domingo, 28 de abril de 2013

La sinfonía de Nadal

El tenista mallorquín logra su octavo Godó tras ganar 6-4 y 6-3 a Almagro

Nadal levanta su octavo Godó - AFP. 

Su rival tiene 12 años, cinco más que él, y el cielo está encapotado. Rafa Nadal (Manacor, 1986) está asustado hasta que su tío Toni le tranquiliza diciéndole que si las cosas se ponen feas hará que llueva. Con 2-3 en el primer set se pone a llover y un rato después Nadal le pide a su familiar que haga que salga el sol, que se ve capaz de ganar un partido que acaba perdiendo en el tercer set. Muchos años, de nuevo con el cielo cargado y 54 títulos en su haber, entre ellos once Grand Slam, Nadal no quiere que llueva y empieza, como aquel día, 0-3 en contra ante un Nicolás Almagro fresco y directo. En la grada del Real Club de Tenis Barcelona el público se protege de la fina lluvia con chubasqueros y paraguas y también están protegidas las diferentes copas del torneo del Conde de Godó. Los puntos se alargan, en parte, porque la pelota va lenta y Nadal deshace el entuerto para llevarse seis juegos de siete y alcanzarse con el primer set por 6-4. En el segundo apenas tiene dificultades y lo gana por 6-3. El tenista mallorquín gana el partido en una hora y 32 minutos y poco después ya levanta su octavo Conte de Godó, tantos como Másters 1.000 de Montecarlo. Es su 39º título en tierra batida y se coloca a uno de Thomas y a siete de Guillermo Vilas.

“Las condiciones eran realmente complicadas”, reconoce Nadal. Se refiere al tiempo, al estado de la superficie a su rival, que le domina al principio. Pero el mallorquín reacciona y se lleva su cuarto título en el 2013 (tras Sao paulo, Acapulco e Indian Wells), más que nadie: “Desde que hemos vuelto [tras siete meses lesionado] las cosas están yendo mejor imposible”. Lo dice una semana después de perder la final de Montecarlo ante Djokovic. En Viña del Mar, en el torneo de su reaparición, también fue finalista ante Zeballos. Nadal cogió con mimo su octavo Godó, “una de las victorias más emotivas que podía tener” y se lo pudo encima de la cabeza. Almagro no perdió detalle: “No ha podido ser. Hay una persona que es un monstruo y que está por encima del resto en esta superficie”.    
     

Reyes es inagotable

El capitán lidera, con 19 puntos, a un Madrid que se asegura la primera plaza tras vencer a un Barça penalizado por el rebote ofensivo (78-65)

Reyes,a  punto de lanzar, ante la mirada de Tomic - ACB Photo.

Es el único superviviente de la última Liga ACB que ganó el Madrid. Fue en 2007 en el Palau Blaugrana con Joan Plaza como entrenador y Felipe Reyes (Córdoba, 1980) como MVP de la final. Reyes ejerce de capitán en un grupo que valora su liderazgo, ímpetu y coraje. Responde al perfil de jugador al que adora su afición y genera animadversión entre la rival, entre ellas, la del Estudiantes, club en el que creció admirando a su ídolo, su hermano Alfonso y que, como él, abandonó para irse al Madrid en 2004. Renovado por tres temporadas hace un mes, Reyes es un puntal para su equipo y destrozó al Barça con una actuación modélica (19 puntos y ocho rebotes). La puesta en escena del ala-pívot cordobés ya fue impotente: nueve puntos y cuatro rebotes en seis minutos para pasar del 13-12 con el que acabó el primer cuarto al 26-19 (a los 15m 44s). Penalizados por el rebote ofensivo, los azulgrana se sostuvieron hasta los últimos dos minutos (67-63), pero Mirotic no falló tres tiros libres y Reyes puso la guinda a su partido con una entrada sin oposición para dar la victoria al Madrid por 78-65 y la primera plaza matemática de la fase regular en un ensayo descafeinado de la cita entre ambos equipos en la Final Four de Londres.

“Hemos trabajado bien todos los aspectos del juego, excepto el rebote ofensivo. Permitir 18 rebotes ofensivos es una barbaridad”, recalcó Xavi Pascual. Ésa fue la gran losa para los visitantes de la que supieron sacar partido, entre otros, Reyes, Mirotic o Begic, y que hizo que el Madrid tuviese más tiros. En concreto, 74 por 59. El Barça, con más puntería, pudo opositar al triunfo hasta el final a pesar de las bajas de Navarro, Wallace y Mickeal, mientras que Todorovic participó con un dedo roto. Con el equipo bajo mínimos, Ingles dio un paso enfrente en el sugerente inicio azulgrana con siete puntos en el parcial de 6-11. Lorbek estaba fino y Tomic, muy nervioso ante un público que no le perdona que se fichase por el gran rival.

Al descanso

Llull y Rudy Fernández agitaron a un Madrid que tomó más impulso con la aparición de Reyes y que veía cómo el Barça se cansaba de fallar tiros libres, en especial Tomic. Dominadores en el rebote, los locales tenían segundas y terceras opciones de tiro –como en una acción de Begic– y se pusieron 33-24 con un triple de Llull, antes de que los azulgrana redujesen la distancia al descanso (33-29) con dos jugadas rápidas de Huertas y de Jawai, que anotó diez puntos como Tomic y Lorbek, aunque con mejores porcentajes de tiro.

Tres rebotes ofensivos casi seguidos de Mirotic y una técnica a Xavi Pascual volvieron a penalizar al Barça (38-31), rescatado por un Ingles eléctrico, un Jawai omnipresente y un Tomic que acertaba con un reverso por primera vez. Y a Huertas le caía otra técnica por protestar, mientras Jasikevicius, muy revolucionado hasta entonces, puso por delante al Barça con dos canastas seguidas al inicio de un último cuarto (50-51) en el que Reyes sostuvo al Madrid con la ayuda de Sergio Rodríguez ante un rival lanzado por Ingles y Jawai que se quedó sin respuesta en el tramo final. “Tiene poco que ver el partido de hoy con el que tendremos en Londres”, aseguró Pablo Laso. “Será una final en sí misma”, cerró Xavi Pascual.

REAL MADRID 78 (13+20+17+28): Rudy (11), Suárez, Mirotic (10), Llull (8) y Begic (8) -quinteto inicial-, Rodríguez (9), Slaughter (8), Carroll (5), Darden y Reyes (19). BARÇA 65 (12+17+18+18): Huertas (3), Ingles (18), Oleson (8), Lorbek (10) y Tomic (10) -quinteto inicial-, Sada, Abrines, Jasikevicius (4), Todorovic (2), Rabaseda y Jawai (10). Árbitros: Emilio Pérez, Lluis Guirao y Miguel A. Pérez Niz. Jawai fue eliminado por cinco personales (min.38). Incidencias: Partido correspondiente a la Jornada 31 de la Liga Endesa disputado en el Palacio de Deportes de Madrid ante 12.238 espectadores.   

sábado, 27 de abril de 2013

Gemma Mengual, palabra de pionera

La ex nadadora de sincronizada habla de su trayectoria deportiva y vital en 'El agua o la vida'

Gemma Mengual, durante una competición - EFE. 

– ¿Gemma, qué es para ti el agua?
– El agua es casi, casi, mi vida. Mi hábitat– respondió a Cronómetro de Récords.

Cuando le hice esta pregunta, Gemma Mengual (Barcelona, 1977) estaba preparando los Juegos Olímpicos de Pekín con el objetivo de colgarse por fin una medalla olímpica. Logró dos platas en el dúo con Andrea Fuentes y en equipo. Ahora, con más tiempo para reflexionar sobre el elemento que ha cambiado su vida y con un tono más poético, escribe en su libro El agua o la vida: “El agua y yo. Nadie más, nada más. Es mi momento, mi espacio, mi agua. Un placer egoísta y, como he dicho, solitario. Donde todo desaparece. Es el vacío, el silencio, lo que va bien. No oír ni ver nada. Solo silencio y color azul. Como el cuerpo, los problemas pesan mucho menos dentro del agua. Los problemas como mínimo se aparcan, se congelan. Y dentro del agua se ordenan las ideas”.    

