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domingo, 7 de agosto de 2022

Ruth Beitia es y crea afición

'Salto a las alturas' (Ediciones Cydonia), de Karel López, es un retrato personal y colectivo de la mejor atleta española  

Ruth Beitia muestra al público y a los medios de comunicación su medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Río 2016
Ruth Beitia muestra su medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Río 2016. Foto: Reuters / Dylan Martínez.

El recorte de diario más antiguo que conservo de Ruth Beitia (Santander, 1979) es una entrevista de Carlos Arribas publicada el 7 de marzo de 2005 en El País. Dos días antes, la saltadora había ganado la medalla de plata en el Mundial en Pista Cubierta de Madrid con 1,99 metros y, sobre todo, había saltado su barrera mental: "Llegaba un gran acontecimiento, me presentaba con la segunda o tercera mejor marca y luego no cumplía. Me podía la responsabilidad y no era consciente de que podía llegar a hacerlo".

sábado, 17 de agosto de 2013

Ruth Beitia o la fórmula de la eterna juventud


La saltadora de Santander comparte el bronce en el Mundial con Chicherova y sigue cosechando éxitos tras volver a competir después de unos meses retirada 
Beitia celebra un salto - Foto: RTVE. 

Sabe que antes y durante cada competición y en cualquier entrevista que conceda el periodista le tendrá preparada la misma pregunta: “¿Te vas a retirar?”. Y Ruth Beitia (Santander, 1979), risueña, liberada como no lo ha estado nunca en las pruebas y sobre todo al aire libre,  responderá algo parecido a lo que dijo en la zona mixta del estadio de Luzhniki: “Ahora no vuelvo a decir que me retiro hasta que me retire en serio. Quién sabe si llegarán más medallas”. En su día puso punto y final a su carrera tras los Juegos Olímpicos de Londres, donde fue cuarta. Aportó la batida, se olvidó de sus gestos y frases

domingo, 3 de marzo de 2013

Ruth Beitia o cómo regresar para ser la mejor


La saltadora cántabra consigue en Gotemburgo su quinta medalla consecutiva en unos Europeos de pista cubierta, la primera de oro, tras arrepentirse de la retirada

Beitia festeja su oro en Gotemburgo - AFP. 

No hay momento más íntimo en una final de salto de altura que el ritual de las saltadoras. Cada una intenta concentrarse y sacudirse los nervios a su manera. Pidiendo los aplausos del público, como Green, o con un grito, como el de Jungmark, que resuena en todo el Scandinavium. Lo de Ruth Beitia (Santander, 1979) es más completo: se tuerce hacia la izquierda como imaginándose en vuelo, calienta brazos y piernas, se peina y habla consigo misma. Sí, está preparada, pero acaba llevándose por delante el listón de 1'99 metros, ya eliminadas otras dos favoritas, Hellebaut –oro en altura en los Juegos Olímpicos en Pekín y que ha vuelto dos veces a la competición tras ser madre, estancada esta vez en 1'92– y Trost, que atesora con dos metros la mejor marca del año en Trinec (República Checa) y se quedó en 1'96, como Veneva-Mateeva. Con el fallo de ésta, ya Beitia ya es mínimo bronce y compite contra dos atletas suecas, las niñas de los ojos de la grada, claro. Green tiene un nulo en 1'96 y Jungmark comete su primer error en 1'99, la altura que supera a la segunda Beitia y que pretende saltar en su último intento Jungmark, que se aplaude y pide apoyo. Falla. Beita, que es tan espontánea siempre, se quita la camiseta de la cara y se levanta con tranquilidad. No ha querido ver el salto. Se abraza con Jungmark –plata, el bronce fue para su compatriota Green– como si se la encontrase por la calle y sólo explota de alegría cuando lo prueba tres veces en 2'02. Entonces, cuando lo ha dado todo, Beitia empieza a saltar de un sitio a otro y a saludar a rivales, a la grada, a su entrenador Ramón Torralbo. “Ha valido la pena”, seguro que piensa Beitia, que anunció que se retiraba tras los Juegos Olímpicos de Londres, donde fue cuarta, y en diciembre anunció que volvía a la competición, que el 2013 sí que iba a ser su último año. Porque se sentía en plena forma, en deuda consigo misma. Y logró su quinta medalla consecutiva en unos Europeos en pista cubierta (tras las platas en Madrid 2005, Turín 2009 y París 2011, y el bronce de Birmingham), su primer oro en estas condiciones.

