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sábado, 20 de julio de 2013

Nairo Quintana, la efervescencia de un debutante protagonista

El ciclista del Movistar vence en Annecy-Semnoz y llegará a los Campos Elíseos como maillot blanco y de la montaña y segundo en la general, puesto que le arrebata a Contador, cuarto y superado también por Purito en un Tour ganado por Froome   



Rodeado por un círculo de personas, pidió espacio. Espacio para coger aire, beber un poco y saborear una victoria muy estudiada. Por un día, Nairo Quintana (Cómbita, Colombia, 1990) había sido cauto y reservado, nada que ver con su comportamiento en Pailhères, Mont Ventoux o Aple d'Huex, donde fue un ciclista desatado. En la penúltima etapa de su primer Tour el ciclista del Movistar gestionó el tiempo a su antojo, como un buen base. Primero respondió a Purito Rodríguez cuando éste, en la subida al puerto de Annecy-Semnoz y después de coger al último escapado de la jornada –el eterno Voigt–, definió el podio en París dejando con la lengua fuera y como gran derrotado a Alberto Contador –finalmente cuarto–. Y después, a Froome, que buscó su cuarto triunfo con un ataque seco al que el ciclista colombiano contestó con frialdad y casi sin esfuerzo. Quintana se reservó la traca final para los últimos metros, que recorrió en solitario. Un broche de oro para Quintana, un debutante efervescente y protagonista, que al maillot blanco como mejor joven que ya tenía más que asegurado sumó el de la montaña y el segundo puesto en la general. Muchas alegrías en la jornada más emotiva para su país, que conmemoraba el 203º aniversario de su independencia: Es un día muy especial para Colombia. Este triunfo está dedicado para todos los colombianos, que en este momento me están viendo. A mi padre, a mi madre, mi novia, mis hermanos, a todos mis amigos que me han ayudado de muchas maneras. Un saludo a toda Tunja, Cómbita, Boyacá y Colombia”. Aunque del primero que se acordó fue de José Luis Arrieta, “el mejor director que he tenido” y al que felicitó por clavar el plan: “Sucedió todo según lo previsto”.

El Movistar ha sido el equipo más combativo y el que más salsa ha dado en un Tour en el que ha sabido recomponerse y replantear su planteamiento inicial. En Saint Amand Montrond perdió la opción de podio para el líder previsto, Alejandro Valverde –al murciano se le rompió una rueda entre los abanicos– y la clasificación por equipos, pues varios compañeros fueron sacrificados para sacar a Valverde del apuro –sin éxito, entre otras cosas, por la aceleración del Belkin de Mollema–. Ese día uno de los sacrificados fue Rui Costa –renunció al Top 10, pero se resarció después ganando en Gap y Le Grand Bornard– y Quintana pasó a ser el líder del equipo. Mensaje claro: ya no tienes ataduras, Nairo.

La acción despreciable de Rolland

Con carta blanca, Quintana ha sido todavía más grande e incluso compitió en el Mont Ventoux con Froome, al que sí doblegó en Annecy-Semnoz, llevándose una etapa que comenzó con un ataque en los primeros metros de Rolland. El francés –al que después se le añadieron varios corredores, entre ellos, el incansable Flecha– soñaba con el maillot de la montaña, del que solo le separaba un punto con respecto a Froome. Rolland se volvió a ganar la admiración del espectador por su osadía, una simpatía que perdió en la coronación al Col de Leschaux, cuando empujó a Igor Antón hacia el público para impedir que pasase primero y se llevase la máxima puntuación. Pero el ciclista del Euskaltel pudo mantener el equilibrio para llevarse esos dos puntos –Rolland sumó otro– y reaccionó con frialdad o, mejor dicho, deportividad ante una acción tan despreciable: le dio un golpecito en la espalda casi paternal.

Voigt, en cabeza

Poco después, Voigt se quedó solo en cabeza y Antón probó de todas las formas posibles alcanzarle sin éxito, mientras el pelotón iba neutralizando al resto de escapados y tanto Evans como Andy Schleck se quedaban petrificados. El primero antes de empezar el puerto de categoría especial, el segundo, tras un arrebato del Sky, que cogió el testigo del Movistar, que en todo momento había mantenido las diferencias con los escapados. Una desventaja que nunca alcanzó los cuatro minutos y casi siempre se mantuvo en el minuto, minuto y poco. Minucias.

Cortado Mollena, Valverde quiso hacer una selección todavía más profunda con otro cambio de ritmo que dejó sin fuerzas a Kreuziger, eliminado tras otro arreón de Porte. Entonces fue el turno de Purito, inmenso en el tramo final del Tour, y al que solo pudieron seguir Quintana y Froome, que apartó a un espectador que parecía querer oír las pulsaciones del ganador de la prueba de lo cerca de que se le puso al británico. Mientras Contador, fundido, iba a su ritmo y se refrescaba el cuello con una botella del agua, consciente que el podio era ya una quimera y que por delante rodaban los tres más fuertes. De ese grupo siempre tiró Purito, hasta que Froome se marcó un ataque estéril ante Quintana, que replicó con suma tranquilidad. Quizás el británico se marcó un farol, pues tampoco pudo disputarle la segunda plaza de la etapa a Purito. Eso sí, Froome sonrió de alivio tras cruzar la línea de meta y Quintana mostró después a los periodistas una medalla que le regaló su compatriota Mauricio Soler, al que sustituyó en el Movistar, y que tuvo que retirarse del ciclismo tras un grave accidente en la Vuelta a Suiza en 2011 que a punto estuvo de costarle la vida. “Este triunfo también es para Mauricio”, dijo. Sí, Quintana también es detallista.     

domingo, 14 de julio de 2013

Froome incendia el Mont Ventoux

El líder del Sky deja sin respuesta a Contador y se deshace de Quintana, el único en replicarle en la montaña

Froome celebra la victoria en el Mont Ventoux - EFE. 
Quizás fueron un par de consultas de cortesía, respeto y admiración. Cuando Chris Froome (Nairobi, Kenia, 1985) miró varias veces fijamente, izquierda y derecha, a Alberto Contador es posible que le estuviese desafiando en plena subida al Mont Ventoux: “¿Atacas?”. Que quisiese ver cómo uno de sus grandes rivales respiraba y cogía aire después de que Kennaugh hubiese eliminado a varios del grupo de supervivientes. O que fuese una advertencia: “Cuidado, el ataque es cuestión de tiempo”. Froome no se anduvo con rodeos y quiso destrozar a Contador, el único contrincante que había replicado después al ritmo torturador de Porte. Impasible, el ciclista británico aceleró con parsimonia y volvió a mirar hacia atrás para comprobar que, en efecto, Contador era incapaz de seguirle. Froome era un molinillo humano y tenía hambre de victoria. Le importaba ese momento de gloria, no tanto casi sentenciar el Tour. Sabía que por delante tenía a Nieve y a Nairo Quintana, otro que como él apenas gesticula con el dolor y que sin torcer el gesto había en el primer cuarto de Mont Ventoux. Froome deboró al ciclista del Euskatel y pareció jugar con el colombiano, al que alcanzó, sacó de punto y dejó incorporarse, antes de arrancar definitivamente a cuatro kilómetros de coronar el mítico puerto. Froome, a quien nadie frena y que tanto sufrió el año pasado por tener que acatar que su compañero Wiggins era el líder impuesto, no se permitió ni un descanso hasta el final. Apuró tanto que solo festejó la victoria en la misma línea de meta –señalando el nombre de Sky, el patrocinador del equipo y levantando la otra mano– para sacar la máxima ventaja en la corona del Mont Ventoux, territorio, entre otros, de Pantani, Virenque, Merckx, Poulidor o Charly Gaul. Le sacó 29 segundos a Quintana, 1m 23s a Nieve y Purito Rodríguez y 1m 40s a Contador, que sigue tercero, pero ya a 4m 25s -“el camino a París es muy largo, pero la diferencia es muy, muy grande”-. A 4m 14s está el sorprendente Mollema.

