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domingo, 19 de noviembre de 2017

¿Alejandro Valverde es indestructible?

Jon Rivas retrata al ciclista español más completo con minuciosidad, muchos testimonios y una visión crítica

Alejandro Valverde dedicándole su cuarta Lieja-Bastogne-Lieja al fallecido Michele Scarponi. Foto: AP. 
Desconozco cuál es su voz ni si es de muletillas. Sólo sé que Jon Rivas tiene un bigote generoso y que me lo imagino siempre con los ojos y las orejas muy abiertos, dispuesto a anotar el más mínimo detalle en una libreta. Sus textos, sencillos y repletos de testimonios que intervienen lo justo, retrata a un periodista minucioso, metódico y ordenado que sabe dónde apuntó aquella anécdota que le puede servir ahora. Jon Rivas es una institución en el periodismo deportivo sobre ciclismo, y escribe en El Correo y en su

domingo, 28 de septiembre de 2014

El sueño pendiente de Alejandro Valverde

El murciano, el ciclista con más metales mundialistas (seis), suma otro bronce, aunque se le vuelve escapar el oro, esta vez para un valiente Kwiatkowski 


Gerrans, Kwiatkowski y Valverde, en el podio de Ponferrada. 

Se quedó mirando la escena con ojos tiernos. Era una mirada de reojo, pero directa. No quería perderse detalle de cómo una anónima azafata vestía con el maillot arcoíris a Michal Kwiatkowski y como éste, en una nube, se agachaba para que le colgasen el otro premio que acababa de ganarse, la medalla de oro. Dos tesoros que Alejandro Valverde (Las Lumbreras, Murcia, 1980) quiere con toda su alma y lo demuestra año tras año, En diez participantes (se perdió dos por estar sancionado por dopaje), Valverde suma más

domingo, 29 de septiembre de 2013

La picaresca de Rui Costa le vale un arcoíris


El ciclista portugués arrebata el oro en el Mundial de Florencia en ruta a Purito, plata y descontento con la actitud de su compañero Valverde, bronce 

Purito, Rui Costa y Valverde, en el podio - AFP. 

Hasta esas palabras que pretenden desestabilizar a su receptor, pero que que a éste le entran por una oreja y le salen por otra, pasan muchas cosas. Hasta que Purito Rodríguez mira hacia atrás y comprueba que solo le sigue Rui Costa, al que había dejado plantado metros antes, hay más de siete horas de una carrera repleta de caídas y con la lluvia como gran peligro hasta casi al final. "Le hablé a Rui Costa en el último kilómetro para intentar ponerle nervioso", reconoció Purito, "pero tiene mucha seguridad en sí mismo

domingo, 15 de septiembre de 2013

Chris Horner, una Vuelta a los 41

El estadounidense, visto casi siempre como secundario en sus equipos, se convierte en el más ganador más veterano de la historia de una gran ronda  


Horner, en el podio de la Vuelta - Eurosport. 

A un niño de 12 años le debe el ciclismo uno de sus relatos más admirables. Al orgullo de un hijo por su padre le debe el deporte la satisfacción de Chris Horner (Okinawa, Japón, 1971), campeón de la Vuelta con 41 años y 326 días. Es el rey más veterano en la historia de las tres grandes rondas -Lambot ganó el Tour de 1922 con 36, Magni el Giro de 1955 con 34 y hasta ahora el récord en la prueba española correspondía a Rominger y Vinokúrov, con 33-. A punto de soplar las 42 velas y con solo 14 días de competición antes de la Vuelta,

sábado, 20 de julio de 2013

Nairo Quintana, la efervescencia de un debutante protagonista

El ciclista del Movistar vence en Annecy-Semnoz y llegará a los Campos Elíseos como maillot blanco y de la montaña y segundo en la general, puesto que le arrebata a Contador, cuarto y superado también por Purito en un Tour ganado por Froome   



Rodeado por un círculo de personas, pidió espacio. Espacio para coger aire, beber un poco y saborear una victoria muy estudiada. Por un día, Nairo Quintana (Cómbita, Colombia, 1990) había sido cauto y reservado, nada que ver con su comportamiento en Pailhères, Mont Ventoux o Aple d'Huex, donde fue un ciclista desatado. En la penúltima etapa de su primer Tour el ciclista del Movistar gestionó el tiempo a su antojo, como un buen base. Primero respondió a Purito Rodríguez cuando éste, en la subida al puerto de Annecy-Semnoz y después de coger al último escapado de la jornada –el eterno Voigt–, definió el podio en París dejando con la lengua fuera y como gran derrotado a Alberto Contador –finalmente cuarto–. Y después, a Froome, que buscó su cuarto triunfo con un ataque seco al que el ciclista colombiano contestó con frialdad y casi sin esfuerzo. Quintana se reservó la traca final para los últimos metros, que recorrió en solitario. Un broche de oro para Quintana, un debutante efervescente y protagonista, que al maillot blanco como mejor joven que ya tenía más que asegurado sumó el de la montaña y el segundo puesto en la general. Muchas alegrías en la jornada más emotiva para su país, que conmemoraba el 203º aniversario de su independencia: “Es un día muy especial para Colombia. Este triunfo está dedicado para todos los colombianos, que en este momento me están viendo. A mi padre, a mi madre, mi novia, mis hermanos, a todos mis amigos que me han ayudado de muchas maneras. Un saludo a toda Tunja, Cómbita, Boyacá y Colombia”. Aunque del primero que se acordó fue de José Luis Arrieta, “el mejor director que he tenido” y al que felicitó por clavar el plan: “Sucedió todo según lo previsto”.

El Movistar ha sido el equipo más combativo y el que más salsa ha dado en un Tour en el que ha sabido recomponerse y replantear su planteamiento inicial. En Saint Amand Montrond perdió la opción de podio para el líder previsto, Alejandro Valverde –al murciano se le rompió una rueda entre los abanicos– y la clasificación por equipos, pues varios compañeros fueron sacrificados para sacar a Valverde del apuro –sin éxito, entre otras cosas, por la aceleración del Belkin de Mollema–. Ese día uno de los sacrificados fue Rui Costa –renunció al Top 10, pero se resarció después ganando en Gap y Le Grand Bornard– y Quintana pasó a ser el líder del equipo. Mensaje claro: ya no tienes ataduras, Nairo.

La acción despreciable de Rolland

Con carta blanca, Quintana ha sido todavía más grande e incluso compitió en el Mont Ventoux con Froome, al que sí doblegó en Annecy-Semnoz, llevándose una etapa que comenzó con un ataque en los primeros metros de Rolland. El francés –al que después se le añadieron varios corredores, entre ellos, el incansable Flecha– soñaba con el maillot de la montaña, del que solo le separaba un punto con respecto a Froome. Rolland se volvió a ganar la admiración del espectador por su osadía, una simpatía que perdió en la coronación al Col de Leschaux, cuando empujó a Igor Antón hacia el público para impedir que pasase primero y se llevase la máxima puntuación. Pero el ciclista del Euskaltel pudo mantener el equilibrio para llevarse esos dos puntos –Rolland sumó otro– y reaccionó con frialdad o, mejor dicho, deportividad ante una acción tan despreciable: le dio un golpecito en la espalda casi paternal.

Voigt, en cabeza

Poco después, Voigt se quedó solo en cabeza y Antón probó de todas las formas posibles alcanzarle sin éxito, mientras el pelotón iba neutralizando al resto de escapados y tanto Evans como Andy Schleck se quedaban petrificados. El primero antes de empezar el puerto de categoría especial, el segundo, tras un arrebato del Sky, que cogió el testigo del Movistar, que en todo momento había mantenido las diferencias con los escapados. Una desventaja que nunca alcanzó los cuatro minutos y casi siempre se mantuvo en el minuto, minuto y poco. Minucias.

