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lunes, 20 de mayo de 2019

Sergio Heredia: "Todo el mundo es entrevistable, como mínimo, una vez"

Cronómetro de Récords entrevista al periodista de 'La Vanguardia', único doble finalista en los premios AIPS Sport Media

Toni Delgado / Barcelona 

Sergio Heredia durante la entrevista. Foto: Toni Delgado / Cronómetro de Récords. 

—Sergio, quiero que me sorprendas. Espero cosas diferentes de ti –le comentó Joanjo Pallàs. Su nuevo jefe en La Vanguardia confiaba mucho en él. 

Aunque el primer sorprendido siempre es el propio Sergio Heredia (Barcelona, 1970). Salió contrariado de la entrevista con el atleta paralímpico keniano Jonah Chesum, ganador del maratón de Barcelona de 2017. Por el camino repasó mentalmente la conversación.

domingo, 26 de marzo de 2017

Javier Ortiz: “Me gustan mucho los jugadores malditos, los que no cumplen las expectativas generadas”

El periodista de ‘El Periódico Extremadura’ recopila anécdotas en ‘101 historias del boooom del basket español’ 

Javier Ortiz en la Copa de la Reina de Girona. Foto: Toni Delgado. 

“Jugaba a baloncesto, pero era muy malo”, reconoce Javier Ortiz (Cáceres, 1974), periodista deportivo de El Periódico Extremadura, a Cronómetro de Récords. Así que cuando, con 13 o 14 años se apuntó al campus que el Granollers Esportiu Bàsquet organizaba en su ciudad, lo hizo con la ilusión de jugar y mejorar un poco. No se imaginaba que acabaría disputando un campeonato del trivial de baloncesto que regalaba la revista Basket 16 ni que le apodarían Trivial porque no tenía rival. Y mucho menos que

lunes, 23 de marzo de 2015

Pilar Calvo: “Para mí ha sido una bendición no haber tenido las cosas nada fáciles”

Cronómetro de Récords entrevista a la moderadora de la primera edición de Fòrum Esport i Dona Barcelona

Pilar Calvo, en la primera edición de Fòrum Dona i Esport Barcelona. Foto: Toni Delgado. 


El periodismo deportivo catalán no se entiende Pilar Calvo. Tras su paso por medios como Catalunya Ràdio, TV3, Sport o El Periódico de Catalunya, decidió reinventarse y ahora se dedica al marketing, la comunicación y el networking en Perfect Match, empresa que dirige. Cronómetro de Récords habló con ella durante un descanso de la primera edición del Fòrum Esport i Dona Barcelona, celebrado en Valkiria Hub Space. Pilar Calvo fue la moderadora y presentadora de un acto valiente y necesario que congregó a más de 300

martes, 5 de enero de 2010

Jordi Robirosa: "He intentado aplicar la NBA y su pauta a los partidos de la ACB y creo que eso ha cuajado"

Robirosa, con la jugadora Marta Fernández: la dupla de NBA.cat -TVC.


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Segunda y última parte de la entrevista de Cronómetro de Récords a Jordi Robirosa (Barcelona, 1958). Una conversación que podría haber dado también para un documental de cómo vive el locutor los momentos previos a un partido, pues la entrevista empieza en una cafetería, continúa en un párking donde el protagonista va a recoger su coche –con un pequeño susto: el encargado le exige un tícket que no le ha dado– y concluye poco antes de empezar su retransmisión del Barça-Suzuki Manresa. “Jordi, tienes que entrar a las ocho y veinte para el 3/24 [canal de noticias de TV3]”, le dice un miembro de su equipo. Eso es… en cuatro minutos. “Toni, seguimos en contacto, eh”, promete Robirosa, que se aleja con la ilusión de un debutante.

- Siempre defiendes al jugador que menos minutos juega, aunque con Barrett te fue imposible.

Claro, Barrett ocupaba plaza de americano. Lo que dije, y con esto tuve diferencias con Xavi [Pascual, entrenador del Barça], es que no había visto un jugador americano ocupando una plaza de americano que jugase tan pocos minutos. Es que no era el tercer base del equipo, sino el cuarto. Porque Grimau también acababa jugando en esa posición. Apoyo a Jordi Trias, por ejemplo, porque cuando sale suma. Tampoco soy un hombre de hielo, al contrario, tengo mis sentimientos. Jordi es un chaval excepcional al que le tengo un cariño especial, pero no mentiré y diré “¡qué gran partido ha jugado Trias en ocho minutos!” si ha hecho cero puntos. Pero como veo que lucha, le ayudo. El día que fiche por otro equipo seré el primero en saberlo, pero no lo hago por eso, sino porque creo que lo tengo que hacer y porque me cae bien.

- En A prop de les estrelles de l’NBA [el libro que Robirosa acaba de publicar] haces autocrítica por no haber defendido a Marc Gasol en el Barça, pero siempre que salía decías que tenía talento…
Yo lo defendía, pero tardé en decir que su entrenador estaba cometiendo una barbaridad increíble con él. Y eso lo he hablado con el propio Marc y con su padre, Agustí. De hecho, les extrañaba que le hubiésemos dado un margen enorme de confianza a una persona que no se lo merecía. Primero porque no se comportó como una buena persona. Y en segundo lugar porque como entrenador fue nefasto. Marc Gasol, uno de los mejores pívots del mundo, pasó por el Barça y… Pero si este señor llegó a decir que no era jugador de baloncesto… Que lo sé y me lo han dicho. No lo dije a tiempo y me equivoqué. Lo que explico en el libro es rigurosamente cierto. Le pedí perdón a Marc en una cena en Memphis: “Perdona, porque de tan prudente falté a una verdad periodística evidente, que se estaba cometiendo una barbaridad”. Esta barbaridad no que no afectó al jugador, sino al propio Barça, que ha creado a uno de los mejores jugadores y no lo ha podido aprovechar a causa de una persona sin criterio.

- ¿Ivanovic ha sido el entrenador que más ha desaprovechado una plantilla?
Evidentemente y con mucha diferencia. El caso Ivanovic no lo había visto nunca. Con Aíto teníamos diferencias, pero al final conseguía objetivos, ganaba. Aíto no hubiese cometido nunca esta barbaridad.

- ¿Y el técnico que ha sabido aprovechar mejor una plantilla más modesta?
[Luis] Casimiro en el Manresa: impresionante. Le hizo campeón de Liga. Salva Maldonado, también con el Manresa, pero sobre todo Casimiro porque ganó la Liga en playoffs y con el factor campo siempre en contra. Es uno de los técnicos que me merece más respeto porque hacer campeón al Barça tiene mérito, pero con el Manresa... En la ciudad tendrían que hacerle un monumento a la entrada al lado de una de Chichi Creus.

- ¿Hasta qué punto es importante tener un estilo propio y saber encontrarlo?
No lo he pensado. He llegado de manera natural. No salgo pensado en que lo haré así o asá, pero sí que es verdad que tenía un estilo y que tengo. Uno se va moldeando con los años. Creo que sobre todo fue a partir de hacer resúmenes de NBA. He intentado aplicar la NBA y su pauta a los partidos de la ACB. Y creo que eso ha cuajado. Llevo prácticamente 25 años haciendo partidos. Si no lo hiciese bien es evidente que me hubiesen dado la puntada. Soy el periodista de básket, y creo que de deportes en general o al menos en televisión, más veterano en Catalunya y España. Sin duda.

- Haces comentarios como si fuesen matices, los típicos añadidos que en un texto saldrían entre guiones.
Es como si escribiese, ¿no?

- Sí.
Pues es cierto. Me gusta que las cosas tengan un inicio y un final y creo que me gusta mucho incluir explicaciones intermedias porque creo que son enriquecedores. No me habían dicho nunca esto, pero tienes razón.

