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lunes, 5 de agosto de 2013

Mireia Belmonte se sorprende a sí misma

La nadadora catalana logra la plata en los 400 estilos, su tercera medalla, en el  Mundial de Barcelona

Mireia Belmonte, eufórica tras su plata en 400 estilos - EFE.

“Nunca había hecho una competición tan buena. Es muy positivo y un paso muy grande para ella. Con el nivel que han demostrado las nadadoras, ganar medallas es algo extraordinario”, dice, orgulloso, Fred Vergnoux. Habla el técnico francés de su nadadora más fuerte, competitiva y talentosa, de alguien capaz de nadar siete pruebas en 8 días y de alcanzar la final en siete. Se refiere a Mireia Belmonte (Badalona, 1990), que acaba de sorprenderse a sí misma en su faceta más débil de los estilos. “¡Uauu!”, grita,

sábado, 3 de agosto de 2013

Oro de ley para un grupo impagable


Liderado por Laura Ester y Pareja, la selección logra el mejor resultado de su historia en el Mundial de Barcelona tras vencer por 6-8 a Australia, a la que domina de principio a fin

La selección festeja el oro en el Mundial de Barcelona - AFP.

Es una sonrisa de euforia, pero también de incredulidad ante la enésima de sus paradas. Como casi todas, una intervención imposible con el brazo y con la contraria a un palmo. Laura Ester (Barcelona, 1990), la portera menuda del CN Sabadell –1’70 metros y 56 kilos–, es una pesadilla para una Australia que se presenta a la final con los mejores números y siendo la única imbatida y que acaba desquiciada ante Laura Ester y su equipo impagable. Tampoco sabe frenar a Jennifer Pareja, la MVP del torneo que se impone en

viernes, 2 de agosto de 2013

Mireia Belmonte se queda a un paso del oro

La nadadora de Badalona, a 19 centésimas de la china Zige en los 200 mariposa, logra su segundo metal en el Mundial de Barcelona 

Mireia Belmonte, durante la final - Reuters. 

“Fred, ¿qué he hecho mal?” es lo primero que le dijo Mireia Belmonte (Badalona, 1990) tras encontrarse con Fred Vergnoux, su entrenador. A la nadadora le costó sonreír y saborear su plata en los 200 mariposa justo un año después –otro 1 de agosto– de que abriera la cuenta para la delegación española en los Juegos de Londres con la misma medalla –la primera de las dos que consiguió Mireia–. Mireia se puso seria al ver que había sido segunda, pues llegaba a la final habiendo marcado el mejor tiempo y se sentía

jueves, 1 de agosto de 2013

La normalidad de lo insólito, otra final para una España de película

El grupo de Miki Oca remonta tres goles de diferencia ante Hungría (13-12) y luchará por el oro en el Mundial de Barcelona como en los Juegos Olímpicos de Londres, esta vez ante Australia 

Pareja y Tarragó se abrazan tras la remontada - AFP. 

Normalizar lo insólito es algo extraordinario, como la España que entrena Miki Oca. Un equipo de amigas que no se conforma con nada y solo mira el marcador al final del partido, cuando no puede cambiar nada. Y por más que el resultado, a los 18m 14s, reflejase un preocupante 9-12 tras un parcial de 0-3 y el gol de Kesztelyi la selección no se lamentó. Simplemente, sacó más coraje, se dejó la piel en defensa e impidió anotar ni un tanto más a la poderosa Hungría, a la que había eliminado en las semifinales de los Juegos

martes, 30 de julio de 2013

El bronce más difícil de Mireia Belmonte

La nadadora de Badalona remonta en los 200 estilos e incluso roza la plata en la que, según ella, era su peor prueba, ganada por Hosszu 

Mireia Belmonte celebra su bronce en 200 estilos - Getty. 

