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miércoles, 16 de mayo de 2012

Lampe: “Tenemos que jugar más duro, con más convicción y carácter”


Lampe - ACB Photo. 

Su fichaje por el Caja Laboral se anunció el pasado verano, pero Maciej Lampe (Lodz, Polonia, 1985) no sería presentado hasta febrero, el mes en el que debutó con el equipo en la Copa del Rey de Barcelona. Entre medias el pívot polaco se lesionó en la cadera izquierda en Chicago, se operó en Denver y tuvo que hacer una larga rehabilitación que le obligó a guardar mucho reposo. En este tramo final del curso Lampe está en plena forma y la noche de esta entrevista para Cronómetro de Récords había empatado con 31 puntos con Juan Carlos Navarro en el Palau. Un registro insuficiente para que el Caja Laboral ganase (97-89).

TONI DELGADO / Barcelona

– ¿Cómo estás viviendo tu vuelta a las pistas? ¿Cómo te estás sintiendo a nivel físico a nivel mental?
Poco a poco estoy mejor. Tengo más confianza y me siento más cómodo en el equipo. No estamos satisfechos con cómo estamos jugando. Caja Laboral tiene un carácter. Por eso he venido a este equipo para ser ganador, jugar duro y ahora mismo nos está faltando....

– ¿Qué os falta para ser más regulares?
Bueno, yo acabo de llegar hace dos meses. La temporada ha sido muy larga para este equipo [muchas lesiones, eliminación en la primera fase en la Euroliga...]. Nos falta un poco de todo. Siempre se puede mejorar, pero tenemos que jugar más duro, con más convicción y carácter.

– ¿Cómo se consigue eso?
Trabajando todos los días siendo profesionales y queriendo ganar. Estar sólo para ganar.

Con la remodelación del Buesa Arena os está apoyando mucha más gente.
Sí sí, claro. Tenemos mucha suerte de jugar en una ciudad como Vitoria y con unos seguidores como los que tenemos. La ampliación del pabellón nos va a ayudar mucho.

¿Qué recuerdas en tu etapa en el filial del Madrid [llegó a jugar cinco partidos con el primer equipo]?
Fue mi juventud, mis 18 años [se ríe]. Fueron momentos malos y momentos buenos, pero si lo hiciera otra vez no cambiaría nada. Estoy satisfecho de mi etapa allí y ahora he vuelto a España. Queremos ganar títulos y ganar Euroligas.

¿Qué queda de ese Lampe?
¿Qué queda de mi juventud? Soy el mismo chico. He madurado muchísimo. Ahora soy hombre. Ahora tengo dos hijos y soy un adulto.

¿Qué sabías de Baskonia antes de llegar? ¿Cómo te han transmitido su famoso carácter?
Es un club fantástico. Me han tratado muy bien desde que he venido lesionado. Estoy muy contento de que me hayan dado la oportunidad de estar aquí. 

– ¿Esa Copa del Rey que significó para ti? Tuviste un buen partido contra el Barça en semifinales... 
Fue un partido que perdimos. No me interesa qué hago si el equipo no gana.
   

martes, 17 de abril de 2012

Ribéry deslumbra en un Bayern que doblega a última hora al Madrid (2-1)

Mario Gómez, en la acción del gol de la victoria local - Reuters.
Instalada en su mejor momento de la historia, la selección española ve muy cerca sus éxitos, la Eurocopa y el Mundial, y muy lejos su última gran decepción, la eliminación en octavos ante Francia en el campeonato del mundo de Alemania. A finales de junio se cumplirán seis años de aquella noche de destellos de Frank Ribéry, que abrió la lata para su selección controlando en carrera un pase de Vieria, esprintando ante Casillas y batiéndole con sangre fría y sin mirar. Un año después Ribéry dejaría el Olympique de Marsella para irse al Bayern de Múnich, del que no se ha movido ni ante un ofertón del Madrid en verano de 2009, que según L'Equipe fue de 80 millones de euros. Apodado Scarface (cara cortada) por su cicatriz en la cara –tuvo un accidente con el coche cuando tenía dos años y salió disparado hacia el parabrisas–, Ribéry era blanco habitual de sus compañeros de pupitre. Una situación incómoda que reforzó su carácter y su amor propio, como ha demostrado en Múnich, donde ha vivido altos y bajos y fue uno de los despreciados por Van Gaal. Ahora, con Heynckes en el banquillo, vive un momento muy dulce y en una cita de postín, en la ida de las semifinales de la Champions y ante el Madrid fue el mejor con diferencia. Ribéry, además, dejó su sello abriendo el marcador tras un córner en el que Mourinho pidió fuera juego de Luiz Gustavo. El centrocampista brasileño tapó la visión a Casillas, al que también estorbaron Pepe y Ramos. El portero ni se movió. Los visitantes empatarían tras un gol regalado por Cristiano a Özil, que sólo tuvo que empujarla, y en el minuto 89 recibirían el gol de Mario Gómez, que remató tirándose al suelo un buen centro de Lahm después de dejar sentado a Coentrao (2-1). El Allianz Arena de Múnich explotó: tiene motivos para ver a su equipo en su final. 


Perdió el Madrid un partido en el que recibió el primer gol cuando más dominaba. Le  costó reaccionar y recuperar el ánimo en un encuentro gris de Cristiano Ronaldo, fundamental para convertir un tiro de Benzema en una asistencia perfecta para Özil, que no falló solo ante Neuer. El empate, curiosamente, hizo recular al Madrid -Mourinho incluso cambió a Özil por Marcelo- y animó al Bayern, que acumuló algunas ocasiones y que encontró su premio con el gol de Mario Gómez, que se hizo camino entre Arbeloa y Ramos. Otro gol en los últimos minutos para el grupo de Mourinho, que no había perdido todavía en esta edición de la Champions y que acumulaba 21 partidos consecutivos fuera de casa sin caer derrotado, desde que lo hiciese en septiembre en Levante. “El resultado no es pésimo. No nos obliga a una remontada histórica ni a lograr números locos. Sólo debemos ganar con un marcador normal”, concedió Mourinho. Se olvidó decir que  deberán controlar más las bandas de su rival. El Bayern tiene en nómina al propio Ribéry y al ex madridista Robben, que retrataron a Arbeloa y Coentrao, respectivamente, en una noche que empezó mal, pues al Madrid le robaron seis pares de botas -tres de Crsitiano- y tres camisetas en el vestuario. 