Cortado Mollena, Valverde quiso hacer una selección todavía más profunda con otro cambio de ritmo que dejó sin fuerzas a Kreuziger, eliminado tras otro arreón de Porte. Entonces fue el turno de Purito, inmenso en el tramo final del Tour, y al que solo pudieron seguir Quintana y Froome, que apartó a un espectador que parecía querer oír las pulsaciones del ganador de la prueba de lo cerca de que se le puso al británico. Mientras Contador, fundido, iba a su ritmo y se refrescaba el cuello con una botella del agua, consciente que el podio era ya una quimera y que por delante rodaban los tres más fuertes. De ese grupo siempre tiró Purito, hasta que Froome se marcó un ataque estéril ante Quintana, que replicó con suma tranquilidad. Quizás el británico se marcó un farol, pues tampoco pudo disputarle la segunda plaza de la etapa a Purito. Eso sí, Froome sonrió de alivio tras cruzar la línea de meta y Quintana mostró después a los periodistas una medalla que le regaló su compatriota Mauricio Soler, al que sustituyó en el Movistar, y que tuvo que retirarse del ciclismo tras un grave accidente en la Vuelta a Suiza en 2011 que a punto estuvo de costarle la vida. “Este triunfo también es para Mauricio”, dijo. Sí, Quintana también es detallista.     

domingo, 14 de julio de 2013

Froome incendia el Mont Ventoux

El líder del Sky deja sin respuesta a Contador y se deshace de Quintana, el único en replicarle en la montaña

Froome celebra la victoria en el Mont Ventoux - EFE. 
Quizás fueron un par de consultas de cortesía, respeto y admiración. Cuando Chris Froome (Nairobi, Kenia, 1985) miró varias veces fijamente, izquierda y derecha, a Alberto Contador es posible que le estuviese desafiando en plena subida al Mont Ventoux: “¿Atacas?”. Que quisiese ver cómo uno de sus grandes rivales respiraba y cogía aire después de que Kennaugh hubiese eliminado a varios del grupo de supervivientes. O que fuese una advertencia: “Cuidado, el ataque es cuestión de tiempo”. Froome no se anduvo con rodeos y quiso destrozar a Contador, el único contrincante que había replicado después al ritmo torturador de Porte. Impasible, el ciclista británico aceleró con parsimonia y volvió a mirar hacia atrás para comprobar que, en efecto, Contador era incapaz de seguirle. Froome era un molinillo humano y tenía hambre de victoria. Le importaba ese momento de gloria, no tanto casi sentenciar el Tour. Sabía que por delante tenía a Nieve y a Nairo Quintana, otro que como él apenas gesticula con el dolor y que sin torcer el gesto había en el primer cuarto de Mont Ventoux. Froome deboró al ciclista del Euskatel y pareció jugar con el colombiano, al que alcanzó, sacó de punto y dejó incorporarse, antes de arrancar definitivamente a cuatro kilómetros de coronar el mítico puerto. Froome, a quien nadie frena y que tanto sufrió el año pasado por tener que acatar que su compañero Wiggins era el líder impuesto, no se permitió ni un descanso hasta el final. Apuró tanto que solo festejó la victoria en la misma línea de meta –señalando el nombre de Sky, el patrocinador del equipo y levantando la otra mano– para sacar la máxima ventaja en la corona del Mont Ventoux, territorio, entre otros, de Pantani, Virenque, Merckx, Poulidor o Charly Gaul. Le sacó 29 segundos a Quintana, 1m 23s a Nieve y Purito Rodríguez y 1m 40s a Contador, que sigue tercero, pero ya a 4m 25s -“el camino a París es muy largo, pero la diferencia es muy, muy grande”-. A 4m 14s está el sorprendente Mollema.

“No le podíamos dejar coger minutos”, dijo Froome sobre Quintana, el debutante sobre el que había dicho que no había que dejarle ni un centímetro y al que, visto lo visto, es el único con autoridad para replicarle. Aunque el colombiano ocupa es sexto -“he llegado vacío, nunca había hecho tal esfuerzo”- a 5m 47s, ya tiene carta blanca en el Movistar tras la jugarreta a Valverde en Saint Amand Montrond cuando rompió una rueda y perdió casi 10 minutos el viernes cuando iba segundo y Froome le señalaba como referencia: “Voy a su rueda”. Valverde coronó el Mont Ventoux a 2m 32s y superó en la clasificación –es 15º– a dos ganadores del Tour que quedaron a años luz de Froome: Andy Schleck (2010, tras la sanción a Contador) se quedó colgado al inicio del puerto y cedió ¡10m 42s con el vencedor! Y Evans (2011), 8m 45s. La pregunta es obvia: ¿cuánto le hubiera sacado al de 2012? ¿Cuánto le hubiese rebañado a Wiggins?

domingo, 23 de septiembre de 2012

Gilbert cumple los pronósticos y Valverde agarra el bronce en Valkenburg

El belga se viste el maillot arco iris de campeón del mundo de ruta con un ataque seco y esperado a dos kilómetros de la meta

Hagen, Gilbert y Valverde, en el podio - AFP. 

No por esperado y anunciado por cronistas y entendidos del mundo del ciclismo dejó de ser un ataque duro y sin un ápice de duda de Philippe Gilbert (Verviers, Bélgica, 1982), rodeado y protegido por varios compañeros suyos de la selección belga en la última subida al Cauberg. En forma, Gilbert es un salvaje difícil de atrapar que gana con tiempo a recrearse, en cuanto dejó atrás a Nibali, el único que no era de su país, pedaleó hacia su sueño de siempre: el maillot arco iris, ser campeón del mundo de ruta y morder la medalla de oro. En un suspiro, a 2 kilómetros para la meta, abrió un hueco tan grande que le dio tiempo a agitar su puño derecho, a saludar al público en la localidad turística holandesa de Valkenburg, entre ellos muchos belgas ondeando la bandera de su país, y señalar al cielo. Ahí, en las nubes, estaba Gilbert, incansable para arrancar con el plato gordo. Escapado el que sería el campeón, se formó un terceto de aspirantes a las dos medallas que quedaban por repartirse: Kolobnev, Hagen y Alejandro Valverde, fantástico en la temporada de su retorno tras su sanción y recibió el bronce de las manos de Pat McQuaid, presidente de la UCI, quien hizo todo lo posible para impedir su presencia cuando no el murciano no había sido castigado. Valverde reconoció que no se fue a por Gilbert para seguir trabajando para Óscar Freire y no tuvo fuerzas para replicar a Hagen, que se llevó la plata.   

No hubo dudas sobre quién sería el campeón cuando arrancó Gilbert, que recordó que sus antepasados son holandeses, y que, por supuesto, su selección “ha hecho un gran trabajo y ha sabido posicionarse”. Quedarse en el grupo final de 40 más fuertes, después de una primera fuga neutralizada en la que estuvo Pablo Lastras y a la que se uniría después Flecha, també Contador o Cataldi, vencedor en el Cuitu Negro de la Vuelta. La prueba en la que renació Gilbert, capaz de ganar en Montjuïc ante Purito Rodríguez y en La Lastrilla ante Valverde. Dos triunfos que, unidos al sueño de siempre, “llevar 12 meses el maillot arco iris”, hacen que la temporada sea de notable alto para Gilbert, un clasicómano con un palmarés generoso: dos Amstel Gold Race (2010 y 2011), una Liège-Bastogne-Liège (2011), dos Paris Tours (2008 y 2009) y un Tour de Lombardía (2009 y 2010). También cuenta con un triunfo de etapa en el Tour y otro en el Giro. Lejos queda un gran susto, el cáncer de piel que le fue detectado en 2007 y del que se recuperó este ciclista que empezó su carrera siendo instruido por su familia y por Christian, su hermano mayor. Como rezaba una pancarta en holandés que sostenía un monigote que emulaba a un ciclista, un invento de un espectador, “Proficiat Phillipe”. O lo que es lo mismo: bravo Philippe. Bravo Valverde, que entró a cinco segundos del oro y a uno de la plata, con margen sobre el imparable Degenkolb. El murciano, segundo en una Vuelta en la que se llevó el maillot verde y el de la combinada, además de dos triunfos de etapa y otro con su Movistar, logró su cuarta medalla mundialista, la segunda de bronce. Tiene otras dos platas. A su cuarto oro aspiraba Óscar Freire en su último Mundial y que se quejó de la estrategia: “Habíamos decidido que nos la íbamos a jugar en el sprint conmigo y que todos me guiarían. Algunos lo hicieron hasta que pudieron. Otros no lo hicieron por falta de fuerzas. Pero Valverde se fue a buscar a Gilbert y se olvidó de mí y de su compromiso. Y yo estaba bien. Podía haber ganado”. Nada que ver con el punto de vista de Valverde: “Pero tenía que haber ganado yo. Tenía que haberme ido con Gilbert cuando atacó porque iba delante, con él, pero me quedé esperando a Freire, pues era lo decidido”.
      

