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sábado, 20 de julio de 2013

Nairo Quintana, la efervescencia de un debutante protagonista

El ciclista del Movistar vence en Annecy-Semnoz y llegará a los Campos Elíseos como maillot blanco y de la montaña y segundo en la general, puesto que le arrebata a Contador, cuarto y superado también por Purito en un Tour ganado por Froome   



Rodeado por un círculo de personas, pidió espacio. Espacio para coger aire, beber un poco y saborear una victoria muy estudiada. Por un día, Nairo Quintana (Cómbita, Colombia, 1990) había sido cauto y reservado, nada que ver con su comportamiento en Pailhères, Mont Ventoux o Aple d'Huex, donde fue un ciclista desatado. En la penúltima etapa de su primer Tour el ciclista del Movistar gestionó el tiempo a su antojo, como un buen base. Primero respondió a Purito Rodríguez cuando éste, en la subida al puerto de Annecy-Semnoz y después de coger al último escapado de la jornada –el eterno Voigt–, definió el podio en París dejando con la lengua fuera y como gran derrotado a Alberto Contador –finalmente cuarto–. Y después, a Froome, que buscó su cuarto triunfo con un ataque seco al que el ciclista colombiano contestó con frialdad y casi sin esfuerzo. Quintana se reservó la traca final para los últimos metros, que recorrió en solitario. Un broche de oro para Quintana, un debutante efervescente y protagonista, que al maillot blanco como mejor joven que ya tenía más que asegurado sumó el de la montaña y el segundo puesto en la general. Muchas alegrías en la jornada más emotiva para su país, que conmemoraba el 203º aniversario de su independencia: “Es un día muy especial para Colombia. Este triunfo está dedicado para todos los colombianos, que en este momento me están viendo. A mi padre, a mi madre, mi novia, mis hermanos, a todos mis amigos que me han ayudado de muchas maneras. Un saludo a toda Tunja, Cómbita, Boyacá y Colombia”. Aunque del primero que se acordó fue de José Luis Arrieta, “el mejor director que he tenido” y al que felicitó por clavar el plan: “Sucedió todo según lo previsto”.

El Movistar ha sido el equipo más combativo y el que más salsa ha dado en un Tour en el que ha sabido recomponerse y replantear su planteamiento inicial. En Saint Amand Montrond perdió la opción de podio para el líder previsto, Alejandro Valverde –al murciano se le rompió una rueda entre los abanicos– y la clasificación por equipos, pues varios compañeros fueron sacrificados para sacar a Valverde del apuro –sin éxito, entre otras cosas, por la aceleración del Belkin de Mollema–. Ese día uno de los sacrificados fue Rui Costa –renunció al Top 10, pero se resarció después ganando en Gap y Le Grand Bornard– y Quintana pasó a ser el líder del equipo. Mensaje claro: ya no tienes ataduras, Nairo.

La acción despreciable de Rolland

Con carta blanca, Quintana ha sido todavía más grande e incluso compitió en el Mont Ventoux con Froome, al que sí doblegó en Annecy-Semnoz, llevándose una etapa que comenzó con un ataque en los primeros metros de Rolland. El francés –al que después se le añadieron varios corredores, entre ellos, el incansable Flecha– soñaba con el maillot de la montaña, del que solo le separaba un punto con respecto a Froome. Rolland se volvió a ganar la admiración del espectador por su osadía, una simpatía que perdió en la coronación al Col de Leschaux, cuando empujó a Igor Antón hacia el público para impedir que pasase primero y se llevase la máxima puntuación. Pero el ciclista del Euskaltel pudo mantener el equilibrio para llevarse esos dos puntos –Rolland sumó otro– y reaccionó con frialdad o, mejor dicho, deportividad ante una acción tan despreciable: le dio un golpecito en la espalda casi paternal.

Voigt, en cabeza

Poco después, Voigt se quedó solo en cabeza y Antón probó de todas las formas posibles alcanzarle sin éxito, mientras el pelotón iba neutralizando al resto de escapados y tanto Evans como Andy Schleck se quedaban petrificados. El primero antes de empezar el puerto de categoría especial, el segundo, tras un arrebato del Sky, que cogió el testigo del Movistar, que en todo momento había mantenido las diferencias con los escapados. Una desventaja que nunca alcanzó los cuatro minutos y casi siempre se mantuvo en el minuto, minuto y poco. Minucias.