jueves, 2 de junio de 2011

Jackson certifica el fracaso del Madrid y la proeza de un Bizkaia Bilbao finalista (80-72)

Los jugadores del Bizkaia Bilbao Basket mantean a Katsikaris -EFE.
Confiesa que lo que más le cuesta en una pista de baloncesto es contenerse. Contenerse en los dos sentidos: no le es fácil rebajar su ímpetu ni dejar de correr. Aaron Jackson (Hartford, EE UU, 1986) es un cohete sin motor y un líder sin egos que sonríe a la mínima oportunidad y se mueve con fiabilidad en las situaciones más comprometidas. Tanto como para resolver un partido y, por extensión, una eliminatoria entera después de que Blums y Mumbrú encadenasen dos triples para empatar a 64 a seis minutos largos. Ahí surgió Jackson para continuar haciéndole un traje al Madrid con penetraciones, descaro y puntos, con 8 de los 17 que aportó, la mitad del parcial definitivo de 16-6, con una canasta soberbia a aro pasado de Hervelle, una segunda opción surrealista de Mumbrú o una canasta que se salió para acabar entrando de Banic. Todos los que estaban en pista aportaron su granito de arena para que el Bizkaia Bilbao Basket hiciese historia venciendo a un rival tan opulento como el Madrid por 81-72 y llevarse el cruce de semifinales con 3-1 y llegar a la final superando el factor pista en contra. Jackson certificó el enésimo proyecto fallido del Madrid, que no gana título alguno desde la temporada 2006-2007, cuando logró la ULEB Cup y la ACB ante el Barça, el rival del Bizkaia Bilbao en su primera final de la Liga. El conjunto bilbaíno es el segundo en la historia del torneo en llegar a la final tras acabar en sexta posición. El otro en conseguirlo fue el TDK Manresa, que en 1998 también eliminó en semifinales al Madrid y fue campeón ante el Baskonia.

Una misma frase utilizó Mumbrú para empezar y también para acabar la eliminacoria: "Hay que controlar la euforia". La pronunció después de eliminar al Power Electronics Valencia, en la previa del primer partido ante el Madrid y la repetió después de eliminar al conjunto de Molin. Esa reacción ante lo que ha ido conseguiendo es parte de la clave de un éxito, como reconoció el emocionado director de este ilusionante proyecto, Katsikaris, que destacó que los jugadores experimentados han sabido aconsejar a los más inexpertos. Y se acordó de la dura derrota en semifinales de la Eurocup del curso pasado ante el Alba Berlín en Vitoria: "Teníamos 4.000 aficionados llorando. Tenía eso clavado, tenía que devolver eso". El griego tragó saliva, en una imagen impagable de un equipo humilde grandioso y detallista, como Vasileaidis, que se paseó con la camiseta del Athletic de Toquero, El Lehendakari. Jackson se puso la de Aitor Ocio: el estadounidense ha conseguido lo imposible, llenar el hueco dejado en el club por un emblema como Javi Salgado.

Los desaprovechados

Se equivocaría la dirección deportiva del Madrid se cambiase de nuevo muchas piezas otra vez. No necesita demasiados retoques para mejorar, pero sí que necesita que sean de total confianza del entrenador y sobre todo -siga o no siga Molin, que eso está por ver- que sean utilizados. Es una aberración que Vidal haya jugado únicamente 180 segundos en los playoffs y que Velickovic sumase tres minutos y 27 segundos en la serie contra el Bizkaia Bilbao. Seguro que Obradovic le sacará máximo al serbio si acaba fichándolo para el Panathinaikos. Molin le utilizó menos de medio minuto en el partido decisivo y para dar descanso a Tomic, el más entero de un Madrid que cambió de actitud, pero al que le faltó puntería y seguridad. Los visitantes se despidieron con tres triples muy mal lanzados de Llull, Prigioni y de Tucker, este último muy largo, desproporcionado. Como sla temporada del tirador en Madrid.     

El Madrid mejoró la horrible imagen oferecida en el tercer partido. Se puso las pilas en el rebote y eso, los puntos interiores y algunas acciones de sus exteriores le permitieron competir ante un conjunto local inferior en currículum, pero superior en la pista y más hambriento de hacer cosas grandes. Los visitantes al menos impidieron al principio que el Bizkaia Bilbao pudiese correr, es lo que tiene hacerse con el rebote propio o ajeno, que se tiene más poder sobre el ritmo del partido. Así que Tomic se relamió en un inicio de los que suele protagonizar: impecable, preciso y pragmático para adelantar a su equipo 2-9 con siete puntos a los tres minutos. Los locales encontraron la solución a su primer problema con el catedrático de la noche, Jackson, que anotó y desgastó como quiso a Prigioni para empatar a 13. Reyes (1/6) acumulaba más personales (dos) que puntos (ninguno) y Llull empezaba a carburar. Pero el Madrid pegó el acelerón con Sergio Rodríguez, que proporcionó velocidad y confianza al ataque visitante, doblando balones, pero sobre todo definiendo él mismo. Ha habido que esperar todo un curso para ver al mejor Rodríguez, notable en momentos muy puntuales, irregular casi siempre.

Fischer, válido

A la hora de la verdad, en los momentos más peliagudos del partido, Molin puso a Prigioni y Llull y no utilizó a Rodríguez. Seguramente perdió chispa, pero ganó en defensa. Desaparecido Reyes y mal utilizado Begic, Fischer fue el único pívot válido del Madrid en el Bilbao Arena. El ex jugador del Maccabi (12 puntos y cinco rebotes) estuvo fino, aunque no le acompañasen sus compañeros. Intentaron que completase cuatro veces en alley hoop y Fichser sólo lo logró una, la única ocasión que el balón le llegó en condiciones: de momentos los jugadores no tienen la habilidad de Boomer para alargar su cuerpo. 

Antes de ser espectador de banquillo Rodríguez puso picante al Madrid mordiendo a Fisher. Suárez aparecía a cuentagotas y Reyes tuvo que desaparecer obligado al banquillo por su tercera personal en el ecuador del segundo cuarto. "¿Por qué? ¿Por qué?", le preguntaba, contrariado, al árbitro. Molin apostó por Prigioni y Llull y el Madrid volvió a dar otro impulso, en este caso para ponerse con su mayor renta (32-39 a los 17m 58s). Mumbrú y sobre todo Mavroeidis rescataron antes del descanso e impulsaron a los locales en el inicio del tercer cuarto con un parcial de 16-5. Jackson era el faro del Bizkaia Bilbao y el Madrid se encomendó a Fisher y a Llull para remontar. Incluso Tucker se marcó un triple, su única canasta, y otro tiro de tres de Suárez y una contra de Llull pusieron el 56-62 a 8m 45s. 

