estadounidense, excelente tirador, anotó nueve puntos, cuatro cuando todo estaba decidido. Cuando Pepe Sánchez, con una canasta al límite de la posesión, había confirmado un triunfo incontestable (72-60, minuto 36).

Pocos esperaban ese relajado final en la conclusión de primera parte, cuando el conjunto de Ivanovic acababa de encajar 23 puntos en el segundo cuarto. Ocho eran de Onan, que había recogido la responsabilidad del equipo turco con Solomon en el banquillo con dos personales. El ritmo era entonces del grupo de Bogdan Tanjevic, superior en el rebote, especialmente en el ofensivo. Era la antítesis del período anterior, en el que no había cogido ninguno.

El exponente del desconcierto del Barça era, una vez más, Kasun. Su caso es único: tiene tanta calidad como inconsciencia. Es capaz tanto de demostrar que es uno de los pívots europeos con más recursos bajo el aro (muy buenos sus dos mates) como de cometer absurdas faltas personales (tres).

Otro caso parecido al de Kasun es el de Ersan Ilyasova. El turco es un complemento interesante jugando de tres: tiene un buen tiro exterior, recursos en la zona y mucha entrega en defensa. Ilyasova puede aportar todo esto si empieza bien, si tiene confianza. La tuvo en los 12 minutos que disputó ante el Fenerbahce, en los que mejoró sus actuaciones anteriores. No era complicado. Así que no tiró por inercia como ante el DKV Joventut ni fue un defensor amigo como ante el Gran Canaria.

Fue un triunfo de equilibrio, de equipo. Gianluca Basile renunció a tirar y se empleó en defensa, el capitán
Roger Grimau culminó varias contras y acabó con 11 puntos, dos menos que Lakovic, que no pudo repetir su exhibición en Girona, donde anotó 30 puntos. El Barça tiene que ganar por equilibrio, no depender de su estrella. Pepe Sánchez ha demostrado que es posible.