domingo, 9 de septiembre de 2012

Contador regresa llegando a lo más alto con su segunda Vuelta

Degenkolb alcanza su quinta victoria en el último sprint y Valverde, segundo de la general, le birla el maillot verde y el de la combinada al tercero, Purito


Valverde, Contador y Purito, en el podio de Madrid - EFE. 

Con la Puerta de Alcalá de fondo y el griterío popular, John Degenkolb levantaba la mano abriéndola del todo, mostrando su manita de victorias de etapa. El corredor del Argos alzó la bici como si fuese un trofeo y se abrazó a su compañero De Kort, quien le lanzó en el último sprint. Unos metros que Degenkolb gestionó con tanta frialdad y seguridad que Bennati se sentó, sabedor de que no tenía nada que hacer. No hizo lo mismo Alejandro Valverde, inconformista para vaciarse para ser sexto y llevarse a última hora dos maillots, el de la combinada y el verde de la regularidad, que arrebató a Purito Rodríguez. Valverde también subió al podio como líder del mejor equipo de la prueba, el Movistar, y también estuvo en el podio final como segundo, acompañado del propio Purito, tercero, y del vencedor, Alberto Contador, emocionado por ganar su segunda Vuelta, por regresar a la competición con un triunfo tan prestigioso y que tras cruzar la meta señaló mostró siete de sus dedos. Las grandes vueltas que ha ganado, aunque la UCI le haya quitado un Giro y un Tour por su sanción por clembuterol.  

La firma de Contador está llena de trazos para arriba y para abajo que parecen montañas, como si fuesen un homenaje al territorio en el que se defiende tan bien y en el que esta ocasión sólo pudo marcar diferencias en un puerto no tan exigente como otros coronados como Collado de la Hoz. Ahí medio sentenció su segunda Vuelta, que tiene forma de ensaladera. Un buen reclamo para degustar una buena ensalada con sus compañeros en el Saxo Bank, a los que invitó a subir al podio para que disfrutasen del maillot rojo por el que tanto han luchado. Ahí estaban Majka, Jesús Hernández o David Navarro, fundamentales para él éxito. 

Un trofeo en forma de ensaladera 

El ciclismo es eso, una disciplina que no se entiende sin los gregarios, los que no figuran en los titulares y el sustentan a los líderes de equipo, a los que marcan el ritmo en los momentos difíciles y ayudan a eliminar rivales. Llegado el momento, agotado el corazón, se apartan. Por eso tiene tanto mérito que David Moreno, gregario de Purito, haya sido quinto clasificado, a poco más de un minuto de Chris Froome, que llegó agotado a una Vuelta que tuvo a Contador a su corredor más combativo. Una decisión cuando menos discutible y en la que se impuso a Valverde, Purito y Aramendia, quizás quien más se lo merecía, ya que se ha cansado de meterse en fugas como poco futuro, por el placer de intentar casi un imposible. También, incansable, ha estado Simon Clarke, vencedor del maillot de la montaña.

Una categoría, la de puntos azules, que también llegó a dominar Valverde, que subió al podio de la mano de su hijo Pablo y que tuvo el detalle de quitarse el maillot verde para que los fotógrafos hicieron las fotos de un podio exclusivamente español. El murciano está agradecido al equipo por haberle reservado un hueco durante 19 largos meses de sanción. Contador se sacó la gorra ante Valverde y Purito por haber sido unos dignos rivales y dijo en voz alta algo en lo que coinciden los aficionados al ciclismo: “Éste es un día importante. Esta Vuelta a España ha sido un éxito”.    

sábado, 8 de septiembre de 2012

Un trío ejemplar para eternizar una Vuela modélica

Contador gana su segunda ronda española tras sobrevivir al corazón de Purito, que no puede arrebatarle la segunda plaza a un Valverde corajudo en la victoria de Menchov en la Bola del Mundo

Menchov celebra su triunfo en la Bola del Mundo - EFE.

Es la nobleza de un trío de ciclistas autóctonos y la de sus entregados gregarios la que hará que esta Vuelta modélica se recuerde con admiración, por disputada, por los decibelios generados y el corazón encogido, al límite. Un golpe a ese ciclismo de calculadora que abraza a la fórmula científica e ignora el riesgo. Hasta el último día de verdad –la etapa con final en la Castellana es un fin de fiesta para esprínters– llegaron emparejados Alberto Contador, Alejandro Valverde y Purito Rodríguez. Los tres fueron a la par hasta el cemento rugoso y afilado de la Bola del Mundo, coronada por Denis Menchov, perdido a casi dos horas en la general, pero inmenso para vaciarse y  llevarse un gran recuerdo a título personal –“un triunfo muy importante para cerrar el año”–. El imperturbable ruso afincado en Pamplona recalcó que está orgulloso del Katusha y, en concreto, de su líder, Purito, que en la Bola del Mundo quiso soñar con algo más que el tercer lugar dejándose los riñones. El catalán  respondió al ataque de prueba de Valverde con dos más, suficientes para que cediesen tanto el murciano como el propio Contador, consciente de que su rival lo intentaría al final, “pero no se podían hacer diferencias”. A Valverde no le comieron los nervios y supo resistir para conservar su segundo puesto y recortar a 1m 16s la diferencia con Contador, satisfecho por su segunda victoria virtual en la Vuelta, con 1m 37s de margen sobre Purito. 

Resumió Contador que ha sido una prueba tremendamente exigente, de “piernas y de cabeza”, de fuerza bruta y estrategia. El corredor Pinto ha sabido llevarse el gato al agua después de varios meses alejado de la competición por sanción. A Contador, aunque a veces se equivocase en el punto para arrancar como le ocurrió en Montjuïc, no le ha faltado ambición, aunque sus cambios de rimo no tuviesen su explosividad habitual y le sobrase su sombra, Purito, sólo roto en Collado de la Hoz, donde se decidió la carrera. Un instante que no se pudo ver en directo porque TVE todavía no había iniciado la retransmisión. El instante decisivo fue anónimo hasta que empezaron a publicarse fotografías de agencias y los aficionados colgaron vídeos en youtube. 24 horas después la televisión estatal recurrió a la organización para pinchar ese instante de esa etapa con final en Fuente Dé de la que Valverde también sacó petróleo, birlándole la segunda plaza a Purito. 

Valverde, el silencioso

Valverde ha sido el sido el ciclista silencioso de la Vuelta: confirmó a última hora su presencia y ha llevado en algún momento todos los maillots posibles. El rojo, lo perdió en una caída en la que cedió casi un minuto. Pero Valverde, después de volver a cuestionar la ley no escrita de la ética del pelotón, se ciñó a ser protagonista en la carretera y lo hizo con una victoria de insistencia en Arrate y otra de explosividad en La Gallina, además de ceder poco ante Purito y Contador y recuperar segundos en los finales y las bonificaciones. 

