Buscar este blog

Cargando...

martes, 22 de julio de 2008

Ronaldinho: la construcción y la autodestrucción de un mito



Cautivó a base de sonrisa y arte, aliñando jugadas inéditas que celebraba con su gesto preferido, el shaka, típico de los surferos, con el que decía que todo iba bien. Aquel gesto, imitado tanto por los más pequeños como por los más grandes, fue el símbolo del nuevo Barça. Ronaldinho de Assis Moreira, Ronaldinho (Porto Alegre, Brasil, 1980) había aterrizado en el club tras una operación a trancas y barrancas, tras haber llegado a un acuerdo con el Manchester y ser objetivo del Madrid. El socio votó a Joan Laporta como presidente para que fichase a David Beckham y acabó acogiendo con los brazos abiertos a Ronnie. Tenía la esperanza de que aquel delantero con dentadura irregular fuese quien retornase al club la idiosincrasia perdida tras el adiós de Núñez, el parche transitorio -y autodestructivo- de Joan Gaspart, los meses de la comisión gestora y Enric Reyna como representante cómico(?). El Barça había pasado de ser candidato a ganar ligas a celebrar como un gran logro de jugar la liguilla de la Champions. Aquella chilena de Rivaldo ante el Valencia fue la imagen de aquellos años de desidia, fichajes absurdos y descontrol en general. El adiós de Ronaldinho, que deja en el camino cinco años, dos Ligas, una Champions y dos Supercopas de España, también se enmarca en una nueva etapa que deben liderar Leo Messi y Bojan Krkic. Ronnie promete títulos y vuelve a sonreír en el Milan, donde espera recuperar el nivel que le llevó a ser el número uno y olvidarse de su rol de jugador pasota e irregular de los dos últimos años en Barcelona.

"Sandro (Rosell), por la moral de todos los catalanes tienes que traer a Ronaldinho al Barça" le llegó a pedir a Jordi Puyol, entonces presidente de la Generalitat, al vicepresidente deportivo de los primeros dos años de mandato de Laporta. El deseo personal, y totalmente popular, se cumplió y Ronnie aterrizó en Barcelona el 19 de julio de 2003. "Qué lindo es el Camp Nou. Ésta será mi casa", reaccionaría el jugador, asombrado, cuando vio las que cómo eran las instalaciones de su nuevo club, del equipo en el que habían triunfado sus compatriotas Romário, Ronaldo y Rivaldo. Dos días después 25.000 aficionados acudieron al Camp Nou para ver sus primeros toques como jugador azulgrana en su presentación. Poco tardarían en comprobar su verdadero potencial. En su primer partido en el Estadi, en la segunda jornada de Liga ante el Sevilla los aficionados escogieron a su nuevo ídolo. Ronaldinho recogió el balón de Víctor Valdés, recorrió el campo, recortó en carrera a Martí, le hizo un túnel a Casquero y ante la presencia de Javi Navarro tiró duro y seco. El balón pegó en el larguero y el portero Notario se estiró por hacer algo. Gol, golazo: en un partido de madrugada empezaba un nuevo y exitoso capítulo en la historia del Barça.

Una remontada impensable

Aquel gol fue de lo poco que pudo celebrar el equipo en los primeros meses de la temporada. Los resultados eran horribles y Frank Rijkaard estuvo a punto de ser cesado y reemplazado por Luiz Felipe Scolari. Madrid, Deportivo y Valencia ganaron con facilidad en casa al Barça, que encima perdió varias semanas a Ronaldinho. El jugador brasileño sería la clave de la reacción de su equipo en la segunda vuelta, en la que superó una desventaja con el Madrid de 15 puntos y llegó a disputar el título al Valencia. Ronnie, con 14 goles y otras tantas asistencias, había sido el promotor de aquella remontada completamente impensable.

Posiblemente uno de los momentos marcados en rojo de la carrera de Ronaldinho es su gol ante la Real Sociedad el día de su cumpleaños, el 21 de marzo de 2004. Era el minuto 88 y Ronnie provocó una falta. Dio unos pasos hacia atrás, suspiró y dirigió la pelota hacia la escuadra. Enloqueció, lloró, señaló al cielo, hacia su padre, fallecido cuando era pequeño: "Es el día más feliz de mi vida". "El gol se lo ha inventado él", apostilló Rijkaard. Un mes después, el 25 de abril, en su primer partido en el Bernabéu, Ronaldinho participó en la jugada decisiva: le hizo una asistencia impagable a Xavi, que superó a Casillas con una vaselina a la altura de las circunstancias.


Ronaldinho celebra un gol con su gesto característico, el 'shaka'.

