Mostrando entradas con la etiqueta Champions 2011-2012. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Champions 2011-2012. Mostrar todas las entradas

martes, 24 de abril de 2012

Al Barça le conmueve la suerte de Messi




Entendiendo que iba a ser el momento clave del partido y de la eliminatoria, Ivanovic removió el punto de penalti con los tacos. El central del Chelsea, que se ganó la amarilla, no pretendía otra cosa que alargar el lanzamiento y el sufrimiento del lanzador, de un Messi que quiso tirarlo tan arriba que se encontró con el travesaño. Se quedó sin respuesta el argentino, que ya había fallado otros dos penaltis durante el curso, y al Barça le conmovió ver con esa cara a su estrella. Messi es como un niño grande al que el equipo acoge con un instinto paternal. Resultó una decepción familiar en una noche en la que todos acabaron encogidos 78 horas después de despedirse de la Liga en el Bernabéu. El día después de la jornada de Sant Jordi el Camp Nou leyó una novela con un nudo previsible –un Chelsea con espíritu de fontanero que se protegía atrás– y un final cruel para el actual campeón de la Champions, que de ponerse con 2-0 a favor tras la expulsión de Terry pasó a ver cómo su rival le empataba a dos marcando en el descuento de la primera y de la segunda parte. También en tiempo extra había sucedido en Stamford Bridge el gol de Drogba. Los azulgrana acabaron despidiéndose de la final de Múnich desconsolados, incapaces de contar cuántas veces habían tirado en la eliminatoria (47), pero orgullosos de no perder la esencia de su juego.

Quiso jugar siempre el Barça, que llevaba la batuta, aunque también padecía ante el único jugador con permiso del Chelsea para estar fuera de su área, Drogba. Así empezó un  partido que funcionó como una balanza: los inconvenientes y las buenas noticias se compensaban entre unos y otros. Si Cahill, omnipresente en la ida en Londres, tuvo que retirarse al banquillo por problemas físicos, Piqué se vio obligado a acudir al hospital tras un golpazo con Valdés y fue sustituido por Alves. 


La torpeza de Terry


Los azulgrana cantaron el gol de Busquets a centro desde la izquierda de Cuenca. Un tanto que empataba la serie y que puso muy nervioso a Terry. Tanto que el capitán del Chelsea se comportó como un crío enfadado y se autoexpulsaría dándole un rodillazo a la altura de las lumbares a Alexis. El chileno, ejemplar, fue quien inició la jugada que selló Iniesta con un toque delicioso: 2-0 en el 42. El Barça estaba en Múnich.

Fue un viaje tan virtual como imposible para los azulgrana, sorprendidos en una contra bien buscada por Lampard de la que Ramires sacó petróleo con una vaselina ante Valdés, en el primer minuto de descuento y los locales se fueron al descanso obligados a marcar otro gol ante un rival que le iba a esperar en su área con uñas, garras y dientes. Ante un Chelsea que protestó en grupo por el penalti señalado a Drogba por desplazar a Cesc. Era la jugada más directa, la única, más allá de un tiro lejano, que no requería de combinaciones de billar entre tantos defensas. Pero a Messi le faltó la puntería que suele tener en sus jugadas de cine, falló y tanto a él como a su equipo les costó asumir esa tragedia, mientras el Chelsea, cómodo, todavía pudo marcar por medio del propio Drogba, que lo intentó desde el medio campo, cuando ya ejercía de lateral derecho. Todo un ejemplo de competitividad a sus 34 años. 

El final fue extremadamente cruel para el Barça: Busquets remató alto en el área pequeña, a Alexis le anularon un gol por fuera de juego y Messi repitió palo, esta vez en un tiro lejano. No había manera de lograr el tanto de la clasificación y sería Fernando Torres, de nuevo en el descuento y al contraataque, recortó a Valdés para marcar el empate a dos que sentenciaba la eliminatoria. El tercer gol de un Chelsea que contabilizó cuatro ocasiones reales en toda la semifinal ante un Barça conmovido por la suerte de Messi, que continúa sin poder marcarle ni un gol al conjunto inglés. Un rival al que Guardiola nunca ha conseguido ganar como entrenador. Aunque el legado del técnico y del equipo va mucho más allá de esta decepción y de sus éxitos. Su éxito fue la actitud del Camp Nou aplaudiéndoles como si hubiesen ganado. Cambiar la dinámica de un estadio también es memorable, por más que no haya un trofeo de por medio.  

miércoles, 18 de abril de 2012

Drogba penaliza a un Barça peleado con la puntería (1-0)

Drogba celebra el único gol del partido - AP.