Valverde ha puesto salsa a esta Vuelta, por más que algunos cronistas, cortos de miras o quizás por falta de espacio, hayan centrado sus textos en Purito y Contador. El ciclista de Parets del Vallès está en el mejor momento de su carrera, tras rozar el Giro y llevarse tres triunfos de etapa, además de vestir el maillot de la combinada y de la regularidad. Purito ha sido valiente hasta donde podía serlo, hasta la Bola del Mundo, donde le sacó 44 segundos a Contador y 25 a Valverde: “He ido bien, pero Valverde también, así que ha sido imposible”. Purito felicitó a Menchov, que llegaba a la Vuelta con bastantes más aspiraciones que un triunfo de etapa, pero que supo sufrir para llevarse un a victoria de postín. El botín por el que luchó la numerosa fuga del día. Boet, Capecchi y De Weert atacaron demasiado pronto y, más listos y con menos fuerzas, Porte y Menchov se quedaron solos. Con la misma tranquilidad con la que habla ganó el ruso, mientras por detrás el trío de autóctonos persistía, cada uno por su objetivo, después de haber resistido los mazazos de los gregarios de Contador, en especial de Majka y Jesús Hernández, de Dani Moreno, vital para Purito, y de Beñat, fundamental –como Nairo Quintana– para Valverde. Un broche de oro para una Vuelta modélica.        

miércoles, 5 de septiembre de 2012

Contador incendia una Vuelta de la que casi se despide Purito

El corredor de Pinto ataca en Collado de la Hoz y le birla el maillot rojo al catalán, ahora tercero tras Valverde, inmenso para sacar también tajada de la jornada


Contador explota de emoción en la línea de meta - AFP. 

Alberto Contador es fuego. Es un auténtico diablo que, como todo el mundo, tiene un lado más tranquilo y otro más salvaje. Se fió de esa voz interior que le dijo “¡ataca!”, por más  que todavía quedasen 50 kilómetros para la meta y estuviese en Collado de la Hoz, el penúltimo puerto de una jornada que, en teoría, no guardaba grandes sorpresas. Su rival, Purito Rodríguez, el espléndido ciclista que poco a poco, como hacen las hormiguitas, se había hecho merecedor del maillot rojo por aguantar a Contador en la contrarreloj, superarle en los finales y frustrar sus continuos ataques no pudo más. Se quedó sin remedio ante el ataque “instintivo” del corredor de Pinto, que era consciente de que le podía salir todo rematadamente mal y podía perder incluso la segunda plaza. Su descaro y el excelente comportamiento de su Saxo Bank –en especial de Tiralongo– le permitieron tener tiempo de girarse tres veces antes de cruzar la meta y sacudir los brazos aliviado, emocionado por dar un giro total a una Vuelta que se le estaba escapando y que ahora tiene más cerca. Contador es el nuevo maillot rojo después de sacarle cerca de tres minutos a Purito, al que deja tercero a 2m 28s en la general, y aventaja a Alejandro Valverde, el otro gran protagonista de la etapa con final en Fuente Dé en 1m 52s. Listo y explosivo, el murciano fue capaz de recortarle más de dos minutos a Contador en los últimos kilómetros y de haber tenido unos metros más la etapa habría luchado por ella. Chris Froome llegó a casi cinco minutos y tiene el podio a más de siete. 

El acelerón de Contador en Collado de la Hoz ya forma parte de una de esas instantáneas que los amantes del ciclismo tienen en su hemeroteca de recuerdos. El corredor de Pinto se fue a por los escapados, entre ellos, claro, tres de sus compañeros Jesús Hernández y Sergio Paulinho, y con su amigo del Astana Paolo Tiralongo, con quien se escapó de los fugados y quien le dio relevos generosos, puñales para Purito, que pudo intuir más malas noticias para él cuando Nairo Quintana y Beñat se descolgaron de los primeros para unirse a Valverde. Un ciclón cuando vio el momento para atacar y dejar sentado a Purito, partícipe de una de las carreras de tres semanas con más brillo de los últimos años y de una frase que le hace grande: “estamos aquí para ganar, para perder, para caernos, para luchar”.

Muy emocionado, Contador advirtió que era uno de sus tres mejores victorias, junto con el Tour de Francia tras el accidente que pudo costarle la vida en Asturias –fue 31º, pero volvió a sentirse ciclista– y la París-Niza de 2007, que ganó y fue el preludio de su primera victoria en la ronda francesa. Dijo el ciclista del Saxo Bank que le dio apuro probarlo tan pronto y que apenas había comido hasta entonces. Se arriesgó y dejó una etapa eterna para desconsuelo de Purito, abatido también por Valverde, que atacó en Fuente Dé y que, aunque no lo diga, no olvida que la mitad de la ventaja que le saca Contador la perdió en una caída.
   

lunes, 3 de septiembre de 2012

Purito contraataca en la coronación de Cataldo en el Cuitu Negru

El líder de la Vuelta vuelve a resistir los picotazos de Contador y le saca seis segundos más en la meta el día del desplome definitivo de Froome 

Purito, a punto de cruzar la línea de meta, seguido por Contador - EFE. 

Las oportunidades se merecen en la bicicleta, donde no hay regalos, salvo los contratiempos humanos –el ya no puedo más– y los problemas técnicos –los pinchazos, caídas o salidas de cadena–. Bien lo sabe Purito Rodríguez, que no sólo aguanta los picotazos de Alberto Contador, esta vez en el inédito ascenso al Cuitu Negru, sino que es capaz de contraatacar y sacarle seis segundos más, cuatro por la bonificación como tercer clasificado de una etapa que coronó al italiano Dario Cataldo, tan exhausto que apenas pudo girar la cabeza para asegurarse que no estaba cerca Thomas de Gendt, su inseparable compañero de fuga que le había dicho que “era más o menos imposible” su propósito en común después de escuchar  por el pinganillo cómo era de endiablado el ritmo de Saxo Bank y Euskaltel. Se equivocó el belga para suerte de Cataldo, al que el último kilómetro se le hizo eterno y que acabó tan deshecho que su  celebración consistió en mover el puño, colocarse las gafas y los brazos a la altura del cuello. Agarrado al manillar y a más de cinco minutos del vencedor llegó Chris Froome, roto por completo a 2m 46s de la última plaza del podio, que atesora Alejandro Valverde, y a 4m 52s del líder, Purito, que aventaja a Contador en 28s y en 2m 04s al murciano antes de la segunda y última etapa de descanso.

Sabe Purito que tiene la carrera donde había soñado y en el punto donde se la ha merecido tener. Está siendo el mejor y ya se viste con los maillots de la combinada, la regularidad y de la general. Sólo se le resiste el de la montaña, aunque Simon Clarke no puede despistarse, ya que le saca sólo dos puntos. El premio al más combativo de la jornada fue para Cataldo, que vive una temporada feliz, ya que a su extraordinario triunfo en Cuitu Negru suma el título de contrarreloj de su país. Nada paró al italiano, constante para pelearse como un jabato domando la bici con rampas de hasta el 24%. El contexto donde Contador quiso dejar atrás a Purito, a quien había visto rodar detrás en La Cobertoria y al que fue a observar: “Siempre quieres ver cómo está cada uno”. Piensa Contador que cualquier información extra es de utilidad y anhela un día de perros, “de lluvia” a poder ser. Un deseo que Purito ve como pesadilla: “Que se deje de rollos, que bastante bien nos va. Estamos teniendo suerte con el tiempo”.

Contador dijo estar satisfecho con el rendimiento de su equipo, el Saxo Bank –protagonista de nuevo de otra selección notable con David Navarro, Majka o Jesús Hernández como torturadores– y de él mismo, que no pudo descolgar al líder, pero que vio cómo Valverde cedía en cada uno de sus ataques –Nairo Quintana rescató al exponente del Movistar– y se tranquilizó comprobando que Froome, después del Tour y de los Juegos, no está para mucho más. Hasta cinco veces lo probó Contador y tras la última contraatacó, poderoso, Purito, capaz de no sólo no ceder, sino de coger más colchón. Un líder con mayúsculas.

domingo, 2 de septiembre de 2012

Antonio Piedra se hace visible en los Lagos de Covadonga

Primera gran victoria del corredor del Caja Rural en una etapa marcada por los ataques de Contador, que entra en la meta junto a Purito y Valverde, pero pone tierra de por medio con Froome

Valverde se impone en la meta a Purito y Contador - EFE.