El número uno

Un curso después, en el curso 2004-2005, el Barça ganaría la Liga con un empate en el campo del Levante y Ronaldinho conquistaría a Europa con su gol ante el Chelsea, aquel toque sutil, preciso y contundente que no bastó para pasar de cuartos de final en la Champions. El jugador brasileño era, sin duda, el jugador del momento, alguien capaz de crear jugadas inéditas como la elástica y la espaldinha, y de liderar el optimismo y las ganas de todo un grupo. Tenía el mismo poder que un cantante de prestigio ante la mirada de sus fans -"No me acuerdo de la última vez que se enfadó por algo serio", explicaba su madre, Miguelina Assis, en La Vanguardia-. Los premios sólo reflejaban su superioridad: dos FIFA World Player (2004 y 2005) y el Balón de Oro, que recibió el 28 de noviembre de 2005. Ronaldinho encajó dicho reconocimiento con su humildad de chico de origen modesto que, aparentemente, no se había dejado atrapar por la fama. "Estoy completamente emocionado viendo cómo los mejores futbolistas de todos los tiempos me aplauden", dijo con la voz entrecortada. Se abrazó a su madre, la besó -Michel Platini bromeó y le deseó que sólo ganase el trofeo un par de veces más; no quería que superase su marca-.

"Yo le debo al club más que él a mí. Por eso quiero ayudar a conquistar títulos: la Champions sería histórica", añadió Ronaldinho
, ya más tranquilo, poco después. La máxima competición continental era su objetivo porque ya era campeón del mundo con Brasil. Lo había logrado en el campeonato de Corea y Japón y su gol ante Inglaterra en cuartos había allanado el camino. El 17 de mayo de 2006 acabaría levantando la Champions en París, en la misma ciudad en la que había besado con tanta pasión su Balón de Oro. Chelsea, Benfica Milan y Arsenal habían sido los cuatro últimos rivales del Barça en una competición en la que no perdió ningún partido. Ronnie y su equipo también ganarían la Liga en el descanso de un partido ante el Celta en Balaídos. Ésa fue la temporada en la que el Bernabéu aplaudió a Ronaldinho por sus dos golazos, por su frialdad ante Casillas y por cómo burló, con absoluta facilidad, a la defensa blanca, especialmente a Sergio Ramos.


El delantero brasileño fue galardonado con el Balón de Oro en 2005.

Icono de la marca Barça

Ronaldinho se convirtió en el icono de la marca Barça, en un logo personalizado que se vendía bien por todo el mundo. Por contrato tenía que jugar un mínimo de minutos en los partidos de la gira mundial y estrellas del mundo del deporte como Steve Nash o Kobe Bryant se hacían fotos e intercambiaban camisetas con él. Gustaba su humildad dentro y fuera del campo, se admiraban sus valores humanos y su compañerismo, como cuando aprendió palabras y frases sueltas para que el turco Rüstü no se sintiese desplazado, protegió a Messi de los focos públicos o ayudó a Thiago Motta a superar una grave lesión. Ronaldinho era un reflejo, un espejo puro para los jóvenes. De hecho, en 2005, en una encuesta realizada por Havas Sport se le nombraba el deportista más admirado en España, por delante de Fernando Alonso.

La carrera de Ronaldinho cambió a partir del Mundial de Alemania de 2006. Su actuación como la de su selección, que perdió en cuartos de final contra la Francia de los abuelísimos, no pudo ser más lamentable. "Me fui de vacaciones y no pude desconectar", reconocería casi un año después, cuando su equipo había pasado de aspirar a todo a no ganar nada. Atrás quedaban la Supercopa de Europa ante un Sevilla infinitamente superior, el desastre en el Mundialito de clubes ante el Internacional de Porto Alegre, la desidia en la Copa del Rey post gol-del-siglo-o-de-la-historia-de-Messi o la Liga entregada a un Madrid con más ambición y épica.


Ronaldinho festeja uno de los dos goles que le marcó al Madrid el día que el Bernabéu le aplaudió.

Calidad puntual ante la ausencia de implicación

Esa temporada, la 2006-2007, Ronaldinho vivió más de jugadas a balón parado y de alguna jugada genial de videoteca. Es puntual que lograse su mejor registro anotador en Liga (21). Ni se implica lo necesario ni se entrenaba lo mínimo, como denunció su compañero Samuel Eto'o en unas declaraciones tan sinceras como inoportunas. Ese curso Ronnie mostró su mejor versión ante el Villarreal en el Camp Nou: recibió la asistencia de Xavi, paró la pelota con el pecho y conectó un remate de media chilena. "Desde niño intento marcar un gol así. Tiraba la pelota contra la pared y remataba cayendo sobre la cama", confesaba Ronaldinho, que acababa de lograr su gol 51 en la Liga (70 en total), 14 marcaría en Champions, 93 en 204 partidos.