No le podíamos dejar coger minutos”, dijo Froome sobre Quintana, el debutante sobre el que había dicho que no había que dejarle ni un centímetro y al que, visto lo visto, es el único con autoridad para replicarle. Aunque el colombiano ocupa es sexto -“he llegado vacío, nunca había hecho tal esfuerzo”- a 5m 47s, ya tiene carta blanca en el Movistar tras la jugarreta a Valverde en Saint Amand Montrond cuando rompió una rueda y perdió casi 10 minutos el viernes cuando iba segundo y Froome le señalaba como referencia: “Voy a su rueda”. Valverde coronó el Mont Ventoux a 2m 32s y superó en la clasificación –es 15º– a dos ganadores del Tour que quedaron a años luz de Froome: Andy Schleck (2010, tras la sanción a Contador) se quedó colgado al inicio del puerto y cedió ¡10m 42s con el vencedor! Y Evans (2011), 8m 45s. La pregunta es obvia: ¿cuánto le hubiera sacado al de 2012? ¿Cuánto le hubiese rebañado a Wiggins?

domingo, 23 de septiembre de 2012

Gilbert cumple los pronósticos y Valverde agarra el bronce en Valkenburg

El belga se viste el maillot arco iris de campeón del mundo de ruta con un ataque seco y esperado a dos kilómetros de la meta

Hagen, Gilbert y Valverde, en el podio - AFP. 

No por esperado y anunciado por cronistas y entendidos del mundo del ciclismo dejó de ser un ataque duro y sin un ápice de duda de Philippe Gilbert (Verviers, Bélgica, 1982), rodeado y protegido por varios compañeros suyos de la selección belga en la última subida al Cauberg. En forma, Gilbert es un salvaje difícil de atrapar que gana con tiempo a recrearse, en cuanto dejó atrás a Nibali, el único que no era de su país, pedaleó hacia su sueño de siempre: el maillot arco iris, ser campeón del mundo de ruta y morder la medalla de oro. En un suspiro, a 2 kilómetros para la meta, abrió un hueco tan grande que le dio tiempo a agitar su puño derecho, a saludar al público en la localidad turística holandesa de Valkenburg, entre ellos muchos belgas ondeando la bandera de su país, y señalar al cielo. Ahí, en las nubes, estaba Gilbert, incansable para arrancar con el plato gordo. Escapado el que sería el campeón, se formó un terceto de aspirantes a las dos medallas que quedaban por repartirse: Kolobnev, Hagen y Alejandro Valverde, fantástico en la temporada de su retorno tras su sanción y recibió el bronce de las manos de Pat McQuaid, presidente de la UCI, quien hizo todo lo posible para impedir su presencia cuando no el murciano no había sido castigado. Valverde reconoció que no se fue a por Gilbert para seguir trabajando para Óscar Freire y no tuvo fuerzas para replicar a Hagen, que se llevó la plata.   

No hubo dudas sobre quién sería el campeón cuando arrancó Gilbert, que recordó que sus antepasados son holandeses, y que, por supuesto, su selección “ha hecho un gran trabajo y ha sabido posicionarse”. Quedarse en el grupo final de 40 más fuertes, después de una primera fuga neutralizada en la que estuvo Pablo Lastras y a la que se uniría después Flecha, també Contador o Cataldi, vencedor en el Cuitu Negro de la Vuelta. La prueba en la que renació Gilbert, capaz de ganar en Montjuïc ante Purito Rodríguez y en La Lastrilla ante Valverde. Dos triunfos que, unidos al sueño de siempre, “llevar 12 meses el maillot arco iris”, hacen que la temporada sea de notable alto para Gilbert, un clasicómano con un palmarés generoso: dos Amstel Gold Race (2010 y 2011), una Liège-Bastogne-Liège (2011), dos Paris Tours (2008 y 2009) y un Tour de Lombardía (2009 y 2010). También cuenta con un triunfo de etapa en el Tour y otro en el Giro. Lejos queda un gran susto, el cáncer de piel que le fue detectado en 2007 y del que se recuperó este ciclista que empezó su carrera siendo instruido por su familia y por Christian, su hermano mayor. Como rezaba una pancarta en holandés que sostenía un monigote que emulaba a un ciclista, un invento de un espectador, “Proficiat Phillipe”. O lo que es lo mismo: bravo Philippe. Bravo Valverde, que entró a cinco segundos del oro y a uno de la plata, con margen sobre el imparable Degenkolb. El murciano, segundo en una Vuelta en la que se llevó el maillot verde y el de la combinada, además de dos triunfos de etapa y otro con su Movistar, logró su cuarta medalla mundialista, la segunda de bronce. Tiene otras dos platas. A su cuarto oro aspiraba Óscar Freire en su último Mundial y que se quejó de la estrategia: “Habíamos decidido que nos la íbamos a jugar en el sprint conmigo y que todos me guiarían. Algunos lo hicieron hasta que pudieron. Otros no lo hicieron por falta de fuerzas. Pero Valverde se fue a buscar a Gilbert y se olvidó de mí y de su compromiso. Y yo estaba bien. Podía haber ganado”. Nada que ver con el punto de vista de Valverde: “Pero tenía que haber ganado yo. Tenía que haberme ido con Gilbert cuando atacó porque iba delante, con él, pero me quedé esperando a Freire, pues era lo decidido”.
      

domingo, 9 de septiembre de 2012

Contador regresa llegando a lo más alto con su segunda Vuelta

Degenkolb alcanza su quinta victoria en el último sprint y Valverde, segundo de la general, le birla el maillot verde y el de la combinada al tercero, Purito


Valverde, Contador y Purito, en el podio de Madrid - EFE. 

Con la Puerta de Alcalá de fondo y el griterío popular, John Degenkolb levantaba la mano abriéndola del todo, mostrando su manita de victorias de etapa. El corredor del Argos alzó la bici como si fuese un trofeo y se abrazó a su compañero De Kort, quien le lanzó en el último sprint. Unos metros que Degenkolb gestionó con tanta frialdad y seguridad que Bennati se sentó, sabedor de que no tenía nada que hacer. No hizo lo mismo Alejandro Valverde, inconformista para vaciarse para ser sexto y llevarse a última hora dos maillots, el de la combinada y el verde de la regularidad, que arrebató a Purito Rodríguez. Valverde también subió al podio como líder del mejor equipo de la prueba, el Movistar, y también estuvo en el podio final como segundo, acompañado del propio Purito, tercero, y del vencedor, Alberto Contador, emocionado por ganar su segunda Vuelta, por regresar a la competición con un triunfo tan prestigioso y que tras cruzar la meta señaló mostró siete de sus dedos. Las grandes vueltas que ha ganado, aunque la UCI le haya quitado un Giro y un Tour por su sanción por clembuterol.  

La firma de Contador está llena de trazos para arriba y para abajo que parecen montañas, como si fuesen un homenaje al territorio en el que se defiende tan bien y en el que esta ocasión sólo pudo marcar diferencias en un puerto no tan exigente como otros coronados como Collado de la Hoz. Ahí medio sentenció su segunda Vuelta, que tiene forma de ensaladera. Un buen reclamo para degustar una buena ensalada con sus compañeros en el Saxo Bank, a los que invitó a subir al podio para que disfrutasen del maillot rojo por el que tanto han luchado. Ahí estaban Majka, Jesús Hernández o David Navarro, fundamentales para él éxito. 

Un trofeo en forma de ensaladera 

El ciclismo es eso, una disciplina que no se entiende sin los gregarios, los que no figuran en los titulares y el sustentan a los líderes de equipo, a los que marcan el ritmo en los momentos difíciles y ayudan a eliminar rivales. Llegado el momento, agotado el corazón, se apartan. Por eso tiene tanto mérito que David Moreno, gregario de Purito, haya sido quinto clasificado, a poco más de un minuto de Chris Froome, que llegó agotado a una Vuelta que tuvo a Contador a su corredor más combativo. Una decisión cuando menos discutible y en la que se impuso a Valverde, Purito y Aramendia, quizás quien más se lo merecía, ya que se ha cansado de meterse en fugas como poco futuro, por el placer de intentar casi un imposible. También, incansable, ha estado Simon Clarke, vencedor del maillot de la montaña.

Una categoría, la de puntos azules, que también llegó a dominar Valverde, que subió al podio de la mano de su hijo Pablo y que tuvo el detalle de quitarse el maillot verde para que los fotógrafos hicieron las fotos de un podio exclusivamente español. El murciano está agradecido al equipo por haberle reservado un hueco durante 19 largos meses de sanción. Contador se sacó la gorra ante Valverde y Purito por haber sido unos dignos rivales y dijo en voz alta algo en lo que coinciden los aficionados al ciclismo: “Éste es un día importante. Esta Vuelta a España ha sido un éxito”.    

sábado, 8 de septiembre de 2012

Un trío ejemplar para eternizar una Vuela modélica

Contador gana su segunda ronda española tras sobrevivir al corazón de Purito, que no puede arrebatarle la segunda plaza a un Valverde corajudo en la victoria de Menchov en la Bola del Mundo

Menchov celebra su triunfo en la Bola del Mundo - EFE.

