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miércoles, 1 de agosto de 2012

Wiggins, un británico de oro

El campeón del Tour se exhibe en la contrarreloj de Londres superando a Tony Martin y a Froome en un día surrealista para Luis León

Wiggins saluda al público con su medalla de oro - Reuters. 

Es un personaje en el sentido amplio de la palabra. Cuentan sus compañeros que Bradley Wiggins (Gante, Bélgica, 1990) es un excelente imitador y un bromista sin remedio, pero que también tiene reacciones extrañas. Tan contundentes como su lucha contra el cronómetro, que volvió a pulverizar al suroeste de su querida Londres, en la contrarreloj con inicio y final en el Hampton Court Palace, un escenario histórico porque fue residencia de Enrique VIII. Una postal ideal para fotografiar a Wiggo como primer británico en colgarse el oro olímpico en ciclismo fuera del velódromo días después de ser el primero en ganar el Tour. Éste es el séptimo metal y el cuarto dorado en unos Juegos Olímpicos para Wiggins, al que seguramente le hubiese gustado desaparecer un rato y ponerse a tocar la guitarra, una afición que le tiene atrapado. Quizás por eso cuando todavía quedaba por llegar Fabian Cancellara, el campeón vigente que rodaba sin opciones de podio lastrado por una caída en la prueba en ruta, Wiggins le dijo al cámara de televisión que se apartase e ignoró a un miembro de su equipo que le ofrecía agua. La aceptó poco después, mientras que Tony Martin, plata a 42 segundos, bebía sentado en el asfalto, a la sombra y con la lengua fuera. Más relajado, Chris Froome, compañero de Wiggins en el Sky, se cambiaba de calzado en uno de los tronos dorados dispuestos por la organización con la toalla encima. Cancellara, ejemplar por querer participar pese a sus molestias, fue séptimo, a 2m 14s, noveno acabó un meritorio Jonathan Castroviejo, a 2m 50s. Por su parte, Luis León Sánchez, que contaba entre los aspirantes al bronce o a estar cerca de él concluyó a 6m 20s, 32º de 37 participantes. Al murciano le pasó de todo. 

Mientras que para Wiggins la contrarreloj supuso convertirse en algo que también le hubiese gustado ser, cantante de rock. Parecía que lo era porque el público rugía y ondeaba la bandera de Gran Bretaña, que hasta ahora nunca había logrado ni una medalla en los Juegos Olímpicos en ciclismo fuera de la pista y de una tacada se llevó dos: el oro de Wiggo y el bronce Froome, tercero en tres de los cuatro parciales. Wiggins marcó los mejores tiempos en todos excepto en el primero, donde le superó Tony Martin–. En ese punto, en el kilómetro 7'3 de los 44, Luis León ya perdía 40 segundos tras su primer contratiempo: se le rompió la cadena... ¡en la rampa de salida! “A la primera media pedalada”, concretó el murciano le cambiaron la bicicleta y después, colmo de la mala suerte, pinchó y los últimos 30 kilómetros fue con un sillín suelto: “No sé qué decir. Venía con toda la ilusión del mundo porque estaba en la mejor forma que había tenido nunca”.  Phinney, Tony Martin y Wiggins doblaron a Luis León Sánchez, que estaba contento después de quedar tercero en la última contrarreloj del Tour. Como entonces la prueba resultó un soliloquio de Wiggo, que se montó en la bici para saludar a un público entregado, rendido a un pionero bien peculiar y que les ha hecho olvidar la decepción de la prueba de ruta, donde Mark Cavendish no cumplió con los pronósticos. Sí lo hizo Wiggins, un británico de oro que redondeó un curso perfecto en que ha ganado el Tour, la París-Niza, el Dauphiné y el Tour de Romandía.  

sábado, 28 de julio de 2012

Entre el mar de dudas triunfa la pericia de Vinokourov

El kazajo anuncia su retirada tras colgarse el oro olímpico despistando a Urán en una prueba de ruta al que le falta el sprint con el que soñaba Cavendish

Vinokourov celebra su triunfo en The Mall - Reuters. 

