jueves, 15 de mayo de 2014

La doble torpeza del portero

Helena Costa. 

Puede que las seis porterías del patio estuviesen ocupadas, pero el caso es que jugamos con unas señaladas con chaquetas. El gol más recordado del partido no tardó en llegar: salida temeraria del portero, quien escribe estas líneas, y vaselina perfecta de Lourdes. Golazo. Mientras la delantera daba botes para festejarlo, el resto se centró en la torpeza del guardameta.


Aquello fue un trauma infantil durante años, hasta que supe valorar a la mujer deportista, dejar de compararla con el hombre, y aprender a disfrutar de su talento. En aquellos tiempos, o al menos en aquel patio, que te marcase una niña se vendía como una humillación. Casi ninguna jugaba al fútbol.

Ahora ese patio, como tantos otros, ha cambiado, aunque todavía queda mucho camino por recorrer, empezando por la base, pues hay muchas jóvenes deportistas que tienen a los chicos como únicos referentes. Queda lejos que la presencia de una mujer entre hombres no sea noticia. De Eva Carneiro, fisioterapeuta del Chelsea, se elogia más su busto que su ocupación, y parece un milagro que Helena Costa se haya convertido en la primera entrenadora de fútbol masculino profesional en Francia. Ojalá haya muchas Helenas y, por supuesto, muchísimas Lourdes, y sobre todo se valoren sus méritos.

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