En este tiempo le han pasado muchas cosas a la pionera –junto a Anna Tarrés y el Club Kalliopolis– de la natación sincronizada en este país. Cuajó un gran papel, como el resto de la selección, en los Mundiales de Roma de 2009 (seis platas y un oro), hizo un paréntesis para ser madre por primera vez, volvió a los entrenamientos y a la competición –la última fue en diciembre de 2011 en el World Trophy de Pekín– o anunció su retirada definitiva en febrero de 2012, con su hijo Nil reclamándole mientras hablaba. Hace unos días nació su segundo retoño, Joe.

En este tiempo Mengual se ha dado cuenta de que ya no era feliz preparándose para competir y lamenta que Anna Tarrés no la supiera motivar ni entender para continuar compitiendo tras ser madre. Quería acabar su carrera este verano en los Mundiales de Barcelona, el escenario donde hace diez años junto a Paola Tirados –su compañera en el dúo durante una década y a la que nunca se reconoció lo suficiente– y compañía logró las primeras tres medallas mundialistas para España. Tres días que cambiaron la vida de Mengual, que empezó a recibir muchas llamadas de medios y propuestas publicitarias, y para la sincronizada, que salió del túnel de los breves y del silencio.

La natación sincronizada ha crecido de la mano del arte de aquella niña a la que le gustaba disfrazarse y soñaba con ser cantante o artista. La que se enamoró de esta disciplina viendo una exhibición de su primera Judith en el Club Kallipolis de su prima Judith y le dijo a su madre “yo quiero hacer esto”. De aquella adolescente que suspiraba por Jon Bon Jovi. O de la niña que había aprendido a nadar en la playa de L'Estartit y a la que sus padres les costaba convencer de que había vida fuera del agua: “Me obligaban a salir cuando me veían toda arrugadita y con lo labios de color lila”.

A Mengual hay que agradecerle su apuesta por un hacer crecer un deporte virgen y transmitir su pasión –como el resto de sus compañeras– con coreografías llenas de encanto, pasión, alegría, dolor, miedo, tensión... La sincronizada es un cajón simbólico que lo engloba todo, una especie de obra de teatro reducida a pocos minutos y muy compleja: “Dentro del agua no te puedes permitir gritos ni gestos. Solo miradas. No puedes dar instrucciones ni recibir indicaciones de una compañera”.

El agua o la vida Mengual supone un relato de agradecimientos –como a su familia por darle unos valores y apoyarla o al monitor de bigote que le enseñó a nadar–, de matices –desmiente que quiera ser seleccionadora en el futuro– y confesiones. La autora reconoce que debería haber estudiado más –es licenciada en gemología–, que la natación sincronizada le ha permitido ser en el agua ordenada y metódica, algo que no es fuera de ella o que le entra pánico al hablar ante mucha gente.

A Mengual le importa más el cómo que la forma. Tiene un estilo sencillo y no se complica para escribir lo que quiere decir. No cuesta demasiado imaginársela leyendo el texto en voz alta, como narradora. En ocasiones el relato pierde credibilidad por el uso de exclamaciones con la que se pretende el efecto contrario, ganar en espontaneidad. No siempre lo consigue. Y es contundente, pero desde el respeto cuando se refiere a Anna Tarrés: “Le reconozco todos los méritos, aunque su método no me gusta. Nunca me ha gustado su manera de hacer, y ella lo sabe. De ella he aprendido muchísimas cosas. Muchas y muy positivas. Pero no comparto sus formas”.

Los morbosos no quedarán satisfechos, pues no se moja en algunos temas delicados, como la carta de nadadoras sobre supuestos tratos vejatorios de la ex seleccionadora ni se pronuncia sobre su destitución. Aunque sí que lamenta que no supiera ni entenderla ni motivarla para luchar por llegar a los Juegos de Londres –que vivió como comentarista de TVE, también hay un apartado a las críticas que recibió por Twitter por sus comentarios– y sobre todo a los Mundiales de Barcelona.

A veces el libro funciona como una especie de diario personal de pequeñas historias, de anhelos y recuerdos, de presente y futuro. Mengual es un mito del deporte español y una marca por sí misma. Tiene negocios en la restauración, aparece en anuncios... Y le gustaría probar algún día en el cine. Valora lo que ha conseguido, pero confiesa que un día le pidió a su madre que le ayudara a tirar las medallas. Acabaron en el contenedor. En cambio, conserva los bañadores de cada competición, algunos los diseñó ella. Bueno, le falta uno, que perdió y que reclama a quien lo pudiera encontrar y lea este libro sincero y sin pretensiones literarias.

Título: Gemma Mengual. El agua o la vida. Editorial: Ediciones B. Páginas: 125. Valoración: 3.7 de 5.  

viernes, 26 de abril de 2013

La fe de Marta Xargay

Liderado por la base catalana, Perfumerías Avenida logra su tercera Liga tras remontarle 18 puntos a Rivas con dos tiros libres fuera de tiempo de Willingham (67-66)


Marta Xargay e Isa Sánchez levantan el trofeo de la Liga - FEB.


“¡Me lo estoy perdiendo todo!”, le decía Marta Xargay (Girona, 1990) al periodista Ibon Landa, al que pedía comprensión. Se moría de ganas de salir corriendo y disfrutar con sus compañeras de su segunda Liga y la tercera de su equipo, Perfumerías Avenida, capaz de remontar 18 puntos (17-35 a los 17m 27s) ante Rivas Ecópolis, el campeón de la Copa de la Reina. Xargay revitalizó a las visitantes en la segunda parte y contagió de fe a dos jugadoras que hasta entonces no habían estado nada acertadas, Currie y Marta Fernández. Reducidas por la lesión de Anna Cruz antes del descanso, las visitantes se sostuvieron con la entereza de Kurasova y Vadja. En un epílogo convertido en una sucesión de triples, Sulciute acertó con el último (65-66) y Perfumerías Avenida falló tres tiros consecutivas para ganar, aunque el árbitro señaló personal de Nicholls a Willingham fuera de tiempo. La pívot estadounidense parecía un manojo de nervios, pero lanzó los dos tiros libres con suma tranquilidad (67-66) para dar a su equipo un triunfo surrealista y el torneo.

“Esto es una fiesta del baloncesto femenino”, dijo Isa Sánchez señalando a la grada de Würzburg: “Es una alegría para toda una ciudad [como Salamanca] una vez más”. La alero sevillana, operada a principios de año de una rotura parcial del ligamento cruzado, levantó la copa junto con Xargay. Son las dos capitanas de un equipo que ha sabido sufrir y superar muchos problemas para llevarse la Liga con el factor cancha en contra, como en 2006 ante el UB Barça. Marta Fernández era entonces la estrella de las azulgrana y ahora es una pieza básica para Perfumerías Avenida. Pero ni ella ni su equipo funcionaron en un inicio fantástico de Rivas, liderado por el desparpajo de Anna Cruz, la omnipresencia de Vadja y Henry (2-11 a los 4m 30s). La zona no le funcionaba como en el partido anterior a Víctor Lapeña y las visitantes encontraban tiros fáciles. Solo desentonaba Queralt Casas, peleada esta vez con la puntería (1/11).

Aparatosa caída de Anna Cruz

La entrada de Sulciute y Ferrari agitó a Perfumerías Avenida, que quedó mudo cuando vio que Xargay se resbalaba sola y gritaba de dolor tocándose el pie izquierdo. Fue solo un susto y la capitana volvió a la pista para marcarse un contraataque. Surgió Willingham, pero un nuevo arreón de Anna Cruz y de Kurasova, que estaba empequeñeciendo a Currie, pusieron el marcador muy difícil para las locales (17-35) poco antes del descanso (24-38), al que se llegó con una aparatosa caída de Anna Cruz. Se temió una fractura, pero el parte del club habló de contusión. En todo caso, la jugadora no volvió a jugar.