Cuando la noticia trasciende figura como un simple breve en algunos medios, al menos los primeros días, por más que pueda convertirse en un cataclismo para el deporte. Mireia Belmonte (Badalona, 1990) y el CN Sabadell no se tomen de acuerdo con la renovación y no solo eso, rompen relaciones después de que acabe el contrato de la nadadora, que se queda sin Fred Vergnoux, el técnico que le había sabido sacar su potencial, y sin lugar para entrenarse. Pasan los meses y Mireia se plantea irse fuera a entrenar e incluso la retirada,

Una revancha olímpica para buscar la primera medalla mundialista

España se venga de la final perdida en Londres ante Estados Unidos (9-6) para citarse cita con Hungría en su primera semifinal en el torneo 

Laura López, durante el partido -AFP. 

La determinación de este grupo no tiene límites. “Les teníamos ganas porque nos dejaron sin oro y no queríamos que también nos dejasen fuera de las medallas y en casa”, dice, serena, Laura Ester (Barcelona, 1990). Habla de lo que el equipo tenía dentro. “Teníamos la espinita bien clavada”, interviene Laura López (Madrid, 1988). Las dos se refieren a la final de los Juegos Olímpicos perdida ante Estados Unidos. Olvidan, porque la ambición y el coraje no entienden de estadísticas, que España se plantó en aquel

lunes, 29 de julio de 2013

Melani Costa, una plata sin aliento

La nadadora mallorquina toma a la inalcanzable como referencia y en un día rebaja cuatro décimas en la final de los 400 libre 

Melani Costa, tras el final de la prueba - EFE.

Antes de una gran prueba, Melani Costa (Palma de Mallorca, 1989) mueve mucho los dedos para reducir al mínimo su tiempo de reacción para saltar a la piscina y se coloca las gafas una y otra vez para cerciorarse que no le entrará agua. Las cámaras no se pierden detalle de esos segundos previos de la nadadora mallorquina, que sueña, por qué no, con colgarse una medalla en la final de los 400 libre, la que sería la primera para una mujer nacida en España en unos Mundiales de natación, después de que la nacionalizada Nina Zhivanevskaya
lo lograse en los 50 espalda de Barcelona 2003. Colocada en la calle 5, Melanie Costa mira a su alrededor y alucina: en la 4 está la gran favorita, Katie Ledecky, 16 años y una carrera impecable, y en la 7, Camille Muffat, su gran referente –“nada tan bien, con tanta fuerza y con una sensación de facilidad, que me encanta”, le contaba a Juan Pérez Ortiz en la web Natacción–. Pero Costa no se deja asombrar y sale a por todas, a seguir a una liebre tan excepcional como Ledecky, que pasa primera en todos los parciales y llega a nadar por debajo del récord del mundo de Federica Pellegrini, que data de Roma 2009, época de bañadores milagrosos. Ledecky (3m 59,82s) se queda con el oro y a seis décimas de la marca y la mallorquina siempre la ve delante y hace el viraje como segunda. Es plata en los Mundiales de Barcelona: “Vi que podía y lo que he hecho es engancharme a la calle 4 y no saltarla porque sabía que Katie iría más rápido que nadie. Me he dicho ‘De aquí no me muevo aunque me muera’”. Y el tiempo que marca (4m 2,47s) le deja sin palabras: “¡Cuatro dos! No puedo ni hablar no me lo puedo creer. ¡Subcampeona del mundo! He llegado donde quería llegar. He dado lo máximo de mí”.

A Costa, que acaba de ganar la octava medalla de la delegación española –tras las siete de la sincronizada– le tiembla todo. Sabe que está viviendo todo por cuanto ha luchado y padecido, como cuando se quedó sin beca ADO tras ser novena en los 400 y 200 libre, ambos con marca personal, en los Juegos de Londres, a los que llegó tras alterar su preparación por un virus y después de que el entonces director técnico de la Federación José Luis Villanueva –según el relato de Jordi Murio, que era entrenador de la nadadora mallorquina, a Diego Torres, de El País: “la obligó a hacer las mínimas sin esperar a recuperarse”. Pero Costa acabó el 2012 como campeona del Mundial de piscina corta en Estambul. 

