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domingo, 24 de julio de 2011

Cavendish se lleva su quinta victoria para despedir un Tour marcado por las caídas

Cavenvish celebra su victoria en los Campos Elíseos -EFE.

Un final tranquilo, lógico con el quinto triunfo de Mark Cavendish al esprint, para el Tour con más caídas, accidentes y más líneas de parte médico de los últimos años. Una edición ganada por primera vez por un australiano, Cadel Evans, que con 34 años y cinco meses  -el más veterano desde 1922, cuando Henri Pélissier venció con un mes más- se llevó un triunfo por el que llevaba luchando desde que se enamoró del Tour gracias a los éxitos de Miguel Indurain. "Hay personas que han confiado en mí", relató Evans, "y yo también". Quizás le subestimaron los dos hermanos que le acompañaron en el podio de París, los Schelck. Andy y Franck se centraron en Alberto Contador y se olvidaron de Evans, corredor que empezó destacando en mountain bike antes de aterrizar en el Saeco, donde conoció a su preparador físico, Aldo Sassi, vencido por el cáncer en diciembre del año pasado. Evans confesó que no había tenido tiempo para reflexionar sobre qué significaba para él ganar el Tour, pero se lo agradeció a los que han sido agradecido con él y se emocionó con el precioso Advance Australia fair. El himno de su país interpretado a capela por una cantante. 

Evans estuvo tan generoso en gestos -sus compañeros del BMC le abrazaron a la vez- en la celebración como luchador durante la carrera, en la que fue un auténtico resistente y no dudó en vaciarse hasta el final para rebañar algunos segunditos, como en Gap cuando le sacó tres segundos a Contador. Sólo se sintió ganador "hasta los dos, tres o cuatro kilómetros finales" de la contrarreloj de Grenoble. Una tortura para Andy y para el resto de no especialistas. Ahí entra Jeremy Roy, nombrado (con total merecimiento) ciclista más combativo de esta edición y al que tras cruzar el Aubisque le faltaron fuerzas para llegar primero a Lourdes. Una etapa en la que venció Hushvod, que como su compatriota Edvald Boasson Hagen pretendía alcanzar su tercera victoria en este Tour como homenaje a las víctimas de los atentados de su país, Noruega. Ni uno ni otro tuvieron opciones, pues en el último kilómetro surgió del pelotón el HTC para servir en bandeja a Cavendish otro triunfo más. El de la Isla de Man, puro rodillo, le sacó una bicileta entera de margen al segundo, el propio Hagen, y confirmó su primer maillot verde de la regularidad tras ser repescado en las dos últimas etapas de los Alpes, en el Galibier y en el Alpe d'Huez. El español José Joaquín Rojas fue segundo.

Esfuerzos en vano

Se cumplió con la tradición en los Campos Elíseos: fugas poco claras y etapa decisida al esprint. Seis corredores duraron en la escapada más larga y cruzaron juntos la línea de meta en la última de las nueve vueltas al circuito tras el toque de campana habitual. El Quick Step se puso manos a la obra para alcanzarles, mientras Swift y Back, dos de los fugados, apuraban sus pocos opciones de éxitos exprimiéndose al máximo. Carlos Barredo también intentó atacar. Esfuerzos en vano, simple previa para el acelerón de Cavendish: "Hemos permitido que otros equipos alcanzaron a los escapados para nosotros llegar frescos al final". 

