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sábado, 20 de julio de 2013

Nairo Quintana, la efervescencia de un debutante protagonista

El ciclista del Movistar vence en Annecy-Semnoz y llegará a los Campos Elíseos como maillot blanco y de la montaña y segundo en la general, puesto que le arrebata a Contador, cuarto y superado también por Purito en un Tour ganado por Froome   



Rodeado por un círculo de personas, pidió espacio. Espacio para coger aire, beber un poco y saborear una victoria muy estudiada. Por un día, Nairo Quintana (Cómbita, Colombia, 1990) había sido cauto y reservado, nada que ver con su comportamiento en Pailhères, Mont Ventoux o Aple d'Huex, donde fue un ciclista desatado. En la penúltima etapa de su primer Tour el ciclista del Movistar gestionó el tiempo a su antojo, como un buen base. Primero respondió a Purito Rodríguez cuando éste, en la subida al puerto de Annecy-Semnoz y después de coger al último escapado de la jornada –el eterno Voigt–, definió el podio en París dejando con la lengua fuera y como gran derrotado a Alberto Contador –finalmente cuarto–. Y después, a Froome, que buscó su cuarto triunfo con un ataque seco al que el ciclista colombiano contestó con frialdad y casi sin esfuerzo. Quintana se reservó la traca final para los últimos metros, que recorrió en solitario. Un broche de oro para Quintana, un debutante efervescente y protagonista, que al maillot blanco como mejor joven que ya tenía más que asegurado sumó el de la montaña y el segundo puesto en la general. Muchas alegrías en la jornada más emotiva para su país, que conmemoraba el 203º aniversario de su independencia: “Es un día muy especial para Colombia. Este triunfo está dedicado para todos los colombianos, que en este momento me están viendo. A mi padre, a mi madre, mi novia, mis hermanos, a todos mis amigos que me han ayudado de muchas maneras. Un saludo a toda Tunja, Cómbita, Boyacá y Colombia”. Aunque del primero que se acordó fue de José Luis Arrieta, “el mejor director que he tenido” y al que felicitó por clavar el plan: “Sucedió todo según lo previsto”.

El Movistar ha sido el equipo más combativo y el que más salsa ha dado en un Tour en el que ha sabido recomponerse y replantear su planteamiento inicial. En Saint Amand Montrond perdió la opción de podio para el líder previsto, Alejandro Valverde –al murciano se le rompió una rueda entre los abanicos– y la clasificación por equipos, pues varios compañeros fueron sacrificados para sacar a Valverde del apuro –sin éxito, entre otras cosas, por la aceleración del Belkin de Mollema–. Ese día uno de los sacrificados fue Rui Costa –renunció al Top 10, pero se resarció después ganando en Gap y Le Grand Bornard– y Quintana pasó a ser el líder del equipo. Mensaje claro: ya no tienes ataduras, Nairo.

La acción despreciable de Rolland

Con carta blanca, Quintana ha sido todavía más grande e incluso compitió en el Mont Ventoux con Froome, al que sí doblegó en Annecy-Semnoz, llevándose una etapa que comenzó con un ataque en los primeros metros de Rolland. El francés –al que después se le añadieron varios corredores, entre ellos, el incansable Flecha– soñaba con el maillot de la montaña, del que solo le separaba un punto con respecto a Froome. Rolland se volvió a ganar la admiración del espectador por su osadía, una simpatía que perdió en la coronación al Col de Leschaux, cuando empujó a Igor Antón hacia el público para impedir que pasase primero y se llevase la máxima puntuación. Pero el ciclista del Euskaltel pudo mantener el equilibrio para llevarse esos dos puntos –Rolland sumó otro– y reaccionó con frialdad o, mejor dicho, deportividad ante una acción tan despreciable: le dio un golpecito en la espalda casi paternal.

Voigt, en cabeza

Poco después, Voigt se quedó solo en cabeza y Antón probó de todas las formas posibles alcanzarle sin éxito, mientras el pelotón iba neutralizando al resto de escapados y tanto Evans como Andy Schleck se quedaban petrificados. El primero antes de empezar el puerto de categoría especial, el segundo, tras un arrebato del Sky, que cogió el testigo del Movistar, que en todo momento había mantenido las diferencias con los escapados. Una desventaja que nunca alcanzó los cuatro minutos y casi siempre se mantuvo en el minuto, minuto y poco. Minucias.

Cortado Mollena, Valverde quiso hacer una selección todavía más profunda con otro cambio de ritmo que dejó sin fuerzas a Kreuziger, eliminado tras otro arreón de Porte. Entonces fue el turno de Purito, inmenso en el tramo final del Tour, y al que solo pudieron seguir Quintana y Froome, que apartó a un espectador que parecía querer oír las pulsaciones del ganador de la prueba de lo cerca de que se le puso al británico. Mientras Contador, fundido, iba a su ritmo y se refrescaba el cuello con una botella del agua, consciente que el podio era ya una quimera y que por delante rodaban los tres más fuertes. De ese grupo siempre tiró Purito, hasta que Froome se marcó un ataque estéril ante Quintana, que replicó con suma tranquilidad. Quizás el británico se marcó un farol, pues tampoco pudo disputarle la segunda plaza de la etapa a Purito. Eso sí, Froome sonrió de alivio tras cruzar la línea de meta y Quintana mostró después a los periodistas una medalla que le regaló su compatriota Mauricio Soler, al que sustituyó en el Movistar, y que tuvo que retirarse del ciclismo tras un grave accidente en la Vuelta a Suiza en 2011 que a punto estuvo de costarle la vida. “Este triunfo también es para Mauricio”, dijo. Sí, Quintana también es detallista.     

domingo, 14 de julio de 2013

Froome incendia el Mont Ventoux

El líder del Sky deja sin respuesta a Contador y se deshace de Quintana, el único en replicarle en la montaña