Otra chilena fue lo más destacable que hizo Ronaldinho este último curso. Fue ante el Atlético de Madrid y no sirvió para nada porque el Barça perdería (4-2) e iniciaría una racha que le haría perder la Liga demasiado pronto. Ocho días después, el pasado 9 de marzo, Ronnie jugaría su último con el conjunto azulgrana ante el Villarreal en el Camp Nou (1-2). Una lesión le impediría concluir una temporada que finalizó casi antes de empezar. No estaba en forma y Rijkaard le sustituyó en cinco de los primeros seis partidos de Liga y se atrevió a dejarle en el banquillo ante el Olympique de Lyon en la Champions. Algo que en cinco años sólo había pasado un par de veces más, en un encuentro de la Copa ante la Gramanet y en un partido intrascendente ante el Shaktar Donetsk.



Ronnie saluda desde el banquillo del Stade Gerland de Lyon: era suplente por tercera vez en cinco años.

Los silbidos del Camp Nou

El jugador trabajaba en el gimnasio para recuperar la forma y desde el club se negaba la posibilidad de traspasarlo y se aseguraba que se trabajaba para revisarle el contrato otra vez. Sólo protagonizó alguna actuación de mérito puntual como ante el Stuttgart, el Betis o el Valladolid. Ronaldinho pasó a ser el símbolo de la frustración de la afición. El ídolo había perdido la línea, se publicaba que salía por la noche y que se excedía en ciertas cosas. El Camp Nou le perdió el respeto y le pitaba. El brasileño se sentenció cuando se negó a jugar ante el Recreativo de Huelva y Rijkaard iba variando su excusa para justificar su ausencia de las convocatorias.


"Ronaldiho posee la estampa que sugeriría a Salvador Dalí una nueva versión de su atleta cósmico", así le definió el periodista de La Vanguardia Enric Bañeres. Era un descripción perfecta para aquel jugador que ya había sorprendido al mundo en el mundial sub 17 de Egipto, en el que fue nombrado como el mejor y ganó el título ante Ghana. "Aquella final es mi mejor partido porque entonces el Gremio ya me vio capaz de jugar en el primer equipo", suele recordar Ronnie. Después llegaría su polémico traspaso al PSG (el club brasileño se empeñó a cobrar los derechos de formación, a pesar de que una Ley establecía que no podía hacerlo si el jugador tenía al menos 20 años). En París Ronaldinho se pelearía con Luis Fernández y, finalmente, acabaría en el Barça, de donde sale ahora rumbo a Milán. Ha renunciado a mucho dinero por jugar en el Calcio. La oferta del Manchester City era muy superior.

"No hay que caer en la euforia, pero Ronaldinho ha devuelto la ilusión de los barcelonistas", anunció Laporta tras los primeros meses del brasileño como jugador del Barça. Así fue: Ronaldinho supo construirse su mito, con la misma facilidad con la que acabó autodestruyéndose. No es el primer caso ni será el último.

lunes, 21 de julio de 2008

Fabuloso duelo entre Rossi y Stoner en Laguna Seca en la mejor carrera del año


Rossi rueda ya primero en solitario en el GP de EE UU tras la caída en la grava de Stoner -AFP.

Posiblemente el GP de EE UU fue una de las mejores carreras de los últimos tiempos. Sin duda resultó la más destacada del año. No hicieron falta ni grandes remontadas ni un carrusel de cambios en las primeras plazas. Bastó la actuación de dos pilotos. Por un lado, Casey Stoner, el actual campeón, quien había marcado los mejores registros en cada uno de los entrenamientos y acumulaba cinco poles y tres victorias consecutivas. Por el otro, Valentino Rossi, que partía segundo en uno de los tres circuitos del Mundial donde aún no había ganado (Missano e Indianápolis eran los otros), en el escenario donde perdió casi con seguridad los títulos de 2006 y 2007. Il Dottore, con adelantamientos arriesgados, de centímetros, fue el ganador de ese fabuloso duelo. Stoner sólo claudicó hasta que su Ducati derrapó en la grava. Con este triunfo en el circuito de Laguna Seca, el cuarto de la temporada, Rossi consolida su liderato: tiene 212 puntos (19.27 de media), 25 más que el propio australiano, 41 que Dani Pedrosa y ya 98 con Jorge Lorenzo.

En la primera vuelta se despejaron todas las dudas: la prueba se convertiría en un duelo exquisito entre Stoner y Rossi. El heptacampeón respondió casi al instante ante Nicky Hayden y recuperó la segunda plaza que el estadounidense le había arrebatado y unos metros más tarde se colocó primero en el Sacacorchos, uno de los tramos más temidos del Mundial. Su compañero de equipo, Lorenzo, acababa de caerse, de volar y dar varias vueltas en la grava. El piloto balear, demasiado ansioso, no tuvo paciencia y padece una fractura en el tercer metatarso del pie izquierdo. Un contratiempo que no le impedirá correr la próxima prueba, en Brno, en la República Checa, el 17 de agosto.

