lunes, 28 de enero de 2008

Maria Sharapova: más allá de gritos de doble sentido

Maria Sharapova sonríe con el Abierto de Australia, su tercer Grand Slam -EFE.

Irrumpió a voces en todas las televisiones del mundo. Sus gritos, mezcla de esfuerzo y doble sentido, la hicieron famosa en Wimbledon en 2003. Pero ya entonces, con 16 años y dos meses, Maria Sharapova (Nyagan, Siberia, Rusia, 1977) quiso desmarcarse del prototipo de tenista de pasarela: "¿Kournikova? Sólo me preocupo de mí misma y no intento parecerme a nadie. Hacer de modelo es aburrido". Asumía Sharapova que para muchos su imagen, piernas largas y cara angelical, era lo único importante.

"Soy tenista, sólo soy eso", se ha cansado de repetir durante su carrera la tenista rusa, también conocida como Ave Maria o La reina del grito. Pero Sharapova ha sabido explotar su belleza, así que tiene su propio perfume y acumula contratos publicitarios multimillonarios con Prince, Canon, Colgate, Nike, Land Rover o PepsiCo. Y sobre todo gana. Con 20 años ya acumula tres Grand Slams, el último, el
Abierto de Australia, logrado ante la serbia Ana Ivanovic (7-5 y 6-3) en la madrugada de sábado. Un título que le apetecía especialmente tras perder la final de 2007 ante Serena Williams en una hora y tras ganar sólo tres juegos. En 2006, ante la misma rival, Sharapova desperdició hasta tres pelotas de partido y perdió en semifinales, como en 2005 ante Justine Henin.

Discurso casi perfecto

"Chillo más de lo corriente", dijo, divertida y relajada, Sharapova poco después de ganar el Abierto de Australia. Su discurso fue casi perfecto: elogió a su rival -"Ana tiene un gran futuro y espero que juguemos muchas finales más"-, homenajeó a la madre de su entrenador, recientemente fallecida -"cambió mi visión sobre la vida"- y felicitó el cumpleaños a su madre -"hoy es su día, le regalaré un ramo de flores"-. El encuentro fue una demostración de la fortaleza que la llevó al número 1 en el pasado: ganó seis juegos en blanco y tuvo un 89% de eficacia en primeros servicios y un 70% en segundos. Ivanovic, con 33 errores no forzados, fue la perdedora de un encuentro plano de puntos rápidos y casi sin réplica.

No pudo reprimir las lágrimas Sharapova. Necesitaba un triunfo así tras un año tan complicado como el 2007, que empezó con la derrota ante Serena Williams en la misma pista de Melbourne y en el que incluso pensó en la retirada por su lesión en el hombro. La tenista rusa sólo jugó 47 partidos y ganó un torneo menor, el de San Diego. De hecho, sólo disfrutó en el Másters, al que llegó por la enfermedad de Venus Williams y del que salió tremendamente reforzada tras perder la final más excelente de la década ante Henin, a la actual número uno.

Navratilova, su descubridora

Vive tremendamente rápido Sharapova, que con 20 años sólo le falta por ganar un Grand Slam, Roland Garros. De su mejoría en el juego de piernas dependerá que lo consiga o no. Si llega ese éxito enorgullecerá a su seguidora más famosa, a su descubridora a fin de cuentas. Martina Navratilova quedó sorprendida con las aptitudes de Sharapova en un torneo de exhibición en Moscú, donde la checa nacionalizada estadounidense dirigía un curso de tenis. Navratilova vio un prodigio por moldear en aquella niña de seis años, así que se reunió con los padres y les recomendó que se la llevaran a Estados Unidos. Sólo allí podría triunfar.

Hizo un gran esfuerzo económico su familia y su padre, Yuri Sharapov, un humilde obrero, se llevó a su hija a Bradenton (Florida) para inscribirla en la academia Bollettieri. El riesgo del progenitor no tardó en ser rentable: la firma IMG se ofreció a patrocinarla y a costear los 35.000 dólares anuales que costaban las clases.

Dos años sin ver a su madre


"Me pasé dos años sin ver a mi madre (por problemas de visado) y viviendo en un mundo distinto", comentaba Sharapova al dominical EP[S] en septiembre de 2006. "Nadie me dijo que tenía que ser dura, que debía ser una luchadora, pero no tenía más que mirar a mis padres. Trabajaron por cada cosa que tuvieron", proseguía.

Su ascenso era cuestión de tiempo. Con 13 años, con un cuerpo desgarbado, Sharapova ganaba con facilidad a chicas tres años mayores. Con 16 años y dos meses llegó a los octavos de final de Wimbledon, donde perdió ante Svetlana Kuznetsova. Y poco después ganó su primer torneo WTA en Tokio, tanto en individual como en dobles. Acabó el 2003 como 32º del mundo y fue nombrada mejor debutante.

"Ver nacer a una estrella"

El año siguiente, el 2004, fue el su incursión en la élite, de la que no se ha movido nunca. En Londres Sharapova se convirtió en la segunda campeona más joven, sólo superada en precocidad por la suiza Martina Hingis. Rafael Ramos, en La Vanguardia, se mojaba por completo: "En el deporte hay pocas ocasiones tan emotivas como ver nacer a una estrella, ya sea Wayne Rooney o Sharapova, y ésa es la buena nueva que ocurrió ayer en la pista central del All England Club". Sharapova acabaría la temporada como número cuatro del mundo tras ganar el Másters en Los Ángeles a su eterna enemiga, Serena Williams, a la que también había superado en Wimbledon.

Estaba cerca el número uno para Sharapova, que acabaría lográndolo por primera vez el 22 de agosto de 2005. Desbancando a la estadounidense Lindsay Davenport, aunque sólo fuese por una semana. Volvió a lo más alto tras llegar a las semifinales del US Open ante Kim Clijsters. Esta vez la rusa aguantó como mejor tenista del mundo seis semanas.


