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viernes, 19 de marzo de 2010

Cesc, entre dos aguas, inminente peligro para el Barça

Cesc celebra un gol con el Arsenal -Mexsport.



A principios de abril, poco antes del día de Sant Jordi, saldrá a la venta la biografía de Gerard Piqué. En Viatge d’anada i tornada (Viaje de ida y vuelta) el central azulgrana repasa momentos personales y deportivos, habla de episodios de su infancia, de los años que permaneció en la cantera del Barça hasta el posterior fichaje por el Manchester y también del (in)esperado regreso al Barça. Una trayectoria que según anuncia sin descanso la prensa deportiva barcelonista, convencida de que el fin de vender no está reñido con el método para hacerlo, repetirá Cesc Fàbregas (Arenys de Mar, Barcelona, 1987), al que desde la capital sitúan cerca del Real Madrid. No es el primer jugador ni será el último utilizado por los periodistas para recrear el pulso histórico, emocional y político entre ambos equipos. De momento lo único sensato es reconocer que Cesc Fàbregas es el referente absoluto del Arsenal, ese equipo en el que (¿por qué no?) podría continuar el curso que viene y que desde la llegada de Arsène Wenger vive comprometido con el respecto y el buen gusto por el buen fútbol, a pesar de no haber podido traducir esa preciosa propuesta en suficientes títulos (cuatro Copas y tres Ligas en 13 años). El último logro de los gunners fue un éxito a medias, el subcampeonato de la Champions en París ante el Barça de Eto’o y Ronaldinho, una final resuelta con el único tiro en todo el torneo de Belletti. La juventud es la seña de identidad y de supervivencia del próximo rival del Barça en los cuartos de final en el máximo torneo continental. Un contrincante sin máscaras, que deja y quiere jugar, que prefiere perder por atrevimiento que intentar ganar con tácticas defensivas y con las que no se siente identificado.

Piqué y Cesc se conocieron en La Masía y coincidieron en el cadete B, donde también compartieron éxito y vestuarios con Messi. La diferencia entre ambos está en la velocidad de su progresión, pues el defensa casi siempre fue un jugador complementario en el Manchester, pero no indispensable para Ferguson -lo cedió con criterio al Zaragoza-, mientras que el jugador del Arsenal resultó capital muy pronto, especialmente después de la marcha al Juventus de Vieira, del que heredó el 4, y de Henry a Barcelona. Cesc heredaría del equipo de Gallas, que la cedió obligado por indisciplina en noviembre de 2008.

Máximos goleadores, dos derrotas

Los azulgrana no querían al Manchester United –contra el que sólo jugarán en una hipotética final–, pero les tocó en suerte el otro equipo inglés, el que más se asemeja a su juego de toque y de salón. Con 18 goles el Arsenal es el equipo más goleador junto a la Fiore, ya eliminada, y sólo ha recibido siete goles en los ocho partidos disputados. Casi la mitad, tres, corresponden a sus dos derrotas, en Atenas ante Olympiacos (1-0) y en la ida de cuartos ante el Oporto (2-1); en la vuelta replicaron los gunners con 5-0 y festival de ese jugador fantástico que deslumbró en la Eurocopa de Austria y Suiza, Arshavin, y con un gol imborrable de Nasri, una acción de escuadra y cartabón o simplemente, como diría Valdano, de dibujos animados. Arshavin, Nasri y sobre todo Cesc son las grandes bazas de un Arsenal que no podrá contar con Van Persie, lesionado. Si el Barça consigue superar la eliminatoria (31 de marzo en el Emirates, 6 de abril en el Camp Nou) se enfrentará al ganador del Inter-CSKA de Moscú. Completan el otro cuadro Manchester-Bayern de Múnich y Olympique de Lyon- Girondins.

El espejo de Cesc es Xavi, del que siempre habla maravillas. No llega a entender el jugador del Arsenal cómo es posible que su compañero en la selección haya tardado tanto tiempo en ser reconocido y, al mismo tiempo, defiende a su mentor, Wenger, quien apostó por él cuando tan sólo tenía 16 años y lo fichó del Barça, donde por inexperiencia y competencia no tenía sitio. Muy poco después de que llegase el transfer Wenger le hizo debutar con el primer equipo de titular en un encuentro de Copa ante el Rotherham United y con un número estrambótico, el 57. Era el 23 octubre de 2003. Cesc estudiaba tercero de ESO y acababa de ser nombrado mejor jugador del Mundial juvenil de Finlandia, en el que pasó de suplente –se enfadaba mucho cuando lo era– a ser el máximo goleador con cinco tantos.

El consejo del ojeador

Cesc aterrizó en Londres sin saber apenas inglés, aunque recitaba casi de memoria los diálogos de las películas de Harry Potter, que le ponía en clase su profesora Anna en el instituto León XIII. Lo que más repetía en los primeros meses era un monosílabo (yes!, ¡sí!), siguiendo el consejo del ojeador Francis Cagigal, que le vino a decir que así demostraría que estaba dispuesto a todo desde el primer momento. El jugador no tardó en pasar de las palabras a los hechos, y a dejar marcado su nombre en las marcas, pues con su estreno en la Copa se convirtió en el más joven en jugarla (16 años y 177 días), mientras que debutar a los 17 y 103 días en la Premier le sigue convirtiendo en el más precoz en hacerlo. El Barça reclamó que el cambio de residencia no era suficiente excusa para que el Arsenal se llevase al jugador y acabó rascando un millón de euros, además de verse libre de la deuda que todavía acumulaba de la horrorosa operación de Gaspart para fichaje en un pack a Overmars y Petit.

Cuentan sus allegados que Cesc tan sólo ha madurado, que continúa siendo aquel chaval sencillo que recién llegado compartía piso con Senderos. Allí, en Barnet, Hertfordshire, tenía un equipo de música, algo de ropa, un ordenador y un televisor minúsculo con el que jugaba a la PlayStation. Al principio, como reconocía para The Times, su vida siguió una trayectoria lineal, aburrida, con la misma rutina, las mismas actividades y exactas responsabilidades. Cesc se pasaba la semana entrenándose, jugando y encerrado en su habitación. No tenía amigos: tuvo que crecer solo. Ahora está entre dos aguas: Barça o Madrid, Madrid o Barça. Pero no sería extraño que siguiese más tiempo en el Arsenal. De momento se centra en intentar ganar la Premier, de la que sólo le separan dos puntos del líder, el Manchester, y en la que acumula los mismos que el Chelsea, al que le queda un partido pendiente. El Barça ahora es un reto, no un deseo. Si Cesc supera la prueba su cotización subirá y puede que incluso saumenten us posibilidades de ser titular con España en el Mundial de Sudáfrica. La absoluta es la espinita del jugador, por mucho que fuese quien marcó el penalti decisivo de la Europa en cuartos ante la Italia de Buffon.

domingo, 25 de octubre de 2009

El noveno huevo de Valentino Rossi

Rossi, con sus complementos festivos -AFP.


