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sábado, 28 de julio de 2012

Entre el mar de dudas triunfa la pericia de Vinokourov

El kazajo anuncia su retirada tras colgarse el oro olímpico despistando a Urán en una prueba de ruta al que le falta el sprint con el que soñaba Cavendish

Vinokourov celebra su triunfo en The Mall - Reuters. 

Es posible que más de un periodista y que la propia BBC tuviesen preparado un buen material de anécdotas y logros preparadas para la ocasión sobre Mark Cavendish, puesto que el actual campeón del mundo en ruta era el gran favorito en dicha prueba, de 250 kilómetros, con nueve vueltas en el circuito de Box Hill y salida y llegada en The Mall (Londres). “Es la cita más importante de mi vida”, había confesado Cavendish, de otro mundo en un sprint masivo. Pero el problema para él y para sus compatriotas, todo un país empujándole, fue que el único sprint útil fue el del bronce y se lo llevó Kristoff. Con el mismo tiempo entraron Alejandro Valverde, 13º, y Luis León Sánchez, 18º, dos murcianos que no se entendieron ni en la carrera ni ante la prensa. “Ha habido entendimiento con Luisle, pero era muy complicado en una carrera así... Le dije que probara a falta de un kilómetro”, dijo Valverde. “Ni él ni yo sabíamos quién tenía que trabajar para quien y al final íbamos fundidos”, argumentó Luisle. Y entre tantas dudas triunfó la pericia de un veterano como Alexander Vinokourov (Petropavlovsk, Kazajstán, 1973), listo y fuerte para responder al ataque de Rigoberto Urán al grupo final a falta de 7'5 kilómetros y perro viejo para ponerse detrás del colombiano cuando éste pretendía ver qué distancia tenían con respecto a sus perseguidores a unos metros del final. Urán, claro, no vio por ningún lado a Vino, habilidoso para escabullirse por la derecha y ganar unos metros decisivos que le bastaron para colgarse su primer oro olímpico, su   penúltimo esfuerzo sobre una bicicleta. El kazajo anunció después su retirada tras la contrarreloj del miércoles, a poco más de un mes de cumplir los 39 y tras una trayectoria de luces y de sombras, las  del dopaje. 

Hasta tres veces ha dicho Vinokourov que lo dejaba. La primera fue en 2007 cuando se retiró para centrarse en su inocencia después de dar positivo en aquella edición del Tour por transfusión homóloga –como su entonces compañero en el Astaná, Kaschechkin–. La federación kazaja sólo le sancionó con un año y no con los dos habituales y Vinokourov festejó que el Tribunal de Arbitraje Deportivo (TAS) le diese la razón ante la UCI y se ahorró una sanción de 1'2 millones de euros.  La segunda vez que Vino pronunció la palabra retirada fue en 2011, bastante después de ser castigado sin competir, cuando tuvo una grave caída en Pas de Peyrol, pero él, capaz de correr incluso con las rodillas destrozas, regresó. Un esfuerzo que ve recompensado con este oro olímpico, tras el que  añadió eso tal sabido, que se retira. 

Con un chándal corto y en camiseta 

A Urán, por contra, le queda una prometedora carrera por delante. Tiene 25 años en su DNI, pero bastantes más en vida por todo lo que le ha tocado sufrir. Sobre todo por el asesinato de su padre, también Rigoberto, abatido por paramilitares en 2001. El pequeño Rigoberto tuvo que ponerse a trabajar vendiendo lotería en la calle como hacía su progenitor y compaginarlo con los estudios y los entrenamientos con la bici para mantener a su madre y a su hermana. Para él el ciclismo era una liberación que había descubierto gracias a su padre. La familia era tan humilde que en la primera carrera que corrió Urán lo tuvo que hacer con una bicicleta prestada por su tío, un chándal corto y una camiseta. Era una contrarreloj y la ganó, por más que nunca hubiese oído hablar de qué era aquello. Le dijeron que pedalease lo más fuerte que pudiese hasta que llegase a un sitio donde hubiese más gente. Y eso hizo: ganó. También lo hizo una semana antes, ya con el culotte que le compró su padre poco antes de morir. Con 17 años se hizo profesional y con 19 años se marchó a  Italia, al Tenax. Después Unibet –con el que sufrió una caída en la Vuelta a Alemania con un parte desolador, codos, muñeca y cuello rotos y que le dejó inmóvil tres meses–, Caisse d'Epargne y el Sky, con el que ha sido el mejor joven en la última edición del Giro. 