Banic y dos triples de Blums y Mumbrú consecutivos (los locales llevaban uno hasta ese momentos) recuperaron al Bizkaia Bilbao, engrandecido por la reacción de una plantilla comprometida y liderado por Jackson. En la grada reza una pancarta: "Aaron Rules". Él y su equipo han impuesto su ley. "Estos jugadores que tengo nunca bajan los brazos", recalcó Katsikaris. "Esto no se acaba aquí. ¿Por qué no? El equipo tiene confianza y vamos a intentarlo", cerró Mumbrú, presente en los dos últimos éxitos del Madrid como jugador y uno de los artífices del enésimo fracaso blanco como rival.  

BIZKAIA BILBAO BASKET 80 (19+19+16+26): Jackson (17), Blums (5), Mumbrú (15), Banic (12) y Mavroeidis (8) -quinteto inicial-; Fisher (4), Warren (6), Vasileiadis (7) y Hervelle (6). MADRID 72 (20+21+14+17): Prigioni (8), Llull (13), Suárez (7), Reyes (6) y Tomic (17) -quinteto inicial-; Sergio Rodríguez (6), Tucker (3), Mirotic, Fischer (12), Begic y Velickovic. Árbitros: Martín Bertrán, Hierrezuelo y Conde. 

sábado, 28 de mayo de 2011

Llull vuelve a exhibirse para adelantar al Madrid ante el Bizkaia Bilbao Basket (78-67)

Llull intenta avanzar ante Blums -EFE.

No es muy dado a dar titulares ni a extender demasiado con los medios de comunicación. Ante un micrófono suele ser concreto y mirar al horizonte más que a quien pregunta. Sergio Llull no se siente cómodo rodeado de cámaras ni hablando de sí mismo, aunque nunca tiene un discurso artificial, sino crítico y ambicioso. "Después de la lesión me ha costado recuperarme", reconoció Llull en  Teledeporte, "y ahora estoy al 100%". Lo demostró en cuartos de final ante el Baloncesto Fuenlabrada y lo corroboró con 20 puntos en el primer partido de semifinales ante un combativo Bizkaia Bilbao Basket (78-67). Los visitantes se pusieron a dos puntos a seis minutos del final, pero entre Llull, que le sacó una antideportiva a Vasileiadis, y Tucker y Tomic resolvieron el partido.

Mumbrú, Mavroeidis y Banic supieron hacer reaccionar al conjunto de Fotios Katsikaris, negado en laprimera parte (27 puntos) por la baja aportación de Jackson, uno de los bases más eléctricos de la competición. Un triple de Llull sobre la bocina y otro de Tucker pusieron al Madrid con su mayor ventaja (55-43 a los 27m 52s), pero Vasileiadis y sobre todo Banic se resistieron, tanto como para ponerse 63-61 a 5m 40s del final. La réplica de Tomic, Tucker y Llull resultó inmediata y el Bizkaia Bilbao Basket tuvo que hacerse a la idea que ya no podría opositar por el partido, aunque no bajase los brazos en ningún momento. Los vascos no figura en las quinielas de semifinalistas, pero han llegado al penúltimo paso antes de la final después de ganar los dos partidos ante el equipo el que mejor progresión había experimentado desde que el fichaje de Pesic y la destitución de Hussein. "Nos han puesto las cosas difíciles", reconoció Llull.

MADRID 78 (18+19+19+22): Prigioni (4), Llull (20), Carlos Suárez (8), Reyes (5) y Tomic (15) -quinteto inicial-, Fischer (4), Tucker (11), Sergio Rodríguez (6), Mirotic (5) y Velickovic. BIZKAIA BILBAO BASKET 67 (15+14+19+19): Jackson (6), Warren (2), Mumbrú (9), Mavroeidis (10) Y Banic (18) -quinteto inicial-, Hervelle (2), Vasileiadis (16), Blums (2) y Fisher (2). Árbitros: Pérez Pizarro, Conde y Guirao.

domingo, 22 de mayo de 2011

Llull hace semifinalista al Madrid tras vencer al Fuenlabrada (55-68)

Llull, con 16 puntos, volvió a ser el mejor del Madrid -EFE.

Es un superviviente en un equipo que constantemente de cromos, pero ante todo Sergio Llull (Maó, 1987) es un jugador fundamental, el principal responsable de que el Madrid sea semifinalista de la Liga ACB tras volver a superar al Baloncesto Fuenlabrada (55-68). Llull acabó la Liga regular con 12 puntos de media y 42% de efectividad en tiros de dos y en triples. Una producción que ha mejorado consideramente en la serie de cuartos, donde aportó 21 puntos en el primer partido y 16 en el segundo con unos porcentajes de % en tiros de dos y % en triples. Aunque más allá de números, que también, el base menorquín encontró siempre respuestas en los momentos de duda de su equipo, que se enfrentará en el próximo cruce al sorprendente Bizkaia Bilbao Basket, vencedor de nuevo ante el Power Electronics Valencia por 79-75 con 16 puntos de Blums y 15 de Vasileiadis. La otra serie de semifinales estará protagonizada entre el Barça y el Caja Laboral, que venció a domicilio al Gran Canaria 2014 (76-93) con 21 tantos de Oleson. Todas las eliminatorias, por tanto, se han decidido 2-0.   

La mayor pesadilla de una temporada de ensueño para el Fuenlabrada ha sido Llull, que con una canasta en el último segundo privó al Fuenlabrada de una victoria en la Caja Mágica en la última jornada de la primera vuelta que les hubiese reportado una plaza para jugar la Copa del Rey. Meses después y en cuartos de final de la Liga, el mismo jugador de nuevo quien machacó al conjunto de Salva Maldonado. Llull resultó el más activo en un parcial demoledor de 0-17 con el que el Madrid replicó el 16-8 inicial, instantes en los que careció de ambición, acierto y rebote. Tan mal empezaron los visitantes como bien Valters, que ha olvidado su paso discreto por Badalona y en su segunda época en Fuenlabrada está jugando a gran nivel. El base simbolizó el pobre inicio del Madrid: primero para coger la bola para hacer un coast to coast y acabar penetrando sin encontrar ninguna oposición y en la siguiente acción anotó un triple para catapultar a los locales.

