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lunes, 26 de noviembre de 2018

Ona Carbonell, recetas para combatir los miedos y las excusas

La nadadora de natación sincronizada, ganadora de MasterChef Celebrity 3, se sincera en 'Tres minutos, cuarenta segundos', inspirador siempre 

Ona Carbonell con su libro. Foto: Albert Garcia / El País. 

Poco efusiva, saluda un par de veces al público con la mano derecha cuando acaba el ejercicio, todavía en la piscina. 

Ése es uno de los detalles que apunté en la libreta la única vez que he visto competir en directo a Ona Carbonell (Barcelona, 1990). Me chocó que después de transmitirnos la fuerza, el encanto y la magia de Barcelona, interpretada por Freddie Mercury y Montserrat Caballé en los Juegos Olímpicos de 1992, la nadadora de natación sincronizada fuese tan escueta con sus gestos hacia el público del Palau Sant Jordi. 

Más de cinco años después del bronce de Ona Carbonell en el solo libre, en los Mundiales de Barcelona, encuentro la respuesta a lo que no supe descifrar. Se nos escapan muchos detalles de los y las deportistas que, como personas que son, guardan muchas cosas en su interior. En la página 249 de su biografía, Tres minutos, cuarenta segundos (Editorial Planeta, bajo el sello de Crossbooks), Ona Carbonell se detiene justo en aquel detalle: "Saludo desde el centro de la piscina con una mano, la cual me cuesta sacar del agua. Querría ser más efusiva con las ocho mil personas que tanto me han ayudado, pero estoy agotada después de la rutina". 

Lo normal después de más tres minutos sin tregua, muchos en apnea, un sinfín de estructuras geométricas y muchas caras de comerse el mundo cuando el cuerpo le pide a gritos que pare de tortularlo. Lo normal después de competir infiltrada y con una fisura costal, y de dormir una media de menos de cuatro horas en los últimos días. Lo normal después de levantarse con las piernas como si fuesen de cemento y haber perdido kilos. Lo normal después de asumir las dos pruebas de solo (libre y técnico) tras la retirada pocos meses antes de Andrea Fuentes. Su fisura no había trascendido y desde mi butaca del Palau Sant Jordi no se me ocurrió pensar que no tuviese energías para fundirse con el público. Algo que sí hizo fuera de la piscina. 

En Tres minutos, cuarenta segundos Ona Carbonell, que ha contado con la ayuda de Santi Anaya, se sincera casi al límite. Se nota que ambos son perfeccionistas, igual que el equipo editorial. El resultado es soberbio. No hay detalles de relleno ni frases rebuscadas para buscar el aplauso fácil. El aplauso llega porque el relato está escrito desde las entrañas y con el corazón. Es fácil identificarse y empatizar con Ona, aunque no hayamos competido en la élite. El relato te descoloca incluso cuando sabes si Ona ganó o no aquella medalla. Te invita a olvidar lo que sabes de ella porque eres consciente de que también encontrarás detalles humanos, personales y viscerales que no has leído en las entrevistas que ha concedido. Las fotografías, muy específicas, dan alas al texto. Me atrevería a decir que Ona Carbonell tiene congelados en imágenes casi todos los momentos importantes de su vida. 

La nadadora, flamante ganadora de MasterChef Celebrity 3. Foto: RTVE. 

La memoria de Ona Carbonell y de quienes le han ayudado a rescatarla es muy audiovisual, con imágenes, diálogos y emociones. Esas frases en cursiva de los pensamientos que tiene Ona en diferentes momentos de su vida son la guinda: "Cuando vuelva, ya sabré si soy medallista olímpica o no". ¡Sabrá si tendrán recompensa sus ocho años de trabajo! Sí, ocho y no cuatro, en este caso, en Londres 2012. 