En 2006 ganó en Indian Wells, San Diego, Zúrich y Linz. Pero sobre todo se impuso en el US Open, su segundo Grand Slam, ante Henin, quien se vengó en las semifinales del Másters y le impidió acabar el año como nuevo uno. Sí que lo sería efímeramente en 2007 por la renuncia a participar de la propia Henin y a pesar de su derrota en la final ante Serena Williams. Ahora, en Melbourne, Sharapova ha ganado su tercer Grand Slam. Dice que ha aprendido a sufrir y que tiene mejor humor. Se tome a broma las protestas de sus rivales por sus gritos de doble sentido. Por mucho que algunos se empeñen, ella es más que eso.

domingo, 27 de enero de 2008

Grimau engrandece al Barça ante un DKV Joventut sin identidad (85-74)

Grimau, que anotó 23 puntos, presiona a Sonseca -EFE.

Hay jugadores, pocos, a los que el deporte les importa de verdad. Salen motivados y continúan así, abstraídos por la responsabilidad y sin relajarse, hasta que se acaba el partido. Para ellos el básket no es una anécdota, es más bien su vida. Posiblemente el capitán del Barça Roger Grimau sea el gran exponente de ese perfil de profesional en la Liga ACB. Con más acierto o menos precisión, su actitud en la pista siempre es la misma. No se deja confundir cuando el equipo desconecta y roza (y hace) el ridículo como ante el Murcia, el Gran Canaria o el Lottomatica. Grimau había sido el único jugador decente del equipo en las últimas cinco derrotas consecutivas, el peor balance del club en 40 años.

Harto de muchas promesas y de aún más cambios de jugadores cada año, el Palau había explotado el miércoles. Quería soluciones de inmediato y pedía la dimisión de Dusko Ivanovic, al que nunca ha comprendido ni apreciado. El rival, el DKV Joventut, era sin duda era un reto mayor para que el equipo reaccionase, porque se presentaba con Rudy Fernández como máximo anotador del campeonato (acabó con 27 puntos) y había ganado con demasiada facilidad los dos partidos de este curso, en la Lliga Catalana y en Liga en Badalona (+44).

Grimau, con 23 puntos (9/10 en tiros de dos y 0/1 en triples), acabó por contentar al Palau, que le ovacionó cuando a nueve segundos del final fue eliminado por faltas. El escolta azulgrana fue el gran responsable de un triunfo balsámico (85-74) que permite al Barça igualar a 13 triunfos con su rival y quedarse a un triunfo del segundo clasificado, el Iurbentia Bilbao, que perdió en su visita a Granada (97-81).

Rol de secundario

Cuesta entender por qué Ivanovic no incluye en el quinteto inicial a Grimau, que esta temporada promedia 10 puntos en la competición doméstica y suele encadenar dos o tres jugadas que cambian el ritmo y el rumbo del encuentro. Es el capitán un recambio de calidad y parece que el técnico montenegrino, pase lo que pase, seguirá dándole ese rol de secundario. “Intento hacer lo que puedo”, comentaba, humilde, Grimau a nuestra compañera de TVE Virtudes Fernández. Se restaba méritos tras realizar su partido más completo desde que está en el Barça y quedarse a tan sólo tres puntos de su mejor marca en la ACB (26), que logró en la sexta jornada de la temporada 2001-2002 ante el CB Granada (9 de 18 en tiros de campo). Entonces, más que el ídolo del Caprabo Lleida era el icono indiscutible.

Tiene Grimau la cualidad de los genios sin serlo realmente. No es un jugador espectacular, pero este curso es tremendamente efectivo (43% en triples en ACB y un 67% en tiros de dos) y es capaz de cambiar el encuentro en un plis plas. Volvió a demostrarlo el capitán azulgrana ante el DKV Joventut, cuando Jagla anotó su único triple y firmó la máxima renta de su equipo (20-23, minuto 11). Entonces, en poco más de dos minutos, Grimau culminó cuatro contras y asistió a Ilyasova para firmar un parcial excelente de 12-0 (32-23, a los 14').

Sin rebote, sin identidad

¿Qué hacía el DKV Joventut? Realmente parecía otro equipo. Ni practicaba su juego alegre y espectacular a partes iguales ni demostraba ser el conjunto que menos pelotas pierde. En todo el segundo período tan sólo acumulaba dos tiros, ambos desde 6'25, y no había capturado ni un solo rebote. Aíto pidió tiempo muerto por supervivencia y siguió intercambiando defensas zonales, que no se le atragantaron al Barça, genial en el triple (5/6 en la primera parte) y poderoso en el juego interior, con Ilyasova y Marconato como referencias.

Sólo Rudy estaba capacitado para romper esa nefasta racha. El escolta catalán, futura estrella de la NBA, anotó un dos más uno y un triple al límite de la posesión que equilibró el partido (38-34, minuto 16). Pero Marconato e Ilyasova impulsaron a al Barça, que llegó al descanso con su mejor balance esta temporada: 49 puntos por 37 de su rival.

¿100 puntos?

¿Algún equipo llegaría a 100 puntos? Pronto se demostró que no. Porque en la reanudación, por momentos, el encuentro se convirtió en un cúmulo de jugadas a medias, pérdidas infantiles y recuperaciones lógicas. De los vistosos y contundentes ataques de la primera parte se pasó a un entrenamiento entre colegas. El Barça, por ejemplo, sólo anotó cuatro puntos en el tercer período y tardó 4'50'' en anotar anotar su canasta en juego. Sólo Grimau logró anotar, con un palmeo y dos tiros libres. El balance en el tercer cuarto (1 de 14 en tiros de campo) fue nefasto.

No supo aprovechar el grupo de Aíto la incapacidad ofensiva de su rival y sólo parecía querer tirar desde 6'25, su gran recurso siempre, su gran error ayer (11 de 28). Hasta nueve triples intentó el DKV Joventut: anotó el primero Rudy y los dos últimos Barton (desconocido y casi testimonial) y Mallet (2/6 desde esa distancia y que en la primera parte había acumulado tres personales en un minuto). El conjunto visitante redujo distancias (53-49, minuto 30).

Surge Ricky

Volvió la mejor versión de Grimau. Otra vez cambió el ritmo, con un par de penetraciones consecutivas. Se resistió el DKV Joventut, por fin con un descarado Ricky Rubio, que con con un dos más uno acercó a tan sólo tres puntos a su equipo (59-56 a 7'23'' del final).

A partir de ahí el partido transcurrió entre lanzamientos de tres. Hasta cinco seguidos se anotaron. Dos fueron de Lakovic (13 puntos y 3/4 en triples), que otra vez supo aparecer en el momento decisivo. Sólo Rudy respondió y con otro lanzamiento desde 6'25 puso el 73-70 a 2'17''.