Fresco y contento apareció en el podio junto a sus hijos Samuel Sánchez, maillot de puntos rojos que le distingue como el mejor de la montaña. Y justo después hizo acto de presencia Pierre Rolland, el mejor joven, quien le privó del triunfo en el Alpe d'Huez a él y a Contador, lejos de los focos de los homenajeados en su Tour más complicado tras un Giro mayúsculo. 

sábado, 23 de julio de 2011

Evans logra su primer Tour tras destrozar a Andy Schleck en la contrarreloj de Grenoble

Evans lanza el ramo de flores al público -EFE.
La diferencia estuvo a punto de alcanzar los cuatro minutos y medio. Andy Schelck caminaba, volaba hacia su primer Tour después de un calculado ataque en el Izoard y con dos compañeros como aliados en la fuga, camino del Galibier. Cadel Evans miró al resto del grupo. "¿No tiráis? ¿Por qué no tiráis?", les decía el australiano con gestos muy expresivos, totalmente enfadado. Evans no entendía por qué nadie hacía el trabajo sucio para recortar la renta de Andy. Así que, dedicido, se puso a tirar él mismo hasta recortar la desventaja casi a la mitad sin las ayudas de las que se ha aprovechado siempre. Evans tomó la iniciativa, salvó un día terrible y ató en corto al luxemburgués en la etapa de Alpe d'Huez, a pesar de tener problemas con la bici (que le cambiaron) cuando su rival se había escapado con Contador. Evans había resistido bien, había vencido en la photo-finish en el Muro de Bretaña. El australiano fue todavía más grande en el penúltimo día, en el último oficioso, cuando se quedó a siete segundos del ganador de la contrarreloj de Grenoble a Tony Martin, pero sobre todo destrozó al otro gran aspirante a ganar el Tour, Andy Schleck, con el que empezó con 57 segundos de desventaja y al que acabó sacando 1m 34s. Un mundo en 42'5 kilómetros de recorrido, una excelente actuación para que Evans celebrase su primer Tour: "No me lo creo, llevo tanto tiempo concentrado en ganar". Se acordó de su entrenador, Aldo Sassi, que falleció en diciembre y que seis meses antes le había asegurado que iba a llegar con el maillot amarillo a París. Contador fue tercero de la etapa y quinto en la general. Samuel Sánchez fue sexto, mientras que Thomas Voeckler resistió en el cuarto puesto y no tuvo opciones de subirse a la última plaza del podio, espacio para el hermano de Andy, Franck.  

Empapado en el rodillo, Evans estaba concentrado, inexpresivo antes de su tercera gran oportunidad de llegar a París como vencedor final. Había fracasado en el intento en 2007, cuando Contador ganó su primer Tour, y al año siguiente ante Carlos Sastre. No dejó escapar la ocasión esta vez el australiano, campeón del mundo en Mendrisio (Suiza) en 2009, donde vive actualmente, y amante de los coches antiguos, con lo que deshizo con Andy un empate trágico. Ambos habían sido dos veces segundos en la ronda francesa. Ahora el luxemburgués acumula tres (2009, 2010 y 2011), tantas como el carismático Raymond Poulidor. Evans no se lo creía en el podio, donde incluso esbozó una sonrisa, pese a ser una persona poco dada a mostrar su perfil más alegre. El referente del BMC olió el león de peluche de la organización y tiró las flores al público: su sueño se acababa de cumplir. Es el primer vencedor de la prueba desde 2005, año del séptimo Tour de Lance Armstrong, que no es español. 

"Igual su forma de correr no es espectacular"

Evans se ha renovado para vencer en la edición que siempre se recordará por el desfallecimiento de Contador en el Izoard y el Galibier. "Igual su forma de correr no es espectacular, pero ha hecho una gran carrera", le elogió el madrileño: "Es un digno campeón". Contador, que confesó que su móvil se quedó sin batería después de l gran número de mensajes que recibió tras su gran etapa en Alpe d'Huez, ha sabido asumir la derrota sin buscar excusas recurrentes como hacen otros. Más contento ha acabado Samuel Sánchez, brillante maillot de la montaña y con una victoria de etapa (la de Luz Ardiden) en su haber: es el primer español que acaba la prueba como el mejor escalador desde que en 1974 lo consiguiese Perurena. Sánchez hizo una crono notable, pues incuso superó al gran especialista actual, el suizo Fabian Cancellara, que salió pronto -era el 126º de 167- y que con la misma velocidad comprobó que no iba a ganar. En un rato le superaron Porte, De Gendt... Y, claro, Tony Martin. Cancellara, poco visible en este Tour, reducido a fundidor esporádico del pelotón al servicio de los Schleck, acabó a 1m42s del vencedor por el 1m 35s de Sánchez.

