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domingo, 23 de septiembre de 2012

Gilbert cumple los pronósticos y Valverde agarra el bronce en Valkenburg

El belga se viste el maillot arco iris de campeón del mundo de ruta con un ataque seco y esperado a dos kilómetros de la meta

Hagen, Gilbert y Valverde, en el podio - AFP. 

No por esperado y anunciado por cronistas y entendidos del mundo del ciclismo dejó de ser un ataque duro y sin un ápice de duda de Philippe Gilbert (Verviers, Bélgica, 1982), rodeado y protegido por varios compañeros suyos de la selección belga en la última subida al Cauberg. En forma, Gilbert es un salvaje difícil de atrapar que gana con tiempo a recrearse, en cuanto dejó atrás a Nibali, el único que no era de su país, pedaleó hacia su sueño de siempre: el maillot arco iris, ser campeón del mundo de ruta y morder la medalla de oro. En un suspiro, a 2 kilómetros para la meta, abrió un hueco tan grande que le dio tiempo a agitar su puño derecho, a saludar al público en la localidad turística holandesa de Valkenburg, entre ellos muchos belgas ondeando la bandera de su país, y señalar al cielo. Ahí, en las nubes, estaba Gilbert, incansable para arrancar con el plato gordo. Escapado el que sería el campeón, se formó un terceto de aspirantes a las dos medallas que quedaban por repartirse: Kolobnev, Hagen y Alejandro Valverde, fantástico en la temporada de su retorno tras su sanción y recibió el bronce de las manos de Pat McQuaid, presidente de la UCI, quien hizo todo lo posible para impedir su presencia cuando no el murciano no había sido castigado. Valverde reconoció que no se fue a por Gilbert para seguir trabajando para Óscar Freire y no tuvo fuerzas para replicar a Hagen, que se llevó la plata.   

No hubo dudas sobre quién sería el campeón cuando arrancó Gilbert, que recordó que sus antepasados son holandeses, y que, por supuesto, su selección “ha hecho un gran trabajo y ha sabido posicionarse”. Quedarse en el grupo final de 40 más fuertes, después de una primera fuga neutralizada en la que estuvo Pablo Lastras y a la que se uniría después Flecha, també Contador o Cataldi, vencedor en el Cuitu Negro de la Vuelta. La prueba en la que renació Gilbert, capaz de ganar en Montjuïc ante Purito Rodríguez y en La Lastrilla ante Valverde. Dos triunfos que, unidos al sueño de siempre, “llevar 12 meses el maillot arco iris”, hacen que la temporada sea de notable alto para Gilbert, un clasicómano con un palmarés generoso: dos Amstel Gold Race (2010 y 2011), una Liège-Bastogne-Liège (2011), dos Paris Tours (2008 y 2009) y un Tour de Lombardía (2009 y 2010). También cuenta con un triunfo de etapa en el Tour y otro en el Giro. Lejos queda un gran susto, el cáncer de piel que le fue detectado en 2007 y del que se recuperó este ciclista que empezó su carrera siendo instruido por su familia y por Christian, su hermano mayor. Como rezaba una pancarta en holandés que sostenía un monigote que emulaba a un ciclista, un invento de un espectador, “Proficiat Phillipe”. O lo que es lo mismo: bravo Philippe. Bravo Valverde, que entró a cinco segundos del oro y a uno de la plata, con margen sobre el imparable Degenkolb. El murciano, segundo en una Vuelta en la que se llevó el maillot verde y el de la combinada, además de dos triunfos de etapa y otro con su Movistar, logró su cuarta medalla mundialista, la segunda de bronce. Tiene otras dos platas. A su cuarto oro aspiraba Óscar Freire en su último Mundial y que se quejó de la estrategia: “Habíamos decidido que nos la íbamos a jugar en el sprint conmigo y que todos me guiarían. Algunos lo hicieron hasta que pudieron. Otros no lo hicieron por falta de fuerzas. Pero Valverde se fue a buscar a Gilbert y se olvidó de mí y de su compromiso. Y yo estaba bien. Podía haber ganado”. Nada que ver con el punto de vista de Valverde: “Pero tenía que haber ganado yo. Tenía que haberme ido con Gilbert cuando atacó porque iba delante, con él, pero me quedé esperando a Freire, pues era lo decidido”.
      

