El atletismo es un deporte bastante noble. No es una apreciación de quien escribe esto, sino de Jesús España (Valdemoro, 1978), subcampeón de los 5.000 metros en los Europeos de Barcelona. El atleta español celebró antes el oro de su rival, Mo Farah, que su propia plata. Se abrazó a él y le levantó el brazo en señal de reconocimiento por haber sido mejor en un final explosivo en que, conforme pasaban los segundos, el británico se escapaba un poco más para Jesús España. Ambos se llevan bien y sobre todo se respetan. El español recordó lo duro que había sido para Mo Farah, que también se llevó el oro en los 10.000 metros, perder ante él el oro en los Europeos de Goteborg por nueve centésimas. Esta vez el británico acumuló varios cambios de ritmo en los últimos 1.200 metros y resultó inalcanzable para España, superior a Hayle Ibrahimov, de tan sólo 20 años. 26 tiene Veronique Mang, protagonista de otro gesto maravilloso y que seguro que también comparte la filosofía del medallista español. Mang quedó descalificada de la final de los 200 metros por salir hasta de la cuenta, pero fue la primera en acercarse y envolver con una bandera felicitar a su compatriota Myriam Soumaré, que se marcó un baile en el podio para celebrar su triunfo en la calle 8, por delante de la ucraniana Yelizeveta Bryzhina y la rusa Aleksandra Fedoriva. Gestos que ennoblecen estos Europeos de Barcelona, como la tradición de dar la vuelta de honor en el heptatlón, ganando con brillantez por la británica Jessica Ennis.
sábado, 31 de julio de 2010
lunes, 26 de julio de 2010
Lorenzo amplía a 72 puntos la ventaja como líder tras su triunfo en Laguna Seca y la caída de Pedrosa
Dice Jorge Lorenzo que está en una nube, que no esperaba conseguir tanto cuanto ha logrado este curso. Añade que intenta disfrutar sin dar las cosas por supuestas. Lo suyo está siendo un puro monólogo en MotoGP, pues ha ganado seis carreras de las nueve disputadas. También se impuso en el GP de EE UU, beneficiado, eso sí, por la caída en la 12ª vuelta de su principal rival y líder en ese momento de la prueba, Dani Pedrosa, al que se le fue el tren delantero de la Honda y puede que sus opciones de ganar el título. Lorenzo aumentó en 25 puntos su ventaja como líder, una diferencia con la que alcanza los 72 puntos de margen e iguala el récord de victorias de un piloto español en la categoría reina de Àlex Crivillé de 1999 curso en el que fue campeón. El piloto balear, que celebró el triunfo disfrazado de astronauta, fue el único de los españoles en concluir la carrera. Lorenzo sumó su décimo podio consecutivo y ha acabado entre los tres primeros desde la última prueba de la temporada pasada, en Valencia. Fantástica resultó la carrera de Valentino Rossi, que acabó tercero a pesar de los problemas físicos que acarrea y de correr en un trazado tan exigente como Laguna Seca y su parte más conocida: el Sacacorchos. Ahí nos obsequió con uno de sus adelantamientos más recordados, en 2008, ante Casey Stoner, segundo como en dicha ocasión. Il Dottore se partió en el podio oyendo como, por error, pusieron el himno italiano en vez del español. Miró a Lorenzo y ambos se rieron, hasta que el encargado del CD acertó a poner el correcto. Un momento de distensión entre dos compañeros que casi no cruzan ni dos palabras seguidas. Un instante bochornoso para la organización.
Había advertido Lorenzo que era toda una suerte salir primero viendo cómo estaba empezando las carreras. Una objeción acertada, pues el balear partió bien en la recta, pero en seguida se vio encerrado por varios pilotos y bajó hasta la quinta posición, aunque en una vuelta subió al tercer puesto. La cara opuesta a Pedrosa, que se coló primero como un cohete, con su habilidad habitual. El piloto de Castellar del Vallés mandó hasta su caída, agobiado eso sí por Lorenzo, que poco a poco le iba cortando metros a base de tiempos estratosféricos y tras aprovechar la colada de Casey Stoner. El aussie acumula diez carreras sin ganar, nueve meses en total, pero celebró su mejor plaza del año: “No está mal. Podía haber rodado más rápido, pero tenía problemas con el tren delantero”.
“Dani estaba forzando mucho”
El mismo destino que Pedrosa –“Dani estaba forzando mucho, iba al máximo”, valoró Lorenzo– tuvieron los otros tres españoles. El primero fue Álvaro Bautista, que se fue al suelo cuando todavía no había completado la segunda vuelta, mientras que Héctor Barberá lo dejó por problemas mecánicos en la tercera. A tres del final sería Aleix Espargaró quien abandonase. El corredor más joven de la parrilla iba noveno después de haber ganado su duelo particular a Loris Capirossi, el más veterano, y que finalmente perdió la plaza en la foto finish y a favor de Mika Kallio. Sólo doce pilotos finalizaron el GP de EE UU. El Mundial llega a su ecuador y a las vacaciones, pues la próxima cita será el 15 de agosto en Brno, escenario en el que seguramente Rossi anuncie cuál será su futuro la próxima carrera. Casi con toda seguridad IlDottore acabará siendo cabeza de cartel en Ducati con Nicky Hayden como compañero, campeón en 2006.
“Estoy reventado”, dijo sin aire Il Dottore, que continua caminando con una muleta azul y que supo superar a Andrea Dovizioso en las últimas vueltas. Rossi dijo que estaba muy contento hasta dos veces. No es para menos después de recortar en tanto tiempo su reparación en un Mundial que domina sin color su compañero en Yamaha, Lorenzo, que quiso que Wayne Rainey, icono de la marca, le entregase el trofeo de ganador en el podio. Un homenaje que seguramente no gustó a Il Dottore, acostumbrado hasta ahora a todos los mimos.
Había advertido Lorenzo que era toda una suerte salir primero viendo cómo estaba empezando las carreras. Una objeción acertada, pues el balear partió bien en la recta, pero en seguida se vio encerrado por varios pilotos y bajó hasta la quinta posición, aunque en una vuelta subió al tercer puesto. La cara opuesta a Pedrosa, que se coló primero como un cohete, con su habilidad habitual. El piloto de Castellar del Vallés mandó hasta su caída, agobiado eso sí por Lorenzo, que poco a poco le iba cortando metros a base de tiempos estratosféricos y tras aprovechar la colada de Casey Stoner. El aussie acumula diez carreras sin ganar, nueve meses en total, pero celebró su mejor plaza del año: “No está mal. Podía haber rodado más rápido, pero tenía problemas con el tren delantero”.
“Dani estaba forzando mucho”
El mismo destino que Pedrosa –“Dani estaba forzando mucho, iba al máximo”, valoró Lorenzo– tuvieron los otros tres españoles. El primero fue Álvaro Bautista, que se fue al suelo cuando todavía no había completado la segunda vuelta, mientras que Héctor Barberá lo dejó por problemas mecánicos en la tercera. A tres del final sería Aleix Espargaró quien abandonase. El corredor más joven de la parrilla iba noveno después de haber ganado su duelo particular a Loris Capirossi, el más veterano, y que finalmente perdió la plaza en la foto finish y a favor de Mika Kallio. Sólo doce pilotos finalizaron el GP de EE UU. El Mundial llega a su ecuador y a las vacaciones, pues la próxima cita será el 15 de agosto en Brno, escenario en el que seguramente Rossi anuncie cuál será su futuro la próxima carrera. Casi con toda seguridad IlDottore acabará siendo cabeza de cartel en Ducati con Nicky Hayden como compañero, campeón en 2006.
“Estoy reventado”, dijo sin aire Il Dottore, que continua caminando con una muleta azul y que supo superar a Andrea Dovizioso en las últimas vueltas. Rossi dijo que estaba muy contento hasta dos veces. No es para menos después de recortar en tanto tiempo su reparación en un Mundial que domina sin color su compañero en Yamaha, Lorenzo, que quiso que Wayne Rainey, icono de la marca, le entregase el trofeo de ganador en el podio. Un homenaje que seguramente no gustó a Il Dottore, acostumbrado hasta ahora a todos los mimos.
domingo, 25 de julio de 2010
Cavendish cierra con otra victoria el tercer Tour de Contador
El Tour bajó el telón como marca la tradición: con una etapa acabada con minutos de retraso respecto al horario previsto por la organización, fotos distendidas -casi posados entre los competidores-, buen rollo y gestos. El mejor, sin duda, fue el de los corredores del RadioShack, que a iniciativa de Lance Armstrong se pusieron un maillot negro con un 28 en la espalda para recordar que en el mundo hay 28 millones de personas enfermas de cáncer. En una interpretación un tanto estricta de las normas se les obligó a que se vistiesen la indumentaria habitual. Otra de las instantáneas fue ver a Alberto Contador sonriente pedaleando con Andy Schleck mientras jugaba con una mini pistola de agua que le habían regalado desde una moto. Los grandes protagonistas del Tour no dejaban de hablar y reírse: su amistad parece intacta, pese a las polémicas absurdas de juego limpio. Contador dijo que ha recibido mensajes de felicitación de Andrés Iniesta y de Rafa Nadal, otros dos culpables de que el deporte español esté viviendo el mejor momento de su historia. Julio ha sido mágico por la victoria de la selección de fútbol en el Mundial, de Sudáfrica, el segundo Wimbledon de Nadal y, claro, el tercer Tour de Contador, el quinto consecutivo de un español, finalizado en París con el desenlace habitual: escapadas de cartón piedra y ganador al sprint. Y en ese territorio hay un corredor que no tiene rival, Mark Cavendish, que tras un inicio irregular se marchó con cinco triunfos. Con tan sólo 25 años el británico acumula 15 triunfos en Francia, es ya el mejor sprinter del Tour y está a poco menos de la mitad de quien más victorias acumula en la prueba, Eddy Merckx (34).
“La llegada de los Campos Eliseos es diferente de todas, pues ya no hay que ahorrar fuerzas y uno saca todo lo que tiene dentro”, dijo Cavendish, al que le costó abrirse un hueco en los últimos metros. A ello le ayudaron sus compañeros de Columbia –aunque sin métodos tan poco ortodoxos como los de Renshaw, expulsado por ganar terreno a cabezazos–. Luego Cavendish se las apañó sólo para irse por la derecha y ganar con la gorra, como casi siempre. Pero el británico no quedó contento con su botín, pues también aspiraba a ganar el maillot verde de la regularidad. Un premio que se llevó Alessandro Petacchi, que ganó a Cavendish los dos primeros sprints del Tour. Envuelto en un serial de dopaje del que informa la prensa de su país, Petacchi acumuló 243 puntos por los 232 de Cavendish.
“Pasé momentos muy difíciles”
Armstrong subió al podio como integrante del mejor equipo en cuanto a tiempos, RadioShack, y el público francés ovacionó a su compatriota Anthony Charteau cuando le pusieron el último maillot de puntos rojos como ganador de la montaña en una edición en los franceses han ganado seis etapas. Andy Schleck resultó el mejor joven y acompañó en el podio a Contador y a Denis Menchov, tercero. El español compareció enérgico, dando saltos, mientras parte del público le pitaba. Algunos no acaban de entender qué es la competición. Contador estuvo correcto, a pesar de que durante su discurso se oyese algún murmullo fuera de lugar: “Gracias a todo el mundo por el cariño que me han mostrado. Ha sido complicado, físicamente no estuve todo lo bien que quería, y psicológicamente también he pasado momentos difíciles. Un Tour especialmente difícil, por lo que no puedo expresar toda la felicidad que siento”.