Es la nobleza de un trío de ciclistas autóctonos y la de sus entregados gregarios la que hará que esta Vuelta modélica se recuerde con admiración, por disputada, por los decibelios generados y el corazón encogido, al límite. Un golpe a ese ciclismo de calculadora que abraza a la fórmula científica e ignora el riesgo. Hasta el último día de verdad –la etapa con final en la Castellana es un fin de fiesta para esprínters– llegaron emparejados Alberto Contador, Alejandro Valverde y Purito Rodríguez. Los tres fueron a la par hasta el cemento rugoso y afilado de la Bola del Mundo, coronada por Denis Menchov, perdido a casi dos horas en la general, pero inmenso para vaciarse y  llevarse un gran recuerdo a título personal –“un triunfo muy importante para cerrar el año”–. El imperturbable ruso afincado en Pamplona recalcó que está orgulloso del Katusha y, en concreto, de su líder, Purito, que en la Bola del Mundo quiso soñar con algo más que el tercer lugar dejándose los riñones. El catalán  respondió al ataque de prueba de Valverde con dos más, suficientes para que cediesen tanto el murciano como el propio Contador, consciente de que su rival lo intentaría al final, “pero no se podían hacer diferencias”. A Valverde no le comieron los nervios y supo resistir para conservar su segundo puesto y recortar a 1m 16s la diferencia con Contador, satisfecho por su segunda victoria virtual en la Vuelta, con 1m 37s de margen sobre Purito. 

Resumió Contador que ha sido una prueba tremendamente exigente, de “piernas y de cabeza”, de fuerza bruta y estrategia. El corredor Pinto ha sabido llevarse el gato al agua después de varios meses alejado de la competición por sanción. A Contador, aunque a veces se equivocase en el punto para arrancar como le ocurrió en Montjuïc, no le ha faltado ambición, aunque sus cambios de rimo no tuviesen su explosividad habitual y le sobrase su sombra, Purito, sólo roto en Collado de la Hoz, donde se decidió la carrera. Un instante que no se pudo ver en directo porque TVE todavía no había iniciado la retransmisión. El instante decisivo fue anónimo hasta que empezaron a publicarse fotografías de agencias y los aficionados colgaron vídeos en youtube. 24 horas después la televisión estatal recurrió a la organización para pinchar ese instante de esa etapa con final en Fuente Dé de la que Valverde también sacó petróleo, birlándole la segunda plaza a Purito. 

Valverde, el silencioso

Valverde ha sido el sido el ciclista silencioso de la Vuelta: confirmó a última hora su presencia y ha llevado en algún momento todos los maillots posibles. El rojo, lo perdió en una caída en la que cedió casi un minuto. Pero Valverde, después de volver a cuestionar la ley no escrita de la ética del pelotón, se ciñó a ser protagonista en la carretera y lo hizo con una victoria de insistencia en Arrate y otra de explosividad en La Gallina, además de ceder poco ante Purito y Contador y recuperar segundos en los finales y las bonificaciones. 

Valverde ha puesto salsa a esta Vuelta, por más que algunos cronistas, cortos de miras o quizás por falta de espacio, hayan centrado sus textos en Purito y Contador. El ciclista de Parets del Vallès está en el mejor momento de su carrera, tras rozar el Giro y llevarse tres triunfos de etapa, además de vestir el maillot de la combinada y de la regularidad. Purito ha sido valiente hasta donde podía serlo, hasta la Bola del Mundo, donde le sacó 44 segundos a Contador y 25 a Valverde: “He ido bien, pero Valverde también, así que ha sido imposible”. Purito felicitó a Menchov, que llegaba a la Vuelta con bastantes más aspiraciones que un triunfo de etapa, pero que supo sufrir para llevarse un a victoria de postín. El botín por el que luchó la numerosa fuga del día. Boet, Capecchi y De Weert atacaron demasiado pronto y, más listos y con menos fuerzas, Porte y Menchov se quedaron solos. Con la misma tranquilidad con la que habla ganó el ruso, mientras por detrás el trío de autóctonos persistía, cada uno por su objetivo, después de haber resistido los mazazos de los gregarios de Contador, en especial de Majka y Jesús Hernández, de Dani Moreno, vital para Purito, y de Beñat, fundamental –como Nairo Quintana– para Valverde. Un broche de oro para una Vuelta modélica.        

miércoles, 5 de septiembre de 2012

Contador incendia una Vuelta de la que casi se despide Purito

El corredor de Pinto ataca en Collado de la Hoz y le birla el maillot rojo al catalán, ahora tercero tras Valverde, inmenso para sacar también tajada de la jornada


Contador explota de emoción en la línea de meta - AFP. 

Alberto Contador es fuego. Es un auténtico diablo que, como todo el mundo, tiene un lado más tranquilo y otro más salvaje. Se fió de esa voz interior que le dijo “¡ataca!”, por más  que todavía quedasen 50 kilómetros para la meta y estuviese en Collado de la Hoz, el penúltimo puerto de una jornada que, en teoría, no guardaba grandes sorpresas. Su rival, Purito Rodríguez, el espléndido ciclista que poco a poco, como hacen las hormiguitas, se había hecho merecedor del maillot rojo por aguantar a Contador en la contrarreloj, superarle en los finales y frustrar sus continuos ataques no pudo más. Se quedó sin remedio ante el ataque “instintivo” del corredor de Pinto, que era consciente de que le podía salir todo rematadamente mal y podía perder incluso la segunda plaza. Su descaro y el excelente comportamiento de su Saxo Bank –en especial de Tiralongo– le permitieron tener tiempo de girarse tres veces antes de cruzar la meta y sacudir los brazos aliviado, emocionado por dar un giro total a una Vuelta que se le estaba escapando y que ahora tiene más cerca. Contador es el nuevo maillot rojo después de sacarle cerca de tres minutos a Purito, al que deja tercero a 2m 28s en la general, y aventaja a Alejandro Valverde, el otro gran protagonista de la etapa con final en Fuente Dé en 1m 52s. Listo y explosivo, el murciano fue capaz de recortarle más de dos minutos a Contador en los últimos kilómetros y de haber tenido unos metros más la etapa habría luchado por ella. Chris Froome llegó a casi cinco minutos y tiene el podio a más de siete. 

El acelerón de Contador en Collado de la Hoz ya forma parte de una de esas instantáneas que los amantes del ciclismo tienen en su hemeroteca de recuerdos. El corredor de Pinto se fue a por los escapados, entre ellos, claro, tres de sus compañeros Jesús Hernández y Sergio Paulinho, y con su amigo del Astana Paolo Tiralongo, con quien se escapó de los fugados y quien le dio relevos generosos, puñales para Purito, que pudo intuir más malas noticias para él cuando Nairo Quintana y Beñat se descolgaron de los primeros para unirse a Valverde. Un ciclón cuando vio el momento para atacar y dejar sentado a Purito, partícipe de una de las carreras de tres semanas con más brillo de los últimos años y de una frase que le hace grande: “estamos aquí para ganar, para perder, para caernos, para luchar”.

Muy emocionado, Contador advirtió que era uno de sus tres mejores victorias, junto con el Tour de Francia tras el accidente que pudo costarle la vida en Asturias –fue 31º, pero volvió a sentirse ciclista– y la París-Niza de 2007, que ganó y fue el preludio de su primera victoria en la ronda francesa. Dijo el ciclista del Saxo Bank que le dio apuro probarlo tan pronto y que apenas había comido hasta entonces. Se arriesgó y dejó una etapa eterna para desconsuelo de Purito, abatido también por Valverde, que atacó en Fuente Dé y que, aunque no lo diga, no olvida que la mitad de la ventaja que le saca Contador la perdió en una caída.
   

lunes, 3 de septiembre de 2012

Purito contraataca en la coronación de Cataldo en el Cuitu Negru

El líder de la Vuelta vuelve a resistir los picotazos de Contador y le saca seis segundos más en la meta el día del desplome definitivo de Froome 

Purito, a punto de cruzar la línea de meta, seguido por Contador - EFE. 