- ¿Has tenido problemas por defender tu estilo especialmente al principio?
No, en la tele ninguno. Hago una serie de cosas de las cuales hay gente que no está de acuerdo, pero lo argumento y me lo dejan pasar, como catalanizar nombres como Estudiantes (Estudiants). Tengo todo el respeto por este club, pero yo vengo de una familia de básket y si hablas con los veteranos como Nino Buscató siempre te dirá Estudiants. Mi padre no decía “juega hoy el Barça contra el Estudiantes”, sino que se refería a los “estudiants” porque eran los estudiantes.

- ¿Has pensado en hacer un diccionario?
En absoluto. Porque tengo un vocabulario amplio de catalán. Sé catalán. Entré en la tele porque era una época en que había poca gente que lo escribiese bien y yo sí lo hacía. Tengo una suerte: soy un manazas, pero tengo mucha facilidad para aprender idiomas. Mucha. Llego a un lugar y en una semana pillo cosas.

- ¿Tienes algún ritual antes de una retransmisión?
Ninguno. No tengo manías, no soy nada supersticioso, no tengo lemas ni ninguna tontería de ésas. No tengo ni rutina. Simplemente intento ir bien preparado.

- ¿Con qué tres momentos de la NBA que has vivido en directo te quedarías?
Uno, primero y principal, el título de Pau, vivido a pie de pista y haciéndole la primera entrevista. Dos, el primer título de Michael Jordan, cuando yo también estaba en la pista justo y, como explico en el libro, 18 años antes de que Pau ganase su anillo. Le toqué la espalda, aunque no soy fetichista. Ahora no sería posible y te pegarían de ostias. Y el tercero es negativo, el día que muere Drazen Petrovic. Me coge en las finales de la NBA, voy a New Jersey… La muerte de una persona joven es un impacto brutal.

- ¿Hasta qué punto el éxito de Pau ha favorecido el éxito del básket en este país?
Ha favorecido, pero ya venía de lejos. Pau no se entendería sin Nacho Solobazal, Nacho Solozábal no se entendería sin Nino Buscató y Nino Buscató no se entendería sin mi padre, Marcelí Maneja y todos los del años 40-50. Pau, con su inmenso talento, se ha limitado a recoger los frutos de una base enorme. Esta mañana he ido a hacer un reportaje del torneo de El Molinet, en el que había… ¡1.500 niños inscritos! La base del éxito está allá. No dudes de que saldrá otro Pau Gasol.


Robirosa, en el medio, en la presentación del libro - Viena Edicions.

- ¿Rodman es el tipo más extraño que te has encontrado en una pista de básket?
- Sin duda el más estrafalario. Yo me reía con él. Era el tipo al que le he visto hacer las cosas más extrañas, pero lo conocí cuando era más o menos normal. Sólo un hot dogging [jugador predispuesto a hacer gestos, hablar con los árbitros y la grada…], aunque él lo negaba. Al final ya era casi imposible entrevistarlo.

- Mencionas a un tal Steve Trumbo. Parece que era bastante personaje.
Era mormón, se casó con Carolina, una chica de Valladolid. Él jugó en el Barça y era un gran especialista de recoger rebotes de basura. Era un tipo muy divertido. Un día fui a su casa, en la que tenía carteles, pinturas y personajes. Y le dije: “Stephe, ¿éste es tu abuelo, tu bisabuelo?”. “¡Noooooo! ¡Noooooo! ¡Es el profeta! ¿No sabes quién es Brigham Young?”, me dijo. “Bueno, bueno, Steve, perdona…”. “¡Brigham Young es el profeta!”, reproduce Robirosa imitando a Steve. Era muy divertido y le tenía mucho aprecio.

- ¿Es una presión ser la imagen de la NBA en Catalunya?
En absoluto. Es un goig para mí. Como cuando estos chicos vienen y te piden un autógrafo. Me encanta. Ojalá esto pudiese durar muchos años.

- ¿Aceptarías un programa nocturno de NBA como Montes y Daimiel?
No sé. Porque eso castiga mucho. Yo vi a Montes y Daimiel y sé lo que castiga. Significa alternar la vida, no sé si me armaría de valor y haría de tripas corazón. Si lo tuviese que hacer por narices lo haría, pero creo que es algo que tendría que hacer una persona que comience en la profesión y no alguien que lleve 25 años.

- ¿Cómo era Andrés?
Era un tío genial, un tío muy divertido. Tenía dos formas de ser. Era cerrado para quien no lo conocía y se ponía una barrera para el resto. Pero si entrabas dentro era muy divertido, muy irónico. Me entendía muy bien con él.

- ¿Qué valores valoras de un periodista y qué valores crees que transmites?
Valoro sobre todo la ética periodística, como en el caso de las declaraciones de la madre de los Gasol. Ha sido una vergüenza. El periodista éste, que para mí no es periodista, sino un personaje, el de La Gaceta de los Negocios, debió llamar a Marisa, a la que conozco desde hace más de diez años. Es una mujer que tiene una forma de hablar, que ha pasado momento difíciles porque está sola con sus hijos. Ella dijo una serie de cosas que no tenía que haber dicho, pero estoy absolutamente convencido que se ha publicado sin que supiese nada. Y esto no es ético ni nada. Envié un correo a la familia Gasol diciéndoles que nosotros, como Televisió de Catalunya, no haríamos ninguna referencia al asunto. Y llamé a su representante, Arturo Ortega, para asegurarle que no íbamos a hacer nada al respecto porque consideraba que eso no es periodismo. Primero porque se ha conseguido de una forma antiética. ¿Después qué tenemos que hacer? ¿Comenzar a hablar de las madres, de las hermanitas? ¿Somos Salsa Rosa o qué somos? En la tele me dieron la razón. Hay que tener ética humana y ética periodística. Las dos.

- ¿Qué poder puede llegar a tener un comentarista de deportes?
Un poder muy grande. Es una cosa que tengo muy clara. Sé que lo que diga a misa, y por eso debes ir con mucho cuidado con lo que dices. Había un jugador que se llamaba Granville Waiters del Barça: era un patata y nosotros, Lluís Canut y yo decíamos que era un especialista, que no era tan malo. El tío se sorprendía que saliese y la gente le aplaudiese. “¡Es la primera vez que me aplauden!”, comentaba orgulloso. En una guía no oficial de jugadores de la NBA lo ponían verde y estaba decidido a decirlo un día. Lo hice en el último partido y la gente se sorprendió. No era jugador para el Barça, pero nos reíamos y la gente le aplaudía.

- ¿Crees que por tu carácter fomentas situaciones peculiares? Como, por ejemplo, conseguir que un tipo tan serio como Larry Bird te sonriese.
No creo. Soy un periodista con experiencia e intento hacer cosas. Es como cuando le digo al cámara que grabe porque así ya tenemos la negativa si el jugador no quiere hablar. Así la noticia se genera desde el principio. En cambio si dices le dices, “¿quieres hablar conmigo?” y no lo hace… Genero las situaciones peculiares que quiero generar.


Pau Gasol tras machacar el aro en un partido con los Lakers -EFE.