Tres minutos, cuarenta segundos deja huella para siempre. Es carne de relectura y se merece uno de los mejores lugares de nuestra librería. Acercándonos su experiencia, Ona Carbonell, doble medallista olímpica y con 92 metales según figura en su web, nos ayuda a cicatrizar heridas pasadas o recientes, a valorar nuestros sacrificios y renuncias, a entender más a nuestro entorno, o a relativizar las piedras, los muros y los edificios en el camino. Sí, podemos ser indestructibles cuando nos lo proponemos.  

Las nadadoras de sincronizada se pasan más de un tercio del día en el agua, viviendo en ingravidez. Para crear impacto en las articulaciones saltan a la comba por la mañana. Su musculatura no está acostumbrada a aguantar su peso. "Más de cinco minutos de pie se nos hacen hacen agotadores", escribe Ona Carbonell en su biografía, Tres minutos, cuarenta segundos. La flamante ganadora de MasterChef Celebrity 3 se ha pasado muchas horas seguidas en esa posición durante el concurso, también preparándose fuera con los hermanos Roca, en el Celler de Can Roca. Empapándose de un mundo que desconocía por completo, hasta tal extremo que le tenía miedo a hervir agua y nunca había frito un huevo. A Ona Carbonell no le ha dado vergüenza comenzar desde cero en un país que, en general, celebra más los fallos de pronunciación de un idioma que aplaude el esfuerzo por aprenderlo.  

En la superficie Ona Carbonell no ha pasado el frío que sufre en una piscina, esté a la temperatura que esté, pero la espera antes de los duelos en el concurso se le ha hecho, como mínimo, igual de larga que antes de competir. Le han temblado las manos, algo que no le ocurre en las finales, y en ciertos momentos lo ha pasado peor que compitiendo en natación sincronizada. En su deporte tiene que mostrarse fuerte y segura ante las rivales, el público y los jueces y juezas. También ante las compañeras. El objetivo es convencer y emocionar, y la debilidad e inseguridad consiguen el efecto contrario. 

La capitana del conjunto español de sincronizada presentó para el duelo final un menú con el agua, el medio en el que más natural se siente, como hilo conductor. La actriz Paz Vega, que transmitió parte de sus rincones y emociones en sus platos, no se lo puso nada fácil. Ona Carbonell acabó levantando el trofeo de un concurso en el que se presentó "tímida y cohibida", reservada. Quizás insegura, consciente de que muchos de sus compañeros y compañeras sabían mucho más que ella. Siempre persistente. Tuvo que cocinar 29 de los 31 platos del concurso y, por tanto, se sometió a casi todas las pruebas de eliminación. No se vino abajo, pese a su inexperiencia, y dio pasos de gigante, parecidos a cuando, con 13 años, se entrenó por primera vez con las mayores de la selección o, cuando tiempo después, pasó de la Blume al CAR de Sant Cugat en poco más de un año, cuando lo normal, si se daba ese caso, era hacerlo en cuatro.  

Ambiciosa, disciplinada e incansable, Ona Carbonell es una soñadora que se mueve por lo que desea. Hace tiempo ni se habría planteado un reto como MasterChef Celebrity, aunque Carbonell, en el fondo, siempre haya hecho recetas para combatir los miedos y las excusas. 

Título: Tres minutos, cuarenta segundos. Autora: Ona Carbonell. Editorial: Planeta (Crossbooks). Páginas: 268. Valoración: 4.5 sobre 5. 

Enlaces relacionados 

martes, 15 de diciembre de 2015

Andrés Corpas: “Las nadadoras convierten la cotidianidad en una vía de escape”

Mireia Belmonte, Gemma Mengual o Andres Fuentes protagonizan 'Las damas del agua', el valiente debut literario del periodista deportivo de 'El Mundo'

Andrea Fuentes, Andrés Corpas y Ona Carbonell en una de las presentaciones del libro. Foto: cedida.

