domingo, 12 de mayo de 2019

María Cordón: "¡Soy dramática e intensa! ¡Lo tengo todo!"

Cronómetro de Récords entrevista a la base del Joventut Les Corts

Maria Cordón muestra su tatuaje "sonoro". Foto: Toni Delgado / Cronómetro de Récords. 

Toni Delgado / Sant Adrià de Besòs

—Papi, me quiero hacer un tatuaje. ¿Qué te parece?
—Mal, muy mal. 

Cuando María Cordón (Ponferrada, León 1994) le contó su idea, Alberto Cordón cambió su opinión al instante. "Como puedes comprobar, en el brazo tengo tatuadas las ondas sonoras de mi padre y de mi madre diciéndome 'te quiero'", me explica la base del Joventut Les Corts. María Cordón es intensa, sensible y alegre. Transmite energía incluso tras perder en el Ricart ante el Bàsquet Femení Sant Adrià y con dos prórrogas (69-66). El Joventut Les Corts se jugará su continuidad en Copa Catalunya en un cruce ante el CB Grup Barna.  

—¿Cómo te sientes?
Contenta porque hemos peleado el partido hasta el límite y triste por la derrota. El entrenador, Marc Roset, nos acaba de comentar que 12 de nuestras 20 derrotas han sido por menos de nueve puntos. Tenemos que aprender a jugar mejor los minutos finales para no repetir errores en la fase de descenso. Lucharemos por seguir en Copa Catalunya.  

—Habéis fallado muchos tiros, pero os habéis cansado de capturar rebotes ofensivos. 
Solemos tener bastantes segundas oportunidades, pero no las aprovechamos lo suficiente. A veces no nos fijamos en el tiempo que nos queda de posesión y tiramos rápido. Si estás sola y fallas... ¡No pasa nada! Todo el mundo se equivoca. En casa perdimos por 15 ante un Bàsquet Femení Sant Adrià contra el que nos cuesta mucho jugar por su agresividad e intensidad. Hoy sí que hemos estado a la altura, aunque no hemos podido rematar el trabajo.  

—¿Eres tan feliz como aparentas?
[Se ríe]. ¡Soy feliz! Siempre me río por todo y soy muy escandalosa. En la pista no aparento estar tan contenta como fuera. 

—Te he sacado antes una foto en el banquillo...
¡En el banquillo sí! Tengo mis momentos, eh. Hay instantes en los que me enfado y le doy patadas a una botella o en los que me río... Me encanta compartir mi felicidad. 

La foto comentada. Foto: Toni Delgado / Cronómetro de Récords. 
—Eres pasional, entonces. 
Mucho. En todo lo que hago. Para lo bueno y para lo malo. Tengo un carácter fuerte, aunque el enfado se me pasa muy rápido. Te puedo mandar a tomar por saco y darte un abrazo dos minutos después. [Se ríe]. Mi pronto es complicado...  

—"Siempre has sido la misma. Nada te ha cambiado. Sigues trabajando con la misma ilusión de tu primer día y eso es lo que te hace tan grande. Allá donde vas repartes cariño y alegría. Todos te quieren cuando estás con ellos y te añoran cuando te tienes que ir", te definió Alberto Cordón, tu padre, hace unos años. Se te ilumina la mirada. 
[Se le caen las lágrimas]. Para mí es muy difícil estar lejos de mi padre y de mi madre. Cuando me fui de casa con 16 años, me sentí libre. Aunque esa sensación me duró muy poco. Mi vida es muy completa: tengo trabajo, juego al baloncesto, vivo con mi pareja... Pero me falta algo que nadie me puede dar. Es duro ver a mis padres sólo dos veces al año, por más que sepa que me apoyarán siempre. Cada día hablo con mi madre, pero no es lo mismo. 

—Tu padre te entrenó. ¿Era muy cañero?
¡Mucho! 