El susto de Il Dottore

Eliminado Pedrosa, que había vuelto a casa por sus dolores en su mano izquierda que no le abandonan desde su caída en Sachsenring (Alemania), el duelo lógico era entre Rossi, el icono resurgido, y Stoner, el aspirante a quitarle el título de nuevo. En el segundo giro Hayden ya estaba a más de dos segundos de ambos, en el noveno, la distancia era ya insalvable: 9.043''. Entonces ya se había visto de todo: la Ducati derrapaba, parecía desmontarse por momentos, Stoner superaba a su rival al final de una recta, Rossi respondía en una curva con su habitual apurada de frenada por el interior. Los dos pilotos se rozaron en varias ocasiones e Il Dottore tuvo suerte de no caerse cuando encaró el Sacacorchos y rodó unos metros en la grava. Por detrás, Chris Vermeulen pasó por primera vez a Hayden. El australiano acabaría tercero por delante del estadounidense, ganador en 2005 y 2006, que sólo fue quinto. Andrea Dovizioso finalizó cuarto y Toni Elias, séptimo.

La batalla era tan igualada que Stoner también estuvo a punto de desequilibrarse. Separados por milésimas, rodaban casi pegados el uno con el otro, competían con el máximo riesgo, sin medias tintas. Los ataques no podían ser más duros. "Ha hecho adelantamientos agresivos y peligrosos", criticó después Stoner. "Han sido perfectos. Ha sido un duelo muy bonito", zanjó Rossi, que arriesgó lo imposible porque sabía que sólo así podía ganar a su rival en un trazado en el que éste se siente muy cómodo.

El fallo definitivo

"Valentino está haciendo mejores tiempos que en los entrenamientos", describía Davide Brivio, director de Fiat Yamaha. Corría rápido y reaccionaba con la misma velocidad y, de alguna manera, minaba la moral de Stoner, que cometió un par de errores que no suele hacer. En el primero se coló en una curva justo cuando había sobrepasado a Rossi. El segundo fue definitivo: a ocho vueltas del final el piloto de Ducati frenó tarde y para no chocar con su rival se fue a la grava, donde se le hundió la rueda trasera. Se incorporó como pudo y al menos no perdió la segunda plaza. El colchón con Vermeulen, el tercero, era demasiado claro.

Rossi era ya el ganador del fabuloso duelo. Il Dottore logró su cuarta carrera del curso (tantas como la temporada anterior) y celebró su renovación con Yamaha hasta 2010. "Sí, ha sido la mejor carrera del año. Ha sido increíble, todo era velocidad", explicaba Rossi, el segundo europeo en la historia en ganar en Laguna Seca.

domingo, 20 de julio de 2008

Hamilton arregla el estropicio de McLaren y se coloca líder en solitario tras su triunfo en Alemania


Hamilton, pensativo, en el podio del circuito de Hockenheim tras sumar su cuarto triunfo del curso -EFE.

Sólo los grandes pilotos son capaces de minimizar sus propios errores y los de su equipo. Un corredor extraordinario tiene la sangre fría para remediar o intentar paliar los problemas que hundirían a uno del montón. Lewis Hamilton (Tewin, Reino Unido, 1985) es el exponente de esa valentía al servicio de la efectividad. En el GP de Alemania el piloto británico volvió a demostrarlo y con su pilotaje evitó que McLaren dejase escapar una victoria fácil. Arregló un estropicio absurdo porque la escudería de Ron Dennis optó por la estrategia más lamentable de los últimos meses: decidió que Hamilton no pasase por boxes tras el aparatoso de Timo Glock y tras el cual salió el safety car. Sus rivales aprovecharon para hacer su última parada, mientras que a través de la radio al británico le dijeron que esperara, que ya repostaría después.

El gran beneficiado de esa estrategia pareció ser Felipe Massa, que rodaba cuarto, tras el propio Hamilton, Nick Heidfeld y Nelsinho Piquet. Pero a 11 vueltas para el final, siete más tarde de pasar por el pit stop, Hamilton atacó a Massa y le puso nervioso. Así que el piloto de Ferrari se abrió y el británico le superó en una curva. Sólo le quedaba por delante Nelsinho Piquet, que había hecho su única parada poco antes de la presencia del safety car. En una situación calcada Hamilton superó al compañero comparsa de Fernando Alonso en Renault, que sorprendentemente fue segundo tras salir 17º. Massa completó el podio en el circuito de Hockenheimring. Tras su octavo triunfo en la Fórmula 1, el cuarto del año y el segundo consecutivo, Hamilton ya es líder en solitario con 58 puntos, cuatro más que el propio Massa, siete que Kimi Raikkonen (fue sexto tras una buena remontada, llegó a rodar 11º) y diez que Robert Kubica (séptimo). Alonso decepcionó y acabó undécimo.

