Cronómetro de Récords entrevista a la entrenadora del Celta Baloncesto
Toni Delgado / Horta
Cantero son tan detalladas y generosas que dan pie a muchas preguntas no previstas. Las contesta sin prisas. Un regalo para el periodista. “Serán unos ocho minutos”, había prometido Cronómetro de Récords a Nano Ameneiro, jefe de prensa del líder del grupo A de Liga Femenina 2. Hay un 8 en el tiempo final de entrevista: 38m 57s. Cantero lleva un peinado parecido, sigue sin tener canción favorita y enamorada de su deporte. Ahora tiene todavía más motivos para vivirlo así.
—¿Cómo es este grupo?
Muy majo, trabajador y agradecido. Me dejan
entrenarlas y darles caña… Disfruto mucho con ellas.
—El curso pasado perdisteis varios partidos igualados.
Éste soléis reponeros de los bajones con naturalidad. El Lima-Horta
Barcelona se ha acercado 40-41 tras un parcial de 11-0. Vuestra réplica, un
0-10.
Es curioso: a veces el equipo responde muy bien en
momentos de estrés y con mucha juventud en pista. Itzi [Germán] y Minata
[Keita], las veteranas, suelen proporcionarnos ese plus, aunque en otras
ocasiones, como hoy [por el sábado], las jóvenes han dado el paso decisivo:
Ainhoa [Lacorzana Gervasini] ha tirado del carro, Raquel [Carrera] ha estado
muy bien… A Sarah [Ogoke] le ha costado más entrar por las faltas, Itzi no
ha estado cómoda, pues le duele la rodilla, Anne [Senosiain], irregular…
—Patricia Vicente ha sido clave tras el
descanso.
Estoy de acuerdo. Patri estaba trabajando muy bien,
pero no obtenía resultados. Es fundamental aparezcan muchas jugadoras y no
dependamos de nadie.
—Todas se sienten importantes, aunque haya quienes
tengan más peso.
Ese último es el papel de Itzi Germán y Minata Keita.
Ainhoa [Lacorzana Gervasini] nos ha salvado varias veces: esta tarde, en la
visita al Barça CBS, en Lugo nos reenganchó al partido cuando estábamos
desquiciadas… Otro día es Patri Vicente… Paula [Fernández-Ahuja], con un rol
más oscuro, nos está ayudando un montón, igual que Laura [Alonso], que nos da
más movilidad. Cada una aporta su granito de arena.
—Por cómo hablas, parece que tengas toda la temporada
en la cabeza y una gran memoria visual.
Cuando las cosas van bien, todavía trabajas más porque
el equipo te lo pide, y en lugar de dos vídeos, ves tres. Nacho [Silva], Pedro
[Fernández], Pelayo [Suárez] y servidora nos repartimos el trabajo, editamos
los partidos… Hay un trabajo oscuro para que las jugadoras luzcan en la pista.
Siempre les digo que los entrenadores y entrenadoras somos meros ayudantes. Las
protagonistas son ellas.
—Pelayo Suárez es el psicólogo.
Y fue jugador a muy bien nivel. En mi época de jugadora
Pelayo había estado en un cuerpo técnico y decimos incorporarle el año pasado,
cuando la cosa iba regular. A mí me ayudó muchísimo y lo sigue haciendo porque
me regala perspectivas diferentes, hace que le dé más vueltas a la cabeza,
reflexiona sobre qué le va bien y mal al equipo, el tono adecuado…
—Les ayuda a relativizar aciertos y errores. A tener
los pies en el suelo.
Exacto. A controlar los colapsos por no jugar partidos
o por equivocarse en la pista. Con Pelayo se desahogan más que conmigo. Anne
Senosiain, por ejemplo, tiene mucho carácter y se exige muchísimo, tanto que le
cuesta digerir un error o que el equipo no juegue bien. Como es la base se echa
la culpa a sí misma si las cosas no funcionan. Ella no tiene la culpa, y me
canso de repetírselo.
—¿Tú también te exigías tanto cuando jugabas?
Bueno, la jugadora siempre lo hace mucho.