Ésta es la edición que más participantes han concluido (170). El italiano Adriano Malori (Lampre) fue el último clasificado a 4:26:26 de Contador. Una posición a la que cayó en la contrarreloj de Burdeos-Pauillac, en su especialidad. Claro que su rival directo no era otro que Bert Grabsch, campeón alemán de la especialidad y tercero en la etapa a 1m 48s de Fabian Cancellara. Malori tiene tres medallas de oro en contrarreloj, dos en la sub 23 (Mundial de Varese y Europeo de Stresa, ambos en 2008) y otra en los Juegos Mediterráneos de Pescara del año pasado. Malori también se merecía una mención en este punto y final del Tour de 2010.
“La llegada de los Campos Eliseos es diferente de todas, pues ya no hay que ahorrar fuerzas y uno saca todo lo que tiene dentro”, dijo Cavendish, al que le costó abrirse un hueco en los últimos metros. A ello le ayudaron sus compañeros de Columbia –aunque sin métodos tan poco ortodoxos como los de Renshaw, expulsado por ganar terreno a cabezazos–. Luego Cavendish se las apañó sólo para irse por la derecha y ganar con la gorra, como casi siempre. Pero el británico no quedó contento con su botín, pues también aspiraba a ganar el maillot verde de la regularidad. Un premio que se llevó Alessandro Petacchi, que ganó a Cavendish los dos primeros sprints del Tour. Envuelto en un serial de dopaje del que informa la prensa de su país, Petacchi acumuló 243 puntos por los 232 de Cavendish.
“Pasé momentos muy difíciles”
Armstrong subió al podio como integrante del mejor equipo en cuanto a tiempos, RadioShack, y el público francés ovacionó a su compatriota Anthony Charteau cuando le pusieron el último maillot de puntos rojos como ganador de la montaña en una edición en los franceses han ganado seis etapas. Andy Schleck resultó el mejor joven y acompañó en el podio a Contador y a Denis Menchov, tercero. El español compareció enérgico, dando saltos, mientras parte del público le pitaba. Algunos no acaban de entender qué es la competición. Contador estuvo correcto, a pesar de que durante su discurso se oyese algún murmullo fuera de lugar: “Gracias a todo el mundo por el cariño que me han mostrado. Ha sido complicado, físicamente no estuve todo lo bien que quería, y psicológicamente también he pasado momentos difíciles. Un Tour especialmente difícil, por lo que no puedo expresar toda la felicidad que siento”.
Ésta es la edición que más participantes han concluido (170). El italiano Adriano Malori (Lampre) fue el último clasificado a 4:26:26 de Contador. Una posición a la que cayó en la contrarreloj de Burdeos-Pauillac, en su especialidad. Claro que su rival directo no era otro que Bert Grabsch, campeón alemán de la especialidad y tercero en la etapa a 1m 48s de Fabian Cancellara. Malori tiene tres medallas de oro en contrarreloj, dos en la sub 23 (Mundial de Varese y Europeo de Stresa, ambos en 2008) y otra en los Juegos Mediterráneos de Pescara del año pasado. Malori también se merecía una mención en este punto y final del Tour de 2010.
Ferrari insta a Massa a ceder a Alonso el triunfo en Alemania
En ciclismo se les llama gregarios; en fútbol, suplentes; en baloncesto, agitatoallas; y en motociclismo y Fórmula 1 tienen un nombre en común: segundos pilotos. Sufridores en silencio en general, parece que tengan la obligación moral y contractual de intentar beneficiar al Otro, a quien tiene los privilegios en el equipo. Hace años que en el Mundial de F1 no hay piloto que sirva de mejor ejemplo –este curso Mark Webber en Red Bull también encaja a la perfección en dicho papel– que Felipe Massa, empequeñecido primero por Michael Schumacher, después por Kimi Raikkonen y al que muy pocos tuvieron en cuenta ni cuando estuvo a punto de ser campeón ante Lewis Hamilton en Brasil hace dos cursos. Se hablaba como si el británico hubiese ganado ya. Nunca entra entre la lista de favoritos y, al principio de la temporada, su nuevo compañero en Ferrari, Fernando Alonso, tampoco le nombró entre los rivales, por mucho que después matizara que hablaba en plural, en clave equipo. Y el equipo, la escudería de Maranello, instó a Massa dejarse adelantar en una recta, en la 50ª vuelta. Le recomendaron que permitiese a Alonso colocarse primero y ganase el GP de Alemania con comodidad.
Ni uno ni otro saboreaba de verdad que Ferrari hubiese logrado su segundo doblete del curso tras el logrado en la carrera inaugural en Bahréin. Alonso y Massa se intercambiaron vueltas rápidas gran parte de la prueba y al final optaron por hacer un balance global e institucional. Por un comentario aplastante: el bólido rojo ya se encuentra con los mejores. En Hockenheim, Alonso sacó una barbaridad a los dos primeros del Mundial: 26’84 segundos a Lewis Hamilton, cuarto en la carrera y que ahora le saca 34 puntos, y 29’48 al segundo de la clasificación, Jenson Button, quinto en Alemania. Donde se cumplió una dolorosa tendencia para Sebastian Vettel: salir desde la pole y no ganar. Esta vez, en su casa, el germano acabó tercero. Fracaso de Red Bull.
Tan concentrados estaban en cerrarse el hueco en la salida, que ni Alonso ni Vettel se percataron del hueco que dejaron detrás suyo. Y, hábil, Massa se puso primero y defendió la posición con uñas y dientes –y alguna que otra indecisión con el repartidor de frenos–. Incluso respondió a Alonso unos segundos después de que le hubiese adelantado aprovechando la presencia de un doblado, Bruno Senna. Era la vuelta 21 y Felipinho se coló por el exterior para no perder la plaza. Sólo la perdió en el baile de paradas para cambiar los neumáticos. Se escapaba Massa y se acercaba Alonso, en una lucha entre compañeros de equipo que se repetía detrás, con Hamilton y Button.
“Esto es ridículo, chicos”
Que Massa cediese ante Alonso era algo tan evidente como poco ético -“Fernando es más rápido que tú. Confirma que has entendido el mensaje”, le dijeron desde la radio-. A pesar de que las órdenes de equipo están prohibidas, se suelen haciendo. Desde McLaren recomendaron a Button desde la radio que “conservase la gasolina”. En blanco y en botella teniendo en cuenta que a quien pretendía adelantar era a su compañero. “Esto es ridículo, chicos”, se quejó Alonso en cuanto vio cómo Massa había arriesgado al máximo para devolver el adelantamiento. No añadió nada cuando su compañero no puso resistencia en una recta de la vuelta número 50, el escenario de otra pantomima. Alonso se refirió a esa acción desde la distancia, con las palabras justas. Dijo que no sabía que le había pasado a su compañero tras el sexto giro y que vio una “oportunidad para adelantarle en un circuito que no permite muchas concesiones”. El director deportivo de Ferrari, Stefano Domenicali, directamente, no quiso ni contestar a la pregunta. Y Massa, muy afectado, se congratuló por la gran evolución que ha hecho el equipo y sentenció: “Soy muy profesional y lo he demostrado a lo largo de toda mi carrera. Hoy he dado otra prueba de ello”.
Tampoco estaba muy satisfecho Pedro Martínez de la Rosa, que acabó decimocuarto, después de rodar en los puntos gran parte de la carrera. Chocó con un doblado, Heikki Kovalainen, y perdió cualquier opción de puntuar en las últimas vueltas. También tuvo un percance parecido Jaime Alguersuari, que se tocó con su compañero en Toro Rosso Sebastien Buemi. Un discreto 15º fue el resultado con el que Alguersuari concluyó su 364º día como piloto oficial de Fórmula 1. Para Alonso resultó un regalo de años anticipado, pues el próximo jueves día 29 celebrará su 29º aniversario. Y por fin tiene coche para estar con los mejores. Habrá que esperar si cuentan con Massa para recomendarle que vuelva a dejarse adelantar. El brasileño podía haber conmemorado el primer aniversario de su grave accidente en Hungría con un triunfo, pero en Hockenheim acabó con muy mal sabor de boca. Y puede que la cosa no haya quedado aquí, pues la federación internacional ha sancionado a Ferrari con 100.000 dólares de sanción (70.000 euros) y el caso será revisado en la próxima reunión del Consejo Mundial.
Contador se libera para ganar su tercer Tour de Francia
La duda es un elemento torturador. Tortura pensar que estás dando lo máximo de ti y que puede que no sirva para nada. Tortura pensar que puedes acabar perdiendo un Tour del que ya eras ganador virtual. No era bueno lo que le decían por el pinganillo a Alberto Contador (Pinto, 1982): las referencias que le daban desde el coche del equipo eran alarmantes: en el primer punto de la contrarreloj perdía seis segundos con respecto a Andy Schleck, al que, por tanto, sólo superaba en dos segundos en la general. El agobio fue eterno para Contador, que incluso esprintó en los últimos metros porque, según aseguró, le habían dicho que continuaba teniendo esa ventaja tan microscópica. “Todavía no me hago a la idea. Ha sido una liberación. Lo he pasado muy mal”, balbuceó, todavía sin aliento y sabiéndose campeón, Contador, todavía superado por el impacto emocional como para darse cuenta de que por tercera vez en su carrera llegaría a París como maillot amarillo, que estaba a punto de ganar su tercer Tour, el cuarto más ajustado de la historia con 39 segundos de ventaja sobre su amigo Andy. Se abrazó a su consejero Alexander Vinoukurov y se descargó, casi tanto como subió al pódium, miró al cielo y extendió sus brazos de alivio, descanso, rabia y felicidad. Con los ojos vidriosos, a punto de exteriorizar del todo su emoción, Contador se quedó inmóvil. Sabía que había superado una situación límite.
Pese a que en sus declaraciones se había mostrado prudente recordando que Andy era campeón de Luxemburgo en contrarreloj y que la ventaja no era definitiva, el ciclista del Astana no pudo evitar pensar que era superior en dicha especialidad y que en el prólogo había cedido hasta 42 segundos. Contador no se imaginaba tener que regatear tanto con el cronómetro y menos que los miembros de su equipo no le dijeran las referencias reales. “He tenido una discusión con ellos”, confesó ya más relajado, pero sin bromear del todo. A Contador le perjudicó mucho el viento en contra, pero no sirve como excusa para que se quedase a un mundo (o dos) del ganador Fabian Cancellara, al que las malas lenguas (o los simples ineptos) acusan de llevar un motor en su bicicleta. El suizo, que ha ganado las tres citas contra el cronómetro del Tour, aventajó a Contador en 5m 43s y rodó en 51’2 km/h. Una cifra muy parecida a la que pedaleó el año pasado Contador para arrasar en la contrarreloj de Annecy. Esta vez su batalla era conservar el amarillo superando a Andy, al que pasado el tercer punto de los 52 kilómetros (Burdeos–Pauillac) le sacaba sólo seis segundos en la general. Una cifra que alcalzó los 20 a 10 kilómetros del final y que, curiosamente, se quedó en 39 segundos, los mismos que perdió el luxemburgués por su despiste con la cadena en Balès.