Alguien que destina las primeras cinco páginas de su primer libro a dedicarle unas palabras a quienes han hecho posible ese sueño tiene una sensibilidad especial. Andrés Corpas (Castellón, 1980) cuenta con ese valor preciado para cualquiera, especialmente para quien se gana la vida con la comunicación como él. Las damas del agua (La Esfera de los Libros) es un retrato humano y reivindicativo de algunas de las mejores nadadoras españolas de los últimos años, como Mireia Belmonte, Gemma Mengual, Andrea Fuentes,

viernes, 26 de julio de 2013

La ‘Barcelona’ de Ona Carbonell desde la grada del Sant Jordi

Otro punto de vista del bronce en solo libre de la nadadora catalana

Ona Carbonell, durante su actuación en la final de solo libre - EFE. 

Tiene la sonrisa de Clara, concursante de MasterChef. La chica, acompañada por su novio  –a juzgar por cómo se miran–, es la única de alrededor abstraída con la actuación de la primera de las finalistas del solo libre en los Mundiales de natación de Barcelona, Rebecca Kay Moody, de Estados Unidos. Está más centrada que la propia realización, que no proyecta imágenes de la actuación en las pantallas del Palau Sant Jordi. Por megafonía se advierte al público que no distraiga a las nadadoras ni a los jueces. Moody obtiene, 81’230, mucho menos que en la preliminar, 84’040.

“¡Oh, qué chulo! ¡Qué chulada!”, se le oye decir a una madre con su niño. Es la reacción más normal al ver la inmensidad de la piscina, la instalación temporal más grande del mundo con 50 metros de largo, 26 de ancho y 3 de profundidad para 10 calles. Desde la grada –y si renuncias a seguirlo por las pantallas, que es lo que hago, sino sería como si estuviese en casa– observas un punto lejano que se mueve y hace virguerías. Una buena metáfora de lo insignificantes que somos en el mundo, pero de la capacidad que tenemos para emocionar. Y la siguiente, Linda Cerruti, de Italia, emociona mucho más que Moody, y ya sale en las pantallas.

– ¡No me toquéis las canciones de Pink!– grita indignado un aficionado al ver que, efectivamente, como suelen hacer en las discotecas, maquillan el último éxito de la cantante en la actuación de Sona Bernardova, de la República Checa.
– No te sulfures, aquí lo hacen mucho. Ponen una versión para marcar más el ritmo– le comenta su amiga –aquí no hay miradas de las otras–. 

“Las patitas esas así”

La grada francesa enloquece con su representante, Estel-Anais Hubaud, pero es Ji Hyang Ri, de Corea del Norte, la primera en mejorar su nota. Cosa que no consigue Jenna Randall, de Gran Bretaña, en parte, según el seguidor de Pink, porque la música es “para que duerman las ovejas”. “Y porque no sale de las patitas esas así”, le dice su acompañante, que gira los dedos: “No creo que haya 150 movimientos en natación sincronizada. Se tienen que repetir por narices”.

Despoina Solomou, de Grecia, apuesta por el flamenco y lo borda, mientras en la call room [cámara de llamada] Svetlana Romashina, la favorita con mayúsculas, bosteza. Y es con la séptima actuación cuando el Palau Sant Jordi, ese escenario para todo –Copa Davis, conciertos, natación, X Games…–, ruge de verdad. Ona Carbonell está a punto de defender la canción Barcelona, interpretada en los Juegos Olímpicos de 1992 por Freddie Mercury y Montserrat Caballé. La soprano ha acercado a la letra a Ona, a quien ha trasmitido cómo evocar el encanto del Mediterráneo, la fuerza del mar…

El más creativo e íntimo 

Ona está a la altura del himno con una actuación desgarradora, pasional y emotiva que pone la piel de gallina y con la que mejora la puntuación anterior –de 94’260 a 94’290–. Cumple su cometido de disfrutar y de hacer disfrutar.

El solo libre es quizás el más creativo e íntimo y Ona ha asumido el reto tras la retirada de Andrea Fuentes a principios de año. Gemma Mengual, en la piscina, está al borde la lágrima y la acompaña junto a Mayujo Fujiki. Ona atiende a Izaskun Ruiz, de Tedeporte, y después a Esport3. Mientras, Romashina, al compás de I want to be loved you, de Marilyn Monroe también levanta pasiones en la grada y mucha admiración en una chica de al lado: “¡Y yo que ni soy capaz de hacer la voltereta! [en el agua, se entiende]”.