Las dudas del piloto británico

"Imagino que pensaron que podía sacar de nuevo la ventaja de 23 segundos que necesitaba, pero sólo tenía siete vueltas para lograrlo y les pregunté si estaban seguros de lo que hacían", confesó en la rueda de prensa Hamilton, que no estaba nada convencido con la estrategia de su equipo. Hasta ese momento, hasta el accidente de Glock, al que se le rompió el eje de la rueda derecha del Toyota e impactó de culo contra el muro de protección, el piloto de McLaren había dominado la situación con cierta suficiencia, había mantenido la primera plaza que se había ganado con la
pole y tenía al segundo, a Massa, a unos diez segundos. Después, con un par de maniobras, resolvió el entuerto e impidió el desastre de McLaren: "Sabía que tenía que sacar el mayor rendimiento a las ruedas blandas que llevaba en dos o tres vueltas, antes de que comenzara a patinar por todas partes, así que ataqué a Massa al final de la recta y me abrió una puerta muy grande".

Hamilton se rió a carcajada limpia cuando su equipo le pidió perdón y confesó que cuando adelantó a Massa "creí que ya había hecho todo el trabajo". No se esperaba que el Renault que tenía delante, el de Piquet, fuese el monoplaza líder y no un doblado. El brasileño era el más feliz en Hockenheim. "Obviamente estoy muy contento. La estrategia del equipo ha sido muy agresiva y ha funcionado", dijo Piquet, que aprovechó la salida del coche de seguridad para colocarse tercero tras Hamilton y Heifeld, que no repostaron en ese momento. Al final logró el primer podio de la escudería francesa, un regalo por anticipado para él, que cumplirá 23 años el próximo viernes, y una humillación para Alonso.
"Gente como mi compañero que tenía algún problema este fin de semana y no acababa de encontrar el ritmo ni de ir bien, de repente sale un coche de seguridad y se encuentra en el podio", sentenciaba el bicampeón, visiblemente molesto con la proeza de Piquet.

Alonso, que sólo ha sumado 13 puntos (tres más que el otro piloto del equipo), habló de mala suerte en momentos puntuales -como cuando Sebastian Vettel y le barrió el paso en el pit lane o cuando intentó superar a Jarno Trulli y acabó siendo sobrepasado por Raikkonen-. "Con un poco más de fortuna hubiese acabado sexto o séptimo, que es lo que se esperaba", lamentó Alonso.
"Ojalá en la siguiente carrera, otra vez más mala suerte, estoy curado", concluyó.

domingo, 13 de julio de 2008

Stoner reafirma su ascenso en Alemania y Rossi recupera el liderato tras la caída de Pedrosa


Stoner celebra en Sachsenring su tercer triunfo consecutivo, el cuarto de la temporada -Reuters.

Cuando Casey Stoner concluyó el GP de Francia, la quinta prueba de la temporada, era un manojo de sinsabores. Había acabado con dos vueltas perdidas respecto al ganador, de Valentino Rossi, que se colocaba líder del Mundial casi dos años después. El piloto australiano no podía quitarse de la cabeza los problemas de su moto a falta de ocho vueltas y que le obligaron a concluir la carrera con su segunda máquina. Así que ni tan siquiera era capaz de sonreirle a su novia. A unos metros, Il Dottore celebraba con Ángel Nieto su marca de 90 victorias, un registro con el que igualaba al mítico piloto del 12+1. "Tenemos que ganar nosotros. Ganando aún tendremos nuestras opciones", sentenció Stoner a un periodista que le informaba que estaba a 41 puntos del líder.

Al día siguiente gran parte de la prensa destacó y alabó el retorno de Rossi, así como la impagable remontada de Lorenzo, que pasó del undécimo al segundo lugar pese pasarse los días sentado en una silla de ruedas. "Sublime Rossi, memorable Lorenzo", titulaba El País, "La leyenda se agranda" decía La Vanguardia. Costaba leer algún comentario sobre Stoner. Muchos ya le veían como un campeón efímero y menor como Nicky Hayden. Pero el australiano estaba seguro de sus posibilidades y convencido de que su equipo podía ofrecerle todavía una moto para competir de igual a igual con Yamaha y Honda.

La remontada

Días después, en unos entrenamientos en el Circuit de Catalunya, Ducati demostró que había dado ese paso. Poco a poco Stoner volvería a estar entre los mejores. Así ha sido: en Mugello fue segundo y en Catalunya, tercero. Hoy, en el GP de Alemania, el piloto aussie ha completado su tercera victoria consecutiva tras las de Donington Park y Assen. Stoner suma ya cuatro triunfos en la temporada y ha reducido su desventaja respecto al líder, que tras su segundo puesto vuelve a ser Rossi (completó el podio Chris Vermeulen, gran especialista en mojado). Sólo 20 puntos separan de Il Dottore y sólo cuatro de Dani Pedrosa, que se cayó en la sexta vuelta.

