lunes, 3 de noviembre de 2008

Glock desprestigia un Mundial que ganó Hamilton y llegó a celebrar Massa

Hamilton sonríe con la bandera de su país; Massa, en el podio, a punto de llorar -EFE.

En menos de un minuto Felipe Massa pasó de celebrar que era campeón del mundo por primera vez a tener que asimilar que había estado a punto de serlo. En menos de un minuto Lewis Hamilton pasó de ser un perdedor vulgar, capaz de perder dos títulos en condiciones inmejorables, a convertirse en el piloto más joven de la historia en ganar el Mundial de Fórmula 1. Con tan sólo 23 años, 9 meses y 26 días el británico ha devuelto a lo más alto a McLaren y a Ron Dennis, que no lograban el título desde 1999 con el finlandés Mika Hakkinen como protagonista. Hamilton es el oficioso número uno por méritos propios, pero especialmente por la poca fiabilidad de Ferrari. La escudería italiana, que se llevó el título de constructores, arruinó a Massa un par de victorias sencillas: en Hungría, al brasileño se le rompió el motor a falta de tres vueltas, y en Singapur le castigaron con el lamentable episodio con la manguera. En la última carrera Massa no tuvo problemas y logró su sexto triunfo del curso, una victoria sin discusión en el GP de Brasil. En casa y ante su público el piloto de Ferrari asombró a los escépticos y se ganó el odioso honor de ser un triunfador moral. Porque cuando Massa cruzó la línea de meta primero era campeón. También cuando lo hicieron Fernando Alonso, segundo, y Kimi Raikkonen, tercero. El brasileño indicaba con su dedo índice que era el mejor. Lo fue hasta que Timo Glock entró en escena con un golpe de teatro inesperado. Es cierto que el piloto de Toyota era de los pocos que aún rodaban con los neumáticos en seco pese a la lluvia, pero ésa no es una excusa creíble para que tanto Sebastian Vettel como Hamilton tuviesen espacio suficiente para pasarle sin problemas por el interior en la última subida del circuito de Interlagos. Glock se comportó como un pobre doblado y su polémica decisión –¿tendrá McLaren algún detalle con él?– entronizó a Hamilton, que finalizó con lo mínimo que necesitaba en esas circunstancias: un quinto puesto. Mientras el británico se abrazaba a su familia y se colocaba una bandera de su país que rezaba que era campeón, en el podio sonaban los himnos de Italia y de Brasil, y Massa forzaba una sonrisa. Estaba a punto de llorar: durante unos segundos había celebrado un Mundial, había convertido su sueño en realidad.

La discutible maniobra de Glock acabó decidiendo el campeonato, que Hamilton había perdido a falta de dos vueltas, cuando Vettel le adelantó por el interior de una curva. El británico no tuvo opción de réplica y rozó los pianos. En Ferrari empezaron los abrazos, las lágrimas y los gritos de alegría. Segundos después todo fueron caras de incredulidad y Massa preferió llorar bajo su casco. El movimiento de sus guantes le delató. "Sé ganar, pero también sé perder. Ha sido un día más de mi vida del que voy a aprender mucho. Hoy todo ha ido perfecto, pero desafortunadamente no ha sido suficiente”, confesaba después, desconsolado, el piloto brasileño, que quiso felicitar a Hamilton por su título. “Ha hecho un gran campeonato. Ha sumado más puntos que nosotros y se merece ser campeón”, convino el brasileño. Hamilton también recibió las felicitaciones de su ex compañero Alonso, que le visitó en el box de McLaren: “Buen trabajo, Lewis, buen trabajo”. Ante los periodistas el español subrayó que no le afecta que Hamilton haya batido su récord de campeón más joven (24 años, 1 mes y 27 días era la marca de Alonso) y añadió con cierto humor que le preocuparía más “que me quite el de dos campeonatos, le queda otro para hacerlo”. Alonso acabó el curso como quinto mejor piloto y el miércoles anunciará que continúa en Renault.

¡Lo hemos hecho!”