Froome celebra la victoria en el Mont Ventoux - EFE. 
Quizás fueron un par de consultas de cortesía, respeto y admiración. Cuando Chris Froome (Nairobi, Kenia, 1985) miró varias veces fijamente, izquierda y derecha, a Alberto Contador es posible que le estuviese desafiando en plena subida al Mont Ventoux: “¿Atacas?”. Que quisiese ver cómo uno de sus grandes rivales respiraba y cogía aire después de que Kennaugh hubiese eliminado a varios del grupo de supervivientes. O que fuese una advertencia: “Cuidado, el ataque es cuestión de tiempo”. Froome no se anduvo con rodeos y quiso destrozar a Contador, el único contrincante que había replicado después al ritmo torturador de Porte. Impasible, el ciclista británico aceleró con parsimonia y volvió a mirar hacia atrás para comprobar que, en efecto, Contador era incapaz de seguirle. Froome era un molinillo humano y tenía hambre de victoria. Le importaba ese momento de gloria, no tanto casi sentenciar el Tour. Sabía que por delante tenía a Nieve y a Nairo Quintana, otro que como él apenas gesticula con el dolor y que sin torcer el gesto había en el primer cuarto de Mont Ventoux. Froome deboró al ciclista del Euskatel y pareció jugar con el colombiano, al que alcanzó, sacó de punto y dejó incorporarse, antes de arrancar definitivamente a cuatro kilómetros de coronar el mítico puerto. Froome, a quien nadie frena y que tanto sufrió el año pasado por tener que acatar que su compañero Wiggins era el líder impuesto, no se permitió ni un descanso hasta el final. Apuró tanto que solo festejó la victoria en la misma línea de meta –señalando el nombre de Sky, el patrocinador del equipo y levantando la otra mano– para sacar la máxima ventaja en la corona del Mont Ventoux, territorio, entre otros, de Pantani, Virenque, Merckx, Poulidor o Charly Gaul. Le sacó 29 segundos a Quintana, 1m 23s a Nieve y Purito Rodríguez y 1m 40s a Contador, que sigue tercero, pero ya a 4m 25s -“el camino a París es muy largo, pero la diferencia es muy, muy grande”-. A 4m 14s está el sorprendente Mollema.

“No le podíamos dejar coger minutos”, dijo Froome sobre Quintana, el debutante sobre el que había dicho que no había que dejarle ni un centímetro y al que, visto lo visto, es el único con autoridad para replicarle. Aunque el colombiano ocupa es sexto -“he llegado vacío, nunca había hecho tal esfuerzo”- a 5m 47s, ya tiene carta blanca en el Movistar tras la jugarreta a Valverde en Saint Amand Montrond cuando rompió una rueda y perdió casi 10 minutos el viernes cuando iba segundo y Froome le señalaba como referencia: “Voy a su rueda”. Valverde coronó el Mont Ventoux a 2m 32s y superó en la clasificación –es 15º– a dos ganadores del Tour que quedaron a años luz de Froome: Andy Schleck (2010, tras la sanción a Contador) se quedó colgado al inicio del puerto y cedió ¡10m 42s con el vencedor! Y Evans (2011), 8m 45s. La pregunta es obvia: ¿cuánto le hubiera sacado al de 2012? ¿Cuánto le hubiese rebañado a Wiggins?

lunes, 3 de septiembre de 2012

Purito contraataca en la coronación de Cataldo en el Cuitu Negru

El líder de la Vuelta vuelve a resistir los picotazos de Contador y le saca seis segundos más en la meta el día del desplome definitivo de Froome 

Purito, a punto de cruzar la línea de meta, seguido por Contador - EFE. 

Las oportunidades se merecen en la bicicleta, donde no hay regalos, salvo los contratiempos humanos –el ya no puedo más– y los problemas técnicos –los pinchazos, caídas o salidas de cadena–. Bien lo sabe Purito Rodríguez, que no sólo aguanta los picotazos de Alberto Contador, esta vez en el inédito ascenso al Cuitu Negru, sino que es capaz de contraatacar y sacarle seis segundos más, cuatro por la bonificación como tercer clasificado de una etapa que coronó al italiano Dario Cataldo, tan exhausto que apenas pudo girar la cabeza para asegurarse que no estaba cerca Thomas de Gendt, su inseparable compañero de fuga que le había dicho que “era más o menos imposible” su propósito en común después de escuchar  por el pinganillo cómo era de endiablado el ritmo de Saxo Bank y Euskaltel. Se equivocó el belga para suerte de Cataldo, al que el último kilómetro se le hizo eterno y que acabó tan deshecho que su  celebración consistió en mover el puño, colocarse las gafas y los brazos a la altura del cuello. Agarrado al manillar y a más de cinco minutos del vencedor llegó Chris Froome, roto por completo a 2m 46s de la última plaza del podio, que atesora Alejandro Valverde, y a 4m 52s del líder, Purito, que aventaja a Contador en 28s y en 2m 04s al murciano antes de la segunda y última etapa de descanso.

Sabe Purito que tiene la carrera donde había soñado y en el punto donde se la ha merecido tener. Está siendo el mejor y ya se viste con los maillots de la combinada, la regularidad y de la general. Sólo se le resiste el de la montaña, aunque Simon Clarke no puede despistarse, ya que le saca sólo dos puntos. El premio al más combativo de la jornada fue para Cataldo, que vive una temporada feliz, ya que a su extraordinario triunfo en Cuitu Negru suma el título de contrarreloj de su país. Nada paró al italiano, constante para pelearse como un jabato domando la bici con rampas de hasta el 24%. El contexto donde Contador quiso dejar atrás a Purito, a quien había visto rodar detrás en La Cobertoria y al que fue a observar: “Siempre quieres ver cómo está cada uno”. Piensa Contador que cualquier información extra es de utilidad y anhela un día de perros, “de lluvia” a poder ser. Un deseo que Purito ve como pesadilla: “Que se deje de rollos, que bastante bien nos va. Estamos teniendo suerte con el tiempo”.

