domingo 29 de enero de 2012

El Barça recupera su olfato ofensivo ante un Murcia reducido a Augustine (90-53)

Huertas entra a canasta ante Franch - EFE.
Últimamente el Barça había perdido alegría y contundencia en su ataque. Tanto le costaba anotar que a veces parecía estar incluso gafado por acumular tantos lanzamientos fallidos. Los azulgrana no tuvieron ese problema ante un UCAM Murcia mermado por las bajas de Miso y de Sekulic y al que desarbolaron sin compasión (90-53). Satisfechos con su fondo de armario, los locales no echaron de menos ni a Navarro, que se resintió de la fascitis plantar, ni a Pete Mickeal, con gripe como Xavi Pascual. El técnico acudió al partido “directamente de la cama” y muy medicado después de haberse perdido los dos últimos entrenamientos: “Los ayudantes han hecho un buen trabajo trabajando el partido”. Un encuentro sin historia en el que Augustine fue el mejor con 22 puntos, prácticamente la mitad de unos visitantes que sólo cuentan con cuatro triunfos, los mismos que el colista, el Blancos de Rueda Valladolid. Mientras, el Barça sigue segundo empatado con el líder, el Madrid, vencedor en el ensayo de su cruce de cuartos de final de la Copa del Rey ante el Baloncesto Fuenlabrada (57-79).

El Barça se soltó el pelo tras el primer tiempo muerto de su entrenador, molesto -y con razón- por el inicio de sus pupilos, que perdían por 2-9 al borde de los primeros cinco minutos. Los azulgrana no podían contener la voracidad de Augustine, autor de todos los puntos de su equipo en un primer cuarto en el que cinco jugadores locales se repartieron por igual los tantos (10-11). Ahí se disiparon las dudas del Barça, impulsado por un Vázquez excelente (11 puntos y 10 rebotes) y guiado igual de bien por Huertas y Sada. Wallace tuvo su instante estelar y al descanso se llegó con 35-21.

El público disfrutó viendo cómo un Lorbek infalible en la segunda parte después de haber errado sus tres lanzamientos antes del paso de los vestuarios y cómo Rabaseda cogía confianza con acciones de mérito, mientras Ingles o Eidson contribuían a aumentar las distancias ante un rival reducido a Augustine, al que a última hora se le añadió Kurz, del que esperan mucho más en Murcia. Pascual volvió a recompensar a dos jugadores del filial, Mbaye y Josep Pérez, con los últimos minutos en un partido en el que los azulgrana volvieron a recuperar su olfato ofensivo sin perder de vista su brillante rendimiento en defensa y superando un déficit de este curso, los tiros libres (18/19).

BARÇA 90 (10+25+35+21: Huertas (9), Ingles (10), Eidson (12), Lorbek (17) y Perovic (4) -quinteto inicial-, Vázquez (11), Sada (7), Rabaseda (7), Wallace (13), Josep Peréz y Mbaye. UCAM MURCIA 53 (13+8+14+18): Franch (2), Jordi Grimau (2), Udoka (8), Kurz (12), Augustine (22) -quinteto inicial-, Pérez (3), Barlow (2), Rejón, Rivero (2) y Jansen. Árbitros: Daniel Herrezuelo, Lluís Guirao, Juan José Martínez Díez. Incidencias: Partido de la decimoctava jornada de la Liga Endesa disputado en el Palau Blaugrana ante 3.577 espectadores.

