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domingo, 18 de agosto de 2013

Bolt y Carl Lewis, hermanos de oro

El jamaicano gana el 4x100 para sumar su tercera corona en el Mundial de Moscú y su octavo título mundialista, tantos como El Hijo del Viento 

Bolt, tras cruzar la meta por delante de Chambers y Gatlin - Reuters. 

Camuflado con una gorra blanca, unos cascos gigantes y una sudadera negra, Usain Bolt (Trelawny, Jamaica, 1986) llegó al aeropuerto de Pekín como un turista más. A principios de agosto de 2008 solo los buenos seguidores del atletismo sabían quién era y qué cara tenía. Era el único capacitado para entrometerse en el duelo de altura del momento, entre Tyson Gay y Asafa Powell, sancionados ahora por dopaje antes de comenzar el Mundial de Moscú. Bolt viajó desde Londres acompañado de su entrenador, Glenn Mills y de otros

sábado, 17 de agosto de 2013

Cualquier versión de Usain Bolt es suficiente

El atleta jamaicano, a medio gas, suma en los 200 metros su séptimo oro en un Mundial, solo uno menos que Carl Lewis, a quien podría igualar en el relevo 4x100
  
El show de Bolt - EFE. 

Poco importa si llueve, como ocurrió en la final de los 100, ni si al entrar en la recta le pesan las piernas y se siente cansado, como confesó en la de 200, su prueba favorita que corría en menos de 20 segundos a los 17 años. Usain Bolt (Trelawny, Jamaica, 1986) le baila a la presión como hace ante las cámaras a ritmo de To the world, unos movimientos típicos de su país. Su forma de enfrentarse al cronómetro y a los focos es peinarse los pelos, tocarse la cara o mojarse la punta de los dedos tener las cejas en su sitio. Compite

domingo, 9 de junio de 2013

París huele a Nadal

El balear logra su octavo Roland Garros, 12º Grand Slam con lo que se equipara a Emerson, ante un Ferrer sin respuesta (6-2, 6-3 y 6-2)

Bolt entrega la copa de campeón de Roland Garros. 

– ¿Sabes por qué me he lesionado este año y no he podido jugar aquí? Porque no me tocaba todavía, no era mi momento. Cuando pueda jugar por primera vez en este torneo será para ganarlo.

Era la primavera de 2004, Rafa Nadal (Manacor, 1986) estaba a punto de cumplir la mayoría de edad y hablaba, muletas en mano, con un representante de Nike que le acompañaba por
el torneo parisino. El jovenzuelo cumplió su palabra la temporada siguiente, cuando se plantó en París después de haber ganado en Montecarlo, Barcelona y Roma y se plantó en la final de Roland Garros ante Mariano Puerta, al que ganó en cuatro sets, pero después estuvo cuatro meses fuera de las pistas por una fisura en el tercio externo del escafoides, el mismo problema que le impidió debutar ante en Roland Garros. Su regreso en 2006 se concretó con unas semifinales en Marsella. “Se piensa de todo, incluso que quizás no puedes volver a jugar a tenis”, confesaba Nadal a Ángel Rigueira en una entrevista en Mundo Deportivo. También las pasó canutas el balear entre su eliminación en Wimbledon en 2012 y su retorno, con final incluida, en Viña del Mar, tras siete meses sin competir por una rotura parcial de tendón rotuliano y una hoffitis en la rodilla izquierda. De nuevo, peligraba su carrera y su trayectoria casi perfecta –una única derrota en 2009 ante Soderling– en Roland Garros, pero el balear se ha repuesto de nuevo y ha sido finalista en los nueve torneos que ha disputado en este triunfal 2013. Acumula ya siete títulos, el último, claro, su octavo en Roland Garros, donde se emocionó mordiendo su octavo Grand Slam en París, el 12º grande de su carrera con lo que iguala a Roy Emerson y se queda a dos de Pete Sampras y a cinco de Roger Federer, ante un David Ferrer (6-2, 6-3 y 6-2) que fue directo: “Él es el mejor”.