- ¿Cómo ha cambio el básket desde que lo sigues?
Ha cambiado para bien en cuanto a la estructura de las ligas y de la competición, además de la visión de la prensa. Pero para mal en el juego en sí: cada vez es menos espectacular, ganan las defensas sobre los ataques, cosa que es un gran error. Nos estamos equivocando todos mucho y hemos perdido la percepción de que el básket también tiene que ser un espectáculo y no resultadismo.
- ¿Ampliar la distancia del triple [a partir de la temporada que viene será de 6’75 y no de 6’25 en ACB] favorecerá el juego interior?
Esto pasa como el hockey, del que soy un amante, donde cambian constantemente la distancia del penalti córner para ganar en juego en vivo. Los equipos llegan a especializarse y en poco tiempo vuelven a tener grandes porcentajes. Hay jugadores a los que no les afectará en nada, como a Juan Carlos Navarro.
- El básket femenino continúa siendo el gran olvidado. Sois uno de los pocos medios que apostáis por él.
Somos la única cadena que no envía sustitutos para el básket, sino los titulares. Intentamos hacer lo máximo por el básket femenino. Pero quien demuestra no creer en esto es la propia Federación Española de Baloncesto y las propias mujeres. Lo veo con las compañeras de mi hija, chicas de 17 años júniors. “¿Visteis el partido la Seu d’Urgell - Olesa Espanyol que hicimos el otro día?” Y ni una. “¿Habéis visto el partido de la Euroliga?”. Todas. Claro, las primeras que se tienen que poner las pilas para apoyar el proyecto son las propias mujeres. Damos cinco o seis partido al año de Liga Femenina, que son muchos, además de resúmenes cada semana, pero si ellas son las primeras que no lo ven tenemos un problema. No sólo te tiene que quejar, sino que tienes que hacer cosas para evolucionar. Es como si tú quieres aprender catalán y no compras nunca prensa en catalán. [La entrevista continúa en el párking y en el coche de Robirosa. A sonido ambiente. Queda grabado cómo arranca el motor].
- La peor noticia de los últimos años sobre básket femenino fue la desaparición del UB Barça.
Entra dentro del hecho de que el básket femenino de élite, mucho menos el de base, está muy herido. No hay ayudas económicas. El básket catalán tiene competencia desleal con el de España. El Ayuntamiento de Salamanca debe pagar todo o casi todo al Perfumerías Avenida, mientras que aquí ayuda institucional hay muy poca. Las cajas de ahorros nunca han apostado por el deporte de élite o casi nunca por el deporte, pero las instituciones hacen lo que pueden. En el caso del UB Barça [dice Robirosa mientras gestiona cómo encararse para coger la Travessera de Les Corts] el Barça no fue culpable de esta situación porque el Barça dijo que ayudarían al Universitari, pero que no crearían una sección propia. La gente se metió mucho con el Barça, pero creo que es un problema mucho más de fondo. Tuvo muchos culpables y ninguno. Ni el Barça ni la Generalitat ni la UB ni los pobres dirigentes del club, que hicieron lo que pudieron. El problema fue y es estructural, global de nuestro básket femenino de élite. Tenemos una base brutal, pero después no hay el apoyo económico suficiente para llegar a la élite y obrar en consecuencia.
- Es lamentable la decisión de hacer una Copa de la Reina de sólo cuatro equipos. Pura pantomima.
Con eso han demostrado que la Liga Femenina no les interesa nada, que sólo están por la selección española y de aquí las declaraciones de [José Luis] Sáez, absolutamente, exabruptos contra [Eduard] Portela [presidente de la ACB]. No tiene ningún sentido. Si él dice que la ACB es mejorable que se aplique el cuento e intente mejorar la Liga Femenina, que la tiene olvidada y con todos los clubs en contra. Es muy lamentable. Me da la impresión que, a parte de la Federació Catalana, los únicos que apoyamos el básket femenino somos nosotros. Tengo esa sensación. Y como creo en ello continuaré luchando.
- Es una cuestión personal.
Sí, sí. El día que sepamos negociar la fuerza de las mujeres en este deporte el básket será imbatible. ¿Cuántas chicas practican fútbol? Cuatro, pobrecillas y las tienen dejar de la mano de Dios. Mientras que el 40% de chicas federadas en Catalunya son chicas.
- ¿Por qué eres seguidores de los Celtics?
Porque cuando era pequeño, con 12-13 años, estaba con mi padre en casa y echaron TVE, Héroes de Ébano. En aquella película jugaban los Globetrotters, que eran los buenos, contra los Celtics, que curiosamente eran todos blancos e iban de verde. Nos pusimos a ver la peli y, lo típico de un chaval, tomé partido: “Papa, voy con los de verde porque son todos blancos y son nuestra raza, y no con los otros que son negros”. “Haz lo que quieras”, me dijo. Y desde entonces soy de los Celtics. Así que lo primero que hago cuando me levanto por la mañana es mirar qué han hecho los Celtics. Si pierden tengo un disgusto.
- Sé sincero, ¿con quién ibas en la final de 2008, Lakers-Celtics?
En el libro no lo he explicado, pero te lo explicaré a ti. Pau me viene en el primer entrenamiento antes del primer partido y me pregunta: “Jordi, ¿tú con quién vas?”. “Pau, con los Celtics”, le digo. “Me lo imaginaba”, me dijo. “Pero quiero que tú seas el mejor”. “Qué cabrón”.
- ¿Cuál sería tu quinteto ideal de la NBA?
Magic Johnson, Michael Jordan, Larry Bird, Pau Gasol y Tim Duncan de cinco, por fundamentos, los fundamentos más grandes que he visto en un jugador de básket.
- ¿Y de la Liga ACB?
Nacho Solozábal, Juan Carlos Navarro, Josep Maria Margall como cañonero, como tirador irrepetible, Audie Norris y Felipe Reyes de cuatro por altura.
- ¿De dónde es tu doble?
¡Era de Dubai! Un locutor de Dubai. Estos cabrones… No lo sabía y me pusieron la imagen por sorpresa (se ríe).
- ¿Qué se explica Carina? [su mujer, a la que le dedica el libro]
Hice esta dedicatoria tan bonita, que me quedó tan bien, porque soy un poeta y porque así me aseguro 10, 15 o 20 años más de matrimonio. Tenemos una profesión puta, que no es fácil. Para la conciliación familiar es duro.

[Bajamos del coche. Robirosa se hace un par de fotos con seguidores, firma tres libros, uno dedicado para Marcel, un joven enamorado de la NBA que vive temporalmente en Italia. Nos despedimos. El partido está a punto de empezar].



lunes, 4 de enero de 2010

Jordi Robirosa: "Si un fanático de un equipo está de acuerdo con lo que haces tienes un problema"

Robirosa, un caso de periodista "vocacional total y absoluto"- Viena Edicions.



Resulta demasiado sencillo hacer cábalas sobre cómo es una persona y todavía lo es más equivocarse por completo en el pronóstico. Pero Jordi Robirosa (Barcelona, 1958) viene a ser la excepción fuera de toda norma. En persona, sin cámaras de por medio, sigue siendo ese tipo entusiasma, apasionado y crítico con lo que considera “injusticias” que narra los partidos de básket en Televisió de Catalunya (TV3/ Canal 33). Tampoco cuesta reconocerle en el libro que acaba de publicar, A prop de les estrelles de l’NBA (Cerca de las estrellas de la NBA), editado por Viena Edicions.


Robi, como es conocido en la profesión, llega a la cita estresado: “Perdona, pero pensaba haber podido llegar antes y esperarte leyendo el periódico, pero el tráfico… ¿Por qué hay tanto tráfico?”. Y nada más aparecer, en la cola de la cafetería donde quedamos –“¡hay cola en todos los sitios!”–, no duda en abrirse. Cuenta que quiere ser amigo de todos, pero que no siempre le dejan, denuncia sus peripecias en los aeropuertos y hace un análisis concreto, directo y sin rodeos del mundo del periodismo. Incluso confiesa que nunca le verás tomarse un café en un vaso de plástico. Ésta es la primera parte de la entrevista que Robirosa concedió a Cronómetro de Récords horas antes del último partido del Barça en el Palau Blaugrana, el pasado 30 de diciembre ante el Suzuki Manresa.


- ¿Qué es para ti el básket?

El básket… no es el deporte que más me gusta. El deporte más me gusta es el béisbol.


- ¡…!

- Sí, sí. Pero el básket es un deporte que difunde valores diferentes que el fútbol y es el que practican las chicas, las mujeres. El día que lo sepamos negociar bien seremos absolutamente imbatibles.