Romashina se asegura el oro y la china Xuechen Huang no da opción a Ona y mejora casi cinco décimas para colgarse la plata con acrobacias inverosímiles. Huang no para de sonreír y saludar. Antes de recibir la puntuación ya es consciente de que será segunda.  

Un espontáneo profesional 

Solo Ucrania y, en concreto Lolita Ananasova, puede quitarle el bronce a Ona. Romashina y Huang se meten en la call room –nadie les quitará las medallas; poco después les sigue una tercera nadadora, puede que sea Ona, pero no estoy seguro–. Lolita mejora la nota, pero no lo suficiente y la actuación de la japonesa Yukiko Inui es irrelevante y la única que ve una pareja que acaba de llegar. Les da tiempo de sorprenderse del show de un espontáneo que baila con más entusiasmo cuando se da cuenta de que le enfocan las cámaras. Definitivamente, es un espontáneo profesional que baja las escaleras de la grada al ritmo de la música –o al suyo, más explosivo– e intenta, con mayor o peor suerte, contagiar a quien se encuentre a su paso. Lo consigue con una chica, que se pone a bailar con él. Se añade otro chaval. Un curioso paréntesis antes de la ceremonia de medallas.

Suena el himno de Rusia en honor a Romashina y el público se pone en pie como muestra de respeto y después canta “¡Ona! ¡Ona!”. Tres aficionados agitan cartulinas con las letras de su ídolo, O-N-A, que saluda y reparte besos al aire. En las inmediaciones del Palau, la gente hace colas para fotografiarse con la mascota, Xop –descubro que el hombre se llama John– o en un trampolín pintado en el suelo, y se ha perdido una bolsa con documentación y dinero en el pabellón de Kazan (Rusia), la ciudad que albergará los Mundiales de natación de 2015. Según parece, estos de Barcelona son una buena oportunidad para promocionar que Madrid sea sede de los Juegos Olímpicos de 2020. Lo digo porque me encuentro en el suelo un pin con el logo de la capital como candidata olímpica.

Ya en el metro, una chica sonríe mientras huele las páginas un libro de arte que, aparentemente, acaba de comprarse. En la portada aparece El caminante sobre un mar de nubes, de Caspar David Friedrich.  

Me acerco y le pregunto: “Seguro que te gusta la natación sincronizada, ¿no?”.                 

domingo, 21 de julio de 2013

Un estreno de bronce para la pareja Ona Carbonell y Marga Crespí

La nueva pareja española alcanza los 93'800 puntos y suma la segunda medalla para la delegación en dúo técnico, por detrás de China, plata, y Rusia, oro

Marga y Ona, durante la final de dúo técnico - EFE. 

Parecía ensimismada, casi enamorada con esa medalla con la que a principios de años no podía soñar porque era imposible. Ona Carbonell y Andrea Fuentes eran tan indiscutibles en el dúo como lo habían sido antes la propia Fuentes con Gemma Mengual y ésta con Paola Tirados. La retirada de Fuentes y una puesta a punto sensacional en poco más de seis meses han hecho posible esa mirada de Marga Crespí (Palma de Mallorca, 1990) a la medalla de bronce en dúo técnico –el segundo metal de la delegación en los Mundiales de natación de Barcelona y exacto botín que en Shanghái 2011– como escudera de la actual líder, Ona Carbonell (Barcelona, 1990). La nueva pareja española completó un ejercicio enérgico y repleto de pasión del Zapateado de Flora Albaicín, que había valido una plata en Londres. Esta vez dicho metal fue para China (94’900 por el 93'800 de Ona y Marga) y el oro, como era lógico, se lo llevó Rusia, (97'300).