sábado, 14 de julio de 2012

Greipel devora a Sagan

El alemán empata a tres victorias con el maillot verde, al que supera en la meta por media rueda tras un gran trabajo del Lotto


Greipel celebra su triunfo en la meta - AP. 
Sacudido el Tour por el cambio de ritmo de Froome que dejó paralizado a su líder Wiggins a un suspiro de la meta en La Toussuire y del triunfo de David Millar, un “ex dopado que ha ganado limpio”, la ronda francesa vivió otro final de pirotecnia entre los dos de los corredores más explosivos al sprint: André Greipel (Rostock, Alemania, 1982) y Peter Sagan. Ganó el primero porque supo ponerse a la rueda del tercero, Boasson Hagen, por el que el Sky trabajó a destajo –incluso Wiggins puso su grano de arena para lanzar al noruego en los metros finales–. Ganó el primero, Greipel, porque se decidió antes que Sagan, con el que empata a tres triunfos en esta edición: “Me la he jugado al colocarme en la rueda de Hagen. Sé que es muy fuerte y que era una llegada muy ventajosa para él. Además, he visto que Wiggins le llevaba al sprint, así que he seguido con la idea que tenía. He tenido buen ojo”. No estaba en esa lucha Mark Cavendish, falto de forma este año, aunque es el actual campeón del mundo en ruta y el ciclista en activo que atesora más victorias en el Tour (21). 

Cavendish llegó a ocho minutos largos de un Greipel que no desaprovechó la ocasión que le brindaron sus compañeros del Lotto, inmensos para tirar del grupo de favoritos para desbaratar el sueño de Vinokourov y Albasini, los penúltimos en probar suerte. Tras alcanzar 22 segundos de renta, fueron alcanzados a 2'6 kilómetros del final y se apartaron a la derecha como hizo Luis León Sánchez, que atacó 300 metros después, aunque no encontró fuerzas para llegar primero a la meta. El objetivo del grupo de los siete escapados del día –entre los que estaba de nuevo el navarro Urtasun, que rozó la victoria en San Quintín, donde se impuso, cómo no, Greipel– y a los que se incorporó Morkov. El danés atacó, se lanzó a la aventura de pedalear en solitario, que por algo es el que acumula más kilómetros en fuga en este Tour: Morkov es el más combativo y la organización ya se lo ha reconocido dos veces. 

Cazado Morkov, lo intentó Evans con van Den Broeck, cuarto y quinto clasificados. El australiano busca su momento para tratar de estirar sus últimas opciones de revalidar la corona y de perder mucho tiempo más de tres minutos en la contrarreloj y en la etapa de La Toussuire. Van Der Broeck, por su parte, pretendía acercarse al podio de París. Pero ni uno ni otro tenía una historia tan redonda como uno de los fugados iniciales: Jimmy Engoulvent, otro francés extramotivado un 14 de julio, fecha clave en la historia de su país. De haberse mantenido fugado hasta el final, de haber cruzado  el primero la línea de meta tras coronar el Mont Saint Clair, de tercera categoría, Jimmy hubiese hecho un guiño a la expresión “los últimos serán los primeros”, fue fue el farolillo rojo la novena y la décima etapa. Pero su sueño se esfumó rápido y Greipel, gracias al trabajo del Lotto –“éste es el mejor grupo de compañeros que he tenido nunca”, reconoció, después de abrazarles uno a uno–, se llevó la gloria. Le sacó media rueda a Sagan, el primer agitador de un Tour que sigue liderando Wiggins gracias a que el Sky obligó a Froome en su famoso cambio de ritmo. El líder ya está decidido, por mucho que la carretera surjan dudas.   

domingo, 24 de julio de 2011

Cavendish se lleva su quinta victoria para despedir un Tour marcado por las caídas

Cavenvish celebra su victoria en los Campos Elíseos -EFE.