Obsesión por los triples

El Fuenlabrada estuvo casi nueve minutos sin anotar: Barton cortó la racha con dos tiros libres, y Ayón aportó la primera canasta en juego tras casi diez. Un tiempo donde Llull se había sentido como pez en el agua: era el agitador de un equipo fortalecido por el trabajo impagable de Reyes y la aportación de los exteriores: Tucker, Prigioni y Suárez, que anotó sus primeros puntos en la eliminatoria. Una serie que pudo resolverse ya en la primera parte, cuando el Fuenlabrada llegó a lanzar hasta 19 triples, de los que sólo anotó cuatro, tres en su comienzo inmaculado (6/30, 20% al final). La ausencia de Ayón por personales convenció a Salva Maldonado de que el tiro lejano era la mejor opción.

Pudo resolver el Madrid, pero su rival fue capaz de empatar a 40 en el ecuador del tercer cuarto. El Fuenlabrada regresó tras los vestuarios convencido de remontar y con Valters y Ayón (12 puntos y  imparables. Ambos protagonizaron un par de contraataques que indignaron a Emanuele Molin, que pidió tiempo muerto. Tras las advertencias del entrenador blanco y los últimos cinco puntos de Llull se acabó el partido y, por extensión, la serie. Ayón y Valters se quedaron demasiado solos para contrarrestar el repertorio de Reyes y sobre todo de Fischer.

La retirada de Salva Guardia

Maldonado tuvo el gran detalle de volver a sacar a Salva Guardia, que entró por Ayón y retornó al banquillo, previo abrazo con el entrenador y sus compeñros, sustituyendo a Laso. Fueron los últimos segundos en la ACB de un pívot histórico en la competición, un símbolo del Fuenlabrada que el miércoles celebró su 37º aniversario. El jugador, emocionado, aplaudió a un público que enseñaba con orgullo su número, el 19, en una cartulina. Aunque la cifra que había resuelto la serie, eso sí, era otra, el 23 de Llull. 

BALONCESTO FUENLABRADA 55 (16+10+18+11): Valters (12), Kus (12), Muñoz (3), Barton(10) y Ayón (12) -quinteto inicial-, Colom, Laviña (4), Cortaberría (2), Mainoldi, Guardia y Laso. MADRID 68 (18+18+19+13): Prigioni (8), Llull (16), Tucker (13), Reyes (10) y Tomic (4) -quinteto inicial-, Sergio Rodríguez (5), Suárez (4), Mirotic, Fischer (8)  y Velickovic. Árbitros: Arteaga, Perea y Sánchez Mon.

domingo, 8 de mayo de 2011

Llull se queda solo en un Madrid que se despide de la Euroliga con derrota ante el Montepaschi (62-80)


Supone un partido artificial y tristón con un premio más simbólico que prestigioso. Luchar por el tercer puesto de la Euroliga, como de cualquier competición en la que no se repartan medallas, tiene un tono nostálgico y se juega a otro ritmo. Es una cita ideal para dar más minutos a los que tuvieron menos protagonismo en semifinales y para que los que no estuvieron a la altura de las circunstancias se puedan redimir. Resultó el caso de Sergio Llull (Mahón, 1987), errático ante el Maccabi Tel Aviv el viernes y un torpedo ante el Montepaschi de Siena con 23 puntos, más de un tercio de la pobre producción del Madrid (60-82). 

El descaro de Llull, el jugador más explosivo del grupo, fue la mejor noticia para un Madrid que volvió a perder cualquier opción de victoria en el tramo final. El conjunto blanco fue  destrozado ante el arreón de Kristof Lavrinovic, máximo anotador del Montepaschi con 17 puntos. A 7m 11s Tomic puso el 53-61 y un triple de Carreretto marcó el inicio del fin para el conjunto de Lele Molin, que hizo jugar a Velickovic, autor de siete puntos, sólo uno menos que el propio Tomic y Reyes partipando menos de la mitad que ambos. Mala señal para el equipo y un acto reivindicativo para el alero serbio, inédito en semifinales. Vidal fue quien más aplaudió las canastas de Velickovic: el catalán fue el único que no participó en una Final Four en la que "hemos pecado de falta de experiencia". Un apunte sincero de Llull, el principal responsable de que el equipo se sobrepusiese a un inicio complicado de 2-12 y llegase al descanso cediendo por 32-36 y con los únicos puntos y minutos de Begic. 

Un jugador, un equipo

El Montepaschi empezó jugando para sus pívots y sus exteriores preferían lanzar cerca del aro. Hairston e incluso McCalebb, mermado tras recuperarse de una lesión, parecían balas de fogeo ante un Madrid que aguantaba el tipo con su juego interior y, claro, con Llull como líder. El menorquín, respondón ante Moss, persistió tras el descanso y metió 11 de los 13 puntos de su equipo en el tercer cuarto. 

Llull era su equipo y en cuanto su rendimiento bajó el Madrid no encontró más argumentos para imaginarse si quiera una remontada con sabor amargo, pues Sergio Rodríguez, Tucker o Fischer parecían tener sangre de horchata. Así que el banquillo del rival, jugadores de calidad como Zisis, Ress o otro ex, Kaukenas, aumentaron la diferencia. El Madrid se despidió triste de una Four Four que hacía 15 años que no jugaba. Con paciencia y buenos retoques puede ser un equipo habitual en esta cita en los próximos años.   

REAL MADRID 62 (11+21+13+17): Tomic (8), Prigioni (1), Reyes (8), Suárez (1) y Llull (23) -quinteto inicial-, Mirotic (6), Rodríguez, Fischer (4), Begic (4), Velickovic (7) y Tucker. MONTEPASCHI SIENA 80 (19+17+21+23): Hairston (4), Rakovic (8), Lavrinovic (17), Jaric (2) y Moss (11) -quinteto inicial-, McCalebb (10), Zisis (9), Carraretto (5), Kaukenas (8), Ress (4), Michelori (2) y Aradori. Árbitros: Christos Christodoulou (GRE), Matej Boltauser (SLO) y Eddie Viator (FRA). Felipe Reyes fue eliminado por cinco faltas en el minuto 35 y Rimantas Kaukenas en el 39.  

viernes, 6 de mayo de 2011

Eidson desmonta y priva de la final a un Madrid limitado (82-63)

Eidson protege el balón ante Prigioni -EFE.
Manteniendo la base y con algunos retoques el Madrid tiene un grupo joven para competir por todo en los próximos años, pero ahora su presencia en la Final Four de la Euroliga de Barcelona era toda una extravagancia, pues por el camino se habían quedado plantillas superiores, como la del Olympiakos o la del propio organizador, el Barça. Ante el Maccabi de Tel Aviv se vio un conjunto blanco con dientes de leche, muy blandito cuando su quinteto inicial no estuvo en pista y con un banquillo minúsculo que aportó únicamente cinco puntos. Los suplentes del rival contabilizaron 19, la cifra de tantos perpretrada por el agitador de la noche, Eidson, el máximo responsable de la contundente derrota por 82-63 del Madrid, descompuesto en una segunda parte muy desigual.