A poco más de un minuto acabó Contador, consciente de que tenía remotas opciones de llegar al podio y de llevarse una etapa que comenzó mal, pues a punto de caerse en la rampa de salida. Un susto que no le desconcertó, sino que le hizo para motivarse más, por qué no, para luchar por el triunfo de etapa. Tanto que el líder de Saxo Bank pasó por el primer punto intermedio a 21 segundos de Martin, exacto registro que Evans, que rodaba con mayor cadencia y más alegría que su competidor directo, que pasó a 57, por lo que al luxemburgués sólo le quedaban 21 de margen. Evans se comía a Andy, que por mucho que tenga dos campeonatos de su país en dicha especialidad, tenía sólo entre tres y dos segundos de renta en la mitad de la prueba. Era la lucha entre un corredor de 34 años rejuvenecido y juvenil y un joven sin gas. El australiano se mostraba muy entero en la subida en su bicicleta y pasó por el segundo punto a siete segundos de Martin (Contador pasó a 41'94) y más de medio minuto de ventaja en la general con Andy. Mientras, Taaramae y Rolland luchaban en su batalla por llevarse el maillot blanco, el de mejor joven de la prueba. Rolland, vencedor en Alpe d'Huez, se llevó el premio. 

Era cuestión de tiempo que Evans superase a Andy en la clasificación14 minutos de las cinco de la tarde. De hecho, en 60 segundos le sacó seis a Andy, desmoralizado antes de pasar por el segundo punto de cronometraje. Sabía que Evans iba camino de su primer Tour, un triunfo grandioso para alguien que ha sabido cambiar su forma de correr para ser el mejor. "Nos estamos olvidando de toda la gente que se ha caído y se ha roto los huesos en la carrera", quiso recordar Samuel Sánchez. Evans ha sido de los afortunados que no han tenido excesivos sobresaltos. El más fuerte, en definitiva. 

Contador pone la casta y Rolland vence en Alpe d'Huez

Contador, ascendiendo el Alpe d'Huez en solitario - EFE.

El orgullo y el respeto por sí mismo fortalecen al campeón, al que se le exige que demuestre su condición siempre, como si fuese una máquina y no una persona de carne y hueso como el resto. Agotado por un Giro prodigioso y maltrecho por las caídas, Alberto Contador (Pinto, 1982) había perdido el Tour virtualmente cuando no pudo responder al ataque seco y certero de Andy Schelck en el Izoard y se quedó descolgado en la ascensión al Galibier. Una pájara, que se diría en el argot ciclista, sobre todo un motivo poderoso para acabar la prueba sin excesos. Pero Contador se negó a agotar los últimos cartuchos del Tour sin seguir dando guerra, como ya había hecho atacando en un puerto de segunda como el col de Bayard el día que hizo perder más de un minuto en la meta de Gap al propio Andy o cuando se alió con su hermano de asfalto, Samuel Sánchez, para vaciarse un descenso técnico en la siguiente etapa con final en Pinerolo, en un esfuerzo con  el que no obtuvieron recompensa. Eso, el decir aquí esto yo y no me rindo nunca -"quería divertirme", dijo- es lo que intentó Contador con un ataque a más de 90 kilómetros de la meta, menos de 24 horas de su desfallecimiento en el Galibier. El tres veces campeón del Tour juntó todos sin dientes, se levantó del sillín y lo probó sin dudas: sólo Andy pudo seguirle entonces y Cadel Evans, paralizado por el pánico, se bajó varias veces de su bicicleta. Al australiano, al que le cambiaron la bici, le temblaban las piernas y le había fallado la cadena. Mientras, el maillot amarillo, Thomas Voeckler iba a su ritmo y no podía aprovechar el cable que le ofrecía su ex compañero Pineau. Contador, Andy y el resto de escapados serían alcanzados por gran parte de los favoritos -Sánchez remontó en la bajada-. Un contratiempo que no desanimó a Contador, inmenso, como el escenario, arrancó en el inicio de Alpe d'Huez y sólo le siguió por un momento Rolland, el vencedor final después de aprovecharse de que Contador y Sánchez, brillante maillot de la montaña final, tirasen del carro. El Tour se decidirá este sábado en la contrarreloj de Grenoble entre Evans y Andy, que parte con una pequeña ventaja de 57 segundos.  