Es posible que más de un periodista y que la propia BBC tuviesen preparado un buen material de anécdotas y logros preparadas para la ocasión sobre Mark Cavendish, puesto que el actual campeón del mundo en ruta era el gran favorito en dicha prueba, de 250 kilómetros, con nueve vueltas en el circuito de Box Hill y salida y llegada en The Mall (Londres). “Es la cita más importante de mi vida”, había confesado Cavendish, de otro mundo en un sprint masivo. Pero el problema para él y para sus compatriotas, todo un país empujándole, fue que el único sprint útil fue el del bronce y se lo llevó Kristoff. Con el mismo tiempo entraron Alejandro Valverde, 13º, y Luis León Sánchez, 18º, dos murcianos que no se entendieron ni en la carrera ni ante la prensa. “Ha habido entendimiento con Luisle, pero era muy complicado en una carrera así... Le dije que probara a falta de un kilómetro”, dijo Valverde. “Ni él ni yo sabíamos quién tenía que trabajar para quien y al final íbamos fundidos”, argumentó Luisle. Y entre tantas dudas triunfó la pericia de un veterano como Alexander Vinokourov (Petropavlovsk, Kazajstán, 1973), listo y fuerte para responder al ataque de Rigoberto Urán al grupo final a falta de 7'5 kilómetros y perro viejo para ponerse detrás del colombiano cuando éste pretendía ver qué distancia tenían con respecto a sus perseguidores a unos metros del final. Urán, claro, no vio por ningún lado a Vino, habilidoso para escabullirse por la derecha y ganar unos metros decisivos que le bastaron para colgarse su primer oro olímpico, su   penúltimo esfuerzo sobre una bicicleta. El kazajo anunció después su retirada tras la contrarreloj del miércoles, a poco más de un mes de cumplir los 39 y tras una trayectoria de luces y de sombras, las  del dopaje. 

Hasta tres veces ha dicho Vinokourov que lo dejaba. La primera fue en 2007 cuando se retiró para centrarse en su inocencia después de dar positivo en aquella edición del Tour por transfusión homóloga –como su entonces compañero en el Astaná, Kaschechkin–. La federación kazaja sólo le sancionó con un año y no con los dos habituales y Vinokourov festejó que el Tribunal de Arbitraje Deportivo (TAS) le diese la razón ante la UCI y se ahorró una sanción de 1'2 millones de euros.  La segunda vez que Vino pronunció la palabra retirada fue en 2011, bastante después de ser castigado sin competir, cuando tuvo una grave caída en Pas de Peyrol, pero él, capaz de correr incluso con las rodillas destrozas, regresó. Un esfuerzo que ve recompensado con este oro olímpico, tras el que  añadió eso tal sabido, que se retira. 

Con un chándal corto y en camiseta 

A Urán, por contra, le queda una prometedora carrera por delante. Tiene 25 años en su DNI, pero bastantes más en vida por todo lo que le ha tocado sufrir. Sobre todo por el asesinato de su padre, también Rigoberto, abatido por paramilitares en 2001. El pequeño Rigoberto tuvo que ponerse a trabajar vendiendo lotería en la calle como hacía su progenitor y compaginarlo con los estudios y los entrenamientos con la bici para mantener a su madre y a su hermana. Para él el ciclismo era una liberación que había descubierto gracias a su padre. La familia era tan humilde que en la primera carrera que corrió Urán lo tuvo que hacer con una bicicleta prestada por su tío, un chándal corto y una camiseta. Era una contrarreloj y la ganó, por más que nunca hubiese oído hablar de qué era aquello. Le dijeron que pedalease lo más fuerte que pudiese hasta que llegase a un sitio donde hubiese más gente. Y eso hizo: ganó. También lo hizo una semana antes, ya con el culotte que le compró su padre poco antes de morir. Con 17 años se hizo profesional y con 19 años se marchó a  Italia, al Tenax. Después Unibet –con el que sufrió una caída en la Vuelta a Alemania con un parte desolador, codos, muñeca y cuello rotos y que le dejó inmóvil tres meses–, Caisse d'Epargne y el Sky, con el que ha sido el mejor joven en la última edición del Giro. 

