Santy
Menor reivindica el oficio de guardameta en ‘La soledad del portero’
—¡El último que toque el palo se mete! —solía gritar
alguien que ya estaba corriendo hacia la portería. Empezaba una carrera de
escasos metros para no ser el portero del equipo o de la limi.
Para la gran mayoría, colocarse entre los tres palos
(persianas, dos chaquetas o piedras…) era como quedarse sin postre: no podías
marcar goles; te comías algún balonazo; y tenías todos los números para quedar
rebozado de porquería y hacerte alguna herida, preferentemente en las rodillas.