Contador dijo estar satisfecho con el rendimiento de su equipo, el Saxo Bank –protagonista de nuevo de otra selección notable con David Navarro, Majka o Jesús Hernández como torturadores– y de él mismo, que no pudo descolgar al líder, pero que vio cómo Valverde cedía en cada uno de sus ataques –Nairo Quintana rescató al exponente del Movistar– y se tranquilizó comprobando que Froome, después del Tour y de los Juegos, no está para mucho más. Hasta cinco veces lo probó Contador y tras la última contraatacó, poderoso, Purito, capaz de no sólo no ceder, sino de coger más colchón. Un líder con mayúsculas.

domingo, 2 de septiembre de 2012

Antonio Piedra se hace visible en los Lagos de Covadonga

Primera gran victoria del corredor del Caja Rural en una etapa marcada por los ataques de Contador, que entra en la meta junto a Purito y Valverde, pero pone tierra de por medio con Froome

Valverde se impone en la meta a Purito y Contador - EFE.

El motor del ciclismo son las piernas, la mente y el corazón, pero son el pinganillo y las necesidades de los líderes de equipo las que marcan la mayor parte del guión previsto para los gregarios. Éste es un deporte de jugadas maestras, que suelen hacer aquellos sin los que los favoritos no serían nadie. Jugadas como la del Saxo Bank en la ascensión a los Lagos de Covadonga. Hasta entonces había dejado el control de la etapa al Katusha del líder, Purito Rodríguez. Hasta que se escaparon David Navarro, Jesús Hernández y Rafal Majka, y otro Movistar, Nairo Quintana, en este caso para ser de ayuda para Alejandro Valverde. El murciano fue de nuevo el primero en atacar, aunque lo hizo en La Huesera, el lugar equivocado. Contador lo probó después. Valiente, pero sin la lucidez que le caracteriza –“no me encontré del todo bien. Me falta el punto que te da la competición”– el ciclista de Pinto comprobó que, definitivamente, Purito es su sombra. El líder de la Vuelta apretó los dientes y replicó con contundencia los ataques –sin la continuidad necesaria, lo que permitió a Valverde recuperarse– de Contador, que podría tener otra oportunidad este lunes en Pajares y Cuitu Negru, escenarios donde pretenderá alejar más a Chis Froome, descolgado tras el primer gran arreón en el pelotón, y que ya está a 2m 16s del líder y cede ante Valverde 35s, el tiempo que perdió en una etapa que se llevó Antonio Piedra (Sevilla, 1985), al que no le cabía la sonrisa en la cara y que se olvidó del ritual de los ganadores de la jornada y de los que reciben los maillots de la diferentes categorías. Él sí se llevó el ramo de flores en vez de lanzárselo al público. 

Piedra tiene apellido de jornalero. Es un picapedrero más en esto del ciclismo. Alguien que es profesional desde 2007, cuando corría en el Fuenteventura-Canarias. El curso siguiente fichó por el Andalucía, donde estuvo hasta el año pasado. Según ha reconocido alguna vez el ciclista sevillano, ahí se estancó y en la oferta del Caja Rural, equipo invitado por la organización, vio una oportunidad de dar un paso adelante. Le salió bien bien la decisión, pues en mayo Piedra ganó en Noruega la Rogaland GP y ahora se ha impuesto en los Lagos de Covadonga. Dijo que tenía buenas sensaciones, que por eso probó suerte en la escapada del día y después dejó atrás a sus acompañantes para pelearse en solitario para el triunfo más grande de su vida deportiva: “Esto compensa los días y momentos malos”. 

A casi diez minutos del vencedor llegaron los tres favoritos después de los intentos infructuosos de Contador por arrebatarle el maillot rojo a Purito y distanciarse más de Valverde, constante en una Vuelta que no tenía en su calendario y en la que “firmaría” lo que tiene, un puesto en el podio. En Lagos de Covadonga, una tortura que desconocía, se impuso al esprint a sus dos rivales, que después se intercambiaron elogios. “Joaquim está más fuerte que nunca”, dijo Contador de Purito, que le devolvió el guante: “Lleva la carrera como quiere, a ver si tiene un día malo”. 

sábado, 1 de septiembre de 2012

Purito no tiene límites

El corredor del Katusha logra su tercera victoria en Ancares superando a Contador para consolidar su liderato en la Vuelta

Contador y Purito durante la etapa - EFE. 

Deja sin argumentos a aquellos que le achacaban que no tenía piernas para puertos largos y no disponía de la suficiente frialdad para controlar sus impulsos y hacerle caso a la cabeza. Purito Rodríguez (Parets del Vallès, 1979) está en su punto para una carrera de tres semanas. Si a finales de mayo sólo cedió el Giro ante el Hesjedal el penúltimo día, en la contrarreloj. Un obstáculo que solventó con nota en la Vuelta, donde conservó el maillot rojo de líder por un segundo sobre Alberto Contador. Dos triunfos después, en el Mirador del Ézaro y ahora en Ancares, Purito acumula tres victorias en total –había vencido antes en Jaca– y 22 segundos de margen sobre el líder de un Saxo Bank enfurecido que, con Majka como rompepiernas, dinamitó la etapa en la subida a Ancares y frustró el sueño de Alberto Losada, ilusionado con la victoria de su vida. Una foto que también persiguió Contador, constante con sus cambios de ritmo. Incluso el último pareció el definitivo como ya le sucedió en La Gallina, pero al corredor de Pinto, alejado de la tensión de la competición unos meses,  le sobra estrategia, pero le falta recorrido, además de un punto de fuerza y continuidad, por más que en 500 metros le sacase 12 segundos a Alejandro Valverde y Purito. El líder se fue del murciano y alcanzó a Contador en el último kilómetro, dejándole sin apenas esfuerzo. “Purito está en un momento de forma impresionante”, le elogió su rival, que entró a cinco segundos y perdió otros cuarto por las bonificaciones. “Alberto me lo ha puesto muy difícil. Con sus ataques nos suelta a todos”, replicó el líder del Katusha y de la Vuelta, frío e inteligente para hacer lo adecuado. Tercero llegó Alejandro Valverde, entero en una prueba en la que tenía previsto no participar y que empata en la general con Chris Froome. Ambos están a 1m 41s del líder. 