¿Y cómo quedó Cavendish? El corredor de la Isla de Man sólo fue 28º y no se preocupó por ganar el segundo sprint, completamente simbólico, en el que le ganaron tanto Greipel como Boonen, que no había acudido al Tour para preparar esta prueba que no acabó como se preveía por el trabajo de la fuga inicial, donde estaba el vizcaíno Castroviejo, y a la que se unió un segundo grupo liderado por Nibali. Después llegarían también Valverde, Luis León o Cancellara, que completó el recorrido como pudo tras irse contra la valla tras tomar una curva y, malherido, es duda para defender su corona olímpica en la contrarreloj. Mientras, Vinokourov sucedió a Samuel Sánchez como el mejor en la prueba de ruta. El kazajo fue el más listo.         

sábado, 21 de julio de 2012

Wiggins saca brillo a su corona en la contrarreloj de Chartres

El líder del Sky logra su segundo etapa en este Tour imponiéndose a Froome y a Luis León 

Wiggins celebra su triunfo en la contrarreloj de Chartres - EFE.

“All right! All right! [¡Todo bien! ¡Todo bien!]”, le gritaba un espectador cuando estaba a punto de llegar al último punto cronometrado, al kilómetro 48 de los 53'5 de la penúltima contrarreloj del Tour. Bradley Wiggins (Gante, Bélgica, 1980) escucha, sabe y siente que está rodando como los ángeles, que su depurada técnica de ex ciclista en pista le acompañan unas piernas finas, pero inagotables. Sólo se descarga, sólo se libera cuando cruza la meta como ganador de etapa y como vencedor virtual de su primer Tour. Entonces agarra con fuerza el manillar y se deja ir con el puño derecho soltando un grito de rabia, que bien sonaba a un “¿todavía pensáis que no soy un digno campeón?”. En Chartres Wiggins sacó brillo a su corona. “Ha logrado el mayor éxito de un deportista británico”, le elogió su compañero Froome, el único que le ha llegado a cuestionar el plan calculado al milímetro del Sky y que dejó en evidencia a su líder en La Toussuire y en Peyragudes. “No tengo problemas ni tensiones con él”, repitió por enésima vez Wiggins, al que estas semanas han torturado también preguntándole sobre dopaje y la ausencia de Contador y Andy Schleck. Se ha sentido un campeón infravalorado y de ahí ese grito, esa actuación tan excepcional en la última contrarreloj –también ganó la de Besançon–: aventajó en 1m 16s al propio Froome, que llegará segundo a París (a 3m 21s). Nibali, a 6m 19s, lo hará como tercero, la posición que ocupó en la etapa Luis León Sánchez, a 1m 50s. El murciano será una baza importante del equipo español en los Juegos Olímpicos, tanto en la contrarreloj como en ruta. 