“20 minutos en Würzburg son muy largos”, dijo Lucas Mondelo, ex entrenador de Perfumerías Avenida y seleccionador nacional. No se equivocó y Xargay se puso el quipo a las espaldas a pesar de estar cargado con personales. La base catalana dirigió la remontada ayudada primero por Currie, que anotó su primera canasta al sexto intento. Solo Kurasova replicaba por las visitantes, a las que les faltaba aliento. Poco a poco Perfumerías Avenida fue limando las diferencias con la irrupción de Marta Fernández y de Willingham y al final se llegó con dos triples para cada equipo –uno de Xargay–, vadja muy atenta en la zona y Kurasova poniendo el 62-66 a 45'6. A Sulciute no le tembló el pulso para dar la réplica, como tampoco a Willingham para dar la victoria a su equipo con dos tiros libres fuera de tiempo que dieron la tercera Liga de su historia a Perfumerías Avenida.

PERFUMERÍAS AVENIDA 67 (10+14+16+27): Xargay (12), Fernández (10), Currie (11), Pascua (0) y Willingham (12) –quinteto inicial–, Sulciute (12), Ferrari (8), Rezan (2) y Antoja (0). RIVAS ECÓPOLIS 66 (19+19+12+16): Honti (8), Casas (4), Cruz (11), Vajda (12) y Henry (6) –quinteto inicial–, Kurasova (17), Morrison (4), Nicholls (2) y Bermejo (2).

jueves, 25 de abril de 2013

A Londres, por rebotes y por Navarro

El Barça se gusta primero y sabe sufrir después para vencer al Panathinaikos (64-53) y llegar en su cuarta Final Four en cinco años

Navarro conduce el balón ante Ukic - AFP.

El billete hacia Londres requería un esfuerzo titánico por parte de todo un grupo muy solvente antes de llegar a la serie de cuartos y que las había pasado canutas para forzar el quinto partido ante un correoso Panathinaikos, el mismo rival que le había apartado de la Final Four de hace dos años en el Palau Sant Jordi. Lanzado por su público, no defraudó el Barça, imperial al inicio cuando se escapó 37-18 (a los 13m 35s), y que supo sufrir cuando se colapsó al llegar a los 51 puntos, pues no anotó en más de ocho minutos. Juan Carlos Navarro rompió la racha con un triple y otra canasta (56-45) para un partido que no quedó decidido hasta que a 1m 38s Huertas anotó otro triple (62-53). Ése fue el recurso más esquivo para los visitantes (1/16), que acusaron el partido menor de su estrella Diamantidis. Los rebotes (46 por los 32 de su rival), el espíritu colectivo y la puntualidad de Navarro en los buenos y en los malos momentos fueron los grandes argumentos de un Barça que con su victoria por 64-53 alcanzó su cuarta Final Four en cinco años, todas con Xavi Pascual como técnico, y se enfrentará en semifinales al Madrid en Londres.

El gran mérito del Barça en esta serie lo resumió Jasikevicius en una frase: “Lo más importante es ganar cuando no estás en tu mejor momento”. Siempre crítico, el base lituano reconoció que el equipo no tiene la chispa que debería, pero que no le falta carácter. Los azulgrana no escatimaron esfuerzos nunca y tuvieron una puesta en escena extraordinaria con Huertas como director de orquesta y Jawai omnipresente e inteligente para sacar de quicio a Sofo y provocar las tres personales con las que Diamantidis se fue al banquillo a los 4m 37s. Lorbek ponía nervio –aunque no puntería– e Ingles acertaba con sus tres primeros tiros, dos de ellos triples. La solución preferida en el primer cuarto (4/6) de los azulgrana, a los que también les funcionaba de maravilla la zona 2-3.

La irrupción de Todorovic

Con Diamantidis en el banquillo o en la pista sin duende, el Panathinaikos era una marioneta ante un Barça coral lanzado de nuevo por Navarro y Jawai que solo lamentaba que Wallace se lesionase en un codo. La irrupción de Todorovic, con sus primeros minutos en la serie, demostró que es un jugador con presente y futuro. Para muestra, su tremendo movimiento ante Lasme, el gran responsable de que el conjunto griego empezase a reducir diferencias. Los visitantes lograron llevar el partido a su terreno y los azulgrana, en más de 13 minutos, solo anotaron siete puntos, cinco de ellos de Tomic, discontinuo en la primera parte por acumular personales en un suspiro.

El Panathinaikos no aprovechó lo suficiente la pájara del Barça (51-45), por más que Diamantidis empezase a hacer lo que tan bien sabe hacer, echaba en falta más frescura de Bramos, Gist o Ukic, al que poco le entraba. Navarro salió al rescate, replicó Maciulis y el partido se sufrió punto a punto (59-53 a 2m 41s) hasta el triple de Huertas, que abrazó eufórico a Navarro. La Bomba se dejó abrazar, pero no llevar por la alegría. Quedaba poco más de minuto y medio y el rival había demostrado mil y una veces que podía levantarse de nuevo. Diamantidis falló un triple que podía hacer ajustado las cosas y el Barça pudo tener por fin un respiro en una trepidante alargada hasta el quinto partido. Bien vale un billete para la Final Four.

BARÇA 64 (28+16+7+13): Huertas (10), Navarro (15), Abrines (2), Lorbek (6) y Jawai (9) -quinteto inicial-, Tomic (5), Wallace (0), Jasikevicius (6), Sada (0), Todorovic (3). PANATHINAIKOS 53 (14+19+10+10): Diamantidis (6), Ukic (7), Maciulis (9), Lasme (16) y Tsartsaris (4) –quinteto inicial-, Bramos (3), Gist (6), Banks (2) y Schortsanitis (0).

miércoles, 24 de abril de 2013

Las reglas de Monique Currie

La tiradora estadounidense pone a Perfumerías Avenida a un triunfo de ganar la Liga tras descomponer a un Rivas desnaturalizado (53-69) 

Currie, al fondo, trata de alcanzar a Queralt Casas - FEB / A. Nevado.

Apenas unas horas pasaron entre el anuncio del despido con más miga de la Liga y el que puede ser el fichaje fundamental para decidir el torneo. En ambas escenas el protagonista es Perfumerías Avenida, que a principios de enero decidió despedir a Nicole Powell, la pieza sobre la que iba a girar el nuevo proyecto, por salidas nocturnas reiteradas y consumo de alcohol” –club y jugadora llegaron después a un acuerdo en el que se decía que la salida de Powell era solo por cuestiones deportivas– y fichar, en una operación relámpago, a Monique Currie (Washington DC, Estados Unidos, 1983), que había jugado hasta diciembre en el Targoviste turco y cuenta con una dilatada trayectoria en la WNBA. “Le hemos dejado un día para preparar la maleta”, reconocía Carlos Méndez, gerente de Perfumerías Avenida: “Creo que nos va a aportar muchas cosas con su juego. Habrá que tener paciencia con ella. Por lo menos al principio porque acaba de llegar”. Currie ya fue la mejor de su equipo en la Copa de la Reina de Zamora, desequilibró las semifinales de Liga ante un Uni Girona ejemplar y, con una actuación estelar, deshizo en el primer partido de la final a un Rivas Ecópolis desnaturalizado desde el principio, sin antídoto contra la zona ni contra la anotadora estadounidense, capaz de alcanzar 27 puntos, capturar siete rebotes o repartir tres asistencias para acumular un total de 34 de valoración. Su equipo disfrutó en el Cerró del Telégrafo (53-69) y el viernes (Teledeporte, 21:30 horas) en Pabellón Würzburg podría ser campeón contra todo pronóstico.

Un partido de Liga ha perdido en toda la temporada Rivas y fue precisamente ante Perfumerías Avenida, al que arrolló en la Copa pese al concurso de Currie, la jugadora que esta vez hizo cuanto quiso ante Kurasova, Anna Cruz –la estrella local y de la competición estuvo desaparecida con 0/6 en tiros y cinco pérdidas– o Bermejo. La alero estadounidense impuso sus reglas ya con su primera acción positiva, un dos más uno con el que ponía por delante a su equipo ante un Rivas que estuvo más de seis minutos con solo un triple en su estadística. Mientras, Currie fintaba a Kurasova (3/10 en tiros de campo) y a la propia Bermejo para llegar a los siete puntos, justo la diferencia en el marcador (3-10 a los 6m 15s).