El motor del ciclismo son las piernas, la mente y el corazón, pero son el pinganillo y las necesidades de los líderes de equipo las que marcan la mayor parte del guión previsto para los gregarios. Éste es un deporte de jugadas maestras, que suelen hacer aquellos sin los que los favoritos no serían nadie. Jugadas como la del Saxo Bank en la ascensión a los Lagos de Covadonga. Hasta entonces había dejado el control de la etapa al Katusha del líder, Purito Rodríguez. Hasta que se escaparon David Navarro, Jesús Hernández y Rafal Majka, y otro Movistar, Nairo Quintana, en este caso para ser de ayuda para Alejandro Valverde. El murciano fue de nuevo el primero en atacar, aunque lo hizo en La Huesera, el lugar equivocado. Contador lo probó después. Valiente, pero sin la lucidez que le caracteriza –“no me encontré del todo bien. Me falta el punto que te da la competición”– el ciclista de Pinto comprobó que, definitivamente, Purito es su sombra. El líder de la Vuelta apretó los dientes y replicó con contundencia los ataques –sin la continuidad necesaria, lo que permitió a Valverde recuperarse– de Contador, que podría tener otra oportunidad este lunes en Pajares y Cuitu Negru, escenarios donde pretenderá alejar más a Chis Froome, descolgado tras el primer gran arreón en el pelotón, y que ya está a 2m 16s del líder y cede ante Valverde 35s, el tiempo que perdió en una etapa que se llevó Antonio Piedra (Sevilla, 1985), al que no le cabía la sonrisa en la cara y que se olvidó del ritual de los ganadores de la jornada y de los que reciben los maillots de la diferentes categorías. Él sí se llevó el ramo de flores en vez de lanzárselo al público. 

Piedra tiene apellido de jornalero. Es un picapedrero más en esto del ciclismo. Alguien que es profesional desde 2007, cuando corría en el Fuenteventura-Canarias. El curso siguiente fichó por el Andalucía, donde estuvo hasta el año pasado. Según ha reconocido alguna vez el ciclista sevillano, ahí se estancó y en la oferta del Caja Rural, equipo invitado por la organización, vio una oportunidad de dar un paso adelante. Le salió bien bien la decisión, pues en mayo Piedra ganó en Noruega la Rogaland GP y ahora se ha impuesto en los Lagos de Covadonga. Dijo que tenía buenas sensaciones, que por eso probó suerte en la escapada del día y después dejó atrás a sus acompañantes para pelearse en solitario para el triunfo más grande de su vida deportiva: “Esto compensa los días y momentos malos”. 

A casi diez minutos del vencedor llegaron los tres favoritos después de los intentos infructuosos de Contador por arrebatarle el maillot rojo a Purito y distanciarse más de Valverde, constante en una Vuelta que no tenía en su calendario y en la que “firmaría” lo que tiene, un puesto en el podio. En Lagos de Covadonga, una tortura que desconocía, se impuso al esprint a sus dos rivales, que después se intercambiaron elogios. “Joaquim está más fuerte que nunca”, dijo Contador de Purito, que le devolvió el guante: “Lleva la carrera como quiere, a ver si tiene un día malo”. 

sábado, 1 de septiembre de 2012

Purito no tiene límites

El corredor del Katusha logra su tercera victoria en Ancares superando a Contador para consolidar su liderato en la Vuelta

Contador y Purito durante la etapa - EFE. 

Deja sin argumentos a aquellos que le achacaban que no tenía piernas para puertos largos y no disponía de la suficiente frialdad para controlar sus impulsos y hacerle caso a la cabeza. Purito Rodríguez (Parets del Vallès, 1979) está en su punto para una carrera de tres semanas. Si a finales de mayo sólo cedió el Giro ante el Hesjedal el penúltimo día, en la contrarreloj. Un obstáculo que solventó con nota en la Vuelta, donde conservó el maillot rojo de líder por un segundo sobre Alberto Contador. Dos triunfos después, en el Mirador del Ézaro y ahora en Ancares, Purito acumula tres victorias en total –había vencido antes en Jaca– y 22 segundos de margen sobre el líder de un Saxo Bank enfurecido que, con Majka como rompepiernas, dinamitó la etapa en la subida a Ancares y frustró el sueño de Alberto Losada, ilusionado con la victoria de su vida. Una foto que también persiguió Contador, constante con sus cambios de ritmo. Incluso el último pareció el definitivo como ya le sucedió en La Gallina, pero al corredor de Pinto, alejado de la tensión de la competición unos meses,  le sobra estrategia, pero le falta recorrido, además de un punto de fuerza y continuidad, por más que en 500 metros le sacase 12 segundos a Alejandro Valverde y Purito. El líder se fue del murciano y alcanzó a Contador en el último kilómetro, dejándole sin apenas esfuerzo. “Purito está en un momento de forma impresionante”, le elogió su rival, que entró a cinco segundos y perdió otros cuarto por las bonificaciones. “Alberto me lo ha puesto muy difícil. Con sus ataques nos suelta a todos”, replicó el líder del Katusha y de la Vuelta, frío e inteligente para hacer lo adecuado. Tercero llegó Alejandro Valverde, entero en una prueba en la que tenía previsto no participar y que empata en la general con Chris Froome. Ambos están a 1m 41s del líder. 

En Ancares se vivió un baile final espectacular en el que los cuatro primeros tuvieron algo que decir y el sexto, el tenaz Dani Moreno, el gregario de oro para Purito capaz de ir por la general, adelantó a Gesink para colocarse el quinto entre los 183 supervivientes de la prueba. Aunque sería Majka quien seleccionó al pelotón en el ascenso a Ancares, dejando atrás a corredores como Menchov, del que se esperaba mucho más y que ya tiene perdida una hora. Sufrió Igor Antón, que dijo que su motor en esta Vuelta está siendo “la casta”  y reconoció que los demás están mejor que él. Valverde se abrió para observar cómo andaba Froome, frito después en el primer ataque de Contador, aunque heroico para sostenerse en el Sky y aproximarse al resto de favoritos, a las que volvió a perder de vista en cuanto Contador volvió a bailar en su bicicleta, en lo que parecía que iba a ser el ataque definitivo. No lo fue para un Purito que parece no tener límites: “Los interrogantes los ponéis vosotros [los periodistas]. Yo lo tenía claro. El año pasado quedé tercero aquí”. Hechos y palabras. 
    

domingo, 26 de agosto de 2012

“Papa, ¿y esos coches?”

Purito refuerza su liderato en la etapa del regreso a Barcelona de la Vuelta 13 años después y que gana Gilbert
Juan José Cobo se hace una foto con un aficionado - Foto: Jordi Caro. 

Ciclistas, aficionados y curiosos van cogiendo sitio en la subida a Montjuïc, al lado de la pancarta de puerto de montaña, a unos tres kilómetros y medio del final de la etapa del regreso de la Vuelta a Barcelona 13 años después. Una fecha simbólica para que un padre  vaya respondiendo las dudas de su hijo pequeño, muy curioso con todo lo que ve. 

– ¿Qué es eso? 
– Pone puerto de montaña. Sirve para determinar quién hace mejores las subidas. Los que pasan antes se llevan puntos. 
– Papa, ¿y esos coches? 
– Todos esos son los que cortan la carretera para que puedan pasar los ciclistas. 
– Ah. 