Contador lamentó no haber podido ganar la etapa y dijo que quizás se había acabado atacando tan pronto. Una decisión inusual entre los grandes en el ciclismo actual, más dado a darlo todo en la recta final, que el romper la carrera muhco antes. ¿Es igualdad entre los mejores? ¿Es respeto? ¿O quizás falta de fuerzas? Lo cierto es que uan de las ediciones de la ronda francesa más parejas de la historia tuvo uno de sus capítulos más bellos en el Galibier, con la valentía de Andy atacando a 62 kilómetros de la llegada, y tuvo su continuación en la etapa de Alpe d'Huez, la última para Voeckler como líder. El ídolo francés es un compañero antipopular en el pelotón que está acostumbrado a sufrir desde que perdió a su padre en alta mar mar cuando era pequeño.  

El amor propio de Voeckler

La fortaleza de Voeckler es su amor propio, una energía que le permitió rodar solo mucho tiempo sin nadie que le ayudase. Al final, claro, perdió más de tres minutos respecto al ganador y bajó a la cuarta posición de la general. Eso, la clasificación final, es algo que no preocupa a Contador, que según dejó claro sólo le importa ser el campeón. Dijo haberse acordado de sus vecinos de Pinto mientras subía el puerto.

"Había que jugársela", insistió Contador, al que Evans y Andy no pudieron seguir. Sí le alcanzaron Sánchez y, a su rueda, Rolland, que cambió el ritmo y se marchó sin remedio a dos kilómetros de coronar el Alpe d'Huez. Contador y Sánchez hablaron para ver cómo podía alcanzar al valioso gregario de Voeckler, al que le habían dado carta libre para que hiciese la suya. Pero ninguno de los dos tenía ese último plus necesario para llevarse una etapa tan mítica. A Contador, increpado por un espectador vestido de médico con jeringa en referencia a su positivo por clembuterol, le valió para demostrar que los auténticos campeones están a las buenas y a las maduras y acaban levantándose. A Sánchez para hacerse con el maillot de puntos rojos. Un premio merecido para un ciclista que ganó en Luz Ardiden y fue segundo en Plateau de Beille y también en Alpe d'Huez. "Lo de Alberto ha sido increíble. Nos ha puesto en jaque todos", reconoció Sánchez. La organización premió a Contador como el más combativo de la jornada. 

sábado, 16 de julio de 2011

Las dudas de los favoritos, la certeza de Vanendert para coronar el Plateau de Beille