En esa acción de Rudy se acabó la respuesta del grupo de Aíto, que se refugió en los triples y no tuvo acierto. Ilyasova (12 puntos, 3/4 en tiros de dos y 2/3 en triples) hizo un mate a una mano de videoteca y Grimau transformó dos tiros libres (77-70, a 1'51''). El Palau gritaba Ilyasova! ¡Ilyasova!", algo inédito e irreal hace unas semanas cuando el turco fallaba antes de tirar. Su compañero Alex Acker, que otra vez fue titular, no estuvo a la altura. Lo mejor, sus seis rebotes. El escolta estadounidense anotó su única canasta para cerrar el primer parcial de 9-2 (minuto 2), en unos primeros minutos casi exclusivos para los pívots, una rareza en el Barça, que suele sostenerse por su perímetro y en el que sus jugadores interiores no aportan demasiados puntos. Jugaba rápido y bien el grupo de Ivanovic, con un Trias descarado, más cercano a la Copa del Rey de Málaga que le encumbró que al jugador dubitativo de los últimos partidos.

Una asistencia de Grimau a Basile permitió a Basile, solo, anotar un triple que sentenciaba más el partido a 33''. Y cuando el capitán fue excluido se llevó la ovación del Palau. Al público le encantan los jugadores así, tan implicados, tan raros.

jueves, 24 de enero de 2008

El Lottomatica replantea la viabilidad del tercer proyecto de Ivanovic

Lakovic, en la imagen ante Lorbek, tan sólo anotó ocho puntos- EFE.

¿Hacia dónde va este Barça? ¿En qué consiste el tercer proyecto de Dusko Ivanovic? ¿Este curso también es de transición? El Palau, los seguidores azulgrana y del básket en general se lo plantean desde hace tiempo, pero hasta finales de diciembre el equipo desmentía a los incrédulos con resultados. El conjunto azulgrana peleaba con el Panathinaikos por la primera plaza en la Euroliga y también estaba siempre cerca del primer puesto en la Liga ACB. Formaba parte los mejores pese a jugar a un ritmo inconstante, más cerca de la improvisación que de la lucha, del caos que del orden mínimo. Ganaba y a veces tenía carácter y rozaba la excelencia, como en los partidos en casa ante Tau y Real Madrid.

Ahora, a finales de enero, a punto de disputarse la Copa del Rey de Vitoria parece que cualquier equipo pueda superarle. Ahora ni el Palau es una pista inexpugnable. Volvió a demostrarlo el Lottomatica de Roma, un equipo sin estrellas y con cierta calidad en el perímetro, que ganó 75-77 y camina hacia el top 16. Difícimente el Barça acabará segundo de grupo porque difícilmente el Real Madrid perderá mañana ante el débil Chorale Roanne. Es la quinta derrota consecutiva y el sábado Rudy Fernández y su DKV Joventut aún pueden empeorar las cosas.

El pasado

Tuvo el Barça líderes en el pasado y fue grande, así que la previa del partido se convirtió en un homenaje de la Euroliga a ocho jugadores y un entrenador que engrandecieron al club azulgrana. Así, recogieron su placa los Dueñas, Solozábal, Epi, Flores, Aíto, también como Bodiroga, De la Fuente y Fucka, los tres ahora en el Lottomatica -el serbio en la dirección técnica-. En la lista de premiados no estaba Pesic, al fin y al cabo, el último entrenador capaz de hacer campeón del máximo trofeo continental. Discutible si cabe. El Barça de ahora no se corresponde con su historia y casi la desprestigia. Lleva tres cursos de fichajes más mediáticos y millonarios que rentables y con un balance mínimo, la pasada Copa, ganada tras tres partidos brillantes, especialmente de Jordi Trias.

Para empezar al Barça le falta un líder más o menos regular que le proporcione puntos, pero también sangre fría y que sepa unir al grupo en los peores momentos. El referente lógico es Jaka Lakovic, que hasta hace un mes había cumplido ese rol más o menos. Ahora el base esloveno parece ser el icono del desconcierto, de la precipitación en la que vive gran parte del grupo (tan sólo anotó ocho puntos). Curioso porque parece tanto Alex Acker como Ersan Ilyasova, los grandes esperados, por fin han aparecido.

Antes English, ahora Ukic

El partido pareció un calco de la derrota en Gran Canaria. Al Lottomatica de Roma también le gusta recuperar y salir a la contra. Es su seña de identidad. Era tan obvio que el conjunto de Represa no lo ocultó nunca y jugó de esa forma desde el primer momento. Así que fue incomprensible que durante el primer cuarto el Barça se viera sorprendido, una vez tras otra. Tan sólo cambiaba el protagonista: ya no era el estrafalario Carl English, era Roko Leni Ukic, cedido por el propio club azulgrana.

Hasta entonces Ukic, posiblemente uno de los mejores penetradores de Europa, atesoraba un discreto 31% en Euroliga desde 6'25. Impulsado por las facilidades defensivas del Barça, el base croata mejoró sus porcentajes de forma sorprendente. Tiró cómodo y sin apenas oposición y anotó tres triples en el primer cuarto. Acabó con un 4 de 8 (llegó a ser de 4 de 5). Ni Jaka Lakovic primero ni Pepe Sánchez fueron capaces de frenar a un descartado. También sobresalió otro jugador que tras 10 años de meritoria carrera en Barça se fue por la puerta de atrás. Rodrigo De la Fuente, con 10 puntos, fue decisivo y no se puso nervioso para anotar dos tiros libres en los segundos finales. Su afición de siempre se vio obligada a pitarle para desconcentrarle.

Fran Vázquez

Ausente Lakovic y poco acertado Gianluca Basile, el Barça se encomendó a Fran Vázquez. Tenía la oportunidad el pívot gallego de demostrar que puede ser un digno sustituto de Mario Kasun hasta que el croata vuelva a la competición tras su arritmia. El rendimiento de Vázquez fue interesante, pese a que en los primeros seis minutos ni tan sólo tirara. Pero se reivindicó en tan sólo cuatro, los últimos del primer período, cuando anotó ocho puntos. Su acierto permitió al Barça acabar el cuarto con una mínima desventaja (22-25). Cinco triples había encajado el conjunto azulgrana, los tres de Ukic y dos de Erazem Lorbek.