- ¿Se puede decir que es un lema reivindicativo? El BA-LON-CES-TO que decía Pepu [Hernández, ex seleccionador]…

Seguro, seguro. Pepu lo hacía reivindicando y además venía de un equipo que se llama Estudiantes, que representa una forma diferente de ver la vida. Que este equipo esté luchando en la élite, que ayer [por el pasado 29 de diciembre] se cepillase a todo un Real Madrid que tiene millones y millones de euros de presupuesto es la ostia, y con muchos chavales que estudiaban en el Ramiro. Sí, sí, es un lema. Es evidente que el básket es un lema reivindicativo. Es un deporte de escuela y el fútbol es un deporte que se juega en la calle. Es mucho más fácil trabajar con los jugadores de básket que con los de fútbol y que conste que es un deporte que me gusta, pero hay mucho más nivel en el básket que en el fútbol. Nivel de todo tipo. No sólo me refiero a nivel cultural, sino también nivel social.


- ¿La gran diferencia entre fútbol y básket la marcan comentaristas y aficionados?

De entrada la marcan los jugadores. Espero que los comentaristas no caigamos en tonterías. Porque una cosa es ponerle pasión al deporte y otra muy diferente, histeria. Ahora mismo hay un grupo de comentaristas histéricos. Una actitud que intentan traspasar al básket. Espero que no lo consigan. En cuanto a la afición, la verdad es que Catalunya y España todavía se escuchan muchos insultos. Me parecería inaudito escuchar en una pista de básket un grito racista y en el fútbol, lamentablemente, los hay. Ser racista es la degradación más grande a la que puede llegar una persona.


- Los seguidores del básket que protestan al árbitro lo hacen con gestos del reglamento, mientras que a muchos del fútbol les basta con insultar.

Para el espectador el básket requiere una formación. Es un público que también está un poco más preparado que el del fútbol, que muchas veces es simplemente pasión, pasión por unos colores, por una selección… Y donde se quiere ganar como sea. Esto en el básket no pasa, además es mucho más fácil ver cómo la gente aplaude al equipo rival cuando hace una buena jugada que cuando sucede lo mismo en el fútbol.


- Habitualmente te refieres al básket como “una gran familia”.

Los que formamos parte de la prensa catalana de básket tenemos buena relación entre nosotros. Algo que en el fútbol es imposible. El básket es una gran familia en Catalunya. Aquí hicimos la comida en el 25º aniversario de la ACB entre los periodistas más veteranos en la que nos dieron la insignia de oro de la ACB y un encargado del torneo decía que aquel nivel de hermandad que habíamos conseguido era muy difícil de lograr en Madrid. Me refiero a eso. Y por lo que respecta al público, hay mucha gente que va toda la familia, bebés incluidos. En el fútbol es bastante más difícil que se dé.


- ¿Cómo nace tu amor por el deporte?

Mi padre había jugado al básket en el Mataró y viví este deporte desde pequeño. Y el deporte en general porque mi abuelo era el delegado del equipo de infantiles del Barça. Y muchas veces les acompañaba a los dos. Uno me llevaba al básket a Mataró y el otro a ver los infantiles, pero después yo me escapaba a ver el balonmano y lo miraba todo. Paralelamente a esto llevaba libretas donde me lo apuntaba todo y si me preguntabas con ochos años qué quería ser te decía “periodista deportivo”. Es un caso vocacional total y absoluto que todavía mantengo. Todavía mantengo la vocación.


- ¿Aún llevas libretas encima?

Sí.


- ¿Y qué apuntas?

Cosas de los viajes. Por ejemplo, el libro lo he escrito a partir de anotaciones en libretas. El domingo [por ayer 3 de enero] me voy a Santiago a retransmitir el Xacobeo - Joventut, pero cuando llegue a casa me apuntaré cuatro cosas: que he ido al Obradoiro y he visto esto… pam, que iba al pabellón y me ha venido a saludar aquél. No es un diario, pero son anotaciones. Tengo treinta libretas de anotaciones de viajes y de cosas que me han pasado. Por ejemplo, con esta entrevista. Cuando llegue a casa pondré que hay un chico que se llama Toni Delgado, que es periodista y me ha hecho una entrevista para su blog. Y allí lo tendré anotado. Y si un día lo quiero recordar sé que buscando lo encontraré, pero no en el ordenador, sino en una libreta escrita a mano. Soy así.


- A algunos les parecerá extraño. A veces voy escribiendo en el metro. Siempre hay gente que te mira raro…

Porque no es habitual. Este libro que tienes en tu bolsa lo he escrito a partir de esas sensaciones y me ha sido muy fácil de hacerlo, en un par de meses lo tenía listo: 28 capítulos, 177 páginas… Y me doy cuenta de que no conozco todavía a nadie que no le haya gustado. Es decir, que si tienes gracia escribiendo, si tus experiencias son interesantes le gustarán a la gente. Es cuestión de ponerse.



Portada del libro que ha sacado el locutor deportivo -Viena Edicions.



- El tono del libro es el mismo que el de tus retransmisiones y del programa NBA.cat [que dirige el propio Robirosa y presenta la jugadora Marta Fernández] .

Mucha gente me ha dicho que me ha reconocido muy rápido en A prop de les estrelles de l’NBA. A mí me gusta mucho escribir y creo, honestamente, que lo hago bien. Me gano la vida hablando, pero lo he escrito como si hablase. Es un libro de literatura deportiva. Dentro de un rato estaré dos hablando. Tengo en la cabeza una serie de cosas, anotaciones de cosas que debo decir y hacer, la escaleta y todo. Pero todo pasa muy rápido, y una jugada se sucede a la otra…


- Nada que ver con la libertad de escribir sin presión.

Escribir es diferente. Es mirar atrás en el tiempo y eso es fantástico. Incluso en cosas que pueden ser anecdóticas porque están referidas al mundo del deporte, pero que pueden ser importantes para mucha gente. Como cuando en el libro explico las sensaciones después de hablar con la gente de Nueva Orleans. Hablé con gente que lo perdió todo y que te explicaba unas cosas… Es muy difícil hablar de esas experiencias durante una retransmisión. Siempre habrá quien piense “¡qué pesado, calle ya, yo quiero ver aquello!”. Pero cuando uno escribe es diferente.


- El reloj no lo limita todo.

Naturalmente. Es una mirada en el tiempo, que decía [Miquel] Martí i Pol [poeta catalán fallecido en 2003].


- Es un libro de anécdotas, pero también de consejos.

De consejos y batallitas. Hay muchas batallitas. Está pensado también para los jóvenes periodistas. Doy claves para espabilarse en momentos difíciles. Lo que yo llamo entrevista de choque. Ahora tú y yo estamos en una entrevista relajada, pero otras veces eso no es posible. Te sale Pau, Rudy por allá o LeBron James y les tienes que hacer dos preguntas a ostias. Explico tácticas periodísticas que he aprendido básicamente de la experiencia.


- La primera vez que vino Allen Iverson a Barcelona estábamos varios periodistas intentando preguntarle algo, pero tú te adelantaste a todos, le hiciste dos o tres preguntas y, satisfecho, te fuiste diciendo “¡Ya está! ¡Ya está!”.

Yo es que lo tengo muy claro. Llevo muchos años de profesión y con todos los respetos para los otros medios, pero me tengo que avanzar a todos. En estas entrevistas me gusta ser el primero. No me gusta esperar. Soy el primero: pam, pam, pam. Y si no soy el primero es porque uno me ha pasado por delante: chapeau. Eso sí, no desgasto y no me estoy media hora. Pregunto dos o tres cosas.


[Aparecen tres adolescentes. Una se decide a intervenir y le da un tícket bastante arrugado de la cafetería: ¿Jordi, me firmas un autógrafo? - ¿Y este papel? Pero si lo lanzaréis, chicas. – No, no, lo enmarcaremos. Se despiden y la entrevista continúa].


¿Quieres otra anécdota de Iverson?

- Vale.