El piloto catalán demostró en los primeros giros que va a hacer un esfuerzo para dejar de ser un corredor conservador y paciente. Pedrosa se puso líder en la primera vuelta. En un alarde de clase y riesgo en un trazado mojado, llegó a tener 7'5'' en tan sólo seis vueltas, pero se cayó y acabó por los suelos. Rodó y rodó el piloto de Honda hasta chocar con violencia contra el muro de protección. Al menos se fue por su propio pie a la clínica móvil. Pedrosa viajará en las próximas horas a Barcelona para ser examinado en la Clínica Dexeus por el doctor Xavier Mir. El parte médico -"capsulitis tanto en el dedo corazón como en el anular de la misma mano (la izquierda) y una distensión de ligamento en el tobillo derecho"- es preocupante y Pedrosa es duda "al 50%" para disputar el GP de EE UU el próximo fin de semana.

Recuerdo imborrable

Rodaba Pedrosa a un ritmo excelente. Iba camino de su segunda victoria consecutiva en el circuito de Sachsenring. De la anterior guardaba el catalán un recuerdo imborrable, ya que significó el fin de una racha horrible: un año sin ganar en MotoGP. Pero el piloto de Honda se cayó -como Lorenzo cuatro vueltas antes: "La moto me iba dando sustos. Podía haber aguantado, pero no querido y ha salido mal"- y Stoner pasó a ser primero. "Era imposible seguirle, así que no quise arriesgar", reconoció el actual campeón, que logró su primer triunfo en Alemania (su único podio se remontaba a un tercer puesto en 2003 en la categoría de 250cc).

Lograr la pole significa para Stoner agarrar la victoria horas antes de la carrera. De las siete últimas veces que ha partido como primero ha ganado seis. Lleva cuatro carreras saliendo con el mejor tiempo y sólo falló en el GP de Catalunya, donde fue tercero.

"No está nada mal"

"Estoy contento por volver a ser líder otra vez. Quedar segundo en un circuito y en unas condiciones que no me favorecen no está nada mal, y más saliendo desde la tercera línea de parrilla", explicaba Rossi, que acumula 187 puntos por los 171 de Stoner, los 167 de Pedrosa y los 114 de Lorenzo. Il Dottore se preocupó por el estado de Dani. "¿Cómo está? Esperemos que pueda correr en Laguna Seca", deseó Rossi, al que no le entusiasma el circuito estadounidense. Sus recuerdos no pueden ser peores: en 2006 abandonó y se quedó a 51 puntos de Hayden, y el año pasado acabó cuarto, pero su desventaja con Stoner aumentó hasta los 41 puntos.


lunes, 7 de julio de 2008

Hamilton recupera el liderato tras un triunfo en Silverstone entre la inconsciencia y la genialidad


Hamilton besa la copa que le reconoce como vencedor del GP de Gran Bretaña - Reuters.

“¡Lo hemos logrado! ¡Lo hemos logrado!”, describía, eufórico, Lewis Hamilton (Tewin, Gran Bretaña, 1985) por radio. El piloto inglés, que se deshacía en elogios con sus mecánicos, incluso soltaba alguna carcajada. Acababa de completar el ejercicio más autoritario de su carrera "de largo" y se convertía en el primer inglés, desde Jony Herbert en 1995, en ganar el GP de Gran Bretaña. La séptima victoria de su carrera, la tercera de la temporada tras Australia y Mónaco, fue un "desafío mental", un ejercicio entre la temeridad y la suficiencia, entre la inconsciencia y la autoridad. El piloto británico acumuló vueltas rápidas y forzó su monoplaza cuando ya tenía más de un minuto de ventaja sobre Nick Heidfeld, que rodaba segundo. Hamilton se ha impuesto en las dos carreras con lluvia y, entre medias, sus excesos en Canadá, con el triste incidente con Kimi Raikkonen en el semáforo del pit lane, y su sanción en Francia que le impidió puntuar. Heidfeld, segundo, y Rubens Barrichello, tercero, completaron el podio en el circuito de Silverstone. El brasileño no subía al cajón desde el teatral GP de EE UU de 2005, en el que fue acabó por detrás de su entonces compañero Michael Schumacher en una carrera en la que tan sólo participaron seis coches.

Hamilton parecía no conformarse con un triunfo tan claro y quiso reivindicarse aún más. Por eso, sin ningún tipo de necesidad, intentó y logró doblar a los dos últimos campeones de la Fórmula 1. Primero Alonso y después Raikkonen fueron rebasados por el McLaren del británico, que ni siquiera entonces pudo contenerse. Hamilton está marcado por una infancia complicada en la que las actitudes racistas de sus compañeros, la soledad y la ruptura de sus padres acabaron conformando o perfilando su carácter. Como cualquier ser humano necesita reafirmarse y ser admirado. Quizás él un poco más que el resto.