“Somos un dúo joven, con mucha energía y creo que mi reto es demostrar que estoy al nivel de Ona y que podemos competir juntas”, explicó horas antes de comenzar los Mundiales a la agencia EFE Marga, que empezó en la sincronizada con seis años y competía con nueve. A los diez descubrió este deporte Ona, con quien ha conseguido formar un dúo de podio en medio año. Debutaron en marzo en el Centre Nautique Maurice Thorez de Montreuil (Francia), en la tercera edición del Open Make Up for Ever con una plata, por detrás de Tingting y Wenwen, las hermanas gemelas chinas Jiang en una competición en la que no compitió la pareja  Svetlana Romashina y Svetlana Kolesnichenko.

Ona y Marga emocionaron a un Palau Sant Jordi entregado –“esto es indescriptible. Muy emocionante”, dijo la barcelonesa–, pero tuvieron una actuación menos precisa que en la preliminar –Mengual, en Teledeporte, se refirió, por ejemplo “al final de los giros”– y bajaron una décima. Por el contrario, sus principales rivales subieron de nota. Fue la segunda final de las siete en las que aspira a participar para Ona  [solo, dúo y Equipo en sus dos variantes, técnico y libre; y el combo]. Ya tiene marcadas como superadas solo y el dúo técnico y se propone emular en unos mundiales a sus mentoras,  Mengual (Roma 2009) y Fuentes (Shanghái 2011).

sábado, 20 de julio de 2013

Ona Carbonell, una renovación de bronce

La barcelonesa debuta en el solo técnico con la primera de las siete medallas a las que aspira en los Mundiales de natación de Barcelona

Ona Carbonell, durante su ejercicio en la final - EFE.

Tiene el tono de Andrea Fuentes y una voz similar a Gemma Mengual. Puede que sea casualidad o fruto de tantos años de convivencia en el CAR de Sant Cugat y compitiendo alrededor del mundo. Años en los que Ona Carbonell (Barcelona, 1990) ha sido una esponja fijándose en el trabajo de sus ya ex compañeras y referentes mundiales. Ahora es ella la que acapara la presión de ser la líder del grupo y ha asumido la situación con entereza y determinación. No han pasado ni seis meses desde que Fuentes anunció su retirada por no encontrarse a gusto en un ambiente con dos grupos enfrentados –a favor y en contra de Anna Tarrés, despedida de su cargo de seleccionadora– y Ona ha trabajado muy duro como el resto del grupo para que nada le descentrase de los Mundiales de natación de Barcelona. En su ciudad, Ona aspira a siete medallas y mordió la primera en el solo técnico. Un bronce -el primer metal para la delegación española- tras un ejercicio espectacular y explosivo que comenzó con dos saltos fuera de agua, al ritmo de La voz del violín, y que le valió 94’400 puntos. La china Huang Xuechen fue plata (95’500) y la rusa Svetlana Romashina, oro (96’800).

Ona sumó 47’2 en la ejecución y en impresión general, con lo que mejoró dos décimas su actuación en la sesión preliminar y logró su mejor marca en la modalidad. Estuvo más expresiva y afilada, pulió sus movimientos y aplicó mejor esas indicaciones que durante estos meses ha recibido de la propia Mengual, Mayuko Fujiki y de Virginie Dedieu, esta última colaboradora de la Federación. Una mejora que le hizo asegurarse sin apuros el bronce en una final que se llevó con suficiencia otra debutante en la modalidad en una cita importante, Romashina: “El solo ha estado en mi corazón desde que en 2004 lo hice por primera vez, aunque reconozco que no ha sido fácil sustituir a [la inalcanzable Natalia] Ishchenko [que se ha tomado un año sabático]”. Más tensa, claro, está Ona, que después de elogiar al público –“ha estado inmenso. Me he emocionado al salir. La grada me ha dado un plus de motivación”– prometió una mejor cosecha en el otro solo, el libre: “A por la china. A por el libre. Tengo muchas ganas de que llegue ese momento para traer de nuevo a Montserrat Caballé y Freddy Mercury con el himno de Barcelona 92”. Entonces Ona tenía... dos años.      

lunes, 4 de febrero de 2013

Andrea Fuentes, una sirena con los pies en la tierra

Andrea Fuentes abraza a Ona Carbonell en los Juegos de Londres - Reuters. 

