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domingo, 14 de julio de 2013

Froome incendia el Mont Ventoux

El líder del Sky deja sin respuesta a Contador y se deshace de Quintana, el único en replicarle en la montaña

Froome celebra la victoria en el Mont Ventoux - EFE. 
Quizás fueron un par de consultas de cortesía, respeto y admiración. Cuando Chris Froome (Nairobi, Kenia, 1985) miró varias veces fijamente, izquierda y derecha, a Alberto Contador es posible que le estuviese desafiando en plena subida al Mont Ventoux: “¿Atacas?”. Que quisiese ver cómo uno de sus grandes rivales respiraba y cogía aire después de que Kennaugh hubiese eliminado a varios del grupo de supervivientes. O que fuese una advertencia: “Cuidado, el ataque es cuestión de tiempo”. Froome no se anduvo con rodeos y quiso destrozar a Contador, el único contrincante que había replicado después al ritmo torturador de Porte. Impasible, el ciclista británico aceleró con parsimonia y volvió a mirar hacia atrás para comprobar que, en efecto, Contador era incapaz de seguirle. Froome era un molinillo humano y tenía hambre de victoria. Le importaba ese momento de gloria, no tanto casi sentenciar el Tour. Sabía que por delante tenía a Nieve y a Nairo Quintana, otro que como él apenas gesticula con el dolor y que sin torcer el gesto había en el primer cuarto de Mont Ventoux. Froome deboró al ciclista del Euskatel y pareció jugar con el colombiano, al que alcanzó, sacó de punto y dejó incorporarse, antes de arrancar definitivamente a cuatro kilómetros de coronar el mítico puerto. Froome, a quien nadie frena y que tanto sufrió el año pasado por tener que acatar que su compañero Wiggins era el líder impuesto, no se permitió ni un descanso hasta el final. Apuró tanto que solo festejó la victoria en la misma línea de meta –señalando el nombre de Sky, el patrocinador del equipo y levantando la otra mano– para sacar la máxima ventaja en la corona del Mont Ventoux, territorio, entre otros, de Pantani, Virenque, Merckx, Poulidor o Charly Gaul. Le sacó 29 segundos a Quintana, 1m 23s a Nieve y Purito Rodríguez y 1m 40s a Contador, que sigue tercero, pero ya a 4m 25s -“el camino a París es muy largo, pero la diferencia es muy, muy grande”-. A 4m 14s está el sorprendente Mollema.

“No le podíamos dejar coger minutos”, dijo Froome sobre Quintana, el debutante sobre el que había dicho que no había que dejarle ni un centímetro y al que, visto lo visto, es el único con autoridad para replicarle. Aunque el colombiano ocupa es sexto -“he llegado vacío, nunca había hecho tal esfuerzo”- a 5m 47s, ya tiene carta blanca en el Movistar tras la jugarreta a Valverde en Saint Amand Montrond cuando rompió una rueda y perdió casi 10 minutos el viernes cuando iba segundo y Froome le señalaba como referencia: “Voy a su rueda”. Valverde coronó el Mont Ventoux a 2m 32s y superó en la clasificación –es 15º– a dos ganadores del Tour que quedaron a años luz de Froome: Andy Schleck (2010, tras la sanción a Contador) se quedó colgado al inicio del puerto y cedió ¡10m 42s con el vencedor! Y Evans (2011), 8m 45s. La pregunta es obvia: ¿cuánto le hubiera sacado al de 2012? ¿Cuánto le hubiese rebañado a Wiggins?

sábado, 21 de julio de 2012

Wiggins saca brillo a su corona en la contrarreloj de Chartres

El líder del Sky logra su segundo etapa en este Tour imponiéndose a Froome y a Luis León 

Wiggins celebra su triunfo en la contrarreloj de Chartres - EFE.

“All right! All right! [¡Todo bien! ¡Todo bien!]”, le gritaba un espectador cuando estaba a punto de llegar al último punto cronometrado, al kilómetro 48 de los 53'5 de la penúltima contrarreloj del Tour. Bradley Wiggins (Gante, Bélgica, 1980) escucha, sabe y siente que está rodando como los ángeles, que su depurada técnica de ex ciclista en pista le acompañan unas piernas finas, pero inagotables. Sólo se descarga, sólo se libera cuando cruza la meta como ganador de etapa y como vencedor virtual de su primer Tour. Entonces agarra con fuerza el manillar y se deja ir con el puño derecho soltando un grito de rabia, que bien sonaba a un “¿todavía pensáis que no soy un digno campeón?”. En Chartres Wiggins sacó brillo a su corona. “Ha logrado el mayor éxito de un deportista británico”, le elogió su compañero Froome, el único que le ha llegado a cuestionar el plan calculado al milímetro del Sky y que dejó en evidencia a su líder en La Toussuire y en Peyragudes. “No tengo problemas ni tensiones con él”, repitió por enésima vez Wiggins, al que estas semanas han torturado también preguntándole sobre dopaje y la ausencia de Contador y Andy Schleck. Se ha sentido un campeón infravalorado y de ahí ese grito, esa actuación tan excepcional en la última contrarreloj –también ganó la de Besançon–: aventajó en 1m 16s al propio Froome, que llegará segundo a París (a 3m 21s). Nibali, a 6m 19s, lo hará como tercero, la posición que ocupó en la etapa Luis León Sánchez, a 1m 50s. El murciano será una baza importante del equipo español en los Juegos Olímpicos, tanto en la contrarreloj como en ruta. 

