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domingo, 3 de marzo de 2013

Ruth Beitia o cómo regresar para ser la mejor


La saltadora cántabra consigue en Gotemburgo su quinta medalla consecutiva en unos Europeos de pista cubierta, la primera de oro, tras arrepentirse de la retirada

Beitia festeja su oro en Gotemburgo - AFP. 

No hay momento más íntimo en una final de salto de altura que el ritual de las saltadoras. Cada una intenta concentrarse y sacudirse los nervios a su manera. Pidiendo los aplausos del público, como Green, o con un grito, como el de Jungmark, que resuena en todo el Scandinavium. Lo de Ruth Beitia (Santander, 1979) es más completo: se tuerce hacia la izquierda como imaginándose en vuelo, calienta brazos y piernas, se peina y habla consigo misma. Sí, está preparada, pero acaba llevándose por delante el listón de 1'99 metros, ya eliminadas otras dos favoritas, Hellebaut –oro en altura en los Juegos Olímpicos en Pekín y que ha vuelto dos veces a la competición tras ser madre, estancada esta vez en 1'92– y Trost, que atesora con dos metros la mejor marca del año en Trinec (República Checa) y se quedó en 1'96, como Veneva-Mateeva. Con el fallo de ésta, ya Beitia ya es mínimo bronce y compite contra dos atletas suecas, las niñas de los ojos de la grada, claro. Green tiene un nulo en 1'96 y Jungmark comete su primer error en 1'99, la altura que supera a la segunda Beitia y que pretende saltar en su último intento Jungmark, que se aplaude y pide apoyo. Falla. Beita, que es tan espontánea siempre, se quita la camiseta de la cara y se levanta con tranquilidad. No ha querido ver el salto. Se abraza con Jungmark –plata, el bronce fue para su compatriota Green– como si se la encontrase por la calle y sólo explota de alegría cuando lo prueba tres veces en 2'02. Entonces, cuando lo ha dado todo, Beitia empieza a saltar de un sitio a otro y a saludar a rivales, a la grada, a su entrenador Ramón Torralbo. “Ha valido la pena”, seguro que piensa Beitia, que anunció que se retiraba tras los Juegos Olímpicos de Londres, donde fue cuarta, y en diciembre anunció que volvía a la competición, que el 2013 sí que iba a ser su último año. Porque se sentía en plena forma, en deuda consigo misma. Y logró su quinta medalla consecutiva en unos Europeos en pista cubierta (tras las platas en Madrid 2005, Turín 2009 y París 2011, y el bronce de Birmingham), su primer oro en estas condiciones.

Beitia se quitó en Gotemburgo su espina de no haber sido todavía campeona de Europa indoor. En pista cubierta también tiene un par de medallas mundialistas más (plata Doha 2010 y bronce en Moscú 2006). El año pasado ya pudo estrenarse al aire libre, su gran asignatura pendiente, el curso pasado con otro oro en Helsinki. La cántabra parece no tener fin. Es eterna y la capitana de la delegación española en Gotemburgo, que ha logrado tres platas (Juan Carlos Higuero en los 3.000, Isabel Macías en el 1.500 y Kevin López en 800).        

sábado, 2 de marzo de 2013

Remontada de plata para Higuero

El León de la Blume remonta tres plazas en la recta final de los 3.000 metros para dar a España en Gotemburgo su medalla 100 en unos Europeos de pista cubierta

Higuero celebra la plata en la línea de meta - Reuters. 

Antes de viajar a Gotemburgo, Juan Carlos Higuero (Aranda de Duero, 1978) dijo ante los medios que lo hacía con la emoción de un júnior, como si a los 34 años volviese a empezar en el atletismo: “Me siento como el Higuero del año 2000, con la misma ilusión. Quiero dar mi máximo, en caso contrario me enfadaré”. Y El León de la Blume cumplió con su promesa con una remontada difícil de narrar hasta viendo las imágenes a cámara lenta. Higuero pasó quinto la campana, que marca la vuelta final. Antes había sido uno de los cinco que habían aguantado el primer cambio de ritmo de Ibrahimov, el favorito que acabó ganando con autoridad. La que demostró Higuero en la última vuelta para superar primero a Carvalho y en la recta final pasar como un rayo ante Kowal y Ó Lionáird para morder una plata muy peleada. Su cuarto metal en unos Europeos de pista cubierta, tras otras dos platas (Viena 2002 y Madrid 2005) y el oro de Birmingham de hace casi seis años en el milqui. “Soy un corredor puro y duro de 1.500, aunque siempre tienes la alternativa de subir de distancia”, decía en una entrevista para Diario de Burgos después de no poder lograr la mínima para poder correr en Londres en 1.500 y 5.000, torturado por las molestias físicas –en un gemelo y una fascitis plantar–. Esta vez triunfó en Gotemburgo en el 3.000 -Alaiz fue séptimo- logrando su primera medalla internacional en una distancia en la que se siente a gusto.