“Muchas gracias a la vida por darme esta oportunidad”, dice Nadal, que recibe el trofeo de manos de Usain Bolt, el atleta más rápido de la historia, trajeado y serio por un día: “Estoy aquí tras mucho trabajo desde que soy un niño, tras recibir mucho apoyo de mi familia, de Toni, de todos los entrenadores que he tenido, de Titín [su fisioterapeuta] y de mis patrocinadores”. El balear suma 59 victorias en Roland Garros, una más que Vilas y Federer, es el primero que gana un Grand Slam ocho veces y también el que logra al menos un grande nueve temporadas seguidas.. Desde su retorno ha ganado 94 de los 110 sets que ha disputado, 43 de los 45 partidos y suma 4.895 minutos. Una barbaridad que no le pesó en la final, a pesar del gran esfuerzo en semifinales ante Djokovic. Poco importa que Ferrer llegue sin haber cedido un set ni que comience con un juego en blanco el primer juego y lo gane en un minuto. Nadal se procura cinco pelotas de rotura y logra tres en un primer set cuyo penúltimo punto es una doble falta de su rival, que nunca antes había alcanzado una final de Grand Slam.

“David es un luchador”

Ferrer –“David es un luchador. Él y todo su equipo se merecen estar aquí y les deseo lo mejor”, concede el ocho veces campeón en París– trata de hacer de tripas corazón y salva dos pelotas de break que le darían un 4-0 a Nadal en la segunda manga, pero poco más puede hacer, pues no puede llevarse el siguiente juego, el quinto del set, en el que el alicantino cede de nuevo su saque tras salvar otras dos bolas de rotura, aunque no aguanta a su rival en el intercambio más largo y espectacular del partido, un punto que se lleva Nadal tras un passing. Es un set marcado por dos paréntesis extradeportivos: la expulsión de dos personas que enseñan una pancarta en contra de los matrimonios homosexuales en Francia –gritan “¡François [por Hollande, el presidente francés], no queremos tu ley”– y la aparición de un enmascarado con el torso desnudo y máscara que lleva una bengala.


Ferrer se repone en la tercera manga a un 0-2 y empata a dos y a tres, mientras la Philippe Chatrier le premia con un “¡David! ¡David!”. Es el reconocimiento unánime a un tenista que a los 31 años se está superando y que es un exponente del trabajo: “Espero que no sea la última vez que llego a la final de un Grand Slam. Intentaré volver”. No pone excusas Ferrer a la lluvia y felicita a su amigo Nadal: “Si alguien se merece esto es él”. Definitivamente, París huele a Nadal.
    

jueves, 9 de agosto de 2012

Bolt ya se considera una leyenda

El jamaicano es el primer velocista en lograr cuatro oros olímpicos individuales tras revalidar su corona en los 200 metros

Bolt, en el momento de cruzar la línea de meta - Reuters. 

–Eres una leyenda viva.

–Pues sí, qué le vamos a hacer.

Es un diálogo entre dos rayos humanos. Quien hace el elogio no es otro que Mo Greene, el primer hombre en bajar de los 9.80 segundos, hizo 9.79s, en los 100 metros. Quien recoge el cumplido, o más bien quien acepta la obviedad, es Usain Bolt, que tiene una marca de 9.58s y que en el majestuoso Estadio Olímpico de Londres se convirtió en el primer velocista en lograr cuatro medallas olímpicas individuales y tras revalidar el título de 100 también lo hizo en los 200. En una final en la que, exigido por Yohan Blake, sólo se dejó llevar en la última zancada, suficiente para que le diese tiempo para entretenerse a colocarse el dedo en la boca y pedir silencio. Para pedir respeto a aquellos que dudaron de él cuando perdió con el propio Blake, quizás para que por un momento el público dejase de corear su nombre y gozase en silencio del momento, “mi momento, no lo olvidaré jamás”. Es posible que con ese gesto Bolt reclamase respeto para Jamaica en el 50º aniversario de su independencia. Quizás ese gesto significaba todo eso a la vez. Era el oro que le faltaba al jamaicano para considerarse Leyenda y llegó tras marcar 19.2 por los 19.44s de Blake, plata, y los 19.84s de Warren Weir. Tres pupilos de Glen Mills en el podio, tres jamaicanos para demostrar que “es el país más grande en la velocidad”.