—¿Te exigía más a ti que al resto?
¡Sí! Mucho más y me decía: "No puedo permitirme que nadie piense que juegas porque eres mi hija". Incluso me llegó a echar de partidos. 

—¿En serio?
Y tanto. Hubo encuentros que vi desde la grada. No me dejó ni sentarme en el banquillo. Me ha educado en las pistas y en casa. 

—María, ahora voy a hacer un poco de periodista del Sálvame... [Se ríe]. ¿Llegaste a odiar a tu padre un poco?
No. Era pequeña y no lo entendía, pero pensaba que mi padre no me perjudicaría nunca. Eso sí, en casa estuvimos semanas sin hablarnos. ¡Lo bueno era que mi madre se ponía de mi parte! [Risas]. Fue un aprendizaje. 

—¿Esa experiencia te ha hecho añorar más a tu padre?
Exacto. Mi primer año en Barcelona, en el Barça CBS, me trajo Tito Sobrín. Llegó un momento en el que no sabía si había jugado bien o mal. Piensa que mi padre me entrenó desde mini hasta que me vine a Barcelona, como sénior de tercer año. Claro, después del partido le preguntaba cómo lo había hecho... O no hacía falta... Con su cara ya lo sabía... 

—¿Has vuelto a tener la misma confianza que con tu padre con algún entrenador o entrenadora? 
Hombre, como con mi padre, con nadie. Bueno sí, con uno, en León. Mi padre era el segundo entrenador, y el primero era suyo amigo. Es como mi segundo padre. 

—Luis Daniel Enríquez te metió la pasión por el baloncesto. 
No sé cómo lo hizo. Empecé a jugar con seis años. Acompañaba a mi padre en sus entrenamientos y Luis Daniel me daba balones y yo lanzaba, aunque no llegase a canasta. Yo con mi pelota, con mi pelota... Luis Daniel me metió en el club, fue uno de mis primeros entrenadores y me llevó a probar a la selección de León. 

—Cuando has dicho eso de "yo con mi pelota, con mi pelota", me he acordado de Oliver Atom, de Campeones, y de que iba a todos los sitios con el balón. Te imagino yendo al cole botando el balón. ¿Sí no? [Se ríe]. 
¡Tanto no!

—Pero a comprar el pan sí... 
¡Claro! 

—¿Por qué te gusta tanto Adam Hanga?
Siempre me he fijado en los jugadores revulsivos: Adam Hanga defiende, se come el aro y destaca. Thomas Heurtel también me gusta, pero se la juega, se la guisa, se la come... No me llena tanto.  

—Te llena el jugador de equipo que hace de todo. 
Exacto. Para mí Hanga es el mejor del Barça, de Europa...

—¿Y del mundo?
Bueno, está Ricky Rubio por delante. 

—Con él tienes un vínculo muy especial. 
[Se ríe]. Ricky Rubio ha sido mi ídolo desde pequeña. ¿Sabes? Lo conocí en un campus. Vino la selección española cadete, que jugaba un torneo en Astorga y Ponferrada. Como llevo el 9, solía fijarme en quien jugase con ese dorsal. Y Ricky Rubio me encantó. Tiempo después, cuando debutó en la Liga ACB, le dije a mi madre: "¡Ostras, es él, es él!". [Risas]. Ricky siempre ha sido mi referente. Tuve la suerte de jugar en la UE Mataró con Laia, su hermana, y de conocerlo a él y a su familia: a Esteve, que es un amor, a Tona, a Marc... Ricky tiene un corazón súper grande. Es lo que ha mamado en casa. Creo que no se le ha subido nada a la cabeza y que es muy humano. Sólo hace ver cómo ayuda a los demás.  

—¿Cómo se lleva ser monitora del campus de tu ídolo?
[Risas]. ¡Está muy guay! Ya no sólo está tu ídolo, sino que van muchos niños que también lo adoran y que son geniales. Y los compañeros y compañeras. Conoces a muchísima gente, te diviertes, aprendes, vives baloncesto las 24 horas... 