Las oportunidades se merecen en la bicicleta, donde no hay regalos, salvo los contratiempos humanos –el ya no puedo más– y los problemas técnicos –los pinchazos, caídas o salidas de cadena–. Bien lo sabe Purito Rodríguez, que no sólo aguanta los picotazos de Alberto Contador, esta vez en el inédito ascenso al Cuitu Negru, sino que es capaz de contraatacar y sacarle seis segundos más, cuatro por la bonificación como tercer clasificado de una etapa que coronó al italiano Dario Cataldo, tan exhausto que apenas pudo girar la cabeza para asegurarse que no estaba cerca Thomas de Gendt, su inseparable compañero de fuga que le había dicho que “era más o menos imposible” su propósito en común después de escuchar  por el pinganillo cómo era de endiablado el ritmo de Saxo Bank y Euskaltel. Se equivocó el belga para suerte de Cataldo, al que el último kilómetro se le hizo eterno y que acabó tan deshecho que su  celebración consistió en mover el puño, colocarse las gafas y los brazos a la altura del cuello. Agarrado al manillar y a más de cinco minutos del vencedor llegó Chris Froome, roto por completo a 2m 46s de la última plaza del podio, que atesora Alejandro Valverde, y a 4m 52s del líder, Purito, que aventaja a Contador en 28s y en 2m 04s al murciano antes de la segunda y última etapa de descanso.

Sabe Purito que tiene la carrera donde había soñado y en el punto donde se la ha merecido tener. Está siendo el mejor y ya se viste con los maillots de la combinada, la regularidad y de la general. Sólo se le resiste el de la montaña, aunque Simon Clarke no puede despistarse, ya que le saca sólo dos puntos. El premio al más combativo de la jornada fue para Cataldo, que vive una temporada feliz, ya que a su extraordinario triunfo en Cuitu Negru suma el título de contrarreloj de su país. Nada paró al italiano, constante para pelearse como un jabato domando la bici con rampas de hasta el 24%. El contexto donde Contador quiso dejar atrás a Purito, a quien había visto rodar detrás en La Cobertoria y al que fue a observar: “Siempre quieres ver cómo está cada uno”. Piensa Contador que cualquier información extra es de utilidad y anhela un día de perros, “de lluvia” a poder ser. Un deseo que Purito ve como pesadilla: “Que se deje de rollos, que bastante bien nos va. Estamos teniendo suerte con el tiempo”.

Contador dijo estar satisfecho con el rendimiento de su equipo, el Saxo Bank –protagonista de nuevo de otra selección notable con David Navarro, Majka o Jesús Hernández como torturadores– y de él mismo, que no pudo descolgar al líder, pero que vio cómo Valverde cedía en cada uno de sus ataques –Nairo Quintana rescató al exponente del Movistar– y se tranquilizó comprobando que Froome, después del Tour y de los Juegos, no está para mucho más. Hasta cinco veces lo probó Contador y tras la última contraatacó, poderoso, Purito, capaz de no sólo no ceder, sino de coger más colchón. Un líder con mayúsculas.

domingo, 2 de septiembre de 2012

Antonio Piedra se hace visible en los Lagos de Covadonga

Primera gran victoria del corredor del Caja Rural en una etapa marcada por los ataques de Contador, que entra en la meta junto a Purito y Valverde, pero pone tierra de por medio con Froome

Valverde se impone en la meta a Purito y Contador - EFE.

El motor del ciclismo son las piernas, la mente y el corazón, pero son el pinganillo y las necesidades de los líderes de equipo las que marcan la mayor parte del guión previsto para los gregarios. Éste es un deporte de jugadas maestras, que suelen hacer aquellos sin los que los favoritos no serían nadie. Jugadas como la del Saxo Bank en la ascensión a los Lagos de Covadonga. Hasta entonces había dejado el control de la etapa al Katusha del líder, Purito Rodríguez. Hasta que se escaparon David Navarro, Jesús Hernández y Rafal Majka, y otro Movistar, Nairo Quintana, en este caso para ser de ayuda para Alejandro Valverde. El murciano fue de nuevo el primero en atacar, aunque lo hizo en La Huesera, el lugar equivocado. Contador lo probó después. Valiente, pero sin la lucidez que le caracteriza –“no me encontré del todo bien. Me falta el punto que te da la competición”– el ciclista de Pinto comprobó que, definitivamente, Purito es su sombra. El líder de la Vuelta apretó los dientes y replicó con contundencia los ataques –sin la continuidad necesaria, lo que permitió a Valverde recuperarse– de Contador, que podría tener otra oportunidad este lunes en Pajares y Cuitu Negru, escenarios donde pretenderá alejar más a Chis Froome, descolgado tras el primer gran arreón en el pelotón, y que ya está a 2m 16s del líder y cede ante Valverde 35s, el tiempo que perdió en una etapa que se llevó Antonio Piedra (Sevilla, 1985), al que no le cabía la sonrisa en la cara y que se olvidó del ritual de los ganadores de la jornada y de los que reciben los maillots de la diferentes categorías. Él sí se llevó el ramo de flores en vez de lanzárselo al público. 

Piedra tiene apellido de jornalero. Es un picapedrero más en esto del ciclismo. Alguien que es profesional desde 2007, cuando corría en el Fuenteventura-Canarias. El curso siguiente fichó por el Andalucía, donde estuvo hasta el año pasado. Según ha reconocido alguna vez el ciclista sevillano, ahí se estancó y en la oferta del Caja Rural, equipo invitado por la organización, vio una oportunidad de dar un paso adelante. Le salió bien bien la decisión, pues en mayo Piedra ganó en Noruega la Rogaland GP y ahora se ha impuesto en los Lagos de Covadonga. Dijo que tenía buenas sensaciones, que por eso probó suerte en la escapada del día y después dejó atrás a sus acompañantes para pelearse en solitario para el triunfo más grande de su vida deportiva: “Esto compensa los días y momentos malos”. 

A casi diez minutos del vencedor llegaron los tres favoritos después de los intentos infructuosos de Contador por arrebatarle el maillot rojo a Purito y distanciarse más de Valverde, constante en una Vuelta que no tenía en su calendario y en la que “firmaría” lo que tiene, un puesto en el podio. En Lagos de Covadonga, una tortura que desconocía, se impuso al esprint a sus dos rivales, que después se intercambiaron elogios. “Joaquim está más fuerte que nunca”, dijo Contador de Purito, que le devolvió el guante: “Lleva la carrera como quiere, a ver si tiene un día malo”. 

sábado, 1 de septiembre de 2012

Purito no tiene límites

El corredor del Katusha logra su tercera victoria en Ancares superando a Contador para consolidar su liderato en la Vuelta

Contador y Purito durante la etapa - EFE. 

Deja sin argumentos a aquellos que le achacaban que no tenía piernas para puertos largos y no disponía de la suficiente frialdad para controlar sus impulsos y hacerle caso a la cabeza. Purito Rodríguez (Parets del Vallès, 1979) está en su punto para una carrera de tres semanas. Si a finales de mayo sólo cedió el Giro ante el Hesjedal el penúltimo día, en la contrarreloj. Un obstáculo que solventó con nota en la Vuelta, donde conservó el maillot rojo de líder por un segundo sobre Alberto Contador. Dos triunfos después, en el Mirador del Ézaro y ahora en Ancares, Purito acumula tres victorias en total –había vencido antes en Jaca– y 22 segundos de margen sobre el líder de un Saxo Bank enfurecido que, con Majka como rompepiernas, dinamitó la etapa en la subida a Ancares y frustró el sueño de Alberto Losada, ilusionado con la victoria de su vida. Una foto que también persiguió Contador, constante con sus cambios de ritmo. Incluso el último pareció el definitivo como ya le sucedió en La Gallina, pero al corredor de Pinto, alejado de la tensión de la competición unos meses,  le sobra estrategia, pero le falta recorrido, además de un punto de fuerza y continuidad, por más que en 500 metros le sacase 12 segundos a Alejandro Valverde y Purito. El líder se fue del murciano y alcanzó a Contador en el último kilómetro, dejándole sin apenas esfuerzo. “Purito está en un momento de forma impresionante”, le elogió su rival, que entró a cinco segundos y perdió otros cuarto por las bonificaciones. “Alberto me lo ha puesto muy difícil. Con sus ataques nos suelta a todos”, replicó el líder del Katusha y de la Vuelta, frío e inteligente para hacer lo adecuado. Tercero llegó Alejandro Valverde, entero en una prueba en la que tenía previsto no participar y que empata en la general con Chris Froome. Ambos están a 1m 41s del líder. 

