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sábado, 7 de junio de 2014

Las mil y una vidas de Maria Sharapova

La rusa logra su segundo Roland Garros ante una titánica Halep en una final maratoniana 


Sharapova, con su segunda copa de Roland Garros. 

En una derrota de hace cuatro años se explica que Maria Sharapova (Niagan, Rusia, 1987) tenga en sus manos su segunda copa de Roland Garros, que le dé un beso y se ponga a mecerla como si fuese su hijo, que levante el brazo izquierdo y venga a decir "tengo la piel de gallina". Su persistencia para superar a Simona Halep en la segunda final más larga de la Era Open en la Philippe Chatrier, con un tanteo de 6-4, 6-7(5) y 6-4 en tres horas y dos minutos, y en una superficie en la que llegó a sentirse como una "vaca sobre el hielo" 

sábado, 8 de junio de 2013

Serena Williams recupera su corona extraviada en París

La estadounidense suma su segundo Roland Garros once años después, suma su 16º Grand Slam y alarga a trece las victorias consecutivas ante Sharapova (6-4 y 6-4)

Serena festeja su segunda victoria en París - Getty images.

La mejor definición que nadie ha hecho sobre Serena Williams (Saginaw, Michigan, EE UU, 1981) la hizo ella misma ante el público del Abierto de Australia: “Soy insaciable”. Era enero de 2007 y la tenista estadounidense se dirigió a una grada encantada con su juego arrollador y por verla coronada por tercera vez en Melbourne –su octavo Grand Slam– después de empezar el torneo como 81º y de haber jugado solo cuatro torneo el curso anterior. Detrás suyo, Maria Sharapova sostenía su trofeo como subcampeona y estaba atenta al discurso de quien no le había dejado ganar más que tres juegos. “Cuando tenía 10 años, le dije a mis padres que querría estar aquí con el trofeo y hablando francés. Lo he conseguido”, bromeó Serena más de seis años después, en París y tras descomponer a la misma rival, esta vez por 6-4 y 6-4 en 1 hora y 46 minutos. Es la 13ª vez consecutiva que la estadounidense gana a Sharapova –que defendía el título– y la victoria le hace recuperar su Grand Slam más esquivo, pues su único Roland Garros databa de 2002, cuando superó a su hermana Venus. Serena suma 16 grandes y se acerca a los 18 de Martina Navratilova y su compatriota Chris Evert, a la que, con 31 años y 247 días, arrebató la marca de campeona más veterana en París –31 años y 256 días era la de Evert–.

“Estaba muy nerviosa, quería ganar... Es algo increíble. Quiero volver el próximo año, quedarme un poco aquí, adoro París, al público. Quiero volver a ganar aquí. Es un torneo formidable”, continuó Serena, que festejó a cámara lenta su triunfo, agachándose y gritando sin descanso, tanto que parecía que la mandíbula fuese a salirse de su sitio. La ocasión para ella lo merecía y más teniendo en cuenta que la temporada pasada cayó en primera ronda ante Razzano en Roland Garros. En ésta acumula 31 triunfos consecutivos y seis títulos en 2013, tres (en París, Miami y Madrid) ante Sharapova, que al menos resistió más que otras veces. Lo demostró con el juego inicial, en el que la rusa logró salvar cuatro pelotas de rotura para mantener su servicio en una primera manga con baile de breaks –dos para ella y tres para su rival– que llegó a dominar por 0-2 y perdió por 6-4.


Serena volvió a sacar lo peor de Sharapova, a la que hizo dudar y sometió a latigazos, especialmente en el cuarto, sexto, octavo y décimo y último juego del segundo set, cuando conectó cuatro saques directos y ¡solo! cedió un punto ante una Sharapova que hizo lo imposible para mantener su servicio (5-4), pero que en esa manga solo ganó al resto el 13% de los puntos. La rusa no sabía qué cara poner y casi ni se atrevía a celebrar sus aciertos –“he tenido derrotas muy duras en este torneo, y una de las victorias más especiales de mi carrera, el año pasado. Es duro no haber ganado, pero amo formar parte de este torneo y agradezco vuestro apoyo incansable”– ante una rival que le tiene comida la moral y dispone de más recursos. Una Serena que celebró en silencio, agachada y mirando al horizonte su penúltimo punto. Se imaginaba cómo sería volver a vencer en París. Lo hizo justo después, con un ace que alcanzó los 198 km/h y se dejó la raqueta por el camino. Bailó, se tapó la cara y apretó los dientes. Es insaciable.
        

domingo, 12 de mayo de 2013

Serena Williams vuelve a empequeñecer a Sharapova

La estadounidense se consolida como número uno venciendo por segundo año seguido en Madrid y prolongando su racha de victorias ante la rusa, que no le gana desde 2004

Serena festeja su victoria en Madrid - Reuters. 