Al Madrid, el club más condecorado del torneo, le falta recorrido. Sólo dos jugadores habían jugado la fase final de la copa más golosa del continente y hasta tres, Velickovic, Begic y Vidal no intervinieron ni un minuto en el partido. Circunstancia a la que hubo que añadir que a Sergio Rodríguez y a Mirotic el aro se les hiciese más pequeño y saliesen a la pista acongojados, agobiados por la repercusión de una cita mayúscula. Tampoco rindieron ni Llull ni Suárez, dos de las piezas fundamentales del que fue el segundo proyecto de Messina en la capital. El entrenador italiano se marchó hace dos meses sin explicar los motivos y presenció en la grada del Palau Sant Jordi cómo se descomponía el equipo, dirigido por un eterno técnico ayudante como Lele Molin y debutante en una gran cita, se tambaleaba tras el descanso.

Reyes y Tomic

Antes, el Madrid, de negro y de visitante, perdedor en número de aficionados, había sabido mantenerse en el partido gracias a Reyes, omnipresente, y a Tomic, un pívot con poco músculo y muchos recursos, tantos como para hacerse un hueco ante una mole como Schortsanitis, la eterna promesa del baloncesto europeo que está cuajando su mejor temporada. Baby Shaq hacía daño en la zona y Pargo y Prigioni, cargado muy pronto de personales y que encadenó dos triples en el primer momento incómodo para su equipo, se discutían el mando. Sin hacer mucho ruido tanto Eidson como Hendrix avisaban de lo que vendría después (30-31, minuto 20).

Poco a poco el conjunto de Molin se fue marchitando, aunque festejase tres triples en un plis-plas, llegasen por fin los primeros puntos de Suárez y Llull comenzase a carburar. El partido estaba a punto de desequilibrarse bruscamente por la inexperiencia de los blancos y la pericia de un treintañero como Eidson, que se marcó seis puntos en el último tramo del final del tercer cuarto. Los últimos tres del estadounidense marcaron el devenir del encuentro y confirmaron la candidez del Madrid: Fischer, tan nulo como Tucker, sacó de fondo para Sergio Rodríguez sin fijarse y Eidson cogió el rebote y forzó la personal. El poco acierto del Maccabi Tel Aviv con los tiros libres había impedido que la distancia no superase los dos dígitos (55-47 a los 29m 50s).

Ahí se acabó el Madrid, desmontado por un Eidson que sólo falló dos canastas y acabó con 33 de valoración, mareado por Pargo y machacado por Baby Shaq. Los blancos, el único equipo ACB de los cuatro que alcanzaron los cuartos de final, comenzarían el último período con un parcial definitivo de 16-4. "En defensa hemos estados débiles", resumió con acierto el capitán Felipe Reyes, que tenía la ilusión de ganar el único gran título que le falta además del oro en unos Juegos Olímpicos. En las horas previas había dicho que era más difícil llegar a la Final Four que ganarla. Lo primero ya era una proeza para este equipo lleno de jóvenes con talento que necesitan experiencias similares para curtirse y que les salgan los dientes. Mientras, Maccabi y Panathinaikos, vencedor por 77-69 ante el Panathinaikos de Obradovic se disputarán la Euroliga.

MACCABI TEL AVIV 82 (14+18+23+27): Pargo (13), Eliyahu (1), Pnini (14), Eidson (19) y Schortsanitis (16) -quinteto inicial-, Hendrix (6), Sharp (3), Blu (10), Burstein y Macvan. REAL MADRID 63 (12+17+18+16): Tomic (17), Prigioni (9), Reyes (15), Suárez (8) y Llull (9) -quinteto inicial-, Mirotic, Rodríguez, Fischer (2) y Tucker (3). Árbitros: Luigi Lamonica (ITA), Christos Christodoulou (GRE) y Zoran Sutulovic (MNE). Sin eliminados.

sábado, 16 de abril de 2011

Un CAI Zaragoza coral frena al Madrid (86-84)

Hettsheimeir defiende a Reyes -EFE.
Nunca es fácil para un jugador volver a la pista después de estar un tiempo importante  de baja por lesión. Un mes sin jugar llevaba Sergio Rodríguez (Santa Cruz de Tenerife, 1986).  El canario se había lesionado en la última derrota de su equipo ante Unicaja en Málaga y reapareció en una pista difícil como el Príncipe Felipe y el día en que los otros dos bases del equipo, Llull y Prigioni, estaban de baja. Rodríguez tuvo que jugar más de 33 minutos y Molin tuvo que recurrir incluso al júnior Jorge Sanz, que debutó en la Liga ACB con derrota ante un CAI Zaragoza coral (86-84) liderado por Quinteros, Miso y Chubb. Los dos primeros anotaron 15 puntos cada uno y el tercero, 14. El Madrid, que comparte la primera plaza con el Barça, podría quedarse a un triunfo de los azulgrana si éstos vencen en el Palau al Blancos de Rueda Valladolid este domingo.

Casualidades o no, sin Sergio Rodríguez el Madrid no había vuelto a perder e incluso había saldado dos cuentas pendientes históricas: la clasificación para la Final Four de la Euroliga 15 años después y ganar al Barça. El propio Rodríguez fue quien se jugó la canasta que hubiese forzado la prórroga en Zaragoza, pero falló. El base había sido el principal responsable, junto con Carlos Suárez (4/5 en triples) de la reacción final de su equipo, que pasó de ceder 81-72 a 1m 43s a acercarse 85-84 con un tiro de tres de Tucker. En ese tiempo los visitantes metieron cuatro triples (dos de Rodríguez) y pusieron en dificultades al CAI Zaragoza. Quinteros, el emblema del club, le decía a su técnico, José Luis Abós, que no quería sacar él de banda, que prefería recibir la personal y tirar los tiros libres. El entrenador ignoró su sugerencia, impuso su orden y Cabezas fue quien recibió la falta: anotó el segundo tiro libre. Rodríguez fallaría la última acción y los locales se permiten soñar con una plaza de playoff justo un año después de su ascenso al torneo.