Si hace un año se disculpó por haber estado dos cursos sin ganar el Mundial, esta vez Valentino Rossi (Tavullia, Urbino, 1979) se rió de los que todos aquellos que consideran que los deportistas treinteañeros deben dedicarse a escribir sus batallitas y a dejar el protagonismo a los que llegan o acaban de llegar. Gallina vieja hace buen caldo fue la réplica que Il Dottore y sus amigos aliñaron para festejar el noveno título, séptimo en la máxima categoría. El dicho figuraba en una ocurrente camiseta en la que por delante salía una gallina cansada, y por detrás, el animal aparecía eufórico y con nueve huevos. Rossi humanizó el dibujo posando con una gallina de verdad y enseñando orgulloso un huevo bien grande con el número nueve inscrito. Un acto tan divertido como reivindicativo –directo al corazón de detractores– para celebrar su último éxito en el circuito de Sepang (Malasia), el escenario de su debut mundialista, en 1996. Il Dottore tiene 103 triunfos y 163 podios, y comparte con Mike Doohan el récord de poles (58). Pero sobre todo acumula tablas y experiencia, desde haber logrado ser campeón con una Yamaha que parecía desahuciada ante una Honda que era invencible, hasta su triste caída en Valencia o los problemas fiscales. Se las sabe todas y en los dos últimos años ha sabido salir airoso de la oposición de los que en 2010 continuarán siendo sus dos grandes rivales, Casey Stoner y Jorge Lorenzo. Con su propio compañero mantuvo duelos directos imborrables como la última vuelta en Montmeló y sólo se lo sacó de encima virtualmente en la antepenúltima prueba, en Phillip Island, cuando Lorenzo se cayó nada más salir. “Ha sido un gran rival que me lo ha puesto muy difícil. A nivel psicológico es una roca. Me ha sorprendido su hambre de victorias y su capacidad para recuperarse. Será campeón”, concedió Rossi, tercero en Sepang tras Stoner, primero con más de 14 segundos de renta sobre Dani Pedrosa.
El ya nonacampeón se sentía favorito a ganar el título de la mejor manera posible, con una victoria. Pero la lluvia, que pospuso 40 minutos el inicio de la carrera, le cambió los planes y descartó a Lorenzo, quien perdió sus opciones de ser el ganador final de MotoGP antes de empezar, pues tuvo que utilizar su segunda moto (la primera ni tan siquiera arrancó por un problema con el suministro de gasolina), se reincorporó tarde a la vuelta de formación y volvió al box con el semáforo en rojo. Contratiempos que, reglamento en mano, obligaron a l balear a salir último, pero que no minaron del todo su moral: en la primera vuelta Lorenzo ya rodaba octavo, por delante del propio Rossi, décimo tras colarse en la primera curva y permitir que le adelantase un número indiscriminado de pilotos. A partir de ahí Stoner se distanció de Pedrosa y Andrea Dovizioso –que acabó en el suelo– y Lorenzo y Rossi fueron repartiéndose rivales a los que adelantar: primero Nicky Hayden y después Toni Elías. Hasta que se encontraron. Al italiano apenas le costó una vuelta adelantar a su rival más molesto. Un adelantamiento que decidía el Mundial, ya que Rossi sólo necesitaba ser cuarto en el caso de que Lorenzo ganase la carrera, y lo último sólo podía ser posible tras una carambola surrealista. El balear será subcampeón del Mundial si puntúa en Valencia y aunque Stoner consiga su tercera victoria consecutiva. El australiano es el único piloto que no ha abandonado en toda la temporada y sólo tiene 66 puntos de desventaja con Rossi a pesar de haberse perdido tres carreras (75 puntos en juego) por enfermedad.
“Buena cifra”

“Es una buena cifra de campeonatos. Ya veremos si puedo ganar más”, reflexionó Rossi, que sabe que ha ganado un Mundial doble, ya que ha sabido empezar un cruce de declaraciones con Lorenzo sobre los roles de uno y otro, quién disponía de los mejores materiales… Un serial de telenovela y un espectáculo en el trazado. A Rossi ha inquietado y le inquieta en el futuro tanto o más que Stoner. Intentó vetar la entrada a ambos en Yamaha porque se siente más cómodo con un vecino afín y que trabaje para él, como sucedía con Colin Edwards. Y la renovación de Lorenzo estuvo en el aire por un lucha de egos que tampoco venía a cuento.

Rossi gestiona como nada la estrategia tanto dentro como fuera de la pista y es un buen orador. Es un relaciones públicas al uso: tiene aptitudes de líder, buen sentido del humor y su discurso siempre intenta ser convincente. Cae más simpático que mal y se le suele ver como mucho más que el piloto. Por eso representa un icono publicitario fresco, creíble y diferente. Tiene una cara juvenil, de niño travieso (y lo fue, que le pregunten a sus vecinos de Tavullia, hacía auténticas trastadas con las motos) Una pieza perfecta para las marcas comerciales, que no dudan en hacerle muy buenas propuestas.