Por una vez Wiggins estuvo a gusto entre periodistas y se permitió no calcular su discurso, ser más cercano y menos áspero: “Yo soy Bradley Wiggins y la verdad es que no me imaginaba escribir mi nombre junto a elegidos como Eddy Merckx”. Habló de su infancia, de aquel jovenzuelo que tenía la habitación llena de pósters de Indurain y que soñaba con los ojos abiertos en ser campeón en el Tour: “Quería vivir la misma sensación que tuvo el año pasado Evans”. La antítesis de lo que ha vivido en esta edición el australiano, desfondado en la montaña y muy menor en la contrarreloj, doblado incluso por su compañero Van Garderen en la pancarta de los últimos 20 kilómetros, segundos después de que Froome le quitase el mejor tiempo en el segundo sector a Luis León Sánchez, que antes de la aparición de la pareja del Sky se había imaginado, por qué no, festejando su segunda victoria en este Tour. Una prueba en la que el mejor español será Zubeldia, sexto, y en la que la penúltima etapa sólo tuvo emoción por el ganador de la misma hasta que Wiggins pasó por el segundo tramo cronometrado (30'5 km) y le sacó 54 segundos a Froome, mientras la realización mostraba la sonrisa de Luis León, sabedor que no iba a ganar. Al contrario de lo sucedido en las últimas ediciones, resueltas en el último suspiro, la televisión francesa sólo optó una vez por dividir la pantalla en dos para mostrar a Wiggins y a Froome, pero sin tiempos de por medio, sólo para para comparar su posición, la cadencia. El vencedor era un secreto a voces.    

domingo, 15 de julio de 2012

Luis León cumple con su idilio con el Tour

El murciano logra en Foix la cuarta etapa de su carrera en el Tour tras deshacerse del resto de fugados  

Luis León festeja la primera victoria española en el Tour - EFE.
Los imprevistos generan confusión y confundidos estaban Izagirre, Sagan, Casar y Gilbert: se hablaron con la mirada y no se entendieron con las palabras. Ninguno tuvo ni las fuerzas ni la capacidad de reacción para tratar de impedir lo que estaba sucediendo, que a once kilómetros de la meta en Foix el quinto fugado, aquel que acababa de llegar de la mano del propio Gilbert, lanzase un ataque que no fue contestado, un ataque definitivo. Tras probarlo en Le Toussuire y de repetirlo en Le Cap d'Agde, Luis León Sánchez (Mula, Murcia, 1983) cumplió con su idilio con el Tour en su tercera tentativa de esta edición,  escapándose de los escapados para poder disfrutar en solitario de las últimas pedaladas de la que acabó siendo su cuarta victoria en la ronda francesa, tras las de Aurillac (2008), Saint-Girons (2009) y Saint-Flour (2011). Éste es el primer triunfo español en una edición marcada por la sanción a Contador y las caídas de Valverde y Samuel Sánchez, que tuvo que abandonar hace unos días. 

Luis León cumplió con su ritual, con aquel que ha hecho este año para festejar dos etapas en el Tour de Romandía, una en la París-Niza y en la Vuelta a Castilla y León. Con el gesto que hizo tras ser campeón nacional de contrarreloj. En Foix lanzó besos al cielo, se santiguó y volvió a señalar y a dedicar su victoria a su hermano Luis León, fallecido en un accidente de tráfico en 2005. Luis León se lo dedicó a toda su familia en general, “que  siempre nos apoya en todo”, también en un Tour que estaba siendo difícil para él y para su Rabobank, desmantelado por las retiradas, hasta el punto de que “sólo quedamos cuatro” entre los 162 que sobreviven en la prueba. El último en abandonar fue Kiserlovki, el más perjudicado de la patética ocurrencia de algún espectador –o más bien boicoteador del espectáculo– de poner clavos en el camino, en la ascensión al Mur de Péguére. 

Hubo más de 30 pinchazos y Evans acumuló tres. Pidió con insistencia al BMC que le proporcionase una rueda trasera nueva y llegó su compañero Cummings, que también había pinchazo... A Evans le colocaron la de Moinard, pero volvió a pinchar, y luego tuvo problemas con la rueda delantera. Rolland quiso aprovechar la situación para escalar puestos en la clasificación y llegó a tener dos minutos de margen sobre el grupo del líder, Wiggins, y de su Sky, que una vez alcanzado el francés quiso ralentizar el ritmo para que Evans no se viese perjudicado por la bobada de algunos en un día precioso, “redondo” para Luis León, consciente de que en un final al sprint poco o nada tenía que hacer con Sagan, segundo por segundo día consecutivo. Fue sincero el murciano: “Teníamos en mente arrancar de lejos, era la única oportunidad”.  

