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sábado, 4 de junio de 2016

Garbiñe Muguruza recita a Muhammad Ali

La hispano-venezolana gana Roland Garros, su primer Grand Slam, tras bloquear a Serena Williams (5-7 y 4-6)

Garbiñe Muguruza con su primer Roland Garros. Foto: FTT., 


"Los campeones no se hacen en gimnasios, están hechos de algo inmaterial que tienen muy dentro de ellos. Es un deseo, un sueño, una visión", defendía Mohammad Ali, el ex campeón del mundo de los pesos pesados. Murió a los 74 años en un hospital de Phoenix (Arizona, EE. UU.) horas antes de que Garbiñe Muguruza (Caracas, Venezuela, 1993) mirase la Philippe Chatrier como quien mira el mar, con ojos hambrientos. Horas antes de que Serena Williams, la número uno, soltase un "Come on! (¡Vamos!)" que retumbó en la

sábado, 7 de junio de 2014

Las mil y una vidas de Maria Sharapova

La rusa logra su segundo Roland Garros ante una titánica Halep en una final maratoniana 


Sharapova, con su segunda copa de Roland Garros. 

En una derrota de hace cuatro años se explica que Maria Sharapova (Niagan, Rusia, 1987) tenga en sus manos su segunda copa de Roland Garros, que le dé un beso y se ponga a mecerla como si fuese su hijo, que levante el brazo izquierdo y venga a decir "tengo la piel de gallina". Su persistencia para superar a Simona Halep en la segunda final más larga de la Era Open en la Philippe Chatrier, con un tanteo de 6-4, 6-7(5) y 6-4 en tres horas y dos minutos, y en una superficie en la que llegó a sentirse como una "vaca sobre el hielo" 

sábado, 8 de junio de 2013

Serena Williams recupera su corona extraviada en París

La estadounidense suma su segundo Roland Garros once años después, suma su 16º Grand Slam y alarga a trece las victorias consecutivas ante Sharapova (6-4 y 6-4)

Serena festeja su segunda victoria en París - Getty images.

La mejor definición que nadie ha hecho sobre Serena Williams (Saginaw, Michigan, EE UU, 1981) la hizo ella misma ante el público del Abierto de Australia: “Soy insaciable”. Era enero de 2007 y la tenista estadounidense se dirigió a una grada encantada con su juego arrollador y por verla coronada por tercera vez en Melbourne –su octavo Grand Slam– después de empezar el torneo como 81º y de haber jugado solo cuatro torneo el curso anterior. Detrás suyo, Maria Sharapova sostenía su trofeo como subcampeona y estaba atenta al discurso de quien no le había dejado ganar más que tres juegos. “Cuando tenía 10 años, le dije a mis padres que querría estar aquí con el trofeo y hablando francés. Lo he conseguido”, bromeó Serena más de seis años después, en París y tras descomponer a la misma rival, esta vez por 6-4 y 6-4 en 1 hora y 46 minutos. Es la 13ª vez consecutiva que la estadounidense gana a Sharapova –que defendía el título– y la victoria le hace recuperar su Grand Slam más esquivo, pues su único Roland Garros databa de 2002, cuando superó a su hermana Venus. Serena suma 16 grandes y se acerca a los 18 de Martina Navratilova y su compatriota Chris Evert, a la que, con 31 años y 247 días, arrebató la marca de campeona más veterana en París –31 años y 256 días era la de Evert–.

“Estaba muy nerviosa, quería ganar... Es algo increíble. Quiero volver el próximo año, quedarme un poco aquí, adoro París, al público. Quiero volver a ganar aquí. Es un torneo formidable”, continuó Serena, que festejó a cámara lenta su triunfo, agachándose y gritando sin descanso, tanto que parecía que la mandíbula fuese a salirse de su sitio. La ocasión para ella lo merecía y más teniendo en cuenta que la temporada pasada cayó en primera ronda ante Razzano en Roland Garros. En ésta acumula 31 triunfos consecutivos y seis títulos en 2013, tres (en París, Miami y Madrid) ante Sharapova, que al menos resistió más que otras veces. Lo demostró con el juego inicial, en el que la rusa logró salvar cuatro pelotas de rotura para mantener su servicio en una primera manga con baile de breaks –dos para ella y tres para su rival– que llegó a dominar por 0-2 y perdió por 6-4.