Preocupado por la seguridad

Trabaja con gran parte del equipo con el que fue campeón en Honda, empezando por el jefe de mecánicos, Jeremy Burgess. La meticulosidad, la inquietud, el perfeccionismo y la constancia marcan al Rossi más profesional, que no sólo se preocupa de sacar el máximo rendimiento a su máquina o a hacer propuestas para mejorar sus prestaciones. También es miembro activo de la Comisión de Seguridad de los pilotos e intenta optimizar las camas de grava, las escapatorias, los pianos…

Uno de sus mejores apoyos de Il Dottore es Guido, que según cuenta el piloto tiene ya siete años, está gordo, pero se mantiene en buena forma. Para Rossi más que su mascota es un buen consejero al que le cuenta casi todo: “Me da buenos consejos y es divertido. Sólo está pendiente de mí”. Seguro que le hace un regalo especial para celebrar su noveno huevo. Durante el año que viene el nonacampeón decidirá si sigue o se va de Yamaha, se pasa a los rallies (en marzo participará en una prueba en México) o toma otras alternativas, como la Fórmula 1. De hecho, le ha pedido a Stefano Dominicali, máximo responsable de Ferrari, que le deje volver a probar el monoplaza. “Aún no me ha contestado y eso no es cuena señal", se sinceró Rossi.

jueves, 1 de octubre de 2009

La noticia que necesitaba la Fórmula 1

Alonso y Massa se abrazan en el GP de Brasil de 2008 -EFE.



El fotomontaje deportivo más recurrente, más incluso que el de Ronaldo comiendo una hamburguesa o siéndolo, está a punto de ser real. El rumor de cada año ya es un hecho y Fernando Alonso (Oviedo, 1981) será piloto de Ferrari al menos durante las próximas tres temporadas. Seguramente el bicampeón español posará por primera vez con el mítico mono rojo en la fiesta de fin de temporada de la escudería italiana, que no será en Italia como es habitual, sino en Valencia. Una pista más sobre el acuerdo, un secreto a voces, cerrado ya en el verano de 2008 para 2011 y adelantado un año por la insistencia del Banco Santander, patrocinador de Ferrari a partir de la próxima temporada a razón 40 millones de euros anuales. Alonso cobrará 25, convirtiéndose en el mejor pagado de la parrilla. -los contratos publicitarios, por supuesto, irán aparte-. Su compañero será Felipe Massa, que tras su grave accidente en Hungría ya conduce un kart y podría reaparecer en Abu Dabi, la última prueba del curso.


El anuncio del fichaje de Alonso supone un atractivo innegable a una competición devaluada y que, de seguir así las cosas, quedó decidida en el primer tercio de la temporada con el dominio casi abusivo de Brawn y, particularmente, de Jenson Button. Con la llegada del español a Ferrari se intuye el retorno a McLaren de Kimi Raikkonen y se asegura morbo. El morbo de ver juntos en la misma escudería a Alonso y a Michael Schumacher, que conservará su papel de asesor. Cuando rivalizaron en la pista (especialmente cuando se jugaron el título en 2006) fueron tan afines como el agua y el aceite. Por eso han querido desmarcarse de futuras (y previsibles) polémicas que no tardarán en sacar la prensa deportiva, empeñada en priorizar con las vísceras. “Es una gran noticia para mí que Michael esté cerca del equipo y que pueda fijarme y aprender de él”, dice Alonso, campeón del mundo con Renault en 2005 y 2006. “Siempre estuve de acuerdo con su fichaje”, secunda Schumacher, heptacampeón. “Es un piloto sensacional, excelente. Intentaremos trabajar bien. Cada uno intentará hacer las cosas lo mejor posible”, añade Massa, consciente de que de nuevo pasará a ser el segundo piloto de Ferrari, ahora que por méritos propios ya era considerado el primero. “Aquí no hay números uno. Todos deben de adaptarse a la filosofía del equipo”, advierte Giancarlo Fisichella, ex compañero de Alonso y que el curso que viene será probador de la escudería de Il Cavallino Rampante.

850 metros

Massa perdió el Mundial de la temporada pasada en los últimos 850 metros del punto final, en el GP de Brasil y ante su público. El polémico adelantamiento de Lewis Hamilton a Timo Glock impidió que Felipinho fuese campeón por primera vez. Massa, que hizo lo que único que dependía de él, ganar la carrera, encontró en el podio el consuelo de Alonso y la indiferencia de su compañero Raikkonen. Curiosamente Alonso también estuvo en el cajón el día de la primera victoria de Massa en la Fórmula 1, concretada en el GP de Turquía de 2006. Para el recuerdo queda también la discusión entre ambos tras la victoria del asturiano en el GP de Europa celebrado en Alemania en 2007. Alonso provocó a Massa señalando la rozadura que tenía en su McLaren por un toque con el Ferrari y el brasileño le recriminó que ni tan siquiera sabía compartarse cuando ganaba.

Sucesos como ése refuerzan las teorías de quienes ven en Alonso a un deportista creído y prepotente. “Las personas que dicen que soy antipático o arisco lo dicen sin conocerme. Es imposible que te conozca todo un país o tratar de caer simpático a todos”, se defiende Alonso en una entrevista divulgada por su departamento de prensa y realizada horas antes del anuncio de su fichaje. Sus verdades le han generado más de una enemistad en un deporte de muchos egos y escenas de teatro: el aparentar y las sonrisas postizas definen gran parte del universo de la Fórmula 1: “Aquí la mayor parte del tiempo no puedes decir la verdad”.

Una imagen muy (re)buscada: el apretón de manos -EFE.


"De todo se aprende"

Como reconoce el propio bicampeón, su actitud ha cambiado mucho con los años. Antes solía criticar a la ligera al equipo como si no él estuviese exento de culpas en los errores. El calvario que pasó Alonso en McLaren –“de todo se aprende”– acabó por hacerle más comprensivo. De hecho, en los últimos dos años ha sido bastante benevolente con los dos monoplazas que ha conducido. Tanto el R28 como el R29 sólo funcionaron en el último tramo. Ambos resultaron vencedoras en Singapur, donde hace un año Piquet protagonizó uno de los mayores fraudes de la historia deportiva.

“Ahora que no gano ya caigo mejor”, reflexionó un día Alonso, que desde pequeño fue siempre muy competitivo. Por eso suele decir que los primeros recuerdos de su vida corresponden a cuando tenía entre ocho o nueve años, cuando realmente empezó a despuntar, en 1988 y 1989, y ganó dos campeonatos de Asturias, uno del País Vasco y otro de Galicia. José Luis Echeverría, un amigo de su padre y hasta entonces su representante, le traspasó a Josep Marcó, un conocido empresario del karting, que lo acogió como a un hijo más. La familia Marcó era el equipo de Alonso en España, mientras que fuera participaba con el contacto de Mauro Pozzi, dueño del equipo “Genikart”. Alonso era capaz de pasarse viajes largos sin abrir la boca, concentrado en pensar qué había hecho mal y por qué. Adrián Campos y Flavio Briatore fueron sus últimos mecenas para que pilotase un Fórmula 1. Con 19 años probó por segunda vez un Minardi y ya se decía que Ferrari le seguía y que McLaren intentaría incorporarlo a su equipo de F3000.