Por una vez Wiggins estuvo a gusto entre periodistas y se permitió no calcular su discurso, ser más cercano y menos áspero: “Yo soy Bradley Wiggins y la verdad es que no me imaginaba escribir mi nombre junto a elegidos como Eddy Merckx”. Habló de su infancia, de aquel jovenzuelo que tenía la habitación llena de pósters de Indurain y que soñaba con los ojos abiertos en ser campeón en el Tour: “Quería vivir la misma sensación que tuvo el año pasado Evans”. La antítesis de lo que ha vivido en esta edición el australiano, desfondado en la montaña y muy menor en la contrarreloj, doblado incluso por su compañero Van Garderen en la pancarta de los últimos 20 kilómetros, segundos después de que Froome le quitase el mejor tiempo en el segundo sector a Luis León Sánchez, que antes de la aparición de la pareja del Sky se había imaginado, por qué no, festejando su segunda victoria en este Tour. Una prueba en la que el mejor español será Zubeldia, sexto, y en la que la penúltima etapa sólo tuvo emoción por el ganador de la misma hasta que Wiggins pasó por el segundo tramo cronometrado (30'5 km) y le sacó 54 segundos a Froome, mientras la realización mostraba la sonrisa de Luis León, sabedor que no iba a ganar. Al contrario de lo sucedido en las últimas ediciones, resueltas en el último suspiro, la televisión francesa sólo optó una vez por dividir la pantalla en dos para mostrar a Wiggins y a Froome, pero sin tiempos de por medio, sólo para para comparar su posición, la cadencia. El vencedor era un secreto a voces.    

domingo, 15 de julio de 2012

Luis León cumple con su idilio con el Tour

El murciano logra en Foix la cuarta etapa de su carrera en el Tour tras deshacerse del resto de fugados  

Luis León festeja la primera victoria española en el Tour - EFE.
Los imprevistos generan confusión y confundidos estaban Izagirre, Sagan, Casar y Gilbert: se hablaron con la mirada y no se entendieron con las palabras. Ninguno tuvo ni las fuerzas ni la capacidad de reacción para tratar de impedir lo que estaba sucediendo, que a once kilómetros de la meta en Foix el quinto fugado, aquel que acababa de llegar de la mano del propio Gilbert, lanzase un ataque que no fue contestado, un ataque definitivo. Tras probarlo en Le Toussuire y de repetirlo en Le Cap d'Agde, Luis León Sánchez (Mula, Murcia, 1983) cumplió con su idilio con el Tour en su tercera tentativa de esta edición,  escapándose de los escapados para poder disfrutar en solitario de las últimas pedaladas de la que acabó siendo su cuarta victoria en la ronda francesa, tras las de Aurillac (2008), Saint-Girons (2009) y Saint-Flour (2011). Éste es el primer triunfo español en una edición marcada por la sanción a Contador y las caídas de Valverde y Samuel Sánchez, que tuvo que abandonar hace unos días. 

Luis León cumplió con su ritual, con aquel que ha hecho este año para festejar dos etapas en el Tour de Romandía, una en la París-Niza y en la Vuelta a Castilla y León. Con el gesto que hizo tras ser campeón nacional de contrarreloj. En Foix lanzó besos al cielo, se santiguó y volvió a señalar y a dedicar su victoria a su hermano Luis León, fallecido en un accidente de tráfico en 2005. Luis León se lo dedicó a toda su familia en general, “que  siempre nos apoya en todo”, también en un Tour que estaba siendo difícil para él y para su Rabobank, desmantelado por las retiradas, hasta el punto de que “sólo quedamos cuatro” entre los 162 que sobreviven en la prueba. El último en abandonar fue Kiserlovki, el más perjudicado de la patética ocurrencia de algún espectador –o más bien boicoteador del espectáculo– de poner clavos en el camino, en la ascensión al Mur de Péguére. 