Queralt Casas ajusta el marcador

Las locales se habían atascado en la zona planteada por Víctor Lapeña y tampoco sacaban provecho de canastas sencillas hasta que atinó Henry, MVP de la Copa, y Nicholls y Queralt Casas se pusieron las pilas para ajustar el marcador (14-16 a los 10m 40s). Fue una anécdota, pues Marta Fernández replicó con su única canasta en juego y Currie volvió a dar un golpe sobre la mesa. Gran parte de las acciones se las buscó ella.

Todo funcionaba en Perfumerías Avenida, coherente tanto con Xargay como con Antoja en la dirección, y fino con los recambios, caso de Paola Ferrari, que se estrenaba en el partido con un triple tras una pérdida de Anna Cruz y Willingham se marcó una canasta sobre la bocina (24-41 al descanso). Un dato marcaba quién era el dominador del partido: las visitantes habían recuperado diez balones por solo dos de las locales, descompuestas con otro inicio de crucero de su rival (26-49 a los 22m 05s) y sin puntos de por medio de Currie, que no tardaría en seguir mejorando sus registros. Henry y Morrison hacían cuanto podían en la zona, pero Perfumerías Avenida era letal al contraataque y certero con los triples (7/17). Sobre la bocina y ante Morrison Currie cerró el tercer cuarto (38-59). Y en el último las visitantes no se dejaron sorprender pese al gran papel que hizo en el epílogo Queralt Casas, omnipresente y que se cansó de recuperar pelotas y de culminar contras. Rivas había perdido el partido mucho antes. “A la primera dificultad que hemos tenido no hemos sabido competir”, reconoció su técnico Miguel Méndez. “Hemos seguido perfectamente las órdenes de Víctor y creo que nos ha salido un buen partido”, cerró Xargay.

RIVAS ECÓPOLIS 53 (12+12+14+15): Queralt Casas (17), Nicholls (6), Henry (11), Cruz (0) y Bermejo (0) -quinteto inicial–, Honti (2), Kurasova (9), Morrison (8) y Vajda (0). PERFUMERÍAS AVENIDA 69 (16+25+18+10): Marta Fernández (2), Currie (27), Willingham (10), Xargay (5) y Rezan (4) –quinteto inicial–, Antoja (3), Pascua (4), Ferrari (6) y Sulciute (8). Árbitros: Zafra Guerra y Aliaga Solé. Incidencias: Primer partido de la final de la Liga de baloncesto femenino, disputado en el Cerro del Telégrafo, en Rivas (Madrid). El segundo encuentro se jugará el viernes en Salamanca.  

domingo, 21 de abril de 2013

Marc Márquez es infinito

El piloto de Honda se convierte con 20 años y 63 días en el más joven de la historia en ganar una carrera de MotoGP tras deslumbrar en Austin

Marc Márzquez, en Austin - EFE.

Hay personas que tienen la capacidad de cambiar estados de ánimos, viven envueltos en una sonrisa permanente y contagian al resto de ese optimismo con todo. Marc Márquez (Cervera, Lleida, 1993) tiene esa mirada y esa sonrisa, que encajan con su pilotaje. No le importa arriesgar porque no entiende de riesgos ni de dudas. Se plantó en Austin para ser el más joven en apuntarse una pole en la categoría reina y 24 horas después, con 20 años y 63 días, Valentino Rossi, su ídolo de siempre, le daba un golpecito por detrás para felicitarle por un triunfo grandioso a la altura de su marca: es el ganador más precoz en MotoGP superando a Freddie Spencer por 133 días. Il Dottore hizo un gesto como si se sacase el sombrero y Márquez le aplaudió, entre alucinado y emocionado viendo la reacción de alguien a quien siempre ha tenido como referente. “Es un piloto brillante”, le elogió el actual campeón, Jorge Lorenzo, que tuvo que conformarse con la tercera plaza en el GP de las Américas y comparte el liderato con 41 puntos con el genio de Cervera, que no para de crecer como piloto. Márquez volvió a superar a su vecino en Honda, Dani Pedrosa, al que adelantó a falta de nueve vueltas: “Marc lo hizo súper hoy. Ha hecho cada vuelta perfecta, con un ritmo fantástico y sin errores”. Los tres completaron el podio en MotoGP en una jornada histórica para el motociclismo español, con presencia en ocho de los nueve cajones: en Moto3 ganó Rins, seguido de Viñales y Salom, mientras que en Moto2 venció Terol, secundado por Rabat y con el finlandés Kallio como tercero.

Antes de atender a Melissa Jiménez en Telecinco, Márquez pareció sonarse los mocos o secarse el sudor de la zona de la nariz. Entonces su mánager ya había llorado de emoción –“si nos dicen el primer día que se montó en la moto que ganaría en la segunda carrera...”– y él, sin perder la sonrisa ni la humildad reconoció que le había costado decidirse por el neumático duro –era el único que lo llevaba junto con Bradl– y que el delantero había bajado mucho en el lado izquierdo. “Poco a poco”, advirtió, “iré asimilando el momento, lo que estamos consiguiendo”. Y en la rueda de prensa continúa minimizando las expectativas que genera: “Esto es más de lo que esperábamos, pero no podemos olvidar que es mi primer año y mis rivales son muy fuertes. Trataré de hacerlo siempre lo mejor posible y de disfrutar carrera a carrera, el Mundial no es mi pelea”. 

Un discurso que no se corresponde con su actuación en Austin, donde tuvo un único momento de debilidad, la salida, cuando Pedrosa y Bradl le ganaron la posición. Márquez rebasó al alemán en una excelente apurada de frenada y no perdió que se escapara Pedrosa, al que estuvo estudiando once vueltas y al que adelantó a la primera, metiéndose por el interior de la curva y saliendo como primero para no ceder más. A tres giros Pedrosa cometió un error que le hizo ceder un segundo y medio y desde la pizarra empezaron a indicarle la renta que tenía con Lorenzo. Al mallorquín, al que le patinó el neumático trasero en la salida y Bradl aprovechó la circunstancia. Lorenzo recuperó la posición con la que partió, pero casi siempre rodó solo, sin opciones contra las dos Honda y pendiente de mantener las distancias con el cuarto, Cruthlow. Rossi fue sexto en un día que monopolizó Márquez, el chaval que de pequeño tenía preocupados a sus padres porque no crecía y que sigue rompiendo moldes y récords con su pilotaje. Es infinito.  

La metamorfosis de Lorbek

El pívot esloveno resurge para liderar la reacción de un Barça renacido en el tercer cuarto ante un Estudiantes entero pese a las bajas (78-65)

Lorbek, en una acción del partido con Clark y Barnes - ACB Photo / À. Caparrós. 

No está siendo una temporada nada sencilla para Erazem Lorbek (Ljubljana, Eslovenia, 1984), convencido a golpe de talonario para que no hiciese las maletas y se marchase a los Spurs con Duncan, Splitter o Parker. El ala-pívot, que no ha alcanzado su plenitud física, llevaba varios partidos alicaído y desconocido, fallando tiros que no suele fallar y dudando. Lorbek tuvo algún chispazo en Atenas y confirmó su recuperación ante el Estudiantes, aunque no tiró hasta el minuto 16 y llegó al descanso con dos puntos, al nivel de sus compañeros. Los azulgrana perdían al final de la primera parte 26-33 tras un primer cuarto nefasto y un segundo poco mejor en el que llegaron a ceder por 22-33 tras el undécimo punto –acabó con 21– de un Granger imparable que olía a MVP de la jornada. Xavi Pascual se fue muy tenso a los vestuarios porque su equipo cedía pelotas infantiles y estaba siendo arrollado por un rival crecido pese a no contar con sus dos jugadores más resolutivos, Germán Gabriel y English, ambos lesionados. Pero Lorbek resurgió en el tercer cuarto con diez puntos y guió al equipo, más centrado y acertado en la zona, pero sobre todo con los triples: 4/4 en dicho período y 5/10 en en el último para un total de 11/24. Abrines (2/5), Oleson (2/2), Huertas (3/6) y el propio Lorbek (1/2) se repartieron los aciertos desde más allá de 6'75 en un partido que consolida al Barça en la tercera plaza de la Liga ACB.