En Ancares se vivió un baile final espectacular en el que los cuatro primeros tuvieron algo que decir y el sexto, el tenaz Dani Moreno, el gregario de oro para Purito capaz de ir por la general, adelantó a Gesink para colocarse el quinto entre los 183 supervivientes de la prueba. Aunque sería Majka quien seleccionó al pelotón en el ascenso a Ancares, dejando atrás a corredores como Menchov, del que se esperaba mucho más y que ya tiene perdida una hora. Sufrió Igor Antón, que dijo que su motor en esta Vuelta está siendo “la casta”  y reconoció que los demás están mejor que él. Valverde se abrió para observar cómo andaba Froome, frito después en el primer ataque de Contador, aunque heroico para sostenerse en el Sky y aproximarse al resto de favoritos, a las que volvió a perder de vista en cuanto Contador volvió a bailar en su bicicleta, en lo que parecía que iba a ser el ataque definitivo. No lo fue para un Purito que parece no tener límites: “Los interrogantes los ponéis vosotros [los periodistas]. Yo lo tenía claro. El año pasado quedé tercero aquí”. Hechos y palabras. 
    

domingo, 26 de agosto de 2012

“Papa, ¿y esos coches?”

Purito refuerza su liderato en la etapa del regreso a Barcelona de la Vuelta 13 años después y que gana Gilbert
Juan José Cobo se hace una foto con un aficionado - Foto: Jordi Caro. 

Ciclistas, aficionados y curiosos van cogiendo sitio en la subida a Montjuïc, al lado de la pancarta de puerto de montaña, a unos tres kilómetros y medio del final de la etapa del regreso de la Vuelta a Barcelona 13 años después. Una fecha simbólica para que un padre  vaya respondiendo las dudas de su hijo pequeño, muy curioso con todo lo que ve. 

– ¿Qué es eso? 
– Pone puerto de montaña. Sirve para determinar quién hace mejores las subidas. Los que pasan antes se llevan puntos. 
– Papa, ¿y esos coches? 
– Todos esos son los que cortan la carretera para que puedan pasar los ciclistas. 
– Ah. 

Otro aficionado, ataviado con una gorra promocional y una mano azul también de propaganda, anuncia que los corredores están a un suspiro, a siete kilómetros de meta. Son las cinco y cuarto de la tarde y un miembro de la organización coloca la cinta para marcar la línea del puerto de montaña. Los primeros en cruzarla son 16 motos de Mossos d'Esquadra, y otra moto de prensa. 

– Hijo, esto es la Vuelta. La hacen por toda España.

“¡Ataca Contador!”, dice el seguidor de las promociones, al que no le cae especialmente bien el líder del Saxo Bank. Dice que prefiere a a Menchov y a Alejandro Valverde, apoyado también por otro aficionado, que sostiene una modesta, por pequeña, pancarta que reza “Valverde crack”. Ya se sabe, los sentimientos no entienden de tamaños. 

Contador lo ha intentado en el repecho equivocado y no tarda en ser alcanzado, mientras la nadadora Mireia Belmonte, doble medallista olímpica en Londres, pasa en un coche de la organización. Después le entregará el maillot como líder de la montaña al propio Valverde.

– ¿Y esa bandera amarilla?      
 Significa que los ciclistas están muy cerca.

Apenas tardan dos o tres minutos en aparecer. Los primeros en hacerlo, Purito Rodríguez y Gilbert, el único que ha sido capaz de replicar al líder de la Vuelta, impulsado por el ataque de Ballan en la subida a Montjuïc.  

Las radios anuncian que Gilbert ha ganado en el sprint final a Purito, que después admite que no hacía falta que pactasen, que cada uno sabía lo que quería. El belga, volver a vencer, algo que hacía prácticamente un año que no lograda. El Purito, para reforzar su liderato y, ayudado por las bonificaciones, aumentar la ventaja con respecto a Chris Froome (53s), Contador (1m) y Valverde (1m  7s) antes de la contrarreloj del miércoles en Pontevedra. Una prueba que no es su fuerte. 

Hace rato del triunfo de Gilbert y continúan pasando los ciclistas más rezagados. Uno tiene el detalle de tirarle su bidón a un niño. Y otro despierta el lado más lógico al chaval al que su padre está instruyendo: “Papa, ese hombre va tan lento porque no puede más”.    

Ni el padre ni el hijo van a la zona donde están los autocares de los equipos y de la organización, a unos metros del Palau Sant Jordi y el Estadi Olímpic, donde varios aficionados agradecen los bidones con agua de los del Garmin-Sharp, que los entregan en mano tras la red. Los del equipo BMC tienen menos y provocan una simpática lucha por los suyos cuando empiezan a aparecer los corredores: Tony Martin posa en algunas fotos e ignora a un tipo que le pide un autógrafo. El mismo deje de Rigoberto Urán, que también desestima a dos aficionados. Al último llega a mirarle a la cara, incluso se para, pero continúa adelante. Todo un amago. Un comportamiento muy diferente al del actual campeón de la Vuelta, Juan José Cobo, dicharachero y espontáneo en las fotos. Froome apenas pestañea y no se para, como tampoco hace Valverde, mientras Contador, el más aclamado, se hace paso como puede y un amigo suyo felicita a Dani Moreno. Su líder, Purito, ha sacado un tiempo valioso. “12 segundos más con la bonificación y Froome ya está a 56 segundos”, concreta el aficionado. Dani sonríe. Cerca otros ciclistas pasan desapercibidos. Miran al horizonte, pero también de reojo por si a alguien le apetece tener un detalle suyo. 

sábado, 25 de agosto de 2012

Un rayo llamado Valverde

El murciano, en un final explosivo casi en la línea de meta, deja sin victoria en La  Gallina a Contador, que se veía ganador después de descolgar a Froome


Valverde, superando en los metros finales a Contador y Purito Rodríguez - AFP. 