No era un trofeo especialmente bonito. Recordaba a cualquier jarra de vidrio que sirve para decorar la casa o poner las flores. Pero para Maria Sharapova (Niagan, Rusia, 1987) era el más bonito del bonito, lo mecía y lo agarraba con ternura a la altura del corazón. “Ya sé que no me estoy mostrando demasiado entusiasmada, pero no se confundan. En realidad, sí que lo estoy. Lo que pasa es que no me salen sus palabras”, decía la rusa, que entonces tenía 17 años y cerraba su fantástico 2004 –Birmingham, Seúl, Tokio y sobre todo Wimbledon, convirtiéndose en la tenista más joven en ganar un Grand Slam desde Martina Hingis– con un triunfo en Los Ángeles en la Copa de Maestros. El 16 de noviembre de 2004 iba a marcar un punto y aparte entre Sharapova y la rival a la que había vencido en esa final y en la Wimbledon, Serena Williams (Saginaw, Michigan, 1981), que antes de la final del Másters 1.000 de Madrid había encadenado once victorias consecutivas ante la rusa, a la que derrotó en finalistas tan dolorosas como la de los Juegos Olímpicos de Londres, la Copa de Maestros del curso pasado y el Abierto de Australia de 2007. “[Me falta su] fuerza física (…) Ella es capaz de coger la línea y, con consistencia, disparar un tiro que es 30 kilómetros por hora más rápido que el resto de las chicas”, reconocía a Juan José Mateo en El País horas antes de comenzase el torneo en el que Sharapova pretendía acabar con su maldita trayectoria ante Serena Williams, pero perdió por 6-1 y 6-4. Serena Williams empequeñeció a la rusa para lograr su segunda victoria consecutiva en el Másters 1.000 de Madrid, algo que habían logrado, entre otras, Dinara Safina, Aravane Rezai o Petra Kvitova. Es el 50º título –el décimo sobre arcilla– de la menor de las Williams, que continúa como número uno del mundial ante Sharapova, sin la tecla adecuada para ganar a una rival casi inigualable.  

“Gracias a Dios… Estoy muy feliz. Gracias a Maria, al estadio…”, dice en castellano Serena Williams, al borde del llanto, pero también de la risa. Está eufórica la estadounidense, que volvió a minar la moral de Sharapova, condenada por los latigazos de su rival y de sus propios errores, hasta ocho dobles faltas, la última en el penúltimo punto del partido y cinco en un primer set sin historia. Serena Williams atenaza a Sharapova, que en 15 minutos ya ha perdido dos servicios y cae 4-0. A la rusa le cuesta un mundo mantener su saque –lo consigue a la séptima oportunidad–, pero cede la manga. Mejora en la segunda, en la que llega a ponerse 1-3 y volviendo a las andadas para perder por 6-4. La estadounidense, a la que le encanta bailar salsa, se marcó un divertido giro sobre sí misma para celebrar el triunfo, antes de saludar a la grada, firmar a la cámara y hacer gestos.   

La Caja Mágica apenas disfruta de la final, poco más de una hora vive un encuentro intenso entre dos jugadoras poderosas en la pista y fuera de ella. Entre dos mayúsculas supervivientes. La rusa llegó a caer hasta el 126º puesto en el ránking por una lesión en el hombro, mientras que la estadounidense, que temió por su vida en 2011 cuando se le diagnosticó una embolia pulmonar –“ha sido extremadamente duro, aterrador y decepcionante. Sé que me pondré bien, pero estoy rezando y deseando dejar esto atrás pronto”–. Comparten un pasado difícil, pero les separa separan cinco años de vida, títulos y constitución. Mientras Serena mide 1'76 metros y pesa 70 kilos –puro músculo, fuerza, el vídeo que encabeza su web personal no podía ser otro que el de un entrenamiento en el gimnasio–, cuenta con 15 Grand Slam y 49 títulos, mientras que Sharapova, apodada Shazza, es más alta (1'90) y más fina (59 kilos), cuenta con cuatro Grand Slam, uno por cabeza. El año pasado rompió su difícil relación con la tierra batida ganando en Roland Garros, el único grande que el faltaba y donde en 2007 dijo una frase que le acompañará de por vida: “[en esta superficie] me siento como una vaca en el hielo”. Así se llegó a sentir por momentos ante una Serena Williams muy superior.