Hubo más de 30 pinchazos y Evans acumuló tres. Pidió con insistencia al BMC que le proporcionase una rueda trasera nueva y llegó su compañero Cummings, que también había pinchazo... A Evans le colocaron la de Moinard, pero volvió a pinchar, y luego tuvo problemas con la rueda delantera. Rolland quiso aprovechar la situación para escalar puestos en la clasificación y llegó a tener dos minutos de margen sobre el grupo del líder, Wiggins, y de su Sky, que una vez alcanzado el francés quiso ralentizar el ritmo para que Evans no se viese perjudicado por la bobada de algunos en un día precioso, “redondo” para Luis León, consciente de que en un final al sprint poco o nada tenía que hacer con Sagan, segundo por segundo día consecutivo. Fue sincero el murciano: “Teníamos en mente arrancar de lejos, era la única oportunidad”.  

sábado, 14 de julio de 2012

Greipel devora a Sagan

El alemán empata a tres victorias con el maillot verde, al que supera en la meta por media rueda tras un gran trabajo del Lotto


Greipel celebra su triunfo en la meta - AP. 
Sacudido el Tour por el cambio de ritmo de Froome que dejó paralizado a su líder Wiggins a un suspiro de la meta en La Toussuire y del triunfo de David Millar, un “ex dopado que ha ganado limpio”, la ronda francesa vivió otro final de pirotecnia entre los dos de los corredores más explosivos al sprint: André Greipel (Rostock, Alemania, 1982) y Peter Sagan. Ganó el primero porque supo ponerse a la rueda del tercero, Boasson Hagen, por el que el Sky trabajó a destajo –incluso Wiggins puso su grano de arena para lanzar al noruego en los metros finales–. Ganó el primero, Greipel, porque se decidió antes que Sagan, con el que empata a tres triunfos en esta edición: “Me la he jugado al colocarme en la rueda de Hagen. Sé que es muy fuerte y que era una llegada muy ventajosa para él. Además, he visto que Wiggins le llevaba al sprint, así que he seguido con la idea que tenía. He tenido buen ojo”. No estaba en esa lucha Mark Cavendish, falto de forma este año, aunque es el actual campeón del mundo en ruta y el ciclista en activo que atesora más victorias en el Tour (21). 

Cavendish llegó a ocho minutos largos de un Greipel que no desaprovechó la ocasión que le brindaron sus compañeros del Lotto, inmensos para tirar del grupo de favoritos para desbaratar el sueño de Vinokourov y Albasini, los penúltimos en probar suerte. Tras alcanzar 22 segundos de renta, fueron alcanzados a 2'6 kilómetros del final y se apartaron a la derecha como hizo Luis León Sánchez, que atacó 300 metros después, aunque no encontró fuerzas para llegar primero a la meta. El objetivo del grupo de los siete escapados del día –entre los que estaba de nuevo el navarro Urtasun, que rozó la victoria en San Quintín, donde se impuso, cómo no, Greipel– y a los que se incorporó Morkov. El danés atacó, se lanzó a la aventura de pedalear en solitario, que por algo es el que acumula más kilómetros en fuga en este Tour: Morkov es el más combativo y la organización ya se lo ha reconocido dos veces. 

Cazado Morkov, lo intentó Evans con van Den Broeck, cuarto y quinto clasificados. El australiano busca su momento para tratar de estirar sus últimas opciones de revalidar la corona y de perder mucho tiempo más de tres minutos en la contrarreloj y en la etapa de La Toussuire. Van Der Broeck, por su parte, pretendía acercarse al podio de París. Pero ni uno ni otro tenía una historia tan redonda como uno de los fugados iniciales: Jimmy Engoulvent, otro francés extramotivado un 14 de julio, fecha clave en la historia de su país. De haberse mantenido fugado hasta el final, de haber cruzado  el primero la línea de meta tras coronar el Mont Saint Clair, de tercera categoría, Jimmy hubiese hecho un guiño a la expresión “los últimos serán los primeros”, fue fue el farolillo rojo la novena y la décima etapa. Pero su sueño se esfumó rápido y Greipel, gracias al trabajo del Lotto –“éste es el mejor grupo de compañeros que he tenido nunca”, reconoció, después de abrazarles uno a uno–, se llevó la gloria. Le sacó media rueda a Sagan, el primer agitador de un Tour que sigue liderando Wiggins gracias a que el Sky obligó a Froome en su famoso cambio de ritmo. El líder ya está decidido, por mucho que la carretera surjan dudas.   

domingo, 24 de julio de 2011

Cavendish se lleva su quinta victoria para despedir un Tour marcado por las caídas

Cavenvish celebra su victoria en los Campos Elíseos -EFE.