En Ancares se vivió un baile final espectacular en el que los cuatro primeros tuvieron algo que decir y el sexto, el tenaz Dani Moreno, el gregario de oro para Purito capaz de ir por la general, adelantó a Gesink para colocarse el quinto entre los 183 supervivientes de la prueba. Aunque sería Majka quien seleccionó al pelotón en el ascenso a Ancares, dejando atrás a corredores como Menchov, del que se esperaba mucho más y que ya tiene perdida una hora. Sufrió Igor Antón, que dijo que su motor en esta Vuelta está siendo “la casta”  y reconoció que los demás están mejor que él. Valverde se abrió para observar cómo andaba Froome, frito después en el primer ataque de Contador, aunque heroico para sostenerse en el Sky y aproximarse al resto de favoritos, a las que volvió a perder de vista en cuanto Contador volvió a bailar en su bicicleta, en lo que parecía que iba a ser el ataque definitivo. No lo fue para un Purito que parece no tener límites: “Los interrogantes los ponéis vosotros [los periodistas]. Yo lo tenía claro. El año pasado quedé tercero aquí”. Hechos y palabras. 
    

domingo, 26 de agosto de 2012

“Papa, ¿y esos coches?”

Purito refuerza su liderato en la etapa del regreso a Barcelona de la Vuelta 13 años después y que gana Gilbert
Juan José Cobo se hace una foto con un aficionado - Foto: Jordi Caro. 

Ciclistas, aficionados y curiosos van cogiendo sitio en la subida a Montjuïc, al lado de la pancarta de puerto de montaña, a unos tres kilómetros y medio del final de la etapa del regreso de la Vuelta a Barcelona 13 años después. Una fecha simbólica para que un padre  vaya respondiendo las dudas de su hijo pequeño, muy curioso con todo lo que ve. 

– ¿Qué es eso? 
– Pone puerto de montaña. Sirve para determinar quién hace mejores las subidas. Los que pasan antes se llevan puntos. 
– Papa, ¿y esos coches? 
– Todos esos son los que cortan la carretera para que puedan pasar los ciclistas. 
– Ah. 

Otro aficionado, ataviado con una gorra promocional y una mano azul también de propaganda, anuncia que los corredores están a un suspiro, a siete kilómetros de meta. Son las cinco y cuarto de la tarde y un miembro de la organización coloca la cinta para marcar la línea del puerto de montaña. Los primeros en cruzarla son 16 motos de Mossos d'Esquadra, y otra moto de prensa. 

– Hijo, esto es la Vuelta. La hacen por toda España.

“¡Ataca Contador!”, dice el seguidor de las promociones, al que no le cae especialmente bien el líder del Saxo Bank. Dice que prefiere a a Menchov y a Alejandro Valverde, apoyado también por otro aficionado, que sostiene una modesta, por pequeña, pancarta que reza “Valverde crack”. Ya se sabe, los sentimientos no entienden de tamaños. 

Contador lo ha intentado en el repecho equivocado y no tarda en ser alcanzado, mientras la nadadora Mireia Belmonte, doble medallista olímpica en Londres, pasa en un coche de la organización. Después le entregará el maillot como líder de la montaña al propio Valverde.

– ¿Y esa bandera amarilla?      
 Significa que los ciclistas están muy cerca.

Apenas tardan dos o tres minutos en aparecer. Los primeros en hacerlo, Purito Rodríguez y Gilbert, el único que ha sido capaz de replicar al líder de la Vuelta, impulsado por el ataque de Ballan en la subida a Montjuïc.  

Las radios anuncian que Gilbert ha ganado en el sprint final a Purito, que después admite que no hacía falta que pactasen, que cada uno sabía lo que quería. El belga, volver a vencer, algo que hacía prácticamente un año que no lograda. El Purito, para reforzar su liderato y, ayudado por las bonificaciones, aumentar la ventaja con respecto a Chris Froome (53s), Contador (1m) y Valverde (1m  7s) antes de la contrarreloj del miércoles en Pontevedra. Una prueba que no es su fuerte. 

Hace rato del triunfo de Gilbert y continúan pasando los ciclistas más rezagados. Uno tiene el detalle de tirarle su bidón a un niño. Y otro despierta el lado más lógico al chaval al que su padre está instruyendo: “Papa, ese hombre va tan lento porque no puede más”.    

Ni el padre ni el hijo van a la zona donde están los autocares de los equipos y de la organización, a unos metros del Palau Sant Jordi y el Estadi Olímpic, donde varios aficionados agradecen los bidones con agua de los del Garmin-Sharp, que los entregan en mano tras la red. Los del equipo BMC tienen menos y provocan una simpática lucha por los suyos cuando empiezan a aparecer los corredores: Tony Martin posa en algunas fotos e ignora a un tipo que le pide un autógrafo. El mismo deje de Rigoberto Urán, que también desestima a dos aficionados. Al último llega a mirarle a la cara, incluso se para, pero continúa adelante. Todo un amago. Un comportamiento muy diferente al del actual campeón de la Vuelta, Juan José Cobo, dicharachero y espontáneo en las fotos. Froome apenas pestañea y no se para, como tampoco hace Valverde, mientras Contador, el más aclamado, se hace paso como puede y un amigo suyo felicita a Dani Moreno. Su líder, Purito, ha sacado un tiempo valioso. “12 segundos más con la bonificación y Froome ya está a 56 segundos”, concreta el aficionado. Dani sonríe. Cerca otros ciclistas pasan desapercibidos. Miran al horizonte, pero también de reojo por si a alguien le apetece tener un detalle suyo. 

sábado, 25 de agosto de 2012

Un rayo llamado Valverde

El murciano, en un final explosivo casi en la línea de meta, deja sin victoria en La  Gallina a Contador, que se veía ganador después de descolgar a Froome


Valverde, superando en los metros finales a Contador y Purito Rodríguez - AFP. 

No es cuestión de memorizar, de entender y de experimentar, que también, sino de clase y de inteligencia, de saber encontrar la información en el lugar idóneo. Eso pensó en La Collada de la Gallina Alejandro Valverde (Las Lumbreras de Monteagudo, 1985), un ciclista explosivo, de raza y sin caretas. “Sabe sacar los vatios que tiene en los últimos metros”, reconoció Purito Rodríguez, guía involuntario de Valverde, atento “a ver qué hacía él porque era quien mejor conocía la subida”. Sabe latín el ciclista murciano, que no respondió de inmediato al ataque de Alberto Contador a un kilómetro del final, un cambio de ritmo que dejó sin respuesta a Chris Froome, vulnerable por una día, y con el que el ciclista de Pinto logró una buena distancia. Insuficiente para que no le alcanzasen Purito y Valverde, al que le sobra clase y se encuentra en un nivel de forma tan bueno que “ni yo mismo lo esperaba”. Porque por Andorra pasó un rayo llamado Valverde, que fintó a Purito, a quien ya le había birlado la victoria en Arrate, para llegar a la última curva por delante y superar justo después a un Contador que se quedó sin aliento y sin la recompensa esperada, pero que respondió a su ligera pájara del día anterior en Jaca. El líder del Saxo Bank sigue tercero, como su posición en La Gallina, a 40 segundos del líder, Purito, con 33 de margen con Froome y 50 con Valverde, referente con todas las de ley del Movistar en una Vuelta a la que se apuntó a poco más de una semana de su inicio y a la que acudió como ayudante de lujo del actual campeón, Juanjo Cobo, que llegó a cinco minutos largos de su compañero. 

Valverde es un tipo perseverante que no se deja arrastrar por la melancolía, por estar 19 meses sin competir por dopaje y, a pesar de los percances, no dejó de luchar una victoria de etapa en el Tour, Peyragudes. Quizás la más simbólica y reivindicativa de su carrera. Tampoco se bloqueó con su caída en Santo Domingo de la Calzada tras un cambio de ritmo en el pelotón del Sky, al que acusó de antideportivos. Ahí Valverde perdió el maillot rojo, que había logrado en Arrate en un gesto de su inconformismo y del despiste total de Purito. Recuperarlo no es una obsesión para el líder del Movistar. O eso se cansa de repetir: “Me sirve otra victoria de etapa”. Quiere evitar los focos. Prefiere surgir como un rayo como en La Gallina. Algo que deberá hacer si quiere coger el tiempo que perderá en la contrarreloj de Cambados-Pontevedra, para dejar atrás a Purito, Contador y Froome. En La Gallina fue el primero en atacar, aunque no tardó en ser neutralizado. Por delante sólo quedaba Meyer, único superviviente de la fuga del día, y luego fue Froome quien lo probó dos veces. En la segunda sólo le pudo seguir Contador. Fue entonces cuando Dani Moreno, gregario de lujo de Purito, acercó a los otros dos favoritos. Los teóricos pretendientes a la victoria final opositaban por la parcial. Contador confiaba en ser él: miró varias veces para atrás, por su izquierda y por su derecha. Tuvo el triunfo a unos metros, pero le sobró un Valverde sorprendido de sí mismo, para suerte del ciclismo y del espectador. 

domingo, 24 de julio de 2011

Cavendish se lleva su quinta victoria para despedir un Tour marcado por las caídas

Cavenvish celebra su victoria en los Campos Elíseos -EFE.