Vanendert festeja su primer triunfo como profesional en el Plateau de Beille -EFE.
Respeto y miedo suelen ser sinónimos, una relación que tienen muy clara los hermanos Schleck, preocupados más por el rival al que más temen, Alberto Contador, que por marcar el ritmo y las distancias. En la quinta parada en la historia en el Plateu de Beille, coronado por campeones finales como Marco Pantani, Lance Armstrong y el propio Contador, los Schelck marearon la perdiz con ataques de terciopelo. Andy lo intentó cuatro veces y Contador replicó con calma tres y con rabia sólo el segundo, como si supiese que el luxemburgués, su gran contrincante los últimos años, fuese de farol. O quizás el español no podía más de sí. Iban Basso fue valiente con un ataque tan feroz como estéril, como el inicial en el que se llegaron a reunir hasta dos docenas de escapados en el descenso del segundo puerto del jornada. Samuel Sánchez y Jelle Vanendert, protagonistas finales ya en Luz Ardiden, volvieron a ser en el Plateau de Beille, pero con los papeles cambiados. Decidido y sin complejos, el belga se fue a por la primera victoria como profesional y superó al último fugado, Casar. Nadie siguió a Vanendert hasta que lo probó Sánchez con más ilusión que piernas y una desventaja superior al minuto y medio. Una broma en la mayoría de etapas, pero no en una ascensión que se sube en unos tres cuartos de hora. Así que Vanendert se tocó el casco, miró hacia atrás y celebró con timidez una victoria sensacional, el premio al más descarado de la jornada. El Tour se despidió de los Pirineos y Thomas Voecker cruzó la línea de meta eufórico, apretando el puño, sabedor que ha superado con nota un tramo importante de la prueba. Andy recortó dos segundos a Contador y al resto de favoritos, y Sánchez, 25 al luxemburgués y dos a los demás.

En los últimos tiempos el Tour se ha acostumbrado a funcionar al ritmo de las decisiones de Contador, un vencedor final con márgenes estrechos, pero muy inteligente para atacar en el momento justo. El español, que ha vencido en sus seis últimas grandes vueltas, no tiene la fuerza que demostró en el Giro con sus ataques en el Etna y el glaciar Grossglöckner ni tampoco la de su primera gran actuación, en la ronda francesa del 2007, cuando atacó en la ascensión del propio Plateau de Beille, y sólo el entonces líder, Michael Rassmussen, apartado después de la prueba por el Rabobank.

Caídas de Voigt

Fatigado por el Giro y cansado mentalmente por todo lo que ha leído sobre él en los últimos meses y días -la prensa francesa insiste en que se retirará antes de llegar a París-, Contador resiste y observa. Defiende que cada día se siente mejor y que el momento de reaccionar será la tercera semana en los Alpes. Sus rivales callan y otorgan, y casi todo el margen que le llevan se debe a la caída del primer día. Señal que el español les infunde respeto y que ellos no son lo suficientemente valientes para arrebañarle más segundos, por mucho que el Leopard torturase el ritmo del pelotón con Stuart O'Grady o con Jens Voigt, que tuvo un día desafortunado y tuvo que cambiar la bici tras el primer de sus dos caídas -se encaró con la televisión francesa por enfocarle, en un acto infantil-. Aunque el accidente más espectacular fuese el de Ten Dam, que se salió de la carrera, tropezó con una piedra en la hierba y se cayó de cara. 

Por entonces el vasco Izagirre era cabeza de carrera con casi un minuto de margen sobre sus perseguidores y más de cinco sobre el grupo principal, que fue reduciendo las diferencias a marchas forzadas. Uno de los cometidos de Fabian Cancellara en el Leopard, además de ser el mejor contrarrelojista de la actualidad. El suizo puso el ritmo hasta que,a  15'8 kilómetros del final, empezó la ascensión a Plateau de Beille. Cancellara se apartó: había cumplido. Casar era en ese momento el fugado y Riblon y Zandio, los perseguidores. Una anécdota, como los continuos amagos de ataque de Andy o los gestos de Franck, jugando a despistar a Contador. Faltaba sangre y decisión y, sin nada que perder y con el recuerdo de haber cedido en los metros finales en Luz Ardiden, saltó Vanendert. Un descaro que le valió para festejar el primer triunfo de su carrera. Samuel Sánchez fue el segundo en el día del adiós de los Pirineos. El Tour conserva todas las dudas que tenía hasta ahora. Contador sigue entero y los Schleck funcionan como una pareja de observadores sociales: miran más que hacen. Y no es una prueba para estudios. Así que Cadel Evans, el ciclista-mosquito, el especialista en chupar ruedas del resto, se relame. Todo está siguiendo su guión.      