No ha tenido una temporada fácil Bolt, derrotado por Blake en los trials de Jamaica primero en 100 y después en 200. Por eso Bolt fue a por todas desde el principio, encaró la curva destacado y no dejó lugar a las sorpresas cuando su rival y compañero de entrenamientos se le acercó por la calle 4. Él, instalado en la 7 por haber haber acabado tan pancho la serie de semifinales, apretó los dientes para “conseguir lo que quería. Venía de un año duro e hice lo que tenía que hacer”. Se definió como mejor atleta “en activo” para congratularse por estar “en la misma categoría” que uno de sus ídolos, Michael Johnson, cuya mejor marca fueron los 19.32s, justo el registro que hizo Bolt en Londres. Pero la Leyenda todavía atesora dos registros superiores, 19.30s en los Juegos de Pekín y 19.19s en el Mundial de Berlín.

No quiso arriesgarse Bolt y el tercero más lento en reaccionar tras el pistoletazo (180 milésimas). Sólo el ecuatoriano Álex Quiñónez (185) y el sudafricano Anaso Jobodwana (216) tardaron más. A partir de ahí Bolt comenzó su recital y en los 50 metros ya era líder y no dejó de serlo nunca, por más que Blake le inquietase algo y le molestase algo la espalda. Nadie le paró y si no consiguió otro récord del mundo fue porque su salida de la curva “no fue suficientemente crítica”. Así de autocrítico es Bolt, aunque parezca un bromista ocurrente. Ha convertido las cosas imposibles en pura rutina y ya tiene un oro individual -en 100 y 200 metros- más que Carl Lewis, el Hijo del Viento. 

A Bolt aún le queda otra causa en estos Juegos, el relevo 4x100, en el que también aspira a revalidar el oro. Sería el sexto olímpico en su historial. De momento tiene cinco en otras tantas finales. Tras la de 200 en Londres le cogió prestada a la cámara a un fotógrafo e hizo de reportero retratando a Blake, a otros fotógrafos y a la grada. No se olvidó de reindinvicar la bandera de su país y de besar varias veces el tartán, escenario de otra de sus hazañas y de la decepción del francés Chistophe Lemaitre, que sólo pudo ser sexto.     

domingo, 5 de agosto de 2012

Bolt es infinito

El jamaicano revalida su oro olímpico en 100 metros con 9'63 segundos superando a Blake y a Gatlin

Bolt celebra su victoria - EFE. 

Correr es uno de los mayores actos de libertad: supone moverse, desconectar de la rutina, disfrutar del encanto de superarse a sí mismo y de vencer a la pereza y puede que también a la climatología. Ver cómo corre, mejor dicho cómo vuela, Usain Bolt (Trelawny, Jamaica, 1986) es casi como soñar con los ojos abiertos. Acompañarle en ese viaje frenético por 100 metros es saber que estás viviendo un momento irrepetible. Por eso muchos prepararan el DVD para grabar la carrera, por más que no dure más de diez segundos. Porque una carrera de 100 metros con Bolt es una carrera de confianza y desparpajo ante la crueldad del tiempo y de las oportunidades. El jamaicano entretiene a la audiencia con un show previo y posterior lleno de gestos: ahora se peina y mueve los dedos simulando sus zancadas, ahora hace de DJ, guiña un ojo y desenfunda sus pistolas,  después pide silencio como hace en ese momento el speaker del Estadio Olímpico. Bolt se muestra relajado y divertido mientras el planeta cuestiona su reinado como hombre más rápido de la historia, comprueba si es vulnerable como en los trials de Jamaica de esta temporada o en la final del Mundial de Daegu del año pasado, cuando perdió ante sí mismo por una salida nula. Esta vez su capacidad de reacción, su debilidad, es excelente: 165 milésimas. Reacciona antes que su gran rival y amigo, Yohan Blake, y que le verá hacer 41 zancadas, a una media de casi dos metros y medio: “¿Qué más puedo pedir? Ser segundo detrás de Bolt es un honor”. Porque en Londres Bolt batió su récord olímpico en Pekín y obsequió al espectador con una marca de 9'63, la segunda mejor de todos los tiempos, sólo peor que la que hizo en los Mundiales de Berlín. Blake fue plata con 9'75 y Justin Gatlin, campeón en los Juegos de Atenas y apartado después de la competición por dopaje, se resarció con el bronce (9'79), sólo una centésima mejor que el ex campeón mundial, Tyson Gay, en una final memorable en la que sólo Asafa Powell, lesionado en los últimos metros, no bajó de diez segundos. 