Tanto que Higuero parecía muy tranquilo antes del disparo inicial y de que la retransmisión se entretuviese en enfocar en primer plano a Ibrahimov, Ó Linonáird, Calvalho y, de rebote –por estar al lado de los otros– los saludos a la grada del local Bouafif. El español demostró que merecía también que le tuviesen en cuenta con una actuación inteligente. Ni se puso nervioso cuando Ó Lionáird le pasó como un ciclón a 400 metros del final. Ni se desgastó cuando Carvalho trató de eliminar rivales a los 600. A 500 Ibrahimov se escapó sin remedio hacia la victoria y en los últimos metros Higuero remontó hasta alcanzar una plata histórica. Centenaria para la delegación española en unos Europeos bajo techo. 

Isabel Macías protagoniza su mejor crónica

La aragonesa, estudiante de periodismo, se cuelga la plata remontando en los últimos metros en una final que gana con sufiencia Aregawi y a la que Natalia Rodríguez renuncia  por lesión


Isabel Macías tras lograr la plata en Gotemburgo - AFP. 

Los focos apuntaban hacia Natalia Rodríguez, que se hizo una microrotura en el soleo de la pierna derecha en la serie y en el calentamiento en la final vio que no podía correr –“imposible. Me duele muchísimo y voy coja. Se acabó mi campeonato”–; o a Soboleva, plusmarquista europea castigada en el pasado con casi tres años como otros seis compañeras suyas por falsificar su ADN en unas pruebas de dopaje; y se daba por entregado el oro Aregawi, nacida en Etiopía y sueca de pasaporte desde hace nada. Pero hay otras que también tenían mucha hambre, como Isabel Macías (Zaragoza, 1984), estudiante de Grado de Periodismo la Universidad Complutense de Zaragoza y dispuesta a narrar su mejor crónica en Gotemburgo, donde había sido 15º en 2006 en los Europeos al aire libre. Casi siete años después, ya profesora de educación física e infantil, tras sus primeros Juegos Olímpicos en Pekín, Macías corrió de maravilla en la capital sueca. Como el resto no puso impedimentos para que Aregawi compitiese contra sí misma (4:04.47, un relámpago) y se marchase en solitario desde los primeros metros. Quedaban dos medallas por repartirse la plata y el bronce. La atleta del València Terra i Mar se llevó un par de sustos en la vuelta inicial e iba sexta, como en la penúltima. Dejó lo mejor de sí y después de ir superando rivales le arrebató la plata (4:14.19) a la polaca Broniatowska (4:14.30) a falta de unos 40 metros. Ya tenía una medalla –la primera de la delegación española– y la cosa todavía fue mejor.

Camino de los 29 años y destacada júnior, Macías sabe leer bien las carreras y se define como una persona metódica y constante. Le ha faltado suerte, como cuando en 2007 se lesionó bajando el AVE y se hizo un esguince de rodilla. Un contratiempo menor –teniendo en cuenta las lesiones que puede tener un deportista– que le hizo perder la confianza en sí misma. Uno de los grandes responsables de recuperarla para la causa es Jesús Romero, su entrenador desde que se fue al instituto. En su web explica que el oro de Fermín Cacho en Barcelona le cambió la vida, que al volver a ver aquella carrera sentía algo que no podía definir. Era la época en que su profesor de gimnasia, José Luis Morte, “vio algo en mí... Todavía me preguntó qué... Y hace poco me respondió que era tremendamente madura para mi edad y vio aptitudes en mí”.

Macías le contaba a Amaya Iríbar en El País días antes de los últimos Europeos de pista cubierta –París 2011, fue quinta– que en su primera carrera había corrido con zapatillas de fútbol sala su primera carrera y que después probó en saltos, en lanzamientos... Hasta que escogió el mediofondo. Un mundo que le ha dado grandes decepciones, como la de perderse los Europeos de Barcelona de 2010 por seis centésimas, y grandes momentos, como su plata de Gotemburgo con un sprint final lleno de coraje y de rabia. Una plata que logró por 11 centésimas. Esta vez el crono estaba de su parte. Bien se lo ha ganado la aragonesa, a la que no que se mordía los labios antes de que dijesen su nombre para subir al podio. Cuando el speaker la nombre subió al cajón, dio unos saltitos, levantó los brazos y sacó la lengua, mientras decía que no con la cabeza. Gestos tan frescos como su carrera. Su mejor crónica.