No conserva el físico ni la resistencia de cuando se peleaba con Eto'o por ser el mejor jugador africano, pero Didier Drogba (Abiyán, Costa de Marfil, 1978) continúa siendo un comodín imprescindible del Chelsea después de su mala experiencia con Villas-Boas. Ahora con Di Matteo vuelve a ser un puntal y después de haberse caído varias veces al suelo en acciones fortuitas con rivales derrapó en la hierba para festejar, en el descuento de la primera parte, un tanto que define la filosofía de su equipo: pérdida de Messi, asistencia larga de Lampard, control con el pecho de Ramires, que cede para Drogba y éste define sin contemplaciones. Resultó la única oportunidad de los locales en toda la primera parte   –y en todo el partido– ante un Barça peleado con la puntería siempre, tanto como para contabilizar dos palos, uno en el descuento de Pedro. El Chelsea, como se preveía, consiguió mucho con muy poco y afrontará la vuelta de semifinales en el Camp Nou con un 1-0 a su favor. Le bastó a los ingleses con dicho contraataque y con defenderse con todos menos con Drogba en un Stamford Bridge pletórico.

Le faltaba mala leche para definir a los azulgrana, como si quisiesen que el balón entrase en la portería en cámara lenta, como en la resolución de Cesc, que levantó muy suave ante Cech, tanto que a Cole le sobró tiempo para girarse sobre sí mismo y despejar bajo los palos. A la madera había ido un tiro de Alexis, concreto para hacerse con un pase del propio Cesc, pero demasiado retórico para tirar. Fallaban los visitantes, agobiados por el entusiasta Cahill, sustituto del lesionado David Luiz, y que estaba en todas: para recibir en la espalda el lanzamiento de Messi, para fallar un remate acrobático tras un córner y para empujar a Iniesta en el área después de una jugada repleta de recortes del que fue protagonista del último partido entre ambos equipos.

Ante un autobús azul el Barça continuó intentándolo con tiros lejanos y faltas lanzadas con ninguna puntería, aunque a Thiago le faltó media bota para empalmar un cabezazo hacia atrás de Puyol y que salvó Cech con una réplica fabulosa. No llegaba el portero checo al tiro de Pedro, que se encontró con el palo en el descuento y Busquets envió el rechace a las nubes. Esas fueron las dos últimas oportunidades de unos azulgrana peleados con la puntería ante un rival al que le salió el encuentro que quería y seguramente con el goleador que pretendía, Drogba, algo exagerado al menor contacto. Se le resiste el Chelsea a Guardiola, que no le ha ganado nunca, y a Messi, que en siete partidos todavía no ha podido marcarle.  

martes, 17 de abril de 2012

Ribéry deslumbra en un Bayern que doblega a última hora al Madrid (2-1)

Mario Gómez, en la acción del gol de la victoria local - Reuters.
Instalada en su mejor momento de la historia, la selección española ve muy cerca sus éxitos, la Eurocopa y el Mundial, y muy lejos su última gran decepción, la eliminación en octavos ante Francia en el campeonato del mundo de Alemania. A finales de junio se cumplirán seis años de aquella noche de destellos de Frank Ribéry, que abrió la lata para su selección controlando en carrera un pase de Vieria, esprintando ante Casillas y batiéndole con sangre fría y sin mirar. Un año después Ribéry dejaría el Olympique de Marsella para irse al Bayern de Múnich, del que no se ha movido ni ante un ofertón del Madrid en verano de 2009, que según L'Equipe fue de 80 millones de euros. Apodado Scarface (cara cortada) por su cicatriz en la cara –tuvo un accidente con el coche cuando tenía dos años y salió disparado hacia el parabrisas–, Ribéry era blanco habitual de sus compañeros de pupitre. Una situación incómoda que reforzó su carácter y su amor propio, como ha demostrado en Múnich, donde ha vivido altos y bajos y fue uno de los despreciados por Van Gaal. Ahora, con Heynckes en el banquillo, vive un momento muy dulce y en una cita de postín, en la ida de las semifinales de la Champions y ante el Madrid fue el mejor con diferencia. Ribéry, además, dejó su sello abriendo el marcador tras un córner en el que Mourinho pidió fuera juego de Luiz Gustavo. El centrocampista brasileño tapó la visión a Casillas, al que también estorbaron Pepe y Ramos. El portero ni se movió. Los visitantes empatarían tras un gol regalado por Cristiano a Özil, que sólo tuvo que empujarla, y en el minuto 89 recibirían el gol de Mario Gómez, que remató tirándose al suelo un buen centro de Lahm después de dejar sentado a Coentrao (2-1). El Allianz Arena de Múnich explotó: tiene motivos para ver a su equipo en su final. 