jueves, 14 de julio de 2011

Bella victoria de Samuel Sánchez en la cima de Luz Ardiden el día que Contador cede terreno ante los hermanos Schleck

Samuel Sánchez festeja su primera victoria en el Tour - EFE.
Los recuerdos de verdad nunca se dejan escapar, por mucho que digan que el tiempo todo lo borra y que el pasado ya pasó. Samuel Sánchez (Oviedo, 1978) tiene presente cada día a su madre, fallecida de cáncer en 2000, y su gesto de levantar los brazos y señalar al cielo para celebrar la victoria es siempre igual de conmovedor. Samu, como le llaman sus amigos, sólo ha tenido un equipo como profesional, el Euskaltel-Euskadi, pese a ser tentado con ofertas más suculentas. Una fidelidad inusual porque para él el dinero no lo es todo. Por eso después de ganar en la cima de Luz Ardiden diez años después de que lo lograse Roberto Laiseka, en lo que fue el primer triunfo del Euskaltel en el Tour, Samuel Sánchez lo dejó claro: "No somos multimillonarios, sino, entre comillas, modestos. Para nosotros es un triunfo que vale toda una temporada". En el asfalto el asturiano se vació hasta conseguir ganar por fin una etapa de la ronda francesa y de hacerlo en un escenario donde ya habían triunfado otros cuatro españoles: Cubino, el mencionado Laiseka, Perico y un tal Indurain. Samuel Sánchez tenía marcada en rojo en su agenda esta etapa, con el Tourmalet de por medio. Sabía, dijo, que el estar a dos minutos y medio de los favoritos le iba a dar cierto margen de maniobra en la primera cita de alta montaña y acabó venciendo con facilidad al belga Jelle Vanendert, que en la meta le estiró el maillot para felicitarle. Un uniforme naranja que Samuel Sánchez no lucirá este viernes en el Aubisque, donde llevará el de puntos rojos como nuevo líder de la montaña. El amarillo continuará siendo para Thomas Voeckler, tenaz y siempre visible en las primeras posiciones de un pelotón convertido al final en un grupo selecto, roto por un ataque brillante del mayor de los Schelck, Franck, al que no pudo responder Alberto Contador, torturado por los dolores de su rodilla y que perdió 13 segundos más con respecto al hermano menor, Andy, del que le 1m 43s.

Lo que une a Contador y a Samuel Sánchez es haber estado en el lugar equivocado el primer día de este Tour, en medio de una caída en la que acabaron cedieron un minuto largo. Un episodio habitual en la edición de la ronda francesa más accidentada, marcada hasta ahora, hasta la primera etapa de los Pirineos, por los partes mécidos y los contratiempos que por los ataques: Wiggins, Vinoukurov o Van den Broeck ya están fuera de casa. Más suerte tuvo uno de los seis escapados, Geraint Thomas, al que se le fue la bici en un par de ocasiones en el descenso de La Hourquette d'Ancizan. El galés pretendió escaparse -entre los cuales había Ivan Gutiérrez, en su tercera tentativa de esta edición, y el Euskaltel Rubén Pérez- y lo logró en La Mongie. 

La selección del Leopard

El Leopard de los Schleck, mientras, minimizaba al grupo principal y Mangel y Kreuziger se unían para dar alcance a Thomas, que vio acogió de buen grado la rueda de Roy y no tuvo respuesta para seguir a Vanendert y Samuel Sánchez, protagonista el día que Contador fue probado y vigilado por los Schelck una y otra vez. Le acosaron a pequeños ataques en los últimos kilómetros de ascensión a Luz Ardiden, a falta de 4.300 metros. En el primero progresó Andy, respondió Contador y Franck salió a su izquierda: el actual campeón neutralizó el intento de ataque en un santiamén en un grupo en el que ya no estaba Samuel Sánchez. Lo intentó de nuevo Andy y replicó Contador, atento a otro ataque de Franck, contra el que no poudo hacer nada a 2'5 km del final.

