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miércoles, 14 de agosto de 2013

El paréntesis dorado de Yelena Isinbayeva

La pertiguista rusa se retira temporalmente del atletismo para ser madre con su tercer Mundial en casa y volverá para llegar a los Juegos Olímpicos de Río

Isinbayeva celebra un salto - Getty Images. 

De piedra, petrificado con el bolígrafo y el blog de notas en la mano, se quedó un aficionado de pelo canoso. Había tenido a su lado a la protagonista de tantos capítulos de oro del atletismo y de la pértiga en particular y le había insistido un par de veces con que estampara su firma. Pero Yelena Isibayeva (Volgogrado, Rusia, 1982) ni tan siquiera vio a su fan en un momento tan íntimo, mientras abrazaba a Evgeniy Trofimov, su entrenador y mentor, y festejaba por segunda vez su tercer oro en un Mundial, éste en un Luzniki

martes, 7 de agosto de 2012

Isinbaveya, destronada por Suhr

La musa de la pértiga no puede ganar su tercer oro olímpico consecutivo y se conforma con el bronce

Isinbayeva se lamentó tras un falló en la final - Reuters. 

Pasarán muchos años, si llega finalmente el día, para que alguien se aproxime a lo conseguido por Yelena Isinbayeva (Volgogrado, Rusia, 1982) en el salto con pértiga. Es la musa de este deporte, la pionera, la única que ha superado la barrera de los 5 metros. Lo logró precisamente en Londres, en el Crystal Palace, a finales de julio de 2005. Coleccionista de 28 récords a lo largo de su carrera, el último este febrero en Estocolmo, Isinbayeva ha competido prácticamente contra sí misma y en el Estadio Olímpico aspiraba a ser la primera atleta de la historia en poder colgarse tres oros consecutivos en la misma prueba en los Juegos y de hacerlo con su primer entrenador, Evgeniy Trofimov, a quien acudió para volver a ser la de siempre. Sólo se reconoció en su ritual de aislarse del griterío de la grada y de los saltos del resto: gorra y capucha en la cabeza, tendida en el suelo con la manta de la Villa Olímpica como almohada y una toalla como manta. “No tendré rivales excepto yo misma”, dijo Isinbayeva, que no pudo saltar los 4'75 metros y, asegurado el bronce, hizo su última tentativa para ser oro con 4'80, barrera que tampoco superaron la ganadora, la estadounidense Suhr y la cubana Silva, plata. Ambas saltaron a la segunda 4'75, pero Suhr tuvo menos errores.  

Isinbayeva disimuló su decepción y valoró la medalla de bronce echando vista atrás, viendo sus frustraciones en los Mundiales de Berlín (2009) y Daegu (2011), donde no alcanzó ni el podio: “Estoy realmente contenta. Esto para mí vale como una medalla de oro. He  tenido muchas decepciones en el pasado, en estos tres últimos años. Creo que  este bronce me está diciendo 'Yelena, no pares', en un momento en el que me lo  había llegado a plantear”. La rusa confesó que antes de los Juegos tuvo una rotura muscular de 3'5 centímetros -por eso, por no haberse preparado como quería empezó saltando 4'55, para ganar confianza y no como en Berlín, cuando no saltó hasta los 4'75 y no superó ni una barrera- y que de haber ganado el oro hubiese anunciado su retirada. Ahora ya piensa en el Mundial de Moscú del año que viene.  

“La suerte es para quien la busca” 

“No estaba para saltar 5 metros –con viento, bajo una fina lluvia–, pero, físicamente, estaba preparada para saltar 4,80 metros con los ojos cerrados”, reflexionó Isinbayeva: “Simplemente, ellas tuvieron más suerte. Pero suerte es para quien la busca. Sinceramente, quería ganar, pero no como en Atenas (4'91 metros) o Pekín (5'05 metros)”. Suhr, quien la destronó y que lleva el apellido de su marido y no el de Stuczynski con el que compitió entonces, es la misma que fue plata en Pekín y que antes de la final pronosticó que “patearé un culo ruso”. Se quedó en 4'80, pero hizo un pronóstico que acabó cumpliendo: “Ella lleva saltando 10 años más que yo. Es cuestión de tiempo”. 