Perdió el Madrid un partido en el que recibió el primer gol cuando más dominaba. Le  costó reaccionar y recuperar el ánimo en un encuentro gris de Cristiano Ronaldo, fundamental para convertir un tiro de Benzema en una asistencia perfecta para Özil, que no falló solo ante Neuer. El empate, curiosamente, hizo recular al Madrid -Mourinho incluso cambió a Özil por Marcelo- y animó al Bayern, que acumuló algunas ocasiones y que encontró su premio con el gol de Mario Gómez, que se hizo camino entre Arbeloa y Ramos. Otro gol en los últimos minutos para el grupo de Mourinho, que no había perdido todavía en esta edición de la Champions y que acumulaba 21 partidos consecutivos fuera de casa sin caer derrotado, desde que lo hiciese en septiembre en Levante. “El resultado no es pésimo. No nos obliga a una remontada histórica ni a lograr números locos. Sólo debemos ganar con un marcador normal”, concedió Mourinho. Se olvidó decir que  deberán controlar más las bandas de su rival. El Bayern tiene en nómina al propio Ribéry y al ex madridista Robben, que retrataron a Arbeloa y Coentrao, respectivamente, en una noche que empezó mal, pues al Madrid le robaron seis pares de botas -tres de Crsitiano- y tres camisetas en el vestuario. 

martes, 3 de abril de 2012

Messi conduce al Barça hacia las semifinales de la Champions tras penalizar a un Milan ingenuo (3-1)

Messi, tras superar a Abbiati en el primer gol de la noche - EFE.

Resulta difícil dudar de Messi, independientemente de sus números, que indican que lleva 58 goles en un curso en el que ha superado a César como goleador histórico del club -Paulino Alcántara al margen- y a Ronaldo en goles en una temporada en Liga (36 por 34). Además, La Pulga acaba de igualar el mejor registro de tantos en la Champions en una temporada (14) que atesoraba Altafini desde principios de los años 60. Una marca que Messi podrá mejorar en semifinales, cruce al que ha llevado de la mano a un Barça que figura por quinta vez consecutiva entre los cuatro mejores, algo sólo al alcance del Madrid entre 1956 y 1960. Otro récord perpetrado por Messi, certero en su peor faceta: el penalty. Messi no falló ninguno de los dos, tan claros como ingenuos, para penalizar a un Milan que no supo sobreponerse al gol de Iniesta al inicio de la segunda parte (3-1). Los azulgrana esperan rival, que saldrá del vencedor del cruce Benfica-Chelsea.

El primero a la izquierda de Abbiati, que se quedó con la miel en los labios tras rozar la pelota; el segundo, a la izquierda del portero. Así concretó Messi dos penaltis concedidos de forma infantil por el Milan, pues Antonini desequilibró al argentino sin disimulo y Nesta estiró de la camiseta a Busquets hasta hacerle caer. Protestaron las dos acciones los italianos, que recibieron el primer gol muy pronto, cuando Messi ya había contabilizado un par de ocasiones y en la jugada en la que el 10 azulgrana había preferido asistir a Xavi antes que definir. Messi quiso hacerse con el defectuoso pase de su compañero y lo que acabó encontrando fue la pierna del defensor.

Las formas de Ibrahimovic

El tanto premió el apremio con el que salieron los azulgrana, exigidos por el marcador de San Siro (0-0), que les obligaba a marcar, y exigidos por su currículum ante un rival con siete defensores y tres delanteros. El gol de Messi liberó al conjunto de Guardiola, que continuó sin reservar energías y con la misma alegría después del gol de Nocerino, pragmático para aprovechar un pase de Ibrahimovic. El espigado jugador condiciona a su equipo y no convenció en su día a Guardiola, que instó al club a venderle después de descubrir a Messi de falso delantero y de sacar lo mejor de Bojan. 

Apenas tuvo más micrófono Ibrahimovic, siempre al límite en las formas, siempre a punto del enfado o del éxtasis, siempre al límite del fuera de juego. Por algo es al que más le han pitado esa acción en la presente Champions. Aunque la suerte de Ibra pudo cambiar de no ser por el espíritu de Mascherano, brillante para quitarle un balón. El sueco acabó criticando la labor del árbitro y diciendo que entiende a Mourinho “cada vez que viene al Camp Nou”. Un estadio prácticamente repleto que no escatimó en elogios a Seedorf, incombustible, cuando Allegri decidió sustituirle. La grada agradeció el ímpetu del eterno jugador holandés, el único en activo del último Ajax campeón de la Champions, el de Van Gaal. El público no tuvo en cuenta su pasado madridista. No estaría mal que proliferasen gestos parecidos en los estadios. La grandeza tiene pocos matices.  

Antes de llegar al descanso llegaría un pecado de juventud de todo un veterano como Nesta a Busquets. Messi no falló el penalty y también estuvo presente en la jugada que acabó por finiquitar la eliminatoria. Chutó el argentino, rechazó un defensor y, atento y en posición correcta, definió Iniesta. Un golpeo de rechupete para acabar una acción con suerte. La que tiene el Barça de tener a Valdés entre los palos, que rara vez falla. No lo hizo el portero ante Robinho después de que errasen Alves y Piqué, por más que después el colegiado acusase al brasileño de llevarse el balón con la mano. Pocos problemas tuvieron más los azulgrana, inquietos por ver cómo Piqué se retiraba al banquillo cojeando y satisfechos por la ovación a Xavi, dosificado por Guardiola por ser  era duda hasta el último momento. Su equipo está ya en semifinales de la Champions por quinta vez consecutiva, algo que sólo había logrado el Madrid hace más de 50 años.