Mostrando entradas con la etiqueta Tour 2012. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Tour 2012. Mostrar todas las entradas

lunes, 23 de julio de 2012

Wiggins, la fortaleza de un campeón que fue débil

El líder del Sky, primer británico en ganar el Tour, tuvo problemas con el alcohol

Wiggins muestra orgulloso una bandera de su país - AP. 

Bradley Wiggins (Gante, 1980) es un hombre de pocas palabras ante las cámaras. Rara vez se deja llevar, aunque acabó haciéndolo en un día memorable para él, en su coronación como primer británico -nació en Bélgica, pero se crió en Londres- en ganar el Tour. El líder del Sky hizo reverencias al público, levantó con gracia el trofeo y se  emocionó con el himno de su país interpretado a capela por una cantante que llevaba la bandera como falda. Después de conceder un discurso conservador –“gracias a todo el mundo por el apoyo de estos días. Han sido semanas fantásticas para el equipo y el ciclismo británico. Me habéis ayudado a ganar”– Wiggins se permitió una broma relacionada con su pasado más oscuro. “Tengan un buen viaje de vuelta a casa y no beban demasiado”, dijo el ciclista, que no esconde que tuvo problemas con el alcohol. Una debilidad que una vez superada le hizo más fuerte. Tanto o más que su discreto papel en el Tour de 2010, cuando fue 24º recién aterrizado en el Sky, después de haber sido la sorpresa del anterior, cuarto a 37 segundos del podio: “Se necesitan decepciones así para ser un mejor deportista. O te haces más fuerte o te arruinas”. 

La decepción de hace dos años y la retirada de la edición pasada, en la que se fracturó la clavícula, fortalecieron a Wiggins, entrenado desde 2011 por el gurú Tim Kerrison y favorito junto a Evans para los expertos ante la ausencia de Contador y de Andy Schleck. Con un equipo de lujo –y en el que se encontraba el que acabó siendo su único rival, Froome– Wiggins ha ganado las dos contrarrelojes y ha conservado el maillot amarrillo desde que se lo arrebató a Cancellara tras ganar la primera. El británico no ha tenido más complicaciones que las que le ha planteado su compañero. Ha ganado la carrera a lo Indurain o Anquetil. Este año marcará la apertura a un nuevo mundo que hablará inglés y que poco a poco se va abriendo camino en el ciclismo”, relató Christian Prudhomme, director del Tour, consciente de la oportunidad que se abre a nuevos mercados y nuevos patrocinados con el reclamo de este ciclista que creció como deportista en Francia. Empezó en La Française des Jeux para seguir en el Crédit Agricole y el Cofidis. En los tres estuvo dos cursos –“entonces era más alcohólico que ciclista”, reconoce– y tras un breve periplo por el HTC-Highroad estadounidense volvió a Francia para recalar en el Garmin, donde se centró tras superar la muerte de su padre –un ex ciclista australiano con problemas con el alcohol, por eso su madre emigró desde Bélgica a Kilburn, una zona complicada de Londres cuando Bradley sólo tenía dos años– en extrañas circunstancias y dejar la bebida gracias al apoyo de su mujer, Catherine. Wiggins lleva tatuado la letra B en sus dos pulgares como homenaje a sus dos hijos, Ben y Bella.  

Indurain, su ídolo 

El británico llegó al Sky y a pesar de ganar el Dauphiné y lograr la plata en la prueba de contrarreloj de Copenhague decepcionó en el Tour e hipotecó las posibilidades de su compañero Froome de llevarse una Vuelta ganada por Juan José Cobo. Wiggins fue tercero y en su tercera temporada en el equipo ya se ha coronado en París. Su sueño desde pequeño, cuando Miguel Indurain era el protagonista de la pared de su habitación. Un broche de oro a un 2012 notable, en el que se ha impuesto en la París-Niza, el Tour de Romandía y el Dauphiné por segundo año consecutivo. 