Con la mente en el partido contra el Panathinaikos del jueves, el que determinará si estará o no en la Final Four de Londres, salieron los azulgrana a la pista. Con más ideas, intenciones e intensidad, el Estudiantes disfrutó con las diez pérdidas de su rival en el primer cuarto y le hizo un traje con Granger y Kuric como referentes y Nogueira y Vicedo como meritorio (9-16). No daba pie con bola el Barça, que siguió noqueado y recibiendo golpes por los todos los sitios. Esta vez de la mano de Clark y con los contraataques de Granger, que parecía capaz de cualquier cosa.

Es posible que el Estudiantes no cogiese la renta que merecía por juego y predisposición y en el tercer cuarto vio cómo el Barça se encomendaba a Lorbek y al acierto exterior para ponerse por primera vez por delante (47-46 a los 26m 19s). Solo Sada estaba contrariado, pues acumuló tres faltas personales en un suspiro y no estaba de acuerdo con ninguna. Los triples de Ingles y Huertas sentenciaron el partido con un rival que estuvo casi seis minutos sin anotar una canasta en juego y que dejó una muy buena imagen en un Palau que no dejó de pensar en el partido contra el Panathinaikos.

BARÇA 78 (9+17+30+22): Huertas (15), Wallace (-), Rabaseda (-), Oleson (10), Jawai (10) -quinteto inicial-, Sada (4), Abrines (8), Todorovic (-), Ingles (14), Hezonja (-), Lorbek (12) y Tomic (5). ESTUDIANTES 65 (16+17+18+14): Clark (6), Granger (21), Kuric (16), Kirskay (7), Barnes (2) -quinteto inicial-, Fisher (-), Fernández (2), Vicedo (-), Guerra (-) y Nogueira (11). Árbitros: Martín Bertrán, Sánchez Monserrat y Anna Cardús. Sin eliminados.Incidencias: Palau Blaugrana ante 5.043 espectadores.
  

Djokovic destrona a Nadal en Montecarlo

El número uno rompe la racha de ocho títulos seguidos en Mónaco e inicia con nota su gira en tierra batida (6-2 y 7-6)

Djokovic festeja su triunfo en Montecarlo - AP. 


Cuando Novak Djokovic abre los brazos y se libera de la tensión acumulada es posible que sepa alguna de las marcas que acaba de lograr en la arcilla de Montecarlo. La primera, claro, es que ha logrado llevarse su anhelado Másters 1.000 a la tercera tentativa y que es el jugador que figurará siempre como quien rompió la racha triunfal en Mónaco de Rafa Nadal, que acumulaba ocho títulos seguidos y que contando ese tiempo y hasta esta final solo había cedido siete sets. Pero Djokovic vence en dos (6-2 y 7-5) en casi dos horas de juego y se convierte también en el primero que gana ocho Másters 1.000 diferentes (Indian Wells, Miami, Montecarlo, Roma -2-, Madrid, Canadá, Shanghái y París). Al serbio solo le queda Cincinnati para completar los que están en el calendario actual. Sabe que esta victoria supone un golpe de moral para él, que también aspira a destronar a Nadal en Roland Garros, el único Grand Slam que le falta.

No se enfrentaban en un torneo desde esa final de París, jugada un lunes por culpa de la lluvia, que también retrasó, aunque apenas una hora, la cita en Montecarlo. Una cita que empezó como un huracán Djokovic, poniéndose 5-0 por delante y sin restos de sus dolores en el tobillo derecho. Nadal chocaba contra un rival desatado que acertaba con las líneas y contra sí mismo, pues fallaba solo: un revés, otro revés cortado o haciendo una doble falta. El mallorquín estuvo a punto de ceder el set sin ganar un juego, pero fue capaz de remontar dos pelotas de break en el sexto. Pero cedió en la manga 6-2.

Dispuesto a forzar el tercer set, Nadal se creció en el segundo. Jugó con más frescura y soltura y se colocó 2-4. La réplica del número uno fue un juego en blanco, otro en el que cedió un punto y otro igualado (5-4). Djokovic se bloqueó con su revés y Nadal se puso 5-6 y sirviendo para alargar el partido. Pero de nuevo el serbio respondió con un juego en blanco y con un tie-break inmaculado. Es el tercer título del curso para el serbio tras el Abierto de Australia y Dubai, su 14º Másters 1.000 y una inyección de confianza de cara a Roland Garros, territorio de Nadal, que en su retorno a la competición ha ganado tres torneos y ha sido finalista en los otros dos. Es su mejor comienzo de siempre en un curso difícil tras siete meses lesionado.  

Vettel, sin rivales

El piloto alemán amplía su liderato con una victoria plácida en Bahréin en una jornada en la que Alonso es octavo después de tener una avería en el DRS

Vettel levanta con orgullo el trofeo como vencedor en Bahréin. 

Una de las grandes novedades de la temporada 2011 fue la incorporación del alerón trasero móvil, el DRS, que reduce la carga aerodinámica del coche y aumenta la velocidad del monoplaza unos 10 km/h. Supone una herramienta extra en los adelantamientos. Una ayuda que para Fernando Alonso resultó una tortura en Bahréin, pues el plano superior del ala se quedó atascado y obligó al piloto de Ferrari a avanzar su primera parada a la séptima vuelta cuando iba segundo, después de una salida agresiva en la que superó a Sebastian

jueves, 18 de abril de 2013

La linterna de Marcelinho Huertas

El base brasileño y Tomic alumbran a un Barça que vence al Panathinaikos (60-70) y se jugará su pase a la Final Four de Londres en el Palau

Huertas dando instrucciones a sus compañeros. 

Apenas había tenido minutos de lucidez en los tres partidos anteriores. Cinco asistencias, 3/11 en triples y 2/7 en tiros de dos eran parte de la hoja de servicios de Marcelinho Huertas (Sao Paulo, Brasil, 1983) ante un Panathinaikos que le había minado la moral. Pero el día en el que su equipo se jugaba la supervivencia en la Euroliga el base brasileño recuperó su esencia desde el primer instante, cuando se fue decidido a penetrar y no falló. Huertas marcó la pauta a un Barça convencido de cuál era el camino a seguir: reducir lo

martes, 16 de abril de 2013

Otra montaña rusa en Atenas

Liderado por Jasikevicius, el Barça remonta 15 puntos frente al Panathinaikos, pero vuelve a tropezarse contra sí mismo y Diamantidis para perder por 65-63

Wallace, Tomic y Diamantidis, en una acción del partido - AFP. 

“Se crece en momentos de apremio, le gusta estar bajo presión. Me deja sin palabras” le define su seleccionador, Kestutis Kemzura. Y sin palabras estuvo a punto de dejar el elogiado, Sarunas Jasikevicius (Kaunas, Lituania, 1976), a una afición que le disfrutó en dos etapas y que sufrió viendo cómo el base le daba la vuelta a un partido que el Panathinaikos dominaba por 29-14 (a los 13m 03s) de la mano de Diamantidis y de la puntería de Bramos, que era infalible. Ahí surgió Jasikevicius para calmar y agitar, todo

domingo, 14 de abril de 2013

Báez encoge al Barça

El ala-pívot dominicano captura dos rebotes ofensivos decisivos para decidir la victoria del Gran Canaria ante un rival que pierde once puntos de ventaja (70-73)

Wallace, a punto de lanzar ante Báez - ACB Photo / À. Caparrós.