Era relativamente sencillo que el Barça mejorara sus prestaciones en el siguiente cuarto, más si cabe si le había costado lanzar 3'40'' su primer tiro de dos y no podía superar la defensa rival, con cambios constantes en el bloqueo y buenas ayudas. Vázquez, hasta que Ivanovic le dejó participar, siguió sumando. Acabó con 12 puntos. Tampoco desentonó Ilyasova, que por fin ha perdido el miedo y firma jugadas de acorde con su calidad. Anotó seis puntos, pero sólo jugó 11. Otro al que no superieron aprovechar.

Hawkins, el mejor

Con un triple David Hawkins, máximo anotador del partido con 22 puntos (con un casi inmaculado 5 de 6 en tiros de dos y 2 de 2 en triples), igualó la máxima renta de su equipo (30-35, minuto 15). Al Barça le bastó con la visión de Grimau y un par de canastas de Marconato y Lakovic para firmar un parcial de 9-0 y llegar al descanso con ventaja (39-35).

En la reanudación, Acker -poco activo en el trabajo sucio y muy correcto en anotación, 11 puntos- anotó su segundo triple y llevó a su equipo hacia los siete puntos de margen (42-35, minuto 21). Pero con un juego interior prácticamente testimonial, la Lottomatica continuó sosteniéndose a base de triples. Su acierto parecía surrealista. Roberto Gabini, ex jugador del CB Granada, anotó tres seguidos. El último era el 11º acierto de 13 intentos. Mantener ese nivel, casi inigualable ni en un entrenamiento, era cuestión de tiempo. Así que conjunto italiano sólo anotaría uno en sus últimas siete pruebas, pero ése fue decisivo. Antes de que llegase ese tiro, De la Fuente, cómo no en una contra, volvió a igualar la máxima diferencia para su equipo (55-60, minuto 29).

Pareció reaccionar el Barça, que liderado por dos triples de Basile y el trabajo de Grimau -menos acertado, pero con la misma lucha-se puso cuatro puntos por delante (70-66) a 3'20''. Quedaba lo peor: el conjunto azulgrana, especialmente Basile, se empecinaron al triple como única solución y fue el Lottomatica quien anotó desde esa distancia. Ray, a 1'12'' anotó el 70-71. Pepe Sánchez quiso emularlo y falló. Quedaba menos tiempo y la presión era aún mayor. El partido se consumió entre tiros libres y a seis segundos Lakovic, desde la línea de personal, puso el 74-75. Hawkins no falló los dos siguientes y ni Basile ni Grimau acertaron en la última jugada, que le habría conducido al Barça a la prórroga. A un posible bálsamo para el tercer proyecto de Ivanovic, en el que cada vez menos confían.

viernes, 18 de enero de 2008

Derrota en Vistalegre el día de la recuperación de jugadores que parecían defenestrados

Fran Vázquez anota ante Hervelle -EFE.

Perdió el Barça en Vistalegre ante el Real Madrid (82-79), pero más allá de ceder momentáneamente el segundo puesto del grupo en la Euroliga ganó confianza. Recuperó la seguridad y la motivación que no tuvo ni en Menorca ni en Murcia y supo minimizar un primer cuarto horrible en el que llegó a perder por 15 puntos y encajó 26. Supo tener opciones el grupo de Ivanovic hasta los últimos segundos, hasta que los árbitros se manifestaron y Hervelle le hizo un gran tapón a Marconato. Resistió el conjunto azulgrana pese a capturar 25 rebotes menos (45 por 20), deficiencia que supo contrarrestar con 18 recuperaciones por tan sólo siete de su rival. Pero sin duda lo más importante para el Barça fue la recuperación de varios jugadores que realmente parecían defenestrados. Así que Vázquez fue un pívot solvente, Ilyasova un anotador descarado y a Acker no se le hizo de día antes de tirar.

Lo había avisado Dusko Ivanovic horas antes del partido. El crédito y las concesiones a Acker e Ilyasova habían concluido, así que o reaccionaban de una vez por todas o poco más durarían en el Barça. El toque de atención acabó reconfortando a ambos jugadores. Acker, salvo en los primeros minutos, dejó de ser ese jugador nervioso y obsesionado por tirar al límite de la posesión.

Leche turca

Ilyasova no volvió a generar dudas a nadie sobre si por sus venas corre leche turca. El ala-pívot fue el único jugador azulgrana descarado en el inicio. Era el contraste de un equipo que, como en Murcia, tuvo un inicio nefasto, propio de un grupo que roza la apatía y se esconde ante la intensidad de su rival.

El Barça se encogió ante la gran defensa de su rival y se atolondró por su propia confusión en ataque. En esas circunstancias el desenlace era bastante lógico: Kasun se fue al banquillo al tercer minuto con dos personales y apareció su recambio natural, Vázquez. El pívot gallego se estaba empezando a acostumbrar a sacar una vez a la pista y salió errático, incapaz de frenar ni a Reyes ni mucho menos a Papadopoulos, que por fin demostró que ser un cinco puro en estos tiempos en un valor añadido. El griego conectó bien con su compañero en ataque y optimizó su reconocido gancho buscando el contacto. Así anotó su cuarto punto (acabaría con siete) y le sacó la tercera falta a Marconato (24-9, minuto 8).

Papadopoulos

Rozaba el ridículo el Barça. Esa canasta de Papadopoulos cerraba un parcial lamentable de 13-0 y la diferencia ya era de 15 puntos. No era el día de Lakovic, que parecía más bien el tercer base del equipo que no el director anotador y solvente que es. Así que Ivanovic sustituyó al base esloveno, que sólo anotó tres puntos, por Pepe Sánchez. Apostó por la tranquilidad. No le defraudó el argentino, que bien se merece salir en los vídeos de las jugadas más vistosas y, además, hace jugar a todos. Los mejora.

A la habilidad de Sánchez se unió la defensa de Basile. Ya se sabe: pelota que parece perdida... ahí está Basile. Rival que se confía... ahí está él. Le pierde la cabezonería: otro día más, el escolta italiano se hartó a tirar (1/7 en tiples), pero supo frenar muy bien a Bullock. Al menos hasta el final del tercer cuarto.