Tiempo es el que se tomó Isinbayeva entre la decepción de Berlín y la de Daegu: se retiró unos meses de la competición –no acudió al Europeo de Barcelona– para volver a encontrarse a sí misma. También dejó a Vitaly Petrov para volver con Trofimov, que asegura que el primer entrenamiento fue “mágico”, a la altura de la rusa, que empezó con la pértiga a los 15 años, siguiendo el consejo de un entrenador que le recomendó dejar la gimnasia y coger la pértiga. Entonces Isinbayeva no sabía quien era el mejor pertiguista de siempre, Bubka, “que me desea suerte cada vez que me ve, y a mí saber que me está viendo en directo me sirve de motivación”. Y qué mejor motivación que volver a ser la reina de los cielos. Próxima cita, Moscú, para vengarse de Suhr, que tiene su mejor marca en 4'92, lejos de los 5'01 en pista cubierta y 5'06 al aire libre de Isinbayeva.       

lunes, 17 de agosto de 2009

Isinbayeva vuelve a perder contra sí misma

Isinbayeva se lamenta tras fallar su último intento -EFE.


Tumbada en el tartán, las piernas en alto y la cara tapada por una toalla, Yelena Isinbayeva (Volgogrado, Rusia, 1982) prefería no seguir la final de pértiga. Si alguien le hubiese facilitado un cómic, cualquier revista o un móvil con el juego de la serpiente la rusa sólo hubiese desestimado la propuesta por conservar su reputación internacional. Cualquier cosa parecía interesarle más que los saltos de sus rivales. “Ha pasado mucho tiempo antes de saltar y no sabía cómo ponerme”, se había quejado Isinbayeva tras clasificarse para la final en su único salto a 4.55 metros, una altura de broma para alguien que ha llegado a los 5.05. En la final, como suele hacer, decidió arriesgar e intentarlo con 4.75. Una decisión cuestionable en un curso discreto, pero en el que había llegado a los 5 metros en la pista cubierta de Donetsk en febrero. Aún fría, casi sin haber calentado, Isinbayeva se quedó demasiado corta en el primer intento y ni tan siquiera llegó a la barra. Y arriesgó aún más intentando superar los 4.80, un esfuerzo en vano, pues en sus dos intentonas se llevó por delante el listón, quedándose sin marca y sin medalla. Era la peor, la última: la protagonista negativa de los Mundiales de Berlín. “Nadie es perfecto. No he tenido ningún problema de concentración, estaba segura de mí misma y venía a Berlín bien preparada. No sé qué ha pasado”, relataba, deshecha, a TVE. Isinbayeva, valga el recurso fácil, ha bajado de los cielos y tras seis años compitiendo sin competencia, ha perdido dos veces este año. Ambas ante la Anna Rogowska, que no ha necesitado grandes registros para hacerlo. En julio saltó 4.68 en Londres, la misma altura que Isinbayeva, pero con un intento menos. Mientras que en Berlín llegó a los 4.75: “Pensaba que se saltaría mucho más. Estoy un poco sorprendida de haber ganado”. La estadounidense Chelsea Johnson y la polaca Monika Pyrek recibieron dos medallas de platas, empatadas. No hubo bronce.
Refugiada en un chándal y una gorra con el nombre de su país, Isinbayeva empezó el serial de entrevistas dolorosas e ineludibles con televisiones de todo el mundo. Conforme repetía su incredulidad volvía a llorar. “No entiendo nada. He hecho muchos sacrificios las últimas semanas para llegar aquí en condiciones. Quizás hoy simplemente tocaba perder. Intentaré que me sirva de lección”, contó a nuestros compañeros de Eurosport. Y se alejó pensando que aún tenía que repetir varias veces más que era incapaz de dar explicaciones a lo sucedido. Algo especialmente duro para Isinbayeva, que tiene 26 récords mundiales y hasta este año estaba imbatida desde el Mundial de París de 2003, cuando logró la medalla de bronce por delante de la dominadora de la pértiga hasta entonces, la estadounidense Stacy Dragila. La rusa había sido, entre otras cosas, campeona olímpica en Atenas 2004 y Pekín 2008, medalla de oro en los Mundiales de Helsinki 2005 y Osaka 2007, y primera en el Europeo de Gotemburgo 2006, el único aliciente para competir que tenía para seguir progresando era la propia autosatisfacción de superación personal y el incentivo económico por victoria y por marca lograda.

Uno de los pocos que justificó lo sucedido en el Estadio Olímpico de Berlín fue Sergei Bubka, plusmarquista mundial con 6.16 metros de la historia y el gran referente de Isinbayeva. “La presión que lleva Yelena de tener que ganar siempre es inmensa, agobiante”, dijo, comprensivo por su propia experiencia, Bubka, que nunca ganó el oro olímpico y que como Isinbayeva quedó eliminado en sus tres intentos iniciales en los Juegos Olímpicos de Barcelona de 1992. Ambos perdieron contra sí mismos. “Ha cometido el error de no probar otra vez con 4.75, pero seguramente se sentía capaz de saltar mucho más”, prosiguió el ucraniano, que en los últimos tiempos tiene una estrecha relación con la rusa. Isinbayeva tiene el mismo entrenador que dirigió a Bubka, Vasily Petrov.
 

domingo, 7 de septiembre de 2008

Yelena Isinbayeva: competir sin competencia


Isinbayeva celebra, emocionada, su clara victoria en Pequín -EFE.
 