Lo de Alonso por los monoplazas ha sido siempre pura vocación desde que con cuatro años insistiera en subirse en un kart preparado para su hermana: se quedó pegado al volante. En un aparcamiento vacío empezó su historia piloto. Un relato que continuará en Ferrari, la marca de la elegancia y el poder, la única que ha participado en todos los mundiales. Su anhelo de siempre. Es la noticia que necesitaba la Fórmula 1.

lunes, 28 de septiembre de 2009

Cadel Evans, el segundo que por fin fue primero

Evans celebra su victoria en Mendrisio -EFE.



Le molesta que fumen al lado y odia a la gente falsa y las máscaras en general. Cuentan de él que es un tipo solitario y perfeccionista que se relaciona poco con el pelotón y lo estrictamente necesario con los periodistas, con los que ha llegado a pelearse y a los que se imagina sentados delante de sus portátiles tecleando sus defectos mientras le ven por un monitor. Cadel Evans (Katherine, Australia, 1977) llevaba mucho tiempo leyendo crónicas de los especialistas en los que se le acusaba de chuparruedas, conservador y eterno aspirante que nunca ganaba a nada. Por eso aún apretó más los dientes y exigió todavía más a sus piernas cuando vio que el ataque que había planteado a punto de afrontar la Torrazza de Novazzano, la última subida del Mundial de Mendrisio surgía efecto. Ni Kolobnev ni Quim Purito Rodríguez llegaron a un acuerdo para atraparle y el australiano logró la primera gran victoria de su carrera. “He recibido muchas críticas y se ha dudado mucho de mí. Este oro es una demostración de lo que valgo. Se me ha criticado que no gano, que no gano, pero hoy he hecho una gran prueba”, despachó Evans nada más llegar a la meta. Lo llevaba demasiado tiempo dentro y lo soltó sin apuros.

No ha tenido una temporada fácil el ciclista australiano, que acabó 30º en el Tour –“tuve problemas físicos”– y perdió las opciones de victoria final en la Vuelta por un pinchazo en la subida a Monachil. “He tenido mala suerte”, se justificó Evans, etiquetado por los periodistas y por gran parte de los aficionados como el nuevo Poulidor por haber acabado segundo dos veces en el Tour (2007 y 2008). Incluso hace dos años perdió el podio a favor de Samuel Sánchez en el Alto de Abantos, el antepenúltimo día, y no supo recuperarlo en su terreno, la contrarreloj, al día siguiente. Evans se olvidó por un momento de todas estas decepciones y mostró orgulloso su medalla de oro, mordiéndola para creerse de una vez que era real. A su lado sonreían Kolobnev, plata, y Purito Rodríguez, bronce. Los únicos que estuvieron en disposición de cuestionar el triunfo al australiano. Rodríguez, agotado por haberse vaciado en las escapadas durante la jornada, claudicó al comprobar que el ruso pretendía que hiciese él todo el trabajo. “Somos tontos”, le dijo a Kolobnev, que no quiso desgastarse más porque sabía que tenía el segundo lugar asegurado por ser mejor al sprint.

Permisividad de Sánchez y Valverde

Pero el triunfo de Evans, más allá del conservadurismo de Kolobnev, sólo fue posible por la permisividad de Valverde y Sastre, del actual campeón de la Vuelta y del oro olímpico en Pekín, respectivamente. Ambos estaban en la fuga definitiva, formaban parte del grupo de nueve corredores que se iban a repartir las medallas, pero no reaccionaron cuando Evans, Purito Rodríguez y Kolobnev se escaparan en el último tramo, a expensas, confiados, de que ese prodigio de la física y del límite humano llamado Fabian Cancellara solventase la situación. El suizo, motivado siempre, motivado aún más por correr en casa, se cansó de ser el único en intentarlo y dejó de hacerlo, mientras Sánchez (cuarto), Valverde (noveno) y el resto –Óscar Freire ya se había quedado hacía rato, finalizó 15º–, parecían estar pensando lo mismo: ¿y ahora quién tira? Nadie tiró y Evans logró su victoria más reivindicativa, la que le hizo recordar sus mejores tiempos, siempre en mountain bike, disciplina en la que ganó dos Copas del Mundo (1998 y 1999). En 2001 se pasó al ciclismo, donde debutó con Saeco para pasar después por Mapei, T-Mobile Team y Lotto (Davitamon, Predictor y Silence). Evans tiene en su palmarés una etapa y el triunfo final en el Tour de Romandía (2006), también ganó una cita en la París Niza y otra en la Semana Coppi y Bartali, de la que fue el vencedor final (2008) y en 2007 concluyó el año como número uno del UCI ProTour.

“Con tres españoles en la fuga tenía que pasar a la ofensiva”, desgranó Evans, que vive nueve meses del año muy cerca del circuito. Casualidades de la vida, el año que viene el Mundial será en Australia. Esa victoria aún sería más familiar.


martes, 22 de septiembre de 2009

La liberación de Alejandro Valverde

Valverde brinda con su director, Unzué, por el triunfo en la Vuelta -EFE.



Triunfador en todas las clásicas habidas y por haber, Alejandro Valverde (Las Lumbreras de Monteagudo, Murcia, 1980) aparecía continuamente entre los aspirantes a ganar el Tour y la Vuelta. Condición que nunca acababa de demostrar en la carretera, castigado por un día malo, símbolo inequívoco de su explosividad, la mejor virtud en pruebas cortas, pero el peor defecto en una carrera de tres semanas, que requieren una visión global y no parcial. Así que para ganar la Vuelta, su primera grande, tuvo que ser un estratega y no un agitador, meticuloso en los cálculos y no dejarse llevar por los impulsos. Alcanzó la victoria final sin ganar ni una etapa, circunstancia que no sucedía desde 2001, cuando Ángel Casero hizo lo mismo: “A veces hay que dejar algunas cosas al lado para conseguir otras”. Una apuesta coherente que puede significar un cambio en el papel de Valverde en las pruebas largas. “Me siento liberado. Siempre estaba muy cerca, ahora sé que puedo ganar pruebas de tres semanas”, razonó el murciano, al que acompañaron en el podio definitivo Samuel Sánchez, a 55s y Cadel Evans, a 1m 32s.