El abrazo con Izaskun Ruiz

En la primera jornada de natación de los Mundiales de Barcelona en el Palau Sant Jordi dice dos veces que había hecho la carrera de su vida. Por la mañana pulveriza el récord de Mireia Belmonte –novena y fuera de la final– y por la tarde saca su rabia para defender una plata que ni su admirada Muffat, tercera en el primer viraje, ni la neozenlandesa Lauren Boyle, finamente bronce, consiguen arrebatarle. Tan superada está Costa que acaba abrazando a Izaskun Ruiz, su entrevistadora. Un abrazo en el que quedan resumidos los desengaños de quienes no confiaron en ella, los duros entrenamientos con Gregg Troy, entrenador de Ryan Lochte, la destitución de Murio, pero también la excelente dirección de José Antonio del Castillo, que desde el CAR de Sant Cugat ha sabido sacar lo máximo de una nadadora tenaz. Y feliz, muy feliz.      

viernes, 26 de julio de 2013

La ‘Barcelona’ de Ona Carbonell desde la grada del Sant Jordi

Otro punto de vista del bronce en solo libre de la nadadora catalana

Ona Carbonell, durante su actuación en la final de solo libre - EFE. 

Tiene la sonrisa de Clara, concursante de MasterChef. La chica, acompañada por su novio  –a juzgar por cómo se miran–, es la única de alrededor abstraída con la actuación de la primera de las finalistas del solo libre en los Mundiales de natación de Barcelona, Rebecca Kay Moody, de Estados Unidos. Está más centrada que la propia realización, que no proyecta imágenes de la actuación en las pantallas del Palau Sant Jordi. Por megafonía se advierte al público que no distraiga a las nadadoras ni a los jueces. Moody obtiene, 81’230, mucho menos que en la preliminar, 84’040.

“¡Oh, qué chulo! ¡Qué chulada!”, se le oye decir a una madre con su niño. Es la reacción más normal al ver la inmensidad de la piscina, la instalación temporal más grande del mundo con 50 metros de largo, 26 de ancho y 3 de profundidad para 10 calles. Desde la grada –y si renuncias a seguirlo por las pantallas, que es lo que hago, sino sería como si estuviese en casa– observas un punto lejano que se mueve y hace virguerías. Una buena metáfora de lo insignificantes que somos en el mundo, pero de la capacidad que tenemos para emocionar. Y la siguiente, Linda Cerruti, de Italia, emociona mucho más que Moody, y ya sale en las pantallas.

– ¡No me toquéis las canciones de Pink!– grita indignado un aficionado al ver que, efectivamente, como suelen hacer en las discotecas, maquillan el último éxito de la cantante en la actuación de Sona Bernardova, de la República Checa.
– No te sulfures, aquí lo hacen mucho. Ponen una versión para marcar más el ritmo– le comenta su amiga –aquí no hay miradas de las otras–. 

“Las patitas esas así”

La grada francesa enloquece con su representante, Estel-Anais Hubaud, pero es Ji Hyang Ri, de Corea del Norte, la primera en mejorar su nota. Cosa que no consigue Jenna Randall, de Gran Bretaña, en parte, según el seguidor de Pink, porque la música es “para que duerman las ovejas”. “Y porque no sale de las patitas esas así”, le dice su acompañante, que gira los dedos: “No creo que haya 150 movimientos en natación sincronizada. Se tienen que repetir por narices”.

Despoina Solomou, de Grecia, apuesta por el flamenco y lo borda, mientras en la call room [cámara de llamada] Svetlana Romashina, la favorita con mayúsculas, bosteza. Y es con la séptima actuación cuando el Palau Sant Jordi, ese escenario para todo –Copa Davis, conciertos, natación, X Games…–, ruge de verdad. Ona Carbonell está a punto de defender la canción Barcelona, interpretada en los Juegos Olímpicos de 1992 por Freddie Mercury y Montserrat Caballé. La soprano ha acercado a la letra a Ona, a quien ha trasmitido cómo evocar el encanto del Mediterráneo, la fuerza del mar…

El más creativo e íntimo 

Ona está a la altura del himno con una actuación desgarradora, pasional y emotiva que pone la piel de gallina y con la que mejora la puntuación anterior –de 94’260 a 94’290–. Cumple su cometido de disfrutar y de hacer disfrutar.