“Queda mucho partido, pero hay que cerrar la canasta en defensa”, apremia Xavi Pascual (Gavà, 1972) en un tiempo muerto. Quedan 2m 26s y el Barça está tieso después de perder su máxima ventaja del partido (61-50), recibir un parcial de 3-16 (llegó a ser de 3-19) y fallar lo infallable. El Gran Canaria se suma al carrusel de errores y el Barça se acerca 68-69 a 31'2 segundos con una suspensión de Huertas y una acción de Jawai, su jugador interior más en forma. Pascual dice a sus jugadores que no hagan falta y Nelson prueba suerte y falla, pero Eulis Báez Benjamín (Santo Domingo, República Dominicana, 1982) vuela para hacerse con el rebote ofensivo. La jugada acaba con Tomás Bellas recibiendo la personal de Huertas y anotando el primer tiro libre y errando el segundo. Y ahí está de nuevo Báez, haciéndose con otra captura ante varios jugadores locales. Wallace le hace falta y el ex jugador, entre otros, de Valladolid y Penya, acierta con el segundo. De nada sirve la única canasta a última hora de un Tomic desconocido (1/6), pues Newley –de nuevo brillante ante el Barça como en la primera vuelta, donde también ganó el Gran Canaria– acierta con los tiros libres y el invento de buscar un triple con Eriksson –que no había jugado hasta entonces–, Ingles, Huertas y Lorbek y con Tomic sacando de banda. Ingles falla y se consuma por 70-73 la décima derrota en Liga ACB de los azulgrana, inquietos ante la inminente visita a Atenas para tratar de ganar al menos un partido al Panathinaikos y continuar aspirando a estar en la Final Four de Londres.

Está al límite de fuerzas el Barça, que ha padecido lo indescriptible en sus cuatro últimos partidos. Ganó los dos encuentros con prórroga, ante el Obraidoro –vencedor a domicilio ante el Madrid por 61-64– y en el primer partido de la serie de cuartos al Panathinakos, y perdió en el tiempo reglamentario contra los griegos en el segundo encuentro tras un triple de Diamantidis y perder 13 puntos de margen. Once dejaron escapar los azulgrana ante un Gran Canaria liderado por el coraje de Báez, que aterrizó en España procedente de la NCAA (Florida IU y W. Illionis) para firmar por el Vic, pasar por León y hacerse un hueco en la Liga ACB en el Valladolid y la Penya. De hecho, al conjunto de Pedro Martínez le sobraron líderes, pues disfrutó de Bellas, que venía de ser MVP de la jornada anterior, o de Newley, un hábil velocista que desde el principio le hizo un traje al Barça y se marcó tres contraataques en el primer cuarto y se unió a Nelson –otro líder– y al propio Báez para remontar en el último cuarto ante unos locales que anotaron dos canastas... en nueve minutos.

El rendimiento de los interiores

El Barça se atascó por completo después de un inicio cómodo y decidido por sus jugadores exteriores. Bajo la mirada de Jasikevicius y Navarro, reservados por Pascual, Huertas, Ingles y Abrines se sentían liberados y anotaban con facilidad. De hecho, los tres sumaron siete puntos cada uno en el tercer cuarto (59-50) y en el segundo había surgido Oleson como un cohete para encadenar ocho puntos seguidos -el tirador de Alaska acabó con un esguince de grado I en el tobillo izquierdo- y replicar la reacción visitante, que tenía en Báez a su principal promotor. La antítesis de Lorbek, que empezó el curso con problemas físicos y que lleva varios partidos con la moral baja, fallando situaciones inverosímiles. El ala-pívot esloveno necesitó cuatro intentos para anotar su primera canasta y varios de sus intentos se quedaron cortos. “En la posición de 4 tenemos un problema y es una realidad. Necesitamos mejorar las prestaciones y nos están haciendo daño”, reconoció Pascual, que sigue sin poder contar con Todorovic y que vio cómo Wallace sólo anotaba tres puntos. 17 sumaron entre los tres interiores disponibles. El mismo déficit que ante la derrota del Panathinaikos.

“No nos puede pasar lo mismo que el otro día”, lamentó Huertas: “Han dado la vuelta al partido en dos o tres minutos y eso no puede ser. Somos un equipo grande y no puede pasarnos eso. Creo que es más que nada una cuestión de confianza”. Y ésa debe ser el principal motor de los azulgrana en su visita al OAKA, donde se juegan su futuro en la Euroliga. 

BARÇA 70 (18+16+25+11): Huertas (11), Abrines (11), Oleson (15), Wallace (3) y Jawai (12) –quinteto inicial–, Ingles (9), Hezonja (0), Tomic (2), Lorbek (4), Sada (3) y Eriksson (0). GRAN CANARIA 73 (16+13+21+23): Scheyer (5), Guerra (8), Newley (18), Báez (13) y Slokar (6) –quinteto inicial–, Nelson (12), Bellas (4), Toolson (3) y Beirán (4).  

Alonso y Ferrari encuentran el camino

El piloto asturiano se exhibe y vence 13 carreras después en China, donde Vettel es cuarto


Alonso ondea la bandera de Ferrari en Shanghái. 


Por primera vez desde que Fernando Alonso (Oviedo, 1981) llegó a Ferrari la escudería le ha proporcionado un coche competitivo desde el primer momento, desde el estreno en el Albert Park de Australia. Evolucionado en el túnel de viento de Toyota, el F138 funciona en la calificación y también la carrera y Alonso, tras la decepción de Malasia donde abandonó al inicio tras un choque con Sebastian Vettel, reinó a su antojo en China para alcanzar la 31ª victoria de su trayectoria, las mismas que Nigel Mansell, y romper una racha de 13 carreras sin ganar –perdió la cuenta y dijo “ocho o nueve”–. La comunión entre el piloto y la escudería quedó escenificada cuando Alonso se bajó del coche, cogió una bandera de Il Cavallino Rampante y la ondeó con orgullo y cuando contestó por radio a su ingeniero de pista, Andrea Stella.

– No necesitamos que empujes, Fernando.
– No estoy empujando.
Mintió el piloto de Ferrari, que marcó una nueva vuelta rápida en una prueba que comenzó con una salida fulgurante, en la que se merendó por la izquierda a Kimi Raikkonen, superado justo después por la derecha de Felipe Massa, hábil también para deshacerse de Nico Rosberg. En la cuarta vuelta los dos Ferrari superaron casi a la vez a Lewis Hamilton y coparon las dos primeras posiciones hasta la primera parada en boxes a pesar de ir perdiendo tiempo por la degradación de las gomas blandas. El equipo priorizó que el asturiano parase antes –en la séptima vuelta, como Raikkonen– y Massa lo hizo una después. Felipinho no le cogió el punto al coche en China y acabó sexto a más de 40 segundos de su compañero, que le encontró a faltar a su lado en el podio: “Esperaba que los dos coches estuvieran aquí”. Atentos a sus comentarios estaban Raikkonen, a su derecha como segundo clasificado –“quería ganar y, por tanto, este resultado no me llena”– y Hamilton, más satisfecho: “Estoy muy contento con el resultado, por el equipo y los puntos”. Y también, aunque no lo dijo, por haber resistido al ataque de Sebastian Vettel, que conserva el liderato con 52 puntos, pero ve cómo Raikkonen se le acerca a tres puntos, Alonso a nueve y Hamilton a doce. Baby Schumi hizo una gran remontada partiendo con los duros como Jenson Button, quinto y que lideró varios giros la prueba después de aguantar con ellos 24 vueltas, ocho más que Nico Hulkenberg, que acabó décimo, pero lideró la prueba un buen rato.