España se estrella contra Croacia (31-27) y queda cuarta en el Europeo


Había advertido Valero Rivera que el equipo tenía que hacer borrón y cuenta nueva, olvidarse de su traspié en semifinales ante Dinamarca y volver a recuperar la entereza y el poderío demostrado durante el resto del equipo. El mensaje, ya fuese por el emisor o por los receptores, no caló en la selección, de nuevo superada en la lucha por el bronce. Se lo arrebató sin compasión una Croacia (31-27), la misma a la que había ganado con brillantez en la segunda fase. A España le han sobrado las dos eliminatorias y debe rehacerse rápido para ocupar una de las dos plazas para los Juegos Olímpicos de Londres que se ofrecerán en abril en el torneo preolímpico de Alicante, donde competirá con Polonia, Argelia y Serbia, que acabó perdiendo la final de su Europeo ante la Dinamarca de Mikkel Hansen. Un gigante (nueve goles) hasta una defensa local caricaturizada (19-21).

Así se podría definir también a España, que durante casi todo el partido se mostró melancólica, como si se repitiese continuamente por qué había gestionado tan mal el encuentro ante Dinamarca, que tuvo opciones de ganar hasta el último momento, pero casi siempre por detrás. Ante Croacia, de principio a fin, tuvo el marcador en contra. La selección se vio sorprendida por un Vori que tuvo una puesta de escena ejemplar con tres goles del 6-2 inicial. Los croatas se relamían con sus extremos y con las penetraciones y se distanciaron 9-4 ante una España petrificada que marcaba desde 7 metros y que había encajado dos goles en superioridad. Para rizar el rizo. Pero surgieron Sarmiento y Víctor Tomás para replicaron y minimizar los daños, tanto que al descanso se llegó con un ajustado 13-12. Pero Tomás sufriría un pinchazo en la pierna tras marcar su cuarto gol, se marchó lesionado. y los croatas se fueron de nuevo 26-21. La selección de Morros, que fue nombrado mejor defensor, replicó hasta el 28-26 de Roberto García desde 7 metros. El mismo jugador a quien el gigante Alilovic le paró la siguiente y Balic se permitría, con todo resuelto, asistir sin mirar a Vori en el 30-26 a 40 segundos. España se fue de vacío de un Belgrado Arena que celebró el éxito de Novak Djokovic en Australia. Después llegó la decepción de su combinado, destrozado por su defensa y Hansen.

CROACIA 31: Alilovic (Losert), Duvnjak, Kopljar (4), Vori (6), Gojun (1), Cupic (7, 3 de p.), Nincevic (4) -siete inicial-. Balic (1), Lackovic (7), Horvat, Vukovic (1), Batinovic, Buntic y Bicanic. ESPAÑA 27: Sierra (Hombrados), A. Entrerríos (1), Gurbindo (1), Tomás (4), Ugalde, Morros, Guardiola -siete inicial-. Maqueda (1), R. Entrerríos (1), Sarmiento (7), Aguinagalde (1), Roberto (3, 1 de penalti), Juanín, Iker (6, 5 de p.) y Cañellas (1). Marcador cada cinco minutos: 1-4, 3-6, 4-9, 5-10, 7-11, 12-13 (descanso). 15-17, 16-20, 18-23, 22-26, 25-28 y 27-31. Árbitros: Geipel y Helbig (Alemania). Unas 3.000 personas en el Belgrado Arena.

Un Nadal renovado lleva al límite a un Dkojovic que levanta su tercer Abierto de Australia

Djokovic celebra su victoria en Melboure - EFE.