sábado, 4 de agosto de 2012

Serena Williams arrolla a Sharapova para completar el Golden Slam

La tenista estadounidense gana 6-0 y 6-1 y añade a sus cuatros grandes el oro olímpico individual

Serena Williams festeja su victoria - Reuters. 


No sonaba música en el All England Club: se oían los aplausos de la grada y la realización se entretenía enfocando a Venus Williams, que sonreía ante el desparpajo de su hermana Serena (Saginaw, Michigan, Estados Unidos, 1981), que bailaba saltando sin soltar la raqueta y moviendo su voluminosa cabellera. Serena Williams acababa de completar el Golden Slam, pues añadió a sus 14 grandes (cinco Wimbledon y otros tantos Abiertos de Australia, tres Abiertos de Estados Unidos y un Roland Garros) el oro olímpico individual  arrollando a Maria Sharapova, que sólo fue capaz de ganarle un juego, el décimo y sirviendo la rusa, destrozada con once aces. Así, con un saque directo, finiquitó Serena una final que sólo duró 63 minutos (6-0 y 6-3). “Nunca había jugado mejor”, confesó la campeona: “Para ganar a Maria debes dar lo máximo de ti”. 

Sólo André Agassi, Rafa Nadal y Steffi Graf había logrado hasta ahora el Golden Slam, pero ninguno lo había hecho con unos números tan excelsos como los de Serena, que en todo el torneo ha perdido 17 juegos, a pesar de encontrarse por el camino a rivales de postín: Jankovic, Radwanska, Zvonareva, Wozniacki y Azarenka, medalla de bronce tras ganar por 6-3 y 6-4 a Kirilenko, contra la que volverá a competir en las semifinales de dobles junto con su hermana Venus, mientras que la rusa jugará con su compatriota Petrova. Las Williams aspiran a su tercer oro olímpico como pareja tras los éxitos en Sidney y Pekín. 

Un vendaval

En Londres Serena ha minado la moral de todas sus competidoras como hizo hace unas semanas y en el mismo escenario para llevarse su quinto Wimbledon. Sharapova se quedó paralizada y para muestra el sexto juego, cuando se puso 40-0 con su servicio y cometió dos dobles faltas. A la primera oportunidad Serena se llevó el juego y el set. Resultó un vendaval, pues aprovechó cinco de sus siete pelotas de rotura. La rusa dispuso de dos con 3-1 y sacando Serena, pero las salvó la estadounidense, primero con una volea y después con un revés cruzado.   

¿Dónde te irás a celebrarlo, Serena? “¡A Disneywold!”, contestó, ilusionada, la campeona, que superó una embolia pulmonar y que tiene presente a su hermana Yetunde, asesinada en una reyerta en el suburbio californiano de Compton. “Todavía siento su espíritu”, repite siempre. 

sábado, 9 de junio de 2012

Sharapova salda su cuenta con Roland Garros borrando a Errani


Sharapova festeja su primer Roland Garros - AFP.

Daba gusto verla dando vueltas sobre sí misma como si fuese una renacuaja que acaba de abrir el regalo que le había pedido a los Reyes Magos. Maria Sharapova (Nyagan, Rusia, 1987) estaba viviendo el momento que tanto había esperado: saldar su cuenta pendiente con Roland Garros. En su primera final en París la rusa borró a la sorprendente Sara Errani por 3-6 y 2-6 para completar su colección: ya tiene los cuatro grandes. Sharapova empezó su álbum con 17 años ganando en Wimbledon (2004), continuó en el Abierto de EE UU (2006) y siguió en el Abierto de Australia (2008). Para ella los años impares son talismán, aunque en este 2012 perdió en enero perdió su tercera final en un Grand Slam en Melbourne ante Azarenka.