El protagonismo de Grimau

A Sánchez y Basile se les añadió de nuevo Grimau, que anotó nueve de sus 14 puntos en este segundo cuarto. El capitán azulgrana cerró un parcial de 0-8 que confirmaba la reacción de su equipo (28-23, minuto 14) ante un rival que tenía a Reyes en el banquillo, a Bullock paseando por la pista y que sumaba piedras. Tan sólo Hervelle y Papadopoulos aportaban algo en ataque. Demasiado poco.

Si el Barça no se puso por delante fue por querer hacerlo demasiado rápido, como en un par de asistencias de Sánchez irreales, de campo a campo, que Grimau apenas pudo rozar. Llegó a acercarse el conjunto azulgrana a tan sólo dos puntos (35-33) tras una canasta de Vázquez a 1'22'' para el descanso, pero dos genialidades del joven Llull -excelente todo el encuentro- cerró la primera parte con una renta superior (40-35).

Primera ventaja del Barça

Por extraño que parezca, el Barça no se descentró en el tercer cuarto. Siguió mandando Sánchez y continuó Basile en el trabajo sucio de recuperar pelotas. El escolta italiano empató a 40 con su único triple. Entonces resurgió Bullock, que por primera vez supo superar a Basile y anotar su primera canasta. Era el minuto 26 y dos después, sin oposición, metió un triple (51-48). Un tiro exterior de Vázquez y una jugada iniciada con una recuperación de Ilyasova y un mate de Acker puso al grupo de Ivanovic por primera vez por delante (51-52, minuto 28).

Sacrificado, acertado y confiado, Ilyasova parecía otro. Su tiro desde 6'25 ante Hervelle y con una mecánica peculiar hubiese sido escupido por el aro cualquier día. Hubiese sido fallo antes de lanzar. Hoy entró y significó la máxima renta del Barça en todo el partido (52-55).

La defensa y Hervelle

En el último cuarto el Madrid se multiplicó en defensa y el Barça durante unos instantes no supo responder ni a los dos contra uno ni a la fiabilidad de Hervelle, tan amante de las protestas como gran machacador. El ala-pívot belga puso el 70-61 (minuto 35). Pero cuando el conjunto blanco iba camino de una victoria fácil aparecieron Ilyasova y Acker para confirmar su recuperación. Sumaron dos triples seguidos entre los dos, que dejaron el marcador en 70-67 a 4'04''. Les respondió Bullock con otro, continuó Sánchez, siguió Bullock. Un concurso excelente en toda regla.

El partido, impecable e intenso a partes iguales, acabó siendo decantado (y destrozado) por los árbitros, que eliminaron a Kasun en un ligero forcejeo con Reyes. Fue un castigo absurdo porque llevaban enfrascados en esa discreta lucha varios segundos. Después Ilyasova fue eliminado, esta vez con motivo, en otra absurda acción con el pívot cordobés, que también se ganó la antideportiva. Por mucho menos le señalaron a Basile la misma infracción, poco después de que Hervelle le hiciera un soberbio tapón a Marconato. Tunçeri, desde la línea de personal, sentenció el encuentro a 20 segundos del final.Ése fue el epílogo del día en el que los defenestrados del Barça se recuperaron.

miércoles, 16 de enero de 2008

Roberto Heras: el adiós inevitable


Nunca fue un hombre de demasiadas palabras. Cuando Roberto Heras (Béjar, Salamanca, 1974) ganó su cuarta Vuelta a España, algo que nadie había logrado, no alardeó de nada. Apenas explicó las claves de su victoria, su caída camino de Burgos, su inesperada exhibición en Pajares. Apenas movió los párpados en las instantáneas aquella tarde de domingo de septiembre de 2005.

Hablaba Heras de futuro, justificaba su pasado: "Creo que mi problema en el Tour de Francia es que llego con pocos días de competición. Ir al Giro me puede ayudar". Pronto tuvo que replantearse sus planes, a principios de noviembre de aquel año se hizo público su positivo por EPO en la penúltima etapa de la Vuelta, una contrarreloj disputada entre Guadalajara y Alcalá de Henares.

"Es un trampas"

Había pasado Heras de campeón ejemplar, gran escalador, cumplidor gregario de Lance Armstrong y ciclista desaprovechado en general, a presunto tramposo. Alguien a la altura de Johann Muehlegg, aquel esquiador alemán nacionalizado que fue bautizado como Juanito por morirse por el jamón y conseguir medallas con España y que volvió a ser Johann cuando dio positivo y le fueron retirados sus tres oros. "Es un trampas", así le definió entonces uno de sus valores, el director general de la Vuelta Víctor Cordero cuando un par de semanas después
se comunicaba el resultado del contraanálisis: positivo otra vez. Heras cruzaba sus brazos. Acababa de perder su cuarta Vuelta. El récord. Quizás la credibilidad.

"El método no reúne las garantías necesarias. Ha habido muchos antecedentes erróneos y no es preciso ni fiable", sentenciaba el corredor, mientras avisaba que "no pienso en la retirada, sino en luchar hasta el final para demostrar mi inocencia". Su sanción fue de dos años, y, en medio, se anunció que era uno de los implicados en la Operación Puerto. El segundo de la Vuelta, el ruso Denis Menchov, sería proclamado vencedor de la prueba en febrero de 2006.

Fin del castigo

El pasado 27 de octubre se cumplió el castigo para el salmantino, que ya había avanzado días antes al diario 20 minutos que estaba dispuesto a volver. "Me lo pide el cuerpo", sintetizaba Heras, que reconocía que había una pequeña toma de contacto con uno de los equipos modestos que le pretendían, el Fuerteventura. No lo decía, pero era un lugar muy menor para alguien con su palmarés. Tampoco el sueldo podría ser el deseado.

Heras se vio alejado de las mejores pruebas, de los más selectos (o promocionados) rivales. Se imaginó pedaleando para un equipo continental en países con poca o nula tradición ciclista. Sabía que ningún equipo Pro Tour le iba a realizar oferta alguna, ya que los implicados en el dopaje deben cumplir dos años de sanción y tienen otros dos de veto a los conjuntos de élite. Es el código ético que acaban aprobando los equipos, que son, al fin y al cabo, los que fomentan las trampas. Por todo eso Heras sopesó su decisión y a finales de diciembre se sinceró con el periodista Josu Garai en Marca: "He tirado la toalla, es definitivo. Me hacía ilusión volver, pero de ninguna manera estaba dispuesto a consentir que se aprovecharan de mi situación".