"Ganar a un grande en casa"

"Hemos logrado lo que nos hacía falta: ganar a un grande en casa", resolvió Quinteros, pura trituradora en el primer cuarto junto a Pablo Aguilar, por primera vez en mucho tiempo certero y desatado ante el equipo que tiene cedido, el Madrid. El conjunto de Molin respondía con los puntos de Tucker y de sus pívots, especialmente de Reyes, con más presencia y mayor fiabilidad en las últimas semanas. El problema para los visitantes era su fragilidad defensiva, pues el CAI Zaragoza hacía daño continuamente con entradas sencillas, aprovechadas por Quinteros, Aguilar o Barlow. El desajuste era tan grande que el CAI Zaragoza se fue al descanso habiendo anotado 15 de sus 19 intentos de tiros de dos y con una ventaja de 51-42.

La diferencia de los locales había llegado a ser de 12 puntos. Suárez la había rebajado con un triple, sus únicos tres puntos de la primera parte. Pero en la segunda el alero de Aranjuez se transformó y volvió de los vestuarios con la muñeca fina, y con mucha facilidad, y a pesar de las dificultades de tener a sus defensores punteándole, anotó dos triples casi seguidos y una canasta a aro pasado. Tomic, tras un rebote ofensivo, culminaría la remontada del Madrid (57-58), muy mejorado en defensa y que consiguió parar a Quinteros, pero no a Chubb ni a Miso, un jugador eléctrico al que siempre le ha faltado más continuidad para dar un salto de calidad definitivo. Entre esos dos jugadores y un par de tiros libres del propio Quinteros -le quitó la pelota a Tomic y éste le soltó un manotazo; el argentino anotó los dos tiros libres pertinentes- el CAI se distanció 81-72. La última reacción del Madrid no fue suficiente y un CAI Zaragoza con un discurso muy plural venció a un Madrid superado por las circunstancias. Las del rival y las propias.   

CAI ZARAGOZA 86 (25+26+13+22): Hettsheimeir (9), Quinteros (15), Cabezas (7), Barlow (9) Y Aguilar (11) -quinteto inicial-, Van Rossom (3), Chubb (14), Miso (15) y Toppert (3). MADRID 84 (28+14+25+17): Tomic (13), Suárez (17), Reyes (14), Sergio Rodríguez (8), Tucker (11) -cinco inicial- Sanz (-), Mirotic (10), Velickovic (3), Begic (4), Vidal y Fischer (4). Árbitros: Hierrezuelo, Pérez Pérez y Soto. No hubo excluidos por personales.  

sábado, 9 de abril de 2011

El Madrid encuentra la receta para vencer a un Barça bloqueado (77-72)

Suárez festeja una jugada - ACB Photo - Ángel Martínez.

Eufórico después de su trabajada clasificación para la Final Four de la Euroliga, el Madrid completó una semana fantástica venciendo al Barça, el rival que más le ha frustrado en los últimos tiempos y al que no ganaba en competición ACB desde hacía 1.079 días. El Barça aterrizó en Madrid con un balance global acumulado de victorias de 14-2 y se fue perdiendo por 77-72 en la prórroga su cuarto partido consecutivo. Lastrados por las bajas y por el bajo rendimiento de Ricky Rubio (0/5, -4), los azulgrana están pasando su peor bache en mucho tiempo y ahora comparten el liderato de la Liga ACB con el conjunto de Molin.  

Llegados a este tramo de la temporada, con Navarro de baja temporal y sin Mickeal hasta el año que viene si todo va bien, el Barça se ha bloqueado, ilusionado como estaba en jugar su final de Euroliga en el Sant Jordi, frustada en una serie mal jugada. Al grupo le despistan las cuestiones extradeportivas, como el criterio arbitral ante el Panathinaikos, o se queda blanco e indefenso por momentos, caso de Morris durante todo el partido y especialmente en el último cuarto, cuando cometió tres personales en poco más de medio minuto a Reyes y a Tomic. Los azulgrana echan en falta un director que dirija, pues Sada juega menos y Ricky continúa anclado en los peores números de su carrera: tira con miedo y, como reconocía en una entrevista de Luis Mendiola en El Periódico de Catalunya, "empiezas a dudar, a esconderte un poco". A pesar de todo, los azulgrana tuvieron la última posesión para ganar el partido sin llegar a la prórroga, pero el tiro de Vázquez se quedó corto. En los cinco minutos de más a los azulgrana les penalizó que a Ingles, capital para que su equipo remontase, se le escapase una pelota ante Tomic cuando pretendía penetrar ante Tomic, tan escurridizo y decisivo en el epílogo como Prigioni y Suárez.  

La pareja Suárez-Llull

La sensación es que el Madrid ha reducido su distancia con respecto al Barça desde la final de la Copa del Rey, disputada hace casi dos meses y ganada con menos facilidades de las habituales por los azulgrana, privados como ahora de Mickeal, entonces por decisión técnica, por no llegar muy justo a la cita después de superar una lesión. El conjunto blanco se ha quitado los complejos contra un rival que casi siempre le sacaba los colores y puso de vuelta y media al quinteto inicial de Xavi Pascual, una formación más anotadora que defensiva. Un juguete divertido para Suárez y Llull, dos jugadores que congenian de maravilla en la pista. Suárez hacía cuanto quería ante Anderson, al que le sacó una personal y una antideportiva de impotencia. Total, que el Madrid se puso 15-6 cuando no se llevaban ni tres minutos jugados. Pascual no perdió el tiempo calculando cuántos puntos iba a encajar su equipo con esa progresión e hizo un triple cambio, primando la defensa y la velocidad por encima de los centímetros.

Así, desde la defensa, los rebotes de Vázquez y los contraataques de Lakovic y sobre todo de Grimau, omnipresente, los visitantes consiguieron empatar a 17 antes de acabarse el primer cuarto. Los azulgrana jugaban por fin como más les convenía, pero de nuevo empezaron a ver el aro minúsculo, obligados a probar suerte desde lejos por la agobiante defensa del Madrid, bloqueado también en ataque. El parcial del segundo cuarto (12-10) resultó horrible, aunque no tanto como el registrado en ese período en el Blancos de Rueda Valladolid- CB Granada (0-13). La mejor defensa (o el peor ataque, según se mire) desde que en 2000 se instaurasen los cuatro cuartos.

