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domingo, 20 de octubre de 2019

Maria Guixà: "Las competiciones mixtas no son una solución para combatir el sexismo"

Cronómetro de Récords entrevista a la periodista deportiva de Catalunya Ràdio especializada en natación y waterpolo

Maria Guixà en el XIII Fòrum Olímpic. Foto: Toni Delgado / Cronómetro de Récords. 

Toni Delgado / Barcelona

—¿Cómo te colocarías si la Jennifer Pareja del panel fuese la real? 
—¡Qué honor! Pues... Cogería la pelota como ella. ¿Así va bien? –propone, campechana, Maria Guixà, periodista deportiva de Catalunya Ràdio especializada en natación y waterpolo. Acaba de participar en la mesa redonda La igualdad de género en los deportes emergentes, del XIII Fòrum Olímpic, en el Museu Olímpic i de l'Esport Joan Antoni Samaranch.

lunes, 26 de noviembre de 2018

Ona Carbonell, recetas para combatir los miedos y las excusas

La nadadora de natación sincronizada, ganadora de MasterChef Celebrity 3, se sincera en 'Tres minutos, cuarenta segundos', inspirador siempre 

Ona Carbonell con su libro. Foto: Albert Garcia / El País. 

Poco efusiva, saluda un par de veces al público con la mano derecha cuando acaba el ejercicio, todavía en la piscina. 

Ése es uno de los detalles que apunté en la libreta la única vez que he visto competir en directo a Ona Carbonell (Barcelona, 1990). Me chocó que después de transmitirnos la fuerza, el encanto y la magia de Barcelona, interpretada por Freddie Mercury y Montserrat Caballé en los Juegos Olímpicos de 1992, la nadadora de natación sincronizada fuese tan escueta con sus gestos hacia el público del Palau Sant Jordi. 

Más de cinco años después del bronce de Ona Carbonell en el solo libre, en los Mundiales de Barcelona, encuentro la respuesta a lo que no supe descifrar. Se nos escapan muchos detalles de los y las deportistas que, como personas que son, guardan muchas cosas en su interior. En la página 249 de su biografía, Tres minutos, cuarenta segundos (Editorial Planeta, bajo el sello de Crossbooks), Ona Carbonell se detiene justo en aquel detalle: "Saludo desde el centro de la piscina con una mano, la cual me cuesta sacar del agua. Querría ser más efusiva con las ocho mil personas que tanto me han ayudado, pero estoy agotada después de la rutina". 

Lo normal después de más tres minutos sin tregua, muchos en apnea, un sinfín de estructuras geométricas y muchas caras de comerse el mundo cuando el cuerpo le pide a gritos que pare de tortularlo. Lo normal después de competir infiltrada y con una fisura costal, y de dormir una media de menos de cuatro horas en los últimos días. Lo normal después de levantarse con las piernas como si fuesen de cemento y haber perdido kilos. Lo normal después de asumir las dos pruebas de solo (libre y técnico) tras la retirada pocos meses antes de Andrea Fuentes. Su fisura no había trascendido y desde mi butaca del Palau Sant Jordi no se me ocurrió pensar que no tuviese energías para fundirse con el público. Algo que sí hizo fuera de la piscina. 

En Tres minutos, cuarenta segundos Ona Carbonell, que ha contado con la ayuda de Santi Anaya, se sincera casi al límite. Se nota que ambos son perfeccionistas, igual que el equipo editorial. El resultado es soberbio. No hay detalles de relleno ni frases rebuscadas para buscar el aplauso fácil. El aplauso llega porque el relato está escrito desde las entrañas y con el corazón. Es fácil identificarse y empatizar con Ona, aunque no hayamos competido en la élite. El relato te descoloca incluso cuando sabes si Ona ganó o no aquella medalla. Te invita a olvidar lo que sabes de ella porque eres consciente de que también encontrarás detalles humanos, personales y viscerales que no has leído en las entrevistas que ha concedido. Las fotografías, muy específicas, dan alas al texto. Me atrevería a decir que Ona Carbonell tiene congelados en imágenes casi todos los momentos importantes de su vida. 

La nadadora, flamante ganadora de MasterChef Celebrity 3. Foto: RTVE. 

La memoria de Ona Carbonell y de quienes le han ayudado a rescatarla es muy audiovisual, con imágenes, diálogos y emociones. Esas frases en cursiva de los pensamientos que tiene Ona en diferentes momentos de su vida son la guinda: "Cuando vuelva, ya sabré si soy medallista olímpica o no". ¡Sabrá si tendrán recompensa sus ocho años de trabajo! Sí, ocho y no cuatro, en este caso, en Londres 2012. 

Tres minutos, cuarenta segundos deja huella para siempre. Es carne de relectura y se merece uno de los mejores lugares de nuestra librería. Acercándonos su experiencia, Ona Carbonell, doble medallista olímpica y con 92 metales según figura en su web, nos ayuda a cicatrizar heridas pasadas o recientes, a valorar nuestros sacrificios y renuncias, a entender más a nuestro entorno, o a relativizar las piedras, los muros y los edificios en el camino. Sí, podemos ser indestructibles cuando nos lo proponemos.  

Las nadadoras de sincronizada se pasan más de un tercio del día en el agua, viviendo en ingravidez. Para crear impacto en las articulaciones saltan a la comba por la mañana. Su musculatura no está acostumbrada a aguantar su peso. "Más de cinco minutos de pie se nos hacen hacen agotadores", escribe Ona Carbonell en su biografía, Tres minutos, cuarenta segundos. La flamante ganadora de MasterChef Celebrity 3 se ha pasado muchas horas seguidas en esa posición durante el concurso, también preparándose fuera con los hermanos Roca, en el Celler de Can Roca. Empapándose de un mundo que desconocía por completo, hasta tal extremo que le tenía miedo a hervir agua y nunca había frito un huevo. A Ona Carbonell no le ha dado vergüenza comenzar desde cero en un país que, en general, celebra más los fallos de pronunciación de un idioma que aplaude el esfuerzo por aprenderlo.  

En la superficie Ona Carbonell no ha pasado el frío que sufre en una piscina, esté a la temperatura que esté, pero la espera antes de los duelos en el concurso se le ha hecho, como mínimo, igual de larga que antes de competir. Le han temblado las manos, algo que no le ocurre en las finales, y en ciertos momentos lo ha pasado peor que compitiendo en natación sincronizada. En su deporte tiene que mostrarse fuerte y segura ante las rivales, el público y los jueces y juezas. También ante las compañeras. El objetivo es convencer y emocionar, y la debilidad e inseguridad consiguen el efecto contrario. 

La capitana del conjunto español de sincronizada presentó para el duelo final un menú con el agua, el medio en el que más natural se siente, como hilo conductor. La actriz Paz Vega, que transmitió parte de sus rincones y emociones en sus platos, no se lo puso nada fácil. Ona Carbonell acabó levantando el trofeo de un concurso en el que se presentó "tímida y cohibida", reservada. Quizás insegura, consciente de que muchos de sus compañeros y compañeras sabían mucho más que ella. Siempre persistente. Tuvo que cocinar 29 de los 31 platos del concurso y, por tanto, se sometió a casi todas las pruebas de eliminación. No se vino abajo, pese a su inexperiencia, y dio pasos de gigante, parecidos a cuando, con 13 años, se entrenó por primera vez con las mayores de la selección o, cuando tiempo después, pasó de la Blume al CAR de Sant Cugat en poco más de un año, cuando lo normal, si se daba ese caso, era hacerlo en cuatro.  