“Esto es algo excepcional, una victoria memorable”, confesó la tercera rusa en lograr un Roland Garros en la primera final entre dos jugadoras que no se habían enfrentado nunca desde el Abierto de EE UU de 1999, cuando se citaron Serena Williams y Martina Hingis. La suiza se retiró en 2007 con la espinita clavada de no haber ganado nunca en París, como tampoco lo hizo Pete Sampras, que durante muchos años fue el tenista con más Grand Slam con 14, hasta que Roger Federer le superó (16). 

0-4 inicial 

Hace cuatro años Sharapova llegó a decir que en tierra batida se sentía como una vaca sobre hielo: débil, torpe y vulnerable. No fue así en este Roland Garros, impecable para ella, pues sólo cedió un set en cuarta ronda ante Zakopalova, un partido que tardó 3 horas y 11 minutos en cerrar. En 1 hora y 29 minutos Sharapova despachó a la revelación del torneo, Errani, capaz de eliminar a tres ganadoras de grandes durante el torneo, pero que empezó la final nerviosa y siendo una marioneta para la rusa. Sharapova se fue 0-4, mientras que la italiana sólo era una mera espectadora. Tan sólo se hizo con tres puntos, uno de ellos por doble falta de su rival.

Sharapova se salía con la suya, con su propuesta de intercambios cortos y sostenida por sus paralelos no encontró oponente hasta el quinto juego, que se apuntó Errani rompiendo el saque. La boloñesa se creció, puso algo nerviosa a la rusa –4 dobles falta en la primera manga–, aunque no pudo aspirar a ganar el primer parcial (3-6), cerrado en sólo 36 minutos. Tampoco tuvo voz en el segundo, aunque al menos salvó las dos primeras pelotas de torneo para Sharapova, que replicó con dos saques directos. Es el décima tenista en ganar los cuatro Grand Slam en un curso en el que también ha ganado en Stuttgart y en Roma. Sharapova ha ganado 21 partidos de los últimos 22 que ha jugado a dos mangas y con su pase a la final ya se había asegurado volver a ser la número uno cuatro años después. 

“Han pasado ocho temporadas desde que llegué a cuartos de final aquí y ahora soy la vencedora”, dijo, emocionada, Sharapova, que elogió a Errani: “He estado viéndote estas dos semanas y has jugado muy bien. Espero que juguemos más finales”. Así de detallista es Sharapova, la deportista que más gana del mundo y que está envuelta en mil negocios, en moda... Ahora también se plantea lanzar una línea de confitería que se llamaría Sugarpova. Una idea de esta rusa que ha sabido sobreponerse a las lesiones para volver a lo más alto con Thomas Hogstedt como técnico. Es la sexta ganadora consecutiva diferente de un grande en un circuito femenino que necesita una reina estable. Sharapova presenta su candidatura a serlo.  

sábado, 28 de enero de 2012

Azarenka alcanza el número uno empequeñeciendo a Sharapova para ganar su primer Grand Slam en Australia


En los guiños de los realizadores de televisión se explican muchas historias, especialmente cuando se entretienen captando la reacción de las deportistas a cuanto acontece en la competición. Victoria Azarenka (Minsk, Bielorrusia, 1989) acaba de fallar un punto de break y en vez de lamentarse parece estar cantando su error con cierta gracia, dándole melodía a esa caña que le ha salido. Una equivocación anecdótica para ella, que a la siguiente oportunidad se lleva el juego, el octavo consecutivo. Y al saque Azarenka se lleva el partido, el número uno mundial y su primer Grand Slam, el Abierto de Australia, ante una Maria Sharapova pasada de revoluciones a lo largo de la noche australiana y que falló el resto lanzando la pelota a la red para perder por 6-3 y 6-0 en una hora y 22 minutos.