Otro aficionado, ataviado con una gorra promocional y una mano azul también de propaganda, anuncia que los corredores están a un suspiro, a siete kilómetros de meta. Son las cinco y cuarto de la tarde y un miembro de la organización coloca la cinta para marcar la línea del puerto de montaña. Los primeros en cruzarla son 16 motos de Mossos d'Esquadra, y otra moto de prensa. 

– Hijo, esto es la Vuelta. La hacen por toda España.

“¡Ataca Contador!”, dice el seguidor de las promociones, al que no le cae especialmente bien el líder del Saxo Bank. Dice que prefiere a a Menchov y a Alejandro Valverde, apoyado también por otro aficionado, que sostiene una modesta, por pequeña, pancarta que reza “Valverde crack”. Ya se sabe, los sentimientos no entienden de tamaños. 

Contador lo ha intentado en el repecho equivocado y no tarda en ser alcanzado, mientras la nadadora Mireia Belmonte, doble medallista olímpica en Londres, pasa en un coche de la organización. Después le entregará el maillot como líder de la montaña al propio Valverde.

– ¿Y esa bandera amarilla?      
 Significa que los ciclistas están muy cerca.

Apenas tardan dos o tres minutos en aparecer. Los primeros en hacerlo, Purito Rodríguez y Gilbert, el único que ha sido capaz de replicar al líder de la Vuelta, impulsado por el ataque de Ballan en la subida a Montjuïc.  

Las radios anuncian que Gilbert ha ganado en el sprint final a Purito, que después admite que no hacía falta que pactasen, que cada uno sabía lo que quería. El belga, volver a vencer, algo que hacía prácticamente un año que no lograda. El Purito, para reforzar su liderato y, ayudado por las bonificaciones, aumentar la ventaja con respecto a Chris Froome (53s), Contador (1m) y Valverde (1m  7s) antes de la contrarreloj del miércoles en Pontevedra. Una prueba que no es su fuerte. 

Hace rato del triunfo de Gilbert y continúan pasando los ciclistas más rezagados. Uno tiene el detalle de tirarle su bidón a un niño. Y otro despierta el lado más lógico al chaval al que su padre está instruyendo: “Papa, ese hombre va tan lento porque no puede más”.    

Ni el padre ni el hijo van a la zona donde están los autocares de los equipos y de la organización, a unos metros del Palau Sant Jordi y el Estadi Olímpic, donde varios aficionados agradecen los bidones con agua de los del Garmin-Sharp, que los entregan en mano tras la red. Los del equipo BMC tienen menos y provocan una simpática lucha por los suyos cuando empiezan a aparecer los corredores: Tony Martin posa en algunas fotos e ignora a un tipo que le pide un autógrafo. El mismo deje de Rigoberto Urán, que también desestima a dos aficionados. Al último llega a mirarle a la cara, incluso se para, pero continúa adelante. Todo un amago. Un comportamiento muy diferente al del actual campeón de la Vuelta, Juan José Cobo, dicharachero y espontáneo en las fotos. Froome apenas pestañea y no se para, como tampoco hace Valverde, mientras Contador, el más aclamado, se hace paso como puede y un amigo suyo felicita a Dani Moreno. Su líder, Purito, ha sacado un tiempo valioso. “12 segundos más con la bonificación y Froome ya está a 56 segundos”, concreta el aficionado. Dani sonríe. Cerca otros ciclistas pasan desapercibidos. Miran al horizonte, pero también de reojo por si a alguien le apetece tener un detalle suyo. 

sábado, 25 de agosto de 2012

Un rayo llamado Valverde

El murciano, en un final explosivo casi en la línea de meta, deja sin victoria en La  Gallina a Contador, que se veía ganador después de descolgar a Froome


Valverde, superando en los metros finales a Contador y Purito Rodríguez - AFP. 

No es cuestión de memorizar, de entender y de experimentar, que también, sino de clase y de inteligencia, de saber encontrar la información en el lugar idóneo. Eso pensó en La Collada de la Gallina Alejandro Valverde (Las Lumbreras de Monteagudo, 1985), un ciclista explosivo, de raza y sin caretas. “Sabe sacar los vatios que tiene en los últimos metros”, reconoció Purito Rodríguez, guía involuntario de Valverde, atento “a ver qué hacía él porque era quien mejor conocía la subida”. Sabe latín el ciclista murciano, que no respondió de inmediato al ataque de Alberto Contador a un kilómetro del final, un cambio de ritmo que dejó sin respuesta a Chris Froome, vulnerable por una día, y con el que el ciclista de Pinto logró una buena distancia. Insuficiente para que no le alcanzasen Purito y Valverde, al que le sobra clase y se encuentra en un nivel de forma tan bueno que “ni yo mismo lo esperaba”. Porque por Andorra pasó un rayo llamado Valverde, que fintó a Purito, a quien ya le había birlado la victoria en Arrate, para llegar a la última curva por delante y superar justo después a un Contador que se quedó sin aliento y sin la recompensa esperada, pero que respondió a su ligera pájara del día anterior en Jaca. El líder del Saxo Bank sigue tercero, como su posición en La Gallina, a 40 segundos del líder, Purito, con 33 de margen con Froome y 50 con Valverde, referente con todas las de ley del Movistar en una Vuelta a la que se apuntó a poco más de una semana de su inicio y a la que acudió como ayudante de lujo del actual campeón, Juanjo Cobo, que llegó a cinco minutos largos de su compañero. 

Valverde es un tipo perseverante que no se deja arrastrar por la melancolía, por estar 19 meses sin competir por dopaje y, a pesar de los percances, no dejó de luchar una victoria de etapa en el Tour, Peyragudes. Quizás la más simbólica y reivindicativa de su carrera. Tampoco se bloqueó con su caída en Santo Domingo de la Calzada tras un cambio de ritmo en el pelotón del Sky, al que acusó de antideportivos. Ahí Valverde perdió el maillot rojo, que había logrado en Arrate en un gesto de su inconformismo y del despiste total de Purito. Recuperarlo no es una obsesión para el líder del Movistar. O eso se cansa de repetir: “Me sirve otra victoria de etapa”. Quiere evitar los focos. Prefiere surgir como un rayo como en La Gallina. Algo que deberá hacer si quiere coger el tiempo que perderá en la contrarreloj de Cambados-Pontevedra, para dejar atrás a Purito, Contador y Froome. En La Gallina fue el primero en atacar, aunque no tardó en ser neutralizado. Por delante sólo quedaba Meyer, único superviviente de la fuga del día, y luego fue Froome quien lo probó dos veces. En la segunda sólo le pudo seguir Contador. Fue entonces cuando Dani Moreno, gregario de lujo de Purito, acercó a los otros dos favoritos. Los teóricos pretendientes a la victoria final opositaban por la parcial. Contador confiaba en ser él: miró varias veces para atrás, por su izquierda y por su derecha. Tuvo el triunfo a unos metros, pero le sobró un Valverde sorprendido de sí mismo, para suerte del ciclismo y del espectador. 

sábado, 28 de julio de 2012

Entre el mar de dudas triunfa la pericia de Vinokourov

El kazajo anuncia su retirada tras colgarse el oro olímpico despistando a Urán en una prueba de ruta al que le falta el sprint con el que soñaba Cavendish

Vinokourov celebra su triunfo en The Mall - Reuters. 

