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sábado, 25 de enero de 2014

Li Na, una pionera persistente

La tenista china descompe a Cibulkova (7-6 y 6-0) para convertirse en la primera asiática en levantar el Abierto de Australia tras dos finales perdidas  

Li Na muestra el trofeo de su primer Abierto de Australia - AFP. 

"Por fin. Ya tengo la copa". Es lo primero que dice, o más bien suspira, Li Na (Wuhan, China, 1982) tras descomponer a su rival, Dominika Cibulkova por 7-6 y 6-0, y recibir su primer trofeo del Abierto de Australia tras dos finales perdidas ante Kim Clijsters (2011) y Victoria Azarenka (2013). Quien le entrega la copa es alguien como Chris Evert, con 18 Grand Slams a sus espaldas, y que en su día la equiparó a Billy Jean King y Martina Navratilova por ir más allá del deporte en su país. Porque no hay otra deportista china más

sábado, 2 de julio de 2011

Kvitova frustra el reencuentro de Sharapova con Wimbledon

Kvitova sonríe con el trofeo de Wimbledon -EFE.

Dice que su estilo es muy parecido al de Juan Martín Del Potro. Eso es: fortaleza, resistencia y golpes duros. Petra Kvitova (Bilovec, República Checa, 1990) añade a esas cualidades una cuarta, la que suele decantar la balanza: la confianza en sí misma. A la checa no le supuso una carga afrontar su primera final de Grand Slam siendo observada desde la grada por dos referentes de su país como Hana Maldikova y Martina Navratilova, nacionalizada estadounidense. Resultó un plus para Kvitova, a la que tampoco inquietó que la central del All England Club fuese con su rival, Maria Sharapova, que siete años después de ganar su primer Wimbledon siendo una jovenzuela de 17 pretendía ganar el segundo. Kvitova no le dejó opción alguna: venció por 3-6 y 4-6 en hora y media, y llevó de un lado a otro a la rusa, incapaz de defenderse, torturada también por sus propios errores.

El número cuatro es el hilo conductor de la nueva reina de Wimbledon, pues ésta era la cuarta participación de Kvitova en Londres, supone su cuarto torneo del año -el quinto de su carrera- y también cuatro fueron las dobles faltas que cometió Sharapova en un segundo que tuvo un inicio poco representativa. La rusa rompió el servicio de su rival en el primer juego, pero cedió el siguiente y el del 2-4.

Cierra con un ace

No fue la Sharapova del resto del torneo, aquella jugadora convencida y de juego conviccente que no había cedido ni un set. Se vino abajo ante la sonrisa tímida y el látigo de Kvitova, que la acribilló desde el fondo y cerró el partido con un ace. Sólo entonces se dejó llevar la checa: se arrodiló, se tapó la cara y mostró la pelota que tenía en el bolsillo. Pocos segundos después quedaba inmortalizada para siempre su proeza en el rincón de las campeonas: 2011 Miss P. Kvitova.

“Levántalo, levántalo”, le pidió con gestos un fotógrafo. Fue entonces cuando la checa sonrió relajada y satisfecha. En 2009 tuvo una grave lesión en el tobillo derecho, un contratiempo menos delicado, eso sí, que el hombro de Sharapova, que le ha torturado desde 2008, año de su tercer y último Grand Slam, el Abierto de Australia. Hace unas semanas la rusa alcanzó las semifinales en Roland Garros. Parece que está de vuelta.

El tenis femenino necesita una figura con urgencia después de la reaparición triunfal de Kim Clijsters -está lesionada- y de la irrupción de Na Li (o Li Na) y con la número uno, Caroline Wozniacki, sin grandes en su haber. ¿Ha vuelto Sharapova? ¿Será Kvitova quien ocupe ese lugar? La checa al menos va por el buen camino: en 2011 ha ganado cuatro títulos, todos en dos sets. Primero venció a Petkovic en Brisbane, continuó superando a Clijsters en París y después doblegó a Victoria Azarenka en Madrid, con lo que alcanzó el top 10 por primera vez. Ahora Kvitova ya es séptima del ránking WTA y es la primera zurda en ganar un Grand Slam desde Mónica Seles (Abierto de Australia, 1996), Navratilova (1990) había sido la última en coronarse en Wimbledon. “Estaba nerviosa porque pensé que podría ganar. Sabía cómo era de importante pelear cada punto". Y lo hizo para desconsuelo de Sharapova:  “Hoy me conformo con el plato de segunda”. La rusa promete volver.

sábado, 4 de junio de 2011

Li Na, campeona de Roland Garros y pionera del tenis asiático a los 29 años

Li Na sonríe con su copa de ganadora de Roland Garros -EFE.