Fue la última vez que vino Iverson, este verano, en un acto organizado por Reebok y cuando ya era claramente un jugador en declive. Llego y me dicen: “No, no ha bajado todavía… Tenemos una hora de retraso”. Y les digo: “Adiós”. “¿Te vas?”, me preguntaron. “Sí, no te lo tomes a mal, pero me voy, no me esperaré una hora. Habíamos quedado a una hora no está, pues mala suerte”. Y cuando me iba bajó Iverson, pero claro había mucha gente delante mío. Lo saludé –“Hi Allen! Bye bye!” – y me fui. Aunque eso con Pau no lo hago…


- Coincido con tu opinión sobre las ruedas de prensa: es un periodismo de grabadora. No hace falta que preguntes y si haces una pregunta buena todos la tendrán.

Pero no sólo eso. Fíjate hasta dónde ha llegado la degradación de la rueda de prensa. Personajes como Camps o Rajoy, y los políticos en general, pueden hacen una rueda de prensa en la que no admitan preguntas. Yo por eso no estoy en la Asociación de la Prensa ni me he afiliado al Col·legi de Periodistes de Catalunya. Porque no tenemos vergüenza. Si fuésemos una profesión bien organizada nadie iría a esos simulacros de rueda de prensa y nadie publicaría esas declaraciones. Pero no tenemos un órgano que defienda la profesión ni la dignidad de los periodistas.


- Es un oficio cada vez más apático y conformista. Sorprende tu espíritu e ilusión.

Tengo la suerte de trabajar en la Televisió de Catalunya, donde me dan mucha libertad para hacer cosas dentro del mundo del deporte. Pero la tendencia no es buena: se puede transmitir emoción y pasión sin gritar ni faltar el respeto a nadie, sin insultar y siendo ponderado. Tenemos grandes periodistas, pero la dinámica no es positiva. Es la impuesta por algunas empresas periodistas.


Robirosa con su equipo, de izquierda a derecha, Lavagnini y Solozábal -tv3.cat.



- Es triste que de la pareja que formas con Nacho Solozábal se destaque que no hacéis hooligalismo ni decís cosas extrañas de los árbitros.

Puedes ser pesado y bromear, pero nunca faltar al respeto. Nosotros tenemos muy buena relación con los árbitros. Claro, tú eres muy joven, pero yo cuando comenzaba a los árbitros se les masacraba por sistema. A partir de las narraciones de Nacho y mías [llevan juntos 15 años] la cosa ha cambiado. Nunca nos escucharás decir “¡este tío ha venido aquí a armarla!”. No, porque no conozco a ningún árbitro que vaya deliberadamente a liarla. Son el colectivo más débil: si insultas a un árbitro la gente lo encuentra normal. En Estados Unidos lo haces y te llaman la atención y a la segunda te expulsan del pabellón. ¡Como Dios manda! Como tiene que ser. Aquí no hemos llegado a eso lamentablemente.


- Siempre destacáis las virtudes del rival.

Y quien no lo quiera ver… Hay gente que se ha ofendido, pero curiosamente son fanáticos. Claro, si un fanático muy fanático de un equipo está de acuerdo con lo que haces tienes un problema. En la tele recibo correos de aficionados del Madrid que me dicen que siguen nuestras retransmisiones porque ven que no hay una postura antimadridista. No soy antimadridista, Toni. Si hacemos un partido del Madrid y juega bien lo diré. Quiero que ganen los equipos catalanes, pero no soy antimadrista y si juega mejor no lo ocultaré.


- ¿Cómo se afronta una retransmisión entre dos equipos catalanes como la de hoy? Es un partido que exige máxima imparcialidad.

Teóricamente, un Barça-Manresa es de juego desigual, pero imagínate un Barça-Joventut de hace dos o tres años, cuando la Penya estaba mejor. Simplemente hay que tener la conciencia tranquila, y si hay una buena canasta del Barça decir: “¡ostia, qué pedazo de canasta!”. Y si hay otra del Joventut, igual. Sobre todo que los fanáticos de un equipo y del otro no te puedan condicionar. En un partido como el de hoy lo que Nacho y yo queremos que haya la máxima igualdad posible. Imagínate que tenemos suerte y el Manresa planta cara y llega con opciones de ganar a los últimos dos minutos. Si pasa, en esos minutos batemos récords. Queremos que se vea un buen partido, espectáculo. Odio los partidos a 50 puntos, a los entrenadores rancios y la falta de talento, pues afecta al espectáculo.


- ¿Has tenido o tienes problemas con el público en los pabellones?

Hay gente en los pabellones que me insulta, aunque cada vez menos. Pero el que no puedes hacer nunca es encararte, ya me pueden decir misa. Eso no significa que no me sepa mal. Claro que me sabe mal. Yo no insulto y no me puedo poner a la altura de un energúmeno que insulta porque tengo las de perder. Es como si viene un tío y me quiere matar… Yo no he pegado nunca a nadie. Me gusta el boxeo, pero como deporte. Si un tío me quiere pegar seguramente saldré perdiendo. Un insulto me entra por aquí y me sale por allá. Tengo demasiada experiencia para estar pendiente de eso. Es una cosa que me ha enseñado Nacho: si no le miras, se cansa. En cambio si le miras, si intentas razonar con él vienen muchos. En masa son mucho más valientes.


- Nacho te aporta tranquilidad.

Sí. Nacho sabe mucho. Debo llevar unas 1.500 retransmisiones de básket, pero es que llevamos 15 años juntos, puede que unas 1.000. Cuando voy fuera de Catalunya él se queda en la redacción, pero fíjate que en algunas retransmisiones no nos solapamos ni una sola vez. Por su respiración ya sé cuándo quiere entrar.


- ¿Qué te ha enseñado?

Me ha ayudado a ponderarme y a calmarme. Especialmente hace tiempo, cuando a veces decía frases como “¡este jugador es muy malo!”. Realmente son comentarios absurdos. Porque… ¿y si ese jugador acaba metiendo 30 puntos? Puedo decir que Garbajosa es un jugador que, honestamente, ya no es primordial, que probablemente ha iniciado el declive de su carrera, pero es un jugador de talento que un día te puede hacer un traje con 30 puntos.


- Tampoco te cuesta posicionarte ante los imprevistos. En Málaga no hablaste de los aeropuertos, pero te quejaste de la realización de Canal Sur.

Iba caliente. La televisión es un trabajo en equipo, todo el mundo quiere trabajar conmigo porque tengo buena relación con todos. Pero lo que no soporto es la falta de profesionalidad, que alguien vaya a la retransmisión a tocarse los huevos porque entonces recibimos los demás. Lo que pasó es que estos señores no tenían el programa previo, como sucede habitualmente, y en vez de entrar como hacen cinco o diez minutos antes entraron sólo medio minuto antes del partido. Así que nos pusieron un plan fijo… Generalmente no hacen lo que nosotros llamamos señal internacional. Están obligados por contrato a hacer sus entrevistas y una retransmisión paralela para nosotros. No les costaba nada hacerlo, pero pasaron del tema. Por eso me indigné y lo dije en directo.


- También te has quejado de que en algunos partidos del Barça en Europa sólo viajes tú con el grupo.

Lo he hablado con mis compañeros y es una cuestión de empresas periodísticas. Resulta muy barato viajar con el Barça, pero es un dinero que se ahorran. Es lo que decía del profesionalismo. Hay muchas teles que hacen los partidos desde la pecera. Este domingo [por ayer 3 de enero] que tengo que ir a Santiago de Compostela me encantaría hacerlo desde la pecera y estar a las tres menos cuarto comiendo en casa. Pero no. Tienes que ir. Porque la información que das a la gente es mucho más rica: “He hablado con éste, le ha pasado esto”. Y, por ejemplo, reaccionas tarde cuando una canasta de tres pasa a ser finalmente de dos. Eso sólo lo puedes hacer si estás allí.


- Si no vas al sitio acabas teniendo el mismo material que el telespectador.