Oro olímpico en Pekín

Instantes finales de supervivencia para Contador y de cara desencajada para Samuel Sánchez, que apretaba los dientes en busca de su primera victoria en el Tour con la que compensar la perdida el año pasado ante Andy en Morzine o, más lejos, dos de los episodios más duros de su etapa como profesional. En 2002 perdió más de 50 minutos en Plateau de Beille y un año después llegó fuera de control en Alpe d'Huez en la jornada triunfal de su entonces compañero Iban Mayo. No volvió al Tour hasta 2008, después de un 2007 fantástico con un tercer puesto en la Vuelta y tres triunfos -en la 2009 se quedó a 55 segundos de Alejandro Valverde-.  

Ahora Samuel Sánchez ya tiene el triunfo con el que "soñé de niño", otro más para el oro olímpico de ciclismo en ruta en Pekín -imborrable su sprint final con Kolobnev-. Para alguien que tras su cuarta posición en París pretende alcanzar un primer podio en su carrera favorita. El año pasado a Samuel Sánchez se le escapó por una aparatosa caída la jornada del pavés, cuando Franck tuvo que retirarse. Ahora los Schleck están en forma y se ayudarán para destronar a Contador. Samuel, a once segundos del madrileño, también estará al acecho: continúa su terreno, la montaña, y quiere dedicarle más proezas a su madre. Un reto que le obsesionó en el pasado, cuando medía mal sus ataques. Le costó lograr la primera victoria e incluso le descalificaron cuando lo logró, en Oviedo en el sprint de la última etapa de la Vuelta a Asturias, en 2003. Tuvo que esperar un año más para el ansiado homenaje: fue en la escalada a Montjuïc, donde también se impuso en la general. 

sábado, 9 de agosto de 2008

Samuel Sánchez, un sprint que vale un oro olímpico

Sánchez festeja su triunfo en la prueba en ruta de los Juegos de Pequín -AFP.

Cerró los ojos y se dijo “¡hasta el final sin parar!”. Con la Gran Muralla de fondo, Samuel Sánchez (Oviedo, 1978) apretó los dientes y se fue a por Aleksandr Kolobnev, el único que tenía por delante a tan sólo 50 metros del final, tras casi seis horas y media de tortura y 245 km. de recorrido. Samu respondió al sprint del ruso con naturalidad y con una suficiencia inesperada. Le rebasó por la derecha, mientras por atrás insistían Davide Rebellin, perro viejo de 37 años, y Fabian Cancellara, ciclista impagable, probablemente el mejor contrarrelojista del momento. Poco importó: Samuel Sánchez, el supuesto gregario del grupo español, se llevaba las manos al casco, se santiguaba, miraba al cielo, hacia su madre: era el nuevo campeón olímpico del mundo de ruta.

“Cuando he cruzado la línea de meta no sabía qué hacer, si tenía que saltar o no. Hasta que no hable con los amigos de toda la vida, con mi mujer y con la gente que me quiere no me daré cuenta de lo que ha pasado”, explicaba, emocionado, el asturiano, que subió al podio casi tres cuartos de horas después de haber cruzado la línea de meta. Apenas pudo dar tres pasos seguidos sin que nadie le interrumpiese. Le abrazó Alejandro Valverde, el gran favorito por ser uno de los mejores en clásicas y pruebas de un día. Le estrechó la mano el otro gran el simpático Paolo Bettini, que no pudo defender su título de campeón olímpico y se lo tomó a guasa: preguntando con gestos si había sido primero o segundo. Le felicitaron Carlos Sastre y Alberto Contador, nada más y nada menos que los últimos ganadores del Tour y Giro, que no acabaron la prueba, como Óscar Freire, el tricampeón del mundo infravalorado.