“Ganar el Tour es lo más grande. No muchos ciclistas han ganado el Tour. Desde que yo nací solo hay 15 vencedores, yo soy el 16. Es una lista histórica, no hay muchos”, reflexionó, orgulloso Wiggins, triple campeón olímpico en pista que aspira a medalla en la prueba de contrarreloj de su Londres, por más que él se criase en una zona difícil: “Yo no quería estar fumando, rompiendo coches y robando radios”. Sino que pretendió ser un campeón de Tour. Y lo ha conseguido venciendo a obstáculos ajenos al ciclismo.  

domingo, 22 de julio de 2012

Cavendish se mimetiza con los Campos Elíseos

El británico se lleva la última etapa del Tour por cuarto año consecutivo y se convierte en el primero en hacerlo con el maillot arco iris

Cavendish señala con su mano el número de victorias logradas el última día del Tour - Reuters.

Como excelente sprinter, el mejor de los últimos años, Mark Cavendish cuestiona el espacio y el tiempo. Dos días antes en Brive la Gaillarde surgió por detrás como un ciclón para ir sorteando rivales y superarlos con una potencia inverosímil, con la velocidad de una bala. Entonces Cavendish festejó su segundo triunfo en este Tour, que quiso cerrar con otro triunfo, su cuarto consecutivo en los Campos Elíseos y el primero que logra un ciclista con el maillot arco iris. Una prenda que sólo puede llevar el campeón mundial actual en la prueba de ruta. Esta vez Cavendish no quiso ponerle tanta incertidumbre al asunto y fue más directo: trazó la curva final solo “para salir acelerando”, para que Goss sacase la bandera blanca en los metros finales y Sagan, el debutante que como Cavendish y Greipel ha conseguido tres triunfos además del maillot verde de la regularidad, tuvo que conformarse con el segundo puesto. 

Resultó un triunfo con sello colectivo. El Sky controló las tradicionales fugas –en general balas de fogueo– en los Campos Elíseos, arrebatos en grupo que apenas sacan unos segundos, por más que, entre otros, Voigt, Minard y Rui Costa se propusiesen que no fuese así. Cada uno de los miembros del Sky trabajó para preparar el terreno a Cavendsh: Rogers, Froome y quien le dio el último empujón fue el propio líder y vencedor del Tour, Wiggins, al que no se le cayeron los anillos para lanzar a su compañero. “Hemos trabajado mucho para este triunfo. Es de todos, también del maillot amarillo, que me ha ayudado. Es una victoria muy emotiva que nunca olvidaré”, concedió Cavendish, sonriente cuando le preguntaron por los Juegos Olímpicos de Londres: “Llevo todo el año preparándome. Creo que estoy en un gran momento”. Allí volverá a tener a su lado a Wiggins, vencedor de dos etapas de las seis que se ha llevado el Sky en la ronda francesa. Otra se la llevó Froome y Cavendish, mimetizado con los Campos Elíseos, alcanzó tres, como Sagan y Greipel. 

sábado, 21 de julio de 2012

Wiggins saca brillo a su corona en la contrarreloj de Chartres

El líder del Sky logra su segundo etapa en este Tour imponiéndose a Froome y a Luis León 

Wiggins celebra su triunfo en la contrarreloj de Chartres - EFE.

“All right! All right! [¡Todo bien! ¡Todo bien!]”, le gritaba un espectador cuando estaba a punto de llegar al último punto cronometrado, al kilómetro 48 de los 53'5 de la penúltima contrarreloj del Tour. Bradley Wiggins (Gante, Bélgica, 1980) escucha, sabe y siente que está rodando como los ángeles, que su depurada técnica de ex ciclista en pista le acompañan unas piernas finas, pero inagotables. Sólo se descarga, sólo se libera cuando cruza la meta como ganador de etapa y como vencedor virtual de su primer Tour. Entonces agarra con fuerza el manillar y se deja ir con el puño derecho soltando un grito de rabia, que bien sonaba a un “¿todavía pensáis que no soy un digno campeón?”. En Chartres Wiggins sacó brillo a su corona. “Ha logrado el mayor éxito de un deportista británico”, le elogió su compañero Froome, el único que le ha llegado a cuestionar el plan calculado al milímetro del Sky y que dejó en evidencia a su líder en La Toussuire y en Peyragudes. “No tengo problemas ni tensiones con él”, repitió por enésima vez Wiggins, al que estas semanas han torturado también preguntándole sobre dopaje y la ausencia de Contador y Andy Schleck. Se ha sentido un campeón infravalorado y de ahí ese grito, esa actuación tan excepcional en la última contrarreloj –también ganó la de Besançon–: aventajó en 1m 16s al propio Froome, que llegará segundo a París (a 3m 21s). Nibali, a 6m 19s, lo hará como tercero, la posición que ocupó en la etapa Luis León Sánchez, a 1m 50s. El murciano será una baza importante del equipo español en los Juegos Olímpicos, tanto en la contrarreloj como en ruta. 