Cuando Hamilton cruzó completó la última vuelta del circuito de Interlagos no sabía realmente si era campeón. “¿Lo tenemos? ¿Lo tenemos?”, preguntó por la radio, nervioso y con una única respuesta en su cabeza. “¡Sí! ¡Lo hemos hecho!”, le respondieron al unísono desde su equipo. Sólo entonces el británico se dejó llevar por la euforia y gesticuló como nunca. Hamilton reconoció después que no quiso arriesgar y que antes de que empezase a llover a falta de 7 vueltas “no llevaba el ritmo idóneo, pero conseguía donde tenía que estar”. Ambicioso y ciertamente obsesivo en ocasiones, se comportó como un piloto conservador, como un número uno mediocre: “Vettel me pasó y me dijeron por radio que necesitaba estar delante de él. No podía creerlo. Pero en la última curva pude pasar a Glock. Sólo puedo dar gracias a Dios”.

Hamilton es el campeón con peor promedio de puntos por carrera (5'44 por 5'57 de Alonso en 2005) desde 1999, desde el segundo y último título de Hakkinen (4'75). Pero, a la vez, el icono de McLaren también mejora estadísticas del propio Alonso y del mismísimo Michael Schumacher: promedia 103,50 puntos por temporada por los 85,56 del alemán y los 79,33 del español. Eso sí, Hamilton ha tenido más facilidades y mejor coche desde el principio que sus rivales.

Error de estrategia

"Ha sido un viaje muy largo. El equipo ha hecho un trabajo fantástico todo el año para conseguir esto", valoró Hamilton, que durante gran parte de la carrera de la carrera vio cómo se le escapaba otro Mundial, en el mismo escenario y con exacta ventaja. El británico pasó del cuarto al sexto puesto al inicio por un error de su equipo, que hizo que cambiase los neumáticos más tarde que su compañero Heikki Kovalainen y que otros favoritos. Era la undécima vuelta y Massa era virtualmente campeón del mundo por una cuestión puramente de estrategia, por saber gestionar mejor una parada en boxes tras el imprevisto de que dejase de llover. El cambio era lógico y tenía hacerse rápido. De intermedios a de seco.

Siete giros después Hamilton superó por velocidad punta a Giancarlo Fisichella y se puso quinto. Un adelantamiento basado más en su máquina que en su pilotaje le colocaba otra vez como pareció darle el título. En el tramo final de la prueba Vettel se convirtió en la única preocupación del británico: el sensacional piloto de Toro Rosso rodaba a medio segundo de distancia.

Otra vez empezó a llover y se repitieron los nervios en el pit lane. Hamilton entró en seguida, como Raikkonen. Ferrari se arriesgó y tardó una vuelta más en cambiar los neumáticos a Massa, aunque el brasileño tenía ventaja suficiente como para no perder el primer puesto. A dos vueltas llegaría por fin el adelantamiento de Vettel con la colaboración de Robert Kubica. Massa era entonces campeón del mundo. El brasileño cruzó la línea de meta como el mejor de la Fórmula 1, condición que conservó hasta que Glock dejó pasar a Hamilton y desprestigió el Mundial. Y, por extensión, al propio deporte.


3 comentarios :

Navedo dijo...

Hola.

Yo, desde siempre, he sido más de Ferrari que de cualquier otro equipo, a no ser que haya un piloto que me guste, como Kubica, Vettel o Alonso.

En este caso, quería que ganara Massa y yo también lo celebré, pero Timo le dio el mundial a Hamilton.

Un saludo!!

El fútbol es injusto

Anónimo dijo...

Con todos los respetos, criticando a Glock demuestras unos conocimientos bastante bajos de la F1, un piloto con neumaticos de seco en una pista como estaba en la ultima vuelta es IMPOSIBLE mantener un ritmo superior al que llevaba, aun hizo bastante consiguiendo no salir de la pista.....Glock fue el unico que arriesgando dio la emocion al mundial (si hubiera cambiado a mojados como todos habria quedado septimo y ni hubiera podido soñar Massa) a parte de que su estrategia fue la acertada, ya que antes de la lluvia iba en septima posicion y al no cambiar consiguio acabar en la sexta, con muchas posibilidades incluso de quedar cuarto si no es por el chaparron final. saludos

Toni Delgado dijo...

Gracias por tu comentario, anónimo. Cuestiono la forma en la que se produjo el adelantamiento no que Glock tuviese dificultades para rodar, que con neumáticos secos en lluvia las tendría seguro. Cuestiono que no hiciese nada para defender su posición y más, es que realmente parece que le deje un hueco increíble. En la prensa no se ha cuestionado la acción, pero curiosamente cuando la carrera acabó la FIA no repitió la maniobra. Parece demasiada casualidad, pero dudo que sepamos la verdad exacta algún día. Un saludo.