viernes, 5 de marzo de 2021

Sandra Sànchez, árbitra: "Con el tiempo, descubres que generar seguridad y credibilidad no pasa por imponer tus decisiones"

La colegiala catalana pita los cuartos de final de la Copa de la Reina de Valencia entre el Gernika y el CB Clarinos

Sandra Sànchez durante el Bàsquet Femení Sant Adrià-Joventut Badalona. Foto: Toni Delgado / Cronómetro de Récords.

Toni Delgado (@ToniDelgadoG) #baloncestofemenino #CopaReinaLFEndesa #entrevista

"Cuando empecé a pitar era la tía más seria de la historia. [Risas]. Fui recta y con cara de mala leche hasta que me dije... '¡Sandra, te van a salir arrugas!'. [Risas]. Con el tiempo, descubres que generar seguridad y credibilidad no pasa por imponer tus decisiones", cuenta Sandra Sànchez (Barcelona, 1994), árbitra en Liga Femenina Endesa, Liga Femenina 2 y LEB Oro. Esta tarde pitará el Gernika-CB Clarinos, de cuartos de final de la Copa de la Reina de Valencia.

Para Sandra Sànchez el reto y la necesidad se resumen en un punto, el equilibrio: "No puedes señalar una técnica o unos pasos en los últimos minutos enfadada ni de buen rollo. Aunque, por supuesto, sí que hay muchos momentos en los que puedes sonreír".  

—Eres la árbitra más feliz que he visto nunca. 
Me lo paso muy bien pitando, y eso se nota... Aunque no se fije casi nadie. ¡Qué guay, gracias! 

—"Hay un muro muy difícil de superar entre nosotras y el colectivo arbitral, que no suele estar abierto al diálogo", me contaba hace unos días una jugadora de Liga Femenina 2.  
Nos ven así y es culpa de ambas partes, que no damos el paso. "¿Por qué le tengo que pedir explicaciones para que me detalle por qué es falta?", piensan muchas jugadoras. ¡Esa aclaración tendría que ser muy normal! A veces, si te consideran un muro y ven que interaccionas con ellas, no te contestan o te miran sorprendidas. Y la sorpresa dura hasta que comprueban que también lo haces con el resto. Entonces ya es más fácil que te pregunten los porqués.    

—Las jugadoras van a mil revoluciones, pero entiendo que el colectivo arbitral, también.  
Me considero bastante empática y necesito entender sus reacciones. Yo también he sido jugadora, aunque no llegué a Liga Femenina 2. El otro día le comenté a un jugador: "Es tu primera falta". Y me respondió: "Es una falta y cuenta en mi estadística...". Hay muchos factores que desconocemos. Por cierto...

—Dime, Sandra. 
No sé si alguien lo piensa, pero quienes juegan cuentan con  relevos y quienes pitamos no tenemos recambios. Y malos días los tiene todo el mundo. El colectivo arbitral es el gran desconocido. Me han llegado a decir que somos el mal necesario. [Risas].  

—¿Quién os llamó así? 
¡Todo el mundo! Y todo son preguntas. Sandra, ¿por qué pitas? Sandra, ¿te gusta ser árbitra? ¿Pitas sólo a chicas o también a chicos? Ah, ¿a los dos? Cuando les dices que te entrenas, haces exámenes y un largo etcétera, les extraña mucho.   

Empatía y respeto son dos de las palabras favoritas de la colegiada catalana. Foto: Toni Delgado / Cronómetro de Récords.  

—Sería interesante que los jugadores, jugadoras, entrenadores y entrenadoras recibiesen formación de las reglas de juego cada año. El reglamento tiene mil matices.  
El reglamento está vivo y hay muchos cambios. Hace dos años hubo una barbaridad. Antes de comenzar los partidos de inicio de temporada les preguntas a los entrenadores y entrenadoras si conocen los cambios en las reglas, y, en general, te exponen sus inquietudes. Sería muy interesante que las federaciones organizasen charlas online para explicar las reglas más importantes y los cambios. Hay jugadoras y jugadores que no conocen lo suficiente el reglamento porque no lo ven como un valor. Se saben lo típico. Por ejemplo, el paso 0 es fácil si te lo explican. El reglamento, a veces, es difícil de entender.  