Ambiciosa, disciplinada e incansable, Ona Carbonell es una soñadora que se mueve por lo que desea. Hace tiempo ni se habría planteado un reto como MasterChef Celebrity, aunque Carbonell, en el fondo, siempre haya hecho recetas para combatir los miedos y las excusas. 

Título: Tres minutos, cuarenta segundos. Autora: Ona Carbonell. Editorial: Planeta (Crossbooks). Páginas: 268. Valoración: 4.5 sobre 5. 

Enlaces relacionados 

domingo, 7 de diciembre de 2014

Mireia Belmonte, una auténtica referente

Mireia Belmonte, en el Mundial de piscina corta de Doha. 

La megafonía de la estación anuncia la llegada del último tren de la noche. Entre los pasajeros aparece, imponente, un fornido colaborador de programa basura, al que un grupo de adolescentes no se atreve a pedirle un autógrafo o un selfie. "¡Me encanta!", dice luego una de las chicas, mientras el resto coge aire. Admiran a un hooligan televisivo que grita, descalifica y se pelea en directo, aunque sea por exigencias del guión.

martes, 26 de agosto de 2014

Los horarios de Mireia Belmonte

Belmonte, antes de una prueba en Berlín - Foto: Reuters. 

Le pregunté si no estaba agotada con sus excursiones por los medios de comunicación, que la reclamaban sin tregua desde hacía semanas. "Un poco sí", resolvió Mireia Belmonte (Badalona, 1990), "me gustaría estar entrenándome. Necesito hacerlo". Tenía 17 años, acababa de colgarse un oro en 200 estilos y un bronce en los 200 mariposa en los Europeos de Eindhoven. A poco más de cuatro meses para los Juegos de Pekín, Mireia se mostraba ajena a sus numerosos récords y a los cantos de sirena de los periodistas:  "Esto es muy

lunes, 5 de agosto de 2013

Mireia Belmonte se sorprende a sí misma

La nadadora catalana logra la plata en los 400 estilos, su tercera medalla, en el  Mundial de Barcelona

Mireia Belmonte, eufórica tras su plata en 400 estilos - EFE.

“Nunca había hecho una competición tan buena. Es muy positivo y un paso muy grande para ella. Con el nivel que han demostrado las nadadoras, ganar medallas es algo extraordinario”, dice, orgulloso, Fred Vergnoux. Habla el técnico francés de su nadadora más fuerte, competitiva y talentosa, de alguien capaz de nadar siete pruebas en 8 días y de alcanzar la final en siete. Se refiere a Mireia Belmonte (Badalona, 1990), que acaba de sorprenderse a sí misma en su faceta más débil de los estilos. “¡Uauu!”, grita,

martes, 30 de julio de 2013

El bronce más difícil de Mireia Belmonte

La nadadora de Badalona remonta en los 200 estilos e incluso roza la plata en la que, según ella, era su peor prueba, ganada por Hosszu 

Mireia Belmonte celebra su bronce en 200 estilos - Getty. 

Cuando la noticia trasciende figura como un simple breve en algunos medios, al menos los primeros días, por más que pueda convertirse en un cataclismo para el deporte. Mireia Belmonte (Badalona, 1990) y el CN Sabadell no se tomen de acuerdo con la renovación y no solo eso, rompen relaciones después de que acabe el contrato de la nadadora, que se queda sin Fred Vergnoux, el técnico que le había sabido sacar su potencial, y sin lugar para entrenarse. Pasan los meses y Mireia se plantea irse fuera a entrenar e incluso la retirada,

viernes, 26 de julio de 2013

La ‘Barcelona’ de Ona Carbonell desde la grada del Sant Jordi

Otro punto de vista del bronce en solo libre de la nadadora catalana

Ona Carbonell, durante su actuación en la final de solo libre - EFE. 

Tiene la sonrisa de Clara, concursante de MasterChef. La chica, acompañada por su novio  –a juzgar por cómo se miran–, es la única de alrededor abstraída con la actuación de la primera de las finalistas del solo libre en los Mundiales de natación de Barcelona, Rebecca Kay Moody, de Estados Unidos. Está más centrada que la propia realización, que no proyecta imágenes de la actuación en las pantallas del Palau Sant Jordi. Por megafonía se advierte al público que no distraiga a las nadadoras ni a los jueces. Moody obtiene, 81’230, mucho menos que en la preliminar, 84’040.

“¡Oh, qué chulo! ¡Qué chulada!”, se le oye decir a una madre con su niño. Es la reacción más normal al ver la inmensidad de la piscina, la instalación temporal más grande del mundo con 50 metros de largo, 26 de ancho y 3 de profundidad para 10 calles. Desde la grada –y si renuncias a seguirlo por las pantallas, que es lo que hago, sino sería como si estuviese en casa– observas un punto lejano que se mueve y hace virguerías. Una buena metáfora de lo insignificantes que somos en el mundo, pero de la capacidad que tenemos para emocionar. Y la siguiente, Linda Cerruti, de Italia, emociona mucho más que Moody, y ya sale en las pantallas.

– ¡No me toquéis las canciones de Pink!– grita indignado un aficionado al ver que, efectivamente, como suelen hacer en las discotecas, maquillan el último éxito de la cantante en la actuación de Sona Bernardova, de la República Checa.
– No te sulfures, aquí lo hacen mucho. Ponen una versión para marcar más el ritmo– le comenta su amiga –aquí no hay miradas de las otras–. 

“Las patitas esas así”

La grada francesa enloquece con su representante, Estel-Anais Hubaud, pero es Ji Hyang Ri, de Corea del Norte, la primera en mejorar su nota. Cosa que no consigue Jenna Randall, de Gran Bretaña, en parte, según el seguidor de Pink, porque la música es “para que duerman las ovejas”. “Y porque no sale de las patitas esas así”, le dice su acompañante, que gira los dedos: “No creo que haya 150 movimientos en natación sincronizada. Se tienen que repetir por narices”.

Despoina Solomou, de Grecia, apuesta por el flamenco y lo borda, mientras en la call room [cámara de llamada] Svetlana Romashina, la favorita con mayúsculas, bosteza. Y es con la séptima actuación cuando el Palau Sant Jordi, ese escenario para todo –Copa Davis, conciertos, natación, X Games…–, ruge de verdad. Ona Carbonell está a punto de defender la canción Barcelona, interpretada en los Juegos Olímpicos de 1992 por Freddie Mercury y Montserrat Caballé. La soprano ha acercado a la letra a Ona, a quien ha trasmitido cómo evocar el encanto del Mediterráneo, la fuerza del mar…

El más creativo e íntimo 

Ona está a la altura del himno con una actuación desgarradora, pasional y emotiva que pone la piel de gallina y con la que mejora la puntuación anterior –de 94’260 a 94’290–. Cumple su cometido de disfrutar y de hacer disfrutar.