Sus rivales hicieron que Bolt no se dejase ir, que diese lo mejor de sí hasta el último aliento, que sólo sonriese después de cruzar la meta y no antes, como en Pekín, donde nadie le tosió. Así que Bolt se elevó al cuadrado para acabar colgándose en el cuello la bandera de Jamaica y pasear por el estadio: “Se cumplen los 50 años de la independencia de mi país y quería que la gente disfrutase conmigo”. Acompañado de Blake, su probable sucesor y al que hace de consejero, se marcó una voltereta y volvió a  simular que es un arquero, un gesto que ha patentado. Una estampa de un velocista tan rápido como una flecha que se paseó por el estadio con una de las mascotas de los Juegos de Londres. Un tipo singular que interrumpió la entrevista que le estaba haciendo Izaskun Ruiz para TVE porque en ese momento estaba sonando el himno de Estados Unidos en honor de Sanya Richards, emocionada con la banda sonora de su país y el oro que logrado en un sprint maravilloso en la final de los 400 metros. 

La periodista le preguntó si ya era una leyenda y él, discreto, respondió que “es un paso más para serlo”. Pero se exigió más: “Todavía tengo que revalidar el oro olímpico en los 200”. Donde volverá a enfrentarse a Blake, quien le hizo darse cuenta de que también podía perder. Esas dos derrotas en Jamaica le hicieron “abrir los ojos” y ponerse las pilas. Lo que más le preocupaba era no repetir su fallida salida en Daegu, cuando fue descalificado y perdió la opción de defender su oro, quizás su momento deportivo más difícil: “Mills, mi entrenador, me dijo que no me preocupase por eso, que lo mío era el sprint final”. Y le hizo caso remontando en los últimos metros a Gay, a Blake y a Blake. Bolt es infinito.

sábado, 28 de julio de 2012

En un abrir y cerrar de sueños

Londres inaugura sus Juegos Olímpicos con un espectáculo repleto de homenajes al Reino Unido

Una imagen del pebetero en el Estadio olímpico de Londres - AFP.

Debajo de las sábanas y con una linterna leía una niña las aventuras de Peter Pan. Lo hacía a escondidas para que sus padres no se percatan que no dormía, sino que soñaba despierta con las aventuras de su héroe vestido de verde. Y, claro, también aparecieron los malos, malos de siempre como Cruela de Vil, empeñada en hacerse abrigos con la piel de los pobres dálmatas, o de Tom Sorvolo Ryddle, el villano de Harry Potter. La pequeña lectora y muchos otros niños repartidos en varias camas fueron salvados por un ejército de Mary Poppins, que aterrizaron con su medio de transporte, el paraguas, y sin más arma que su bondad. En un abrir y cerrar de sueños y de recuerdos se movió la ceremonia inaugural de los Juegos Olímpicos de Londres, perpetrada por el director Danny Boyle, que buscó directamente el corazón de la historia y el del espectador, invitado a ver la esencia del Reino Unido. Y ahí no podía la literatura infantil, donde todo es posible, como lo fue durante el espectáculo, concluido con la llegada de David Beckham en lancha desde el Támesis con la antorcha olímpica para encendérsela a otra institución, Steve Redgrave, el remero de los cinco oros , y éste se la dio en el Estadio Olímpico a siete jóvenes atletas que se la fueron pasando. Después, ya cada uno con una antorcha, encendieron el pebetero, formado por piezas que habían llevado un representante de cada uno de 205 comités olímpicos y que habían dejado en el centro del estadio.

El ascenso de las piezas del pebetero y su unión en la cielo vino a reproducir el espíritu olímpico, ése que proclama el respeto por el contrario y las normas y donde el esfuerzo y la superación personal y colectiva son más importantes que la victoria. Una filosofía más teórica que práctica, lamentablemente. Un discurso acompañado por un repaso emotivo de la historia del Reino Unido, desde el toque de campana de Bradley Wiggins, el primer británico en ganar el Tour de Francia hace unos días, y pasando por la representación en el estadio de la campiña, la Revolución Industrial, la lucha sindical, el recuerdo a los caídos en las dos Guerras Mundiales, la reivindicación de la mujer para exigir su derecho a voto...


El aterrizaje de James Bond 

Y, claro, el sacar pecho de cantera de artistas de canciones eternas como The Who, David Bowie, Queen, los Rolling Stones o los Beatles. En directo, entre otros, Mike Oldfield o Paul McCartney, éste interpretando al unísono Hey Jude, demostrando que hay letras para siempre. Como lo es James Bond –por más que mantenga intacto su deje machista–, también presente e interpretado por Daniel Craig en una de las escenas grabadas y que llegó al Estadio Olímpico en helicóptero acompañado de la Reina Isabel II, contenida en todo momento. La procesión, seguramente iría por dentro. 