No es cuestión de memorizar, de entender y de experimentar, que también, sino de clase y de inteligencia, de saber encontrar la información en el lugar idóneo. Eso pensó en La Collada de la Gallina Alejandro Valverde (Las Lumbreras de Monteagudo, 1985), un ciclista explosivo, de raza y sin caretas. “Sabe sacar los vatios que tiene en los últimos metros”, reconoció Purito Rodríguez, guía involuntario de Valverde, atento “a ver qué hacía él porque era quien mejor conocía la subida”. Sabe latín el ciclista murciano, que no respondió de inmediato al ataque de Alberto Contador a un kilómetro del final, un cambio de ritmo que dejó sin respuesta a Chris Froome, vulnerable por una día, y con el que el ciclista de Pinto logró una buena distancia. Insuficiente para que no le alcanzasen Purito y Valverde, al que le sobra clase y se encuentra en un nivel de forma tan bueno que “ni yo mismo lo esperaba”. Porque por Andorra pasó un rayo llamado Valverde, que fintó a Purito, a quien ya le había birlado la victoria en Arrate, para llegar a la última curva por delante y superar justo después a un Contador que se quedó sin aliento y sin la recompensa esperada, pero que respondió a su ligera pájara del día anterior en Jaca. El líder del Saxo Bank sigue tercero, como su posición en La Gallina, a 40 segundos del líder, Purito, con 33 de margen con Froome y 50 con Valverde, referente con todas las de ley del Movistar en una Vuelta a la que se apuntó a poco más de una semana de su inicio y a la que acudió como ayudante de lujo del actual campeón, Juanjo Cobo, que llegó a cinco minutos largos de su compañero. 

Valverde es un tipo perseverante que no se deja arrastrar por la melancolía, por estar 19 meses sin competir por dopaje y, a pesar de los percances, no dejó de luchar una victoria de etapa en el Tour, Peyragudes. Quizás la más simbólica y reivindicativa de su carrera. Tampoco se bloqueó con su caída en Santo Domingo de la Calzada tras un cambio de ritmo en el pelotón del Sky, al que acusó de antideportivos. Ahí Valverde perdió el maillot rojo, que había logrado en Arrate en un gesto de su inconformismo y del despiste total de Purito. Recuperarlo no es una obsesión para el líder del Movistar. O eso se cansa de repetir: “Me sirve otra victoria de etapa”. Quiere evitar los focos. Prefiere surgir como un rayo como en La Gallina. Algo que deberá hacer si quiere coger el tiempo que perderá en la contrarreloj de Cambados-Pontevedra, para dejar atrás a Purito, Contador y Froome. En La Gallina fue el primero en atacar, aunque no tardó en ser neutralizado. Por delante sólo quedaba Meyer, único superviviente de la fuga del día, y luego fue Froome quien lo probó dos veces. En la segunda sólo le pudo seguir Contador. Fue entonces cuando Dani Moreno, gregario de lujo de Purito, acercó a los otros dos favoritos. Los teóricos pretendientes a la victoria final opositaban por la parcial. Contador confiaba en ser él: miró varias veces para atrás, por su izquierda y por su derecha. Tuvo el triunfo a unos metros, pero le sobró un Valverde sorprendido de sí mismo, para suerte del ciclismo y del espectador. 

miércoles, 1 de agosto de 2012

Wiggins, un británico de oro

El campeón del Tour se exhibe en la contrarreloj de Londres superando a Tony Martin y a Froome en un día surrealista para Luis León

Wiggins saluda al público con su medalla de oro - Reuters. 

Es un personaje en el sentido amplio de la palabra. Cuentan sus compañeros que Bradley Wiggins (Gante, Bélgica, 1990) es un excelente imitador y un bromista sin remedio, pero que también tiene reacciones extrañas. Tan contundentes como su lucha contra el cronómetro, que volvió a pulverizar al suroeste de su querida Londres, en la contrarreloj con inicio y final en el Hampton Court Palace, un escenario histórico porque fue residencia de Enrique VIII. Una postal ideal para fotografiar a Wiggo como primer británico en colgarse el oro olímpico en ciclismo fuera del velódromo días después de ser el primero en ganar el Tour. Éste es el séptimo metal y el cuarto dorado en unos Juegos Olímpicos para Wiggins, al que seguramente le hubiese gustado desaparecer un rato y ponerse a tocar la guitarra, una afición que le tiene atrapado. Quizás por eso cuando todavía quedaba por llegar Fabian Cancellara, el campeón vigente que rodaba sin opciones de podio lastrado por una caída en la prueba en ruta, Wiggins le dijo al cámara de televisión que se apartase e ignoró a un miembro de su equipo que le ofrecía agua. La aceptó poco después, mientras que Tony Martin, plata a 42 segundos, bebía sentado en el asfalto, a la sombra y con la lengua fuera. Más relajado, Chris Froome, compañero de Wiggins en el Sky, se cambiaba de calzado en uno de los tronos dorados dispuestos por la organización con la toalla encima. Cancellara, ejemplar por querer participar pese a sus molestias, fue séptimo, a 2m 14s, noveno acabó un meritorio Jonathan Castroviejo, a 2m 50s. Por su parte, Luis León Sánchez, que contaba entre los aspirantes al bronce o a estar cerca de él concluyó a 6m 20s, 32º de 37 participantes. Al murciano le pasó de todo. 

Mientras que para Wiggins la contrarreloj supuso convertirse en algo que también le hubiese gustado ser, cantante de rock. Parecía que lo era porque el público rugía y ondeaba la bandera de Gran Bretaña, que hasta ahora nunca había logrado ni una medalla en los Juegos Olímpicos en ciclismo fuera de la pista y de una tacada se llevó dos: el oro de Wiggo y el bronce Froome, tercero en tres de los cuatro parciales. Wiggins marcó los mejores tiempos en todos excepto en el primero, donde le superó Tony Martin–. En ese punto, en el kilómetro 7'3 de los 44, Luis León ya perdía 40 segundos tras su primer contratiempo: se le rompió la cadena... ¡en la rampa de salida! “A la primera media pedalada”, concretó el murciano le cambiaron la bicicleta y después, colmo de la mala suerte, pinchó y los últimos 30 kilómetros fue con un sillín suelto: “No sé qué decir. Venía con toda la ilusión del mundo porque estaba en la mejor forma que había tenido nunca”.  Phinney, Tony Martin y Wiggins doblaron a Luis León Sánchez, que estaba contento después de quedar tercero en la última contrarreloj del Tour. Como entonces la prueba resultó un soliloquio de Wiggo, que se montó en la bici para saludar a un público entregado, rendido a un pionero bien peculiar y que les ha hecho olvidar la decepción de la prueba de ruta, donde Mark Cavendish no cumplió con los pronósticos. Sí lo hizo Wiggins, un británico de oro que redondeó un curso perfecto en que ha ganado el Tour, la París-Niza, el Dauphiné y el Tour de Romandía.  

lunes, 23 de julio de 2012

Wiggins, la fortaleza de un campeón que fue débil

El líder del Sky, primer británico en ganar el Tour, tuvo problemas con el alcohol

Wiggins muestra orgulloso una bandera de su país - AP. 