—¿Nos explicas el paso 0?  
La clave está en cómo coges la pelota. Si lo haces en el aire, tendrás derecho a dos pasos, como siempre. Pero si la coges con un pie apoyado en el parqué, ése será el paso cero y podrás realizar dos más. No es 1, 2 y 3, es 0, 1 y 2. Los pasos no pueden ser con el mismo pie. La combinación en un 0, 1 y 2 sería izquierdo, derecho e izquierdo, o derecho, izquierdo y derecho. De lo contrario, sacarías mucha ventaja, y las reglas se hacen para equilibrar ataque y defensa. 

—¿Por qué el colectivo arbitral no participa en la rueda de prensa después de un partido?
Se dejó de hacer, quizás para quitar los focos mediáticos al colectivo. Podría haber una figura, quizás a nivel de la dirección técnica de la Federación, que explicase algunas decisiones. En la NBA se hace, pero allí los jugadores acatan bastante bien las decisiones arbitrales y no ven el arbitraje como un mal necesario, sino como un elemento para cuidar el  juego. La Liga es muy larga y aceptar que un error tuyo haya decidido el partido te puede perjudicar a la hora de arbitrar a aquel equipo. Así que creo que, como sucede en la NBA, tendrían que ser árbitros o árbitras externos quienes diesen explicaciones. Yo no me sentiría cómoda en esa rueda de prensa.  

—Tendríamos que normalizar más el error y no generalizar las malas intenciones del colectivo arbitral.  
Trabajamos con el error y a más presión, menos errores te puedes permitir. Hasta que no se acepte que quienes pitamos  somos seres humanos y que, como tales, nos equivocamos, no se podrán hacer ruedas de prensa ni dar explicaciones tras los encuentros. 

—¿Se pitan más faltas personales que antes? ¿O menos?
En categorías profesionales cada vez se deja jugar más. La NBA va muy por delante y nos marca un poco el camino. Hay estilos de arbitraje, pero el criterio es el criterio. Cuando empiezas a pitar, eres más de acción-reacción: ves el contacto y lo señalas. la experiencia te enseña a reflexionar mucho más tus decisiones.  

—Me cuesta ver los contactos, sobre todo en acciones continuadas. A veces son mínimos.   
El problema de las acciones continuadas es que las jugadoras cada vez son más rápidas y tienes que juzgar el contacto y no la incidencia que tiene. Si una jugadora muy fuerte y rápida recibe el contacto, seguirá y tirará. Y a otra quizás más lenta o no tan entrenada el mismo contacto le generará mucha más desventaja. Es muy difícil juzgar cuando todo va tan rápido. De hecho, arbitrar en categorías profesionales y semiprofesionales resulta cada vez más difícil porque los jugadores y jugadoras son más potentes. Has hablado de "contacto mínimo". Pero... ¿Qué es un contacto mínimo? ¿Y uno máximo? ¿Para que sea máximo la jugadora tiene que caerse al suelo o aquel contacto es suficiente para desequilibrarla en el tiro? Si es muy buena, está fuerte o tiene suerte, quizás la meta. Y la canasta valdrá. Pero también hay contacto.   

—No me había planteado esa diferencia. Me obsesionaba demasiado la incidencia del contacto.  
En el deporte masculino los contactos son mucho más claros. Desconozco si es porque no hay tanta diferencia física entre ellos o si, en general, son más fuertes que nosotras. En el femenino los contactos no son tan nítidos y te crean muchas más dudas.   

Sandra Sànchez durante el Gernika-CB Clarinos. Foto: Alberto Nevado / FEB.

—¿Tienes pesadillas y sueños bonitos arbitrando? 
Nunca he soñado con que arbitraba. [Risas]. Siempre he sido muy positiva y me quedo con las cosas buenas. Lo peor es irte con la sensación de que una decisión tuya ha decidido un partido. Te sientes mal. 

—¿Qué haces cuando te pasa eso?
Cuando hay una crítica arbitral, me la tomo como una crítica a mi rol de árbitra y no a la Sandra Sànchez persona. El error forma parte del día a día del colectivo arbitral y antes de cada partido. Necesitas asumir que puedes cometerlo y saber cómo lo afrontarás. Trabajo mucho la autoconfianza y sé mi nivel. No soy muy buena por arbitrar la Copa de la Reina de Valencia ni muy mala si me sale un mal Gernika-CB Clarinos de cuartos de final. Asumo que me encontraré piedras en el camino y no miro las redes sociales.  

—¿Para no hacerte daño?
No es por eso. Vemos todos los partidos que arbitramos y por cada "está habiendo un buen arbitraje" habrá múltiples "falta dudosa", "pasos nada claros", "pasos que no se pitan"... Si lo haces bien, no se dice casi nunca. 