La liberación a la que se refirió Valverde es más psicológica que deportiva. Su victoria en la Vuelta refuerza su posición de gran favorito a ganar el Mundial que se disputará en Mendrisio (Suiza) el próximo domingo 27 y una nueva respuesta a sus detractores y/o a quines dudan de que vaya limpio. Nunca ha dado positivo durante su carrera y durante la ronda española ha pasado 18 controles de orina y de sangre, pero pese a ello se le acusa de ser tramposo y otro títere más de la Operación Puerto. En un par de meses el TAS podría sancionarle internacionalmente de la acusación del CONI, que ya inició los trámites para impedir que el murciano corriese la edición de este año del Tour, aprovechando que 120 kilómetros de su recorrido pasaron por Italia. Valverde no pudo estar en Francia y podría no poder correr en ningún sitio. “Prefiero no pensar en ello”, zanjó Valverde. “Espero que con paciencia el tiempo le dé la razón”, suspiró su director en el Caisse d’Épargne, Eusebio Unzué.

Máxima profesionalidad

Las suspicacias sobre su pasado y presente no han destemplado a Valverde, que ha ganado las últimas cuatro pruebas con etapas que ha disputado: la Vuelta a Burgos, la Volta, la Dauphiné Liberé y la Vuelta. “Ahora es un hombre mucho más maduro, aunque ha tenido que aprender a cabezazos. Es el mejor ciclista de los últimos años”, analizó Unzué.

Hombre de pocas palabras y carácter complicado, Valverde es un friolero que no corre sin manguitos en los manillares si la temperatura no alcanza como mínimo los 20 grados y que, según los expertos, tiene la resistencia para poder haber sido un atleta de 1.500 metros. Lo que le había faltado hasta ahora era amplitud de miras y regularidad. En esta edición de la Vuelta convirtió su único día de debilidad en una exhibición: pasó de quedarse colgado en La Pandera a atrapar a sus máximos rivales y sacarles más tiempo. En su momento también le beneficiaron los percances de Evans (pinchazo) y las caídas y despistes de Sánchez, Ezequiel Mosquera (quinto y gran agitador) y Robert Gesink (sexto en la general). En 2006 perdió la Vuelta a favor de Alexander Vinokourov en los dos días clave, la bajada de Monachil y en la subida a Calar Alto. En 2008 su redención llegó en el alto del Caracol, un puerto de segunda categoría que afrontó en la cola del pelotón. Una actitud de exceso de confianza que arruinó sus opciones de ser campeón tras perder 3m 23 s en la llegada a Suances y sacrificando a su equipo, especialmente a Dani Moreno.

“Había ganado en todos los sitios”

“Se había creado entorno a él una imagen fatal, que fallaba siempre”, reconoció su Unzue. “Había ganado en todos los sitios menos en una grande”, aclaró Valverde, el ciclista español con un palmarés más completo, número uno del UCI ProTour en 2006 y 2008, ganador de dos Lieja-Bastogne-Lieja (2006 y 2008) y dos Dauphiné Liberé (2008 y 2009), una Flecha Valona (2006) o una Clásica de San Sebastián (2008), además de un campeonato de España de ruta (2008) y dos subcampeonatos (2004 y 2008). El gran anhelo de Valverde es conseguir una medalla olímpica y un oro en un Mundial (acumula dos platas y un bronce). Y, por supuesto, llegar a París con el maillot amarillo: “Si he ganado la Vuelta, ¿por qué no puedo ganar el Tour?”.

Valverde no tuvo prisa para debutar en el Tour. Hizo acto de presencia en la edición de 2005 con 25 años. Incluso se postuló como el gran incordio de Lance Armstrong, cuando éste iba camino de llegar como campeón a París por séptima vez consecutiva. En una etapa imborrable, en la subida a Courchevel, Valverde se llevó el triunfo en un sprint, codo con codo, con Armstrong, que no dudó en elogiarle: “Me arrebató la etapa con una facilidad pasmosa. He ahí el futuro. Sólo le falta mejorar en la contrarreloj”. Pero sólo tres días después, el 15 de julio, Valverde tendría que abandonar entre lágrimas el Tour por una elongación del tendón rotuliano en la rodilla izquierda, consecuencia de un golpe que se dio en la contrarreloj por equipos: “No tengo palabras para expresar lo que siento. Esto jode mucho”. Tampoco pudo acabar la ronda francesa el año siguiente. Esta vez se cayó el tercer día, a 19 kilómetros de la meta situada en Valkenburg. Se rompió la clavícula y maldijo su sino: “¿Qué he hecho yo? ¿Por qué tanta mala suerte? ¡Es injusto!”.


Una imagen histórica: Valverde gana a Armstrong en el Tour -EFE.


Victoria a posteriori

En 2008 incluso empezó como líder tras otro sprint fantástico en la cuesta de Cadoudal –una edición atípica que no comenzó con el tradicional prólogo– y fue declarado vencedor a posteriori de la etapa con meta en Super-Besse, que ganó en la carretera y perdió tras su positivo por CERA de tercera generación Riccò. Valverde perdió sus opciones en la etapa del Tourmalet, cuando cedió tres minutos largos con respecto a Cadel Evans o Carlos Sastre, triunfador final. El murciano acabó noveno, tres posiciones peor que su mejor clasificación en Francia, el sexto puesto de 2007.
Estrenó su palmarés como corredor profesional el 6 de febrero de 2003 ganando el Trofeo Vuelta a Mallorca tras remontar 1m 52s de desventaja en la última etapa con respecto al líder hasta entonces, Erik Zabel. Valverde ya tenía 17 victorias como aficionado y era una firme promesa del ciclismo español. Una previsión que se comprobó ese mismo año, cuando Valverde quedó tercero en la Vuelta (con dos triunfos de etapa) y logró la medalla de plata en el Mundial de Hamilton (Canadá), donde Astarloa fue oro. Una progresión que continuó en 2004, en el que, por ejemplo, consiguió 10 triunfos en 31 días en primavera. Triunfos como el final en la Vuelta a Murcia y a Valencia.