El solo libre es quizás el más creativo e íntimo y Ona ha asumido el reto tras la retirada de Andrea Fuentes a principios de año. Gemma Mengual, en la piscina, está al borde la lágrima y la acompaña junto a Mayujo Fujiki. Ona atiende a Izaskun Ruiz, de Tedeporte, y después a Esport3. Mientras, Romashina, al compás de I want to be loved you, de Marilyn Monroe también levanta pasiones en la grada y mucha admiración en una chica de al lado: “¡Y yo que ni soy capaz de hacer la voltereta! [en el agua, se entiende]”.

Romashina se asegura el oro y la china Xuechen Huang no da opción a Ona y mejora casi cinco décimas para colgarse la plata con acrobacias inverosímiles. Huang no para de sonreír y saludar. Antes de recibir la puntuación ya es consciente de que será segunda.  

Un espontáneo profesional 

Solo Ucrania y, en concreto Lolita Ananasova, puede quitarle el bronce a Ona. Romashina y Huang se meten en la call room –nadie les quitará las medallas; poco después les sigue una tercera nadadora, puede que sea Ona, pero no estoy seguro–. Lolita mejora la nota, pero no lo suficiente y la actuación de la japonesa Yukiko Inui es irrelevante y la única que ve una pareja que acaba de llegar. Les da tiempo de sorprenderse del show de un espontáneo que baila con más entusiasmo cuando se da cuenta de que le enfocan las cámaras. Definitivamente, es un espontáneo profesional que baja las escaleras de la grada al ritmo de la música –o al suyo, más explosivo– e intenta, con mayor o peor suerte, contagiar a quien se encuentre a su paso. Lo consigue con una chica, que se pone a bailar con él. Se añade otro chaval. Un curioso paréntesis antes de la ceremonia de medallas.

Suena el himno de Rusia en honor a Romashina y el público se pone en pie como muestra de respeto y después canta “¡Ona! ¡Ona!”. Tres aficionados agitan cartulinas con las letras de su ídolo, O-N-A, que saluda y reparte besos al aire. En las inmediaciones del Palau, la gente hace colas para fotografiarse con la mascota, Xop –descubro que el hombre se llama John– o en un trampolín pintado en el suelo, y se ha perdido una bolsa con documentación y dinero en el pabellón de Kazan (Rusia), la ciudad que albergará los Mundiales de natación de 2015. Según parece, estos de Barcelona son una buena oportunidad para promocionar que Madrid sea sede de los Juegos Olímpicos de 2020. Lo digo porque me encuentro en el suelo un pin con el logo de la capital como candidata olímpica.

Ya en el metro, una chica sonríe mientras huele las páginas un libro de arte que, aparentemente, acaba de comprarse. En la portada aparece El caminante sobre un mar de nubes, de Caspar David Friedrich.  

Me acerco y le pregunto: “Seguro que te gusta la natación sincronizada, ¿no?”.                 

domingo, 21 de julio de 2013

Un estreno de bronce para la pareja Ona Carbonell y Marga Crespí

La nueva pareja española alcanza los 93'800 puntos y suma la segunda medalla para la delegación en dúo técnico, por detrás de China, plata, y Rusia, oro

Marga y Ona, durante la final de dúo técnico - EFE. 

Parecía ensimismada, casi enamorada con esa medalla con la que a principios de años no podía soñar porque era imposible. Ona Carbonell y Andrea Fuentes eran tan indiscutibles en el dúo como lo habían sido antes la propia Fuentes con Gemma Mengual y ésta con Paola Tirados. La retirada de Fuentes y una puesta a punto sensacional en poco más de seis meses han hecho posible esa mirada de Marga Crespí (Palma de Mallorca, 1990) a la medalla de bronce en dúo técnico –el segundo metal de la delegación en los Mundiales de natación de Barcelona y exacto botín que en Shanghái 2011– como escudera de la actual líder, Ona Carbonell (Barcelona, 1990). La nueva pareja española completó un ejercicio enérgico y repleto de pasión del Zapateado de Flora Albaicín, que había valido una plata en Londres. Esta vez dicho metal fue para China (94’900 por el 93'800 de Ona y Marga) y el oro, como era lógico, se lo llevó Rusia, (97'300).

“Somos un dúo joven, con mucha energía y creo que mi reto es demostrar que estoy al nivel de Ona y que podemos competir juntas”, explicó horas antes de comenzar los Mundiales a la agencia EFE Marga, que empezó en la sincronizada con seis años y competía con nueve. A los diez descubrió este deporte Ona, con quien ha conseguido formar un dúo de podio en medio año. Debutaron en marzo en el Centre Nautique Maurice Thorez de Montreuil (Francia), en la tercera edición del Open Make Up for Ever con una plata, por detrás de Tingting y Wenwen, las hermanas gemelas chinas Jiang en una competición en la que no compitió la pareja  Svetlana Romashina y Svetlana Kolesnichenko.

Ona y Marga emocionaron a un Palau Sant Jordi entregado –“esto es indescriptible. Muy emocionante”, dijo la barcelonesa–, pero tuvieron una actuación menos precisa que en la preliminar –Mengual, en Teledeporte, se refirió, por ejemplo “al final de los giros”– y bajaron una décima. Por el contrario, sus principales rivales subieron de nota. Fue la segunda final de las siete en las que aspira a participar para Ona  [solo, dúo y Equipo en sus dos variantes, técnico y libre; y el combo]. Ya tiene marcadas como superadas solo y el dúo técnico y se propone emular en unos mundiales a sus mentoras,  Mengual (Roma 2009) y Fuentes (Shanghái 2011).

sábado, 20 de julio de 2013

Ona Carbonell, una renovación de bronce

La barcelonesa debuta en el solo técnico con la primera de las siete medallas a las que aspira en los Mundiales de natación de Barcelona

Ona Carbonell, durante su ejercicio en la final - EFE.

Tiene el tono de Andrea Fuentes y una voz similar a Gemma Mengual. Puede que sea casualidad o fruto de tantos años de convivencia en el CAR de Sant Cugat y compitiendo alrededor del mundo. Años en los que Ona Carbonell (Barcelona, 1990) ha sido una esponja fijándose en el trabajo de sus ya ex compañeras y referentes mundiales. Ahora es ella la que acapara la presión de ser la líder del grupo y ha asumido la situación con entereza y determinación. No han pasado ni seis meses desde que Fuentes anunció su retirada por no encontrarse a gusto en un ambiente con dos grupos enfrentados –a favor y en contra de Anna Tarrés, despedida de su cargo de seleccionadora– y Ona ha trabajado muy duro como el resto del grupo para que nada le descentrase de los Mundiales de natación de Barcelona. En su ciudad, Ona aspira a siete medallas y mordió la primera en el solo técnico. Un bronce -el primer metal para la delegación española- tras un ejercicio espectacular y explosivo que comenzó con dos saltos fuera de agua, al ritmo de La voz del violín, y que le valió 94’400 puntos. La china Huang Xuechen fue plata (95’500) y la rusa Svetlana Romashina, oro (96’800).