No hay antídoto contra el odio, la envidia, el fardar y la polémica, esos aromas corrosivos que se esconden hasta debajo de las baldosas y mueven el mundo. Bajezas que restan y que han acabado con una carrera deportiva dorada como la de Andrea Fuentes (Tarragona, 1983), que deja la natación sincronizada (y 36 medallas, cuatro de ellas olímpicas) no porque se lo pida el cuerpo ni porque sienta dolor físico, sino por desmotivarse viendo cuanto acontecía a su alrededor. No estaba dispuesta a combatir en una guerra sin fin entre quienes defendían a su mentora, la ex seleccionadora Anna Tarrés, a la que se cesó y se señaló por sus métodos, y los partidarios del presidente de la Federación y de su apuesta por contar con un nuevo equipo técnico.

En su emotiva rueda de prensa Fuentes, que tiene un discurso sólido escrito desde el corazón y revisado por la cabeza, dijo haber sufrido una “nube de negatividad”. Ése no era el ambiente adecuado para afrontar una cita tan ilusionante como los Mundiales de Barcelona de verano para alguien que ve el deporte como un oficio vital y no una profesión burocrática. “Si no disfruto del camino, no quiero estar. Estos meses no me compensan por una semana”, añadió horas después, ya más relajada, en Teledeporte, donde contó que quiere viajar y ver “cómo es el mundo terrestre” y que tiene proyectos relacionados con la naturaleza y los animales, además de profundizar en su adiós sin ensuciar a terceros. De hacerlo, Fuentes hubiese contradicho su mensaje: “Hay que eliminar esa guerra e ir en el mismo sentido”.

viernes, 10 de agosto de 2012

Brindis de bronce en el fondo del mar

El equipo español de natación sincronizada, que se tuvo que cortar el pelo para el ejercicio, encandila por su frescura y queda por detrás de Rusia y China




Reducir las distancias es uno de los retos del ser humano, motivado en llegar a los sitios más pronto, a contar con la información lo más rápido posible y a vivir el espectáculo muy de cerca. La nueva tecnología permite ver la honradez de la natación sincronizada, comprobar que el impulso de las deportistas se basa en su propia energía y no en utilizar el fondo de la piscina. Popularizada por Esther Williams en la década de los 70 con películas como Escuela de sirenas, la sincro es una disciplina para disfrutar al ritmo de la canción y por eso, en general, los comentaristas dejan que el ejercicio sea protagonista y lo analizan  después. Gustó, y mucho, la propuesta del equipo español, con una puesta en escena tierna, agresiva, poderosa y de ensueño al son de El Océano, de Salvador Niebla. Andrea Fuentes y compañía se pusieron en la piel –nunca mejor dicho– de un banco de ocho peces, sardinas, delfines, sirenas o ranas. Una oda a la fauna marina que a España le valió para colgarse su cuarta medalla olímpica, segunda en Londres y esta vez de bronce, con 96'920 puntos para un total de 193'120. Suficiente para batir a Canadá, pero no para birlarle la plata a China (97.010, 194.010). Ni para debatirle el oro a Rusia, que se llevó su cuarta corona olímpica consecutiva con 98.930, 197.030. Para Davidova fue su quinto oro.  

Hubo incertidumbre para conocer la puntuación del ejercicio del grupo de Ana Tarrés, como si los jueces hubiesen perdido, literalmente, las notas. La carismática Andrea Fuentes, cuatro metales olímpicos en su palmarés, pedía palmas al público para hacer más llevadera la espera tras una actuación enérgica y agotadora, y para la que todas las componentes del equipo se habían tenido que cortar el pelo. Era necesario para que el nuevo gorro, fabricado por Dolores Cortés y diseñado por Marc Arañó, quedase adherido a la cabeza “como si fuese la piel del cráneo”, en palabras de Tarrés. El gorro, como el vestido, simulaban ser  escamas de peces, ayudando al espectador a meterse en situación y viviese un rato en el fondo del mar. En sus entrañas. 