Salida casi perfecta

Flirteó con el riesgo tanto Hamilton que podría no haber finalizado la prueba. De hecho, arriesgó desde el primer instante. Su salida fue casi perfecta, cargada de ese mínimo de inconsciencia necesario para los grandes adelantamientos y de las buenas manos imprescindibles para ejecutarlos. El piloto británico avanzó a Raikkonen y a Mark Webber por el exterior y durante un par de segundos llegó a ponerse por delante de su compañero Heikki Kovalainen, que conservó con dificultades el primer puesto que se había ganado en la calificación. El finlandés aguantó los ataques de su compañero hasta la quinta vuelta.

No necesitaba Hamilton regalos de sus rivales porque su ritmo era superior. Pero los tuvo. Fue en la vuelta 21, cuando tanto él como Raikkonen hicieron su primer repostaje. A Hamilton le llenaron el depósito y le cambiaron los neumáticos. Al finlandés sólo hizo lo primero -"fue una decisión que tomamos de común acuerdo. Somos un equipo. Cuando se gana, ganamos todos"-.

Fue una anécdota que Hamilton saliese por delante del pit lane porque el Ferrari se convirtió en un bolsillo con agujeros rotos cuando empezó a llover otra y rodó a unos tiempos impropios. En tan sólo cuatro vueltas Hamilton le sacó 15 segundos y ocho giros después Heidfeld y Kovalainen le pasaron sin problemas. En la vuelta 31 la diferencia entre Raikkonen y Hamilton era de 42 segundos. La decadencia del piloto finlandés coincidió con la recuperación de Robert Kubica, que salió décimo y llegó a rodar tercero, pero se salió de la pista y tuvo que abandonar a falta de 19 vueltas. Fue su único error en la prueba, demasiado castigo.

Como Raikkonen, Fernando Alonso tampoco cambió los neumáticos en el primer pit stop. Con ese error de estrategia de su equipo perdió lo que había conseguido en el inicio de la carrera, cuando marcó los mejores tiempos en dos de las cinco primeras vueltas y tras superar a Heidfeld y Piquet se puso cuarto. La misma posición en la que rodaba a falta de siete vueltas. La resistencia de Alonso tuvo límite, el de su propio Renault, que iba en un puesto que no le corresponde por prestaciones. Así que el bicampeón aguantó hasta que pudo los ataques de Raikkonen y Kovalainen con sus propios recursos. La lógica se impuso: ambos pilotos acabaron pasándole y la lucha de Alonso se redujo a conservar el sexto puesto ante el temperamental Zazuki Nakayima (Williams). La escena, por extravagante, recordó a la del año pasado en Canadá con Takuma Sato. Entonces el piloto japonés sobrepasó al McLaren en los últimos instantes. "Al final, después de ver el resultado no está mal. Me queda buen sabor de boca, he sido sexto y sumado tres puntos que no vienen mal para el mundial de pilotos y el de marcas", declaró Alonso.

Fue una carrera caótica y ciertamente atractiva para el espectador. Hasta siete pilotos abandonaron y todos los que finalizaron tuvieron algún percance. El primero en fallar fue Webber, que perdió el control de su Red Bull y pasó del segundo puesto al último. El corredor australiano, uno de los más habilidosos de la parrilla en mojado, empezó entonces una increíble remontada, una clase práctica de cómo manejarse en la lluvia. Webber terminó finalmente décimo.

En el circuito de Silverstone Felipe Massa se sintió como un gato en una piscina. Al brasileño no se le da bien el trazado inglés (su mejor resultado fue un quinto puesto) y más si el asfalto está mojado. Bajo la lluvia el piloto de Ferrari demostró que le falta un plus de calidad para ser campeón del mundo. "Es difícil explicar lo de hoy", confesó, desangelado, Massa, que pudo acabar, aunque 13º, último y tras hacer hasta cinco trompos. Tampoco tendrá un gran recuerdo del GP de Gran Bretaña David Coulthard, que hace unos días anunció su retirada. El escocés, como Sebastian Vettel, se salió de la pista en los primeros metros y quedó atrapado en el fango.


viernes, 4 de julio de 2008

Fernando Torres se quita el sambenito de jugador sobrevalorado


Torres se lleva el pulgar a la boca para celebrar su gol ante Alemania -EFE.