Ona sumó 47’2 en la ejecución y en impresión general, con lo que mejoró dos décimas su actuación en la sesión preliminar y logró su mejor marca en la modalidad. Estuvo más expresiva y afilada, pulió sus movimientos y aplicó mejor esas indicaciones que durante estos meses ha recibido de la propia Mengual, Mayuko Fujiki y de Virginie Dedieu, esta última colaboradora de la Federación. Una mejora que le hizo asegurarse sin apuros el bronce en una final que se llevó con suficiencia otra debutante en la modalidad en una cita importante, Romashina: “El solo ha estado en mi corazón desde que en 2004 lo hice por primera vez, aunque reconozco que no ha sido fácil sustituir a [la inalcanzable Natalia] Ishchenko [que se ha tomado un año sabático]”. Más tensa, claro, está Ona, que después de elogiar al público –“ha estado inmenso. Me he emocionado al salir. La grada me ha dado un plus de motivación”– prometió una mejor cosecha en el otro solo, el libre: “A por la china. A por el libre. Tengo muchas ganas de que llegue ese momento para traer de nuevo a Montserrat Caballé y Freddy Mercury con el himno de Barcelona 92”. Entonces Ona tenía... dos años.      

lunes, 4 de febrero de 2013

Andrea Fuentes, una sirena con los pies en la tierra

Andrea Fuentes abraza a Ona Carbonell en los Juegos de Londres - Reuters. 

No hay antídoto contra el odio, la envidia, el fardar y la polémica, esos aromas corrosivos que se esconden hasta debajo de las baldosas y mueven el mundo. Bajezas que restan y que han acabado con una carrera deportiva dorada como la de Andrea Fuentes (Tarragona, 1983), que deja la natación sincronizada (y 36 medallas, cuatro de ellas olímpicas) no porque se lo pida el cuerpo ni porque sienta dolor físico, sino por desmotivarse viendo cuanto acontecía a su alrededor. No estaba dispuesta a combatir en una guerra sin fin entre quienes defendían a su mentora, la ex seleccionadora Anna Tarrés, a la que se cesó y se señaló por sus métodos, y los partidarios del presidente de la Federación y de su apuesta por contar con un nuevo equipo técnico.

En su emotiva rueda de prensa Fuentes, que tiene un discurso sólido escrito desde el corazón y revisado por la cabeza, dijo haber sufrido una “nube de negatividad”. Ése no era el ambiente adecuado para afrontar una cita tan ilusionante como los Mundiales de Barcelona de verano para alguien que ve el deporte como un oficio vital y no una profesión burocrática. “Si no disfruto del camino, no quiero estar. Estos meses no me compensan por una semana”, añadió horas después, ya más relajada, en Teledeporte, donde contó que quiere viajar y ver “cómo es el mundo terrestre” y que tiene proyectos relacionados con la naturaleza y los animales, además de profundizar en su adiós sin ensuciar a terceros. De hacerlo, Fuentes hubiese contradicho su mensaje: “Hay que eliminar esa guerra e ir en el mismo sentido”.

viernes, 10 de agosto de 2012

Brindis de bronce en el fondo del mar

El equipo español de natación sincronizada, que se tuvo que cortar el pelo para el ejercicio, encandila por su frescura y queda por detrás de Rusia y China




Reducir las distancias es uno de los retos del ser humano, motivado en llegar a los sitios más pronto, a contar con la información lo más rápido posible y a vivir el espectáculo muy de cerca. La nueva tecnología permite ver la honradez de la natación sincronizada, comprobar que el impulso de las deportistas se basa en su propia energía y no en utilizar el fondo de la piscina. Popularizada por Esther Williams en la década de los 70 con películas como Escuela de sirenas, la sincro es una disciplina para disfrutar al ritmo de la canción y por eso, en general, los comentaristas dejan que el ejercicio sea protagonista y lo analizan  después. Gustó, y mucho, la propuesta del equipo español, con una puesta en escena tierna, agresiva, poderosa y de ensueño al son de El Océano, de Salvador Niebla. Andrea Fuentes y compañía se pusieron en la piel –nunca mejor dicho– de un banco de ocho peces, sardinas, delfines, sirenas o ranas. Una oda a la fauna marina que a España le valió para colgarse su cuarta medalla olímpica, segunda en Londres y esta vez de bronce, con 96'920 puntos para un total de 193'120. Suficiente para batir a Canadá, pero no para birlarle la plata a China (97.010, 194.010). Ni para debatirle el oro a Rusia, que se llevó su cuarta corona olímpica consecutiva con 98.930, 197.030. Para Davidova fue su quinto oro.  

Hubo incertidumbre para conocer la puntuación del ejercicio del grupo de Ana Tarrés, como si los jueces hubiesen perdido, literalmente, las notas. La carismática Andrea Fuentes, cuatro metales olímpicos en su palmarés, pedía palmas al público para hacer más llevadera la espera tras una actuación enérgica y agotadora, y para la que todas las componentes del equipo se habían tenido que cortar el pelo. Era necesario para que el nuevo gorro, fabricado por Dolores Cortés y diseñado por Marc Arañó, quedase adherido a la cabeza “como si fuese la piel del cráneo”, en palabras de Tarrés. El gorro, como el vestido, simulaban ser  escamas de peces, ayudando al espectador a meterse en situación y viviese un rato en el fondo del mar. En sus entrañas. 

Hace cuatro años España se estrenó en Pekín con dos platas. Hasta entonces no había podido colgarse una medalla en unos Juegos, aunque ya llevaba tiempo en los podios europeos y mundiales con Gemma Mengual como icono. Le faltaba el reconocimiento olímpico en un deporte en el que no sólo se tiene en cuenta lo que se hace en ese momento, sino la trayectoria, la insistencia de hacerse un hueco entre los mejores. El grupo de Ana Tarrés lo sigue estando pese a la profunda renovación del equipo comenzada hace dos años. Clara Basiana, Alba Cabello, Ona Carbonell, Margalida Crespí, Andrea Fuentes, Thaïs Henríquez, Paula Klamburg, Irene Motrucchio y Laia Pons como reserva son los nombres y apellidos de otro grupo singular. Como Cristina Salvador, que fue la descartada para acudir a Londres. A otra cita con la historia.  

martes, 7 de agosto de 2012

Andrea Fuentes y Ona Carbonell, un tango de plata

El dúo español, segundo, tras las inalcanzables rusas

Andrea Fuentes y Ona Carbonell durante su actuación - EFE.

En una clase de catequesis cambió para siempre la historia de un deporte minoritario en España que no deja de enamorar por su plasticidad y por reunir danza, teatro e interpretación en una piscina. Por llegar al corazón a través de posturas y gestos singulares, de expresividad calculada y a la vez natural. De espontaneidad trabajada al límite. “Ana, ¿por qué no te apuntas conmigo a sincro?”, le propuso una compañera de catequesis a Ana Tarrés. “¿Y por qué no?”, respondió la eterna entrenadora del conjunto español de natación sincronizada, que participó como deportista en los Juegos de Los Ángeles y que en Pekín alcanzó dos platas, en equipos y con un dúo casi recién estrenado meses antes, en Eindhoven, con Gemma Mengual, la mejor deportista española de todos los tiempos, y Andrea Fuentes, sustituta de Paola Tirados. Cuatro años después, en el centro acuático de Londres Andrea Fuentes miraba para todos los sitios en busca de una confirmación, tras un ejercicio de tango tranquilo y frenético, agresivo y delicado. ¿Esos 192.900 puntos, 96.900 en la final, les valían para la plata? “¿Somos plata?”, preguntaba. Lo son, por muy poco (192.870, 96.770 en la última prueba, del dúo chino formado por Xuechen Huang y Ou Liu, finalmente bronce). Y Ona y Andrea se funden en un abrazo: son plata, sólo detrás de las favoritas, las rusas Natalia Ishchenko y Svetlana Romashina, que rozaron la perfección (197.100, 98.900). 