—¿Eres tan amiga de Irene Lahuerta porque os une vuestra alegría e intensidad?
No sé qué me vincula a Irene, pero sí que desde el primer minuto me sentí cercana a ella. Irene y Clàudia Garcia son lo mejor que me he llevado del Barça CBS. Siempre seremos amigas. Mira que le digo que se venga a Barcelona, pero no me hace caso. Y ahora que tiene churri, menos. [Risas]. ¡No hay manera! Viví con ella un año con ella y es una gran persona y jugadora. Ojalá Irene pudiera estar aquí. 

—"Que los pájaros de tu cabeza te lleven lejos", escribiste en las redes sociales. ¿Te referías a la locura de conseguir sueños?
Sí. A veces tu peor enemiga eres tú. Me exijo mucho más a mí que al resto. Si veo que tienes un problema, te puedo encontrar mil soluciones, pero si es mío, me cuesta mucho más gestionarlo. 

—¿Salvas vidas, pero te ahogas?
Sí, soy un poco dramática. Eso sí, soy feliz ayudándote. 

—El drama va muy bien si eres guionista, de lo contrario... 
[Risas]. ¡Soy dramática e intensa! ¡Lo tengo todo! 

—Cuando te enfadas...  
[Risas]. ¡Huye! Menos mal que me dura poco. 

—"No tiene ningún problema para darte tu punto de vista, aunque sea completamente diferente al tuyo. Sabe quién manda y lo acepta", añade Marc Roset, tu entrenador. 
Eso es enriquecedor. El otro día vi una jugada en Twitter y se la pasé: "¡Marc, mira qué guapa!". No la hemos hecho, pero... Oye... [Risas]. ¡Yo lo lanzo!  

—"Este año el equipo ha necesitado que María Cordón fuese la líder. Creo que al principio le costó, pero que ha ido de menos a más, y ahora sí que la podríamos considerar la líder", te define Marc Roset. 
Bueno... Creo que la líder del equipo es Alba Serrano, sobre todo, en el vestuario. Es la que lleva más años en el Joventut Les Corts. Todo el mundo la respeta mucho y en la pista no hay más que verla: siempre tiene buena actitud y ayuda. Bueno, eso no significa que yo no lo haga, eh. [Se ríe].  

—¿Ella lo hace mejor?
No sé si me considero una líder. Creo que aparezco cuando se me necesita, como las dos temporadas anteriores. 

—No necesitas recibir elogios. 
Tal cual. Aunque, de vez en cuando, sí viene bien que te digan cosas bonitas. Eso sí, tú ya sabes cuándo haces las cosas bien y cuándo mal. 

—Cuando hablas de ti misma, de tus entrañas, es cuando más seria te pones. 
¿Sí? Ya te he dicho que soy muy dura conmigo misma. 

—Para Marc Roset eres un reflejo para las más jóvenes. 
Entrenar a equipos en el club te une mucho a ellas. Me encanta que me abracen tras una derrota. ¡Se me pasa hasta el enfado! Son encantadoras. Dirigir a grupos en la entidad hace que tu relación con quienes lo conforman sea más estrecha. Si vienes con tu mochila, te entrenas y te vas, las niñas no saben quién eres. 

—¿Has tenido una compañera así y la has reconducido? 
Esa actitud es comprensible porque no vivimos del baloncesto. Este año trabajo y no me da tiempo de ejercer de  entrenadora. Así que llego, dejo mochilita y me voy. Lo bueno es que ya conozco a la gente.  

—Eres la única jugadora que sigue en el primer equipo. 
Me quise quedar porque conocía a las compañeras. Muchas subían con nosotras en Liga Femenina 2, el entrenador era Marc... Estoy muy contenta de mi decisión. Los resultados son los que son, tenemos nuestras limitaciones. ¡Soy la mayor! ¡Es la primera vez que me pasa! En abril cumplí los 25. ¡Ya soy una mujer! 

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