¿Y cómo quedó Cavendish? El corredor de la Isla de Man sólo fue 28º y no se preocupó por ganar el segundo sprint, completamente simbólico, en el que le ganaron tanto Greipel como Boonen, que no había acudido al Tour para preparar esta prueba que no acabó como se preveía por el trabajo de la fuga inicial, donde estaba el vizcaíno Castroviejo, y a la que se unió un segundo grupo liderado por Nibali. Después llegarían también Valverde, Luis León o Cancellara, que completó el recorrido como pudo tras irse contra la valla tras tomar una curva y, malherido, es duda para defender su corona olímpica en la contrarreloj. Mientras, Vinokourov sucedió a Samuel Sánchez como el mejor en la prueba de ruta. El kazajo fue el más listo.         

domingo, 22 de julio de 2012

Cavendish se mimetiza con los Campos Elíseos

El británico se lleva la última etapa del Tour por cuarto año consecutivo y se convierte en el primero en hacerlo con el maillot arco iris

Cavendish señala con su mano el número de victorias logradas el última día del Tour - Reuters.

Como excelente sprinter, el mejor de los últimos años, Mark Cavendish cuestiona el espacio y el tiempo. Dos días antes en Brive la Gaillarde surgió por detrás como un ciclón para ir sorteando rivales y superarlos con una potencia inverosímil, con la velocidad de una bala. Entonces Cavendish festejó su segundo triunfo en este Tour, que quiso cerrar con otro triunfo, su cuarto consecutivo en los Campos Elíseos y el primero que logra un ciclista con el maillot arco iris. Una prenda que sólo puede llevar el campeón mundial actual en la prueba de ruta. Esta vez Cavendish no quiso ponerle tanta incertidumbre al asunto y fue más directo: trazó la curva final solo “para salir acelerando”, para que Goss sacase la bandera blanca en los metros finales y Sagan, el debutante que como Cavendish y Greipel ha conseguido tres triunfos además del maillot verde de la regularidad, tuvo que conformarse con el segundo puesto. 

Resultó un triunfo con sello colectivo. El Sky controló las tradicionales fugas –en general balas de fogueo– en los Campos Elíseos, arrebatos en grupo que apenas sacan unos segundos, por más que, entre otros, Voigt, Minard y Rui Costa se propusiesen que no fuese así. Cada uno de los miembros del Sky trabajó para preparar el terreno a Cavendsh: Rogers, Froome y quien le dio el último empujón fue el propio líder y vencedor del Tour, Wiggins, al que no se le cayeron los anillos para lanzar a su compañero. “Hemos trabajado mucho para este triunfo. Es de todos, también del maillot amarillo, que me ha ayudado. Es una victoria muy emotiva que nunca olvidaré”, concedió Cavendish, sonriente cuando le preguntaron por los Juegos Olímpicos de Londres: “Llevo todo el año preparándome. Creo que estoy en un gran momento”. Allí volverá a tener a su lado a Wiggins, vencedor de dos etapas de las seis que se ha llevado el Sky en la ronda francesa. Otra se la llevó Froome y Cavendish, mimetizado con los Campos Elíseos, alcanzó tres, como Sagan y Greipel. 

sábado, 14 de julio de 2012

Greipel devora a Sagan

El alemán empata a tres victorias con el maillot verde, al que supera en la meta por media rueda tras un gran trabajo del Lotto


Greipel celebra su triunfo en la meta - AP. 
Sacudido el Tour por el cambio de ritmo de Froome que dejó paralizado a su líder Wiggins a un suspiro de la meta en La Toussuire y del triunfo de David Millar, un “ex dopado que ha ganado limpio”, la ronda francesa vivió otro final de pirotecnia entre los dos de los corredores más explosivos al sprint: André Greipel (Rostock, Alemania, 1982) y Peter Sagan. Ganó el primero porque supo ponerse a la rueda del tercero, Boasson Hagen, por el que el Sky trabajó a destajo –incluso Wiggins puso su grano de arena para lanzar al noruego en los metros finales–. Ganó el primero, Greipel, porque se decidió antes que Sagan, con el que empata a tres triunfos en esta edición: “Me la he jugado al colocarme en la rueda de Hagen. Sé que es muy fuerte y que era una llegada muy ventajosa para él. Además, he visto que Wiggins le llevaba al sprint, así que he seguido con la idea que tenía. He tenido buen ojo”. No estaba en esa lucha Mark Cavendish, falto de forma este año, aunque es el actual campeón del mundo en ruta y el ciclista en activo que atesora más victorias en el Tour (21). 

Cavendish llegó a ocho minutos largos de un Greipel que no desaprovechó la ocasión que le brindaron sus compañeros del Lotto, inmensos para tirar del grupo de favoritos para desbaratar el sueño de Vinokourov y Albasini, los penúltimos en probar suerte. Tras alcanzar 22 segundos de renta, fueron alcanzados a 2'6 kilómetros del final y se apartaron a la derecha como hizo Luis León Sánchez, que atacó 300 metros después, aunque no encontró fuerzas para llegar primero a la meta. El objetivo del grupo de los siete escapados del día –entre los que estaba de nuevo el navarro Urtasun, que rozó la victoria en San Quintín, donde se impuso, cómo no, Greipel– y a los que se incorporó Morkov. El danés atacó, se lanzó a la aventura de pedalear en solitario, que por algo es el que acumula más kilómetros en fuga en este Tour: Morkov es el más combativo y la organización ya se lo ha reconocido dos veces. 