El solo libre es quizás el más creativo e íntimo y Ona ha asumido el reto tras la retirada de Andrea Fuentes a principios de año. Gemma Mengual, en la piscina, está al borde la lágrima y la acompaña junto a Mayujo Fujiki. Ona atiende a Izaskun Ruiz, de Tedeporte, y después a Esport3. Mientras, Romashina, al compás de I want to be loved you, de Marilyn Monroe también levanta pasiones en la grada y mucha admiración en una chica de al lado: “¡Y yo que ni soy capaz de hacer la voltereta! [en el agua, se entiende]”.

Romashina se asegura el oro y la china Xuechen Huang no da opción a Ona y mejora casi cinco décimas para colgarse la plata con acrobacias inverosímiles. Huang no para de sonreír y saludar. Antes de recibir la puntuación ya es consciente de que será segunda.  

Un espontáneo profesional 

Solo Ucrania y, en concreto Lolita Ananasova, puede quitarle el bronce a Ona. Romashina y Huang se meten en la call room –nadie les quitará las medallas; poco después les sigue una tercera nadadora, puede que sea Ona, pero no estoy seguro–. Lolita mejora la nota, pero no lo suficiente y la actuación de la japonesa Yukiko Inui es irrelevante y la única que ve una pareja que acaba de llegar. Les da tiempo de sorprenderse del show de un espontáneo que baila con más entusiasmo cuando se da cuenta de que le enfocan las cámaras. Definitivamente, es un espontáneo profesional que baja las escaleras de la grada al ritmo de la música –o al suyo, más explosivo– e intenta, con mayor o peor suerte, contagiar a quien se encuentre a su paso. Lo consigue con una chica, que se pone a bailar con él. Se añade otro chaval. Un curioso paréntesis antes de la ceremonia de medallas.

Suena el himno de Rusia en honor a Romashina y el público se pone en pie como muestra de respeto y después canta “¡Ona! ¡Ona!”. Tres aficionados agitan cartulinas con las letras de su ídolo, O-N-A, que saluda y reparte besos al aire. En las inmediaciones del Palau, la gente hace colas para fotografiarse con la mascota, Xop –descubro que el hombre se llama John– o en un trampolín pintado en el suelo, y se ha perdido una bolsa con documentación y dinero en el pabellón de Kazan (Rusia), la ciudad que albergará los Mundiales de natación de 2015. Según parece, estos de Barcelona son una buena oportunidad para promocionar que Madrid sea sede de los Juegos Olímpicos de 2020. Lo digo porque me encuentro en el suelo un pin con el logo de la capital como candidata olímpica.

Ya en el metro, una chica sonríe mientras huele las páginas un libro de arte que, aparentemente, acaba de comprarse. En la portada aparece El caminante sobre un mar de nubes, de Caspar David Friedrich.  

Me acerco y le pregunto: “Seguro que te gusta la natación sincronizada, ¿no?”.                 

domingo, 21 de julio de 2013

Un estreno de bronce para la pareja Ona Carbonell y Marga Crespí

La nueva pareja española alcanza los 93'800 puntos y suma la segunda medalla para la delegación en dúo técnico, por detrás de China, plata, y Rusia, oro

Marga y Ona, durante la final de dúo técnico - EFE. 

Parecía ensimismada, casi enamorada con esa medalla con la que a principios de años no podía soñar porque era imposible. Ona Carbonell y Andrea Fuentes eran tan indiscutibles en el dúo como lo habían sido antes la propia Fuentes con Gemma Mengual y ésta con Paola Tirados. La retirada de Fuentes y una puesta a punto sensacional en poco más de seis meses han hecho posible esa mirada de Marga Crespí (Palma de Mallorca, 1990) a la medalla de bronce en dúo técnico –el segundo metal de la delegación en los Mundiales de natación de Barcelona y exacto botín que en Shanghái 2011– como escudera de la actual líder, Ona Carbonell (Barcelona, 1990). La nueva pareja española completó un ejercicio enérgico y repleto de pasión del Zapateado de Flora Albaicín, que había valido una plata en Londres. Esta vez dicho metal fue para China (94’900 por el 93'800 de Ona y Marga) y el oro, como era lógico, se lo llevó Rusia, (97'300).