Un nuevo éxito de la sincronizada española narrado en La 1 por Julia Luna y Gemma Mengual, a la que se le hizo eterna la actuación de sus ex compañeras. Quería que pasase rápido el tiempo y que ninguna fallase porque sabe lo que cuesta llegar hasta ahí: las  entrenamientos casi sin horario en el CAR de Sant Cugat, los sacrificios y los momentos duros. Mengual se retiró en febrero de este año tras un tiempo fuera de la competición  por maternidad y después de comprobar en el Mundial de Shanghái que Ona Carbonell formaba un tándem fantástico con Fuentes, que ya cuenta con tres platas olímpicas, tantas como la natación sincronizada, a la que todavía le queda aspirar a otro metal en equipos. 

A ritmo del tango de La Cumparsita de Piazzolla, que les había dado el bronce en Shanghái, y con un vestido rojo y negro diseñado por Dolores Cortés, danzaron Fuentes y Carbonell. Lo hicieron como si estuviesen en el tapiz, fundiéndose en el agua, sacando lo mejor de sí mismas y emocionando al espectador, al especialista y al novato. La sincro es un deporte encantador.   

domingo, 5 de agosto de 2012

Gracias por todo, Phelps

El mejor nadador de todos los tiempos se despide con su 22ª medalla olímpica, la 18ª de oro en el 4x100 estilos

Phelps muestra su trofeo al Mejor atleta olímpico de todos los tiempos - AFP. 


Se fue con una sudadera gris y haciendo grandes zancadas con sus zapatillas verdes, observando una pieza en la que se resumía su historial en los Juegos Olímpicos, el trofeo que acababa de concederle la Federación Internacional de Natación (FINA) como Mejor atleta olímpico de todos los tiempos con 22 medallas, 18 de oro, dos de plata y otro par de bronce. Michael Phelps (Baltimore, Estados Unidos, 1985) se despidió de Londres y del mayor evento deportivo con otro oro, el del 4x100 estilos, y habiendo superado a la gimnasta Larisa Latynina (18) como mejor medallista olímpico. 

“Sentía caer las lágrimas, he tratado de luchar contra eso, pero entonces decidí dejarlas fluir, porque esos momentos no me sucederán de nuevo”, explicó en una entrevista en el diario L'Équipe, “será parte de mis recuerdos, es uno de los mejores momentos de mi carrera”. El mejor nadador de todos los tiempos, 33 medallas y seis de oro en los Mundiales, no se veía nadando con 30 años –tiene 27– y alargando su carrera para llegar a los Juegos de Río de Janeiro de 2014: “Me siento muy tranquilo con esa decisión, más relajado de lo que pensaba. Me imaginé que sería más duro; tal vez me dé cuenta de todo en pocos días”.  

Los tiempos de Spitz

Fan de Ian Thorpe, Phelps es alto –1'87 metros–, unos brazos enormes y muy alargado de cintura para arriba. Sólo Mark Spitz, vencedor de siete oros olímpicos en Múnich 72, le aguanta el pulso en la historia de la natación, aunque Spitz, al que le costaba horrores entrenarse y al que su entrenador retaba para lograr objetivos y dar por finalizada antes la sesión, tuvo que retirarse a los 22 años para ponerse a trabajar. Entonces la natación era un deporte amateur, se le acabó la beca universitario y tuvo que dejarlo. Phelps brilla en otros tiempos, en los que tiene grandes contratos y patrocinadores encantados de que Phelps les represente con el único traspié de aquella foto que dio la vuelta al mundo del campeón en una fiesta de estudiantes y por la que fue sancionado tres meses. 

Phelps es el icono de la natación y quiere que este deporte crezca más. Por eso centrará sus esfuerzo en trabajar por su fundación, en enseñar a nadar y a competir a chavales que le idolatran y también tendrá tiempo para viajar mucho por el mundo y poder degustar las ciudades. Algo que no prácticamente no ha podido hacer en estos años, donde su rutina ha sido piscina, piscina y más piscina. El deporte y sus seguidores se lo han agradecido. Gracias por todo, Phelps.      

viernes, 3 de agosto de 2012

Mireia Belmonte sabe leer otra plata

Inmensa en los 800 libre, La Leona logra la tercera medalla de la delegación española

Mireia sonríe con su segunda plata - EFE.
Bendita valentía. Bendita confianza. Una vez rotos en mil pedazos esos nervios que le atenazaban en las grandes competiciones, Mireia Belmonte (Badalona, 1990) asombra por su frialdad y seduce por su fortaleza mental. Predijo que para aspirar a medalla en los 800 libre tenía que rebajar en dos o tres segundos su marca personal. Lo hizo en cuatro. Mireia realizó una lectura excelente reservando energías y no volviéndose loca en una carrera que sí lo fue gracias a un torbellino llamado Katie Ledecky: “Se trataba de no perder más de medio cuerpo porque si no luego era muy difícil recuperar”. La estadounidense era una de las favoritas junto con Adlington, defensora del título y Friis, bronce en Pekín. Las tres y Boyle fueron por delante de Mireia hasta pasados los 450, cuando la nadadora del CN Sabadell se zampó a Boyle, cuarta, y se fue a por Friis, quinta, a la que cazó en los 620. Ya puestos, inconformista, se propuso alcanzar a Adlington, el ojito derecho de la grada y a la que superó antes de hacer viraje en los 700. A Mireia sólo se le resistió Ledecky, una veterana de 15 añitos que llegó a sacarle un cuerpo de ventaja al récord mundial de Adlington -se le escapó por cinco décimas escasas- y se llevó de calle (8m 14'63s): “ya estaba estaba muy lejos y yo ya no me notaba las piernas, quería vomitar”. Mireia agarró con fuerza la plata e hizo de tripas corazón para lograr su mejor marca (8m 18'76s) en su despedida a los Juegos Olímpicos de Londres y a su particular maratón, pues se apuntó a cinco pruebas individuales y al 4x200 libre. Tres finales, dos medallas -en los 200 mariposa también fue plata- y un hecho sin discusión: ya es la mejor nadadora española de todos los tiempos. 