En reconocer las debilidades se encuentra gran parte de la fortaleza de las personas. De esa transparencia y sinceridad parte el camino para mejorar y completarse. Es una señal de humildad, una virtud que define a Rafa Nadal (Manacor, 1986), que despidió el 2011 desnudándose en una entrevista de Juan José Mateo en El País: “Me ha faltado ser menos previsible jugando”, “me ha faltado un pelín de intensidad en todo: piernas, golpes y cabeza”. Y en cuanto el periodista le nombró a Novak Djokovic Nadal fue directo: “¿Qué he hecho mal? No ir más allá”. A Nadal le quedó la sensación de no haber retorcido a Djokovic como podía haber hecho en ninguna de las seis finales que perdió contra él la temporada pasada. Poco más de un mes después de aquella conversación el mallorquín volvió a ceder ante Djokovic, pero lo hizo de otra forma, llevándole a cinco sets y exigiéndole en la final de un Grand Slam más larga de la historia, 5-7, 6-4, 6-2, 6-7(5), 7-5. 5 horas y 53 minutos, una marca superior a las 4 horas y 54 minutos del Mats Vilander-Ivan Lendl del Abierto de Estados Unidos de 1988. Una eternidad en la que Nadal, haciendo de tripas corazón, demostró esas mejoras que ha entrenado con su entrenador Toni durante las vacaciones -la ubicación en la pista, el jugar mucho más dentro, el servicio, una nueva raqueta..- y resultó muy agresivo, tanto para remontarle dos sets a uno en contra al número 1 y de tenerle contra las cuerdas. Lo tuvo a tiro en la última manga sirviendo con 2-4 a favor y 30-15 falló una volea clara en un juego que se llevó el serbio, al que salvó trece bolas de rotura. Djokovic sumó el quinto Grand Slam de su historia: el tercer Abierto de Australia. También tiene un trofeo de Wimbledon y otro del Abierto de Estados Unidos.

“Hemos hecho historia esta noche. Podríamos haber ganado los dos. Desafortunadamente no puede ser”, se arrancó Djokovic, “espero que tengamos más partidos como éste”. Un gesto tan extraordinario como un encuentro que “nunca olvidaré, sobre todo por este público. Espero volver el año que viene y muchos más”. Palabra de Nadal, que acabó tan exhausto que vivió parte de los discursos de las autoridades apoyado en la red, mientras Djokovic, comedido, hacía estiramiento. Ya se había liberado antes el número 1 arrancándose la camiseta y gritando sin parar. Una celebración salvaje para una cita para enmarcar que dejó a Nadal mucho más cerca de su rival y que le convierte en el primer tenista de la historia en encadenar tres finales perdidas en un Grand Slam, justo en la primera ocasión en la que un grande se acabó jugando bajo techo -impagable la imagen de los voluntarios secando la pista con toallas, en un mosaico multicolor, unos iban de azul, otros de amarillo y otros de naranja-. Llovió en Melbourne y la Rod Laver Arena se cubrió del todo. Cinco minutos de descanso tras los cuales Nadal forzó el quinto set tras imponerse en el tie-break después de ir 5-3 en contra.


Comodo, incómodo

Nadal se arrodilló y celebró ese momento como una pequeña gran victoria por cuanto había sufrido para llegar allí. Por haber contenido a Djokovic jugándole donde más daño le hace, a su derecha, por torturarle a derechas inversas y paralelas en ese cuarto set o en el primer, que se había llevado 5-7 -en 1 hora y 20 minutos- y después de ganar juegos como el quinto, en el que rompió por primera vez el servicio a un Djokovic que había sumado tres saques directos en ese juego. Nadal subió entonces con criterio y valentía a la red y restaba dentro. Exigía al máximo al serbio, muy cómodo, por contra en el segundo y en el tercer set, cuando Djokovic impuso su ritmo y jugó con Nadal llevándole de un sitio a otro. Pero incluso así resistió Nadal, que todavía le salvó tres pelotas de set en la segunda manga y redujo diferencias de 4-1 a 5-4 rompiendo el servicio de su rival, confundido con su primer doble falta. El error que condenó a Nadal a perder ese set. 