Azarenka, Vika para su entorno, es tan expresiva en una pista de tenis como fuera de ella, algo que le perjudicaba antes, cuando era demasiado impulsiva: “Mi equipo me ha hecho darme cuenta de que puedo confiar en mí”. Si durante el partido se había mostrado más segura, paciente, eficaz, buena gestora -sabiendo sobrevivir a los primeros obuses de Sharapova- además de escoger bien sus subidas a la red en el triunfo estuvo casi adorable. Primero se arrodilló y se tapó la cara, para poner cara de sorpendida, irse a abrazarse a su técnico, Sam Smuyk, a la pareja de éste y a su fisio, Jean Pierre Bruyere. Los siguientes gestos, para el público, al que obsequió con varias muñequeras y con su cinta, todo de color verde. Verde esperanza, la que no perdió la bielorrusa -la primera que juega y gana una final de Grand Slam- después de empezar muy nerviosa y verse con 0-2 y 0-30 en contra nada más empezar tras dos dobles faltas. 

Sólo entonces Sharapova pareció Sharapova. Después la rusa no tuvo réplica, vio cómo su rival remontaba el parcial para ponerse 3-2. Sharapova sólo pudo llevarse un juego más en todo el partido con un ace (3-3) y empezó a competir contra Azarenka y contra sí misma, obsesionada como estaba en revertir la situación con golpes a la línea y con mucha potencia. Le salió cruz por completo: “Vika se merece este título lo ha trabajo mucho. Es un honor que su nombre figure en este torneo”.

Décimo título

Sharapova estuvo elegante en su discurso en la jornada que perdió su tercera final de Grand Slam -ha ganado tres: Wimbledon en 2004, el Abierto de Estados Unidos en 2006 y el Abierto de Australia en 2008-. Azarenka sonreía agradecida, tímida ante tal alago y en su primera frase lo agredeció: “Gracias por tus palabras”. La bielorrusia acababa de recibir el trofeo de las manos de Martina Hingis, que según Eurosport podría jugar los dobles de los Juegos Olímpicos de Londres como Roger Federer. El suizo es el ídolo de Azarenka, a la que le encanta leer, estar con los amigos y escuchar música, desde rock pasando por hip-hop o R&B. Quién sabe en qué estilo se puso a cantar ante aquel fallo. Un despiste puntual para una grandiosa campeona que parecía toda una veterana en su primera gran cita.  

Ahora Azarenka es la nueva número uno mundial -Sharapova será tercera-, acumula diez títulos (Abierto de Australia y Sydney este curso; Miami, Marbella y Luxemburgo en 2011; Stanford y Moscú en 2010; Brisbane, Memphis y Miami en 2009; y ITF/Petange-LUX en 2005) y ya tiene su primer Grand Slam venciendo a la campeona la titánica Kim Clijsters en semifinales y sacando la versión más obsesiva a Sharapova en la final. Es la quinta campeona diferente en los últimos cinco grandes.

sábado, 2 de julio de 2011

Kvitova frustra el reencuentro de Sharapova con Wimbledon

Kvitova sonríe con el trofeo de Wimbledon -EFE.

Dice que su estilo es muy parecido al de Juan Martín Del Potro. Eso es: fortaleza, resistencia y golpes duros. Petra Kvitova (Bilovec, República Checa, 1990) añade a esas cualidades una cuarta, la que suele decantar la balanza: la confianza en sí misma. A la checa no le supuso una carga afrontar su primera final de Grand Slam siendo observada desde la grada por dos referentes de su país como Hana Maldikova y Martina Navratilova, nacionalizada estadounidense. Resultó un plus para Kvitova, a la que tampoco inquietó que la central del All England Club fuese con su rival, Maria Sharapova, que siete años después de ganar su primer Wimbledon siendo una jovenzuela de 17 pretendía ganar el segundo. Kvitova no le dejó opción alguna: venció por 3-6 y 4-6 en hora y media, y llevó de un lado a otro a la rusa, incapaz de defenderse, torturada también por sus propios errores.

El número cuatro es el hilo conductor de la nueva reina de Wimbledon, pues ésta era la cuarta participación de Kvitova en Londres, supone su cuarto torneo del año -el quinto de su carrera- y también cuatro fueron las dobles faltas que cometió Sharapova en un segundo que tuvo un inicio poco representativa. La rusa rompió el servicio de su rival en el primer juego, pero cedió el siguiente y el del 2-4.