Mireia ha devuelto a las portadas de los periódicos a la natación, que llevaba 12 años yéndose de vacío de los Juegos, desde que su madrina, la rusa nacionalizada Nina Zhivanevskaya -bronce en Sydney 2000- y que ya cuenta por seis metales. El tercio es culpa de Mireia, tan emocionada que no se creía nada: “Parece que no han empezado ni los Juegos Olímpicos. Estoy en una nube”. Se sorprendió a sí misma por ver cómo nadaba y leer tan bien la prueba, pues sabía que el ritmo infernal de Ledecky –uñas pintadas de rojo y azul en honor a la bandera de su país, Estados Unidos– era demasiado fuerte incluso para Friis y Adlington, frustrada por su bronce, exacto botín que en los 400 libre: en ambas pruebas defendía corona y la perdió sin remedio. La británica no pudo contener a Mireia, una fuerza de la naturaleza y ahora también una buena estratega gracias a la aportación de su entrenador Fred Vergnoux, que ha trabajado para que salga mejor y no dependa después de hacer una remontada tremenda después: “Sólo le queda aceptar que puede ganarlo todo. Esto es lo más difícil”. 

Parece que Mireia ha asimilado su potencial lejos de la piscina corta y las competiciones de menos pedigrí. Las sesiones interminables han tenido premio y la nadadora del CN Sabadell ya tiene dos platas olímpicas después de rebelarse contra sus miedos y las expectativas. En el centro acuático de Londres rugió como nunca, por algo le llaman La Leona. Tiene 21 años y un futuro brillante: “Esperemos que este sea el principio de la gran Mireia y en que en [en el Mundial de Barcelona 2013 pueda hacer un gran papel. No me quiero poner límites, sólo disfrutar de lo que hago. Me falta el oro, pero ahora quiero disfrutar de estas e irme de vacaciones porque me lo merezco”. Lo decía sonriendo porque estaba tan superada por el momento que en vez de lágrimas, ella que es de lágrima fácil y que siempre se emociona viendo Titanic como el primer día, se reía: “Me gustaría estar más contenta, pero como no me lo creo, no sé cómo reaccionar. No estoy acostumbrada a esto”. Esto es un triunfo sobre los miedos. Mireia cogió experiencia en su primera final olímpica, en los 400 estilos, y se ha liberado del todo agarrando con fuerza dos platas. Ahora le quedan unas merecidas vacaciones y cumplir su promesa si lograba una medalla, saltar en paracaídas: “Mi madre estaba llorando otra vez por teléfono. ¡Dice que se tira conmigo!”. 

miércoles, 1 de agosto de 2012

Mireia Belmonte se libera con la plata en los 200 mariposa

La nadadora de Badalona logra su primer metal olímpico para estrenar el medallero de la delegación española

Mireia Belmonte, emocionada tras recibir la plata en manos de Popov - Reuters. 


Dicen los pianistas que gran parte de cómo les irá el concierto depende de cómo saluden al público. Si lo hacen muy tensos es muy posible que la cosa vaya rematadamente mal. Una teoría que ha funcionado también con la puesta en escena de Mireia Belmonte (Badalona, 1990) para describir su rendimiento en sus dos primeras finales olímpicas. En la primera, en la de los 400 metros estilos apareció con los cascos, refugiada en las gafas y la toalla, y mordiéndose los labios. Pasó tercera en los primeros 100 metros, los de mariposa, y se desfondó hasta acabar octava y última. Apenas tuvo fuerzas para hablar con algunos medios. En cambio, en su segunda final, la de 200 metros mariposa, Mireia parecía otra: estiraba los brazos, tenía la toalla en el cuello como si fuese una bufanda y se sacó una botella de agua del bolsillo con cierta parsimonia, concentrada, quizás convencida de sus posibilidades. Y una vez en la piscina no se reservó, arriesgó al límite: segunda tras los primeros 50 y primera hasta los últimos 20 metros, los que le sobraron para perder el oro, que sólo pudo arrebatarle la china Jiao Liuyang con el récord olímpico (2:04.06). No se vino abajo Mireia, capaz de resistir lo suficiente como para ser plata (2:05.25, nuevo récord de España) por delante de la japonesa Hoshi (2:05.48), que atesoraba la mejor marca del año. Un metal con un valor doble para ella y para la delegación española: Mireia tiene ya su medalla olímpica y España se estrena en el medallero después de un carrusel de sinsabores.

Coqueta, Mireia se peinó el pelo a la espera de recibir su medalla en manos de uno de los mejores nadadores de la historia, Alexander Popov, el eterno ruso al que nadie pudo parar, ni tan siquiera un loco que le apuñaló. Mireia también ha recibido muchas puñaladas, puñaladas simbólicas de periodistas que destacaban que sólo se crecía y era grande en piscina corta o en competiciones discretas. Ha dado un carpetazo a sus temores y al estrés gracias al trabajo constante con un psicólogo y al apoyo de su entrenador, Vergnoux, del Club Natació Sabadell, que le instó a viajar en abril al Open de Londres para nadar en la piscina de competición. Para meterla en situación antes de verse en ese momento. Y en su quinta prueba en Londres tuvo una actuación memorable: “Antes de venir de venir aquí hablé con Nina [Zhivanevskaya], mi madre en la natación y es un honor compartir medallero español con ella”. El honor es tener un medalla olímpica. Nina logró un bronce en los 100 metros espalda en los Juegos Olímpicos de Sydney 2000. Desde entonces la natación española, que ya tiene cinco metales (David López-Zubero en Moscú 80 en 100 mariposa, Sergi López en Seúl 88 en 200 braza y Barcelona 92 con el único oro, de Martín López-Zubero en 100 espalda), estaba en blanco. En silencio en una cita olímpica.

Madurez

Londres era el gran objetivo, su meta a largo plazo meses antes de los Juegos Olímpicos de Pekín, como le explicaba a este periodista en el CAR de Sant Cugat, mientras la fotógrafa le decía que señalara a un cartel que había colocado en la pared sobre los Juegos. “Voy a hacerlo lo mejor posible allí”, reflexionó, “pero mi reto a largo plazo, donde tengo que estar mejor es en Londres, en Londres 2012”. Con ese comentario demostró su madurez, entonces tenía 17 años y se cansó de recibir elogios y hacer entrevistas, además de compartir fotos con Ricky Rubio. Una pareja de jóvenes prodigio.

A Mireia Pekín le sirvió para probar la experiencia de los Juegos Olímpicos, aunque no llegase a ninguna final en su año de gran eclosión, después de aterrizar con cuatro metales en el Europeo de Eindhoven y el Mundial de Manchester, además de batir varios récords. Su sueño era una medalla olímpica. Y en Londres, preguntada sobre qué sentía al tener una plata en su cuello, al ver su sueño hecho realidad: “Me siento confusa, todavía no me lo creo, es un cúmulo de emociones importante. cuando consigues un sueño no sabes cómo reaccionar. Tendré que partir la medalla en 1.000 pedazos, entre todos los que me han ayudado”. Seguro que uno sería para Pablo Sudoku, que le dedicó una canción, Rap Mireia Belmonte, la que encabeza la lista que recomienda la nadadora en su web. 


sábado, 14 de agosto de 2010

Bronce para Villaécija y Peris, Belmonte, finalista en 200 mariposa por una centésima

Villaécija, durante la final de los 1500 -Reuters.

Retirada Nina Zhivanevskaya y estancada Mirea Belmonte, Erika Villaécija (Barcelona, 1984) se comporta como la referente de la natación femenina española junto al siempre exitoso equipo de la sincronizada, liderado por Andrea Fuentes durante el embarazo de Gemma Mengual y que ha ganado cuatro platas de los Europeos de Budapest. El bronce fue el botín para Villaécija en 1.500 metros y para la valenciana Merche Peris, a la que en los 50 espalda le separaron dos centésimas de la medalla de plata. Por una se clasificó Belmonte para la final de mañana domingo de los 200 mariposa. España acumula ya nueve medallas. 