—Sandra, eso pasa en cualquier sector. El error o el posible error no se pasa por alto y parece que el elogio sea de pago.  [Risas]. ¿Estudias individualmente a las jugadoras, jugadores, entrenadores y entrenadores y equipos? 
Por supuesto. También lo hacen mis compañeros y compañeras. Hay técnicos y técnicas que sólo interactúan contigo cuando las cosas les van mal, quienes lo hacen constantemente y quienes nunca. Es importante reunir la máxima información posible sin que esos datos te lleven a prejuzgar. Una jugadora puede actuar de una manera determinada en ciertos partidos, pero no siempre. No puedes anticipar qué pasará. También nos informamos sobre los estilos y sistemas de juego, la filosofía de los entrenadores y entrenadoras...  

—¿Qué reglas crees que son las más desconocidas o polémicas? 
La antideportiva en general tiene un factor subjetivo. ¿Qué es fuerza excesiva? Si eres un jugador muy duro, para ti estará un límite, y si eres más prudente, otro. También la interposición e interferencia. Son quizás las dos más interpretables. Añadiría los pasos.  

—¿Recuerdas tus debuts en Liga Femenina 2 y en Liga Femenina Endesa?  
Me estrené en Liga Femenina 2 hace dos años, pero no recuerdo el partido. En la máxima competición debuté en Fontajau en la Supercopa, en un Uni Girona-Perfumerías Avenida. Fue una excelente experiencia en un gran ambiente. 

Mariano Palomo, Asunción Langa y Sandra Sànchez en el Supercopa de 2019. Foto: Toni Delgado / Cronómetro de Récords.

—En el BQ Talk - Preparant la Copa, organizado por el Comitè Tècnic de la Federació Catalana de Basquetbol (FCBQ) y en el también intervinieron Bernat Canut, Betty Cebrián, César Aneas y Tania Pérez, dijiste que echas de menos al público. ¿Te ayuda a concentrarte más? 
Igual que el colectivo arbitral es necesario para el baloncesto, la grada también lo es. Si hay silencio, te relajas. Con mucho público no sabes qué dice el de tercera fila. El ruido te hace concentrarte. No oyes la pelota ni el grito de la jugadora o del entrenador. ¡Los ves! Y yo soy muy visual. Ahora te llega todo: las conversaciones, el bote del balón, los sonidos de los pasos... Pero, como dijo Tania Pérez, te adaptas. 

—Parece que estés más tranquila con público. 
A mí me gusta más. Emoción, presión, tensión, rabia... Todas las emociones se extrapolan a la grada. El deporte es con público y lo necesitamos. 

—Formas a árbitros y a árbitras. ¿Qué sueles recalcarles más?
Sólo pitan bien las buenas personas. Si eres excelente arbitrando, pero mala gente, al final te estamparás. También les repito que ayuden a sus compañeros y compañeras, pero que si ven comportamientos que consideren inadecuados, lo digan. Es la única manera de erradicarlos. Eres un ser humano y puedes cometer errores, pero si los clubes se quejan constantemente de ti, quizás el problema seas tú. 

Es imposible disimular si haces algo que te apasiona. Foto: Toni Delgado / Cronómetro de Récords.

—¿Cuál es la química ideal con una pareja o trío arbitral?   
Hay con quien hay más o menos feeling. Tengo amistades con las que conecto mucho fuera de la pista, pero no en ella. Lo que más valoras en un equipo arbitral es la confianza y la transparencia. No se trata de imponer tu visión, más bien de no callarte lo que pienses, de ayudar y de que te ayuden. El equipo arbitral va cambiando cada fin de semana, pero en general, con más o menos conexión, todos siguen el mismo patrón.  

—¿Qué tendría que pasar para que la Copa de la Reina de Valencia sea un éxito para ti?  
El arbitraje es muy individual, pero para mí el éxito arbitral sólo es el colectivo. Si estás satisfecho con tu trabajo, pero el equipo no ha hecho un buen trabajo, no es un éxito. Me encantaría pitar también una semifinal y la final, pero para mí el éxito es representar por segunda vez a mi colectivo en una competición que reúne a los ochos mejores equipos de la Liga Femenina Endesa. El éxito de la Copa no es qué partido o partidos he arbitrado, sino cuánto he aprendido. Sólo pienso en el Gernika-CB Clarinos. Si llega algo más, perfecto. Si no es así, también. 

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