Cazado Morkov, lo intentó Evans con van Den Broeck, cuarto y quinto clasificados. El australiano busca su momento para tratar de estirar sus últimas opciones de revalidar la corona y de perder mucho tiempo más de tres minutos en la contrarreloj y en la etapa de La Toussuire. Van Der Broeck, por su parte, pretendía acercarse al podio de París. Pero ni uno ni otro tenía una historia tan redonda como uno de los fugados iniciales: Jimmy Engoulvent, otro francés extramotivado un 14 de julio, fecha clave en la historia de su país. De haberse mantenido fugado hasta el final, de haber cruzado  el primero la línea de meta tras coronar el Mont Saint Clair, de tercera categoría, Jimmy hubiese hecho un guiño a la expresión “los últimos serán los primeros”, fue fue el farolillo rojo la novena y la décima etapa. Pero su sueño se esfumó rápido y Greipel, gracias al trabajo del Lotto –“éste es el mejor grupo de compañeros que he tenido nunca”, reconoció, después de abrazarles uno a uno–, se llevó la gloria. Le sacó media rueda a Sagan, el primer agitador de un Tour que sigue liderando Wiggins gracias a que el Sky obligó a Froome en su famoso cambio de ritmo. El líder ya está decidido, por mucho que la carretera surjan dudas.   

domingo, 24 de julio de 2011

Cavendish se lleva su quinta victoria para despedir un Tour marcado por las caídas

Cavenvish celebra su victoria en los Campos Elíseos -EFE.

Un final tranquilo, lógico con el quinto triunfo de Mark Cavendish al esprint, para el Tour con más caídas, accidentes y más líneas de parte médico de los últimos años. Una edición ganada por primera vez por un australiano, Cadel Evans, que con 34 años y cinco meses  -el más veterano desde 1922, cuando Henri Pélissier venció con un mes más- se llevó un triunfo por el que llevaba luchando desde que se enamoró del Tour gracias a los éxitos de Miguel Indurain. "Hay personas que han confiado en mí", relató Evans, "y yo también". Quizás le subestimaron los dos hermanos que le acompañaron en el podio de París, los Schelck. Andy y Franck se centraron en Alberto Contador y se olvidaron de Evans, corredor que empezó destacando en mountain bike antes de aterrizar en el Saeco, donde conoció a su preparador físico, Aldo Sassi, vencido por el cáncer en diciembre del año pasado. Evans confesó que no había tenido tiempo para reflexionar sobre qué significaba para él ganar el Tour, pero se lo agradeció a los que han sido agradecido con él y se emocionó con el precioso Advance Australia fair. El himno de su país interpretado a capela por una cantante. 

Evans estuvo tan generoso en gestos -sus compañeros del BMC le abrazaron a la vez- en la celebración como luchador durante la carrera, en la que fue un auténtico resistente y no dudó en vaciarse hasta el final para rebañar algunos segunditos, como en Gap cuando le sacó tres segundos a Contador. Sólo se sintió ganador "hasta los dos, tres o cuatro kilómetros finales" de la contrarreloj de Grenoble. Una tortura para Andy y para el resto de no especialistas. Ahí entra Jeremy Roy, nombrado (con total merecimiento) ciclista más combativo de esta edición y al que tras cruzar el Aubisque le faltaron fuerzas para llegar primero a Lourdes. Una etapa en la que venció Hushvod, que como su compatriota Edvald Boasson Hagen pretendía alcanzar su tercera victoria en este Tour como homenaje a las víctimas de los atentados de su país, Noruega. Ni uno ni otro tuvieron opciones, pues en el último kilómetro surgió del pelotón el HTC para servir en bandeja a Cavendish otro triunfo más. El de la Isla de Man, puro rodillo, le sacó una bicileta entera de margen al segundo, el propio Hagen, y confirmó su primer maillot verde de la regularidad tras ser repescado en las dos últimas etapas de los Alpes, en el Galibier y en el Alpe d'Huez. El español José Joaquín Rojas fue segundo.

Esfuerzos en vano

Se cumplió con la tradición en los Campos Elíseos: fugas poco claras y etapa decisida al esprint. Seis corredores duraron en la escapada más larga y cruzaron juntos la línea de meta en la última de las nueve vueltas al circuito tras el toque de campana habitual. El Quick Step se puso manos a la obra para alcanzarles, mientras Swift y Back, dos de los fugados, apuraban sus pocos opciones de éxitos exprimiéndose al máximo. Carlos Barredo también intentó atacar. Esfuerzos en vano, simple previa para el acelerón de Cavendish: "Hemos permitido que otros equipos alcanzaron a los escapados para nosotros llegar frescos al final". 

Fresco y contento apareció en el podio junto a sus hijos Samuel Sánchez, maillot de puntos rojos que le distingue como el mejor de la montaña. Y justo después hizo acto de presencia Pierre Rolland, el mejor joven, quien le privó del triunfo en el Alpe d'Huez a él y a Contador, lejos de los focos de los homenajeados en su Tour más complicado tras un Giro mayúsculo.