—¿Te sientes identificada con Senosiain?
Yo soy muy andaluza. Tengo otro carácter y forma de
ser, más chispa y alegría. Ella es de Navarra, más terca, más cabezona… Cedo
antes que ella. Intento que sean cómo era yo en la pista: competitivas,
aguerridas y que no bajen los brazos jamás. Si el rival nos gana, que sea
porque es mejor y no es nuestro día. Quizá hemos tenido un pequeño bajón y creo
que nos estamos reponiendo.
—¿Cómo se trabaja la confianza?
No es fácil. A veces, por mucho que le digas a la
jugadora que lance tranquila, si ella no lo siente así...
—¿Se puede transmitir confianza como si fuese un
juego?
Sí, más o menos. Si te esfuerzas y no tienes resultados,
tu consciencia tiene que estar tranquila, aunque estés cabreada.
—Te voy a decir lo mismo que en la Copa de la Reina de
Zaragoza a Bea Sánchez, jugadora del Uni Ferrol: tienes acento gallego. Ella es
de Rota (Cádiz) y tú, de Cabra (Córdoba).
¡Hombre! Fiché por el Celta como jugadora en 2002 y
antes ya había jugado dos años en Villagarcía [en esta frase clava el acento
gallego]. Son 18 años en Galicia, y mis hijos son gallegos. [Nos reímos]. Se
vive muy bien allí.
—A ver si estás de acuerdo o no con Svetislav Pesic,
nuevo entrenador del Barça: “No es suficiente que el entrenador les pida lucha
y victoria, que les motive, hay que decirles también cómo luchar. Les has de
poner normas”. Parece que ahora haya que dar explicaciones por todo.
Tal cual. La juventud necesita entender cómo y por qué
hacer las cosas. Antes te decían “¡vamos!” e ibas a muerte, como una loca.
—¿Cómo son ahora las jugadoras jóvenes?
Más señoritas. Parece que si no me se lo explicas todo
detallado... Si digo A, por favor, haz A. En general, la sociedad se lo
encuentra todo hecho.
—“La mayoría de los jugadores están acostumbrados a
permitir que el entrenador piense por ellos. Cuando en la pista se topan con un
problema, miran nerviosamente hacia el banquillo con la esperanza de que el
entrenador les dé la solución”, defiende Phil Jackson.
Es así. A veces, cuando la jugadora está muy cansada y
no le da para pensar, no es malo. Hay jugadoras que son listas y capaces de ir
leyendo el partido a tu ritmo.
—¿Crees que falta conocimiento de juego en categorías
inferiores?
Sí. Pienso que ahora ha cambiado. Cuando aprendes un
detalle técnico, deberías entender también cuándo y cómo utilizarlo. Tengo
jugadoras que sólo ven la primera defensa y no la siguiente y/o la de ayuda. Lo
bonito sería jugar mucho más libre, pero mi equipo, con todo abierto, suele ser
un caos. Con normas y sistemas evitas ese desequilibrio.
—Eso refuerza la confianza con el entrenador o
entrenadora, aunque las hace más vulnerables.
Sí, pero las jugadoras siempre tienen virtudes: tiran
o penetran bien. Tienes que ver cuántas jugadoras tienes de un tipo y del otro e
intentas conducir a tu equipo hacia el camino idóneo.
—¿Cómo se sentiría Cristina Cantero como base de este
Celta?
Yo era de clase media currante: jugué bastantes
minutos, aunque no en equipos punteros, y disputé semifinales de Liga. Defendía
muy bien, corría y podía jugar de 1, 2 o 3. No era
una killer, sino que jugaba para que las demás metiesen. Así que le
daría bolas a Keita, Ogoke, Senosiain… ¡Jugaría feliz!
—¿Te retiraste porque no eras feliz? Fuiste la cuarta
que más minutos jugó ese curso (2006/2007).
Se me juntó todo, era mi quinta temporada en el Celta,
ya entrenaba en la cantera, llevaba dos años casada… Había acabado la carrera y
un máster, y buscaba nuevas motivaciones. Me retiré con 29 años porque tuve la
sensación de que podía seguir trabajando para el club.