En un espectáculo ideado por un director de cine hubo también guiños a las series míticas –entre las que que se incluyó a Cuéntame– o la intervención estelar de Mr. Bean en la escena mítica en la playa de Carros de fuego, dispuesto a hacer trampas simpáticas para ser el primero. Su humor sin  palabras provocó carcajadas en una ceremonia que como advirtió Danny Boyle se explicaba por sí misma, con el guiño a las nuevas tecnologías e Internet -y al amor a primera vista- y que no se olvidó de las palomas de la paz –ciclistas con alas– y claro algunos la presencia de algunos de los más de 10.000 deportistas participantes, desde la elegante Maria Sharapova como abanderada de Rusia, el carismático Usain Bolt por Jamaica, el bromista Novak Djokovic por Serbia o el caballero Pau Gasol, ejemplo para todo, incluso para expresar su orgullo por llevar la bandera con la cara y con los ojos. Los que tanto habrá cerrado para soñar un momento así.        

domingo, 4 de septiembre de 2011

Bolt reparte un récord de oro en el 4x100

Bolt abre los brazos para celebrar el oro en el relevo - EFE.

Sólo le falta disfrazarse, ponerse corona, barba larga y traje para ser un Rey Mago real. A Usain Bolt le encanta repartir imágenes para la historia en su lucha contra el cronómetro. Tanto que el último día y en la última prueba, el relevo 4x100, contribuyó a otro récord del mundo cogiendo el cuarto testigo y corriendo al máximo de sus fuerzas: 37.04 segundos y oro para Jamaica, mientras que Francia, liderada por Lemaitre fue plata, y Saint Kitts y Nevis, con el veterano Tim Collins como líder, bronce.

Ausente Asafa Powell, el cuarteto jamaicano es igualmente difícil de batir: Nesta Carter, Michael Frater y Yohan Blake, campeón mundial en Daegu en una prueba que siempre quedará como marcada por la descalificación de Bolt. Juntos se marcaron unos pases de baile para celebrar la proeza. Un momento que los relevistas estadounidenses, los que podían hacerles sombra, vieron con las manos en la cabeza después de que Darvis Patton tropezase solo y no llegase a entregar el testigo el testigo a Walter Dix. En el equipo de Estados Unidos había silencio. La fiesta estaba en su rival jamaicano. "Estoy orgulloso de mi equipo y feliz conmigo mismo. He disfrutado mucho haciendo la recta final", dijo Bolt, que reconoció no haber corrido la curva por tener tocado el talón de Aquiles. 

sábado, 3 de septiembre de 2011

Éste sí es Bolt, imperial en los 200

Bolt, cámara en mano, retratado por los fotógrafos - EFE.

El atletismo vuelve a bailar al ritmo de Usain Bolt, capaz de revalidar con la gorra su título mundial de los 200 metros y hacer olvidar que hace seis días perdió contra sí mismo tras ser descalificado por una salida nula en los 100. El jamaicano toreó a los fotógrafos, que le perseguían para capturar su momento, mientras él, como los niños pequeños o como Benny Hills, se escapaba en dirección contraria. Incluso cogió una cámara e hizo una foto a sus perseguidores, algo parecido a que se hubiese colado en el ordenador de un cronista y le escribiese unas líneas del texto. Bolt se rió de la ocurrencia, como de casi todo lo que se le pasa por la cabeza, mientras que los profesionales de la cámara, muy juntos, peleados por conseguir el encuadre perfecto, seguían apretando al botón de sus máquinas. La sonrisa de Bolt ha vuelto con una marca más que buena (19.40, lejos, eso sí, de su récord mundial de 19.19). A partir de la curva no tuvo rival, y Walter Dix, su principal rival, tuvo que conformarse con la plata (19.70). El francés Christophe Lemaitre, exultante, un blanco en territorio de negros, se llevó el bronce con 19.80, la segunda mejor marca de un europeo después de la del italiano Pietro Mennea (19.72s).