Hombre de Vuelta

Se ha ido Heras, uno de los iconos del ciclismo español de finales del siglo XX y principios del XXI. Hombre de Vuelta casi por devoción, el ciclista salmantino ganó tres (2000, 2003 y 2004), le quitaron una (2005) y perdió otra (2002). Su debut en la prueba fue excelente, pese a su inexperiencia en la élite. En 1997, en su segundo año como profesional, quedó quinto en su debut en la Vuelta, que se adjudicó el suizo Alex Zülle.

Tan sólo tardaría tres cursos más en ganarla tras una exhibición en el mítico e inhumano Angliru. El 13 de septiembre de 2000 Heras asombró a todos, posiblemente a sí mismo. No respondió al ataque, a tres kilómetros de la ascensión, de Gilberto Simoni: era un esfuerzo innecesario, el italiano estaba a más de 40 minutos en la general. Sí reaccionó ante Fernando Escartín primero y al inhumano arreón de Pavel Tonkov después. El objetivo de Heras era descolgar a Ángel Casero, su máximo rival, para evitarse problemas en la última crono. Y lo logró de sobras, concluyó segundo a 2'58'' de Simoni y 3'41'' antes que su máximo oponente, que se cayó. La Vuelta era para Heras, que no tardó ni un mes en fichar por el US Postal de Lance Armstong.

Casero gana esta vez

Se vengó Casero la siguiente edición, en 2001: se impuso a Óscar Sevilla y Heras sólo fue cuarto. Tampoco ganó el ciclista salmantino la edición siguiente, donde vivió la experiencia más dura de su carrera. "Aún sueño con aquella crono", ha dicho y no se cansa de decir Heras. Aquel domingo 29 de septiembre de 2002 Heras claudicó el último día, en una contrarreloj de 41 km. que finalizaba en el Santiago Bernabéu. Aitor González, el gregario rebelde de Óscar Sevilla en el Kelme al que atacó con éxito en el Angliru, se llevaba la Vuelta con autoridad. Le sacó 3'22'' el epílogo.

Invirtió el desanlace Heras la temporada siguiente, en 2003. Esta vez el rival era el sorprendente Isidro Nozal, un líder nada mediático que nunca más apareció -¿misterios de los laboratorios?- y que llegó a tener una ventaja de 5'13''. Nozal tenía 1'55'' en la penúltima etapa, una cronoescalada en Abantos, pero Heras remontó hasta sacarle 28'' en la general. Ya tenía su segunda Vuelta.

Santi Pérez, rival inesperado

En 2004 no tuvo que esforzarse tanto Heras en la última crono para ganar su tercera grande. Entonces sólo cedió 13''
en la última contrarreloj de Madrid respecto a otro ciclista efímero, Santi Pérez, y acabó ganando la prueba por poco más de medio minuto. La tradicional exhibición del salmantino llegó en una cima inédita, la de Calar Alto, en Almería, donde logró una gran victoria.

"Es la mejor carrera de mi vida", así definió Heras su etapa en Pajares, donde se aseguró su efímera victoria de la edición de 2005 de la Vuelta. Se impuso arriesgando en el descenso en La Colladiela, un lugar desconocido, peligroso. El salamantino reconoció que pasó miedo. Algo. "Nos adelantó como una flecha", resumió el ya ex corredor Fernando Escartín, que vio pasar a Heras mientras conducía un coche de invitados. Denis Menchov llegó a 5'17''. El positivo y el contraanálisis convirtieron a la etapa de Pajares en una exhibición fantasma. Parece que nunca llegó a pasar.

Su trayectoria en el Tour

Fue Heras otro corredor distinto en el Tour, en el que, curiosamente, sólo pudo sobresalir el año de su debut, en 2000 con el Kelme. Fichó por el US Postal de Lance Armstrong, que llegó a definirle como "el mejor escalador del mundo". Una gran oferta del conjunto del norteamericano, que esa temporada ganó el segundo de sus siete Tour, le convenció: renunciaba a ser el líder del Kelme y un aspirante a la victoria final para pasar a ser el ayudante del ciclista del momento.

Armstrong
prefería tener como aliado y no como rival a aquel ciclista descarado que le había descolocado en Morzine. A aquel escalador ambicioso que llegó a los últimos metros del descenso del Joux Plane, el último puerto alpino de la prueba, y se cayó. En una curva, mientras pugnaba con Richard Virenque, rehabilitado tras el Escándalo Festina. Cuando estaba a punto de luchar por su primera etapa en Francia. Nunca ganaría allí. Con el US Postal quedaría 15º en 2001, en 2002 y 34º en 2003.

Tampoco en el Liberty

"En 2005 puedo aspirar a ganar el Tour", se cansó de repetir Heras.
Pudo intentarlo un año antes: Manolo Saiz le fichó para el Liberty Seguros. Pero en 2004 tampoco llegó su momento, y abandonó tras haber perdido más de cinco minutos en Alpe d'Huez. Y en 2005 tan sólo fue 45º. Meses después sería señalado como tramposo en la Vuelta y llegaría la sanción.

Heras se enamoró del ciclismo con 14 años viendo a pedalear a su paisano Lale Cubino por Béjar como líder de la Vuelta de 1988. Entonces decidió que su futuro sería ése. Tenía ilusión por un mundo que quería conocer por dentro. Ahora, dos décadas después, se marcha decepcionado: "Tal y como está este deporte es lo mejor para mí". Su adiós era inevitable.


lunes, 14 de enero de 2008

El Barça se convierte en un vulgar 'sparring' para un Murcia muy superior (95-82)

Grimau intenta avanzar ante la oposición de Triguero -EFE.

El tópico dice que hay muchas maneras de perder. Por poco o muy poco, por bastante o por una barbaridad, como le pasó al Barça en Murcia (95-82). Es injusticable que ante un conjunto que tan sólo acumulaba 72 puntos de media y seis triunfos en la Liga ACB concediera 32 puntos en el último cuarto y 25 en el primero y 23 en el segundo. La defensa, la gran obsesión del técnico Dusko Ivanovic, fue un despropósito, una simple espectadora de canastas sin oposición (26 de 37 en tiros de dos, un 70%). A los azulgranas tan sólo les faltó aplaudir para que el esperpento fuese completo. Esta derrota, la tercera consecutiva a domicilio, impide al grupo de Ivanovic ser cabeza de serie en el sorteo que se celebrará mañana para los cruces de la Copa del Rey, donde defenderá título.