Es mismo. A mí me gusta llegar una hora y media antes. Hablo con los jugadores… Claro, conozco a todo quisqui, hablo con el entrenador: “¿Qué os pasa? Qué os ha pasado aquí?”. Le pregunto a Carlos Cabezas por qué se fue [respetaremos el off the record]… Ciertas cosas las puedes decir y ciertas cosas no las puedes decir, pero te enteras de ellas y hacen una retransmisión de mucha más calidad que desde la pecera.


- Llegas a conocer el componente humano, muy importante para saber por qué un jugador no funciona.

Evidentemente. Además, es muy importante hablar con los fisioterapeutas, ya que te dicen como está el jugador física y mentalmente. Yo soy amigo de todos los fisioterapeutas. Viajo con los jugadores, en un avión pequeño con el Barça y ciertas cosas no las puedo decir. El ambiente es buenísimo. Ahora mismo es la gran diferencia entre el Madrid y el Barça. El Barça está muy unido y el Madrid es un grupo de jugadores, de muchos fichajes que ahora resulta que no enganchan.


- ¿Tan importante es Sergi Llull para el Madrid?

No. Creo que han cogido una dinámica negativa [hasta ayer, cuatro derrotas consecutivas en Liga ACB]. No creo que Llull sea tan importante para el Madrid. Ahora tiene un problema grave que superará porque la Liga es larga. Está perdiendo partidos y confianza, y la excusa de que han fichado a nueve jugadores [diez si contamos a Jaric]… Está haciendo el ridículo porque está jugando mal. Con Llull seguramente también habrían perdido con Estudiantes y el Barça les habría ganado por más de veinte. Mira, Ricky dejó en evidencia a Prigioni. Prigioni, eh. No estamos hablando de alguien mediocre. Son excusas.


- ¿Qué valores ha sabido transmitir Xavi Pascual al Barça?

La normalidad. Veníamos de un entrenador que acabó siendo una persona que tomaba decisiones en contra de toda lógica, que era Ivanovic. Mientras que Xavi es un tío normal que hace cosas normales: viene y te habla normalmente. El otro era un tipo que veía fantasmas por todos los lados y aplicaba unos entrenamientos… Masacraba a la gente. En el Barça la clave es el grupo de jugadores catalanes [Roger Grimau, Víctor Sada, Jordi Trias y Juan Carlos Navarro], que saben dónde están, qué es el Barça y qué significa el club.


jueves, 24 de diciembre de 2009

Jordi Sierra: “Alberto Contador es un tío limpio, honesto y sin la necesidad de chutarse ni EPO ni nada”

Jordi Sierra fue el fundador de la revista 'Super Pop' -escriptors.com.



Jordi Sierra (Barcelona, 1947) se define como un niño grande, como alguien que no le tiene respeto al riesgo de luchar por los sueños. En su caso disfrutar del suyo le costó dejar a una novia que le insistía en que dejase lo de escribir para un hobby de fin de semana y trabajase “en algo que sí te dé para comer”. “¿Si puedo trabajar siempre en lo que amo por qué tengo que dejarlo para los dos días?”, reflexiona ahora Jordi Sierra para Cronómetro de Récords. Es un hombre apasionado y enérgico que destila una seguridad en sí mismo –no le faltan varias abuelas– sólida y ciertamente contagiosa. Un pasado doloroso le sirvió para hacerse más fuerte y valorar lo que tiene. Como al ciclista Alberto Contador, al que admira y define como un “tío limpio y listo” y del que en verano le propusieron escribir un relato. El resultado es Querer es poder. Alberto Contador, editado por SM y que se centra en la época en la que el corredor estuvo ingresado en el hospital por un cavernoma cerebral congénito e ilustra pasajes que explican su pasión por la competición. El cuento presenta a un Contador convencido de poder volver a la bicicleta después de haber estado al borde de la muerte en la primera etapa de la Vuelta a Asturias, en 2005. Una historia de fortaleza.

Pese a que la conversación transcurre por teléfono, no cuesta imaginarse a Jordi Sierra gesticulando mientras habla y fruncir el ceño cuando se refiere a actitudes que no soporta. Asegura ser el autor español que más libros ha publicado y escrito, y recalca que el éxito –especialmente entre los más jóvenes– no ha cambiado su forma de ser ni de comprender y entender el mundo. “Tengo el mismo coche que hace 20 años”, añade para dar fe de que es un tipo sencillo sin más pretensión que contar historias y de aprovechar el tiempo al máximo para escribirlas. Le encanta viajar, perderse en islas perdidas –el 18 de enero, cuenta, se irá a una del Caribe– y no se permite descansar ni durante el tiempo que dura el viaje, en el que no deja de escribir. Salvo ir al cine por las noches no hace otra cosa.

¿Qué es la literatura?
Es la vida. Escribo desde que ocho años. Para mí escribir es como respirar, es algo mágico. Siempre deseé inventar historias.

¿El escritor actúa con las palabras?
No sé si es un actor. Creo que la energía está en alguna parte y que hay un tipo de gente que sabe escucharla. Y yo soy uno de ellos. De un periódico puedo sacar tres. La energía pasa a través de mí y sale convertida en una historia llena de palabras y sentimientos. Soy una especie de papel carbón.

¿Es como si las novelas estuviesen flotando en el aire y las cazaras como mariposas? Muchos escritores nos sorprendemos de que haya un libro parecido al nuestro en cualquier rincón del mundo o que un escritor se nos adelante en una historia. Todo se basa en captar o no la energía.

O en el olvido. Puedes escribir algo que consideras bueno, pero que realmente has leído en otro sitio o ya lo habías pensado y no te acuerdas.
Hoy en día, en el siglo XXI, el que crea que inventa algo se equivoca. Todo está escrito, todo está contado. La gracia está en cómo contarlo, en ser capaz de volverlo a contar de otra forma que parezca original, nueva y diferente.

Priorizando la forma con el contenido.
Sí. Cambian las palabras, cambian los gustos, cambia el público… Hay que adaptarse. Si coges un libro mío escrito con nueve o diez años [los tiene guardados en casa] verás que la forma de contar historias es la misma. Ya escribía como escribo ahora, evidentemente peor, pero con ese estilo rápido de palabra: frases cortas, puntos y aparte, mucho diálogo…

Un estilo muy directo que agiliza que escribas más libros seguidos.
No. Más no. Siempre he escrito igual. Lo que pasa es que hace unos años fui periodista, crítico musical, y estoy habituado a la rapidez. Soy lento pensando: un libro puedo tardar en pensarlo cinco, diez o veinte años, pero cuando tengo el guión hecho, me siento y lo despacho en una o dos semanas. Escribo como hablo y como pienso. No soy nada complicado, no tengo por qué demostrar nada a nadie ni pretender ser un intelectual… Quiero ser un contador de historias y tengo la facultad de saber contarlas. Comunicar es casi más importante que escribir bien, comunicar un sentimiento es fundamental.

Comunicar un sentimiento a un público más joven es más complicado. Al niño o al joven se le ha tratado siempre de tonto en televisión.
Los adultos te pueden mentir: “Me ha gustado mucho”. Pero un tío de 15 años te dice en la cara: “¡Vaya mierda!”. Y te deja frío. Son durísimos, pero tengo suerte. Me quieren.

¿Cómo se atrae a jóvenes que no leen normalmente?
Hago que les interese, que en el primer capítulo ya se metan el libro o que no puedan saltarlo en la página 30. Si lo consigo, ahí ya me pongo la medalla. Es un mérito, pero no es buscado. Escribo así. Meto poca paja, no me enrollo, no me voy por los cerros de Úbeda.

Tus libros, pues, son como un regalo desenvuelto.
Eso mismo. Mi máximo orgullo es que la mayoría de los maestros de España me lo dicen: “Macho, si quiero que un chaval no me tire un libro a la cabeza le doy un libro tuyo”. Eso me hace muy feliz.