Bolt gestionó tan bien la previa de la final como la propia prueba en sí, en la que no se dejó llevar en los últimos metros. Quería hacerlo lo mejor posible, pero siendo consciente de que no podía pretender superar el récord de siempre, suyo, claro: "Quería arreglar lo de los 100". Ésta vez su salida fue válida, pero no brillante, más bien mala como casi siempre (193 milésimas). Bolt hizo de arquero señalando al cielo, una posición que se ha convertido en su seña de identidad tanto dentro como fuera de la pista, donde se comercializan productos con dicha silueta. La figura de un ganador que pedía silencio a la par que la voz de megafonía antes de comenzar, que se peinaba las cejas después de pasarse los dedos por la lengua. Así es Bolt y así es su show.      

domingo, 28 de agosto de 2011

Bolt se quita del medio y Blake se convierte en el campeón más precoz

Bolt se lamenta después de su salida nula - EFE.
El mundo se quedó en silencio, mudo, mientras el atleta más veloz de todos los tiempos recorría el tartán con el pecho al descubierto. Usain Bolt (Trewlany, Jamaica, 1986) se había deshecho de su maillot, olvidado unos metros más atrás, después de adelantarse a la salida y ser descalificado de la final de los 100 metros del Mundial de Daegu. Bolt, el mismo que sabiéndose el centro de atención de las cámaras se había frotado la perilla y la cabeza -gestos simpáticos o prepotentes según quien los valore-, estaba maldiciendo su suerte, la de no poder defender su título mundial de Berlín por precipitarse en la salida -hacerla nula, antes de que sonara el disparo- algo que según decidió la IAAF en 2009 y se aplicó desde el 1 de enero de 2010 conlleva la descalificación. El icono del atletismo acabó sus lamentos golpeando un muro al lado de una grada tan decepcionada en general como él. "Buscáis lágrimas?", dijo a los periodistas que le esperaban, "pues eso no va a suceder". Sin el favorito, Yohan Blake, también jamaicano (Saint James, 1989), se llevó el triunfo con suficiencia, pero con una marca nada espectacular (9,92s), aunque magnífica para su edad. Blake tiene 21 años y es el campeón más precoz. Detrás llegaron Walter Dix (10,8s) y Kim Collins (10,09s, 35 años), mientras que Christopher Lemaitre no aprovechó la ocasión y sólo fue cuarto (10,19s).

A Bolt, que siempre ha tenido en la salida su talón de Aquiles y que la había preparado a consciencia en los últimos meses, le queda corroborar que es el rey de los 200. ¿Pero qué le pasó en los 100? ¿Le pudo la presión de ver cómo perdía rivales con los días? Sabía que Tyson Gay y Asafa Powell habían renunciado a la prueba por lesión días antes y Mullings y Rodgers fueron vetados dopaje. El Bolt más terrenal -había anunciado que su objetivo era ganar, pero sin aspirar a récords- se veía más fuerte sin sus contricantes más complicados. Seguramente, no veía en Blake, uno de sus compañeros de entrenamiento bajo la batuta de Glen Mills y al que en su país señalan como su sucesor, un opositor real. Pero el chaval, de finas restas y cuerpo fibrado, estuvo "tranquilo", sabedor de que si alcanzaba a Collins iba a ganar, "porque tengo un final de locura". Y acabó ganando con la gorra, igualando su mejor registro (y con un viento de 1'4 m/s en contra), pero en todo caso muy lejos del 9,58s de Bolt en el Mundial de Berlín hace dos años.

"Desde que llegué a Daegu", relató Blake, "no he podido dormir, he estado soñando con esta carrera, teniendo pesadillas... Siempre rezando y pensando en la prueba. Sabía que haría esto un día pero no esperaba que fuera hoy". Además de ser el campeón mundial más joven también fue el más precoz en correr en menos de 10 segundos: 9.93 en 2009, antes de los 20. Su trayectoria hasta ahora era discreta: séptimo en el Mundial juvenil de 2005, y bronce y cuarta plaza, respectivamente, en los Mundiales júniors de 2006 y 2008. ¿Qué habría pasado con Bolt en pista. "Nunca lo sabremos", zanjó Blake, consciente de que es más noticia el fracase de su compatriota que su victoria: "No pensé que llegarían a descalificarlo. ¿Cómo puedes echar a Bolt de una carrera?". La IAAF se vio obligada a recordar que las normas no hacen distinciones: "Por supuesto que es una pena la salida falsa de Usain Bolt (...) es importante recordar que la credibilidad de un deporte depende de sus reglas, y éstas deben ser aplicadas de manera coherente y justa para 'TODOS' los atletas".