Igualdad

El Madrid se escapó de diez puntos (29-19) y Lakovic redujo la distancia a la mitad en un instante, pero de nuevo Llull, desatado, volvió a tranquilizar a los locales, que se fueron a los vestuarios con 34-29 a favor y vieron como en el inicio de la segunda parte se igualaban las cosas con un duelo personalizado entre Tomic y Perovic. Y una mala noticia para el encuentro: la retirada de Llull por un pinchazo en el isquiotibial de la pierna derecha. El jugador había sido duda hasta el último momento porque había acabado tocado el partido de Euroliga ante el Power Electronics Valencia.

Suárez y Reyes cogieron la responsabilidad del Madrid para distanciar al conjunto de Molin (50-41 a los 19m 15s), pero cuando peor pintaban las cosas surgió un brillante Ingles con 12 puntos en nueve minutos y Anderson, muy precipitado hasta entonces, incluso metió la canasta que ponía por delante a los visitantes (62-64) a 16'8 segundos. El Madrid empató con una canasta solo de Tomic. A Vázquez se le quedó corto el tiro para impedir la prórroga y a su equipo le sobró el tramo final del tiempo extra, repleta de tiros libres y con sólo dos canastas en juego.  

REAL MADRID 77 (22+12+16+14+13): Prigioni (8), Llull (12), Suárez (19), Reyes (8) y Tomic (17) –quinteto inicial–, Velickovic (3), Begic, Tucker (4), Fischer (1), Mirotic (5) y Vidal. BARÇA 72 (19+10+14+21+8): Rubio, Anderson (12), Ingles (14), Lorbek (11) y Perovic (6) –quinteto inicial–, Morris (2), Grimau (12), Sada (5), Vázquez (4) y Lakovic (7). Árbitros: Pérez Pizarro, García González y Martínez Díez.

sábado, 19 de marzo de 2011

McIntyre completa el retorno perfecto de Garbajosa a Málaga ante un Madrid que le cortó (69-68)

Garbajosa, en el centro y con el dorsal 15, festeja el triunfo con sus compañeros -EFE.
Para alguien que lo ha ganado prácticamente todo en una pista de baloncesto debe ser todavía más duro sentirse desplazado por un entrenador días antes del primer torneo simbólico del curso, la Copa del Rey. Bien lo sabe Jorge Garbajosa (Torrejón de Ardoz, 1977), a quien Ettore Messina dejó sin ficha para dar acomodo a su última incorporación, Mirza Begic. El pívot madrileño pasó sus últimos días en la capital sin opción alguna de jugar. Triste. Un estado de ánimo que no tiene nada que ver con cómo se siente tras volver al Unicaja, del que se fue en 2006 levantando la única Liga del club con un triple decisivo y MVP de aquella final contra el Tau, ahora conocido como Caja Laboral y con el que también había ganado la Copa ante el Madrid. El calendario y las casualidades depararon que la segunda etapa de Garbajosa en Unicaja comenzase con la visita del Madrid y sin Messina en el banquillo, sino con Emanuele Molin como primer entrenador del rival. Garbajosa fue el protagonista simbólico en una cita marcada por un final fantástico con ¡seis triples! en el último minuto y medio, tres de ellos de Prigioni, el mejor de los visitantes con 21 puntos (6/10 desde más allá de 6’75). El último tiro de tres del base argentino, a cuatro segundos del final, pudo ser el definitivo, pero lo impidió McIntyre anotando otro desequilibrado y sobre la bocina de la prórroga (69-68). Es la primera vez en la temporada que el Unicaja encadena tres victorias consecutivas y en las dos últimas Fitch ha sido el más destacado con 26 puntos. El Madrid se aleja a dos triunfos del líder, el Barça.

Muy emocionado, superado por los acontecimientos, Garbajosa fue más expresivo con su cara que con las palabras: “ha sido el partido psicológicamente más duro de mi carrera. Merece la pena venir por lo que he vivido hoy”. Y disculpándose ante nuestra compañera de Teledeporte África de Miquel se alejó: “Es muy complicado de explicar. De verdad, me voy”. Y se fue, mientras el Martín Carpena repetía su nombre, el nombre de uno de sus iconos. Garbajosa se vengó deportivamente del equipo al que pertenecía la semana pasada con 5 puntos, pero sobre todo un triple a medio segundo –Freeland falló un alley oop, pero asistió al 5– y un tapón al hiperactivo Prigioni. Por el contrario, la imagen más dura fue la de Tucker saliendo en camilla del Martín Calpena tras un golpe con Archibald. Al estadounidense, con un golpe en el cuello, se lo llevaron al Hospital Clínico de Málaga  El primer diagnóstico es un traumatismo cervical. 

Las galletas de la madre de Berni

Horas antes del partido Garbajosa posaba risueño con una bandeja de galletas de coco hechas por la madre de Berni Rodríguez, que la enlazaba en su Twitter. Y minutos antes del encuentro Chus Mateo definió qué significa el jugador para el club: “Aquí es un héroe”. Y añadió que al grupo le servirá para ayudar “a todos los niveles”: “La ilusión ha vuelto a Málaga”. Y Garbajosa apareció en la pista a las 17:14 horas por Freeland y se emparejó con Mirotic, la nueva perla blanca, protagonista, como el resto de pívots, del juego del Madrid, que jugaba por y para sus interiores. Los exteriores no tenían el día (1/7 en triples en la primera parte, 6/24 al final, los seis de Prigioni). 

Tomic (18 puntos y seis rebotes) y Reyes, y el propio Mirotic, mareaban cuanto querían a Freeland, minúsculo (se cargó con dos personales rápido, como su compatriota Archibald) hasta su primera canasta. Primera también del Unicaja en el segundo cuarto. El alley oop del pívot británico reactivó al conjunto de Mateo, que después de ceder dos desventajas de siete puntos, encadenó un parcial de 10-0 (23-24 a los 15m 20s). Los locales se exigieron más en defensa y se encontraron más en ataque, con las asistencia de Blakney, el acierto del irregular Tripkovic y sobre todo el concurso de Fitch, que venía de ser MVP de la jornada anterior, y alcanzó el descanso (32-32) con 12 puntos en su haber (los mismos que anotó en la segunda parte) y jugándose un triple imposible en el último suspiro. Nadie representaba mejor el balón del Madrid que Fischer, lastrado con tres personales exprés, a cual más infantil. Aunque la peor noticia fue la contractura en el cuádriceps de la pierna izquierda de Sergio Rodríguez, por mucho que estuviera negado (0/3).