Un final tranquilo, lógico con el quinto triunfo de Mark Cavendish al esprint, para el Tour con más caídas, accidentes y más líneas de parte médico de los últimos años. Una edición ganada por primera vez por un australiano, Cadel Evans, que con 34 años y cinco meses  -el más veterano desde 1922, cuando Henri Pélissier venció con un mes más- se llevó un triunfo por el que llevaba luchando desde que se enamoró del Tour gracias a los éxitos de Miguel Indurain. "Hay personas que han confiado en mí", relató Evans, "y yo también". Quizás le subestimaron los dos hermanos que le acompañaron en el podio de París, los Schelck. Andy y Franck se centraron en Alberto Contador y se olvidaron de Evans, corredor que empezó destacando en mountain bike antes de aterrizar en el Saeco, donde conoció a su preparador físico, Aldo Sassi, vencido por el cáncer en diciembre del año pasado. Evans confesó que no había tenido tiempo para reflexionar sobre qué significaba para él ganar el Tour, pero se lo agradeció a los que han sido agradecido con él y se emocionó con el precioso Advance Australia fair. El himno de su país interpretado a capela por una cantante. 

Evans estuvo tan generoso en gestos -sus compañeros del BMC le abrazaron a la vez- en la celebración como luchador durante la carrera, en la que fue un auténtico resistente y no dudó en vaciarse hasta el final para rebañar algunos segunditos, como en Gap cuando le sacó tres segundos a Contador. Sólo se sintió ganador "hasta los dos, tres o cuatro kilómetros finales" de la contrarreloj de Grenoble. Una tortura para Andy y para el resto de no especialistas. Ahí entra Jeremy Roy, nombrado (con total merecimiento) ciclista más combativo de esta edición y al que tras cruzar el Aubisque le faltaron fuerzas para llegar primero a Lourdes. Una etapa en la que venció Hushvod, que como su compatriota Edvald Boasson Hagen pretendía alcanzar su tercera victoria en este Tour como homenaje a las víctimas de los atentados de su país, Noruega. Ni uno ni otro tuvieron opciones, pues en el último kilómetro surgió del pelotón el HTC para servir en bandeja a Cavendish otro triunfo más. El de la Isla de Man, puro rodillo, le sacó una bicileta entera de margen al segundo, el propio Hagen, y confirmó su primer maillot verde de la regularidad tras ser repescado en las dos últimas etapas de los Alpes, en el Galibier y en el Alpe d'Huez. El español José Joaquín Rojas fue segundo.

Esfuerzos en vano

Se cumplió con la tradición en los Campos Elíseos: fugas poco claras y etapa decisida al esprint. Seis corredores duraron en la escapada más larga y cruzaron juntos la línea de meta en la última de las nueve vueltas al circuito tras el toque de campana habitual. El Quick Step se puso manos a la obra para alcanzarles, mientras Swift y Back, dos de los fugados, apuraban sus pocos opciones de éxitos exprimiéndose al máximo. Carlos Barredo también intentó atacar. Esfuerzos en vano, simple previa para el acelerón de Cavendish: "Hemos permitido que otros equipos alcanzaron a los escapados para nosotros llegar frescos al final". 

Fresco y contento apareció en el podio junto a sus hijos Samuel Sánchez, maillot de puntos rojos que le distingue como el mejor de la montaña. Y justo después hizo acto de presencia Pierre Rolland, el mejor joven, quien le privó del triunfo en el Alpe d'Huez a él y a Contador, lejos de los focos de los homenajeados en su Tour más complicado tras un Giro mayúsculo. 

sábado, 23 de julio de 2011

Evans logra su primer Tour tras destrozar a Andy Schleck en la contrarreloj de Grenoble

Evans lanza el ramo de flores al público -EFE.
La diferencia estuvo a punto de alcanzar los cuatro minutos y medio. Andy Schelck caminaba, volaba hacia su primer Tour después de un calculado ataque en el Izoard y con dos compañeros como aliados en la fuga, camino del Galibier. Cadel Evans miró al resto del grupo. "¿No tiráis? ¿Por qué no tiráis?", les decía el australiano con gestos muy expresivos, totalmente enfadado. Evans no entendía por qué nadie hacía el trabajo sucio para recortar la renta de Andy. Así que, dedicido, se puso a tirar él mismo hasta recortar la desventaja casi a la mitad sin las ayudas de las que se ha aprovechado siempre. Evans tomó la iniciativa, salvó un día terrible y ató en corto al luxemburgués en la etapa de Alpe d'Huez, a pesar de tener problemas con la bici (que le cambiaron) cuando su rival se había escapado con Contador. Evans había resistido bien, había vencido en la photo-finish en el Muro de Bretaña. El australiano fue todavía más grande en el penúltimo día, en el último oficioso, cuando se quedó a siete segundos del ganador de la contrarreloj de Grenoble a Tony Martin, pero sobre todo destrozó al otro gran aspirante a ganar el Tour, Andy Schleck, con el que empezó con 57 segundos de desventaja y al que acabó sacando 1m 34s. Un mundo en 42'5 kilómetros de recorrido, una excelente actuación para que Evans celebrase su primer Tour: "No me lo creo, llevo tanto tiempo concentrado en ganar". Se acordó de su entrenador, Aldo Sassi, que falleció en diciembre y que seis meses antes le había asegurado que iba a llegar con el maillot amarillo a París. Contador fue tercero de la etapa y quinto en la general. Samuel Sánchez fue sexto, mientras que Thomas Voeckler resistió en el cuarto puesto y no tuvo opciones de subirse a la última plaza del podio, espacio para el hermano de Andy, Franck.  

Empapado en el rodillo, Evans estaba concentrado, inexpresivo antes de su tercera gran oportunidad de llegar a París como vencedor final. Había fracasado en el intento en 2007, cuando Contador ganó su primer Tour, y al año siguiente ante Carlos Sastre. No dejó escapar la ocasión esta vez el australiano, campeón del mundo en Mendrisio (Suiza) en 2009, donde vive actualmente, y amante de los coches antiguos, con lo que deshizo con Andy un empate trágico. Ambos habían sido dos veces segundos en la ronda francesa. Ahora el luxemburgués acumula tres (2009, 2010 y 2011), tantas como el carismático Raymond Poulidor. Evans no se lo creía en el podio, donde incluso esbozó una sonrisa, pese a ser una persona poco dada a mostrar su perfil más alegre. El referente del BMC olió el león de peluche de la organización y tiró las flores al público: su sueño se acababa de cumplir. Es el primer vencedor de la prueba desde 2005, año del séptimo Tour de Lance Armstrong, que no es español. 

"Igual su forma de correr no es espectacular"

Evans se ha renovado para vencer en la edición que siempre se recordará por el desfallecimiento de Contador en el Izoard y el Galibier. "Igual su forma de correr no es espectacular, pero ha hecho una gran carrera", le elogió el madrileño: "Es un digno campeón". Contador, que confesó que su móvil se quedó sin batería después de l gran número de mensajes que recibió tras su gran etapa en Alpe d'Huez, ha sabido asumir la derrota sin buscar excusas recurrentes como hacen otros. Más contento ha acabado Samuel Sánchez, brillante maillot de la montaña y con una victoria de etapa (la de Luz Ardiden) en su haber: es el primer español que acaba la prueba como el mejor escalador desde que en 1974 lo consiguiese Perurena. Sánchez hizo una crono notable, pues incuso superó al gran especialista actual, el suizo Fabian Cancellara, que salió pronto -era el 126º de 167- y que con la misma velocidad comprobó que no iba a ganar. En un rato le superaron Porte, De Gendt... Y, claro, Tony Martin. Cancellara, poco visible en este Tour, reducido a fundidor esporádico del pelotón al servicio de los Schleck, acabó a 1m42s del vencedor por el 1m 35s de Sánchez.