Bradley Wiggins (Gante, 1980) es un hombre de pocas palabras ante las cámaras. Rara vez se deja llevar, aunque acabó haciéndolo en un día memorable para él, en su coronación como primer británico -nació en Bélgica, pero se crió en Londres- en ganar el Tour. El líder del Sky hizo reverencias al público, levantó con gracia el trofeo y se  emocionó con el himno de su país interpretado a capela por una cantante que llevaba la bandera como falda. Después de conceder un discurso conservador –“gracias a todo el mundo por el apoyo de estos días. Han sido semanas fantásticas para el equipo y el ciclismo británico. Me habéis ayudado a ganar”– Wiggins se permitió una broma relacionada con su pasado más oscuro. “Tengan un buen viaje de vuelta a casa y no beban demasiado”, dijo el ciclista, que no esconde que tuvo problemas con el alcohol. Una debilidad que una vez superada le hizo más fuerte. Tanto o más que su discreto papel en el Tour de 2010, cuando fue 24º recién aterrizado en el Sky, después de haber sido la sorpresa del anterior, cuarto a 37 segundos del podio: “Se necesitan decepciones así para ser un mejor deportista. O te haces más fuerte o te arruinas”. 

La decepción de hace dos años y la retirada de la edición pasada, en la que se fracturó la clavícula, fortalecieron a Wiggins, entrenado desde 2011 por el gurú Tim Kerrison y favorito junto a Evans para los expertos ante la ausencia de Contador y de Andy Schleck. Con un equipo de lujo –y en el que se encontraba el que acabó siendo su único rival, Froome– Wiggins ha ganado las dos contrarrelojes y ha conservado el maillot amarrillo desde que se lo arrebató a Cancellara tras ganar la primera. El británico no ha tenido más complicaciones que las que le ha planteado su compañero. “Ha ganado la carrera a lo Indurain o Anquetil. Este año marcará la apertura a un nuevo mundo que hablará inglés y que poco a poco se va abriendo camino en el ciclismo”, relató Christian Prudhomme, director del Tour, consciente de la oportunidad que se abre a nuevos mercados y nuevos patrocinados con el reclamo de este ciclista que creció como deportista en Francia. Empezó en La Française des Jeux para seguir en el Crédit Agricole y el Cofidis. En los tres estuvo dos cursos –“entonces era más alcohólico que ciclista”, reconoce– y tras un breve periplo por el HTC-Highroad estadounidense volvió a Francia para recalar en el Garmin, donde se centró tras superar la muerte de su padre –un ex ciclista australiano con problemas con el alcohol, por eso su madre emigró desde Bélgica a Kilburn, una zona complicada de Londres cuando Bradley sólo tenía dos años– en extrañas circunstancias y dejar la bebida gracias al apoyo de su mujer, Catherine. Wiggins lleva tatuado la letra B en sus dos pulgares como homenaje a sus dos hijos, Ben y Bella.  

Indurain, su ídolo 

El británico llegó al Sky y a pesar de ganar el Dauphiné y lograr la plata en la prueba de contrarreloj de Copenhague decepcionó en el Tour e hipotecó las posibilidades de su compañero Froome de llevarse una Vuelta ganada por Juan José Cobo. Wiggins fue tercero y en su tercera temporada en el equipo ya se ha coronado en París. Su sueño desde pequeño, cuando Miguel Indurain era el protagonista de la pared de su habitación. Un broche de oro a un 2012 notable, en el que se ha impuesto en la París-Niza, el Tour de Romandía y el Dauphiné por segundo año consecutivo. 

“Ganar el Tour es lo más grande. No muchos ciclistas han ganado el Tour. Desde que yo nací solo hay 15 vencedores, yo soy el 16. Es una lista histórica, no hay muchos”, reflexionó, orgulloso Wiggins, triple campeón olímpico en pista que aspira a medalla en la prueba de contrarreloj de su Londres, por más que él se criase en una zona difícil: “Yo no quería estar fumando, rompiendo coches y robando radios”. Sino que pretendió ser un campeón de Tour. Y lo ha conseguido venciendo a obstáculos ajenos al ciclismo.  

domingo, 22 de julio de 2012

Cavendish se mimetiza con los Campos Elíseos

El británico se lleva la última etapa del Tour por cuarto año consecutivo y se convierte en el primero en hacerlo con el maillot arco iris

Cavendish señala con su mano el número de victorias logradas el última día del Tour - Reuters.

Como excelente sprinter, el mejor de los últimos años, Mark Cavendish cuestiona el espacio y el tiempo. Dos días antes en Brive la Gaillarde surgió por detrás como un ciclón para ir sorteando rivales y superarlos con una potencia inverosímil, con la velocidad de una bala. Entonces Cavendish festejó su segundo triunfo en este Tour, que quiso cerrar con otro triunfo, su cuarto consecutivo en los Campos Elíseos y el primero que logra un ciclista con el maillot arco iris. Una prenda que sólo puede llevar el campeón mundial actual en la prueba de ruta. Esta vez Cavendish no quiso ponerle tanta incertidumbre al asunto y fue más directo: trazó la curva final solo “para salir acelerando”, para que Goss sacase la bandera blanca en los metros finales y Sagan, el debutante que como Cavendish y Greipel ha conseguido tres triunfos además del maillot verde de la regularidad, tuvo que conformarse con el segundo puesto. 