¿Qué le pasa al Barça en la pista de los últimos clasificados? Entra casi convencido de que va ganar y conforme transcurre el partido casi se ve incapaz de anotar. Le pasó en Sevilla, en Menorca y volvió a ocurrirle en el Palacio de Deportes de Murcia. Con Ilyasova, Fran Vázquez y Kasun en el quinteto inicial Ivanovic buscó altura y sobriedad. Acabó encontrando precipitación e inocencia ante las transiciones rápidas y los contraataques del Murcia, con menos centímetros, pero con más piernas e infinitamente más mentalizado.

Trotamundos Hunter

Así al tercer minuto el grupo de Husssein ya dominaba 13-6 tras un triple de Jimmie Hunter, un trotamundos que lleva 11 equipos en 12 años. El curso pasado jugó cuatro partidos con los Indiana Pacers y fichó por el Gran Canaria, donde promedió casi 15 puntos. Su mejor actuación con el conjunto de Salva Maldonado fueron 25 puntos ante el Estudiantes en la 14ª jornada, la misma marca que hizo esta temporada en la victoria ante el Tau (11ª jornada). Ante el Barça el escolta estadounidense estuvo cerca de ese registro: acabó con 23 puntos (5 de 7 en tiros de dos y 3 de 6 en triples).

Ilyasova dejó su puesto a Alex Acker y el escolta californiano reanimó al Barça, no se dejó llevar por la apatía general y anotó ocho puntos (sin fallo) en el primer cuarto. Un triple de Gianluca Basile al límite la conclusión del período (21-25) camufló la clara inferioridad hasta entonces del Barça, que llegó a perder por 10 puntos, 23-23, minuto 7.

Ese lanzamiento de tres minimizó el gran trabajo de Federico Kammerichs, el primero en beneficiarse de la candidez de la defensa azulgrana. De falso 4 hizo, el jugador argentino deshizo como quiso en los primeros instantes. Ni Kasun ni Vázquez -castigado de nuevo, porque sólo jugó los primeros cinco minutos, y eso no no hizo ninguna personal- pudieron frenar sus penetraciones. Kammerichs, que promediaba cinco puntos, sumó 11 puntos en el primer cuarto. Parecía recordar tiempos mejores, como en sus primeras temporadas en Pamesa o su único año en Girona.

Moncasi y Grimau

El Barça es inestable, desespera casi con la misma facilidad que hace tres o cuatro jugadas de brillantez y minimiza su cúmulo de errores. Lo demostró en el segundo cuarto, que empezó perdiendo dos pelotas consecutivas. La entrada de Roger Grimau y de Albert Moncasi por Jordi Trias y Acker, respectivamente, reactivó al conjunto azulgrana. Moncasi pudo frenar a Kammerichs y Grimau puso por primera vez a su equipo por delante (34-35, minuto 17).

No asimiló bien esa remontada Pedro Robles y, por extensión, el Murcia. El escolta madrileño, milagrosamente recuperado de su grave accidente de tráfico que casi le cuesta la vida, exigió una personal y se ganó la técnica. Lakovic anotó una de los dos tiros libres (38-41, minuto 19). El público del Palacio de Deportes ya estaba encendido y se indignó definitivamente cuando Felipe Llamazares señaló una antideportiva de Jared Reiner a Grimau. Los abrazos son eso: trampa. Protestó Hussein y sólo logró una técnica. El capitán azulgrana no falló ninguno de los dos tiros libres (acabó el cuarto con ocho puntos) y Acker, al límite anotó un triple, (40-48, minuto 20). La reacción había sido tan rápida como surrealista y ficticia.

Así que el Barça recuperó en la reanudación su imagen más deplobable. La de ese equipo que parece un triste sparring o ni tan sólo eso, que parece inferior a cualquier conjunto que tenga un mínimo de motivación y acierto. El Murcia no lo desaprovechó. Vio cómo su rival perdía dos pelotas ridículas en sus dos primeros ataques. Una canasta de Triguero y un triple de Hunter, tan excelente en el tiro como solo, iniciaron un parcial justo, pero surrelista: 14-1 en cinco minutos (54-49, minuto 25). El balance positivo (?) se reducía a un tiro libre de Jordi Trias, la última aportación en ataque del ala-pívot catalán, que sumó tres puntos.

Defensa blanda y testimonial

Se perdía el Barça en faltas personales y tiros lamentables. Su defensa, blanda y testimonial, lo permitía absolutamente todo. Sólo Denis Marconato (ocho puntos) sostenía a su equipo. Así que el eléctrico y temperamental base Chris Thomas iba sumando sin oposición. Tampoco desaprovechaba la ocasión Juanjo Triguero, un 5 excelente que es el mejor reboteador ofensivo de la ACB y que ha explotado con 24 años. El pívot valenciano no intervino mucho, pero anotó todo lo que intentó: 14 puntos sin fallo, con 5 de 5 en tiros de dos y cuatro tiros desde la línea de personal.

No era el día de Basile, superado una vez tras otra, por Hunter, que forzó la tercera personal que le llevó al banquillo (63-56 a 58'' del final del tercer período). Pero, de nuevo, el Barça reaccionó casi sin esfuerzo, con una canasta de Marconato y la única combinación buena entre Pepe Sánchez y Lakovic (63-60). La repetida fórmula de jugar unos minutos con los dos bases no funcionó esta vez.

Cúmulo de errores

Hunter y los propios errores del Barça (20 pérdidas en total) se encargaron de sentenciar el partido. Parecía que el escolta estadounidense estaba en una sesión de tiro, siempre penetraba solo. La réplica del grupo de Ivanovic se reducía a intensidad mal aplicada, como la personal en ataque de Basile o la piedra del propio escolta italiano a Marconato. Así, poco a poco, el Murcia fue distanciándose otra vez: 74-62 (minuto 33), tras un mate de Kammerichs, que sumó 16 puntos y fue ovacionado. Tampoco desentonaba Stephane Risacher, el eterno jugador barbudo que sigue manteniendo un nivel competitivo a sus 35 años y al que suele dársele bien el Barça. Su octavo punto (anotó nueve) le dio a su equipo una cómoda renta de 76-66 a 4'45'' para el final del partido.