Si hubiese continuado sus estudios de periodismo seguramente sería una entrevistadora incisiva, incómoda y graciosa, todo a la vez, como su juego. Li Na (Wuhan, 1982) podría novelizar una biografía peculiar marcada por el incorformismo, la rebeldía y las anécdotas con su pareja. En ese libro uno de los capítulos estrella sería el dedicado a su primer Grand Slam, Roland Garros, ganado ante Francesca Schiavone por 6-4 y 7-6 (0). Resultó una final en la que la china pasó de jugar sobrada, de gustarse mucho, a enfurruñarse contra sí misma y su equipo técnico, al que recriminó sus indicaciones. A Li Na, que también responde al nombre de Na Li, le entraron las prisas ante la campeona del año pasado, pero se repuso con una reacción irreprochable -con una decisión de la juez de silla muy discutida por Schiavone de por medio- y un tie-break perfecto (7-0). Es el triunfo histórico de Li Na, una tenista pionera en China: en 2004 fue la primera tenista de su país en ganar un torneo de la WTA (Guanghou), en 2008 quedó cuarta en los Juegos Olímpicos de Pekín y en enero había sido la primera china en alcanzar una final en un grande, la perdió en el Abierto de Australia ante Kim Clijsters, a la que venció en Sydney. El siguiente paso para Li Na era ganar un Grand Slam: es pionera a los 29 años en todo un continente, el asiático.

El éxito no tiene edad, pero sí un recorrido. El de Li Na no ha sido fácil y ha tenido que tomar decisiones complicadas, como la de dejar el tenis en 2002 para acompañar a su pareja a la univerdad. Una vez casada volvió a las pistas y su entrenador ha sido el marido, Jiang Shan, del que hace unos meses decidió prescindir como entrenador. Li Na no se anduvo por las ramas para justificarlo: "Pasábamos 24 horas juntos, dentro y fuera de la pista. Necesitábamos un descanso. Además, después de Melbourne los resultados empeoraron". En abril contrató al danés Michael Mortensen en abril y los resultados han mejorado: "Ha sabido transmitirme su confianza en mí y quisiera seguir con él, pero tiene familia; hablaremos para ver cuántas semanas al año podría viajar conmigo".  

Primera manga: 39 minutos

Confianza, descaro y seguridad fueron los argumentos con los que Li Na se llevó la primera manga en 39 minutos con dos juegos en blanco al saque, una derecha poderoso. La china jugaba de maravilla en la red, en media pista y en el fondo ante una Schiavone descolocada y desmoralizada. El lema de la camiseta de los fans de la milanesa -"Schiavone another show (Schiavone, otro espectáculo)"- no podía ser menos apropiado para el momento.

Li Na era un martillo y Schiavone un simple clavo. Tal era la superioridad de la china que rozó el 90% de puntos conseguidos con el primer servicio y salvó el primer punto de break de Schiavone en el segundo set. La campeona de 2010 remontó un 2-0 y se pasó con 2-4 a favor gracias a su repertorio de golpes, las derechas demoleadores, los precisos passing shots y, también, la imprecisión de Li Na, por primera vez débil y aplaudiendo con ironía hacia su equipo técnico. Había tenido una bola para el 4-1, pero con todo a favor restó a la red.  

Las protestas de Schiavone

Pero con la misma facilidad con la que se había descentrado se volvió a conectar Li Na para ponerse 5-4 y forzar el tie-break con un juego en blanco. Schiavone no estuvo nada de acuerdo con el tercer punto, que la juez de silla dio como bueno, y en el siguiente dibujó con las manos la trayectoria que habría tenido que seguir la pelota para no salir fuera. La diferencia entre la acción y la intención.

Li  Na resolvió la muerte súbida sin fisuras y crecida con la candidez de su rival, incapaz de anotarse ni un punto: "Ha sido un día duro". Li Na completó un discurso clásico repleto de agradecimientos y sonrió. Fue amable con el público y directa con la prensa: "Cuando era joven soñaba con ser campeona de un grande. Ahora, he escuchado que dicen que soy vieja. Pues la viejecita ha logrado su sueño". Con 29 años es la precursora de un país y de todo un continente: "Todo el mundo me apoya en China". Palabras de una luchadora insaciable, todo corazón -lleva una rosa tatuada en esa zona- que de pequeña jugaba a badminton. De grande, rozando los treinta, acaba de ganar Roland Garros y explica a los cuatro vientos que su marido ronca, pero que lo quiere con locura.