A partir del kilómetro cinco la contrarreloj se convirtió en una agonía, en una interminable agonía en la que llegó a ver sus sueños rotos y se imaginó las crónicas de la desgracia. No se esperaba sufrir tanto. Más asumido tenía Samuel Sánchez cuál iba a ser su papel. Sentado en el suelo y tras una reja, en una entrevista inédita en ciclismo –esperaba esperando al control médico–, Sánchez dijo para Televisión Española que era mejor perder el pódium por mucho que por poco. Segundo en la Vuelta a España de 2009 y oro olímpico en Pequín, el asturiano tenía 21 segundos de ventaja respecto a Denis Menchov antes de la crono y acabó perdiendo la tercera plaza a favor del ruso, que le sacó dos minutos clavados: “Ser cuarto en quedarse a las puertas de lo bonito y lo bonito es salir en la foto, pasar a la historia”. Aún más desolado estaba Andy, conciente de que había estado a un paso de ser el vencedor final de la prueba. Su reacción ante la prensa fue de entereza, de confianza ante un futuro mejor: “Volveré el año que viene volveré para ganar”. “Sé la mentalidad que tiene y me siento identificado con ella”, secundó Contador. Si no se tuercen las cosas y no despunta ningún otro corredor el Tour tiene un duelo fantástico para unos cuantos años.
Pese a que en sus declaraciones se había mostrado prudente recordando que Andy era campeón de Luxemburgo en contrarreloj y que la ventaja no era definitiva, el ciclista del Astana no pudo evitar pensar que era superior en dicha especialidad y que en el prólogo había cedido hasta 42 segundos. Contador no se imaginaba tener que regatear tanto con el cronómetro y menos que los miembros de su equipo no le dijeran las referencias reales. “He tenido una discusión con ellos”, confesó ya más relajado, pero sin bromear del todo. A Contador le perjudicó mucho el viento en contra, pero no sirve como excusa para que se quedase a un mundo (o dos) del ganador Fabian Cancellara, al que las malas lenguas (o los simples ineptos) acusan de llevar un motor en su bicicleta. El suizo, que ha ganado las tres citas contra el cronómetro del Tour, aventajó a Contador en 5m 43s y rodó en 51’2 km/h. Una cifra muy parecida a la que pedaleó el año pasado Contador para arrasar en la contrarreloj de Annecy. Esta vez su batalla era conservar el amarillo superando a Andy, al que pasado el tercer punto de los 52 kilómetros (Burdeos–Pauillac) le sacaba sólo seis segundos en la general. Una cifra que alcalzó los 20 a 10 kilómetros del final y que, curiosamente, se quedó en 39 segundos, los mismos que perdió el luxemburgués por su despiste con la cadena en Balès.
A partir del kilómetro cinco la contrarreloj se convirtió en una agonía, en una interminable agonía en la que llegó a ver sus sueños rotos y se imaginó las crónicas de la desgracia. No se esperaba sufrir tanto. Más asumido tenía Samuel Sánchez cuál iba a ser su papel. Sentado en el suelo y tras una reja, en una entrevista inédita en ciclismo –esperaba esperando al control médico–, Sánchez dijo para Televisión Española que era mejor perder el pódium por mucho que por poco. Segundo en la Vuelta a España de 2009 y oro olímpico en Pequín, el asturiano tenía 21 segundos de ventaja respecto a Denis Menchov antes de la crono y acabó perdiendo la tercera plaza a favor del ruso, que le sacó dos minutos clavados: “Ser cuarto en quedarse a las puertas de lo bonito y lo bonito es salir en la foto, pasar a la historia”. Aún más desolado estaba Andy, conciente de que había estado a un paso de ser el vencedor final de la prueba. Su reacción ante la prensa fue de entereza, de confianza ante un futuro mejor: “Volveré el año que viene volveré para ganar”. “Sé la mentalidad que tiene y me siento identificado con ella”, secundó Contador. Si no se tuercen las cosas y no despunta ningún otro corredor el Tour tiene un duelo fantástico para unos cuantos años.
jueves, 22 de julio de 2010
Contador permite ganar a Andy Schleck en el Tourmalet y se acerca a su tercer Tour
Ajeno a la niebla, al frío y a la humedad, un hombre corría en la cima del Tourmalet. Su vestido, amarillo y con la palabra Tour en el pecho, delataba su ubicación y pasión. En su espalda llevaba estaba escrito su deseo: Armstrong 8. El aficionado, que había compartido cuota de pantalla con otro vestido de plátano y una chica casi sin vestir, se había hecho el disfraz con la intención de animar a Lance en su camino hacia el octavo Tour, pero, solidario, ahí estaba gritando y animando a quienes realmente opositan a ganar la prueba: Alberto Contador y Andy Schleck. Dos ciclistas que estaban a punto de coronar en solitario el Tourmalet después de medir sus fuerzas y comprobar que estaban empatados técnicamente. A poco más de tres kilómetros para la meta y tras la última prueba en serio de Contador, hablaron. “Para ti la etapa”, dijo el corredor de Pinto, incómodo por cómo se ha digerido entre prensa y seguidores que no esperase a Andy tras su percance con la cadena en Balès. Incómodo también el luxemburgués, enfadado con sí mismo por el error y por culpar a su amigo, al que no había esperado en la etapa del pavés. Materializado el pacto, Andy festejó su segunda victoria en este Tour y Contador, felicitado por Miguel Induarin y Nicolas Sarkozy, sonrió por salvar su penúltima prueba (el sábado deberá defender los ocho segundos en la contrarreloj, especialidad en la que es mejor que su rival) y estar a un paso de llegar a París vestido con el maillot amarillo por tercera vez.
Harto de tanta pantomima, acuerdos, detalles y reproches, había un corredor. O al menos habló de ello uno. Campeón del Tour en 2008 para más señas y que dice cuanto piensa venga o no venga a cuento. En este caso su discurso era de rabiosa actualidad. “Creo que estamos haciendo del ciclismo una patraña de niñatos”, criticó Carlos Sastre. Y venía al caso porque descubrió que Contador se dirigió a él cuando estaba a punto de atacaren la subida a la Marie-Blanque. El líder le advirtió que esperase, que un compañero (Samuel Sánchez, de momento tercero con 21 segundos, ocho más que antes de la etapa, sobre Denis Menchov, poco margen ante la crono) se había caído. Sastre frunció el ceño y aún se motivó más para alejarse del grupo en busca de quienes rodaban cabeza de carrera: “Me he caído y he tenido averías en este Tour y en el Giro. ¿Y me ha esperado alguien? Nadie”. Suena lógico pensar que el juego limpio no puede ser a la carta.
Jalabert, desde la moto
Sin ese titular Sastre hubiese sido también uno de los protagonistas de la etapa, disputada entre Pau y el Tourmalet, por su insistencia de coger a los siete escapados, entre ellos, Juan Antonio Flecha, al que el ex ciclista francés Laurent Jalabert veía, montado en una moto de la televisión gala, “con mejores piernas”. Un comentario inoportuno porque Flecha, excelente cronista, fue el primero en descolgarse del grupo de cabeza, en el que Koren y Pauriol fueron cronometrados bajando a… ¡75 km/h! Una temeridad o una señal de que las cosas por delante iban en serio. Por detrás sufría Mark Cavendish, deseando acabar la etapa y empezar la siguiente, llana, inofensiva y la última en París para sumar dos nuevos triunfos y lograr cinco en total, a uno del año pasado. También hacía cálculos Kolobnev, el último de los fugados que se resistió al grupo de Contador, que alcanzó primero a Sastre. El abulense se vino abajo y en un momento perdió el contacto.
Andy atacó como pudo y sólo encontró la respuesta, segura y contundente, de Contador. Ambos alcanzaron y derritieron al ilusionado Kolobnev y compitieron de igual a igual. Siempre con el luxemburgués llevando el ritmo y el español a su rueda. Andy pedaleaba a un ritmo endiablado y no paraba de girarse para comprobar si su rival continuaba allí. Y allí, casi impasible, estaba Contador, al que con la mirada y varias frases recriminó que no le diese relevos. Hasta que llegó el último ataque de Contador y pactaron que no habría sprint final. “Porque yo había hecho la mayor parte del trabajo”, se enorgulleció Andy, que sí, perdió 39 segundos por su avería en Balès, pero también es cierto que ganó 1m 13s en la etapa de pavés. Un duelo memorable, muy igualado, sólo empañado con polémicas absurdas. Sastre se confunde en las formas, pero no en el contenido: o hay juego limpio para todos o no lo hay para nadie.
Harto de tanta pantomima, acuerdos, detalles y reproches, había un corredor. O al menos habló de ello uno. Campeón del Tour en 2008 para más señas y que dice cuanto piensa venga o no venga a cuento. En este caso su discurso era de rabiosa actualidad. “Creo que estamos haciendo del ciclismo una patraña de niñatos”, criticó Carlos Sastre. Y venía al caso porque descubrió que Contador se dirigió a él cuando estaba a punto de atacaren la subida a la Marie-Blanque. El líder le advirtió que esperase, que un compañero (Samuel Sánchez, de momento tercero con 21 segundos, ocho más que antes de la etapa, sobre Denis Menchov, poco margen ante la crono) se había caído. Sastre frunció el ceño y aún se motivó más para alejarse del grupo en busca de quienes rodaban cabeza de carrera: “Me he caído y he tenido averías en este Tour y en el Giro. ¿Y me ha esperado alguien? Nadie”. Suena lógico pensar que el juego limpio no puede ser a la carta.
Jalabert, desde la moto
Sin ese titular Sastre hubiese sido también uno de los protagonistas de la etapa, disputada entre Pau y el Tourmalet, por su insistencia de coger a los siete escapados, entre ellos, Juan Antonio Flecha, al que el ex ciclista francés Laurent Jalabert veía, montado en una moto de la televisión gala, “con mejores piernas”. Un comentario inoportuno porque Flecha, excelente cronista, fue el primero en descolgarse del grupo de cabeza, en el que Koren y Pauriol fueron cronometrados bajando a… ¡75 km/h! Una temeridad o una señal de que las cosas por delante iban en serio. Por detrás sufría Mark Cavendish, deseando acabar la etapa y empezar la siguiente, llana, inofensiva y la última en París para sumar dos nuevos triunfos y lograr cinco en total, a uno del año pasado. También hacía cálculos Kolobnev, el último de los fugados que se resistió al grupo de Contador, que alcanzó primero a Sastre. El abulense se vino abajo y en un momento perdió el contacto.
Andy atacó como pudo y sólo encontró la respuesta, segura y contundente, de Contador. Ambos alcanzaron y derritieron al ilusionado Kolobnev y compitieron de igual a igual. Siempre con el luxemburgués llevando el ritmo y el español a su rueda. Andy pedaleaba a un ritmo endiablado y no paraba de girarse para comprobar si su rival continuaba allí. Y allí, casi impasible, estaba Contador, al que con la mirada y varias frases recriminó que no le diese relevos. Hasta que llegó el último ataque de Contador y pactaron que no habría sprint final. “Porque yo había hecho la mayor parte del trabajo”, se enorgulleció Andy, que sí, perdió 39 segundos por su avería en Balès, pero también es cierto que ganó 1m 13s en la etapa de pavés. Un duelo memorable, muy igualado, sólo empañado con polémicas absurdas. Sastre se confunde en las formas, pero no en el contenido: o hay juego limpio para todos o no lo hay para nadie.
martes, 20 de julio de 2010
Fédrigo frustra a Armstrong en su Tour más anónimo
Donde antes veían arrogancia, ahora ven elegancia, donde antes descubrían distancia y altivez ahora encuentran proximidad y naturalidad. La caída humaniza al mito y hace que gran parte de sus detractores olviden cuáles eran las razones para desear su fracaso. “Nunca me he sentido tan querido en Francia”, dijo hace unos días Lance Armstrong, cuando ya no tenía opción alguna de podio ni de llegar a París entre los diez mejores. El siete veces campeón del Tour nunca se había encontrado tan cómodo en un país cuya prensa ha publicado varias informaciones que le incriminarían con el dopaje, hipótesis que no se cansa de repetir como hechos su ex compañero Floyd Landis. Convertido en un ciclista más del pelotón y no en un referente, Armstrong se toma el Tour de otra manera. Carlos Arribas sostiene desde El País que el texano valora más la pequeña gran victoria de llegar cada día a meta, mientras que en Teledeporte Carlos de Andrés y Perico Delgado pronosticaban ayer durante la retransmisión que sería comprensible que Lance buscase un ataque para intentar ganar una etapa.