Un final tranquilo, lógico con el quinto triunfo de Mark Cavendish al esprint, para el Tour con más caídas, accidentes y más líneas de parte médico de los últimos años. Una edición ganada por primera vez por un australiano, Cadel Evans, que con 34 años y cinco meses  -el más veterano desde 1922, cuando Henri Pélissier venció con un mes más- se llevó un triunfo por el que llevaba luchando desde que se enamoró del Tour gracias a los éxitos de Miguel Indurain. "Hay personas que han confiado en mí", relató Evans, "y yo también". Quizás le subestimaron los dos hermanos que le acompañaron en el podio de París, los Schelck. Andy y Franck se centraron en Alberto Contador y se olvidaron de Evans, corredor que empezó destacando en mountain bike antes de aterrizar en el Saeco, donde conoció a su preparador físico, Aldo Sassi, vencido por el cáncer en diciembre del año pasado. Evans confesó que no había tenido tiempo para reflexionar sobre qué significaba para él ganar el Tour, pero se lo agradeció a los que han sido agradecido con él y se emocionó con el precioso Advance Australia fair. El himno de su país interpretado a capela por una cantante. 

Evans estuvo tan generoso en gestos -sus compañeros del BMC le abrazaron a la vez- en la celebración como luchador durante la carrera, en la que fue un auténtico resistente y no dudó en vaciarse hasta el final para rebañar algunos segunditos, como en Gap cuando le sacó tres segundos a Contador. Sólo se sintió ganador "hasta los dos, tres o cuatro kilómetros finales" de la contrarreloj de Grenoble. Una tortura para Andy y para el resto de no especialistas. Ahí entra Jeremy Roy, nombrado (con total merecimiento) ciclista más combativo de esta edición y al que tras cruzar el Aubisque le faltaron fuerzas para llegar primero a Lourdes. Una etapa en la que venció Hushvod, que como su compatriota Edvald Boasson Hagen pretendía alcanzar su tercera victoria en este Tour como homenaje a las víctimas de los atentados de su país, Noruega. Ni uno ni otro tuvieron opciones, pues en el último kilómetro surgió del pelotón el HTC para servir en bandeja a Cavendish otro triunfo más. El de la Isla de Man, puro rodillo, le sacó una bicileta entera de margen al segundo, el propio Hagen, y confirmó su primer maillot verde de la regularidad tras ser repescado en las dos últimas etapas de los Alpes, en el Galibier y en el Alpe d'Huez. El español José Joaquín Rojas fue segundo.

Esfuerzos en vano

Se cumplió con la tradición en los Campos Elíseos: fugas poco claras y etapa decisida al esprint. Seis corredores duraron en la escapada más larga y cruzaron juntos la línea de meta en la última de las nueve vueltas al circuito tras el toque de campana habitual. El Quick Step se puso manos a la obra para alcanzarles, mientras Swift y Back, dos de los fugados, apuraban sus pocos opciones de éxitos exprimiéndose al máximo. Carlos Barredo también intentó atacar. Esfuerzos en vano, simple previa para el acelerón de Cavendish: "Hemos permitido que otros equipos alcanzaron a los escapados para nosotros llegar frescos al final". 

Fresco y contento apareció en el podio junto a sus hijos Samuel Sánchez, maillot de puntos rojos que le distingue como el mejor de la montaña. Y justo después hizo acto de presencia Pierre Rolland, el mejor joven, quien le privó del triunfo en el Alpe d'Huez a él y a Contador, lejos de los focos de los homenajeados en su Tour más complicado tras un Giro mayúsculo. 

sábado, 23 de julio de 2011

Evans logra su primer Tour tras destrozar a Andy Schleck en la contrarreloj de Grenoble

Evans lanza el ramo de flores al público -EFE.
La diferencia estuvo a punto de alcanzar los cuatro minutos y medio. Andy Schelck caminaba, volaba hacia su primer Tour después de un calculado ataque en el Izoard y con dos compañeros como aliados en la fuga, camino del Galibier. Cadel Evans miró al resto del grupo. "¿No tiráis? ¿Por qué no tiráis?", les decía el australiano con gestos muy expresivos, totalmente enfadado. Evans no entendía por qué nadie hacía el trabajo sucio para recortar la renta de Andy. Así que, dedicido, se puso a tirar él mismo hasta recortar la desventaja casi a la mitad sin las ayudas de las que se ha aprovechado siempre. Evans tomó la iniciativa, salvó un día terrible y ató en corto al luxemburgués en la etapa de Alpe d'Huez, a pesar de tener problemas con la bici (que le cambiaron) cuando su rival se había escapado con Contador. Evans había resistido bien, había vencido en la photo-finish en el Muro de Bretaña. El australiano fue todavía más grande en el penúltimo día, en el último oficioso, cuando se quedó a siete segundos del ganador de la contrarreloj de Grenoble a Tony Martin, pero sobre todo destrozó al otro gran aspirante a ganar el Tour, Andy Schleck, con el que empezó con 57 segundos de desventaja y al que acabó sacando 1m 34s. Un mundo en 42'5 kilómetros de recorrido, una excelente actuación para que Evans celebrase su primer Tour: "No me lo creo, llevo tanto tiempo concentrado en ganar". Se acordó de su entrenador, Aldo Sassi, que falleció en diciembre y que seis meses antes le había asegurado que iba a llegar con el maillot amarillo a París. Contador fue tercero de la etapa y quinto en la general. Samuel Sánchez fue sexto, mientras que Thomas Voeckler resistió en el cuarto puesto y no tuvo opciones de subirse a la última plaza del podio, espacio para el hermano de Andy, Franck.  