Siempre era uno de los máximos goleadores de la Liga española, pero nunca podía sacarse el sambenito de jugador cuestionado. Hasta la temporada pasada, hasta su fichaje por el Liverpool y su incursión en la Premier League, Fernando Torres (Madrid, 1984) era un velocista, un atleta que constantemente se cambiaba de peinado y cuyas fotos poblaban las carpetas de las quinceañeras. Esa visión tenía gran parte de la afición y de la prensa sobre el delantero madrileño, al que veían exageradamente sobrevalorado. Ahora, tras su año triunfal por Inglaterra, su buen debut en la Champions, y sobre todo su actuación en la final de la Eurocopa, Torres es un jugador respetado y admirado. Su gol ante Alemania fue una demostración de la madurez y de la inyección de autoestima que ha experimentado este último año. Aprovechó un pase al espacio de Xavi y corrió combinando velocidad con coherencia. Así que en carrera superó a Philipp Lahm, uno de los defensas más físicos del torneo, y con la bota derecha superó por alto a Jens Lehmann. "Antes los detalles nos dejaban fuera y ahora nos han hecho campeones", explicaba Torres, convertido en el Marcelino del siglo XXI. Por fin España dispone del recuerdo en color que tanto ha buscado. Es campeona de la Eurocopa por segunda vez.

"Se relajó un momento y marqué", describió Torres. Eran las 21.17 horas del 29 de junio de 2008 y Senna robó un balón en el medio del campo y se lo cedió a Xavi. El centrocampista catalán, elegido el mejor del torneo, le hizo una asistencia, al espacio y sin mirar, al delantero madrileño. Torres simplificó lo complejo: corrió y definió. EL jugador del Liverpool se llevó el pulgar a la boca simulando un chupete como homenaje a su propio apodo, El Niño, y como detalle para celebrar el nacimiento de Hugo y Mario, hijos de un amigo y de un sobrino respectivamente. Hizo un leve salto, se arrodilló y alzó los brazos: sin duda era el mejor momento de su carrera.

To-rés! ¡To-rés"

"Torres nunca marca un gol igual", suele decir el ya ex seleccionador de la selección Luis Aragonés. Los aficionados del Liverpool lo han comprobado este año. Con gritos como To-rés! ¡To-rés!" han celebrado los goles de su The Kid, 24 en la Premier (sólo superado por Cristiano Ronaldo con 31) y 33 total, 23 fueron con su pierna derecha. Con la que batió a Lehmann en Viena.

Torres ha dado el paso de calidad necesario fuera de casa, en Inglaterra. "Me fui por el bien de los dos. ¡Ojalá hubiera venido antes!", explicaba en enero a El País Semanal.
Como en tantas ocasiones, como a tantos deportistas jóvenes, a Torres le cargaron de demasiadas responsabilidades demasiado pronto. Con 19 años ya llevaba el brazalete de capitán en el Atlético de Madrid -"con esa edad cómo le dices a un tío que está mal?"- y tenía que fabricarse solo ocasiones y ganarse una reputación que algunos le habían concedido antes de merecerla. "(En Madrid) sabía que jugaría estuviera como estuviera. Quizás eso, muchas veces, te lleva a la relajación", reconocía a principios de septiembre del año pasado en una entrevista en El País.

El Niño

Con su cara llena de pecas y de granos, con su rostro de eterno adolescente a Torres aún le pega su apodo de El Niño. Se defiende con el inglés, confiesa que aún tenía que tomar la decisión de marcharse antes y dice que Steven Gerrard es el mejor jugador con el que ha jugado nunca. Confiesa que en el Liverpool es más libre. Se siente liberado en un club donde la capitanía corresponde a dos veteranos como el propio Gerrard y Jamie Carragher. Ahora no todo gira alrededor de él y no es el único responsable. Quizás por eso en las primeras jornadas lideró a su nuevo equipo hacia el liderato y fue pichichi del campeonato. Ya había sido decisivo en la Champions en la fase previa ante el Oporto. En su debut en el torneo más prestigioso del continente Torres alcanzó las semifinales, donde perdería ante el Chelsea.

Con su gol ante Alemania Torres ha completado un año magnífico y de alguna manera ha aparcado su decepcionante actuación en su primer torneo internacional con la selección. En la Eurocopa de Portugal 2004 su participación, como la del resto del equipo, fue horrible. España no pasó de la primera fase y sólo marcó dos goles. Ninguno fue de Torres, que si ante Rusia y Grecia fue suplente y jugó los últimos minutos, en el partido decisivo ante la anfitriona fue la gran apuesta en el once titular de Iñaki Sáez y se cansó de fallar ocasiones claras. Nuno Gomes anotaría el gol del partido.


Más allá de su efectividad y rendimiento a Torres nunca le ha faltado carácter. Lo demostró el día de su debut oficial con España. El 10 de septiembre de 2003 jugaba su primer partido con la selección absoluta ante Ucrania. Las exigencias eran exactas a las de los últimos tiempos: la victoria era básica en un grupo más que asequible. Dymitrulin derribó a Etxeberría en el área y Torres asumió la responsabilidad de lanzar el penalti. Lo falló o lo paró Shovkovskyy. España ganaría aquel partido 2-1, con dos goles del entronizado Raúl, y Torres demostraría su fortaleza: "¿Que si volvería a lanzarlo? Anda, pues claro".