Ajeno a dichos comentarios, Armstrong quiso recuperar el protagonismo en el Tour, competir con 38 años, volver a sentirse grande, como cuando volvió al ciclismo tras superar un cáncer para ser número uno. Así que puso en práctica el reto y fue uno de los ocho corredores que se levantaron de la bici, juntaron los dientes y se escaparon en la subida al Peyresource, el primero de los cuatro puntos míticos (Aspin-Tourmalet-Aubisque) de la etapa, en teoría, más vistosa de la prueba. Le acompañaron modestos como Costa, Roche o Capecchi, y tan sólo un ilustre, Kreuziger, inicialmente entre los favoritos y fiasco después. Al grupo llegaría después Fédrigo, que sería quien frustraría en el sprint final el plan de Armstrong y la valentía del español Carlos Barredo, al que le sobraron unos metros para poder para ganar su primera etapa en el Tour. Fue Fédrigo quien festejó su tercera victoria en la prueba, la sexta en esta edición para los anfitriones, orgullosos además de que dos de los suyos, Anthony Charteau y Christophe Moreau, rivalicen por ganar el maillot de la montaña. En el amarillo Alberto Contador mantuvo los ocho segundos con respecto a Andy Schleck, ante el que se disculpó la noche anterior en un vídeo y con el que espera “seguir manteniendo una buena relación”. Disculpas aceptadas por el presunto traicionado, que recuperó su medio sonrisa habitual. ¿Todo olvidado? Sea como sea la etapa del jueves (mañana miércoles hay descanso) con final en el Tourmalet será la última oportunidad de venganza (sana o no) para Andy.
Ataque precipitado
Volvamos a Armstrong y rescatemos sus declaraciones, ciencia ficción hace unos meses: “Quiero agradecer al público que me apoya, son muy amables y aprecio su reacción al verme en la escapada, luchando”. Hasta hace poco era un corredor tan contundente en el asfalto como poco amante de hablar de los aficionados. El ciclista del Radioshack se equivocó en el sprint final, con siete competidores más y Barredo descolgado. Atacó pronto y mal y acabó antepenúltimo entre los que se decidieron el triunfo de etapa. Fédrigo, una de las sensaciones del Tour de 2009, se llevó el gato al agua, secundado por Casar (¡otro francés!) y el español Rubén Plaza.
El grupo de escapados llegó a ser de 17 ciclistas, pero en el ascenso al Tourmalet la cifra se había reducido drásticamente a casi la mitad. Tan sólo 10, entre los españoles Barredo y Plaza, buscaban ser los primeros en coronar esta en el centenario de su inclusión en el programa de la grande boucle. Lo logró Moreau, seguido por Fédrigo. Armstrong pasó cuarto. En la ascensión al Aubisque la diferencia con respecto al pelotón sueró los siete minutos y medio. En el grupo principal se repartían las responsabilidades, aunque un gregario de lujo en el Astana, Tiralongo, asumía gran parte de ese papel ingrato de guiar el ritmo haciéndose camino entre el aire.
La web de Barredo
Armstrong atacó y sólo pudieron responderle cuatro corredores: Plaza, Cunego, Barredo y Fédrigo. Aunque el grupo se ampliaría de nuevo a ocho componentes tras la reincorporación de Casar, justo antes de que Barredo, que había pinchado una rueda, intentase su cuarta ofensiva. Y pareció buena, relativamente buena, a 44 kilómetros de la meta, pero la distancia se le hizo eterna a un ciclista que tiene una web oficial que advierte que no se actualiza desde 14 de marzo de 2008, pero que, en cambio, felicita al corredor por su victoria en la Clásica de San Sebastián de 2009.
“Hablamos acerca de cómo teníamos que atacar y mantener el impulso. Lance lo intentó y luego llegó mi turno”, relató Barredo, que llegó a tener 47 segundos de ventaja sobre sus ocho perseguidores. Ése fue el tope, a 30 kilómetros. Cinco después conservaba 37 seg. de margen, a 20 km., 26 seg…. A 15 km., 13 seg. y a 10 km. había conseguido aumentar la diferencia a 29. 23 era su colchón a 3’4 km.., però en 400 metros le recuperaron diez segundos e, inevitablemente, en un final lento y previsible, Barredo fue alcanzado a 1’5 km. Llegó, exhausto y frustrado 28 segundos después de que Fédrigo alcanzase los puños y de que Armstrong reconociese que había atacado muy pronto, que no le sobran las fuerzas como antes. Seguro que pensó que por eso ahora cae tan bien.
Ajeno a dichos comentarios, Armstrong quiso recuperar el protagonismo en el Tour, competir con 38 años, volver a sentirse grande, como cuando volvió al ciclismo tras superar un cáncer para ser número uno. Así que puso en práctica el reto y fue uno de los ocho corredores que se levantaron de la bici, juntaron los dientes y se escaparon en la subida al Peyresource, el primero de los cuatro puntos míticos (Aspin-Tourmalet-Aubisque) de la etapa, en teoría, más vistosa de la prueba. Le acompañaron modestos como Costa, Roche o Capecchi, y tan sólo un ilustre, Kreuziger, inicialmente entre los favoritos y fiasco después. Al grupo llegaría después Fédrigo, que sería quien frustraría en el sprint final el plan de Armstrong y la valentía del español Carlos Barredo, al que le sobraron unos metros para poder para ganar su primera etapa en el Tour. Fue Fédrigo quien festejó su tercera victoria en la prueba, la sexta en esta edición para los anfitriones, orgullosos además de que dos de los suyos, Anthony Charteau y Christophe Moreau, rivalicen por ganar el maillot de la montaña. En el amarillo Alberto Contador mantuvo los ocho segundos con respecto a Andy Schleck, ante el que se disculpó la noche anterior en un vídeo y con el que espera “seguir manteniendo una buena relación”. Disculpas aceptadas por el presunto traicionado, que recuperó su medio sonrisa habitual. ¿Todo olvidado? Sea como sea la etapa del jueves (mañana miércoles hay descanso) con final en el Tourmalet será la última oportunidad de venganza (sana o no) para Andy.
Ataque precipitado
Volvamos a Armstrong y rescatemos sus declaraciones, ciencia ficción hace unos meses: “Quiero agradecer al público que me apoya, son muy amables y aprecio su reacción al verme en la escapada, luchando”. Hasta hace poco era un corredor tan contundente en el asfalto como poco amante de hablar de los aficionados. El ciclista del Radioshack se equivocó en el sprint final, con siete competidores más y Barredo descolgado. Atacó pronto y mal y acabó antepenúltimo entre los que se decidieron el triunfo de etapa. Fédrigo, una de las sensaciones del Tour de 2009, se llevó el gato al agua, secundado por Casar (¡otro francés!) y el español Rubén Plaza.
El grupo de escapados llegó a ser de 17 ciclistas, pero en el ascenso al Tourmalet la cifra se había reducido drásticamente a casi la mitad. Tan sólo 10, entre los españoles Barredo y Plaza, buscaban ser los primeros en coronar esta en el centenario de su inclusión en el programa de la grande boucle. Lo logró Moreau, seguido por Fédrigo. Armstrong pasó cuarto. En la ascensión al Aubisque la diferencia con respecto al pelotón sueró los siete minutos y medio. En el grupo principal se repartían las responsabilidades, aunque un gregario de lujo en el Astana, Tiralongo, asumía gran parte de ese papel ingrato de guiar el ritmo haciéndose camino entre el aire.
La web de Barredo
Armstrong atacó y sólo pudieron responderle cuatro corredores: Plaza, Cunego, Barredo y Fédrigo. Aunque el grupo se ampliaría de nuevo a ocho componentes tras la reincorporación de Casar, justo antes de que Barredo, que había pinchado una rueda, intentase su cuarta ofensiva. Y pareció buena, relativamente buena, a 44 kilómetros de la meta, pero la distancia se le hizo eterna a un ciclista que tiene una web oficial que advierte que no se actualiza desde 14 de marzo de 2008, pero que, en cambio, felicita al corredor por su victoria en la Clásica de San Sebastián de 2009.
“Hablamos acerca de cómo teníamos que atacar y mantener el impulso. Lance lo intentó y luego llegó mi turno”, relató Barredo, que llegó a tener 47 segundos de ventaja sobre sus ocho perseguidores. Ése fue el tope, a 30 kilómetros. Cinco después conservaba 37 seg. de margen, a 20 km., 26 seg…. A 15 km., 13 seg. y a 10 km. había conseguido aumentar la diferencia a 29. 23 era su colchón a 3’4 km.., però en 400 metros le recuperaron diez segundos e, inevitablemente, en un final lento y previsible, Barredo fue alcanzado a 1’5 km. Llegó, exhausto y frustrado 28 segundos después de que Fédrigo alcanzase los puños y de que Armstrong reconociese que había atacado muy pronto, que no le sobran las fuerzas como antes. Seguro que pensó que por eso ahora cae tan bien.
lunes, 19 de julio de 2010
Contador se beneficia de una avería de Andy Schleck para hacerse con el maillot amarillo
Hay tantas versiones como personas y existen pocos conceptos inalterables, ni tan siquiera la bondad y la maldad, la ética y la moralidad funcionan como términos incuestionables. Según los puntos de vista, intereses o recuerdos se puede compartir o recriminar un gesto. Se defiende el juego limpio y la deportividad como una marca, pero en la práctica no todos tienen respeto de ese comportamiento correcto. Porque lo incorrecto para unos es correcto para el resto. O puede responder a un desliz. “Tenía pensado atacar y lo he hecho. Luego me han comentado que se le había saltado la cadena, pero yo no tenía conocimiento de ello”, dijo, serio, Alberto Contador, rodeado de una nube de micrófonos, grabadoras y cámaras. Hablaba de la nueva gran polémica del Tour, ésa era su respuesta a por qué no esperó a Andy Schleck cuando a éste se le salió la cadena, en pleno ascenso al Port de Balès. “He arrancado muchísimo antes”, continuó Contador, al que el contratiempo del luxemburgués, que tardó 28 segundos en resolver el asunto, le sirvió para vestirse el maillot amarillo y tener ahora ocho segundos de margen sobre su rival. Samuel Sánchez o Denis Menchov también sacaron provecho y están más cerca del líder, a 2m y 2m 13s, respectivamente, tras la 15ª etapa disputada entre Pamiers y Bagnières de Luchon y ganada por Thomas Voeckler.
Contador extrajo un punto interesante de la deportividad, el interés, el motor de gran parte de lo que se dice y hace. “Hay que verla en cada momento”, sugirió cuando los periodistas le recordaron que esperó a Andy Schleck en Spa después de una caída –“fui de los que dije que había que esperar, esto es distinto”– y que, en cambio, el día después, en el caos de los pavés tras la caída de su hermano Frank, Andy aceleró el ritmo junto con Fabian Cancellara para sacar una tajada sustanciosa. El luxemburgués no estaba para bromas: “Alguno no ganará el premio al juego limpio. Yo no habría sacado provecho”. En caliente, reconoció que Contador le esperó en Spa –“fue fair play, pero esto es distinto”– y no recordó lo acontecido en la etapa del pavés. Y, muy molesto, siguió con su indignación: “No voy a llorar porque esto no ha terminado. Me vengaré. Lo que ha pasado me motiva mucho de cara al Tourmalet”. Una cima mítica presente en las etapas del miércoles y del jueves. “Estoy en la misma situación que el año pasado, pero mucho más fuerte”, resolvió a modo de eslogan. Bernard Hinault, cinco veces vencedor final del Tour, le pegó una pequeña y simbólica colleja: al luxemburgués “Le recomiendo que aprenda a manejar los cambios de la bicicleta”. Ya más tranquilo, Andy Schleck dijo sentirse “enojado” consigo mismo y prometió que luchará hasta el extremo de caerse de la bici por agotamiento o por riesgo si es preciso.