—Fichaste por el Celta después de huir, entre
comillas, del Basket Zaragoza, entrenado entonces por Carlos Colinas, tu pareja
y actual director deportivo del conjunto celeste.
Esa temporada fue durísima, aunque aprendí mucho en
todos los aspectos. Eso sí, me dije que no volvería a pasar por lo mismo.
Cuando Miguel Méndez se fue a Burgos, el presidente se
planteó fichar a Carlos de entrenador. Le dije que me parecía perfecto, pero
que, si lo hacía, dejaría el equipo. “No, no, tú mandas, llevas aquí muchos
años…”, me respondió.
—Entiendo que había compañeras que no estaban cómodas
con la situación.
Pero yo no tenía un papel protagonista…
—Supongo que se cortarían con algunos comentarios
estando tú delante.
¡Yo también los hacía! Me cabreaba con él. ¡Era una
más!
—Tú te veías una más, pero quizás las otras…
Por ahí viene un poco todo. De hecho, Carlos tuvo
problemas con algunas compañeras y a veces la cosa me salpicaba a mí. Y yo no
tenía la culpa y no quería saber nada. Mi primer año en el Celta fue buenísimo
porque necesitaba volver a ser feliz.
—Te sentías liberada.
Completamente. Miguel Méndez confió en mí y estuve
cómoda jugando para las demás y muchos minutos. Hice muy buenas migas con Noemí
Jordana, que se convirtió en una de mis mejores amigas. ¿Sabes qué le dije a
Itzi Germán cuando le comenté que quería ficharla? “Disfruta jugando, sonríe
todo el rato, mejórame al equipo y juega
bien”. Ayer acabé el entreno haciendo dos juegos, una tontería, y vi a Minata
reírse… Desde la lesión no soltaba una sonrisa. Y se estaba tronchando por algo
que le había pasado con Raquel [Carrera]. Ese momento me llenó más que el 5
contra 5 porque necesito que el equipo disfrute. Hemos tenido muchas lesiones y
la gente está muy tensa.
—¿Alba Torrens es la compañera más alegre que has
tenido?
[Se ríe]. ¡Puede ser! Hubo un momento en que estábamos
en la zona baja, acumulábamos muchas lesiones y Alba hacía cosas de
inconsciente. Pero como es una jugona. “Pásamela, tía, que la voy a meter…”, me
decía. No ha perdido esa chispa, y ahora tiene serenidad y veteranía. Todo el
mundo sonríe con el juego de Alba Torrens. Pase lo que pase, la jugadora tiene
que sonreír.
—En ese Celta también estaba Gema García, que se está
recuperando de una lesión.
Gema tiene esa chispa andaluza. Su carrera es
tremenda. Ha tenido mala pata con la rodilla, pero es muy peleona y
trabajadora. Seguro que volverá más fuerte.
—También coincidiste con Tamara Abalde, que este año
ha dado un salto de calidad importante en el Stadium Casablanca.
Tiene mucha clase y ve el aro con mucha facilidad.
Creo que durante un tiempo Tamara se empeñó en jugar más al 3 que
al 4, cuando en el 4 hace muchísimo daño.
—Una de tus compañeras en tu primera temporada en Liga
Femenina, Peque Cerqueira, sigue jugando con 43 años.
Tenemos muy buena relación. Habíamos coincidido en el
Universidad de Granada, en Primera División [la antigua Liga Femenina 2]: yo
era júnior y ella, una sénior que había jugado en el Cortegada, el Getafe…
Era top, y la veía…
—¿Inalcanzable?
Tal cual, y quizás entonces no tuvimos tanta relación
como en el año de Linares [CB Santana]. Vivía con ella y Bea [Díaz-Larrauri]. Resultó
un año brutal que disfruté desde la inocencia, fijándome en el más mínimo
detalle. Tenía muchas ganas de aprender.
—De esa temporada sólo el Perfumerías Avenida en Liga
Femenina. El campeón fue el Celta, y el CD Islas Canarias, el subcampeón.