Serena volvió a sacar lo peor de Sharapova, a la que hizo dudar y sometió a latigazos, especialmente en el cuarto, sexto, octavo y décimo y último juego del segundo set, cuando conectó cuatro saques directos y ¡solo! cedió un punto ante una Sharapova que hizo lo imposible para mantener su servicio (5-4), pero que en esa manga solo ganó al resto el 13% de los puntos. La rusa no sabía qué cara poner y casi ni se atrevía a celebrar sus aciertos –“he tenido derrotas muy duras en este torneo, y una de las victorias más especiales de mi carrera, el año pasado. Es duro no haber ganado, pero amo formar parte de este torneo y agradezco vuestro apoyo incansable”– ante una rival que le tiene comida la moral y dispone de más recursos. Una Serena que celebró en silencio, agachada y mirando al horizonte su penúltimo punto. Se imaginaba cómo sería volver a vencer en París. Lo hizo justo después, con un ace que alcanzó los 198 km/h y se dejó la raqueta por el camino. Bailó, se tapó la cara y apretó los dientes. Es insaciable.
        

domingo, 12 de mayo de 2013

Serena Williams vuelve a empequeñecer a Sharapova

La estadounidense se consolida como número uno venciendo por segundo año seguido en Madrid y prolongando su racha de victorias ante la rusa, que no le gana desde 2004

Serena festeja su victoria en Madrid - Reuters. 

No era un trofeo especialmente bonito. Recordaba a cualquier jarra de vidrio que sirve para decorar la casa o poner las flores. Pero para Maria Sharapova (Niagan, Rusia, 1987) era el más bonito del bonito, lo mecía y lo agarraba con ternura a la altura del corazón. “Ya sé que no me estoy mostrando demasiado entusiasmada, pero no se confundan. En realidad, sí que lo estoy. Lo que pasa es que no me salen sus palabras”, decía la rusa, que entonces tenía 17 años y cerraba su fantástico 2004 –Birmingham, Seúl, Tokio y sobre todo Wimbledon, convirtiéndose en la tenista más joven en ganar un Grand Slam desde Martina Hingis– con un triunfo en Los Ángeles en la Copa de Maestros. El 16 de noviembre de 2004 iba a marcar un punto y aparte entre Sharapova y la rival a la que había vencido en esa final y en la Wimbledon, Serena Williams (Saginaw, Michigan, 1981), que antes de la final del Másters 1.000 de Madrid había encadenado once victorias consecutivas ante la rusa, a la que derrotó en finalistas tan dolorosas como la de los Juegos Olímpicos de Londres, la Copa de Maestros del curso pasado y el Abierto de Australia de 2007. “[Me falta su] fuerza física (…) Ella es capaz de coger la línea y, con consistencia, disparar un tiro que es 30 kilómetros por hora más rápido que el resto de las chicas”, reconocía a Juan José Mateo en El País horas antes de comenzase el torneo en el que Sharapova pretendía acabar con su maldita trayectoria ante Serena Williams, pero perdió por 6-1 y 6-4. Serena Williams empequeñeció a la rusa para lograr su segunda victoria consecutiva en el Másters 1.000 de Madrid, algo que habían logrado, entre otras, Dinara Safina, Aravane Rezai o Petra Kvitova. Es el 50º título –el décimo sobre arcilla– de la menor de las Williams, que continúa como número uno del mundial ante Sharapova, sin la tecla adecuada para ganar a una rival casi inigualable.  

“Gracias a Dios… Estoy muy feliz. Gracias a Maria, al estadio…”, dice en castellano Serena Williams, al borde del llanto, pero también de la risa. Está eufórica la estadounidense, que volvió a minar la moral de Sharapova, condenada por los latigazos de su rival y de sus propios errores, hasta ocho dobles faltas, la última en el penúltimo punto del partido y cinco en un primer set sin historia. Serena Williams atenaza a Sharapova, que en 15 minutos ya ha perdido dos servicios y cae 4-0. A la rusa le cuesta un mundo mantener su saque –lo consigue a la séptima oportunidad–, pero cede la manga. Mejora en la segunda, en la que llega a ponerse 1-3 y volviendo a las andadas para perder por 6-4. La estadounidense, a la que le encanta bailar salsa, se marcó un divertido giro sobre sí misma para celebrar el triunfo, antes de saludar a la grada, firmar a la cámara y hacer gestos.   