Es posible que más de un periodista y que la propia BBC tuviesen preparado un buen material de anécdotas y logros preparadas para la ocasión sobre Mark Cavendish, puesto que el actual campeón del mundo en ruta era el gran favorito en dicha prueba, de 250 kilómetros, con nueve vueltas en el circuito de Box Hill y salida y llegada en The Mall (Londres). “Es la cita más importante de mi vida”, había confesado Cavendish, de otro mundo en un sprint masivo. Pero el problema para él y para sus compatriotas, todo un país empujándole, fue que el único sprint útil fue el del bronce y se lo llevó Kristoff. Con el mismo tiempo entraron Alejandro Valverde, 13º, y Luis León Sánchez, 18º, dos murcianos que no se entendieron ni en la carrera ni ante la prensa. “Ha habido entendimiento con Luisle, pero era muy complicado en una carrera así... Le dije que probara a falta de un kilómetro”, dijo Valverde. “Ni él ni yo sabíamos quién tenía que trabajar para quien y al final íbamos fundidos”, argumentó Luisle. Y entre tantas dudas triunfó la pericia de un veterano como Alexander Vinokourov (Petropavlovsk, Kazajstán, 1973), listo y fuerte para responder al ataque de Rigoberto Urán al grupo final a falta de 7'5 kilómetros y perro viejo para ponerse detrás del colombiano cuando éste pretendía ver qué distancia tenían con respecto a sus perseguidores a unos metros del final. Urán, claro, no vio por ningún lado a Vino, habilidoso para escabullirse por la derecha y ganar unos metros decisivos que le bastaron para colgarse su primer oro olímpico, su   penúltimo esfuerzo sobre una bicicleta. El kazajo anunció después su retirada tras la contrarreloj del miércoles, a poco más de un mes de cumplir los 39 y tras una trayectoria de luces y de sombras, las  del dopaje. 

Hasta tres veces ha dicho Vinokourov que lo dejaba. La primera fue en 2007 cuando se retiró para centrarse en su inocencia después de dar positivo en aquella edición del Tour por transfusión homóloga –como su entonces compañero en el Astaná, Kaschechkin–. La federación kazaja sólo le sancionó con un año y no con los dos habituales y Vinokourov festejó que el Tribunal de Arbitraje Deportivo (TAS) le diese la razón ante la UCI y se ahorró una sanción de 1'2 millones de euros.  La segunda vez que Vino pronunció la palabra retirada fue en 2011, bastante después de ser castigado sin competir, cuando tuvo una grave caída en Pas de Peyrol, pero él, capaz de correr incluso con las rodillas destrozas, regresó. Un esfuerzo que ve recompensado con este oro olímpico, tras el que  añadió eso tal sabido, que se retira. 

Con un chándal corto y en camiseta 

A Urán, por contra, le queda una prometedora carrera por delante. Tiene 25 años en su DNI, pero bastantes más en vida por todo lo que le ha tocado sufrir. Sobre todo por el asesinato de su padre, también Rigoberto, abatido por paramilitares en 2001. El pequeño Rigoberto tuvo que ponerse a trabajar vendiendo lotería en la calle como hacía su progenitor y compaginarlo con los estudios y los entrenamientos con la bici para mantener a su madre y a su hermana. Para él el ciclismo era una liberación que había descubierto gracias a su padre. La familia era tan humilde que en la primera carrera que corrió Urán lo tuvo que hacer con una bicicleta prestada por su tío, un chándal corto y una camiseta. Era una contrarreloj y la ganó, por más que nunca hubiese oído hablar de qué era aquello. Le dijeron que pedalease lo más fuerte que pudiese hasta que llegase a un sitio donde hubiese más gente. Y eso hizo: ganó. También lo hizo una semana antes, ya con el culotte que le compró su padre poco antes de morir. Con 17 años se hizo profesional y con 19 años se marchó a  Italia, al Tenax. Después Unibet –con el que sufrió una caída en la Vuelta a Alemania con un parte desolador, codos, muñeca y cuello rotos y que le dejó inmóvil tres meses–, Caisse d'Epargne y el Sky, con el que ha sido el mejor joven en la última edición del Giro. 

¿Y cómo quedó Cavendish? El corredor de la Isla de Man sólo fue 28º y no se preocupó por ganar el segundo sprint, completamente simbólico, en el que le ganaron tanto Greipel como Boonen, que no había acudido al Tour para preparar esta prueba que no acabó como se preveía por el trabajo de la fuga inicial, donde estaba el vizcaíno Castroviejo, y a la que se unió un segundo grupo liderado por Nibali. Después llegarían también Valverde, Luis León o Cancellara, que completó el recorrido como pudo tras irse contra la valla tras tomar una curva y, malherido, es duda para defender su corona olímpica en la contrarreloj. Mientras, Vinokourov sucedió a Samuel Sánchez como el mejor en la prueba de ruta. El kazajo fue el más listo.         

jueves, 19 de julio de 2012

La liberación de Valverde en el Peyragudes

El murciano logra su victoria más épica en el Tour el día que Froome vuelve a poner en evidencia a Wiggins

Valverde aplaude en la línea de meta - AFP.

El ciclismo es pura poesía: se narra desde las entrañas, desde el contraste de unos paisajes generalmente maravillosos y los rostros desencajados de sus protagonistas, que con el tiempo han perdido atuendos, ya no parecen aviadores clásicos ni tampoco corren de noche. Pero hay cosas que no cambian, como la incredulidad de quien pedalea hacia la victoria de etapa. “Pasé miedo en los últimos kilómetros. Pensé que me cogían”, confesó Alejandro Valverde (Las Lumbreras de Monteagudo, 1980), que sólo se creyó que iba a ganar su etapa más épica en el Tour a 500 metros de la meta, poco después de coronar el Peyragudes, tras 35 km escapado en solitario, poco antes de coronar el Port de Balès, y pasarse todo el día entre los fugados. Abrió los brazos el murciano, sin fuerzas para más o quizás para saborear el aire y no dudó en señalar el logo del Movistar, el equipo que quiso esperarle en su larga sanción de 19 meses por su supuesta implicación en la Operación Puerto y aplaudió. Sobrecogido por la emoción y con lágrimas en los ojos, Valverde apenas tenía voz para decir que la victoria iba para el equipo, para su familia, para Xavi Tondo, su amigo y compañero fallecido el año pasado, y para quienes siempre le han apoyado: “Llevo mucho tiempo esperando esta victoria. Es una victoria muy trabajada”. Un triunfo de liberación para un ciclista fino y elegante. Puede que una concesión de Froome, obligado a ser leal al líder Wiggins, pero que al que con su actitud volvió a dejar en evidencia. Froome miró y remiró a Wiggins, aceleró el ritmo y le esperó, una y otra vez, dando a entender, que si no se escapaba e iba a por Valverde por no contradecir las órdenes del Sky. 

Sky es cielo en inglés. Y bien gris estaba cuando Valverde firmó el cuarto triunfo de su carrera -y el segundo español tras el de Luis León en Foix- en su temporada de regreso a la competición después de haberse cuidado, según sus palabras, mejor que nunca. De ser persistente y decirse a sí mismo que volvería para ganar. Es su quinta victoria del curso, la más significativa en un Tour muy duro para él, que luchaba para ocupar una plaza del podio y que se vio relegado a más de diez minutos de Wiggins tras la contrarreloj de Besançon, después de sufrir tres caídas y un pinchazo. Un golpe para Valverde, al que a partir de entonces poco le importó perder más tiempo: tenía entre deja y ceja ganar una etapa. Un triunfo tan grande que “borra todo lo anterior” y que le puede hacer replantearse correr la Vuelta, además de coger moral para los Juegos Olímpicos de Londres, a los que finalmente no llegará Samuel Sánchez, que se retiró hace unos días de un Tour desafortunado para los españoles.   

Valverde –y aquí volvemos a las cosas del ciclismo que nunca cambian ni cambiarán– reconoció haber convencido a Nibali para que abandonase el grupo de escapados, pues de lo contrario el Sky hubiese acabado neutralizándolos para evitar que el italiano se acercase a Wiggins. Del grupo de favoritos tiraría en la recta final el Liquigas de Nibali, que también tenía la ilusión de llevarse la etapa con su ataque final definitivo. Pero el Tiburón se quedó sin aliento ante Wiggins, Froome y compañía, aunque apenas perdió tiempo y, en teoría, su tercer puesto final no peligra. Del quinto al séptimo bajó Zubeldia, superado por primera vez en un Tour que vivió una jornada de liberación para Valverde, que acostumbrado a vencer en los metros finales se trabajó una victoria de principio a fin. 
   

martes, 22 de septiembre de 2009

La liberación de Alejandro Valverde

Valverde brinda con su director, Unzué, por el triunfo en la Vuelta -EFE.