No tuvo argumentos el conjunto azulgrana para reaccionar. Tan sólo una contra bien hilvanada (¡noticia!) por Ilyasova y culminada por Grimau y un par de triples del propio capitán y de Lakovic: 84-77 a 1'53''. Respondió con otro tiro desde 6'25 Diego Fajardo y Thomas se recreó. El Barça había sido un vulgar sparring para un Murcia excelente.

viernes, 11 de enero de 2008

El Barça pierde la imbatibilidad en el Palau ante un Panathinaikos discreto (55-56)

Jasikevicius bota el balón ante Pepe Sánchez -EFE.

Llegó. El Barça perdió en el Palau seis meses y medio después de ceder la Liga ACB ante el Real Madrid. Cayó ante el actual campeón de la Euroliga, el Panathinaikos (55-56), que en Barcelona se asemejó más a un equipo vulgar que al grupo al que muchos señalan como el gran favorito para ganar el torneo y marcar una época. No se exhibió el grupo de Zeljko Obradovic, que acabó ganando el partido pese a todo. Pese a su pírrico acierto de dos (siete aciertos por 34 intentos), pese a que Sarunas Jasikevicius se quedara en cuatro puntos y Vassilis Spanoulis, en ocho (3 de 17 en tiros de campo entre ambos). También pese al gran partido de Roger Grimau (17 puntos y siete rebotes), que acabó siendo decisivo para lo bueno y pagó demasiado castigo por lo malo. Primero, con siete puntos consecutivos, guió al Barça hacia su máxima diferencia (29-18, minuto 18); después perdió la pelota en el penúltimo ataque y falló su segundo tiro libre, el que hubiese forzado la prórroga. El rebote fue para Jaka Lakovic, que recibió un tapón. Gianluca Basile se hizo con el rechace, pero erró el triple.

Por nombres y talento el Panathinaikos tiene, de largo, la plantilla más completa de Europa. Pero en el Palau tan sólo un jugador, Kostas Tsartsaris, pasó de nueve puntos. El ala-pívot griego anotó 20, destacando sobre todo en el primer cuarto, cuando sumó 12 puntos, con un 3 de 4 en triples. Tsartsaris hacía de Diamantis, bien defendido por Basile, y era el único que rentabilizaba la poca convicción del Barça en defensa, que en los primeros cinco minutos ya había cedido hasta cuatro rebotes en su canasta. Un regalo para el actual campeón de la Euroliga un día normal, casi una anécdota hoy, porque a excepción de Tsartsaris, los demás acumulaban tantos fallos en situaciones cómodas, para analizar.

Kasun y Vázquez

Perdía pelotas con facilidad el Barça, que se sostenía con la compenetración de su pareja interior titular. Tanto Mario Kasun como Fran Vázquez cumplieron en el período inicial: anotaron entre los dos 8 de los 15 puntos de su equipo (15-16).

Tenía el partido esa intensidad que proporciona el desconcierto y refuerza el desacierto. No ganaba la defensa, sino que el ataque se autodestruía. Así que entre estrellas como Jasikevicius, Lakovic o Batiste apareció Grimau, el jugador al que tras su llegada al Barça en 2003 se le atribuye un rol de revulsivo.

El suplente

La figura del suplente es rica. Suele caer bien y si tiene un mínimo de carisma y sabe cumplir con sus pocos minutos es claro candidato a ser uno de los más queridos por los aficionados. Grimau, especialmente este año, cumple los requisitos. Aporta garra e intensidad aunque sus compañeros vagueen (como en Menorca) y sabe asumir la responsabilidad de líder que teóricamente no le corresponde. Tras su gran partido ante el Iurbentia Bilbao, repitió virtudes ante el Panathinaikos.

No es Grimau un jugador de jugadas demasiado estéticas, es más de brega, de cometer personales por torpeza o por defender al límite. Tiene un buen tiro desde 6'25 (casi un 42% en la Euroliga, mermado por el 1 de 5 ante el conjunto griego) y su gran virtud son las penetraciones, las entradas en contraataque. Le bastaron dos minutos para volver a demostrar esa habilidad. Anotó tres contras consecutivas. La última, con tiro adicional, obligó a Obradovic a sentar en el banquillo a Batiste, cargado con dos personales (22-18, minuto 13). A su lado, Jasikevicius tiraba la toalla al suelo. Estaba frustrado.

La máxima ventaja local

Se descompuso el Panathinaikos y el Barça con poco, una buena defensa y un ataque menos malo, logró un parcial de 14-0 y su máxima renta (29-18, minuto 18) tras un triple de Lakovic, que tan sólo anotó nueve puntos. En la siguiente jugada respondió, también desde 6'25, Diamantidis. El MVP de la pasada Final Four de Atenas sumó seis de los ¡siete! puntos de su equipo en el segundo cuarto. Un despropósito que el conjunto azulgrana no supo aprovechar: 31-23 al descanso.

En la reanudación reaccionó el grupo de Obradovic, impulsado por su director por excelencia, Jasikevicius, y Spanoulis, que tiene la facultad de estar mucho tiempo desaparecido y encadenar varias canastas seguidas y decisivas. Ninguno de los dos había anotado en la primera parte (0 de 4 en tiros de campo para ambos). Su mediocre aportación, 12 puntos entre ambos, acabó siendo fundamental ante un Barça obligado a alargar hasta el límite sus posesiones, condicionado por la defensa de manual de su rival. Así que del 38-30 tras una canasta de Mario Kasun se pasó a un 40-44 (parcial de 2-14), tras dos triples consecutivos de Dimos Dikoudis y Nikos Hatzivrettas.

El siguiente golpe fue del Barça. Ése era el sino del partido. El grupo de Dusko Ivanovic acumuló un parcial de 11-0, cerrado por lanzamiento de tres de Pepe Sánchez y una entrada de Grimau (51-44, minuto 33). Replicó de nuevo el conjunto griego con un 0-8 al que respondió Grimau con su primer triple. Quedaban 3'40'', pero el Barça sólo volvería a anotar un punto más. El primero de los dos que tuvo Grimau tras recibir la personal de Batiste a ocho segundos para el final.