Resultó un triunfo con sello colectivo. El Sky controló las tradicionales fugas –en general balas de fogueo– en los Campos Elíseos, arrebatos en grupo que apenas sacan unos segundos, por más que, entre otros, Voigt, Minard y Rui Costa se propusiesen que no fuese así. Cada uno de los miembros del Sky trabajó para preparar el terreno a Cavendsh: Rogers, Froome y quien le dio el último empujón fue el propio líder y vencedor del Tour, Wiggins, al que no se le cayeron los anillos para lanzar a su compañero. “Hemos trabajado mucho para este triunfo. Es de todos, también del maillot amarillo, que me ha ayudado. Es una victoria muy emotiva que nunca olvidaré”, concedió Cavendish, sonriente cuando le preguntaron por los Juegos Olímpicos de Londres: “Llevo todo el año preparándome. Creo que estoy en un gran momento”. Allí volverá a tener a su lado a Wiggins, vencedor de dos etapas de las seis que se ha llevado el Sky en la ronda francesa. Otra se la llevó Froome y Cavendish, mimetizado con los Campos Elíseos, alcanzó tres, como Sagan y Greipel. 

sábado, 21 de julio de 2012

Wiggins saca brillo a su corona en la contrarreloj de Chartres

El líder del Sky logra su segundo etapa en este Tour imponiéndose a Froome y a Luis León 

Wiggins celebra su triunfo en la contrarreloj de Chartres - EFE.

“All right! All right! [¡Todo bien! ¡Todo bien!]”, le gritaba un espectador cuando estaba a punto de llegar al último punto cronometrado, al kilómetro 48 de los 53'5 de la penúltima contrarreloj del Tour. Bradley Wiggins (Gante, Bélgica, 1980) escucha, sabe y siente que está rodando como los ángeles, que su depurada técnica de ex ciclista en pista le acompañan unas piernas finas, pero inagotables. Sólo se descarga, sólo se libera cuando cruza la meta como ganador de etapa y como vencedor virtual de su primer Tour. Entonces agarra con fuerza el manillar y se deja ir con el puño derecho soltando un grito de rabia, que bien sonaba a un “¿todavía pensáis que no soy un digno campeón?”. En Chartres Wiggins sacó brillo a su corona. “Ha logrado el mayor éxito de un deportista británico”, le elogió su compañero Froome, el único que le ha llegado a cuestionar el plan calculado al milímetro del Sky y que dejó en evidencia a su líder en La Toussuire y en Peyragudes. “No tengo problemas ni tensiones con él”, repitió por enésima vez Wiggins, al que estas semanas han torturado también preguntándole sobre dopaje y la ausencia de Contador y Andy Schleck. Se ha sentido un campeón infravalorado y de ahí ese grito, esa actuación tan excepcional en la última contrarreloj –también ganó la de Besançon–: aventajó en 1m 16s al propio Froome, que llegará segundo a París (a 3m 21s). Nibali, a 6m 19s, lo hará como tercero, la posición que ocupó en la etapa Luis León Sánchez, a 1m 50s. El murciano será una baza importante del equipo español en los Juegos Olímpicos, tanto en la contrarreloj como en ruta. 

Por una vez Wiggins estuvo a gusto entre periodistas y se permitió no calcular su discurso, ser más cercano y menos áspero: “Yo soy Bradley Wiggins y la verdad es que no me imaginaba escribir mi nombre junto a elegidos como Eddy Merckx”. Habló de su infancia, de aquel jovenzuelo que tenía la habitación llena de pósters de Indurain y que soñaba con los ojos abiertos en ser campeón en el Tour: “Quería vivir la misma sensación que tuvo el año pasado Evans”. La antítesis de lo que ha vivido en esta edición el australiano, desfondado en la montaña y muy menor en la contrarreloj, doblado incluso por su compañero Van Garderen en la pancarta de los últimos 20 kilómetros, segundos después de que Froome le quitase el mejor tiempo en el segundo sector a Luis León Sánchez, que antes de la aparición de la pareja del Sky se había imaginado, por qué no, festejando su segunda victoria en este Tour. Una prueba en la que el mejor español será Zubeldia, sexto, y en la que la penúltima etapa sólo tuvo emoción por el ganador de la misma hasta que Wiggins pasó por el segundo tramo cronometrado (30'5 km) y le sacó 54 segundos a Froome, mientras la realización mostraba la sonrisa de Luis León, sabedor que no iba a ganar. Al contrario de lo sucedido en las últimas ediciones, resueltas en el último suspiro, la televisión francesa sólo optó una vez por dividir la pantalla en dos para mostrar a Wiggins y a Froome, pero sin tiempos de por medio, sólo para para comparar su posición, la cadencia. El vencedor era un secreto a voces.    

jueves, 19 de julio de 2012

La liberación de Valverde en el Peyragudes

El murciano logra su victoria más épica en el Tour el día que Froome vuelve a poner en evidencia a Wiggins

Valverde aplaude en la línea de meta - AFP.

El ciclismo es pura poesía: se narra desde las entrañas, desde el contraste de unos paisajes generalmente maravillosos y los rostros desencajados de sus protagonistas, que con el tiempo han perdido atuendos, ya no parecen aviadores clásicos ni tampoco corren de noche. Pero hay cosas que no cambian, como la incredulidad de quien pedalea hacia la victoria de etapa. “Pasé miedo en los últimos kilómetros. Pensé que me cogían”, confesó Alejandro Valverde (Las Lumbreras de Monteagudo, 1980), que sólo se creyó que iba a ganar su etapa más épica en el Tour a 500 metros de la meta, poco después de coronar el Peyragudes, tras 35 km escapado en solitario, poco antes de coronar el Port de Balès, y pasarse todo el día entre los fugados. Abrió los brazos el murciano, sin fuerzas para más o quizás para saborear el aire y no dudó en señalar el logo del Movistar, el equipo que quiso esperarle en su larga sanción de 19 meses por su supuesta implicación en la Operación Puerto y aplaudió. Sobrecogido por la emoción y con lágrimas en los ojos, Valverde apenas tenía voz para decir que la victoria iba para el equipo, para su familia, para Xavi Tondo, su amigo y compañero fallecido el año pasado, y para quienes siempre le han apoyado: “Llevo mucho tiempo esperando esta victoria. Es una victoria muy trabajada”. Un triunfo de liberación para un ciclista fino y elegante. Puede que una concesión de Froome, obligado a ser leal al líder Wiggins, pero que al que con su actitud volvió a dejar en evidencia. Froome miró y remiró a Wiggins, aceleró el ritmo y le esperó, una y otra vez, dando a entender, que si no se escapaba e iba a por Valverde por no contradecir las órdenes del Sky. 