“La carrera más rentable”

“Ya tocaba, ya tocaba… Siempre segundo, siempre cuarto”, resumía Sánchez, que seguramente revivió cómo se quedó a un suspiro de la medalla de bronce en el mundial de Stuttgart de 2006, un premio que le arrebató Valverde, o cómo Dani Doreno le ganó la que podría haber sido su tercera Escalada a Montjuïc por tan sólo dos segundos. Pero esta vez Samu no se dejó sorprender y aparcó su rol de hombre que siempre se había quedado a las puertas del éxito. Esta vez no dejó escapar la oportunidad y se convirtió en el primer medallista español en la prueba de ruta: “Ser campeón olímpico es quizá la carrera más rentable para un ciclista, porque la ganas un día y la disfrutas cuatro años”.

A la hora de la verdad del conjunto español sólo respondió. Con Óscar Freire y Contador ya retirados, sólo resistió Sánchez, que atacó con frialdad y supo colocarse en el grupo de los que se jugarían la victoria, en el que no estaban ni Valverde ni Bettini. Tampoco Sastre, que había hecho una labor impagable tirando del pelotón. Ni Fabian Cancellara, en unos últimos kilómetros sensaciones consiguió conectar con el grupo y ganar un bronce impensable. Una exhibición que volvió a demostrar que su apodo de Espartaco le viene al pelo: es un fuera de serie. Este año ganó la Milán-San Remo tras 296 km. en sus piernas, a falta de dos para el final. Hasta entonces, hasta los ataques de Andy Schleck –probablemente un futuro ganador del Tour– y las réplicas del propio Sánchez, la carrera había sido relativamente tranquila, por más que el boliviano Horacio Gallardo y el chileno Patricio Almonacid, llegasen a acumular más de once minutos de ventaja. Era un intento más propio del ciclismo más primitivo o de una etapa irrelevante de una gran vuelta. En una carrera de un día, y más en unos Juegos Olímpicos, no existen esas concesiones.

Tercero en la Vuelta de 2007

Sánchez tiene cara de vasco: en Euskadi se ha formado deportivamente y desde 2000 forma parte del Euskaltel, con el que ha renovado hasta 2010. Samu reconoce que allí se celebran más sus triunfos porque no puede competir con Fernando Alonso. Hasta su gran triunfo en Pekín –“el recorrido ha sido espectacular, pasar por la ciudad prohibida, la plaza de Tiananmen, ver la Muralla China…”- sus dos grandes méritos habían sido su segundo puesto en la clasificación UCI Protour en 2006 y un tercer puesto en la Vuelta del año pasado. En la prueba española demostró cuál es una de sus grandes virtudes: en la última semana se siente perfecto. Así que en 2007 logró sus tres triunfos de etapa en las seis últimas citas: en Granada tras un gran descenso en Monachil y batiendo al sprint al Triki Beltrán, en el Alto de Abantos, tras superar a Dani Moreno con autoridad, y en la última contrarreloj, en la especialidad de Cadel Evans al que le robó el tercer puesto de la general.

Problamente el 13 de julio de 2003 Samu vivió el momento más complicado de su carrera deportiva: llegó fuera de control en la etapa de Alpe d'Huez, que ganaría su ex compañero Iban Mayo. Sánchez se propuso no volver al Tour hasta que no estuviese preparado, y hasta este año no se decidió. En la último crono le arrebató la séptima posición de la general a Valverde. Días después no pudo disputarle el triunfo en la Clásica de San Sebastián, en la que se sintió espléndidamente. “Sabía que llegaba bien a Pekín”, confesó Samu, que no dudó en responder el ataque de Kolobnev: “Venía a tope, empecé a bajar piñones sin atascarme”. Y ganó el sprint más importante. Es campeón olímpico.