“Somos un dúo joven, con mucha energía y creo que mi reto es demostrar que estoy al nivel de Ona y que podemos competir juntas”, explicó horas antes de comenzar los Mundiales a la agencia EFE Marga, que empezó en la sincronizada con seis años y competía con nueve. A los diez descubrió este deporte Ona, con quien ha conseguido formar un dúo de podio en medio año. Debutaron en marzo en el Centre Nautique Maurice Thorez de Montreuil (Francia), en la tercera edición del Open Make Up for Ever con una plata, por detrás de Tingting y Wenwen, las hermanas gemelas chinas Jiang en una competición en la que no compitió la pareja  Svetlana Romashina y Svetlana Kolesnichenko.

Ona y Marga emocionaron a un Palau Sant Jordi entregado –“esto es indescriptible. Muy emocionante”, dijo la barcelonesa–, pero tuvieron una actuación menos precisa que en la preliminar –Mengual, en Teledeporte, se refirió, por ejemplo “al final de los giros”– y bajaron una décima. Por el contrario, sus principales rivales subieron de nota. Fue la segunda final de las siete en las que aspira a participar para Ona  [solo, dúo y Equipo en sus dos variantes, técnico y libre; y el combo]. Ya tiene marcadas como superadas solo y el dúo técnico y se propone emular en unos mundiales a sus mentoras,  Mengual (Roma 2009) y Fuentes (Shanghái 2011).

sábado, 20 de julio de 2013

Ona Carbonell, una renovación de bronce

La barcelonesa debuta en el solo técnico con la primera de las siete medallas a las que aspira en los Mundiales de natación de Barcelona

Ona Carbonell, durante su ejercicio en la final - EFE.

Tiene el tono de Andrea Fuentes y una voz similar a Gemma Mengual. Puede que sea casualidad o fruto de tantos años de convivencia en el CAR de Sant Cugat y compitiendo alrededor del mundo. Años en los que Ona Carbonell (Barcelona, 1990) ha sido una esponja fijándose en el trabajo de sus ya ex compañeras y referentes mundiales. Ahora es ella la que acapara la presión de ser la líder del grupo y ha asumido la situación con entereza y determinación. No han pasado ni seis meses desde que Fuentes anunció su retirada por no encontrarse a gusto en un ambiente con dos grupos enfrentados –a favor y en contra de Anna Tarrés, despedida de su cargo de seleccionadora– y Ona ha trabajado muy duro como el resto del grupo para que nada le descentrase de los Mundiales de natación de Barcelona. En su ciudad, Ona aspira a siete medallas y mordió la primera en el solo técnico. Un bronce -el primer metal para la delegación española- tras un ejercicio espectacular y explosivo que comenzó con dos saltos fuera de agua, al ritmo de La voz del violín, y que le valió 94’400 puntos. La china Huang Xuechen fue plata (95’500) y la rusa Svetlana Romashina, oro (96’800).

Ona sumó 47’2 en la ejecución y en impresión general, con lo que mejoró dos décimas su actuación en la sesión preliminar y logró su mejor marca en la modalidad. Estuvo más expresiva y afilada, pulió sus movimientos y aplicó mejor esas indicaciones que durante estos meses ha recibido de la propia Mengual, Mayuko Fujiki y de Virginie Dedieu, esta última colaboradora de la Federación. Una mejora que le hizo asegurarse sin apuros el bronce en una final que se llevó con suficiencia otra debutante en la modalidad en una cita importante, Romashina: “El solo ha estado en mi corazón desde que en 2004 lo hice por primera vez, aunque reconozco que no ha sido fácil sustituir a [la inalcanzable Natalia] Ishchenko [que se ha tomado un año sabático]”. Más tensa, claro, está Ona, que después de elogiar al público –“ha estado inmenso. Me he emocionado al salir. La grada me ha dado un plus de motivación”– prometió una mejor cosecha en el otro solo, el libre: “A por la china. A por el libre. Tengo muchas ganas de que llegue ese momento para traer de nuevo a Montserrat Caballé y Freddy Mercury con el himno de Barcelona 92”. Entonces Ona tenía... dos años.