A poco más de un minuto acabó Contador, consciente de que tenía remotas opciones de llegar al podio y de llevarse una etapa que comenzó mal, pues a punto de caerse en la rampa de salida. Un susto que no le desconcertó, sino que le hizo para motivarse más, por qué no, para luchar por el triunfo de etapa. Tanto que el líder de Saxo Bank pasó por el primer punto intermedio a 21 segundos de Martin, exacto registro que Evans, que rodaba con mayor cadencia y más alegría que su competidor directo, que pasó a 57, por lo que al luxemburgués sólo le quedaban 21 de margen. Evans se comía a Andy, que por mucho que tenga dos campeonatos de su país en dicha especialidad, tenía sólo entre tres y dos segundos de renta en la mitad de la prueba. Era la lucha entre un corredor de 34 años rejuvenecido y juvenil y un joven sin gas. El australiano se mostraba muy entero en la subida en su bicicleta y pasó por el segundo punto a siete segundos de Martin (Contador pasó a 41'94) y más de medio minuto de ventaja en la general con Andy. Mientras, Taaramae y Rolland luchaban en su batalla por llevarse el maillot blanco, el de mejor joven de la prueba. Rolland, vencedor en Alpe d'Huez, se llevó el premio. 

Era cuestión de tiempo que Evans superase a Andy en la clasificación14 minutos de las cinco de la tarde. De hecho, en 60 segundos le sacó seis a Andy, desmoralizado antes de pasar por el segundo punto de cronometraje. Sabía que Evans iba camino de su primer Tour, un triunfo grandioso para alguien que ha sabido cambiar su forma de correr para ser el mejor. "Nos estamos olvidando de toda la gente que se ha caído y se ha roto los huesos en la carrera", quiso recordar Samuel Sánchez. Evans ha sido de los afortunados que no han tenido excesivos sobresaltos. El más fuerte, en definitiva. 

Contador pone la casta y Rolland vence en Alpe d'Huez

Contador, ascendiendo el Alpe d'Huez en solitario - EFE.

El orgullo y el respeto por sí mismo fortalecen al campeón, al que se le exige que demuestre su condición siempre, como si fuese una máquina y no una persona de carne y hueso como el resto. Agotado por un Giro prodigioso y maltrecho por las caídas, Alberto Contador (Pinto, 1982) había perdido el Tour virtualmente cuando no pudo responder al ataque seco y certero de Andy Schelck en el Izoard y se quedó descolgado en la ascensión al Galibier. Una pájara, que se diría en el argot ciclista, sobre todo un motivo poderoso para acabar la prueba sin excesos. Pero Contador se negó a agotar los últimos cartuchos del Tour sin seguir dando guerra, como ya había hecho atacando en un puerto de segunda como el col de Bayard el día que hizo perder más de un minuto en la meta de Gap al propio Andy o cuando se alió con su hermano de asfalto, Samuel Sánchez, para vaciarse un descenso técnico en la siguiente etapa con final en Pinerolo, en un esfuerzo con  el que no obtuvieron recompensa. Eso, el decir aquí esto yo y no me rindo nunca -"quería divertirme", dijo- es lo que intentó Contador con un ataque a más de 90 kilómetros de la meta, menos de 24 horas de su desfallecimiento en el Galibier. El tres veces campeón del Tour juntó todos sin dientes, se levantó del sillín y lo probó sin dudas: sólo Andy pudo seguirle entonces y Cadel Evans, paralizado por el pánico, se bajó varias veces de su bicicleta. Al australiano, al que le cambiaron la bici, le temblaban las piernas y le había fallado la cadena. Mientras, el maillot amarillo, Thomas Voeckler iba a su ritmo y no podía aprovechar el cable que le ofrecía su ex compañero Pineau. Contador, Andy y el resto de escapados serían alcanzados por gran parte de los favoritos -Sánchez remontó en la bajada-. Un contratiempo que no desanimó a Contador, inmenso, como el escenario, arrancó en el inicio de Alpe d'Huez y sólo le siguió por un momento Rolland, el vencedor final después de aprovecharse de que Contador y Sánchez, brillante maillot de la montaña final, tirasen del carro. El Tour se decidirá este sábado en la contrarreloj de Grenoble entre Evans y Andy, que parte con una pequeña ventaja de 57 segundos.  

Contador lamentó no haber podido ganar la etapa y dijo que quizás se había acabado atacando tan pronto. Una decisión inusual entre los grandes en el ciclismo actual, más dado a darlo todo en la recta final, que el romper la carrera muhco antes. ¿Es igualdad entre los mejores? ¿Es respeto? ¿O quizás falta de fuerzas? Lo cierto es que uan de las ediciones de la ronda francesa más parejas de la historia tuvo uno de sus capítulos más bellos en el Galibier, con la valentía de Andy atacando a 62 kilómetros de la llegada, y tuvo su continuación en la etapa de Alpe d'Huez, la última para Voeckler como líder. El ídolo francés es un compañero antipopular en el pelotón que está acostumbrado a sufrir desde que perdió a su padre en alta mar mar cuando era pequeño.  

El amor propio de Voeckler

La fortaleza de Voeckler es su amor propio, una energía que le permitió rodar solo mucho tiempo sin nadie que le ayudase. Al final, claro, perdió más de tres minutos respecto al ganador y bajó a la cuarta posición de la general. Eso, la clasificación final, es algo que no preocupa a Contador, que según dejó claro sólo le importa ser el campeón. Dijo haberse acordado de sus vecinos de Pinto mientras subía el puerto.

"Había que jugársela", insistió Contador, al que Evans y Andy no pudieron seguir. Sí le alcanzaron Sánchez y, a su rueda, Rolland, que cambió el ritmo y se marchó sin remedio a dos kilómetros de coronar el Alpe d'Huez. Contador y Sánchez hablaron para ver cómo podía alcanzar al valioso gregario de Voeckler, al que le habían dado carta libre para que hiciese la suya. Pero ninguno de los dos tenía ese último plus necesario para llevarse una etapa tan mítica. A Contador, increpado por un espectador vestido de médico con jeringa en referencia a su positivo por clembuterol, le valió para demostrar que los auténticos campeones están a las buenas y a las maduras y acaban levantándose. A Sánchez para hacerse con el maillot de puntos rojos. Un premio merecido para un ciclista que ganó en Luz Ardiden y fue segundo en Plateau de Beille y también en Alpe d'Huez. "Lo de Alberto ha sido increíble. Nos ha puesto en jaque todos", reconoció Sánchez. La organización premió a Contador como el más combativo de la jornada. 

sábado, 16 de julio de 2011

Las dudas de los favoritos, la certeza de Vanendert para coronar el Plateau de Beille

Vanendert festeja su primer triunfo como profesional en el Plateau de Beille -EFE.
Respeto y miedo suelen ser sinónimos, una relación que tienen muy clara los hermanos Schleck, preocupados más por el rival al que más temen, Alberto Contador, que por marcar el ritmo y las distancias. En la quinta parada en la historia en el Plateu de Beille, coronado por campeones finales como Marco Pantani, Lance Armstrong y el propio Contador, los Schelck marearon la perdiz con ataques de terciopelo. Andy lo intentó cuatro veces y Contador replicó con calma tres y con rabia sólo el segundo, como si supiese que el luxemburgués, su gran contrincante los últimos años, fuese de farol. O quizás el español no podía más de sí. Iban Basso fue valiente con un ataque tan feroz como estéril, como el inicial en el que se llegaron a reunir hasta dos docenas de escapados en el descenso del segundo puerto del jornada. Samuel Sánchez y Jelle Vanendert, protagonistas finales ya en Luz Ardiden, volvieron a ser en el Plateau de Beille, pero con los papeles cambiados. Decidido y sin complejos, el belga se fue a por la primera victoria como profesional y superó al último fugado, Casar. Nadie siguió a Vanendert hasta que lo probó Sánchez con más ilusión que piernas y una desventaja superior al minuto y medio. Una broma en la mayoría de etapas, pero no en una ascensión que se sube en unos tres cuartos de hora. Así que Vanendert se tocó el casco, miró hacia atrás y celebró con timidez una victoria sensacional, el premio al más descarado de la jornada. El Tour se despidió de los Pirineos y Thomas Voecker cruzó la línea de meta eufórico, apretando el puño, sabedor que ha superado con nota un tramo importante de la prueba. Andy recortó dos segundos a Contador y al resto de favoritos, y Sánchez, 25 al luxemburgués y dos a los demás.