La Caja Mágica apenas disfruta de la final, poco más de una hora vive un encuentro intenso entre dos jugadoras poderosas en la pista y fuera de ella. Entre dos mayúsculas supervivientes. La rusa llegó a caer hasta el 126º puesto en el ránking por una lesión en el hombro, mientras que la estadounidense, que temió por su vida en 2011 cuando se le diagnosticó una embolia pulmonar –“ha sido extremadamente duro, aterrador y decepcionante. Sé que me pondré bien, pero estoy rezando y deseando dejar esto atrás pronto”–. Comparten un pasado difícil, pero les separa separan cinco años de vida, títulos y constitución. Mientras Serena mide 1'76 metros y pesa 70 kilos –puro músculo, fuerza, el vídeo que encabeza su web personal no podía ser otro que el de un entrenamiento en el gimnasio–, cuenta con 15 Grand Slam y 49 títulos, mientras que Sharapova, apodada Shazza, es más alta (1'90) y más fina (59 kilos), cuenta con cuatro Grand Slam, uno por cabeza. El año pasado rompió su difícil relación con la tierra batida ganando en Roland Garros, el único grande que el faltaba y donde en 2007 dijo una frase que le acompañará de por vida: “[en esta superficie] me siento como una vaca en el hielo”. Así se llegó a sentir por momentos ante una Serena Williams muy superior.

sábado, 4 de agosto de 2012

Serena Williams arrolla a Sharapova para completar el Golden Slam

La tenista estadounidense gana 6-0 y 6-1 y añade a sus cuatros grandes el oro olímpico individual

Serena Williams festeja su victoria - Reuters. 


No sonaba música en el All England Club: se oían los aplausos de la grada y la realización se entretenía enfocando a Venus Williams, que sonreía ante el desparpajo de su hermana Serena (Saginaw, Michigan, Estados Unidos, 1981), que bailaba saltando sin soltar la raqueta y moviendo su voluminosa cabellera. Serena Williams acababa de completar el Golden Slam, pues añadió a sus 14 grandes (cinco Wimbledon y otros tantos Abiertos de Australia, tres Abiertos de Estados Unidos y un Roland Garros) el oro olímpico individual  arrollando a Maria Sharapova, que sólo fue capaz de ganarle un juego, el décimo y sirviendo la rusa, destrozada con once aces. Así, con un saque directo, finiquitó Serena una final que sólo duró 63 minutos (6-0 y 6-3). “Nunca había jugado mejor”, confesó la campeona: “Para ganar a Maria debes dar lo máximo de ti”. 

Sólo André Agassi, Rafa Nadal y Steffi Graf había logrado hasta ahora el Golden Slam, pero ninguno lo había hecho con unos números tan excelsos como los de Serena, que en todo el torneo ha perdido 17 juegos, a pesar de encontrarse por el camino a rivales de postín: Jankovic, Radwanska, Zvonareva, Wozniacki y Azarenka, medalla de bronce tras ganar por 6-3 y 6-4 a Kirilenko, contra la que volverá a competir en las semifinales de dobles junto con su hermana Venus, mientras que la rusa jugará con su compatriota Petrova. Las Williams aspiran a su tercer oro olímpico como pareja tras los éxitos en Sidney y Pekín. 

Un vendaval

En Londres Serena ha minado la moral de todas sus competidoras como hizo hace unas semanas y en el mismo escenario para llevarse su quinto Wimbledon. Sharapova se quedó paralizada y para muestra el sexto juego, cuando se puso 40-0 con su servicio y cometió dos dobles faltas. A la primera oportunidad Serena se llevó el juego y el set. Resultó un vendaval, pues aprovechó cinco de sus siete pelotas de rotura. La rusa dispuso de dos con 3-1 y sacando Serena, pero las salvó la estadounidense, primero con una volea y después con un revés cruzado.   

¿Dónde te irás a celebrarlo, Serena? “¡A Disneywold!”, contestó, ilusionada, la campeona, que superó una embolia pulmonar y que tiene presente a su hermana Yetunde, asesinada en una reyerta en el suburbio californiano de Compton. “Todavía siento su espíritu”, repite siempre.