Debate abierto
La polémica vuelve a presidir el Tour después de un curso pasado monopolizado por las disputas de liderazgo entre Contador y Lance Armstrong. El madrileño descolgó a su entonces compañero Andreas Klöden y aseguró que no era consciente de la situación. Tampoco esta vez dijo haberse percatado de que a Andy Schleck se le saliese la cadena en al Port de Balès. Una actuación que, claro, generó un debate entre los propios ciclistas y directores. Los hubo totalmente en contra, como Lance Armstrong, puro observador de la carrera, perdido a más de 40 minutos: “Si Contador atacó cuando Andy tenía problemas con la bicicleta no es correcto, pero debo ver las imágenes”. El siete veces ganador del Tour recordó que en 2003 se cayó y el resto de favoritos esperó a que se reincorporara y que él mismo había tenido el detalle de no aprovecharse del accidente de Jan Ullrich en 2001. Pero Armstrong también quiso ponerse en la piel de Contador: “Es mejor esperar, pero en este caso tal vez sea diferente porque era la última subida y la carrera iba lanzada”. Más extrema fue la versión de Johan Bruyneel, director de Radioshack y que dirigió a Contador en el Astana: “Alberto no debía esperar porque era el final de la etapa y además iba por delante Samuel Sánchez tercero de la general”. Bruyneel recordó las reglas del juego: “El material se puede romper, y eso es parte de la carrera”. En la misma línea opinó Sánchez: “A veces las averías o las caídas te perjudican y otras te benefician, el ciclismo es así”.
El ex ciclista Laurent Jalabert se centró en la reacción de parte del público, que murmuró cuando Contador subió al podio a recoger y ponerse el maillot amarillo: “Es una vergüenza silbarle. Así son las carreras. No hay razón para discutir y mucho menos de poner a la afición en contra de los ciclistas”. La polémica privó de los merecidos titulares a uno de los ciclistas más combativos del pelotón: Thomas Voeckler, el último superviviente de una fuga que llegó a tener diferentes considerables, y dejó para simples despieces la hazaña del español Aitor López Arrieta, tercero en la meta. Más que el cambio de líder prima cómo se ha producido el cambio. Es posible que algunos de los que entienden que el Tour funciona como somnífero para la siesta vean estos días la prueba atraídos por la polémica y el cruce de declaraciones. Pero el espectáculo está en la carretera. Mañana martes es pura delicia: Peyresourde, Aspin, Tourmalet y Aubisque. Puro Tour.
Contador extrajo un punto interesante de la deportividad, el interés, el motor de gran parte de lo que se dice y hace. “Hay que verla en cada momento”, sugirió cuando los periodistas le recordaron que esperó a Andy Schleck en Spa después de una caída –“fui de los que dije que había que esperar, esto es distinto”– y que, en cambio, el día después, en el caos de los pavés tras la caída de su hermano Frank, Andy aceleró el ritmo junto con Fabian Cancellara para sacar una tajada sustanciosa. El luxemburgués no estaba para bromas: “Alguno no ganará el premio al juego limpio. Yo no habría sacado provecho”. En caliente, reconoció que Contador le esperó en Spa –“fue fair play, pero esto es distinto”– y no recordó lo acontecido en la etapa del pavés. Y, muy molesto, siguió con su indignación: “No voy a llorar porque esto no ha terminado. Me vengaré. Lo que ha pasado me motiva mucho de cara al Tourmalet”. Una cima mítica presente en las etapas del miércoles y del jueves. “Estoy en la misma situación que el año pasado, pero mucho más fuerte”, resolvió a modo de eslogan. Bernard Hinault, cinco veces vencedor final del Tour, le pegó una pequeña y simbólica colleja: al luxemburgués “Le recomiendo que aprenda a manejar los cambios de la bicicleta”. Ya más tranquilo, Andy Schleck dijo sentirse “enojado” consigo mismo y prometió que luchará hasta el extremo de caerse de la bici por agotamiento o por riesgo si es preciso.
Debate abierto
La polémica vuelve a presidir el Tour después de un curso pasado monopolizado por las disputas de liderazgo entre Contador y Lance Armstrong. El madrileño descolgó a su entonces compañero Andreas Klöden y aseguró que no era consciente de la situación. Tampoco esta vez dijo haberse percatado de que a Andy Schleck se le saliese la cadena en al Port de Balès. Una actuación que, claro, generó un debate entre los propios ciclistas y directores. Los hubo totalmente en contra, como Lance Armstrong, puro observador de la carrera, perdido a más de 40 minutos: “Si Contador atacó cuando Andy tenía problemas con la bicicleta no es correcto, pero debo ver las imágenes”. El siete veces ganador del Tour recordó que en 2003 se cayó y el resto de favoritos esperó a que se reincorporara y que él mismo había tenido el detalle de no aprovecharse del accidente de Jan Ullrich en 2001. Pero Armstrong también quiso ponerse en la piel de Contador: “Es mejor esperar, pero en este caso tal vez sea diferente porque era la última subida y la carrera iba lanzada”. Más extrema fue la versión de Johan Bruyneel, director de Radioshack y que dirigió a Contador en el Astana: “Alberto no debía esperar porque era el final de la etapa y además iba por delante Samuel Sánchez tercero de la general”. Bruyneel recordó las reglas del juego: “El material se puede romper, y eso es parte de la carrera”. En la misma línea opinó Sánchez: “A veces las averías o las caídas te perjudican y otras te benefician, el ciclismo es así”.
El ex ciclista Laurent Jalabert se centró en la reacción de parte del público, que murmuró cuando Contador subió al podio a recoger y ponerse el maillot amarillo: “Es una vergüenza silbarle. Así son las carreras. No hay razón para discutir y mucho menos de poner a la afición en contra de los ciclistas”. La polémica privó de los merecidos titulares a uno de los ciclistas más combativos del pelotón: Thomas Voeckler, el último superviviente de una fuga que llegó a tener diferentes considerables, y dejó para simples despieces la hazaña del español Aitor López Arrieta, tercero en la meta. Más que el cambio de líder prima cómo se ha producido el cambio. Es posible que algunos de los que entienden que el Tour funciona como somnífero para la siesta vean estos días la prueba atraídos por la polémica y el cruce de declaraciones. Pero el espectáculo está en la carretera. Mañana martes es pura delicia: Peyresourde, Aspin, Tourmalet y Aubisque. Puro Tour.
domingo, 18 de julio de 2010
Explosión de Riblon, Andy Schleck se centra en Contador
El entorno puede reforzar las fortalezas o ampliar las inseguridades, más si cabe en profesiones tan peculiares como la de deportista. “Julien me dijo que a menudo estoy en forma en la tercera semana y que tenía que ir en una escapada”, relató Christophe Riblon minutos después de ser el primer ciclista en concluir el primer recorrido con final en alto del presente Tour, un mano a mano de Alberto Contador y Andy Schleck y con decisiones extrañas de por medio. “Eso me dio mucho ánimo, pero anoche aún no hubiera apostado un euro por mí”, prosiguió Riblon en la rueda de prensa, después de haberse acordado de mencionar a familiares. En unas horas el ciclista del Ag2r pasó de sentirse decepcionado por su Tour (vino a por la general y empezó la etapa el 33º a 24m 27s del primero). “Estaba casi deprimido, sobretodo por mi actuación los últimos dos días”. Los números eran desolares: en ese tiempo había perdido casi diez minutos. Por eso se sorprendió a sí mismo formando parte de la fuga buena del día y que le mantuvo por delante y finalmente acabar llegar en solitario. Más de 150 km escapado para coronar el Ax 3 Domaines, territorio que en 2003 ganó Carlos Sastre, quien lejos de quienes luchan por el podio intentó luchar, sin éxito por la etapa.
El trabajo de Astana y Saxo Bank frustró la idea de Sastre y la de ocho de los nueve fugados de la jornada (Auge, Thomas, Zabriskie, Vaugrenard, Brutt, Van de Walle, Rolland, Moinard). No alcanzaron al noveno, Riblon. “Al menos lo intenté”, dijo serio Sastre, marcado por las heridas de guerras de las caídas. El abulense añadió lo que todo el mundo piensa: si se mantienen las diferencias mínimas (31 segundos) Contador será el vencedor final del Tour porque es mejor en la contrarreloj. Hasta ahí la lógica. La sorpresa fue ver cómo Andy no respondió al ataque final de Denis Menchov al que se sumó Samuel Sánchez, dos corredores que números y sensaciones en mano aspiran a completar el podio de París. Contador no hizo ni el amago de seguirles, como si le pasase todo la responsabilidad al luxemburgués, al que había atacado sin éxito con un par de cambios de ritmo y otro ataque amable. Sánchez y Menchov les sacaron 14 segundos. “Preocupa que alguien como Samuel Sánchez nos coja tiempo, pero no ha sido una diferencia significativa”, resaltó Contador, que especificó que Domaines “es una subida corta y previsible” y que, por tanto, no era un terreno peligroso.
Samuel Sánchez y Menchov
Sánchez continúa tercero, pero ahora a 2m 31 s, mientras que Menchov está a 2m 44s. Les separan 13 segundos. El campeón olímpico tuvo palabras hacia su rival principal –“Denis es un tipo duro. Ha ganado un Giros y dos Tours”–, reconoció que ambos “se aprovecharon del marcaje entre Contador, que iba pletórico y le veo sobrado, y Andy” y, ante las sugerencias de los periodistas, no descartó ir a por una etapa o lanzar un ataque imposible: “Las fuerzas están muy justas y a cualquiera puede venirle bien una etapa determinada. Ahora que estamos cerca del podio hay que pensar en esa posibilidad”.
El trabajo de Astana y Saxo Bank frustró la idea de Sastre y la de ocho de los nueve fugados de la jornada (Auge, Thomas, Zabriskie, Vaugrenard, Brutt, Van de Walle, Rolland, Moinard). No alcanzaron al noveno, Riblon. “Al menos lo intenté”, dijo serio Sastre, marcado por las heridas de guerras de las caídas. El abulense añadió lo que todo el mundo piensa: si se mantienen las diferencias mínimas (31 segundos) Contador será el vencedor final del Tour porque es mejor en la contrarreloj. Hasta ahí la lógica. La sorpresa fue ver cómo Andy no respondió al ataque final de Denis Menchov al que se sumó Samuel Sánchez, dos corredores que números y sensaciones en mano aspiran a completar el podio de París. Contador no hizo ni el amago de seguirles, como si le pasase todo la responsabilidad al luxemburgués, al que había atacado sin éxito con un par de cambios de ritmo y otro ataque amable. Sánchez y Menchov les sacaron 14 segundos. “Preocupa que alguien como Samuel Sánchez nos coja tiempo, pero no ha sido una diferencia significativa”, resaltó Contador, que especificó que Domaines “es una subida corta y previsible” y que, por tanto, no era un terreno peligroso.