Beitia se quitó en Gotemburgo su espina de no haber sido todavía campeona de Europa indoor. En pista cubierta también tiene un par de medallas mundialistas más (plata Doha 2010 y bronce en Moscú 2006). El año pasado ya pudo estrenarse al aire libre, su gran asignatura pendiente, el curso pasado con otro oro en Helsinki. La cántabra parece no tener fin. Es eterna y la capitana de la delegación española en Gotemburgo, que ha logrado tres platas (Juan Carlos Higuero en los 3.000, Isabel Macías en el 1.500 y Kevin López en 800).        

domingo, 12 de agosto de 2012

Ruth Beitia se queda sin medalla tras el mejor día de Barrett y Shkolina

La saltadora cántabra, cuarta pese a superar los dos metros y ver cómo sus rivales lograban marca personal en un concurso que dominó la favorita, Chicherova   


Ruth Beitia se lamenta de un fallo durante la final - Reuters. 

Saltó la barrera de los dos metros a la primera, era la primera vez que lo conseguía en “una gran competición” y pretendía superar los 2.03 a la tercera. Se quedó a medio camino y apartó el listón con la mano. Ahí acababa el concurso y la experiencia en los Juegos Olímpicos para Ruth Beitia (Santander, 1979), cuarta y sin medalla ante el ímpetu de Barrett, plata, y de Shkolina, que superaron los 2.03 metros, marca personal para ambas. Con un fallo con los 1.97, Beitia hubiese sido bronce igualmente aunque la rusa Shkolina hubiese fallado, pues llevaba una final limpia hasta entonces. La rival virtual era Barrett, que se volvió loca tras superar el listón en 2.03 en su segundo intento –lo que le valió la plata, Shkolina fue bronce en un concurso que ganó la favorita, Chicherova, con 2.05–, ahí donde se quedó Beitia, la capitana del conjunto español de atletismo: “Mi felicidad es un poco agridulce. Me llevo la medalla de chocolate, que me voy a comer seguro”. 

Intentó ponerse un punto alegre a un momento duro para ella, que llegaba confiada, después de haberse clasificado para la final sin fallo alguno y sobre todo tras saldar su deuda personal colgándose su primer oro en los Campeonatos de Europa de Helsinki de junio. Entonces le valió con saltar 1.97 a la tercera. Cinco centímetros más hubiese tenía que saltar en Londres, donde acabó agradeciéndole el apoyo a su entorno y a su entrenador Ramón Torralbo, que la dirige desde hace 22 años y de quien dijo de que es “mi 50%” en la pista. 

Hasta el error en 1.97, que superó a la segunda, Beitia tuvo una final impecable: 1.89 y 1.93 a la primera, como los 2 metros, mientras rivales como el resto de rivales se iban descartando solas: Tregaro, Gordeeva y Melfort se quedaban en 1.97, que Lowe superó a la segunda y Radlivil a la tercera. Ambas se quedaron en los dos metros, como la tenaz Hellebaut, con lo que quedaban cuatro saltadoras para repartirse las medallas. Chicherova aprovechó la ausencia de Blanka Vlasic ni Antonietta Di, lesionadas –14 meses llevaba entre algodones Ariane Friedrich, eliminada en la calificación– para cumplir las expectativas y estar perfecta hasta los 2.05, que saltó a la segunda. Una barrera insalvable para Barrett y Shkolina, que tuvieran que tener el mejor día de su carrera para batir a Ruth Beitia, a punto de decir adiós a la competición y que vivió su última gran final antes del adiós: “He visto la medalla ahí porque en ningún momento pensé que la americana [de sólo 21 años] podía saltar 2.03”. Pero lo hizo.