Empapado en el rodillo, Evans estaba concentrado, inexpresivo antes de su tercera gran oportunidad de llegar a París como vencedor final. Había fracasado en el intento en 2007, cuando Contador ganó su primer Tour, y al año siguiente ante Carlos Sastre. No dejó escapar la ocasión esta vez el australiano, campeón del mundo en Mendrisio (Suiza) en 2009, donde vive actualmente, y amante de los coches antiguos, con lo que deshizo con Andy un empate trágico. Ambos habían sido dos veces segundos en la ronda francesa. Ahora el luxemburgués acumula tres (2009, 2010 y 2011), tantas como el carismático Raymond Poulidor. Evans no se lo creía en el podio, donde incluso esbozó una sonrisa, pese a ser una persona poco dada a mostrar su perfil más alegre. El referente del BMC olió el león de peluche de la organización y tiró las flores al público: su sueño se acababa de cumplir. Es el primer vencedor de la prueba desde 2005, año del séptimo Tour de Lance Armstrong, que no es español. 

"Igual su forma de correr no es espectacular"

Evans se ha renovado para vencer en la edición que siempre se recordará por el desfallecimiento de Contador en el Izoard y el Galibier. "Igual su forma de correr no es espectacular, pero ha hecho una gran carrera", le elogió el madrileño: "Es un digno campeón". Contador, que confesó que su móvil se quedó sin batería después de l gran número de mensajes que recibió tras su gran etapa en Alpe d'Huez, ha sabido asumir la derrota sin buscar excusas recurrentes como hacen otros. Más contento ha acabado Samuel Sánchez, brillante maillot de la montaña y con una victoria de etapa (la de Luz Ardiden) en su haber: es el primer español que acaba la prueba como el mejor escalador desde que en 1974 lo consiguiese Perurena. Sánchez hizo una crono notable, pues incuso superó al gran especialista actual, el suizo Fabian Cancellara, que salió pronto -era el 126º de 167- y que con la misma velocidad comprobó que no iba a ganar. En un rato le superaron Porte, De Gendt... Y, claro, Tony Martin. Cancellara, poco visible en este Tour, reducido a fundidor esporádico del pelotón al servicio de los Schleck, acabó a 1m42s del vencedor por el 1m 35s de Sánchez.

A poco más de un minuto acabó Contador, consciente de que tenía remotas opciones de llegar al podio y de llevarse una etapa que comenzó mal, pues a punto de caerse en la rampa de salida. Un susto que no le desconcertó, sino que le hizo para motivarse más, por qué no, para luchar por el triunfo de etapa. Tanto que el líder de Saxo Bank pasó por el primer punto intermedio a 21 segundos de Martin, exacto registro que Evans, que rodaba con mayor cadencia y más alegría que su competidor directo, que pasó a 57, por lo que al luxemburgués sólo le quedaban 21 de margen. Evans se comía a Andy, que por mucho que tenga dos campeonatos de su país en dicha especialidad, tenía sólo entre tres y dos segundos de renta en la mitad de la prueba. Era la lucha entre un corredor de 34 años rejuvenecido y juvenil y un joven sin gas. El australiano se mostraba muy entero en la subida en su bicicleta y pasó por el segundo punto a siete segundos de Martin (Contador pasó a 41'94) y más de medio minuto de ventaja en la general con Andy. Mientras, Taaramae y Rolland luchaban en su batalla por llevarse el maillot blanco, el de mejor joven de la prueba. Rolland, vencedor en Alpe d'Huez, se llevó el premio. 

Era cuestión de tiempo que Evans superase a Andy en la clasificación14 minutos de las cinco de la tarde. De hecho, en 60 segundos le sacó seis a Andy, desmoralizado antes de pasar por el segundo punto de cronometraje. Sabía que Evans iba camino de su primer Tour, un triunfo grandioso para alguien que ha sabido cambiar su forma de correr para ser el mejor. "Nos estamos olvidando de toda la gente que se ha caído y se ha roto los huesos en la carrera", quiso recordar Samuel Sánchez. Evans ha sido de los afortunados que no han tenido excesivos sobresaltos. El más fuerte, en definitiva. 