Samuel Sánchez y Menchov
Sánchez continúa tercero, pero ahora a 2m 31 s, mientras que Menchov está a 2m 44s. Les separan 13 segundos. El campeón olímpico tuvo palabras hacia su rival principal –“Denis es un tipo duro. Ha ganado un Giros y dos Tours”–, reconoció que ambos “se aprovecharon del marcaje entre Contador, que iba pletórico y le veo sobrado, y Andy” y, ante las sugerencias de los periodistas, no descartó ir a por una etapa o lanzar un ataque imposible: “Las fuerzas están muy justas y a cualquiera puede venirle bien una etapa determinada. Ahora que estamos cerca del podio hay que pensar en esa posibilidad”.
Pedrosa se impone a Lorenzo en Alemania en una carrera accidentada que supone el regreso milagroso de Rossi
Pedrosa, en el medio y con la camiseta de España, saluda en el podio acompañado de Lorenzo y Stoner -EFE. ¿Y por qué no? Ésa es la pregunta sobre la cual gira la vida y el manual de los valientes, de los que son capaces de tomar las decisiones más arriesgadas porque les hierve la sangre por lograr sus objetivos. Nadie duda de que Valentino Rossi (Urbino, 1979) pertenezca a ese selecto grupo de personas que se incomodan ante la inmovilidad. Por eso Il Dottore aceleró su regreso a los circuitos y redujo el pronóstico de cuatro a cinco meses a sólo mes y medio tras su aparatosa caída en Mugello. Protegido con una espinilla más dura (de kevlar-carbono, en vez de polipropileno) y con una bota con doble cremallera más cómoda, Rossi volvió a la competición en Sachsenring y se quedó a una curva de la tercera posición, que le birló Casey Stoner en el último giro de la última vuelta. Frustrado, Rossi cruzó la línea de meta diciendo que no con la cabeza, mientras que Dani Pedrosa festejaba su segundo triunfo del curso, como en Italia, también ante Jorge Lorenzo, calculador y perjudicado por la interrupción del GP de Alemania tras el accidente que implicó a Randy De Puniet, Álvaro Bautista y Aleix Espargaró en la octava vuelta. En la nueva carrera Pedrosa y Lorenzo protagonizaron un precioso duelo en las primeras vueltas, zanjado a favor del piloto de Honda gracias a un oportuno adelantamiento y un ritmo imparable después, pues completó las dos vueltas siguientes mejorando el récord de la pista, que tenía en su poder. Lorenzo ya no tuvo opciones y conservó la segunda plaza. De nuevo, la jornada resultó histórica para el motociclismo español, que por tercera vez en el curso, festejó que los ganadores de las tres categorías fuesen nacionales, pues además de Pedrosa triunfaron Marc Márquez en 125cc (¡su quinta victoria consecutiva con 17 años!) y Toni Elías, en Moto2.
“Hay que ser consciente de que es muy difícil remontar la desventaja de puntos”, reconoció Pedrosa, que repartió elogios a su moto, al equipo y se congratuló por haberse podido volver a concentrar tras el parón obligado: “"Te preocupa que no tengas de nuevo el mismo ritmo al arrancar otra vez, pero al final todo ha ido perfecto para nosotros en las dos partes de las carreras”. Seguramente también se acordó de un episodio pasado y doloroso en Sachsenring, cuando tuvo una caída grave cuando rodaba primero bajo la lluvia y sobre todo opositaba de verdad por el título. El 13 de julio de 2008 Pedrosa también arriesgó, pero acabó por los suelos, empotrado en la protección del circuito y viendo cómo Stoner ganaba una carrera en la que cedía por más de siete segundos.
Cambia el guión
Si Pedrosa siempre ha apostado por la crítica o la prudencia en sus declaraciones, Rossi siempre ha utilizado sus apariciones en los medios como una oportunidad para sintonizar con el aficionado, picar a rivales y para no dejar duda alguna sobre su seguridad y confianza. “No veo imposible remontar 100 puntos”, sentenció el jueves, cuando Lorenzo le sacaba 104 (ahora son 117). Un reto que empezó mal, bajando de la cuarta a la octava posición. Un hecho comprensible recordando que el pasado 5 de junio sufrió fracturas en el peroné y una fractura abierta en la tibia. Entonces ya corría mermado por una lesión en el hombro que se produjo en una de esas jornadas interminables de motocross que comparte con su amigo Marco Simoncelli, a quien superó en la quinta vuelta. Un giro con el que Il Dottore marcó el mejor tiempo hasta dicho momento y con el que se colocó quinto, por entonces Lorenzo ya había recuperado la primera plaza y rodaba con Pedrosa pegado. La caída de De Puniet cambió el guión de la carrera. Bautista y Espargaró chocaron con la satélite de Honda y la carrera se interrumpió. Ninguno de los tres implicados pudieron participar en la nueva carrera porque no cumplieron con las exigencias del reglamento: presentar la moto en el pit lane cinco minutos después de la bandera roja.
El nuevo GP de Alemania depararía dos últimos grandes duelos: por el primer puesto entre Pedrosa y Lorenzo, y por el tercero entre Stoner y Rossi. “Dani fue mucho, mucho más fuerte que yo. Cuando me pasó intenté rodar tras él, pero era mucho más rápido que yo y tenía que asumir demasiados riesgos”, analizó Lorenzo, que sigue sin ganar en Sachsenring y ahora tiene 47 puntos sobre Pedrosa, que subió al podio con la camiseta de la selección española de fútbol, la que conmemora con una estrella que es campeona del mundo.
“Hay que ser consciente de que es muy difícil remontar la desventaja de puntos”, reconoció Pedrosa, que repartió elogios a su moto, al equipo y se congratuló por haberse podido volver a concentrar tras el parón obligado: “"Te preocupa que no tengas de nuevo el mismo ritmo al arrancar otra vez, pero al final todo ha ido perfecto para nosotros en las dos partes de las carreras”. Seguramente también se acordó de un episodio pasado y doloroso en Sachsenring, cuando tuvo una caída grave cuando rodaba primero bajo la lluvia y sobre todo opositaba de verdad por el título. El 13 de julio de 2008 Pedrosa también arriesgó, pero acabó por los suelos, empotrado en la protección del circuito y viendo cómo Stoner ganaba una carrera en la que cedía por más de siete segundos.
Cambia el guión
Si Pedrosa siempre ha apostado por la crítica o la prudencia en sus declaraciones, Rossi siempre ha utilizado sus apariciones en los medios como una oportunidad para sintonizar con el aficionado, picar a rivales y para no dejar duda alguna sobre su seguridad y confianza. “No veo imposible remontar 100 puntos”, sentenció el jueves, cuando Lorenzo le sacaba 104 (ahora son 117). Un reto que empezó mal, bajando de la cuarta a la octava posición. Un hecho comprensible recordando que el pasado 5 de junio sufrió fracturas en el peroné y una fractura abierta en la tibia. Entonces ya corría mermado por una lesión en el hombro que se produjo en una de esas jornadas interminables de motocross que comparte con su amigo Marco Simoncelli, a quien superó en la quinta vuelta. Un giro con el que Il Dottore marcó el mejor tiempo hasta dicho momento y con el que se colocó quinto, por entonces Lorenzo ya había recuperado la primera plaza y rodaba con Pedrosa pegado. La caída de De Puniet cambió el guión de la carrera. Bautista y Espargaró chocaron con la satélite de Honda y la carrera se interrumpió. Ninguno de los tres implicados pudieron participar en la nueva carrera porque no cumplieron con las exigencias del reglamento: presentar la moto en el pit lane cinco minutos después de la bandera roja.
El nuevo GP de Alemania depararía dos últimos grandes duelos: por el primer puesto entre Pedrosa y Lorenzo, y por el tercero entre Stoner y Rossi. “Dani fue mucho, mucho más fuerte que yo. Cuando me pasó intenté rodar tras él, pero era mucho más rápido que yo y tenía que asumir demasiados riesgos”, analizó Lorenzo, que sigue sin ganar en Sachsenring y ahora tiene 47 puntos sobre Pedrosa, que subió al podio con la camiseta de la selección española de fútbol, la que conmemora con una estrella que es campeona del mundo.
sábado, 17 de julio de 2010
Vinoukurov recupera su crédito donde lo perdió
El abrazo es uno de los gestos más sinceros que existen. Un abrazo por compromiso suele empezar y acabar casi sin contacto, como esos besos al aire, tan absurdos. Pareció sincero, adornado con varios golpes en la espalda, el que se produjo en la meta de Revel entre Alberto Contador y Alexander Vinokourov, dos ciclistas unidos por las circunstancias y cuya carrera cambió por completo en la edición del Tour de 2007. El kazajo fue todo un ejemplo de combatividad y coraje, un gran agitador de la prueba pese a no poder doblar las rodillas, en las que coleccionaba quince puntos de sutura. Y los elogios, y puede que las sospechas, surgieron tras un etapón de Vino con el Peyresourde de por medio y llegada en Le Louron en una jornada en la que Contador atacó seis veces con éxito al líder, Michael Rasmussen. Sólo un día después, el 24 de julio, Vinoukurov y su equipo, el Astana, abandonaron la prueba tras conocerse que el kazajo había dado positivo por transfusión de sangre. Vino sería sancionado con dos años sin competir y Contador, de rebote, quedó perjudicado por el castigo al kazajo, pues meses después fichó por un renovado Astaná, al que el Tour no permitió participar en 2008, cuando Contador, frustrado por no poder defender su corona en París (Rasmussen fue retirado por su equipo, el Rabobank a cuatro etapas del final por mentir sobre su paradero en el pasado), corrió y ganó el Giro y la Vuelta. No hay rencores: “Es como si hubiera ganado yo. Vinokourov está volcado conmigo, él y todo el equipo, así que me alegro de su triunfo como si hubiera ganado yo, me cuesta emocionarme pero hoy estoy emocionado”.
El retorno a la competición de Vinoukurov fue romántico, pura metáfora de cuánto le iba a costar hacerse un hueco entre los mejores y de cuánto iba a sufrir hasta perder el crédito perdido. Así que el 4 de agosto de 2009, en el Criterium de Castillon-la-Bataille, compitió sin patrocinadores y con un maillot diseñado por él mismo. A finales de ese mes el Astana confirmó su fichaje y Vino ya correría la Vuelta, prueba que había ganado ante Alejandro Valverde. Ya en abril de este año se impuso en la clásica Lieja-Bastogne-Lieja por segunda vez en su carrera. Lo había logrado en 2005, fecha de sus últimas dos etapas oficiosas en el Tour, con el que se sentía en deuda. El kazajo fue uno de los protagonistas de la fuga de ayer, cuando Contador atacó y le rebañó diez segundos a Andy Schleck (la diferencia continúa siendo de 31 segundos) y con la colaboración interesada del Columbia (su propósito no era otro que preparar el terreno para otro sprint de Mark Cavendish, privado de los cabezazos auxiliadores de Renshaw y que acabó segundo) frustró la victoria de etapa a un terceto Chavanel, Fedrigo y Flecha que rememoró al ciclismo antiguo y se mantuvo por delante del kilómetro cinco hasta el 185… de 196.
El primero en atacar fue Ballan, ex campeón del mundo de ruta, pero Vino, Luis León Sánchez, Barredo o Cunego intentaron seguirle. Vino impuso su ritmo, superior al resto de perseguidores y logró el objetivo con el que había llegado al Tour: lograr una etapa y volver a figurar en las crónicas por su talento y no por sus maldades. Es consciente que el líder del equipo es Contador y quiere ayudarle todo lo posible para que consiga su tercer Tour. El gesto de Vinokurov golpeándose el pecho con los puños cerrados y subiéndose la cremallera para que las cámaras pueden enfocar y fotografiar la inscripción completa de su equipo al llegar a la línea de meta resultó un acto de agradecimiento y reivindicación. El ciclismo necesita de segundas oportunidades como la de Vino. Una segunda caída del kazajo volvería a dejar muy tocada a esta disciplina con recorridos salvajes y esfuerzos infrahumanos.