Equipos como el UB Barça y el Ros Casares han desaparecido.
El Porta XI tenía una gran plantilla: Begoña García,
Isa Sánchez… Tuve suerte de jugar en una Liga Femenina muy bonita y de defender
a jugadoras extraordinarias: Elena Tornikidou, Pilar Valero, Rosi Sánchez,
Catarina Pollini... Esos retos me llenaban. Recuerdo mucho más esos partidos
que los que metí más puntos.
—¿A qué excompañera te gustaría entrenar?
¡A Noe [Jordana]! Ya se lo he dicho. Nos pelearíamos
seguro.
—Pero sería un reto también [risas].
Es tan lista y te hace tan sencillo jugar a su lado…
Es un lujo. He llegado a decirles a los entrenadores que me cambiasen porque no
era capaz de defender a una rival. Después le daba la vuelta a la situación. O
al menos lo intentaba. Eso es tener confianza y madurez.
—Tus entrenadores y tú misma teníais claro que
acabarías en el banquillo.
Siendo cadete ya me gustaba. Como jugadora ya leía el
juego constantemente. A Laura Alonso, la capitana, la he entrenado desde
infantil. Siempre me ha encantado ver crecer a las jugadoras.
—Transmites conocimientos, sacrificio, dedicación y,
sobre todo, ilusión.
Sí. Al equipo le he dicho que si, después del esfuerzo
que estamos haciendo, no nos clasificamos para la fase de ascenso, no les podré
objetar nada. ¿Será un palo y una desilusión? Sí, pero nuestra consciencia
tendría que estar muy tranquila. La vida es dura. Hay que remar cada minuto.
—Fuiste vicepresidenta de la Asociación de Jugadoras
de Baloncesto (AJUB). Hace 12 años me dijiste que uno de los objetivos era que
todas las jugadoras estuviesen dadas de alta. Parece mentira que la situación
fuese ésa.
En esa época peleamos mucho con Betty Cebrián
[entonces presidenta, ahora lo es Luci Pascua], estuvimos de abogados, fuimos a
Madrid a reuniones… Necesitamos que las jugadoras top den la
cara, aunque están en Euroliga y mil historias, y la cabeza no les da… No les
da el chollo, como digo yo a veces. Muy gallega esa frase.
—No tienen esa necesidad.
La clase media tiene que estar muy representada en la
asociación. Por eso estuve durante un tiempo. Me he tirado muchos años jugando
sin cotizar, y es un problema. En mi equipo está legal todo. Hay inspecciones,
y si no cumples, te dan por todos los sitios. Y con razón.
—Tu padrino en el baloncesto fue Rafa Montes.
Le tengo un cariño especial, apostó por mí, me sacó
del pueblo e incluso parte de mi cuota, y me llevaba y traía en el coche.
—¿Qué debería pasar para que la Liga Femenina
recuperase el nivel que tenía cuando te retiraste?
No podemos vivir sólo del dinero público. La empresa
privada tiene que ver que es un torneo atractivo y los equipos, acercarse a sus
ciudades. Zorka apostó por nosotras cuando no teníamos recursos y es de
agradecer. El deporte puede dar mucho a las empresas.
—Cuando, a finales de noviembre, entrevisté a Raquel
Carrera me pareció una persona de 65 años en un cuerpo de 16.
Es muy madura en pista, pero fuera es una cría. Es muy
graciosa.
—“Debo mantenerme con los pies en la tierra y seguir
trabajando cada duro. Si continúo mejorando, podré llegar. Que no es así,
insistiré hasta llegar sí o sí”, me contestó cuando le pregunté en qué debe
mejorar para llegar a la selección absoluta.
Tiene esa naturalidad en pista. Hay que apretarle,
necesita seguir trabajando y mejorar. Eso sí, es currante y dispone de
referentes cercanos, como Itzi Germán, que es un cañón entrenándose. Esa ética
de trabajo es la que tienen que aprender las jóvenes. De ahí que sea importante
contar con, al menos, una buena veterana en un equipo.
No hay comentarios :
Publicar un comentario