“El coche se ha comportado casi perfecto desde la salida y la llegada”, destacó Alonso, contento con el ritmo en carrera, el rendimiento de los neumáticos y la estrategia. Si el primer juego de gomas –blandas– le duró siete vueltas, aguantó y haciendo grandes tiempos el primero de duras 18 vueltas y “siempre paramos un poco más tarde que ellos [que sus principales rivales]. Eso nos daba un colchón de seguridad”. Esta vez Alonso no estuvo implicado en ningún incidente en una carrera en la que no faltaron percances. El que se llevó la palma fue de nuevo Mark Webber, que días después de que Red Bull anunciase que no habrá órdenes de equipo tras el desaguisado de Malasia salió desde el pit lane y después de una buena remontada tuvo que abandonar por una pésima parada. Al australiano le colocaron mal la rueda trasera derecha, que se le acabó saliendo. Al australiano le habían obligado a parar para cambiar el morro tras un choque con Vergne          -por el que después fue penalizado con tres puestos en la parrilla de Bahréin- y a pesar de que el propio piloto asegurase que no hacía falta. Más motivos para Webber de estar enfadado con Red Bull. Y, entre otros, Gutiérrez se comió a Sutil y ninguno acabó una carrera plácida para Alonso: “Esto me sirve para sacarme la presión después de Malasia”. David Coulthard, entrevistador en el podio, reaccionó rápido replicándole: “Fernando, tú siempre dices que no sientes presión”. “Procuro no tenerla”, respondió el asturiano, que venció por segunda vez en su carrera en China, con lo que iguala el registro de Hamilton.   
    

sábado, 13 de abril de 2013

Morrison enciende la mecha

La pívot chilena, Anna Cruz y Queralt Casas descomponen a Cadí La Seu para dejar a Rivas a un paso de la final de Liga (81-52)

Morrison, en un partido de esta temporada - Foto: Rivas Actual. 

Nadie, absolutamente nadie de su entorno, se tomó en serio sus palabras. Ziomara Morrison (Santiago de Chile, 1989) tenía 15 años, medía 1'90 y soñaba en voz alta: quería irse de su país para convertirse en una jugadora profesional de baloncesto. Un deporte al que se había enganchado por casualidad con 11 años y 1'80 de percha, cuando acompañó a su hermano a unas pruebas con la Universidad Católica y un entrenador del club la convenció para incorporarse al equipo femenino. Morrison pretendía emigrar para crecer, una ocurrencia que sólo provocaba carcajadas del resto. Pero a ella no le importaron las burlas y luchó por lograr su objetivo. Tanto que se plantó en Italia para jugar en el Banco de Sicilia Ribera después de ser la MVP del Sudamericano Juvenil de 2005. En Italia maduró sola, sin más compañía que la su entrenador, que la acompañó las primeras semanas. En 2007 Morrison debutó con la selección chilena absoluta y en 2008 aterrizó en España para jugar en Liga Femenina 2 con Aros León, donde estuvo dos cursos, como en su siguiente equipo, Ciudad de Burgos, con el que debutó en la máxima categoría. Las buenas actuaciones de Morrison convencieron al cuerpo técnico de Rivas Ecópolis, que anunció su fichaje en mayo del año pasado. La pívot chilena, la primera en jugar en la WNBA con las San Antonio Silver Stars, está teniendo pocos minutos (unos 15 de media en fase regular) en un equipo con mucho fondo de armario pero empezó como un tiro su participación en los playoffs. Morrison, con 12 de sus 17 puntos en el segundo cuarto, hizo tambalear a un Cadí La Seu que había resistido a trompicones y al que no le quedó respuesta cuando Anna Cruz (17) y Queralt Casas (20) camparon a sus anchas. Vencedor por 81-52, Rivas está a un triunfo de alcanzar la final de Liga.

Fue aparecer Morrison y cambiar el partido. Un encuentro que había empezado con una puesta en escena espléndida de Queralt, capaz de marcarse siete puntos de carrerilla (10-3 a los 3m 47s), que igualó Traoré con dos triples seguidos y que volvió a desequilibrar Anna Cruz. La alero catalana se convirtió en la máxima anotadora de su club –[puso cara de sorpresa cuando se lo dieron] “llevo cuatro años aquí. Estoy muy a gusto. Es una anécdota más”–. Covington tuvo su momento de acierto en un día muy desafortunado para ella, en parte porque Morrison se la rifó. La explosión en el segundo cuarto de la pívot chilena encendió la mecha (38-31 al descanso) y el encuentro quedó decidido en el siguiente período con la pareja exterior de la Liga, Anna Cruz y Queralt. Juntas son capaces de cualquier cosa y minimizaron a un Cadí La Seu reducido a la pericia de Parham, y eso que se había cargado rápido de personales (65-40 a los 29m 25s). Las visitantes no tuvieron opción alguna de remontada y los últimos minutos sirvieron para que Morrison y compañía mejorasen su puntuación y dejar a Rivas a un paso de alcanzar su primera final de Liga.   

La fibra de Albert Espinosa

En 'Brújulas que buscan sonrisas perdidas' su protagonista remueve su difícil pasado y se busca en el presente



“Cuidaré de él... Te lo prometo... Cuidaré de él...”. Ésa es la promesa que una madre al borde de la muerte le arranca a su hijo. Ésa es la promesa sobre la que gira Brújulas que buscan sonrisas perdidas y que años después de hacerla condiciona al protagonista del relato, que se debate entre cumplirla o no. Duda si debe o no ocuparse de su padre, consumido por el cáncer y el Alzheimer, y al que no ve desde hace muchos años. El protagonista de la cuarta novela de Albert Espinosa remueve su pasado y se busca en el presente como suelen hacer las criaturas de Espinosa.

Criaturas a las que el creador de la serie Polseres vermelles (Pulseras rojas) da vida poco a poco, sin prisas y dosificando sus perfiles. A Espinosa le encanta dejar al lector con la pregunta en la boca y plantearle más incógnitas que irá resolviendo sobre la marcha. Un recurso que le funciona, por más que lo repita. Menos común es que hasta pasado el ecuador del libro no sepamos cómo se llama el protagonista y narrador del relato y que al resto de los personajes se les nombre en función de su relación con el principal: madre, padre, la mujer de mi hermano –un personaje encantador, de aquellos que te alegran el día con media mirada–. Aunque hay otro personaje de buen corazón al que llama por su apodo y el perro de la mujer de mi hermano tiene nombre –Byron– y es un fox terrier humano y comprensivo que dice mucho sin hablar y que incluso tiene vergüenza.

Espinosa dignifica las pequeñas cosas, esos pequeños gestos vitales como el de madre para sacar sonrisas a sus hijos o la frágil postura del protagonista tras recibir malas noticias. En Brújulas que buscan sonrisas perdidas hay unas cuantas, algunas sin remedio, como la muerte. Un tema que el autor trata con naturalidad y también desde el dolor de quienes recuerdan a los que se fueron. El autor también habla de pasiones y sabe describirlas con acierto, y cuadrarlas en su estilo directo y concreto con el que construye una historia ágil que se degusta rápido, por más que a veces opte por algún giro demasiado exprés con el que parece tener prisa por zanjar el tema o considerar que no son necesarias más explicaciones.

Explicaciones que sí dan los abuelos en los relatos de Espinosa, que suele concederles un papel de guías para el protagonista, al que en este caso las circunstancias invitan a viajar constantemente al pasado y que, dolido por cosas que no entiende ni perdona, ha perdido la fe y quizás la capacidad de sorprenderse y disfrutar. Una visión que no le impide decir grandes verdades: “Tengo la teoría de que la gente no te desea suerte en la vida, ni en el amor, ni el trabajo esperando que esas buenas cosas se apoderen de ti... Todo el mundo va a la suya, excepto una o dos personas en tu vida... El resto habla por hablar, se comunica con frases que ha escuchado en una película o que alguien le ha dicho... Pero no lo sienten”, “todos tienen intereses... Se acercan o se alejan por intereses...” o “amor, sexo, trabajo o respeto... Se alza mucho la voz para conseguir o por haber perdido alguna de estas cuatro cosas”.

Brújulas que buscan sonrisas perdidas es una oda a la valentía y al miedo, a los complejos y a la entereza. Un libro que nos recuerda que la vida es dura, pero que las sorpresas están a la vuelta de la esquina.

Título: Brújulas que buscan sonrisas perdidas. Autor: Albert Espinosa. Editorial: Grijalbo. Páginas: 240. Valoración: 3.5 sobre 5.   

jueves, 11 de abril de 2013

El duende de Diamantidis

La estrella de Panathinaikos empata la serie tras un triple que congela al Palau (65-66)

Diamantidis defendido por Sada - EFE. 