El retorno a la competición de Vinoukurov fue romántico, pura metáfora de cuánto le iba a costar hacerse un hueco entre los mejores y de cuánto iba a sufrir hasta perder el crédito perdido. Así que el 4 de agosto de 2009, en el Criterium de Castillon-la-Bataille, compitió sin patrocinadores y con un maillot diseñado por él mismo. A finales de ese mes el Astana confirmó su fichaje y Vino ya correría la Vuelta, prueba que había ganado ante Alejandro Valverde. Ya en abril de este año se impuso en la clásica Lieja-Bastogne-Lieja por segunda vez en su carrera. Lo había logrado en 2005, fecha de sus últimas dos etapas oficiosas en el Tour, con el que se sentía en deuda. El kazajo fue uno de los protagonistas de la fuga de ayer, cuando Contador atacó y le rebañó diez segundos a Andy Schleck (la diferencia continúa siendo de 31 segundos) y con la colaboración interesada del Columbia (su propósito no era otro que preparar el terreno para otro sprint de Mark Cavendish, privado de los cabezazos auxiliadores de Renshaw y que acabó segundo) frustró la victoria de etapa a un terceto Chavanel, Fedrigo y Flecha que rememoró al ciclismo antiguo y se mantuvo por delante del kilómetro cinco hasta el 185… de 196.
El primero en atacar fue Ballan, ex campeón del mundo de ruta, pero Vino, Luis León Sánchez, Barredo o Cunego intentaron seguirle. Vino impuso su ritmo, superior al resto de perseguidores y logró el objetivo con el que había llegado al Tour: lograr una etapa y volver a figurar en las crónicas por su talento y no por sus maldades. Es consciente que el líder del equipo es Contador y quiere ayudarle todo lo posible para que consiga su tercer Tour. El gesto de Vinokurov golpeándose el pecho con los puños cerrados y subiéndose la cremallera para que las cámaras pueden enfocar y fotografiar la inscripción completa de su equipo al llegar a la línea de meta resultó un acto de agradecimiento y reivindicación. El ciclismo necesita de segundas oportunidades como la de Vino. Una segunda caída del kazajo volvería a dejar muy tocada a esta disciplina con recorridos salvajes y esfuerzos infrahumanos.
martes, 13 de julio de 2010
Lágrimas de Evans en un Tour repartido entre Andy Schleck y Contador
Al contrario del anterior y empezado el segundo tercio, este Tour ya funciona como debe, con la crueldad de un concurso de talentos: por pura selección. Hay muchos jueces, internos y externos: el calor, insoportable, los Alpes, la resistencia, la constancia y, por supuesto, la debilidad. En las últimas tres etapas ha habido tres líderes y otros tantos aspirantes a, cuanto menos, una plaza de podio en París corren ahora sin mayor ilusión que completar el tortuoso recorrido por amor propio. El domingo, en la última etapa de la primera parte de la grande boucle, Lance Armstrong acaparó los flashes y los titulares por un motivo inédito. Por primera vez desde su primer Tour victorioso, el de 1999 y que supuso el inicio de sus siete años de reinado, tuvo una pájara, se mostró vulnerable incluso a la desgracia, pues se cayó dos veces y a punto estuvo de hacerlo una tercera. Magullado y con el maillot lleno de cortes y agujeros, Armstrong llegó a la meta de Morzine a 11m 35s de Contador y a diez segundos más de Andy Schleck, el nuevo maillot amarillo, que le había sacado esa ventaja más psicológica que significativa al bicampeón. “Esto me de confianza”, advirtió el luxemburgués. “Hay que medir los esfuerzos y no salir a todos los ataques”, razonó Contador, que antes sí había frustrado los intentos de Kreuziger y Van den Broeck. Resultó la primera lucha de poderes entre los dos máximos aspirantes al Tour, que corroboraron dicha condición tras la jornada de descanso de ayer lunes, en plena ascensión a La Madeleine y con la inestimable colaboración de esa figura tan fundamental (y poco valorada popularmente): el gregario. Las piernas de Paolo Tiralongo y Dani Navarro, ambos al servicio de Contador en el Astana, provocaron que Cadel Evans se despidiese del maillot amarillo –se lo arrebató la cita anterior a Sylvain Chavanel, que también lo llevó un día tras quitárselo a Fabian Cancellara, desfondado– y del podio. El australiano, actual campeón del mundo en ruta, lloró a la llegada a meta en los brazos de un compañero y después ante miembros de su equipo, el BMC, ante los que no encontró respuesta posible –se comunicó después que corrió con una fisura en el codo izquierdo– para explicar su desgracia: perder 8m 09s con respecto al ganador de la etapa, el fogoso Sandy Casar, vencedor al sprint ante el español Luis León Sánchez. Contador y Schleck llegaron juntitos a dos segundos. Algo menos perdió el campeón del Tour de 2008, Carlos Sastre, que cedió 7m 11s respecto a Contador y ahora sólo aspirará a a ser protagonista de alguna escapada.
Como cualquier evento deportivo por capítulos, la carrera no concluye en el asfalto, sino que fuera de él continúa sin tregua. “He cogido tiempo a algunos de los rivales directos (49s a Samuel Sánchez, 2m 05s a Levi Leipheimer y Robert Gesink, 2m 08 a Denis Menchov o 2m 48s a Ivan Basso), y eso es importante, pero está claro, como ya he dicho en algunas ocasiones que la rueda a seguir es la de Andy Schleck”, analizó Contador, segundo a 41s en la general y exigido de nuevo por ese rival al que tanto respeta y que le atacó dos veces sin éxito, mientras Samuel Sánchez intentaba conectar con ellos. El asturiano coronó La Madeleine sin más compañía que sus piernas y se colocó tercero en la clasificación a 2m 45s.
Vestido con su flamante maillot amarillo, el primero de su brillante y corta carrera, Andy Schleck utilizó un discurso directo y contundente: “Veo a Alberto Contador con altibajos y esa sensación mía espero que se confirme cualquier día. Sólo tengo un hombre al que mirar”.
El detalle de Jose Iván Gutiérrez
A siete kilómetros para la cima La Madeleine fue cuando Evans quedó sin opciones y cuando la carrera empezó a seleccionarse todavía más. Hasta que Andy Schleck y Contador se quedaron solos y empezaron a reducir las distancias con los escapados, los supervivientes de un grupo de 12 corredores que habían iniciado su asada aventura al principio de una interminable etapa de 204’5 kilómetros. Primero alcanzaron a Jose Iván Gutiérrez, que tuvo el detalle de darle su bidón a Contador, pese a que no comparten equipo. Metros después el alcanzado sería Jens Voigt, incapaz de alcanzar el ritmo que le exigió su líder de filas, Schleck, que de nuevo se marchó con Contador para coger la rueda de Christophe Moreau, uno de los tres franceses (junto con Anthony Charteau y Jerome Pineau que lideran el maillot de la montaña con 85 puntos). Contador y Andy Schleck los dejaron atrás y cazaron a Jens Voight, al que le exigieron un ritmo infernal.
Moreau, Andy Schleck y Contador conectaron con los cuatro supervivientes de la fuga en el kilómetros final, pero no quisieron opositar por el triunfo final, logrado por Casar, que festejó su tercera victoria en el Tour, la segunda celebrada in situ tras la lograda por la descalificación de Astarloza. A Evans le quedaban todavía unos kilómetros para lamentarse y torturarse, mientras que Andy Schleck y Contador se daban la mano. A partir de ahora la victoria final es casi cuestión exclusiva de ellos.
Vestido con su flamante maillot amarillo, el primero de su brillante y corta carrera, Andy Schleck utilizó un discurso directo y contundente: “Veo a Alberto Contador con altibajos y esa sensación mía espero que se confirme cualquier día. Sólo tengo un hombre al que mirar”.
El detalle de Jose Iván Gutiérrez
A siete kilómetros para la cima La Madeleine fue cuando Evans quedó sin opciones y cuando la carrera empezó a seleccionarse todavía más. Hasta que Andy Schleck y Contador se quedaron solos y empezaron a reducir las distancias con los escapados, los supervivientes de un grupo de 12 corredores que habían iniciado su asada aventura al principio de una interminable etapa de 204’5 kilómetros. Primero alcanzaron a Jose Iván Gutiérrez, que tuvo el detalle de darle su bidón a Contador, pese a que no comparten equipo. Metros después el alcanzado sería Jens Voigt, incapaz de alcanzar el ritmo que le exigió su líder de filas, Schleck, que de nuevo se marchó con Contador para coger la rueda de Christophe Moreau, uno de los tres franceses (junto con Anthony Charteau y Jerome Pineau que lideran el maillot de la montaña con 85 puntos). Contador y Andy Schleck los dejaron atrás y cazaron a Jens Voight, al que le exigieron un ritmo infernal.
Moreau, Andy Schleck y Contador conectaron con los cuatro supervivientes de la fuga en el kilómetros final, pero no quisieron opositar por el triunfo final, logrado por Casar, que festejó su tercera victoria en el Tour, la segunda celebrada in situ tras la lograda por la descalificación de Astarloza. A Evans le quedaban todavía unos kilómetros para lamentarse y torturarse, mientras que Andy Schleck y Contador se daban la mano. A partir de ahora la victoria final es casi cuestión exclusiva de ellos.
lunes, 12 de julio de 2010
España alcanza la excelencia mundial
“¡Bravo! ¡Bravo! ¡Muy bien! ¡Muy bien!”. Vicente del Bosque aplaudió para reforzar su mensaje, dirigido a los colegiados. El hombre tranquilo, diplomático y paternalista no pudo mantener la compostura ante la permisividad de Howard Webb y respondió como nunca: con ironía, desencajado. Del Bosque no entendía muchas cosas, como por qué Heitinga no era expulsado tras el atropello a Villa y tampoco podía olvidar cómo De Jong seguía campando a sus anchas después de marcarle los tacos a Alonso en el pecho. El seleccionador español parecía otro, pero en el momento clave se reconoció. Su reacción en el instante más importante de la historia de la España de fútbol fue la habitual: se dejó abrazar y no cambió su cara rostro serio. Hubiese preferido escapar de ese momento para que el éxito quedase reducido a los jugadores, a los que después de la entrega de la Copa del Mundo, calificó como “magníficos” y fantásticos”. Del Bosque tuvo un detalle para todos, suplentes, titulares y revulsivos. “Encarnan valores muy humanos, atemporales”, prosiguió, emocionado. Si hablar de él. Tal y como se había comportado tras la secuencia eterna: centró Torres, rechazó como puso Van der Vaart y Cesc se hizo con el balón para centrar a Iniesta y que éste cruzase el balón, inalcanzable para Stekelenburg. La jugada que sentenció una final tensa, intermitente y absolutamente pasional en que España fue campeona del Mundo por primera vez en Sudáfrica ante una Holanda que perdió la tercera final de su historia. El tanto de Iniesta engrandeció el legado de la mejor generación española, triunfadora en 2008 en la Eurocopa. Un gol que tiene día eterno, el 11 de julio de 2010, y minuto: el 115.