En posiciones de podio, entre las mejores, nadó siempre Villaécija, que marcó 16:05:08. Un registro, eso sí, inferior a la marca que en 2008 le permitió alcanzar la plata en Eindhoven (16:02.08) y a cinco segundos de su mejor marca de siempre. “No me quería ir sin medalla”, dijo, sonriente y antes de desmentir que vaya a cambiar la larga distancia por las aguas abiertas, donde fue octava en el Mundial de Roberval (Canadá). A Villaécija le fue imposible alcanzar a la irlandesa de 17 años Grainne Murphy (plata con 16:02.29) –“ha nadado bien el 800; a las jóvenes cuando les sale bien un campeonato arrasan en todo lo que se tiran”–. La danesa Lotte Friis, bronce en Pekín en 800 metros, mordió la medalla de oro con 15:59.13. Villaécija reconoció que se dosificó los últimos metros pensando en la prueba que le falta, los 400 libres, en los que aspira, como mínimo, a ser finalista.

Londres 2012

Los Juegos Olímpicos de Londres 2012 son el gran reto de la nadadora barcelonesa, que aspira a conseguir una medalla olímpica con la que poner fin a una carrera más que notable. Son su cita prohibida y la cuenta pendiente, especialmente por el recuerdo que guarda  Villaécija de los de Pekín, donde cogió un resfriado y la fiebre no se hizo esperar. Una 12ª posición en 800 y la 18ª en 400 hicieron que se replantease la vida personal y profesional, pero superó el bache para lograr la plata en los Europeos en piscina corta de Estambul, en 2009.

Cuenta Villaécija que toca algo la guitarra y el piano, pero sólo piezas sencillas y alguna canción que esté de moda. En pleno boom de Operación Triunfo se llegó a plantear presentarse al concurso, pero al final no lo hizo y su voz y estilo –le encanta El Canto del Loco– son de momento bastante anónimos. Se muere por los espaguetis y no tiene ídolos, pero sí amuletos. En los Juegos de Atenas se encontró una moneda de un euro el primer día de entrenamientos y la llevó consigo durante toda la competición (fue quinta en los 800 libres, sexta en el 4x200 y 18ª en los 400 libres). Su actriz favorita es Julia Roberts y lo que más admira en una persona es el cariño que reparte. Como tantos otros deportistas, empezó en el mundo de la natación por casualidad: su madre tenía problemas de espaldas y ella le acompañaba. Con seis años aprendió a nadar y tiempo después le concedieron una beca para competir en Horta.

El futuro profesional

Rafa Muñoz, oro en estos Europeos en los 50 espalda, quiere que los psicólogos viajen con la delegación. Si el deseo del nadador cordobés se cumple podría reencontrarse con Villaécija, pero no como compañera en la piscina, pues ésta no descarta dedicarse a la psicología deportiva. Su primera opción era estudiar fisioterapia, pero la imposibilidad de asistir a las clases prácticas –tan fundamentales en esta disciplina– le hicieron, por el momento, desistir.  

Villaécija es de la generación del 84, mientras que Merche Peris es de la del 85. Poco se parecen sus carreras, pues la valenciana estaba acostumbrada a navegar entre los puestos cercanos a las medallas, pero sin alcanzarlas. “Ya me puedo retirar tranquila”, se sinceró Peris, que por segundo día consecutivo logró el récord de España en los 50 espalda con 28.01, tres centésimas mejor que el que había conseguido en las semifinales y sólo dos peor que la plata, que fue para la alemana Daniela Samulski. La bielorrusa Aliaksandra Herasimenia se coronó con 27.64. Peris ya había advertido que se encontraba en forma en la previa: “No me gusta hablar de las medallas, pero claro que me gustaría. La veo más cerca que nunca. No quiero perder esta oportunidad”. 


También se atrevió a hacer pronósticos Mireia Belmonte, clasificada para la final de los 200 mariposa con el peor registro: “Por la calle 8 no voy a estar muy vigilada por las calles centrales y a veces surge la sorpresa”. Tras ser una de las grandes sensaciones en 2008, tanto en Eindhoven como en Manchester, Belmonte ha frenado su progresión. También se espera mucho de Patricia Castro, sexta en la final de los 200 libres. Una prueba dominada por una de las estrellas de este siglo, Federica Pellegrini. 

lunes, 16 de febrero de 2009

El año sabático de Laure Manaudou

Nadie sabe si Manaudou volverá a la piscina como ha prometido -Gala.fr.


“Me pregunto si merece la pena seguir”. La frase, pronunciada por Laure Manaudou (Villeurbanne, Francia, 1986), no era cualquier cosa. Significaba otra vuelta de tuerca para un tan deporte imprevisible como la natación, en el que las estrellas se suceden sin remedio y los récords perduran durante décadas o se baten varias veces en poco tiempo. “Ya no tengo ganas de nadar”, añadía Manaudou, cuya sonrisa fresca y natural se había convertido tras los Juegos Olímpicos de Atenas de 2004 en el emblema del deporte francés junto a la plasticidad y elegancia del futbolista Zinedine Zidane. Pero cuatro años después en el Cubo del Agua de Pekín Manaudou era un personaje antagónico: lloraba sin consuelo superada por el fracaso. China no supuso la constatación de una de las estrellas de Atenas (logró un oro en 400 metros libres, una plata en 800 metros libres y un bronce en 100 metros espalda), sino la demostración de que romper con su técnico de siempre Philippe Luca, había sido una temeridad. En Pekín Manaudou perdió el último récord que aún atesoraba, el de los 200 libres, y no ganó ni una medalla. Ahora vive en Auburn (Alabama, EE UU) completamente ajena a la alta competición y aprovecha para disfrutar del tiempo libre que nunca tuvo y desconectar de la alta competición.

“Necesito sacarme la presión de encima. Sólo es eso. No es una retirada enmascarada porque mi carrera aún no ha finalizado”, exponía la nadadora francesa a finales de enero para justificar su decisión de tomarse el 2009 como un año sabático. Manaudou vio que alejarse de la rutina era el único camino para poder llegar con garantías a la próxima cita olímpica, a Londres 2012. Seguramente aprovechará el descanso para involucrarse más en dos mundos paralelos en los que podría seguir ligada en el futuro: el diseño y la moda. Aunque hay quien asegura que quiere ser actriz.

La francesa celebra su medalla de oro en Atenas.

Reinado sorpresivo y antinatural

La inconsciencia –“en Atenas sólo tuve miedo de no saber qué contestarle a los periodistas”– y la falta de rivales de su calidad acabaron por convertir a Manaudou en una estrella incuestionable y arrogante a la que los éxitos le vinieron de golpe. En tres meses pasó de ser una desconocida a ganar tres oros en los Europeos de Madrid de mayo de 2004 (400 libres, 100 espalda y 4x100 libres) y tres metales en Atenas. Así empezó su reinado, de forma sorpresiva y casi antinatural, como su carácter. Entre 2005 y 2007 lograría 16 medallas entre Mundiales y Europeos en piscina larga y 11 en corta. Siete metales (cuatro oros) ganaría en los Europeos de Budapest de 2006 y cinco (dos oros, dos platas y un bronce) en el Mundial de Melbourne de 2007. Fue entonces cuando decidió cambiar de entrenador y pasó a convertirse en ser un personaje rentable para la prensa rosa y frustrante para la natación.