Valverde es el mejor de su generación. Con 19 años era un amateur destacado cuando Kelme le propuso un contrato por cinco años y la garantía de pasar a ser profesional. Tanto él como su familia aceptaron de buen grado la oferta y al día siguiente de firmar el pacto el murciano se compró un Mercedes. El primer gran capricho de un prodigio que en su primera carrera, en Jumilla y con nueve años, quedó segundo con una MBK azul. Ahora se siente liberado y es el principal candidato para ganar el Mundial de Mendrisio: “Lo importante es que el grupo esté unido”.

martes, 15 de septiembre de 2009

Del Potro se hace hueco entre Nadal y Federer

Del Potro besa el trofeo del US Open -EFE.



Generar expectativas sobre un deportista precoz no deja de ser un reconocimiento a su talento actual y una previsión de lo que puede llegar a ser. Pero sobre todo es una presión añadida que acaba por acongojar y frenar la progresión de muchos de los elogiados. “Estoy cansado de ser una promesa. Siempre me falta algo”, soltó, con los ojos vidriosos Juan Martín Del Potro (Tandil, Argentina, 1988) el año pasado tras ser eliminado en segunda ronda de Roland Garros. Cansado de las lesiones y presionado por los piropos, no conseguía dar el salto de calidad que se le exigía. Ahora el argentino ya no es un tenista en condicional, sino una estrella que suma siete títulos, el último, el US Open, logrado en su primera final de Grand Slam y ante Roger Federer, que llevaba cinco ediciones consecutivas ganando en Nueva York (3-6, 7-6, 4-6, 7-6 y 6-2). “He soñado con dos cosas en mi vida: ganar aquí y hacerlo contra a Federer”, dijo, micrófono en mano, Del Potro, que es el primero que gana en un mismo grande al suizo y a Rafa Nadal, que entre ambos se habían repartido 21 de los 23 últimos Grand Slam. Del Potro asciende al quinto lugar en la clasificación ATP y se hace hueco entre los dos dominadores como hicieron Marat Safin y Novak Djokovic tras ganar el Abierto de Australia en 2005 y 2008, respectivamente.

La noche antes no pudo dormir. A Del Potro le costó asimilar que había llegada a la final de su torneo predilecto y que había sido protagonista en la derrota más contundente de Nadal, martirizado por los dolores abdominales, en un grande (doble 6-2). “Vine pronto al club y eso me ayudó a tratar de relajarme”, relató el argentino, que empezó el partido muy nervioso e impreciso, cediendo su servicio en el segundo juego y sin respuestas ante un Federer muy cómodo con su revés que se llevó la primera manga con facilidad.

Reacciones inesperadas

Del Potro reaccionó cuando peor lo tenía, con 5-4 y en servicio en contra en el segundo set, que se llevó en el tie break. Una réplica tan fantástica como la que protagonizó en la cuarta manga, en la que también llegó a ceder por 5-4 y 30-15 en contra. O lo que es lo mismo, Federer tuvo el partido en dos puntos, pero acabó cediendo de nuevo en el tie break con varias cañas y pidiendo el ojo del halcón. El suizo concluyó el partido con una doble falta, un primer servicio a la red y un resto con la derecha que se fue fuera. Ahí se dejó llevar por fin Del Potro, tirándose al suelo sin creérselo todavía. Luego abrazó con su entrenador desde marzo del año pasado, Franco Davin, el mismo que dirigió los pasos del último argentino en ganar un Grand Slam, Gastón Gaudio en 2004 en Roland Garros.

De barba desigual, casi pelusilla, y mirada de timidez extrema, Del Potro es conocido como La Torre (mide 1’98 metros), aunque hay quien le llama Palito (es extremadamente delgado) o se refiere a él como Delpo. Su compatriota Juan Mónaco le conoce bien porque ambos coincidieron en el Club Independiente de Tandil y prefiere abordar en su futuro: “Lo vengo sosteniendo desde hace mucho, Juan Martín va a ser el número uno y este paso es importantísimo”. De momento Del Potro es el segundo argentino en ganar el US Open tras Guillermo Vilas, campeón en 1977 y presente en la grada.

Una progresión evidente

Este curso Delpo ha tenido un muy buen rendimiento en los Grand Slam: alcanzó los cuartos de final en Australia –aunque sólo ganó tres juegos a Federer (3-6, 0-6 y 0-6)– y las semifinales de Roland Garros, también ante el suizo, al que esta vez exigió mucho más (6-3, 6-7, 6-2, 1-6 y 4-6). En Wimbledon volvió a caer en segunda ronda como en sus dos anteriores comparecencias. Aunque la derrota en 2008 resultó balsámica, pues después ganó de forma consecutiva sus cuatro primeros títulos ATP (Stuttgart, Kitzbuhel, Los Angeles y Washington). Acabó el año noveno del mundo y disputando el Tenis Masters Cup de Shanghai, pero sobre todo con una gran frustración, perder en casa la final de la Copa Davis ante España. Cayó derrotado con Feliciano López, mermado físicamente e infliltrado por un infección en una uña. No pudo jugar más y sufrió en la grada viendo cómo Fernando Verdasco se vestía de héroe, como había hecho él en semifinales ante Rusia ganando a Nikolay Davydenko e Igor Andreev. Peor fue la decepción este curso, pues Argentina perdió en cuartos de final contra la República Checa. A nivel individual Del Potro sí puede estar satisfecho porque ha ganado en Auckland y de nuevo en Washington. Y… el US Open.

Federer asumió con cierta naturalidad la derrota: “Ha sido una gran año. He ganado Roland Garros y Wimbledon, he disputado las cuatro finales de Grand Slam, me he casado y he tenido dos hijos. No puedo pedir más”. El suizo recalcó que tuvo “ocasiones de ganar”, pero que sintió que “tenía más el control del partido que en la final del Abierto de Australia con Rafa Nadal”. Federer no perdía en Nueva York desde 2003, cuando le eliminó David Nalbaldián, que optó por hacer un análisis psicológico del partido: “La ventaja que tuvo Juan Martín es que se jugaron cinco sets y eso le permitió tranquilizarse y coger confianza”.

Del Potro se hace hueco entre Nadal y Federer. “¡Y sólo tiene 20 añitos!”, celebraba un aficionado en la televisión argentina. Delpo cumplirá los 21 el próximo día 23. El US Open puede ser el primer gran paso de una exitosa carrera, que empezó ganando el Orange Bowl, curiosamente también Estados Unidos. Sólo tenía 14 años.

lunes, 14 de septiembre de 2009

Clijsters, con el US Open como juguete para su hija

Clijsters y su hija posan con el trofeo -EFE.