Sky es cielo en inglés. Y bien gris estaba cuando Valverde firmó el cuarto triunfo de su carrera -y el segundo español tras el de Luis León en Foix- en su temporada de regreso a la competición después de haberse cuidado, según sus palabras, mejor que nunca. De ser persistente y decirse a sí mismo que volvería para ganar. Es su quinta victoria del curso, la más significativa en un Tour muy duro para él, que luchaba para ocupar una plaza del podio y que se vio relegado a más de diez minutos de Wiggins tras la contrarreloj de Besançon, después de sufrir tres caídas y un pinchazo. Un golpe para Valverde, al que a partir de entonces poco le importó perder más tiempo: tenía entre deja y ceja ganar una etapa. Un triunfo tan grande que “borra todo lo anterior” y que le puede hacer replantearse correr la Vuelta, además de coger moral para los Juegos Olímpicos de Londres, a los que finalmente no llegará Samuel Sánchez, que se retiró hace unos días de un Tour desafortunado para los españoles.   

Valverde –y aquí volvemos a las cosas del ciclismo que nunca cambian ni cambiarán– reconoció haber convencido a Nibali para que abandonase el grupo de escapados, pues de lo contrario el Sky hubiese acabado neutralizándolos para evitar que el italiano se acercase a Wiggins. Del grupo de favoritos tiraría en la recta final el Liquigas de Nibali, que también tenía la ilusión de llevarse la etapa con su ataque final definitivo. Pero el Tiburón se quedó sin aliento ante Wiggins, Froome y compañía, aunque apenas perdió tiempo y, en teoría, su tercer puesto final no peligra. Del quinto al séptimo bajó Zubeldia, superado por primera vez en un Tour que vivió una jornada de liberación para Valverde, que acostumbrado a vencer en los metros finales se trabajó una victoria de principio a fin. 
   

sábado, 14 de julio de 2012

Greipel devora a Sagan

El alemán empata a tres victorias con el maillot verde, al que supera en la meta por media rueda tras un gran trabajo del Lotto


Greipel celebra su triunfo en la meta - AP. 
Sacudido el Tour por el cambio de ritmo de Froome que dejó paralizado a su líder Wiggins a un suspiro de la meta en La Toussuire y del triunfo de David Millar, un “ex dopado que ha ganado limpio”, la ronda francesa vivió otro final de pirotecnia entre los dos de los corredores más explosivos al sprint: André Greipel (Rostock, Alemania, 1982) y Peter Sagan. Ganó el primero porque supo ponerse a la rueda del tercero, Boasson Hagen, por el que el Sky trabajó a destajo –incluso Wiggins puso su grano de arena para lanzar al noruego en los metros finales–. Ganó el primero, Greipel, porque se decidió antes que Sagan, con el que empata a tres triunfos en esta edición: “Me la he jugado al colocarme en la rueda de Hagen. Sé que es muy fuerte y que era una llegada muy ventajosa para él. Además, he visto que Wiggins le llevaba al sprint, así que he seguido con la idea que tenía. He tenido buen ojo”. No estaba en esa lucha Mark Cavendish, falto de forma este año, aunque es el actual campeón del mundo en ruta y el ciclista en activo que atesora más victorias en el Tour (21). 

Cavendish llegó a ocho minutos largos de un Greipel que no desaprovechó la ocasión que le brindaron sus compañeros del Lotto, inmensos para tirar del grupo de favoritos para desbaratar el sueño de Vinokourov y Albasini, los penúltimos en probar suerte. Tras alcanzar 22 segundos de renta, fueron alcanzados a 2'6 kilómetros del final y se apartaron a la derecha como hizo Luis León Sánchez, que atacó 300 metros después, aunque no encontró fuerzas para llegar primero a la meta. El objetivo del grupo de los siete escapados del día –entre los que estaba de nuevo el navarro Urtasun, que rozó la victoria en San Quintín, donde se impuso, cómo no, Greipel– y a los que se incorporó Morkov. El danés atacó, se lanzó a la aventura de pedalear en solitario, que por algo es el que acumula más kilómetros en fuga en este Tour: Morkov es el más combativo y la organización ya se lo ha reconocido dos veces. 

Cazado Morkov, lo intentó Evans con van Den Broeck, cuarto y quinto clasificados. El australiano busca su momento para tratar de estirar sus últimas opciones de revalidar la corona y de perder mucho tiempo más de tres minutos en la contrarreloj y en la etapa de La Toussuire. Van Der Broeck, por su parte, pretendía acercarse al podio de París. Pero ni uno ni otro tenía una historia tan redonda como uno de los fugados iniciales: Jimmy Engoulvent, otro francés extramotivado un 14 de julio, fecha clave en la historia de su país. De haberse mantenido fugado hasta el final, de haber cruzado  el primero la línea de meta tras coronar el Mont Saint Clair, de tercera categoría, Jimmy hubiese hecho un guiño a la expresión “los últimos serán los primeros”, fue fue el farolillo rojo la novena y la décima etapa. Pero su sueño se esfumó rápido y Greipel, gracias al trabajo del Lotto –“éste es el mejor grupo de compañeros que he tenido nunca”, reconoció, después de abrazarles uno a uno–, se llevó la gloria. Le sacó media rueda a Sagan, el primer agitador de un Tour que sigue liderando Wiggins gracias a que el Sky obligó a Froome en su famoso cambio de ritmo. El líder ya está decidido, por mucho que la carretera surjan dudas.