Triunfador en todas las clásicas habidas y por haber, Alejandro Valverde (Las Lumbreras de Monteagudo, Murcia, 1980) aparecía continuamente entre los aspirantes a ganar el Tour y la Vuelta. Condición que nunca acababa de demostrar en la carretera, castigado por un día malo, símbolo inequívoco de su explosividad, la mejor virtud en pruebas cortas, pero el peor defecto en una carrera de tres semanas, que requieren una visión global y no parcial. Así que para ganar la Vuelta, su primera grande, tuvo que ser un estratega y no un agitador, meticuloso en los cálculos y no dejarse llevar por los impulsos. Alcanzó la victoria final sin ganar ni una etapa, circunstancia que no sucedía desde 2001, cuando Ángel Casero hizo lo mismo: “A veces hay que dejar algunas cosas al lado para conseguir otras”. Una apuesta coherente que puede significar un cambio en el papel de Valverde en las pruebas largas. “Me siento liberado. Siempre estaba muy cerca, ahora sé que puedo ganar pruebas de tres semanas”, razonó el murciano, al que acompañaron en el podio definitivo Samuel Sánchez, a 55s y Cadel Evans, a 1m 32s.


La liberación a la que se refirió Valverde es más psicológica que deportiva. Su victoria en la Vuelta refuerza su posición de gran favorito a ganar el Mundial que se disputará en Mendrisio (Suiza) el próximo domingo 27 y una nueva respuesta a sus detractores y/o a quines dudan de que vaya limpio. Nunca ha dado positivo durante su carrera y durante la ronda española ha pasado 18 controles de orina y de sangre, pero pese a ello se le acusa de ser tramposo y otro títere más de la Operación Puerto. En un par de meses el TAS podría sancionarle internacionalmente de la acusación del CONI, que ya inició los trámites para impedir que el murciano corriese la edición de este año del Tour, aprovechando que 120 kilómetros de su recorrido pasaron por Italia. Valverde no pudo estar en Francia y podría no poder correr en ningún sitio. “Prefiero no pensar en ello”, zanjó Valverde. “Espero que con paciencia el tiempo le dé la razón”, suspiró su director en el Caisse d’Épargne, Eusebio Unzué.

Máxima profesionalidad

Las suspicacias sobre su pasado y presente no han destemplado a Valverde, que ha ganado las últimas cuatro pruebas con etapas que ha disputado: la Vuelta a Burgos, la Volta, la Dauphiné Liberé y la Vuelta. “Ahora es un hombre mucho más maduro, aunque ha tenido que aprender a cabezazos. Es el mejor ciclista de los últimos años”, analizó Unzué.

Hombre de pocas palabras y carácter complicado, Valverde es un friolero que no corre sin manguitos en los manillares si la temperatura no alcanza como mínimo los 20 grados y que, según los expertos, tiene la resistencia para poder haber sido un atleta de 1.500 metros. Lo que le había faltado hasta ahora era amplitud de miras y regularidad. En esta edición de la Vuelta convirtió su único día de debilidad en una exhibición: pasó de quedarse colgado en La Pandera a atrapar a sus máximos rivales y sacarles más tiempo. En su momento también le beneficiaron los percances de Evans (pinchazo) y las caídas y despistes de Sánchez, Ezequiel Mosquera (quinto y gran agitador) y Robert Gesink (sexto en la general). En 2006 perdió la Vuelta a favor de Alexander Vinokourov en los dos días clave, la bajada de Monachil y en la subida a Calar Alto. En 2008 su redención llegó en el alto del Caracol, un puerto de segunda categoría que afrontó en la cola del pelotón. Una actitud de exceso de confianza que arruinó sus opciones de ser campeón tras perder 3m 23 s en la llegada a Suances y sacrificando a su equipo, especialmente a Dani Moreno.

“Había ganado en todos los sitios”

“Se había creado entorno a él una imagen fatal, que fallaba siempre”, reconoció su Unzue. “Había ganado en todos los sitios menos en una grande”, aclaró Valverde, el ciclista español con un palmarés más completo, número uno del UCI ProTour en 2006 y 2008, ganador de dos Lieja-Bastogne-Lieja (2006 y 2008) y dos Dauphiné Liberé (2008 y 2009), una Flecha Valona (2006) o una Clásica de San Sebastián (2008), además de un campeonato de España de ruta (2008) y dos subcampeonatos (2004 y 2008). El gran anhelo de Valverde es conseguir una medalla olímpica y un oro en un Mundial (acumula dos platas y un bronce). Y, por supuesto, llegar a París con el maillot amarillo: “Si he ganado la Vuelta, ¿por qué no puedo ganar el Tour?”.

Valverde no tuvo prisa para debutar en el Tour. Hizo acto de presencia en la edición de 2005 con 25 años. Incluso se postuló como el gran incordio de Lance Armstrong, cuando éste iba camino de llegar como campeón a París por séptima vez consecutiva. En una etapa imborrable, en la subida a Courchevel, Valverde se llevó el triunfo en un sprint, codo con codo, con Armstrong, que no dudó en elogiarle: “Me arrebató la etapa con una facilidad pasmosa. He ahí el futuro. Sólo le falta mejorar en la contrarreloj”. Pero sólo tres días después, el 15 de julio, Valverde tendría que abandonar entre lágrimas el Tour por una elongación del tendón rotuliano en la rodilla izquierda, consecuencia de un golpe que se dio en la contrarreloj por equipos: “No tengo palabras para expresar lo que siento. Esto jode mucho”. Tampoco pudo acabar la ronda francesa el año siguiente. Esta vez se cayó el tercer día, a 19 kilómetros de la meta situada en Valkenburg. Se rompió la clavícula y maldijo su sino: “¿Qué he hecho yo? ¿Por qué tanta mala suerte? ¡Es injusto!”.


Una imagen histórica: Valverde gana a Armstrong en el Tour -EFE.


Victoria a posteriori

En 2008 incluso empezó como líder tras otro sprint fantástico en la cuesta de Cadoudal –una edición atípica que no comenzó con el tradicional prólogo– y fue declarado vencedor a posteriori de la etapa con meta en Super-Besse, que ganó en la carretera y perdió tras su positivo por CERA de tercera generación Riccò. Valverde perdió sus opciones en la etapa del Tourmalet, cuando cedió tres minutos largos con respecto a Cadel Evans o Carlos Sastre, triunfador final. El murciano acabó noveno, tres posiciones peor que su mejor clasificación en Francia, el sexto puesto de 2007.
Estrenó su palmarés como corredor profesional el 6 de febrero de 2003 ganando el Trofeo Vuelta a Mallorca tras remontar 1m 52s de desventaja en la última etapa con respecto al líder hasta entonces, Erik Zabel. Valverde ya tenía 17 victorias como aficionado y era una firme promesa del ciclismo español. Una previsión que se comprobó ese mismo año, cuando Valverde quedó tercero en la Vuelta (con dos triunfos de etapa) y logró la medalla de plata en el Mundial de Hamilton (Canadá), donde Astarloa fue oro. Una progresión que continuó en 2004, en el que, por ejemplo, consiguió 10 triunfos en 31 días en primavera. Triunfos como el final en la Vuelta a Murcia y a Valencia.

Valverde es el mejor de su generación. Con 19 años era un amateur destacado cuando Kelme le propuso un contrato por cinco años y la garantía de pasar a ser profesional. Tanto él como su familia aceptaron de buen grado la oferta y al día siguiente de firmar el pacto el murciano se compró un Mercedes. El primer gran capricho de un prodigio que en su primera carrera, en Jumilla y con nueve años, quedó segundo con una MBK azul. Ahora se siente liberado y es el principal candidato para ganar el Mundial de Mendrisio: “Lo importante es que el grupo esté unido”.