Cierra con un ace

No fue la Sharapova del resto del torneo, aquella jugadora convencida y de juego conviccente que no había cedido ni un set. Se vino abajo ante la sonrisa tímida y el látigo de Kvitova, que la acribilló desde el fondo y cerró el partido con un ace. Sólo entonces se dejó llevar la checa: se arrodiló, se tapó la cara y mostró la pelota que tenía en el bolsillo. Pocos segundos después quedaba inmortalizada para siempre su proeza en el rincón de las campeonas: 2011 Miss P. Kvitova.

“Levántalo, levántalo”, le pidió con gestos un fotógrafo. Fue entonces cuando la checa sonrió relajada y satisfecha. En 2009 tuvo una grave lesión en el tobillo derecho, un contratiempo menos delicado, eso sí, que el hombro de Sharapova, que le ha torturado desde 2008, año de su tercer y último Grand Slam, el Abierto de Australia. Hace unas semanas la rusa alcanzó las semifinales en Roland Garros. Parece que está de vuelta.

El tenis femenino necesita una figura con urgencia después de la reaparición triunfal de Kim Clijsters -está lesionada- y de la irrupción de Na Li (o Li Na) y con la número uno, Caroline Wozniacki, sin grandes en su haber. ¿Ha vuelto Sharapova? ¿Será Kvitova quien ocupe ese lugar? La checa al menos va por el buen camino: en 2011 ha ganado cuatro títulos, todos en dos sets. Primero venció a Petkovic en Brisbane, continuó superando a Clijsters en París y después doblegó a Victoria Azarenka en Madrid, con lo que alcanzó el top 10 por primera vez. Ahora Kvitova ya es séptima del ránking WTA y es la primera zurda en ganar un Grand Slam desde Mónica Seles (Abierto de Australia, 1996), Navratilova (1990) había sido la última en coronarse en Wimbledon. “Estaba nerviosa porque pensé que podría ganar. Sabía cómo era de importante pelear cada punto". Y lo hizo para desconsuelo de Sharapova:  “Hoy me conformo con el plato de segunda”. La rusa promete volver.

lunes, 28 de enero de 2008

Maria Sharapova: más allá de gritos de doble sentido

Maria Sharapova sonríe con el Abierto de Australia, su tercer Grand Slam -EFE.

Irrumpió a voces en todas las televisiones del mundo. Sus gritos, mezcla de esfuerzo y doble sentido, la hicieron famosa en Wimbledon en 2003. Pero ya entonces, con 16 años y dos meses, Maria Sharapova (Nyagan, Siberia, Rusia, 1977) quiso desmarcarse del prototipo de tenista de pasarela: "¿Kournikova? Sólo me preocupo de mí misma y no intento parecerme a nadie. Hacer de modelo es aburrido". Asumía Sharapova que para muchos su imagen, piernas largas y cara angelical, era lo único importante.

"Soy tenista, sólo soy eso", se ha cansado de repetir durante su carrera la tenista rusa, también conocida como Ave Maria o La reina del grito. Pero Sharapova ha sabido explotar su belleza, así que tiene su propio perfume y acumula contratos publicitarios multimillonarios con Prince, Canon, Colgate, Nike, Land Rover o PepsiCo. Y sobre todo gana. Con 20 años ya acumula tres Grand Slams, el último, el
Abierto de Australia, logrado ante la serbia Ana Ivanovic (7-5 y 6-3) en la madrugada de sábado. Un título que le apetecía especialmente tras perder la final de 2007 ante Serena Williams en una hora y tras ganar sólo tres juegos. En 2006, ante la misma rival, Sharapova desperdició hasta tres pelotas de partido y perdió en semifinales, como en 2005 ante Justine Henin.

Discurso casi perfecto

"Chillo más de lo corriente", dijo, divertida y relajada, Sharapova poco después de ganar el Abierto de Australia. Su discurso fue casi perfecto: elogió a su rival -"Ana tiene un gran futuro y espero que juguemos muchas finales más"-, homenajeó a la madre de su entrenador, recientemente fallecida -"cambió mi visión sobre la vida"- y felicitó el cumpleaños a su madre -"hoy es su día, le regalaré un ramo de flores"-. El encuentro fue una demostración de la fortaleza que la llevó al número 1 en el pasado: ganó seis juegos en blanco y tuvo un 89% de eficacia en primeros servicios y un 70% en segundos. Ivanovic, con 33 errores no forzados, fue la perdedora de un encuentro plano de puntos rápidos y casi sin réplica.