Contador pone la casta y Rolland vence en Alpe d'Huez

Contador, ascendiendo el Alpe d'Huez en solitario - EFE.

El orgullo y el respeto por sí mismo fortalecen al campeón, al que se le exige que demuestre su condición siempre, como si fuese una máquina y no una persona de carne y hueso como el resto. Agotado por un Giro prodigioso y maltrecho por las caídas, Alberto Contador (Pinto, 1982) había perdido el Tour virtualmente cuando no pudo responder al ataque seco y certero de Andy Schelck en el Izoard y se quedó descolgado en la ascensión al Galibier. Una pájara, que se diría en el argot ciclista, sobre todo un motivo poderoso para acabar la prueba sin excesos. Pero Contador se negó a agotar los últimos cartuchos del Tour sin seguir dando guerra, como ya había hecho atacando en un puerto de segunda como el col de Bayard el día que hizo perder más de un minuto en la meta de Gap al propio Andy o cuando se alió con su hermano de asfalto, Samuel Sánchez, para vaciarse un descenso técnico en la siguiente etapa con final en Pinerolo, en un esfuerzo con  el que no obtuvieron recompensa. Eso, el decir aquí esto yo y no me rindo nunca -"quería divertirme", dijo- es lo que intentó Contador con un ataque a más de 90 kilómetros de la meta, menos de 24 horas de su desfallecimiento en el Galibier. El tres veces campeón del Tour juntó todos sin dientes, se levantó del sillín y lo probó sin dudas: sólo Andy pudo seguirle entonces y Cadel Evans, paralizado por el pánico, se bajó varias veces de su bicicleta. Al australiano, al que le cambiaron la bici, le temblaban las piernas y le había fallado la cadena. Mientras, el maillot amarillo, Thomas Voeckler iba a su ritmo y no podía aprovechar el cable que le ofrecía su ex compañero Pineau. Contador, Andy y el resto de escapados serían alcanzados por gran parte de los favoritos -Sánchez remontó en la bajada-. Un contratiempo que no desanimó a Contador, inmenso, como el escenario, arrancó en el inicio de Alpe d'Huez y sólo le siguió por un momento Rolland, el vencedor final después de aprovecharse de que Contador y Sánchez, brillante maillot de la montaña final, tirasen del carro. El Tour se decidirá este sábado en la contrarreloj de Grenoble entre Evans y Andy, que parte con una pequeña ventaja de 57 segundos.  

Contador lamentó no haber podido ganar la etapa y dijo que quizás se había acabado atacando tan pronto. Una decisión inusual entre los grandes en el ciclismo actual, más dado a darlo todo en la recta final, que el romper la carrera muhco antes. ¿Es igualdad entre los mejores? ¿Es respeto? ¿O quizás falta de fuerzas? Lo cierto es que uan de las ediciones de la ronda francesa más parejas de la historia tuvo uno de sus capítulos más bellos en el Galibier, con la valentía de Andy atacando a 62 kilómetros de la llegada, y tuvo su continuación en la etapa de Alpe d'Huez, la última para Voeckler como líder. El ídolo francés es un compañero antipopular en el pelotón que está acostumbrado a sufrir desde que perdió a su padre en alta mar mar cuando era pequeño.  

El amor propio de Voeckler

La fortaleza de Voeckler es su amor propio, una energía que le permitió rodar solo mucho tiempo sin nadie que le ayudase. Al final, claro, perdió más de tres minutos respecto al ganador y bajó a la cuarta posición de la general. Eso, la clasificación final, es algo que no preocupa a Contador, que según dejó claro sólo le importa ser el campeón. Dijo haberse acordado de sus vecinos de Pinto mientras subía el puerto.

"Había que jugársela", insistió Contador, al que Evans y Andy no pudieron seguir. Sí le alcanzaron Sánchez y, a su rueda, Rolland, que cambió el ritmo y se marchó sin remedio a dos kilómetros de coronar el Alpe d'Huez. Contador y Sánchez hablaron para ver cómo podía alcanzar al valioso gregario de Voeckler, al que le habían dado carta libre para que hiciese la suya. Pero ninguno de los dos tenía ese último plus necesario para llevarse una etapa tan mítica. A Contador, increpado por un espectador vestido de médico con jeringa en referencia a su positivo por clembuterol, le valió para demostrar que los auténticos campeones están a las buenas y a las maduras y acaban levantándose. A Sánchez para hacerse con el maillot de puntos rojos. Un premio merecido para un ciclista que ganó en Luz Ardiden y fue segundo en Plateau de Beille y también en Alpe d'Huez. "Lo de Alberto ha sido increíble. Nos ha puesto en jaque todos", reconoció Sánchez. La organización premió a Contador como el más combativo de la jornada. 

