jueves, 28 de mayo de 2009

El Barça de Guardiola perpetúa su legado

Los jugadores del Barça levantan la Champions mientras los del Manchester, en primer término, miran la escena resignados -AFP.



“Nunca verás un equipo como el Barça de Guardiola. No podría ponerles un adjetivo”, le dirá dentro de unos años un abuelo a su nieto cuando éste le pregunte por la historia del club, por aquel equipo que un año ganó Liga, Copa y Champions. Su recuerdo será imborrable porque no es fácil olvidar a quienes han convertido un deporte en arte, a quienes han demostrado ser el mejor equipo del mundo ganando al que hasta ese momento lo era. En Roma el Barça completó su sinfónico triplete superando 2-0 al Manchester United, que sólo había encajado hasta entonces seis goles en el torneo y había quedado imbatido en 34 de sus 52 partidos oficiales. Resultó el triunfo tan convincente, tan redondo, que incluso el técnico rival Sir Alex Ferguson, totalmente dado a no reconocer las cosas y a culpar a terceros de sus fracasos fue explícito: “Han sido mejores. Nunca vi a nadie jugar así”.


Bipolarizado el partido el encuentro entre Cristiano Ronaldo y Leo Messi, fue Samuel Eto’o quien empezó a decidirlo todo. Así es el fútbol, tan imprevisible y volátil como la vida. El jugador había llegado a Roma en un momento preocupante: contaba casi una docena de ocasiones claras ante Mallorca y Osasuna. Opciones de todo tipo, un penalti, de cabeza, en mano a mano con el portero… Sólo había metido un gol, insuficiente para impedir que Diego Forlán le haya arrebatado (salvo sorpresa) el Pichichi de la Liga. “Mientras el gol llegue contra el Manchester…”, se consolaba Eto’o, que prometió correr 80 kilómetros en la final, en una frase que recordaba a la de su presentación cuando dijo que correría como un negro para vivir como un blanco. Cumplió lo estipulado aportando compromiso absoluto y la efectividad que examina y entroniza a los grandes delanteros. Eto’o no falló su única ocasión ante Van der Sar: controló una asistencia de Iniesta, recortó a Vidic, siempre infalible, totalmente retratado en ese momento, y remató con la puntera. El Barça había marcado a la primera.


Los dientes de Ronaldo


Hasta el gol de Eto’o, hasta que el reloj del árbitro marcase el minuto 10, hasta que Iniesta no tocase su primer balón en condiciones, el Barça apenas había existido, absorbido, casi asustado, por un Manchester desplegado por las bandas y con su jugador estrella como faro absoluto: Ronaldo. Emblema de la mercadotecnia e imagen potencial de cosméticos y moda, el delantero portugués se pierde en regates, en poner morritos y caras cuando sabe que la cámara le está enfocando. Ronaldo se recrea enseñando sus dientes –tan extremadamente blancos como los de los anuncios de dentífricos–, tanto o más que haciendo filigranas y regates. Cada vez más pragmáticos y sin movimientos absurdos. En los primeros ocho minutos tuvo tres ocasiones, la más clara en el primer minuto en una falta directa inocente que Valdés –en su única pifia– convirtió en peligrosa. La sacaría Piqué, a quien Joaquim Maria Puyal definió como “impecable” en un acertado juego de palabras. El central, repescado de Old Trafford, está destinado a ser el gran defensa de la selección y del Barça de los próximos años. Las otras dos opciones de Ronaldo, ambas desde fuera del área, precedieron al gol de Eto’o.


Ronaldo se fue apagando como la misma fuerza con la que emergió Messi, a quien, como ironizó Guardiola, “ya le estarán poniendo el nombre en el Balón de Oro”. El argentino, que según el escritor mexicano Juan Villoro va camino de ser el próximo mito del fútbol, era un peligro en la sombra. Lo es siempre aunque le aparezcan cuatro defensas, en cualquier circunstancia. Messi, máximo goleador de la Champions con nueve goles, resulta tan mágico como impredecible. Quizás por eso acabó marcando de cabeza el segundo y definitivo tanto cuando tan sólo mide 1’69. El centro había sido de Xavi, que en poco menos de un año ha pasado de ser un jugador de letra pequeña a ocupar las más grandes, los titulares. En la Eurocopa fue elegido el MVP, como en la final de Roma. “No puedo pedir más”, resumía el jugador, uno de los pocos que quedan comprometidos con un equipo, que ha vivido tiempos de bonanza o de desastre con compañeros que nunca demostraron ser aquellos que hacían virguerías en los vídeos que alguien montó el día de sus presentaciones oficiales.


Xavi, al palo


Con el Manchester casi desangelado el Barça monopolizó el juego y capitalizó las ocasiones. Antes de Messi había podido marcar Henry, peleado con un trofeo, la Champions, que nunca había podido levantar y había llorado en París con el Arsenal. O el propio Messi, que pidió un penalti. O Xavi, que lanzó una falta al palo. El Manchester obraba a medias: Park no llegaba de cabeza y Rooney no podía controlar el balón en el área pequeña. La apuesta de Ferguson de dar entrada en el inicio de la segunda parte a Tévez, el revulsivo del equipo, por Anderson había sido intrascendente. El Apache aportó ganas y rabia, pero no peligro, que es lo que se buscaba en un momento tan delicado.


Con el partido ya amarrado algunos jugadores del Manchester no supieron asumir su inferioridad. Scholes levantó el talón para agredir a Busquets y Ronaldo estaba presente en cualquier rifirrafe que surgiera. Tampoco estuvo acertado solo ante Valdés, que sacó la pelota fuera. Cuestionado eternamente, el portero de l’Hospitalet ha sido decisivo en esta Champions, especialmente en las semifinales ante el Chelsea y con Drogba como opositor. Gracias a él se pudo llegar al gol en el último instante de Iniesta. El resto, el triplete, ya es historia. Y Piqué lo tiene claro: “Sólo sabremos valorarlo cuando nos hayamos retirado”.


1 comentario :

Fujur dijo...

Coincido plenamente con Piqué. Genial de los geniales. Este Barça ha sabido juntar todos los valores que hacen GRANDE a un equipo. Así sí!

PD: Tengo una crónica en mi weblog. A ver si cuento con tus comentarios de profesional leches! ;-)