Sentencia Yelena Isinbayeva (Volgogrado, Rusia, 1982) que nunca idolatró a nadie, que jamás sintió predilección por ningún deportista. Desde siempre su única fijación fue ser la mejor, convertirse en una estrella mundial. Lo tuvo claro desde pequeña, cuando se inició en la gimnasia y no abandonó su ambicioso anhelo cuando tuvo que pasarse al atletismo por ser demasiado alta (mide 1’75 metros). En 1997, con 15 años, empezó a saltar con la pértiga. Entonces no sabía ni tan siquiera quién era Serguéi Bubka, el icono de este deporte. Ahora dice que le hace gracia que le comparen con él, sobre todo porque ella ha sido dos veces campeona olímpica y Bubka no lo logró nunca. 

Isinbayeva tiene un cuerpo escultural, una mirada exuberante y sonríe con la elegancia y la seguridad de una modelo consagrada. Sabe que sus rivales están lejos de sus marcas, por mucho que durante la primavera pasada sufriera un par de derrotas y que Jennifer Stuczynski se postule como su relevo a largo plazo. La atleta rusa simplemente va a lo suyo, que no es otra cosa que batir sus propias marcas. En Pekín logró el 24º récord del mundo de su carrera (el 14º al aire libre) y consiguió la mayor diferencia en una final de la historia, 5’05 metros por tan sólo 4’80 de la propia Stuczynski. Un dato lo resume todo: en Atenas 2004 ganó saltando 4,91 metros, 14 centímetros menos que su marca en China. Su mejor marca bajo techo son los 4’95 que salto en Donetsk (Ucrania) en febrero de este año.

“Me gusta hacer”

“Me encanta sentirme sola en la cumbre A mí no me hablar. Me gusta hacer”, valoró Isinbayeva. Era su respuesta a Stuczynski, que días antes había asegurado que patearía “un culo ruso” y que la medalla de oro sería suya. La estadounidense, tras la exhibición de su rival, sólo pudo rectificar: “Yelena me lleva una década de preparación. Es la mejor”.

La competición se convierte para Isinbayeva en una oportunidad de superar sus propias y de acercarse a su objetivo final, que no es otro que alcanzar la cifra de 36 récords mundiales (uno más que Bubka) y superar el listón de 5’15 metros, casi un metro menos que el ucraniano (6’14). No hace mucho Bubka aseguraba que no le prestaría atención a la pértiga femenina hasta que alguna atleta lograse volar por encima de los 5 metros. Ahora es amigo de Isinbayeva: “Me desea suerte cada vez que me ve, y saber que está viéndome en directo, entre los espectadores, me sirve para motivarme”.

Habla con su pértiga

El ritual de la número uno antes de saltar suele ser siempre bastante parecido: mira al cielo, habla con su pértiga –“no pienso explicar qué le digo, es algo muy personal”– y piensa en cualquier cosa menos en que tiene que luchar contra sí misma otra vez. “Me acuerdo del libro que estoy leyendo esos días o en otras historias. Me dejo llevar”, confiesa Isinbayeva, que tiene la manía de competir con su mano izquierda llena de anillos. Cuando gana da una voltereta en el aire, pega unos gritos y se va directa a la grada para que alguien le de una bandera de Rusia. 

La organización, el método y el descanso son algunos de los secretos del rendimiento de Isinbayeva, que duerme nueve horas por la noche y otras dos de siesta. Es su fórmula para recuperarse de los entrenamientos exigentes de Vitaly Petrov, que fue técnico del propio Bubka y al que le gusta cambiar muchas cosas de los atletas que entrena. Así lo ha explicado la pertiguista española Naroa Aguirre, que el pasado invierno estuvo un mes preparándose con el grupo que dirige Petrov.

“Lucha aunque estés herida” es el lema de Isinbayeva, que ahora vive lejos de la fría Volgogrado y se corea entre el glamour (bien y mal entendido) de Montecarlo (Italia). Su cambio de residencia no han variado sus horarios: no suele salir de fiesta y se concentra en prepararse, comer, dormir y leer. No le queda tiempo para mucho más. Es el sacrificio que tiene que hacer para poder llegar a los Juegos Olímpicos de Londres de 2012 en óptimas condiciones y optar a ganar su tercera medalla de oro olímpica. ¿Qué hará después? “Probablemente me retire al año siguiente”, explica. De momento, está pensando en crear su propia línea de ropa deportiva y su perfume, que “será para mujeres fuertes de espíritu, para aquéllas que saben exactamente lo que quieren y siguen adelante hasta alcanzar su objetivo”.