sábado, 16 de julio de 2011

Las dudas de los favoritos, la certeza de Vanendert para coronar el Plateau de Beille

Vanendert festeja su primer triunfo como profesional en el Plateau de Beille -EFE.
Respeto y miedo suelen ser sinónimos, una relación que tienen muy clara los hermanos Schleck, preocupados más por el rival al que más temen, Alberto Contador, que por marcar el ritmo y las distancias. En la quinta parada en la historia en el Plateu de Beille, coronado por campeones finales como Marco Pantani, Lance Armstrong y el propio Contador, los Schelck marearon la perdiz con ataques de terciopelo. Andy lo intentó cuatro veces y Contador replicó con calma tres y con rabia sólo el segundo, como si supiese que el luxemburgués, su gran contrincante los últimos años, fuese de farol. O quizás el español no podía más de sí. Iban Basso fue valiente con un ataque tan feroz como estéril, como el inicial en el que se llegaron a reunir hasta dos docenas de escapados en el descenso del segundo puerto del jornada. Samuel Sánchez y Jelle Vanendert, protagonistas finales ya en Luz Ardiden, volvieron a ser en el Plateau de Beille, pero con los papeles cambiados. Decidido y sin complejos, el belga se fue a por la primera victoria como profesional y superó al último fugado, Casar. Nadie siguió a Vanendert hasta que lo probó Sánchez con más ilusión que piernas y una desventaja superior al minuto y medio. Una broma en la mayoría de etapas, pero no en una ascensión que se sube en unos tres cuartos de hora. Así que Vanendert se tocó el casco, miró hacia atrás y celebró con timidez una victoria sensacional, el premio al más descarado de la jornada. El Tour se despidió de los Pirineos y Thomas Voecker cruzó la línea de meta eufórico, apretando el puño, sabedor que ha superado con nota un tramo importante de la prueba. Andy recortó dos segundos a Contador y al resto de favoritos, y Sánchez, 25 al luxemburgués y dos a los demás.

En los últimos tiempos el Tour se ha acostumbrado a funcionar al ritmo de las decisiones de Contador, un vencedor final con márgenes estrechos, pero muy inteligente para atacar en el momento justo. El español, que ha vencido en sus seis últimas grandes vueltas, no tiene la fuerza que demostró en el Giro con sus ataques en el Etna y el glaciar Grossglöckner ni tampoco la de su primera gran actuación, en la ronda francesa del 2007, cuando atacó en la ascensión del propio Plateau de Beille, y sólo el entonces líder, Michael Rassmussen, apartado después de la prueba por el Rabobank.

Caídas de Voigt

Fatigado por el Giro y cansado mentalmente por todo lo que ha leído sobre él en los últimos meses y días -la prensa francesa insiste en que se retirará antes de llegar a París-, Contador resiste y observa. Defiende que cada día se siente mejor y que el momento de reaccionar será la tercera semana en los Alpes. Sus rivales callan y otorgan, y casi todo el margen que le llevan se debe a la caída del primer día. Señal que el español les infunde respeto y que ellos no son lo suficientemente valientes para arrebañarle más segundos, por mucho que el Leopard torturase el ritmo del pelotón con Stuart O'Grady o con Jens Voigt, que tuvo un día desafortunado y tuvo que cambiar la bici tras el primer de sus dos caídas -se encaró con la televisión francesa por enfocarle, en un acto infantil-. Aunque el accidente más espectacular fuese el de Ten Dam, que se salió de la carrera, tropezó con una piedra en la hierba y se cayó de cara. 

Por entonces el vasco Izagirre era cabeza de carrera con casi un minuto de margen sobre sus perseguidores y más de cinco sobre el grupo principal, que fue reduciendo las diferencias a marchas forzadas. Uno de los cometidos de Fabian Cancellara en el Leopard, además de ser el mejor contrarrelojista de la actualidad. El suizo puso el ritmo hasta que,a  15'8 kilómetros del final, empezó la ascensión a Plateau de Beille. Cancellara se apartó: había cumplido. Casar era en ese momento el fugado y Riblon y Zandio, los perseguidores. Una anécdota, como los continuos amagos de ataque de Andy o los gestos de Franck, jugando a despistar a Contador. Faltaba sangre y decisión y, sin nada que perder y con el recuerdo de haber cedido en los metros finales en Luz Ardiden, saltó Vanendert. Un descaro que le valió para festejar el primer triunfo de su carrera. Samuel Sánchez fue el segundo en el día del adiós de los Pirineos. El Tour conserva todas las dudas que tenía hasta ahora. Contador sigue entero y los Schleck funcionan como una pareja de observadores sociales: miran más que hacen. Y no es una prueba para estudios. Así que Cadel Evans, el ciclista-mosquito, el especialista en chupar ruedas del resto, se relame. Todo está siguiendo su guión.      

lunes, 28 de septiembre de 2009

Cadel Evans, el segundo que por fin fue primero

Evans celebra su victoria en Mendrisio -EFE.