Por una vez Wiggins estuvo a gusto entre periodistas y se permitió no calcular su discurso, ser más cercano y menos áspero: “Yo soy Bradley Wiggins y la verdad es que no me imaginaba escribir mi nombre junto a elegidos como Eddy Merckx”. Habló de su infancia, de aquel jovenzuelo que tenía la habitación llena de pósters de Indurain y que soñaba con los ojos abiertos en ser campeón en el Tour: “Quería vivir la misma sensación que tuvo el año pasado Evans”. La antítesis de lo que ha vivido en esta edición el australiano, desfondado en la montaña y muy menor en la contrarreloj, doblado incluso por su compañero Van Garderen en la pancarta de los últimos 20 kilómetros, segundos después de que Froome le quitase el mejor tiempo en el segundo sector a Luis León Sánchez, que antes de la aparición de la pareja del Sky se había imaginado, por qué no, festejando su segunda victoria en este Tour. Una prueba en la que el mejor español será Zubeldia, sexto, y en la que la penúltima etapa sólo tuvo emoción por el ganador de la misma hasta que Wiggins pasó por el segundo tramo cronometrado (30'5 km) y le sacó 54 segundos a Froome, mientras la realización mostraba la sonrisa de Luis León, sabedor que no iba a ganar. Al contrario de lo sucedido en las últimas ediciones, resueltas en el último suspiro, la televisión francesa sólo optó una vez por dividir la pantalla en dos para mostrar a Wiggins y a Froome, pero sin tiempos de por medio, sólo para para comparar su posición, la cadencia. El vencedor era un secreto a voces.    

jueves, 19 de julio de 2012

La liberación de Valverde en el Peyragudes

El murciano logra su victoria más épica en el Tour el día que Froome vuelve a poner en evidencia a Wiggins

Valverde aplaude en la línea de meta - AFP.

El ciclismo es pura poesía: se narra desde las entrañas, desde el contraste de unos paisajes generalmente maravillosos y los rostros desencajados de sus protagonistas, que con el tiempo han perdido atuendos, ya no parecen aviadores clásicos ni tampoco corren de noche. Pero hay cosas que no cambian, como la incredulidad de quien pedalea hacia la victoria de etapa. “Pasé miedo en los últimos kilómetros. Pensé que me cogían”, confesó Alejandro Valverde (Las Lumbreras de Monteagudo, 1980), que sólo se creyó que iba a ganar su etapa más épica en el Tour a 500 metros de la meta, poco después de coronar el Peyragudes, tras 35 km escapado en solitario, poco antes de coronar el Port de Balès, y pasarse todo el día entre los fugados. Abrió los brazos el murciano, sin fuerzas para más o quizás para saborear el aire y no dudó en señalar el logo del Movistar, el equipo que quiso esperarle en su larga sanción de 19 meses por su supuesta implicación en la Operación Puerto y aplaudió. Sobrecogido por la emoción y con lágrimas en los ojos, Valverde apenas tenía voz para decir que la victoria iba para el equipo, para su familia, para Xavi Tondo, su amigo y compañero fallecido el año pasado, y para quienes siempre le han apoyado: “Llevo mucho tiempo esperando esta victoria. Es una victoria muy trabajada”. Un triunfo de liberación para un ciclista fino y elegante. Puede que una concesión de Froome, obligado a ser leal al líder Wiggins, pero que al que con su actitud volvió a dejar en evidencia. Froome miró y remiró a Wiggins, aceleró el ritmo y le esperó, una y otra vez, dando a entender, que si no se escapaba e iba a por Valverde por no contradecir las órdenes del Sky. 