Su decadencia se confirmó en los campeonatos franceses, en los que sólo pudo ser tercera en su prueba predilecta, los 400 metros libres. Rompió a llorar junto a sus padres: era ya una campeona humanizada con marcas asequibles para demasiadas rivales. Manaudou acababa de pagar la que de momento es la decisión más perjudicial de su carrera: a 15 meses para los Juegos Olímpicos de Pekín abandonó a su entrenador de siempre, Philippe Lucas, y se trasladó a Turín para vivir con el nadador italiano Luca Marin, con el que mantenía una relación. “Se va porque quiere trabajar menos”, sentenció Lucas, un técnico que la acogió en su casa del sur de París y del que dicen que utiliza métodos propios de los militares. La rutina consistía en nadar cada día ocho kilómetros a un nivel altísimo (y la misma distancia a un ritmo inferior), hacer duras sesiones de musculación, seguir una dieta exigente y tener una agenda social casi inexistente. “No puedo resistir sus entrenamientos”, se defendió Manaudou, convencida de que con menos trabajo y rutinas “más variables” conseguiría los mismos resultados.


Manaudou, acompañada de sus padres, llora en los campeonatos de Francia -AFP.


Problemas extradeportivos

Manaudou se equivocó en sus previsiones por completo. Es más, acumuló múltiples problemas extradeportivos. Llegó a amenazar a la Federación Francesa con competir para Holanda porque no le gustaron las críticas del director técnico y menospreció a sus compañeras de selección y a su entrenador de entonces (Paolo Penso, sin experiencia en la elite) durante el Open de París. Una actitud que provocó que el club italiano en el que entrenaba la echase y, de rebote, también rompió con su novio Marin, al que le tiró a la cara el anillo de compromiso que le había regalado durante los Europeos de Hungría, celebrados en octubre. Semanas después, sospechosamente, aparecieron en Internet unas fotos de la nadadora desnuda.

A la nadadora francesa no le quedó más remedio que regresar a su país. Confundida y sin saber a quién acudir, Manaudou acabó fichando como entrenador a su hermano Nicolas, que la dirigió en una piscina de 25 metros de Ambérieu-en-Bugey. En enero de 2008 contrataría como entrenador al prestigioso Lionel Horter, que le hizo entrenarse con hombres y trabajó para que confiase más en sí misma: “Se ha convertido en un niña famosa y, a la vez, en una joven desorientada. Está madurando, pero debe saber gestionar todo lo que vive”.

Clasificarse para Pekín pasó de ser pura lógica a una “terrible” obligación para Manaudou, que sintió “que tenía el país encima. Que todos me miraban y no había más nadadoras que yo”. La presión y la preparación discontinua hicieron el resto para que fracase en Pekín. “No sentí vergüenza por mis resultados en China. Todas las carreras tienen altibajos”, sentenciaba en octubre tras anunciar que se iba a Marsella para entrenarse. Ahora sólo piensa en poder desconectar. Y, de momento, su única relación con la natación se producirá el próximo 21 de marzo, cuando acuda como madrina a la Noche del agua, un acto benéfico organizado, entre otros, por UNICEF.

viernes, 15 de junio de 2007

Alshammar, el éxito de la madurez

Su cara es exuberante: morena, ojos verdes frescos, vivos. Sus brazos se abren y se juntan con precisión. Escatiman movimientos superfluos. Así debe ser. Therese Alshammar (Solna, Suecia, 1977) ya era, desde ayer, la nadadora más rápida de siempre en los 50 metros mariposa. La sueca había batido el récord del mundo en la primera jornada del Trofeo Internacional Ciudad de Barcelona. Su tiempo, 25'46'', en la segunda prueba puntuable para el Circuito Mare Nostrum rebajó en 11 centésimas la anterior plusmarca mundial, conseguida en Berlín, el 30 de julio de 2000, por su compatriota Anna-Karin Kammerling.

Esta tarde
Alshammar ha perfeccionado su palmarés. Ha tardado 24'61'' (récord del circuito) en completar los 50 metros libres y se ha proclamado campeona del Trofeo, por delante de los nadadores Gran Hackett (1.907) y Yosuke Kitajima (1.902).

La nadadora sueca, que en agosto cumplirá 30 años, ha dado un gran salto de calidad en 2007. Hasta este año nunca había bajado de 26 segundos en mariposa y este curso ya lo ha logrado tres veces. La primera en las semifinales del Mundial de Melbourne (25'82''), marca con la que superó la marca de la espectacular Inge de Bruijn en campeonatos (25'82'' en 2003 en Barcelona). En la final lograría la medalla de oro con unos números más discretos (25'91''). En los 50 libres sería plata.

La mejor marca

Pero donde realmente
Alshammar ha hecho historia ha sido en el Trofeo Internacional de Barcelona, puntuable para el Circuito Mare Nostrum. En la piscina Pere Serrat del CN Sant Andreu la nadadora sueca ha bajado por tercera vez de los 26 segundos, logrando la mejor marca en 50 metros mariposa en piscina larga de todos los tiempos (25'46'').

Ha triunfado
Alshammar en una ciudad en la que fracasó en 2003. Entonces, en los Mundiales, fue incapaz de conseguir ni una medalla. Sólo llegó a una final, la de 4x100 relevos. Sólo fue sexta. Se frustró ante la excelencia de Inge de Bruijn, la gran vencedora del Campeonato. La sirena holandesa se colgó dos oros en 50 metros libres y mariposa. Con 30 años.

De Bruijn

En los Juegos Olímpicos de Sydney (2000), De Bruijn cortó la progresión de Alshammar. Le relegó al segundo puesto en las finales de 50 y 100 metros libres. La joven sueca había mejorado mucho su rendimiento con respecto a la anterior cita olímpica. En Atlanta, con 19 años, no había logrado pasar de semifinales.

En Atenas 2004 la nadadora sueca no confirmó los pronósticos y sólo fue cuarta en los 50 metros libres, pero ese mismo año ganó el oro en los Europeos de Madrid. Y en 2006 volvieron los éxitos: dos oros en mariposa, en el Mundial de piscina corta de China y en el Europeo de Finlandia.

Conseguir un oro en los Juegos Olímpicos de Pequín es el gran reto de esta seguidora de la serie 24. Además de la acción, a
Alshammar le atraen los thrillers, aunque sean rebuscados. De hecho, su película favorita es Intacto, del director español Juan Carlos Fresnedillo. El film narra la historia de un personaje que ha sobrevivido a un terremoto y es capaz de robar la suerte a los demás. Por eso trabaja en un casino, para gafar a los mejores jugadores. Pero esta nadadora tiene otros métodos para triunfar: tenacidad y saber cambiar sus dinámicas, como entrenarse en altitud. Algo que hasta ahora no había hecho.