¿Cómo te introduces en la literatura infantil? En 1978 habías sido finalista del Premio Planeta. Nada que ver.
Yo ya escribía mucho cuando era periodista, crítico y trabajaba de freelance, pero en 1978 hice un libro titulado El cazador, con el que gané el Gran Angular. Se lo di a Planeta, donde me dijeron textualmente: “Ese libro firmado por Hemingway se vendería mucho, pero firmado por ti, nada”. No sabía si ponerme a dar gritos de alegría porque me comparaban con (Ernest) Hemingway o a llorar por qué no me lo publicaban… Y lo típico, lo metí en un cajón. Hasta que en 1980 vi en un periódico que anunciaban el Premio Gran Angular de literatura juvenil y, claro, mi libro era de un tío de casi 60 años que iba a cazar un tigre. Hablaba de libertad, de independencia, de amor, de naturaleza… En el fondo sí que hablaba de valores que los jóvenes pueden entender. Lo envié y gané. Fue el famoso 23 de febrero del 81, el día del Tejero.

Vaya coincidencia…
Siempre pensé que el jurado estaba acojonado y escogieron rápido al ganador (se ríe). Aquel mismo verano el director de SM me dijo: “Oye, ¿harías libros infantiles”. Y le dije: “¿Yo? Si me encanta escribir…”. E hice como 60 cuentos. Volví a ganar el Gran Angular con …en un lugar llamado Tierra, empecé a ir a colegios… Me costó muy poco sintonizar con los jóvenes, pues veían que era como ellos y hablaba su lenguaje. Era normal que en siete de cada diez historias que se me ocurrían el prota tuviese entre 15 y 20 años. Venía de del mundo del rock, de estar con gente joven. Así que empecé a publicar mucho, a escribir aún más y bueno de ahí se ha creado la leyenda y se explica que esté a punto de llegar a los 400 libros escritos. Supongo que llegaré a finales del próximo año o a comienzos del 2011.

¿Sabes la cifra exacta?
Sí. Me estás pillando con el 389º.

¡…! ¿Cuál es la media por año?
No se puede hablar de medias. Publicados llevo 365. Hay muchos por salir y pendientes. Tengo ya concertados y programados para todo el 2010 y parte del 2011. Soy como una especie de fábrica creativa. Un bicho raro, lo sé. La gente lleva años pregúntame cómo me lo hago, que si tengo ayudas… Pero no tengo ayudas. Simplemente me gusta escribir. Por no tener no tengo ni secretaria. Mi mujer me ayuda de vez en cuando buscando algún dato.


Contador festeja su victoria en Verbier -EFE.


Más que una cuestión de disciplina, lo tuyo es pura pasión por escribir.
Y disciplina. Cuando escribo un libro me levanto cada día a las diez de la mañana, trabajo de once a tres, luego como y leo la prensa y continúo escribiendo de cuatro y media a ocho y media.

Eso, pura pasión.
Es pasión, pasión total. Mi forma de trabajar no tiene nada que ver con la de los demás autores, que preparan un libro y lo escriben. Yo a veces me voy a islas pequeñitas del Caribe, gotas de tierra en el medio del mar, y ahí puedo estar dos semanas haciendo guiones. Para mí un guión es la clave de todo. ¿Por qué escribo tan rápido? Porque antes he hecho un guión tan exhaustivo que en él está la esencia de cada capítulo, lo que hacen los personajes, lo que piensan, lo que son, la escenografía… A veces llega el verano y tengo hechos siete u ocho guiones ya a punto para ser escritos. Y en verano, que es cuando no viajo, estoy cuatro meses en una montaña encerrao haciendo un libro detrás de otro. Eso no lo hace nadie. Supongo que son facultades o genios que he cultivado durante toda mi vida. Tengo un libro llamado La página escrita donde lo explico.

Con tu fundación apoyas a jóvenes valores que quieren ser escritores.
Si Josep Carreras tiene su fundación es porque tuvo leucemia. ¿Por qué la tengo yo? Porque de niño mi padre no me dejó escribir porque decía que me moriría de hambre. Lloraba si me veía escribir. Y en el colegio me machacaron por ser tartamudo, me daban palizas los chicos mayores y me decían que era tonto. Era un pésimo estudiante… Lo pasé tan mal, nadie creía en mí ni apostó ni me ayudó que de mayor pensé en la gente joven que quiere escribir y a la que no se le apoya. Por eso les ayudo. Luego esta la Fundación en Colombia, donde en 2007 hicimos talleres con 108.000 chicos. Darle libros a todo ellos se dice pronto. ¿Sabes? Hace tres años el CIS hizo una encuesta a los padres preguntando qué querían y qué no querían que fuesen sus hijos.

¿Y qué salió?
Ganaron médico y arquitecto, y en último lugar quedaron militar y escritor. Esto te demuestra en qué país estamos. ¡La gente equipara al militar con el escritor! A mí que un hijo vaya a la guerra no me gusta, pero… que sea escritor. ¿Tan malo es?

Es un oficio que se relaciona con pobreza.
Mi santo padre me decía que me moriría de hambre, que nadie consigue ganarse la vida de esto. Y yo le decía: “Si lo consigue uno, yo seré ese uno”. Demostré que se podía. Eso sí, trabajando toda la vida como un burro. Escribiendo sin parar.

Y uno de tus últimos libros es Querer es poder. Alberto Contador. ¿Un encargo editorial? ¿Se te ocurre?
Yo no hago encargos. Nunca me ha gustado que me ha gustado, pero de vez en cuando me proponen cosas que me apetecen. Como esta vez. El ciclismo es un deporte que está tan maltratado, tan denostado con el tema de las drogas… Hacía tiempo que le seguía la pista a Alberto porque me parecía un tipo limpio. Espero no equivocarme. Mi olfato me decía que era honesto, bueno. Me parecía un ejemplo muy bueno para los chavales, sobre todo para reivindicar que no todos los ciclistas toman drogas. Y de ahí que dijera que sí.

¿Hablaste con Alberto y con su familia para escribir el relato?
No hubo tiempo. Era una cosa que me pidieron urgente: él estaba en el Tour y SM quería sacarlo para septiembre. Así que con lo que había leído de Contador, lo que conocía y lo que navegué por Internet empapándome todo salió el cuento. Además, tengo una suerte.

¿Cuál?
Soy bastante buen psicólogo. Voy a un país del mundo y estoy una semana en una ciudad y puedo hacer un libro y la gente se cree que he estado viviendo allí meses o años. Capto bien la esencia de las cosas. Esa capacidad me ha servido para las novelas, para crear personajes creíbles que realmente siento y vivo y que están tomados de gente real.

¿Y cómo nace el de Contador en el cuento?
A través de las entrevistas que leí y vi sobre él, de su sonrisa, de seguir etapas en el Tour… Todo me ayudó a entender cómo era, a crear ese personaje que está en el hospital y que dice que quiere volver a la bicicleta. Después puse cuatro o cinco pinceladas de su vida, de cuando ganó su primera carrera, de cuando era niño…

¿Escribir una biografía en forma de cuento hace que el personaje sea más próximo?
No sé. En el caso del libro que presentó Nadal [Juego, set y partido] sobre el niño que jugaba al tenis era un libro de amor al tenis. El de Ronaldinho [Querido Ronaldinho] es de cuando era el héroe en el Barça. Me encantaba su sonrisa: no era un futbolista que bajase del autocar serio y cabreado como el resto, sino que siempre estaba siempre riendo y le encantaban los críos. Así que hice un libro de amor al fútbol. Y éste de Contador… A mí me da vergüenza en verano estar sentado en una butaca viendo cómo suben el Tourmalet y están sudando como cerdos. Y pienso: “¡Y yo aquí sentado en la butaca!”. Me siento un poco culpable haciendo deporte de sillón. Y encima Contador es un tío limpio, honesto y sin la necesidad de chutarse ni EPO ni nada.


Contador sonríe tras ganar el Giro, en 2008 -EFE.

Un Contador que en el relato utiliza la frase “si tu vida se refleja en los ojos de los demás, rompe los espejos”. ¿De quién es?
Ésa es mía.