El mallorquín se descompuso al resto  y encajó cuatro juegos en blanco en la tercera manga (6-2), en la que volvía a estar lejos de la línea, abusaba de los cortados y parecía haberse olvidado de esa agresividad y movilidad que recuperó después para llevar al límite a Djokovic, contra el que, efectivamente, volvió a perder, pero ante el que exigió al límite, como no había pasado durante el 2011. Este Nadal renovado está cerca de ese serbio maravilloso que es capaz de ponerse a cantar en un karaoke como de llegar a bolas increíbles.

sábado 28 de enero de 2012

Azarenka alcanza el número uno empequeñeciendo a Sharapova para ganar su primer Grand Slam en Australia


En los guiños de los realizadores de televisión se explican muchas historias, especialmente cuando se entretienen captando la reacción de las deportistas a cuanto acontece en la competición. Victoria Azarenka (Minsk, Bielorrusia, 1989) acaba de fallar un punto de break y en vez de lamentarse parece estar cantando su error con cierta gracia, dándole melodía a esa caña que le ha salido. Una equivocación anecdótica para ella, que a la siguiente oportunidad se lleva el juego, el octavo consecutivo. Y al saque Azarenka se lleva el partido, el número uno mundial y su primer Grand Slam, el Abierto de Australia, ante una Maria Sharapova pasada de revoluciones a lo largo de la noche australiana y que falló el resto lanzando la pelota a la red para perder por 6-3 y 6-0 en una hora y 22 minutos.

Azarenka, Vika para su entorno, es tan expresiva en una pista de tenis como fuera de ella, algo que le perjudicaba antes, cuando era demasiado impulsiva: “Mi equipo me ha hecho darme cuenta de que puedo confiar en mí”. Si durante el partido se había mostrado más segura, paciente, eficaz, buena gestora -sabiendo sobrevivir a los primeros obuses de Sharapova- además de escoger bien sus subidas a la red en el triunfo estuvo casi adorable. Primero se arrodilló y se tapó la cara, para poner cara de sorpendida, irse a abrazarse a su técnico, Sam Smuyk, a la pareja de éste y a su fisio, Jean Pierre Bruyere. Los siguientes gestos, para el público, al que obsequió con varias muñequeras y con su cinta, todo de color verde. Verde esperanza, la que no perdió la bielorrusa -la primera que juega y gana una final de Grand Slam- después de empezar muy nerviosa y verse con 0-2 y 0-30 en contra nada más empezar tras dos dobles faltas. 

Sólo entonces Sharapova pareció Sharapova. Después la rusa no tuvo réplica, vio cómo su rival remontaba el parcial para ponerse 3-2. Sharapova sólo pudo llevarse un juego más en todo el partido con un ace (3-3) y empezó a competir contra Azarenka y contra sí misma, obsesionada como estaba en revertir la situación con golpes a la línea y con mucha potencia. Le salió cruz por completo: “Vika se merece este título lo ha trabajo mucho. Es un honor que su nombre figure en este torneo”.

Décimo título

Sharapova estuvo elegante en su discurso en la jornada que perdió su tercera final de Grand Slam -ha ganado tres: Wimbledon en 2004, el Abierto de Estados Unidos en 2006 y el Abierto de Australia en 2008-. Azarenka sonreía agradecida, tímida ante tal alago y en su primera frase lo agredeció: “Gracias por tus palabras”. La bielorrusia acababa de recibir el trofeo de las manos de Martina Hingis, que según Eurosport podría jugar los dobles de los Juegos Olímpicos de Londres como Roger Federer. El suizo es el ídolo de Azarenka, a la que le encanta leer, estar con los amigos y escuchar música, desde rock pasando por hip-hop o R&B. Quién sabe en qué estilo se puso a cantar ante aquel fallo. Un despiste puntual para una grandiosa campeona que parecía toda una veterana en su primera gran cita.  

Ahora Azarenka es la nueva número uno mundial -Sharapova será tercera-, acumula diez títulos (Abierto de Australia y Sydney este curso; Miami, Marbella y Luxemburgo en 2011; Stanford y Moscú en 2010; Brisbane, Memphis y Miami en 2009; y ITF/Petange-LUX en 2005) y ya tiene su primer Grand Slam venciendo a la campeona la titánica Kim Clijsters en semifinales y sacando la versión más obsesiva a Sharapova en la final. Es la quinta campeona diferente en los últimos cinco grandes.