Cortado Mollena, Valverde quiso hacer una selección todavía más profunda con otro cambio de ritmo que dejó sin fuerzas a Kreuziger, eliminado tras otro arreón de Porte. Entonces fue el turno de Purito, inmenso en el tramo final del Tour, y al que solo pudieron seguir Quintana y Froome, que apartó a un espectador que parecía querer oír las pulsaciones del ganador de la prueba de lo cerca de que se le puso al británico. Mientras Contador, fundido, iba a su ritmo y se refrescaba el cuello con una botella del agua, consciente que el podio era ya una quimera y que por delante rodaban los tres más fuertes. De ese grupo siempre tiró Purito, hasta que Froome se marcó un ataque estéril ante Quintana, que replicó con suma tranquilidad. Quizás el británico se marcó un farol, pues tampoco pudo disputarle la segunda plaza de la etapa a Purito. Eso sí, Froome sonrió de alivio tras cruzar la línea de meta y Quintana mostró después a los periodistas una medalla que le regaló su compatriota Mauricio Soler, al que sustituyó en el Movistar, y que tuvo que retirarse del ciclismo tras un grave accidente en la Vuelta a Suiza en 2011 que a punto estuvo de costarle la vida. “Este triunfo también es para Mauricio”, dijo. Sí, Quintana también es detallista.     

domingo, 24 de julio de 2011

Cavendish se lleva su quinta victoria para despedir un Tour marcado por las caídas

Cavenvish celebra su victoria en los Campos Elíseos -EFE.

Un final tranquilo, lógico con el quinto triunfo de Mark Cavendish al esprint, para el Tour con más caídas, accidentes y más líneas de parte médico de los últimos años. Una edición ganada por primera vez por un australiano, Cadel Evans, que con 34 años y cinco meses  -el más veterano desde 1922, cuando Henri Pélissier venció con un mes más- se llevó un triunfo por el que llevaba luchando desde que se enamoró del Tour gracias a los éxitos de Miguel Indurain. "Hay personas que han confiado en mí", relató Evans, "y yo también". Quizás le subestimaron los dos hermanos que le acompañaron en el podio de París, los Schelck. Andy y Franck se centraron en Alberto Contador y se olvidaron de Evans, corredor que empezó destacando en mountain bike antes de aterrizar en el Saeco, donde conoció a su preparador físico, Aldo Sassi, vencido por el cáncer en diciembre del año pasado. Evans confesó que no había tenido tiempo para reflexionar sobre qué significaba para él ganar el Tour, pero se lo agradeció a los que han sido agradecido con él y se emocionó con el precioso Advance Australia fair. El himno de su país interpretado a capela por una cantante. 

Evans estuvo tan generoso en gestos -sus compañeros del BMC le abrazaron a la vez- en la celebración como luchador durante la carrera, en la que fue un auténtico resistente y no dudó en vaciarse hasta el final para rebañar algunos segunditos, como en Gap cuando le sacó tres segundos a Contador. Sólo se sintió ganador "hasta los dos, tres o cuatro kilómetros finales" de la contrarreloj de Grenoble. Una tortura para Andy y para el resto de no especialistas. Ahí entra Jeremy Roy, nombrado (con total merecimiento) ciclista más combativo de esta edición y al que tras cruzar el Aubisque le faltaron fuerzas para llegar primero a Lourdes. Una etapa en la que venció Hushvod, que como su compatriota Edvald Boasson Hagen pretendía alcanzar su tercera victoria en este Tour como homenaje a las víctimas de los atentados de su país, Noruega. Ni uno ni otro tuvieron opciones, pues en el último kilómetro surgió del pelotón el HTC para servir en bandeja a Cavendish otro triunfo más. El de la Isla de Man, puro rodillo, le sacó una bicileta entera de margen al segundo, el propio Hagen, y confirmó su primer maillot verde de la regularidad tras ser repescado en las dos últimas etapas de los Alpes, en el Galibier y en el Alpe d'Huez. El español José Joaquín Rojas fue segundo.

Esfuerzos en vano

Se cumplió con la tradición en los Campos Elíseos: fugas poco claras y etapa decisida al esprint. Seis corredores duraron en la escapada más larga y cruzaron juntos la línea de meta en la última de las nueve vueltas al circuito tras el toque de campana habitual. El Quick Step se puso manos a la obra para alcanzarles, mientras Swift y Back, dos de los fugados, apuraban sus pocos opciones de éxitos exprimiéndose al máximo. Carlos Barredo también intentó atacar. Esfuerzos en vano, simple previa para el acelerón de Cavendish: "Hemos permitido que otros equipos alcanzaron a los escapados para nosotros llegar frescos al final". 

Fresco y contento apareció en el podio junto a sus hijos Samuel Sánchez, maillot de puntos rojos que le distingue como el mejor de la montaña. Y justo después hizo acto de presencia Pierre Rolland, el mejor joven, quien le privó del triunfo en el Alpe d'Huez a él y a Contador, lejos de los focos de los homenajeados en su Tour más complicado tras un Giro mayúsculo.