Hace cuatro años España se estrenó en Pekín con dos platas. Hasta entonces no había podido colgarse una medalla en unos Juegos, aunque ya llevaba tiempo en los podios europeos y mundiales con Gemma Mengual como icono. Le faltaba el reconocimiento olímpico en un deporte en el que no sólo se tiene en cuenta lo que se hace en ese momento, sino la trayectoria, la insistencia de hacerse un hueco entre los mejores. El grupo de Ana Tarrés lo sigue estando pese a la profunda renovación del equipo comenzada hace dos años. Clara Basiana, Alba Cabello, Ona Carbonell, Margalida Crespí, Andrea Fuentes, Thaïs Henríquez, Paula Klamburg, Irene Motrucchio y Laia Pons como reserva son los nombres y apellidos de otro grupo singular. Como Cristina Salvador, que fue la descartada para acudir a Londres. A otra cita con la historia.  

martes, 7 de agosto de 2012

Andrea Fuentes y Ona Carbonell, un tango de plata

El dúo español, segundo, tras las inalcanzables rusas

Andrea Fuentes y Ona Carbonell durante su actuación - EFE.

En una clase de catequesis cambió para siempre la historia de un deporte minoritario en España que no deja de enamorar por su plasticidad y por reunir danza, teatro e interpretación en una piscina. Por llegar al corazón a través de posturas y gestos singulares, de expresividad calculada y a la vez natural. De espontaneidad trabajada al límite. “Ana, ¿por qué no te apuntas conmigo a sincro?”, le propuso una compañera de catequesis a Ana Tarrés. “¿Y por qué no?”, respondió la eterna entrenadora del conjunto español de natación sincronizada, que participó como deportista en los Juegos de Los Ángeles y que en Pekín alcanzó dos platas, en equipos y con un dúo casi recién estrenado meses antes, en Eindhoven, con Gemma Mengual, la mejor deportista española de todos los tiempos, y Andrea Fuentes, sustituta de Paola Tirados. Cuatro años después, en el centro acuático de Londres Andrea Fuentes miraba para todos los sitios en busca de una confirmación, tras un ejercicio de tango tranquilo y frenético, agresivo y delicado. ¿Esos 192.900 puntos, 96.900 en la final, les valían para la plata? “¿Somos plata?”, preguntaba. Lo son, por muy poco (192.870, 96.770 en la última prueba, del dúo chino formado por Xuechen Huang y Ou Liu, finalmente bronce). Y Ona y Andrea se funden en un abrazo: son plata, sólo detrás de las favoritas, las rusas Natalia Ishchenko y Svetlana Romashina, que rozaron la perfección (197.100, 98.900). 

Un nuevo éxito de la sincronizada española narrado en La 1 por Julia Luna y Gemma Mengual, a la que se le hizo eterna la actuación de sus ex compañeras. Quería que pasase rápido el tiempo y que ninguna fallase porque sabe lo que cuesta llegar hasta ahí: las  entrenamientos casi sin horario en el CAR de Sant Cugat, los sacrificios y los momentos duros. Mengual se retiró en febrero de este año tras un tiempo fuera de la competición  por maternidad y después de comprobar en el Mundial de Shanghái que Ona Carbonell formaba un tándem fantástico con Fuentes, que ya cuenta con tres platas olímpicas, tantas como la natación sincronizada, a la que todavía le queda aspirar a otro metal en equipos. 

A ritmo del tango de La Cumparsita de Piazzolla, que les había dado el bronce en Shanghái, y con un vestido rojo y negro diseñado por Dolores Cortés, danzaron Fuentes y Carbonell. Lo hicieron como si estuviesen en el tapiz, fundiéndose en el agua, sacando lo mejor de sí mismas y emocionando al espectador, al especialista y al novato. La sincro es un deporte encantador.