No pudo reprimir las lágrimas Sharapova. Necesitaba un triunfo así tras un año tan complicado como el 2007, que empezó con la derrota ante Serena Williams en la misma pista de Melbourne y en el que incluso pensó en la retirada por su lesión en el hombro. La tenista rusa sólo jugó 47 partidos y ganó un torneo menor, el de San Diego. De hecho, sólo disfrutó en el Másters, al que llegó por la enfermedad de Venus Williams y del que salió tremendamente reforzada tras perder la final más excelente de la década ante Henin, a la actual número uno.

Navratilova, su descubridora

Vive tremendamente rápido Sharapova, que con 20 años sólo le falta por ganar un Grand Slam, Roland Garros. De su mejoría en el juego de piernas dependerá que lo consiga o no. Si llega ese éxito enorgullecerá a su seguidora más famosa, a su descubridora a fin de cuentas. Martina Navratilova quedó sorprendida con las aptitudes de Sharapova en un torneo de exhibición en Moscú, donde la checa nacionalizada estadounidense dirigía un curso de tenis. Navratilova vio un prodigio por moldear en aquella niña de seis años, así que se reunió con los padres y les recomendó que se la llevaran a Estados Unidos. Sólo allí podría triunfar.

Hizo un gran esfuerzo económico su familia y su padre, Yuri Sharapov, un humilde obrero, se llevó a su hija a Bradenton (Florida) para inscribirla en la academia Bollettieri. El riesgo del progenitor no tardó en ser rentable: la firma IMG se ofreció a patrocinarla y a costear los 35.000 dólares anuales que costaban las clases.

Dos años sin ver a su madre


"Me pasé dos años sin ver a mi madre (por problemas de visado) y viviendo en un mundo distinto", comentaba Sharapova al dominical EP[S] en septiembre de 2006. "Nadie me dijo que tenía que ser dura, que debía ser una luchadora, pero no tenía más que mirar a mis padres. Trabajaron por cada cosa que tuvieron", proseguía.

Su ascenso era cuestión de tiempo. Con 13 años, con un cuerpo desgarbado, Sharapova ganaba con facilidad a chicas tres años mayores. Con 16 años y dos meses llegó a los octavos de final de Wimbledon, donde perdió ante Svetlana Kuznetsova. Y poco después ganó su primer torneo WTA en Tokio, tanto en individual como en dobles. Acabó el 2003 como 32º del mundo y fue nombrada mejor debutante.

"Ver nacer a una estrella"

El año siguiente, el 2004, fue el su incursión en la élite, de la que no se ha movido nunca. En Londres Sharapova se convirtió en la segunda campeona más joven, sólo superada en precocidad por la suiza Martina Hingis. Rafael Ramos, en La Vanguardia, se mojaba por completo: "En el deporte hay pocas ocasiones tan emotivas como ver nacer a una estrella, ya sea Wayne Rooney o Sharapova, y ésa es la buena nueva que ocurrió ayer en la pista central del All England Club". Sharapova acabaría la temporada como número cuatro del mundo tras ganar el Másters en Los Ángeles a su eterna enemiga, Serena Williams, a la que también había superado en Wimbledon.

Estaba cerca el número uno para Sharapova, que acabaría lográndolo por primera vez el 22 de agosto de 2005. Desbancando a la estadounidense Lindsay Davenport, aunque sólo fuese por una semana. Volvió a lo más alto tras llegar a las semifinales del US Open ante Kim Clijsters. Esta vez la rusa aguantó como mejor tenista del mundo seis semanas.


En 2006 ganó en Indian Wells, San Diego, Zúrich y Linz. Pero sobre todo se impuso en el US Open, su segundo Grand Slam, ante Henin, quien se vengó en las semifinales del Másters y le impidió acabar el año como nuevo uno. Sí que lo sería efímeramente en 2007 por la renuncia a participar de la propia Henin y a pesar de su derrota en la final ante Serena Williams. Ahora, en Melbourne, Sharapova ha ganado su tercer Grand Slam. Dice que ha aprendido a sufrir y que tiene mejor humor. Se tome a broma las protestas de sus rivales por sus gritos de doble sentido. Por mucho que algunos se empeñen, ella es más que eso.