Por los “valores atemporales” que mencionaba del Bosque podemos entender muchas cosas. Inmenso estuvo Iniesta, MVP del partido, celebrando el gol más importante de su vida con la selección quitándose la camiseta y mostrando la interior con un mensaje escrito en rotulador azul: “Dani Jarque siempre con nosotros”. Un homenaje a uno de sus grandes amigos, el defensa del RCD Espanyol, fallecido en Italia hace casi un año: “Creo que nos ha dado fuerza a todos. No pude rendirle un homenaje en su momento y pienso que ésta era la oportunidad para hacerlo”. También Ramos y Navas se pusieron después una camiseta con el número 16 y la fotografía de Antonio Puerta, su ex compañero en el Sevilla, que nos dejó hace tres veranos.
“Esas terribles faltas”
España se sobrepuso a su historial, al corto recorrido en los Mundiales, donde hasta ahora nunca había pasado de cuartos, y supo jugar como los equipos curtidos, con oficio y un partido que Holanda siempre quiso trabar con faltas tácticas, varias criminales, con siete amonestados y uno de ellos expulsado, Heitinga, por doble amarilla tras un agarrón a Iniesta. Lo reconoció incluso el técnico holandés, Van Marwijk, que se justificó: “Cometer esas terribles faltas no es parte de nuestro juego. Es una final del Mundial y hay que ver el resto del torneo. Creo que ambos equipos, también España, cometimos faltas duras”. La presión hombre a hombre y la dureza fueron los grandes argumentos de una Holanda que ha perdido estética para ganar en eficacia. Le funcionó para superar a Brasil en dos jugadas y a la combativa Uruguay con un gol en fuera de juego, pero no le bastó ante la selección española. Sí que es cierto que los ‘oranje’ estuvieron a punto de encontrar premio a su propuesta en dos acciones de Robben, el jugador que parecía de cristal y que con dieta milagrosa de por medio está entre los mejores. Podría haber sido la jugada decisiva, pero en el momento de la verdad el atleta holandés no supo concretar bien y Casillas despejó con el tacón de la bota, mientras su cuerpo, irremediablemente, se iba justo hacia el lado contrario. Holanda había sido honrada desde el primer momento con su idea: buscaba una contra con Robben. Las formas no le importaban, pues su jugador más creativo, Sneijder, estuvo gris, nada que ver con el torneo que se había marcado hasta ahora.
El tremendo éxito colectivo de España tiene gran parte de particular en el trabajo impagable de Busquets, la contundencia de Puyol y Piqué, el descaro de Capdevila, la magia de Xavi e Iniesta… O los goles de Villa, cruciales para superar la primera fase, los recambios, como Llorente, Pedro, titular también en la final, aunque estuvo impreciso, o Cesc, autor de la asistencia a Iniesta. Del Bosque destacó que la entrada del jugador del Arsenal por Xabi Alonso dio “más profundidad” al equipo. Aunque España ya había mejorado antes, coincidiendo con la entrada de Navas por el propio Pedro. El último cambio, Torres por Villa, antes de empezar la segunda parte de la prórroga volvió a corroborar que el delantero del Liverpool llegó demasiado justo al Mundial. La selección rompió dos estadísticas históricas: es la primera que consigue ser campeona del mundo después de perder el primer partido y también la única europea en coronarse fuera de su continente. Momentos que también hizo posibles el líder del grupo. Un líder de los buenos, que lo es por naturaleza, que no se ofusca para serlo como sea: Casillas, que también amargó a Robben salvándole una desde fuera del área. Ha estado siempre en la pomada: en octavos reaccionando ante los efectos extraños del Jabulani, en cuartos parándole un penalti a Cardozo, en semifinales frustrando a Kroos y en la final frustrando a Robben, el único inquietante de los holandeses. Emocionado, Casillas ya lloraba antes del final de la prórroga y tampoco pudo contenerse en la entrega de la Copa por parte del presidente de Sudáfrica, Jacob Zuma, y del titular de la FIFA, Joseph Blatter. Y menos cuando le entrevistó Sara Carbonero en Telecinco. El capitán se acordó de los que siempre le han apoyado, de su familia, de su hermano… Y se lanzó a darle un beso a la periodista, su pareja sentimental.
Por cuarto Mundial consecutivo se cumplió que el Balón de Oro recayese en un jugador que no resultó campeón. Lo ganó el delantero uruguayo Diego Forlán, máximo goleador del Mundial con cinco goles empatado con Sneijder (Balón de Plata), Villa (Balón de Bronce) y Müller, nombrado mejor joven. Forlán emula a Ronaldo (1998), Kahn (2002) y Zidane (2006).
domingo, 11 de julio de 2010
Webber se reivindica como número uno de Red Bull y Alonso se aleja del Mundial en Silverstone
“Para ser el número dos no está nada mal ganar en Silverstone. No está nada mal”, soltó Mark Webber por la radio interna tras completar la última vuelta. Más que un comentario fue un golpe sobre la mesa por cuanto había acontecido horas antes, por haber sido ninguneado cuando le quitaban un alerón delantero nuevo para ponérselo a su compañero Sebastian Vettel, que había destrozado el suyo en la sesión libre de la mañana. Una ofensa que motivó más si cabe para el GP de Gran Bretaña a Webber, a quien, por supuesto, no le convencieron las excusas para justificar la decisión del director de Red Bull, Christian Horner, que defendió que, aunque resultase incómodo, la escudería tenía que beneficiar a quien llevaba más puntos en la clasificación. Un camino alternativo para proclamar que el líder del equipo era Vettel. Siguiendo esa regla de tres, Webber se ha ganado temporalmente su consideración de número uno de Red Bull con su tercer triunfo del curso, más que nadie, en Silverstone y con una puesta en escena fantástica, pues en los primeros metros supo cómo superar a Vettel y cómo cerrarle el camino después. El alemán acabó tocando con Lewis Hamilton (segundo; tercero fue Nico Rosberg), saliéndose del trazado y pasando la primera vuelta en última posición. Una situación que Vettel logró minimizar finalizando séptimo y sumando seis puntos. Ninguno se llevaron los dos Ferrari: Felipe Massa finalizó 15º y Fernando Alonso, 14º. El asturiano se aleja del Mundial con 47 puntos de desventaja sobre el líder, Hamilton, y, en una acción menos vistosa que la de los Red Bull, se tocó con su compañero, que salió peor parado y tuvo que ir a boxes. La carrera de Alonso acabó cuando fue sancionado con un drive through por adelantar fuera de trazado a Robert Kubica y sobre todo, por cuándo se vio obligado a cumplir el castigo, después de la retirada del coche de seguridad, que entró en escena para que se pudiesen retirar los restos del alerón del Sauber de Pedro Martínez de la Rosa, que tuvo que abandonar como Jaime Alguersuari.
Superado el ecuador del curso, Alonso y Ferrari no están a la par en cuanto a prestaciones de los Red Bull y McLaren, por mucho que el bicampeón le ganase la partida a Hamilton en la calificación. Fue empezar el GP de Gran Bretaña y empezar el caos para la escudería de Maranello, frustrada por la colisión de sus dos pilotos. Alonso pasó del tercer lugar al séptimo, mientras que Massa, como Vettel, pasó por boxes y cambió los neumáticos: blandos por duros. El baile de visitas a boxes colocó a Alonso por detrás de su amigo Kubica, a quien superó en una acción irregular y que luego tuvo que retirarse. Ni Alonso ni Ferrari tomaron la determinación de rectificar. El bicampeón dio su versión: “No hubo discusión. Nos tocamos, los dos nos salimos un poco de la trayectoria de la curva y pensamos que todo se había acabado ahí”. Y esta vez y, a diferencia de lo sucedido en Valencia, aceptó la decisión de los comisarios, anunciada nueve vueltas después de la acción: “Ellos son los árbitros y la próxima vez lo tenemos que hacer mejor”.
“El campeonato es muy largo”
La aparición del coche de seguridad frustró las aspiraciones de Alonso –“en la segunda mitad del campeonato vamos a intentar hacerlo mejor que los demás para conseguir un punto más de los que nos sacan ahora mismo. El campeonato es muy largo”– y tranquilizó a Webber, inquieto hasta entonces por los problemas que tenían sus neumáticos delanteros. “He aprovechado el momento para refrescar las ruedas”, se sinceró el piloto de Red Bull, inalcanzable para Hamilton, que felicitó a su rival y a su compañero de equipo, Jenson Button, que realizó una remontada meritoria: partió 14º y acabó 4º y es segundo con 133 puntos por los 145 de Hamilton y los 121 de Vettel, que reconoció haber “tocado” con el británico en la salida.
Silverstone es un trazado mítico. Inaugurado en 1948 después de su obligada adaptación por haber sido utilizado como campo aéreo por la RAF durante la Segunda Guerra Mundial. Un escenario que tiene una curiosa estadística. El 40% de cuantos ganaron la prueba fueron campeones al final del curso. Y ése es el sueño de Webber, probablemente al que menos se tiene en cuenta de los aspirantes. “He estado muy cuidadoso en la curva”, dijo sobre su incidente con Vettel, que le arruinó la carrera en Turquía. Su cara tras cruzar la línea de meta sería impagable. No se la vimos por el casco, pero no se pudo callar el comentario. Webber también aspira a ser el mejor de una temporada que ya ha alcanzado el ecuador.
Superado el ecuador del curso, Alonso y Ferrari no están a la par en cuanto a prestaciones de los Red Bull y McLaren, por mucho que el bicampeón le ganase la partida a Hamilton en la calificación. Fue empezar el GP de Gran Bretaña y empezar el caos para la escudería de Maranello, frustrada por la colisión de sus dos pilotos. Alonso pasó del tercer lugar al séptimo, mientras que Massa, como Vettel, pasó por boxes y cambió los neumáticos: blandos por duros. El baile de visitas a boxes colocó a Alonso por detrás de su amigo Kubica, a quien superó en una acción irregular y que luego tuvo que retirarse. Ni Alonso ni Ferrari tomaron la determinación de rectificar. El bicampeón dio su versión: “No hubo discusión. Nos tocamos, los dos nos salimos un poco de la trayectoria de la curva y pensamos que todo se había acabado ahí”. Y esta vez y, a diferencia de lo sucedido en Valencia, aceptó la decisión de los comisarios, anunciada nueve vueltas después de la acción: “Ellos son los árbitros y la próxima vez lo tenemos que hacer mejor”.
“El campeonato es muy largo”
La aparición del coche de seguridad frustró las aspiraciones de Alonso –“en la segunda mitad del campeonato vamos a intentar hacerlo mejor que los demás para conseguir un punto más de los que nos sacan ahora mismo. El campeonato es muy largo”– y tranquilizó a Webber, inquieto hasta entonces por los problemas que tenían sus neumáticos delanteros. “He aprovechado el momento para refrescar las ruedas”, se sinceró el piloto de Red Bull, inalcanzable para Hamilton, que felicitó a su rival y a su compañero de equipo, Jenson Button, que realizó una remontada meritoria: partió 14º y acabó 4º y es segundo con 133 puntos por los 145 de Hamilton y los 121 de Vettel, que reconoció haber “tocado” con el británico en la salida.
Silverstone es un trazado mítico. Inaugurado en 1948 después de su obligada adaptación por haber sido utilizado como campo aéreo por la RAF durante la Segunda Guerra Mundial. Un escenario que tiene una curiosa estadística. El 40% de cuantos ganaron la prueba fueron campeones al final del curso. Y ése es el sueño de Webber, probablemente al que menos se tiene en cuenta de los aspirantes. “He estado muy cuidadoso en la curva”, dijo sobre su incidente con Vettel, que le arruinó la carrera en Turquía. Su cara tras cruzar la línea de meta sería impagable. No se la vimos por el casco, pero no se pudo callar el comentario. Webber también aspira a ser el mejor de una temporada que ya ha alcanzado el ecuador.
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