En época de poca oferta y mucha demanda, de periódicos tan finos de papel como en propuestas de trabajo, existe un anhelo por la oportunidad, por tener la ocasión de demostrar la valía y el talento. Por eso la historia de Kim Clijsters (Bilzen, Bélgica, 1983) no deja de ser una excelente noticia, puro optimismo en tiempos de nubarrones y pesimismo. Es lo que tienen los luchadores que no desisten tiene esas cosas, que tarde o temprano disponen la oportunidad de editar una frustración pasada y con demasiada repercusión en el presente. Clijsters tenía una fijación especial en el US Open, un escenario que le hacía recordar lo mejor, pero también lo peor. En Flushing Meadows la belga había logrado su único Grand Slam en 2005 ante la francesa Mary Pierce. Un éxito que hasta su retirada en 2007 nunca tuvo ocasión de defender, siempre por una y otra lesión. Cuando dejó la raqueta lo hizo por la ilusión de formar una familia, cansada de los problemas físicos y con la pena de no haber vuelto a EE UU. A partir de ahora a Clijsters, instalada de golpe 19ª de la WTA con 2.310 puntos, le quedan otras ilusiones, pues esa última ya está más que superada: es la primera invitada en ganar el US Open tras imponerse a la emergente Caroline Wozniacki por 7-5 y 6-3. Una hora y 33 minutos fue lo que duró la final del tercer torneo que ha jugado la ex número uno desde que anunciase su vuelta a las pista a finales de marzo. Después le esperaban instantes aún más emotivos para ella: besó a su marido, Bryan Lynch, un ex jugador de básket discreto, y saludó a su hija Jada a través del marcador de la pista. La pequeña apareció correteando por la pista y Clijsters se puso a jugar con ella. El juguete era el propio trofeo. Ser madre y campeona debe ser una sensación indescriptible, pero doblemente agotadora. Por eso, de momento, la ex número uno quiere “recuperar la rutina de la familia”.


Clijsters se tomó su retorno como un reto personal –“éste no era el plan marcado, no esperaba ganar aquí”– y para poder revivir la competición justo a su hija, que le ayudó a centrarse más en los partidos y a saber aparcar más y mejor “la locura y la vorágine del circuito”. “La niña se ha divertido mucho en Nueva York y eso es lo que queríamos, que la rutina de la competición no pudiera influir en ella”, analizó Clijsters, que cuenta con 35 títulos individuales y 14 victorias consecutivas en el US Open, distribuidas entre la edición de 2005 y ésta, en la tan sólo ha cedido dos sets. En segunda ronda ante Marion Bartoli (7-5 en el set inicial, para replicar con 1-6 y 2-6) y en cuarta ronda contra Venus Williams, contra la que cedió en la segunda manga por 0-6 tras haber ganado 6-0 en la primera para lograr un 6-4 en el definitivo. Pero su victoria más mediática –quizás más que la propia final– fue la de semifinales ante la otra Williams, Serena. La mayoría de medios de comunicación no repararon en el triunfo de Clijsters, sino en las amenazas de Serena a la juez de línea tras pitarle falta de pie en el servicio. Ante todo, sangre, faltaría más.

Wozniacki se tomó la derrota con una actitud totalmente diferente. Abrazó a Clijsters y esbozó alguna sonrisa. La danesa representa una de las últimas sorpresas en el circuito femenino, tan inestable como rico en alternativas. Es una imagen promocional que también gana, pues acumula seis títulos (dos en New Haven y uno en Estocolmo, Tokio, Ponte Vedra Beach y Eastbourne) y ya es sexta. Wozniacki también se llevó los elogios de Clijsters: “Caroline es una verdadera luchadora. La WTA puede estar contenta de contar con una jugadora como ella”. Piropos de una madre campeona que acabó utilizando el US Open como juguete para su hija.

lunes, 17 de agosto de 2009

Isinbayeva vuelve a perder contra sí misma

Isinbayeva se lamenta tras fallar su último intento -EFE.


Tumbada en el tartán, las piernas en alto y la cara tapada por una toalla, Yelena Isinbayeva (Volgogrado, Rusia, 1982) prefería no seguir la final de pértiga. Si alguien le hubiese facilitado un cómic, cualquier revista o un móvil con el juego de la serpiente la rusa sólo hubiese desestimado la propuesta por conservar su reputación internacional. Cualquier cosa parecía interesarle más que los saltos de sus rivales. “Ha pasado mucho tiempo antes de saltar y no sabía cómo ponerme”, se había quejado Isinbayeva tras clasificarse para la final en su único salto a 4.55 metros, una altura de broma para alguien que ha llegado a los 5.05. En la final, como suele hacer, decidió arriesgar e intentarlo con 4.75. Una decisión cuestionable en un curso discreto, pero en el que había llegado a los 5 metros en la pista cubierta de Donetsk en febrero. Aún fría, casi sin haber calentado, Isinbayeva se quedó demasiado corta en el primer intento y ni tan siquiera llegó a la barra. Y arriesgó aún más intentando superar los 4.80, un esfuerzo en vano, pues en sus dos intentonas se llevó por delante el listón, quedándose sin marca y sin medalla. Era la peor, la última: la protagonista negativa de los Mundiales de Berlín. “Nadie es perfecto. No he tenido ningún problema de concentración, estaba segura de mí misma y venía a Berlín bien preparada. No sé qué ha pasado”, relataba, deshecha, a TVE. Isinbayeva, valga el recurso fácil, ha bajado de los cielos y tras seis años compitiendo sin competencia, ha perdido dos veces este año. Ambas ante la Anna Rogowska, que no ha necesitado grandes registros para hacerlo. En julio saltó 4.68 en Londres, la misma altura que Isinbayeva, pero con un intento menos. Mientras que en Berlín llegó a los 4.75: “Pensaba que se saltaría mucho más. Estoy un poco sorprendida de haber ganado”. La estadounidense Chelsea Johnson y la polaca Monika Pyrek recibieron dos medallas de platas, empatadas. No hubo bronce.
Refugiada en un chándal y una gorra con el nombre de su país, Isinbayeva empezó el serial de entrevistas dolorosas e ineludibles con televisiones de todo el mundo. Conforme repetía su incredulidad volvía a llorar. “No entiendo nada. He hecho muchos sacrificios las últimas semanas para llegar aquí en condiciones. Quizás hoy simplemente tocaba perder. Intentaré que me sirva de lección”, contó a nuestros compañeros de Eurosport. Y se alejó pensando que aún tenía que repetir varias veces más que era incapaz de dar explicaciones a lo sucedido. Algo especialmente duro para Isinbayeva, que tiene 26 récords mundiales y hasta este año estaba imbatida desde el Mundial de París de 2003, cuando logró la medalla de bronce por delante de la dominadora de la pértiga hasta entonces, la estadounidense Stacy Dragila. La rusa había sido, entre otras cosas, campeona olímpica en Atenas 2004 y Pekín 2008, medalla de oro en los Mundiales de Helsinki 2005 y Osaka 2007, y primera en el Europeo de Gotemburgo 2006, el único aliciente para competir que tenía para seguir progresando era la propia autosatisfacción de superación personal y el incentivo económico por victoria y por marca lograda.