Sky es cielo en inglés. Y bien gris estaba cuando Valverde firmó el cuarto triunfo de su carrera -y el segundo español tras el de Luis León en Foix- en su temporada de regreso a la competición después de haberse cuidado, según sus palabras, mejor que nunca. De ser persistente y decirse a sí mismo que volvería para ganar. Es su quinta victoria del curso, la más significativa en un Tour muy duro para él, que luchaba para ocupar una plaza del podio y que se vio relegado a más de diez minutos de Wiggins tras la contrarreloj de Besançon, después de sufrir tres caídas y un pinchazo. Un golpe para Valverde, al que a partir de entonces poco le importó perder más tiempo: tenía entre deja y ceja ganar una etapa. Un triunfo tan grande que “borra todo lo anterior” y que le puede hacer replantearse correr la Vuelta, además de coger moral para los Juegos Olímpicos de Londres, a los que finalmente no llegará Samuel Sánchez, que se retiró hace unos días de un Tour desafortunado para los españoles.   

Valverde –y aquí volvemos a las cosas del ciclismo que nunca cambian ni cambiarán– reconoció haber convencido a Nibali para que abandonase el grupo de escapados, pues de lo contrario el Sky hubiese acabado neutralizándolos para evitar que el italiano se acercase a Wiggins. Del grupo de favoritos tiraría en la recta final el Liquigas de Nibali, que también tenía la ilusión de llevarse la etapa con su ataque final definitivo. Pero el Tiburón se quedó sin aliento ante Wiggins, Froome y compañía, aunque apenas perdió tiempo y, en teoría, su tercer puesto final no peligra. Del quinto al séptimo bajó Zubeldia, superado por primera vez en un Tour que vivió una jornada de liberación para Valverde, que acostumbrado a vencer en los metros finales se trabajó una victoria de principio a fin. 
   

domingo, 15 de julio de 2012

Luis León cumple con su idilio con el Tour

El murciano logra en Foix la cuarta etapa de su carrera en el Tour tras deshacerse del resto de fugados  

Luis León festeja la primera victoria española en el Tour - EFE.
Los imprevistos generan confusión y confundidos estaban Izagirre, Sagan, Casar y Gilbert: se hablaron con la mirada y no se entendieron con las palabras. Ninguno tuvo ni las fuerzas ni la capacidad de reacción para tratar de impedir lo que estaba sucediendo, que a once kilómetros de la meta en Foix el quinto fugado, aquel que acababa de llegar de la mano del propio Gilbert, lanzase un ataque que no fue contestado, un ataque definitivo. Tras probarlo en Le Toussuire y de repetirlo en Le Cap d'Agde, Luis León Sánchez (Mula, Murcia, 1983) cumplió con su idilio con el Tour en su tercera tentativa de esta edición,  escapándose de los escapados para poder disfrutar en solitario de las últimas pedaladas de la que acabó siendo su cuarta victoria en la ronda francesa, tras las de Aurillac (2008), Saint-Girons (2009) y Saint-Flour (2011). Éste es el primer triunfo español en una edición marcada por la sanción a Contador y las caídas de Valverde y Samuel Sánchez, que tuvo que abandonar hace unos días. 

Luis León cumplió con su ritual, con aquel que ha hecho este año para festejar dos etapas en el Tour de Romandía, una en la París-Niza y en la Vuelta a Castilla y León. Con el gesto que hizo tras ser campeón nacional de contrarreloj. En Foix lanzó besos al cielo, se santiguó y volvió a señalar y a dedicar su victoria a su hermano Luis León, fallecido en un accidente de tráfico en 2005. Luis León se lo dedicó a toda su familia en general, “que  siempre nos apoya en todo”, también en un Tour que estaba siendo difícil para él y para su Rabobank, desmantelado por las retiradas, hasta el punto de que “sólo quedamos cuatro” entre los 162 que sobreviven en la prueba. El último en abandonar fue Kiserlovki, el más perjudicado de la patética ocurrencia de algún espectador –o más bien boicoteador del espectáculo– de poner clavos en el camino, en la ascensión al Mur de Péguére. 