En los últimos tiempos el Tour se ha acostumbrado a funcionar al ritmo de las decisiones de Contador, un vencedor final con márgenes estrechos, pero muy inteligente para atacar en el momento justo. El español, que ha vencido en sus seis últimas grandes vueltas, no tiene la fuerza que demostró en el Giro con sus ataques en el Etna y el glaciar Grossglöckner ni tampoco la de su primera gran actuación, en la ronda francesa del 2007, cuando atacó en la ascensión del propio Plateau de Beille, y sólo el entonces líder, Michael Rassmussen, apartado después de la prueba por el Rabobank.

Caídas de Voigt

Fatigado por el Giro y cansado mentalmente por todo lo que ha leído sobre él en los últimos meses y días -la prensa francesa insiste en que se retirará antes de llegar a París-, Contador resiste y observa. Defiende que cada día se siente mejor y que el momento de reaccionar será la tercera semana en los Alpes. Sus rivales callan y otorgan, y casi todo el margen que le llevan se debe a la caída del primer día. Señal que el español les infunde respeto y que ellos no son lo suficientemente valientes para arrebañarle más segundos, por mucho que el Leopard torturase el ritmo del pelotón con Stuart O'Grady o con Jens Voigt, que tuvo un día desafortunado y tuvo que cambiar la bici tras el primer de sus dos caídas -se encaró con la televisión francesa por enfocarle, en un acto infantil-. Aunque el accidente más espectacular fuese el de Ten Dam, que se salió de la carrera, tropezó con una piedra en la hierba y se cayó de cara. 

Por entonces el vasco Izagirre era cabeza de carrera con casi un minuto de margen sobre sus perseguidores y más de cinco sobre el grupo principal, que fue reduciendo las diferencias a marchas forzadas. Uno de los cometidos de Fabian Cancellara en el Leopard, además de ser el mejor contrarrelojista de la actualidad. El suizo puso el ritmo hasta que,a  15'8 kilómetros del final, empezó la ascensión a Plateau de Beille. Cancellara se apartó: había cumplido. Casar era en ese momento el fugado y Riblon y Zandio, los perseguidores. Una anécdota, como los continuos amagos de ataque de Andy o los gestos de Franck, jugando a despistar a Contador. Faltaba sangre y decisión y, sin nada que perder y con el recuerdo de haber cedido en los metros finales en Luz Ardiden, saltó Vanendert. Un descaro que le valió para festejar el primer triunfo de su carrera. Samuel Sánchez fue el segundo en el día del adiós de los Pirineos. El Tour conserva todas las dudas que tenía hasta ahora. Contador sigue entero y los Schleck funcionan como una pareja de observadores sociales: miran más que hacen. Y no es una prueba para estudios. Así que Cadel Evans, el ciclista-mosquito, el especialista en chupar ruedas del resto, se relame. Todo está siguiendo su guión.      

jueves, 14 de julio de 2011

Bella victoria de Samuel Sánchez en la cima de Luz Ardiden el día que Contador cede terreno ante los hermanos Schleck

Samuel Sánchez festeja su primera victoria en el Tour - EFE.
Los recuerdos de verdad nunca se dejan escapar, por mucho que digan que el tiempo todo lo borra y que el pasado ya pasó. Samuel Sánchez (Oviedo, 1978) tiene presente cada día a su madre, fallecida de cáncer en 2000, y su gesto de levantar los brazos y señalar al cielo para celebrar la victoria es siempre igual de conmovedor. Samu, como le llaman sus amigos, sólo ha tenido un equipo como profesional, el Euskaltel-Euskadi, pese a ser tentado con ofertas más suculentas. Una fidelidad inusual porque para él el dinero no lo es todo. Por eso después de ganar en la cima de Luz Ardiden diez años después de que lo lograse Roberto Laiseka, en lo que fue el primer triunfo del Euskaltel en el Tour, Samuel Sánchez lo dejó claro: "No somos multimillonarios, sino, entre comillas, modestos. Para nosotros es un triunfo que vale toda una temporada". En el asfalto el asturiano se vació hasta conseguir ganar por fin una etapa de la ronda francesa y de hacerlo en un escenario donde ya habían triunfado otros cuatro españoles: Cubino, el mencionado Laiseka, Perico y un tal Indurain. Samuel Sánchez tenía marcada en rojo en su agenda esta etapa, con el Tourmalet de por medio. Sabía, dijo, que el estar a dos minutos y medio de los favoritos le iba a dar cierto margen de maniobra en la primera cita de alta montaña y acabó venciendo con facilidad al belga Jelle Vanendert, que en la meta le estiró el maillot para felicitarle. Un uniforme naranja que Samuel Sánchez no lucirá este viernes en el Aubisque, donde llevará el de puntos rojos como nuevo líder de la montaña. El amarillo continuará siendo para Thomas Voeckler, tenaz y siempre visible en las primeras posiciones de un pelotón convertido al final en un grupo selecto, roto por un ataque brillante del mayor de los Schelck, Franck, al que no pudo responder Alberto Contador, torturado por los dolores de su rodilla y que perdió 13 segundos más con respecto al hermano menor, Andy, del que le 1m 43s.

Lo que une a Contador y a Samuel Sánchez es haber estado en el lugar equivocado el primer día de este Tour, en medio de una caída en la que acabaron cedieron un minuto largo. Un episodio habitual en la edición de la ronda francesa más accidentada, marcada hasta ahora, hasta la primera etapa de los Pirineos, por los partes mécidos y los contratiempos que por los ataques: Wiggins, Vinoukurov o Van den Broeck ya están fuera de casa. Más suerte tuvo uno de los seis escapados, Geraint Thomas, al que se le fue la bici en un par de ocasiones en el descenso de La Hourquette d'Ancizan. El galés pretendió escaparse -entre los cuales había Ivan Gutiérrez, en su tercera tentativa de esta edición, y el Euskaltel Rubén Pérez- y lo logró en La Mongie. 

La selección del Leopard

El Leopard de los Schleck, mientras, minimizaba al grupo principal y Mangel y Kreuziger se unían para dar alcance a Thomas, que vio acogió de buen grado la rueda de Roy y no tuvo respuesta para seguir a Vanendert y Samuel Sánchez, protagonista el día que Contador fue probado y vigilado por los Schelck una y otra vez. Le acosaron a pequeños ataques en los últimos kilómetros de ascensión a Luz Ardiden, a falta de 4.300 metros. En el primero progresó Andy, respondió Contador y Franck salió a su izquierda: el actual campeón neutralizó el intento de ataque en un santiamén en un grupo en el que ya no estaba Samuel Sánchez. Lo intentó de nuevo Andy y replicó Contador, atento a otro ataque de Franck, contra el que no poudo hacer nada a 2'5 km del final.

Oro olímpico en Pekín

Instantes finales de supervivencia para Contador y de cara desencajada para Samuel Sánchez, que apretaba los dientes en busca de su primera victoria en el Tour con la que compensar la perdida el año pasado ante Andy en Morzine o, más lejos, dos de los episodios más duros de su etapa como profesional. En 2002 perdió más de 50 minutos en Plateau de Beille y un año después llegó fuera de control en Alpe d'Huez en la jornada triunfal de su entonces compañero Iban Mayo. No volvió al Tour hasta 2008, después de un 2007 fantástico con un tercer puesto en la Vuelta y tres triunfos -en la 2009 se quedó a 55 segundos de Alejandro Valverde-.  

Ahora Samuel Sánchez ya tiene el triunfo con el que "soñé de niño", otro más para el oro olímpico de ciclismo en ruta en Pekín -imborrable su sprint final con Kolobnev-. Para alguien que tras su cuarta posición en París pretende alcanzar un primer podio en su carrera favorita. El año pasado a Samuel Sánchez se le escapó por una aparatosa caída la jornada del pavés, cuando Franck tuvo que retirarse. Ahora los Schleck están en forma y se ayudarán para destronar a Contador. Samuel, a once segundos del madrileño, también estará al acecho: continúa su terreno, la montaña, y quiere dedicarle más proezas a su madre. Un reto que le obsesionó en el pasado, cuando medía mal sus ataques. Le costó lograr la primera victoria e incluso le descalificaron cuando lo logró, en Oviedo en el sprint de la última etapa de la Vuelta a Asturias, en 2003. Tuvo que esperar un año más para el ansiado homenaje: fue en la escalada a Montjuïc, donde también se impuso en la general.