Uno de los pocos que justificó lo sucedido en el Estadio Olímpico de Berlín fue Sergei Bubka, plusmarquista mundial con 6.16 metros de la historia y el gran referente de Isinbayeva. “La presión que lleva Yelena de tener que ganar siempre es inmensa, agobiante”, dijo, comprensivo por su propia experiencia, Bubka, que nunca ganó el oro olímpico y que como Isinbayeva quedó eliminado en sus tres intentos iniciales en los Juegos Olímpicos de Barcelona de 1992. Ambos perdieron contra sí mismos. “Ha cometido el error de no probar otra vez con 4.75, pero seguramente se sentía capaz de saltar mucho más”, prosiguió el ucraniano, que en los últimos tiempos tiene una estrecha relación con la rusa. Isinbayeva tiene el mismo entrenador que dirigió a Bubka, Vasily Petrov.
 

domingo, 16 de agosto de 2009

Pedro, un protagonista de lo más normal

Bojan felicita a Pedro tras su gol –EFE.



Inquieto por la lentitud con los fichajes e ilusionado por la cantidad de títulos a los que aspira su equipo este curso (seis), el barcelonista afrontaba la ida de la Supercopa de España ante el Athletic de Bilbao con cierta resignación, atendiendo más a las ausentes que a los presentes. Tres jugadores clave (Leo Messi, Rafa Márquez y Andrés Iniesta) no estarían en San Mamés por lesión, el mismo contratiempo de la incorporación estrella, Zlatan Ibrahimovic, que por nombre y despilfarro económico también tiene que ser un líder. El surtido principal del Barça eran los canteranos y seis aparecieron en la alineación titular de Josep Guardiola. Defensor incondicional de la Masia, el entrenador del triplete debutó en Liga en el Camp Nou ante el Racing poniendo de titulares a dos jovenzuelos como Sergi Busquets y Pedro Rodríguez (Santa Cruz de Tenerife, 1987), conocido entonces como Pedrito y que había enloquecido al Estadi meses antes con su estreno ante el Murcia y con Frank Rijkaard como entrenador. Casi un año despuéssPedro fue el protagonista del primer partido oficial de la temporada, quien desmoronó al Athletic en la ida de la Supercopa (1-2) con una asistencia a Xavi y un golazo desde fuera del área. “Sí, sé que es mi primer gol en una competición y estoy muy contento”, concedió a Barça TV con cierto reparo. Una actitud típica de un tipo humilde que suele bromear con que jugó la final de la Champions ante el Manchester aunque no llegase a tocar el balón.

Pichichi del Barça hasta ahora con cuatro tantos, Pedro sigue viviendo cerca del Camp Nou como hace años. Sabe que Guardiola cuenta con él para el primer equipo y que no ya no jugará con el filial. El técnico azulgrana dio órdenes al club para que no aceptase ofertas por Pedro, que tuvo, entre otras, propuestas de Tenerife, Málaga, Zaragoza o Málaga. El canario le agradeció la confianza en La Catedral y con un par de intervenciones excelentes que minimizaron el discreto partido del Barça ante un Athletic que se había adelantado un minuto antes del descanso gracias por un disparo de Óscar De Marcos que rebotó en Puyol y despistó a Valdés. La vida es tan curiosa que De Marcos, que en junio descendió a Segunda División B con el Alavés, marcaba el primer gol de la temporada 2009-2010. Y podía haberlo hecho incluso antes, tras una vaselina excelente que el portero azulgrana sacó como pudo.

El Barça se reencuentra

El gol del Athletic recompensaba su mayor entrega y predisposición en los últimos minutos de la primera parte ante un Barça que en la primera media hora había podido sentenciar tanto el partido como la eliminatoria. Bojan, por ejemplo, ya tiró al palo en el tercer minuto, y Xavi, ovacionado por San Mamés, falló una ocasión que requería poco más que empujar la pelota. El Barça rescató su eficacia habitual tras el descanso, cuando Pedro hizo olvidar a los grandes ausentes. Primero con una asistencia a Xavi, que en una situación similar no erró ante Gorka. Después para quebrar a Susaeta y marcar desde lejos. “Tendrá continuidad. Como extremo es perfecto, quiere ganarse la vida con el fútbol y tiene hambre”, dijo Guardiola sobre Pedro.

Formado en las categorías inferiores del CD San Isidro, Pedro despuntó marcando 24 goles con el juvenil en el curso 2003-2004. Unos números que le permitieron debutar en el primer equipo, de Tercera División, a los 16 años. El paso de gigante lo daría meses después cuando aterrizó en el Barça juvenil, en el que ganaría una Liga (2004-2005) y dos Copas (2005 y 2006) –marcando un gol decisivo en la primera–. Pasó por el Barça C y por el Barça Athlètic, donde coincidió con Guardiola. El 11 de septiembre de 2007 se estrenó con el primer equipo en la final de la Copa Catalunya ante el Nàstic de Tarragona y en enero de 2008 una lesión de última hora le permitió entrar en la convocatoria ante el Murcia. “¡Pedrito! ¡Pedrito!”, le gritó, cariñoso, el Camp Nou. Ahora es Pedro porque desde el club se dice que el diminutivo no vende igual. El canario lo acepta con resignación. Es un chico normal, de madre hostelera y padre que trabaja en la construcción.