“Sabe lo que tiene que hacer”, resumió Epi, una institución del barcelonismo. Hablaba de Diamantidis, un jugador con duende, un maestro del control que descontroló a un Barça que se frotaba las manos porque se veía yendo al OAKA de Atenas con un 2-0 y que acabó cabizbajo, sabiendo que ha perdido el factor cancha a favor que se había ganado por su inmaculada trayectoria en la Euroliga. La estrella del Panathinaikos congeló al Palau a 8'4 segundos con un triple tan bien ejecutado como mal defendido por su extraño defensor, Jawai, que no le hizo falta, como se había acordado en el tiempo muerto. El error del pívot australiano se sumó a tantos otros, como los de Navarro y Jasikevicius en las dos últimas oportunidades locales. La Bomba, que también falló un tiro libre antes del triple decisivo de Diamantidis, había sido el agitador de su equipo junto a Sada y el propio Jawai para disfrutar de una ventaja cómoda (40-27 a los 22m 17s) que los visitantes supieron remontar con el encanto de Diamantidis, la muñeca de Bramos y Ukic y la contundencia de Gist. Y por los errores de un Barça golpeado por las bajas y obligado a ganar un partido en el infierno del OAKA.

“Cuando se dicen cosas se tienen que hacer porque los detalles marcan mucho. Habíamos hablado de hacer falta”, destapó Sada, que es “el único jugador exterior del Barça capaz de bajar el rendimiento de Diamantidis”. Otro apunte de Epi, que observó que los dos triples del genio griego llegaron con Sada en el banquillo. Diamantidis tiró más tiros libres (cuatro) que triples (tres) y no le hizo falta apuntar más para ser fundamental para el devenir de un encuentro de nuevo repleto de fallos y de nervios. De una cita de excesos, como dos pérdidas de Wallace que pretendían ser asistencias hacia los pívots. En la primera CJ engañó a todos con un reparto que despistó al receptor, Jawai. Y en la segunda, Wallace le lanzó una piedra a Tomic. Dos acciones que resumen la baja anotación de los jugadores interiores locales, que se repartieron 12 puntos.

Lorbek estuvo fuera de combate y apenas tuvo dos arrebatos, Tomic sufrió la dureza de Lasme y fue menos incisivo que de costumbre y a Wallace le traicionó el tiempo de posesión, pues metió una canasta fundamental fuera de tiempo, como comprobaron los árbitros en el instant replay. Mientras que el técnico del Panathinaikos Pedoulakis se ponía rojo como un tomate diciendo que no era válida. Tanto él como varios miembros del club habían calentado la previa haciendo dudar de la neutralidad arbitral.  

Navarro empezó juguetón con cinco puntos seguidos, pero su equipo se atascó porque estaba torpe para anotar de dos (1/7 en el primer cuarto) y se repuso de un 11-19 gracias a su tino con los triples y al concurso de Abrines, que reaparecía tras perderse el partido precedente por una gastroenteritis y demostró que está tan en forma como convencido de sus posibilidades. Los azulgrana tardaron 22 minutos en capturar su primer rebote ofensivo, de Jawai, que mejora con el paso de los partidos y Xavi Pascual le premia con más papel. Como a Sada en esta serie que se le complica al Barça. El base no dejaba de darle vueltas a las últimas decisiones: “En los finales de partido no quiero tirar una moneda. La gente que tenga miedo más vale que no sea del Barça. Iremos a Atenas con mucha rabia y concentración para ganar. Quien tenga miedo que no juegue a baloncesto”.

BARÇA 65 (11+21+18+15): Sada (6), Navarro (20), Ingles (3), Lorbek (7) y Tomic (6) -quinteto inicial-, Jawai (4), Abrines (10), Jasikevicius (2), Huertas (5) y Wallace (2). PANATHINAIKOS 66 (16+11+21+18): Xanthopoulos (0), Diamantidis (10), Maciulis (5), Tsartsaris (1) y Schortsanitis (4) -quinteto inicial-, Ukic (8), Lasme (9), Gist (14), Bramos (13) y Banks (0).
  

martes, 9 de abril de 2013

El flotador de Sada

El base catalán rescata a un Barça que se repone de los golpes para adelantarse en la serie ante Panathinaikos tras vencer en la prórroga (72-70)

Jasikevicius bota el balón ante Ukic - EFE. 


Su cometido no es ser un gran anotador y su trabajo suele ser más oscuro que vistoso. Es difícil definir la importancia en un equipo de jugadores como Víctor Sada (Badalona, 1984). Quizás el adjetivo que mejor les represente es responsables. Tipos incansables que dignifican el concepto de deportista, por más que no alcancen un nivel extremo para ser considerados estrellas. Pero explotan al máximo sus aptitudes, que no son pocas. Y ahí está Sada, un tipo relajado ante la prensa y un torbellino en la pista para lo bueno y lo malo. Ante el Panathinaikos Sada (13 puntos) mostró dos caras muy diferentes: la primera en el inicio, cuando sufrió como su equipo el recital de Diamantidis (2-14 a los 4m 24s); y la otra en el último cuarto, cuando sus compañeros supieron encontrarle y él supo ofrecerse para rescatar –como antes habían hecho Navarro, Jasikevicius y Tomic– a un Barça que alcanzó una prórroga de la que salió vencedor con Sada como motor. Un triple de La Bomba a falta de dos minutos del tiempo extra acabó dando la victoria por 72-70 a los azulgrana, que se adelantan en la serie de cuartos de final de la Euroliga por 1-0, en un encuentro que acabó con seis tiros libres fallados y que empezó con otra mala noticia para los locales, la baja de Abrines, añadida a la de Mickeal, Rabaseda, Todorovic y Oleson.

Sacó ofreció su flotador simbólico al equipo, que agradeció la ayuda. Se estaba ahogando. A 7m 38s los locales perdían 49-56 tras un triple de Ukic. Sada replicó con otro y siguió anotando y también minimizó a Diamantidis para desconsuelo de un Panathinaikos que no entendía el criterio arbitral, especialmente algunas personales en ataque a Lasme, muy rigurosas. Tomic cometía una pérdida imperdonable, replicada con otro castigo al propio Lasme, Jasikevicius pisó la línea, Diamantidis falló un triple, Tomic un gancho... Las canastas valían su precio en oro y Diamantidis forzó la prórroga con un triple y Gist alargó su brazo para taponar en la última acción del tiempo reglamentario a Tomic, que le devolvió el gesto en la tiempo extra, después del triple vencedor de Navarro y otra clase magistral de Sada.

Aunque el Barça, frágil y torpe al inicio tanto en el primer como en el tercer cuarto, no hubiese podido llegar hasta ahí sin la entrada de Huertas y el golpe sobre la mesa de Tomic y Navarro, básicos para arreglar las cosas al descanso (34-32). Entre Bramos, Lasmpe y Ukic volvieron a dejar al Palau con los pelos de punta (36-44 a los 25m 35s), pero de nuevo su equipo se repuso por el talante, el talento y la puntería de Jasikevicius. El resto lo solventó sobre todo Sada con su flotador milagroso.

BARÇA 72 (11+23+11+19+8): Sada (13), Navarro (14), Ingles (4), Lorbek (-) y Tomic (13) -quinteto inicial-, Jawai (9), Huertas (8), Jasikevicius (11) y Wallace (-). PANATHINAIKOS 70 (21+11+19+13+6): Ukic (9), Diamantidis (10), Maciulis (6), Tsartsaris (7) y Schortsanitis (5) -quinteto inicial-, Lasme (14), Gist (14), Banks (-) y Bramos (5). Árbitros: Belosevic (SRB), Sahin (ITA) y Bissang (FRA). Eliminado: Lasme (min. 35). Incidencias: Primer encuentro de la serie de cuartos de final de la Euroliga disputado en el Palau Blaugrana ante 6.195 espectadores.