Un ejemplo más de que el escritor suele hacerse autopromoción.
Creo mucho en los espejos. Supongo que porque rompí un cristal. La gente joven busca espejos porque le faltan cosas. Debes buscar a alguien que sea un espejo para ti y para mí fue John Lennon y para otro tipo de chaval un futbolista o un cantante. Cuando eres un niño tienes que buscar alguien de quien puedas aprender algo, pero cuando ya has crecido, cuando ya eres una persona, hay que romper ese espejo. Sería el equivalente a lo de matar al padre que dijo Freud.

Contador enseña una serie de valores a una sociedad que los ha perdido por completo.
Sí. O casi por completo. Los tiene olvidados. Su historia me recordó a la mía, salvando las distancias. Con ocho años tuve un accidente en el que casi pierdo un brazo, me quedé sin los tendones del brazo izquierdo, casi me quedo con la mano agarrotada, la nariz se me quedó cortada, pasé la puerta de un cristal y me dieron 40 puntos. Tenía todo el cuerpo lleno de cortes. Fue cuando descubrí que escribiendo no tartamudeaba. Sólo tenía libre la mano derecha, podía leer pero era muy incómodo. Sólo podría escribir y dibujar. Nunca olvidé aquel accidente. Y el accidente de Contador, ése que le tuvo aparcado del ciclismo… Es un buen guión para contarles a los chavales. Él, que iba para ciclista bueno, se encuentra ante la muerte, la supera y puede volver a correr.

A veces es básico que te pase algo muy grave para darte cuenta de tu potencial.
Claro que sí. Hace dos años tuve un cáncer y lo superé. Al día siguiente de que me lo dijeron me levanté y escribí 15 folios como todos los días. No me sentí ni acobardado ni impresionado... Seguí escribiendo porque sabía que era mi gran defensa contra la muerte y en seis meses lo superé. Llevo dos años y, crucemos los dedos, no ha reaparecido. En ese momento te das cuenta de que no eres inmortal, de que a lo mejor no llegas a los 100 como es mi sueño, que te puedes caer en el camino. No me replanteé la vida, pero sí pensé en qué me faltaba por conseguir, qué había conseguido. El médico dijo que en parte lo superé por mi fuerza mental, por mi entusiasmo por no rendirme y por seguir riéndome de todo.

¿Qué diferencia hay entre el Jordi Sierra de antes y el de ahora?
La gente que me conoce dice que no he cambiado, que sigo siendo el mismo burro que he sido siempre. ¡Y me encanta que me lo digan! Para mí “hacer el burro” es estar lleno de vida. Mis ideas no han cambiado. Me lo recuerdan: “Ostia, si hay algo de ti es que con él éxito con los años cuanto mayor ni te has vuelto tonto ni te has creído que eres la ostia ni el mejor escritor del mundo…”. Yo también creo que es verdad. No me siento distinto. Claro, tengo más años, me canso antes para hacer según qué…

Hombre claro… (risas)
A veces me miro al espejo y pienso: “¿Dónde ha ido mi pelo largo sobre los hombros y aquella barba? ¿Y aquella pinta de rockero que te cagas”. Han ido al pasado, aquel tiempo de mi vida pasó.

Has escrito sobre muchos temas diferentes. ¿Realmente tienes tantos intereses?
Sí, soy ese niño curioso que salta de un tema a otro. Soy un crío: todo me ilusiona, siempre digo en los colegios que nunca pierdan la ilusión, que aunque sean viejos piensen que aún tienen que aprender algo, que sean esponjas porque el día que la vida deje de interesarles será como si muriesen en vida. Esos ancianos que piensan en jubilarse para descansar…

Ya…
Eso no es vida. Pinta, escribe, no te mueras en vida yendo todo el día en un parque. A los chavales les digo que la cultura no se acaba cuando acaba el cole, que cada día hay que aprender algo. Tengo 62 años, pero todo me sigue interesando. Voy al cine cada noche, veo películas sin parar y si hay algún país en el que no he estado y pienso que puede aportarme algo voy a conocerlo. Si me hablas de cualquier tema en el mundo y no te haré un doctorado, pero sabré de qué me hablas. A veces estoy dos semanas en una isla sin televisión, sin Internet, sin periódicos. Estoy allí pensando y escribiendo guiones, pero cuando vuelvo mi mujer me ha comprado el diario cada día y me tomo un día entero para leerlos, para saber qué ha ocurrido en el mundo.

¿Cómo se genera esa ilusión en los demás?
Soy la piedra que se tira a un estanque y provoca ondas que llegan a la orilla. Nunca he sido psiquiatra, pero he tenido amigos que me han llamado pidiéndome: “Jordi, estoy deprimido, ayúdame”. Suelo dar moral, energía y ánimos a la gente.

¿Hasta qué punto pueden generar inquietudes y metas en los jóvenes los iconos juveniles?
Los espejos están allí. Los roqueros tienen su leyenda negra –sexo, drogas y rock & roll– y los deportistas tienen su otra parte de aureola. Fíjate cuántos niños querían ser Ronaldinho hace cinco años y cuántos quieren ser Messi ahora. Es bueno que haya una estrella que arrastre, que motive a la gente joven. Pero lo más importante es que los jóvenes entiendan que sin sacrificio, sin esfuerzo, no hay nada. Hoy en El País [por el pasado lunes 21 de diciembre] había una entrevista [de Luis Martín] a Messi en la que decía que cuando llegó a España con 12 años lloraba en su casa sin que se enterase su padre, y con su madre y hermanos en Argentina. Pagó un precio por jugar en el Barcelona, para que le ayudaran a crecer. Y ahora le han dado el FIFA World Player y ha ganado el Balón de Oro.

Sin esfuerzo no hay nada…
Cierto, y además hoy en día, en España los jóvenes ven sobre todo El Gran Hermano, programas en los que sale gente que con todo el morro se hace famosa en dos días. El éxito será muy breve si el esfuerzo ha sido mínimo. ¿Quién se acuerda de la gente que ganó grandes hermanos? Nadie. Fueron famosos efímeros. ¿Y luego qué? Si tienes un don, pero no lo cultivas, se va a la mierda. Soy escritor, pero si no me dedicase a ello todos los días de mi vida… Nadie me enseñó a escribir, aprendí equivocándome y también pagué un precio. Lo importante no es que de repente Messi sea maravilloso, sino que pagó su precio para serlo, como tantos otros lo han hecho por sus sueños.

¿Pero hay tiempo para soñar en estos tiempos?
¿Para soñar? Es lo único que nos queda. Si un chico joven no tiene sueños…

Es un adulto con bata.
Voy mucho a colegios y cuando pregunto si tienen sueños dicen no tienen ni idea. “¿Qué vas a estudiar?”, “Ah, no sé” (imita la voz de un chaval pasivo); “¿qué vas a hacer?”, “ah, no sé”. Me preocupa porque los sueños son la clave de todo. Los importantes se tienen en la adolescencia y marcan tu vida. Te puedes reinventar con 30-40-50 años, pero a los 15 has de inventarte.

¿Qué elementos tiene un best-seller? Has perpetrado bastantes…
Tengo 80 obras con más de cinco ediciones. Para mí un libro con esas ediciones ya se puede considerar exitoso. Tengo muchos con 20, 25, 30, 45…. Entonces… no tengo ni idea. Escribo los libros, pero una vez hechos pasan a ser del público y de los lectores. Tengo algunos que me parecen maravillosos y que se han quedado en dos ediciones, y otros que me parecen de lo más normal con 25-30. No intento hacer un best-seller o un éxito. Escribo. Lo demás no depende de mí.

La fórmula, por tanto, son los demás.
Si fuese Josh Grisham o Stephen King tendría la respuesta. “Sí, soy Josh Grisham, hago un libro de abogados y sé que voy a vender un millón de ejemplares”. Pero sé que soy Jordi Sierra i Fabra, un español medio que hace novelas.