Hubo más de 30 pinchazos y Evans acumuló tres. Pidió con insistencia al BMC que le proporcionase una rueda trasera nueva y llegó su compañero Cummings, que también había pinchazo... A Evans le colocaron la de Moinard, pero volvió a pinchar, y luego tuvo problemas con la rueda delantera. Rolland quiso aprovechar la situación para escalar puestos en la clasificación y llegó a tener dos minutos de margen sobre el grupo del líder, Wiggins, y de su Sky, que una vez alcanzado el francés quiso ralentizar el ritmo para que Evans no se viese perjudicado por la bobada de algunos en un día precioso, “redondo” para Luis León, consciente de que en un final al sprint poco o nada tenía que hacer con Sagan, segundo por segundo día consecutivo. Fue sincero el murciano: “Teníamos en mente arrancar de lejos, era la única oportunidad”.  

sábado, 14 de julio de 2012

Greipel devora a Sagan

El alemán empata a tres victorias con el maillot verde, al que supera en la meta por media rueda tras un gran trabajo del Lotto


Greipel celebra su triunfo en la meta - AP. 
Sacudido el Tour por el cambio de ritmo de Froome que dejó paralizado a su líder Wiggins a un suspiro de la meta en La Toussuire y del triunfo de David Millar, un “ex dopado que ha ganado limpio”, la ronda francesa vivió otro final de pirotecnia entre los dos de los corredores más explosivos al sprint: André Greipel (Rostock, Alemania, 1982) y Peter Sagan. Ganó el primero porque supo ponerse a la rueda del tercero, Boasson Hagen, por el que el Sky trabajó a destajo –incluso Wiggins puso su grano de arena para lanzar al noruego en los metros finales–. Ganó el primero, Greipel, porque se decidió antes que Sagan, con el que empata a tres triunfos en esta edición: “Me la he jugado al colocarme en la rueda de Hagen. Sé que es muy fuerte y que era una llegada muy ventajosa para él. Además, he visto que Wiggins le llevaba al sprint, así que he seguido con la idea que tenía. He tenido buen ojo”. No estaba en esa lucha Mark Cavendish, falto de forma este año, aunque es el actual campeón del mundo en ruta y el ciclista en activo que atesora más victorias en el Tour (21). 

Cavendish llegó a ocho minutos largos de un Greipel que no desaprovechó la ocasión que le brindaron sus compañeros del Lotto, inmensos para tirar del grupo de favoritos para desbaratar el sueño de Vinokourov y Albasini, los penúltimos en probar suerte. Tras alcanzar 22 segundos de renta, fueron alcanzados a 2'6 kilómetros del final y se apartaron a la derecha como hizo Luis León Sánchez, que atacó 300 metros después, aunque no encontró fuerzas para llegar primero a la meta. El objetivo del grupo de los siete escapados del día –entre los que estaba de nuevo el navarro Urtasun, que rozó la victoria en San Quintín, donde se impuso, cómo no, Greipel– y a los que se incorporó Morkov. El danés atacó, se lanzó a la aventura de pedalear en solitario, que por algo es el que acumula más kilómetros en fuga en este Tour: Morkov es el más combativo y la organización ya se lo ha reconocido dos veces. 

Cazado Morkov, lo intentó Evans con van Den Broeck, cuarto y quinto clasificados. El australiano busca su momento para tratar de estirar sus últimas opciones de revalidar la corona y de perder mucho tiempo más de tres minutos en la contrarreloj y en la etapa de La Toussuire. Van Der Broeck, por su parte, pretendía acercarse al podio de París. Pero ni uno ni otro tenía una historia tan redonda como uno de los fugados iniciales: Jimmy Engoulvent, otro francés extramotivado un 14 de julio, fecha clave en la historia de su país. De haberse mantenido fugado hasta el final, de haber cruzado  el primero la línea de meta tras coronar el Mont Saint Clair, de tercera categoría, Jimmy hubiese hecho un guiño a la expresión “los últimos serán los primeros”, fue fue el farolillo rojo la novena y la décima etapa. Pero su sueño se esfumó rápido y Greipel, gracias al trabajo del Lotto –“éste es el mejor grupo de compañeros que he tenido nunca”, reconoció, después de abrazarles uno a uno–, se llevó la gloria. Le sacó media rueda a Sagan, el primer agitador de un Tour que sigue liderando Wiggins gracias a que el Sky obligó a Froome en su famoso cambio de ritmo. El líder ya está decidido, por mucho que la carretera surjan dudas.