sábado, 14 de julio de 2012

Greipel devora a Sagan

El alemán empata a tres victorias con el maillot verde, al que supera en la meta por media rueda tras un gran trabajo del Lotto


Greipel celebra su triunfo en la meta - AP. 
Sacudido el Tour por el cambio de ritmo de Froome que dejó paralizado a su líder Wiggins a un suspiro de la meta en La Toussuire y del triunfo de David Millar, un “ex dopado que ha ganado limpio”, la ronda francesa vivió otro final de pirotecnia entre los dos de los corredores más explosivos al sprint: André Greipel (Rostock, Alemania, 1982) y Peter Sagan. Ganó el primero porque supo ponerse a la rueda del tercero, Boasson Hagen, por el que el Sky trabajó a destajo –incluso Wiggins puso su grano de arena para lanzar al noruego en los metros finales–. Ganó el primero, Greipel, porque se decidió antes que Sagan, con el que empata a tres triunfos en esta edición: “Me la he jugado al colocarme en la rueda de Hagen. Sé que es muy fuerte y que era una llegada muy ventajosa para él. Además, he visto que Wiggins le llevaba al sprint, así que he seguido con la idea que tenía. He tenido buen ojo”. No estaba en esa lucha Mark Cavendish, falto de forma este año, aunque es el actual campeón del mundo en ruta y el ciclista en activo que atesora más victorias en el Tour (21). 

Cavendish llegó a ocho minutos largos de un Greipel que no desaprovechó la ocasión que le brindaron sus compañeros del Lotto, inmensos para tirar del grupo de favoritos para desbaratar el sueño de Vinokourov y Albasini, los penúltimos en probar suerte. Tras alcanzar 22 segundos de renta, fueron alcanzados a 2'6 kilómetros del final y se apartaron a la derecha como hizo Luis León Sánchez, que atacó 300 metros después, aunque no encontró fuerzas para llegar primero a la meta. El objetivo del grupo de los siete escapados del día –entre los que estaba de nuevo el navarro Urtasun, que rozó la victoria en San Quintín, donde se impuso, cómo no, Greipel– y a los que se incorporó Morkov. El danés atacó, se lanzó a la aventura de pedalear en solitario, que por algo es el que acumula más kilómetros en fuga en este Tour: Morkov es el más combativo y la organización ya se lo ha reconocido dos veces. 

Cazado Morkov, lo intentó Evans con van Den Broeck, cuarto y quinto clasificados. El australiano busca su momento para tratar de estirar sus últimas opciones de revalidar la corona y de perder mucho tiempo más de tres minutos en la contrarreloj y en la etapa de La Toussuire. Van Der Broeck, por su parte, pretendía acercarse al podio de París. Pero ni uno ni otro tenía una historia tan redonda como uno de los fugados iniciales: Jimmy Engoulvent, otro francés extramotivado un 14 de julio, fecha clave en la historia de su país. De haberse mantenido fugado hasta el final, de haber cruzado  el primero la línea de meta tras coronar el Mont Saint Clair, de tercera categoría, Jimmy hubiese hecho un guiño a la expresión “los últimos serán los primeros”, fue fue el farolillo rojo la novena y la décima etapa. Pero su sueño se esfumó rápido y Greipel, gracias al trabajo del Lotto –“éste es el mejor grupo de compañeros que he tenido nunca”, reconoció, después de abrazarles uno a uno–, se llevó la gloria. Le sacó media rueda a Sagan, el primer agitador de un Tour que sigue liderando Wiggins gracias a que el Sky obligó a Froome en su famoso cambio de ritmo. El líder ya está decidido, por mucho que la carretera surjan dudas.