Un final tranquilo, lógico con el quinto triunfo de Mark Cavendish al esprint, para el Tour con más caídas, accidentes y más líneas de parte médico de los últimos años. Una edición ganada por primera vez por un australiano, Cadel Evans, que con 34 años y cinco meses  -el más veterano desde 1922, cuando Henri Pélissier venció con un mes más- se llevó un triunfo por el que llevaba luchando desde que se enamoró del Tour gracias a los éxitos de Miguel Indurain. "Hay personas que han confiado en mí", relató Evans, "y yo también". Quizás le subestimaron los dos hermanos que le acompañaron en el podio de París, los Schelck. Andy y Franck se centraron en Alberto Contador y se olvidaron de Evans, corredor que empezó destacando en mountain bike antes de aterrizar en el Saeco, donde conoció a su preparador físico, Aldo Sassi, vencido por el cáncer en diciembre del año pasado. Evans confesó que no había tenido tiempo para reflexionar sobre qué significaba para él ganar el Tour, pero se lo agradeció a los que han sido agradecido con él y se emocionó con el precioso Advance Australia fair. El himno de su país interpretado a capela por una cantante. 

Evans estuvo tan generoso en gestos -sus compañeros del BMC le abrazaron a la vez- en la celebración como luchador durante la carrera, en la que fue un auténtico resistente y no dudó en vaciarse hasta el final para rebañar algunos segunditos, como en Gap cuando le sacó tres segundos a Contador. Sólo se sintió ganador "hasta los dos, tres o cuatro kilómetros finales" de la contrarreloj de Grenoble. Una tortura para Andy y para el resto de no especialistas. Ahí entra Jeremy Roy, nombrado (con total merecimiento) ciclista más combativo de esta edición y al que tras cruzar el Aubisque le faltaron fuerzas para llegar primero a Lourdes. Una etapa en la que venció Hushvod, que como su compatriota Edvald Boasson Hagen pretendía alcanzar su tercera victoria en este Tour como homenaje a las víctimas de los atentados de su país, Noruega. Ni uno ni otro tuvieron opciones, pues en el último kilómetro surgió del pelotón el HTC para servir en bandeja a Cavendish otro triunfo más. El de la Isla de Man, puro rodillo, le sacó una bicileta entera de margen al segundo, el propio Hagen, y confirmó su primer maillot verde de la regularidad tras ser repescado en las dos últimas etapas de los Alpes, en el Galibier y en el Alpe d'Huez. El español José Joaquín Rojas fue segundo.

Esfuerzos en vano

Se cumplió con la tradición en los Campos Elíseos: fugas poco claras y etapa decisida al esprint. Seis corredores duraron en la escapada más larga y cruzaron juntos la línea de meta en la última de las nueve vueltas al circuito tras el toque de campana habitual. El Quick Step se puso manos a la obra para alcanzarles, mientras Swift y Back, dos de los fugados, apuraban sus pocos opciones de éxitos exprimiéndose al máximo. Carlos Barredo también intentó atacar. Esfuerzos en vano, simple previa para el acelerón de Cavendish: "Hemos permitido que otros equipos alcanzaron a los escapados para nosotros llegar frescos al final". 

Fresco y contento apareció en el podio junto a sus hijos Samuel Sánchez, maillot de puntos rojos que le distingue como el mejor de la montaña. Y justo después hizo acto de presencia Pierre Rolland, el mejor joven, quien le privó del triunfo en el Alpe d'Huez a él y a Contador, lejos de los focos de los homenajeados en su Tour más complicado tras un Giro mayúsculo.