Le molesta que fumen al lado y odia a la gente falsa y las máscaras en general. Cuentan de él que es un tipo solitario y perfeccionista que se relaciona poco con el pelotón y lo estrictamente necesario con los periodistas, con los que ha llegado a pelearse y a los que se imagina sentados delante de sus portátiles tecleando sus defectos mientras le ven por un monitor. Cadel Evans (Katherine, Australia, 1977) llevaba mucho tiempo leyendo crónicas de los especialistas en los que se le acusaba de chuparruedas, conservador y eterno aspirante que nunca ganaba a nada. Por eso aún apretó más los dientes y exigió todavía más a sus piernas cuando vio que el ataque que había planteado a punto de afrontar la Torrazza de Novazzano, la última subida del Mundial de Mendrisio surgía efecto. Ni Kolobnev ni Quim Purito Rodríguez llegaron a un acuerdo para atraparle y el australiano logró la primera gran victoria de su carrera. “He recibido muchas críticas y se ha dudado mucho de mí. Este oro es una demostración de lo que valgo. Se me ha criticado que no gano, que no gano, pero hoy he hecho una gran prueba”, despachó Evans nada más llegar a la meta. Lo llevaba demasiado tiempo dentro y lo soltó sin apuros.

No ha tenido una temporada fácil el ciclista australiano, que acabó 30º en el Tour –“tuve problemas físicos”– y perdió las opciones de victoria final en la Vuelta por un pinchazo en la subida a Monachil. “He tenido mala suerte”, se justificó Evans, etiquetado por los periodistas y por gran parte de los aficionados como el nuevo Poulidor por haber acabado segundo dos veces en el Tour (2007 y 2008). Incluso hace dos años perdió el podio a favor de Samuel Sánchez en el Alto de Abantos, el antepenúltimo día, y no supo recuperarlo en su terreno, la contrarreloj, al día siguiente. Evans se olvidó por un momento de todas estas decepciones y mostró orgulloso su medalla de oro, mordiéndola para creerse de una vez que era real. A su lado sonreían Kolobnev, plata, y Purito Rodríguez, bronce. Los únicos que estuvieron en disposición de cuestionar el triunfo al australiano. Rodríguez, agotado por haberse vaciado en las escapadas durante la jornada, claudicó al comprobar que el ruso pretendía que hiciese él todo el trabajo. “Somos tontos”, le dijo a Kolobnev, que no quiso desgastarse más porque sabía que tenía el segundo lugar asegurado por ser mejor al sprint.

Permisividad de Sánchez y Valverde

Pero el triunfo de Evans, más allá del conservadurismo de Kolobnev, sólo fue posible por la permisividad de Valverde y Sastre, del actual campeón de la Vuelta y del oro olímpico en Pekín, respectivamente. Ambos estaban en la fuga definitiva, formaban parte del grupo de nueve corredores que se iban a repartir las medallas, pero no reaccionaron cuando Evans, Purito Rodríguez y Kolobnev se escaparan en el último tramo, a expensas, confiados, de que ese prodigio de la física y del límite humano llamado Fabian Cancellara solventase la situación. El suizo, motivado siempre, motivado aún más por correr en casa, se cansó de ser el único en intentarlo y dejó de hacerlo, mientras Sánchez (cuarto), Valverde (noveno) y el resto –Óscar Freire ya se había quedado hacía rato, finalizó 15º–, parecían estar pensando lo mismo: ¿y ahora quién tira? Nadie tiró y Evans logró su victoria más reivindicativa, la que le hizo recordar sus mejores tiempos, siempre en mountain bike, disciplina en la que ganó dos Copas del Mundo (1998 y 1999). En 2001 se pasó al ciclismo, donde debutó con Saeco para pasar después por Mapei, T-Mobile Team y Lotto (Davitamon, Predictor y Silence). Evans tiene en su palmarés una etapa y el triunfo final en el Tour de Romandía (2006), también ganó una cita en la París Niza y otra en la Semana Coppi y Bartali, de la que fue el vencedor final (2008) y en 2007 concluyó el año como número uno del UCI ProTour.

“Con tres españoles en la fuga tenía que pasar a la ofensiva”, desgranó Evans, que vive nueve meses del año muy cerca del circuito. Casualidades de la vida, el año que viene el Mundial será en Australia. Esa victoria aún sería más familiar.