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martes, 24 de abril de 2012

Al Barça le conmueve la suerte de Messi




Entendiendo que iba a ser el momento clave del partido y de la eliminatoria, Ivanovic removió el punto de penalti con los tacos. El central del Chelsea, que se ganó la amarilla, no pretendía otra cosa que alargar el lanzamiento y el sufrimiento del lanzador, de un Messi que quiso tirarlo tan arriba que se encontró con el travesaño. Se quedó sin respuesta el argentino, que ya había fallado otros dos penaltis durante el curso, y al Barça le conmovió ver con esa cara a su estrella. Messi es como un niño grande al que el equipo acoge con un instinto paternal. Resultó una decepción familiar en una noche en la que todos acabaron encogidos 78 horas después de despedirse de la Liga en el Bernabéu. El día después de la jornada de Sant Jordi el Camp Nou leyó una novela con un nudo previsible –un Chelsea con espíritu de fontanero que se protegía atrás– y un final cruel para el actual campeón de la Champions, que de ponerse con 2-0 a favor tras la expulsión de Terry pasó a ver cómo su rival le empataba a dos marcando en el descuento de la primera y de la segunda parte. También en tiempo extra había sucedido en Stamford Bridge el gol de Drogba. Los azulgrana acabaron despidiéndose de la final de Múnich desconsolados, incapaces de contar cuántas veces habían tirado en la eliminatoria (47), pero orgullosos de no perder la esencia de su juego.

Quiso jugar siempre el Barça, que llevaba la batuta, aunque también padecía ante el único jugador con permiso del Chelsea para estar fuera de su área, Drogba. Así empezó un  partido que funcionó como una balanza: los inconvenientes y las buenas noticias se compensaban entre unos y otros. Si Cahill, omnipresente en la ida en Londres, tuvo que retirarse al banquillo por problemas físicos, Piqué se vio obligado a acudir al hospital tras un golpazo con Valdés y fue sustituido por Alves. 


La torpeza de Terry


Los azulgrana cantaron el gol de Busquets a centro desde la izquierda de Cuenca. Un tanto que empataba la serie y que puso muy nervioso a Terry. Tanto que el capitán del Chelsea se comportó como un crío enfadado y se autoexpulsaría dándole un rodillazo a la altura de las lumbares a Alexis. El chileno, ejemplar, fue quien inició la jugada que selló Iniesta con un toque delicioso: 2-0 en el 42. El Barça estaba en Múnich.

Fue un viaje tan virtual como imposible para los azulgrana, sorprendidos en una contra bien buscada por Lampard de la que Ramires sacó petróleo con una vaselina ante Valdés, en el primer minuto de descuento y los locales se fueron al descanso obligados a marcar otro gol ante un rival que le iba a esperar en su área con uñas, garras y dientes. Ante un Chelsea que protestó en grupo por el penalti señalado a Drogba por desplazar a Cesc. Era la jugada más directa, la única, más allá de un tiro lejano, que no requería de combinaciones de billar entre tantos defensas. Pero a Messi le faltó la puntería que suele tener en sus jugadas de cine, falló y tanto a él como a su equipo les costó asumir esa tragedia, mientras el Chelsea, cómodo, todavía pudo marcar por medio del propio Drogba, que lo intentó desde el medio campo, cuando ya ejercía de lateral derecho. Todo un ejemplo de competitividad a sus 34 años. 

El final fue extremadamente cruel para el Barça: Busquets remató alto en el área pequeña, a Alexis le anularon un gol por fuera de juego y Messi repitió palo, esta vez en un tiro lejano. No había manera de lograr el tanto de la clasificación y sería Fernando Torres, de nuevo en el descuento y al contraataque, recortó a Valdés para marcar el empate a dos que sentenciaba la eliminatoria. El tercer gol de un Chelsea que contabilizó cuatro ocasiones reales en toda la semifinal ante un Barça conmovido por la suerte de Messi, que continúa sin poder marcarle ni un gol al conjunto inglés. Un rival al que Guardiola nunca ha conseguido ganar como entrenador. Aunque el legado del técnico y del equipo va mucho más allá de esta decepción y de sus éxitos. Su éxito fue la actitud del Camp Nou aplaudiéndoles como si hubiesen ganado. Cambiar la dinámica de un estadio también es memorable, por más que no haya un trofeo de por medio.  

miércoles, 18 de abril de 2012

Drogba penaliza a un Barça peleado con la puntería (1-0)

Drogba celebra el único gol del partido - AP.

No conserva el físico ni la resistencia de cuando se peleaba con Eto'o por ser el mejor jugador africano, pero Didier Drogba (Abiyán, Costa de Marfil, 1978) continúa siendo un comodín imprescindible del Chelsea después de su mala experiencia con Villas-Boas. Ahora con Di Matteo vuelve a ser un puntal y después de haberse caído varias veces al suelo en acciones fortuitas con rivales derrapó en la hierba para festejar, en el descuento de la primera parte, un tanto que define la filosofía de su equipo: pérdida de Messi, asistencia larga de Lampard, control con el pecho de Ramires, que cede para Drogba y éste define sin contemplaciones. Resultó la única oportunidad de los locales en toda la primera parte   –y en todo el partido– ante un Barça peleado con la puntería siempre, tanto como para contabilizar dos palos, uno en el descuento de Pedro. El Chelsea, como se preveía, consiguió mucho con muy poco y afrontará la vuelta de semifinales en el Camp Nou con un 1-0 a su favor. Le bastó a los ingleses con dicho contraataque y con defenderse con todos menos con Drogba en un Stamford Bridge pletórico.

Le faltaba mala leche para definir a los azulgrana, como si quisiesen que el balón entrase en la portería en cámara lenta, como en la resolución de Cesc, que levantó muy suave ante Cech, tanto que a Cole le sobró tiempo para girarse sobre sí mismo y despejar bajo los palos. A la madera había ido un tiro de Alexis, concreto para hacerse con un pase del propio Cesc, pero demasiado retórico para tirar. Fallaban los visitantes, agobiados por el entusiasta Cahill, sustituto del lesionado David Luiz, y que estaba en todas: para recibir en la espalda el lanzamiento de Messi, para fallar un remate acrobático tras un córner y para empujar a Iniesta en el área después de una jugada repleta de recortes del que fue protagonista del último partido entre ambos equipos.

Ante un autobús azul el Barça continuó intentándolo con tiros lejanos y faltas lanzadas con ninguna puntería, aunque a Thiago le faltó media bota para empalmar un cabezazo hacia atrás de Puyol y que salvó Cech con una réplica fabulosa. No llegaba el portero checo al tiro de Pedro, que se encontró con el palo en el descuento y Busquets envió el rechace a las nubes. Esas fueron las dos últimas oportunidades de unos azulgrana peleados con la puntería ante un rival al que le salió el encuentro que quería y seguramente con el goleador que pretendía, Drogba, algo exagerado al menor contacto. Se le resiste el Chelsea a Guardiola, que no le ha ganado nunca, y a Messi, que en siete partidos todavía no ha podido marcarle.