Primeros puntos de Jorge

Fitch continuó asumiendo responsabilidades y le sacó dos personales seguidas a Llull, desconcertado ante la explosividad de su homólogo. Tucker cayó tras un golpe por detrás con Archibald, siempre fuera del partido. El tirador, al que le pusieron un collarín, recibió un golpe en la columna, una zona muy sensible. Se lo llevaron en camilla directo al hospital, mientras Garbajosa volvía a la pista e intentaba sus primeros puntos con su tercer tiro. De nuevo, fallo. Y de nuevo, le pusieron a Mirotic al lado. Ante él el madrileño anotó, apoyándose en la tabla, tocándose la nariz después, su primera canasta en su retorno a Málaga, a las 18:18 horas (38-40 a los 26m 24s).

De la mano de PrigioniFreeland a Sinanovic, ex jugador blanco, hay muchos mundos–. Tomic y Mirotic, y la intervención de Velickovic –había sido titular de 3– reimpulsaron a los visitantes (40-46 a los 29m 30s) y dos de los ignorados por Messina, el propio Velickovic y Vidal, minimizaban la nula aportación de Llull (0/6, -5 de valoración).    
Freeland fuerza la prórroga   

Mateo fue combinando las defensas alternativas, mientras el Madrid buscaba los triples como solución. El Unicaja cambió el guión con un par de robos de balón: con el primero Fitch eliminó a Llull y aprovechó un dos más uno y con el segundo, Freeland  redujo la distancia (47-50 a 3m 08s). Y entre Berni Rodríguez, el eterno capitán, y Fitch, siempre él, pusieron por delante al Unicaja por primera vez (53-51 a 1m 48s). De la réplica se encargó Prigioni, con otro tiro de tres y anotó uno de los dos tiros libres. McIntyre empató a 55 a 26’5 segundos y Garbajosa cometió personal a 5’5 sobre Tomic, que anotó los tiros libres pertinentes. Mateo pidió tiempo muerto y dejó claro que la jugada era para Fitch, pero Freeland acabó empatando a 57 a… 1’8… Suárez falló el tiro que pudo haber dado la victoria a su equipo. El ex jugador con tres puntos y 1/7 completó una actuación tan pobre como la de Llull.

En la prórroga los puntos continuaron siendo un tesoro casi imposible, con un parcial de 2-2 en los primeros cuatro minutos y medio. Pero lo mejor quedaba para el final, para ese minuto y medio con seis triples de por medio –Prigioni, Berni, Prigioni, Garbajosa, Prigioni y McIntyre, por este orden–. El final fue el McIntyre, que le dio a Garbajosa su mejor regalo en su retorno a Málaga.     

UNICAJA 69 (13+19+8+17+12): McIntyre (7), Fitch (26), Almazán (2), Archibald y Freeland (11) -quinteto inicial-, Sinanovic (3), Rodríguez (7), Garbajosa (5), Rubio (2), Blanco, Blakney (3) y Tripkovic (3). REAL MADRID 68 (18+14+14+11+11): Prigioni (21), Llull (2), Velickovic (6), Tomic (18) y Reyes (2) -quinteto inicial-, Suárez (3), Rodríguez (0), Mirotic (6), Fischer (2), Vidal (2) y Tucker (6).    

miércoles, 16 de marzo de 2011

Marcelo pone fin a la maldición de octavos del Madrid

Marcelo dedica a la grada su gol -EFE.
Una de las peticiones de José Mourinho cuando estampó su firma en el contrato con el Madrid fue fichar a Kolarov, al que consideraba el lateral izquierdo ideal. El fichaje  no cuajó (el Manchester City se cruzó en el camino) y al técnico portugués no le quedó más remedio que conformarse con Marcelo Vieria Silva Júnior (Río de Janeiro, Brasil, 1988). Meses después Mourinho está encantado con el brasileño, puro torbellino en ataque, un jugador más hecho y maduro conforme pasan las temporadas y que desde que llegó en el mercado de invierno del curso 2006-2007 nunca había pasado de cuartos de final en la Champions. Fue el propio Marcelo quien puso remedio a una nefasta racha que duraba seis años para el Madrid, anclado en los octavos del torneo que ha ganado más veces que nadie. El lateral combinó con Cristiano Ronaldo, titular más por la repercusión de la cita que por su estado de forma, salvó a Cris y dejó en el suelo al otro central del Olympique de Lyon, Lovren, antes de marcar el primero. Ya en la segunda parte Marcelo rebañó una asistencia involuntaria de Révellière para asistir a Benzema para que éste anotase el segundo ante su ex equipo. El francés parece otro desde la llegada de Adebayor y acumula siete goles en los últimos cuatro partidos y seis en siete encuentros de Champions, competición en la que Marcelo no había marcado nunca. En otra contra Di María hizo el último (3-0) ante un equipo francés al que el Madrid jamás había conseguido superar.  

Capital también en la victoria por la mínima (0-1) en Cornellà-El Prat en un partido que el conjunto blanco jugó con diez por la inmediata expulsión de Casillas, Marcelo es una pieza indispensable para Mourinho. Su actuación ante el Lyon minimizó la reaparición de Cristiano Ronaldo, que se rompió el bíceps femoral izquierdo ante el Málaga. CR7 forzó hasta marcar el séptimo gol en dicho partido y llevaba casi dos semanas sin correr con normalidad. El portugués, el jugador que más remata de la competición, acabó cambiado por Abebayor a un cuarto de hora del final después de intentarlo sin fortuna ante Lloris: de cabeza, de falta, desde fuera del área…  

El ímpetu de Pepe

El Madrid era fiel a su ideario: montar contragolpes con la misma facilidad que quien se prepara una ensalada que ya viene montada en un tupper, con pocos toques y muy rápido. También era peligroso el Lyon, especialmente con Lisandro, torturado por Pepe, que le dio un golpazo con la rodilla en toda la cara. El central continúa sin calcular bien su ímpetu y después le clavó, esta vez con toda la intención, los tacos en la barriga a su rival. no recibió el castigo requerido: la expulsión.

Un lanzamiento de rosca de Chelito Delgado al final de los primeros 45 minutos y un disparo desde lejos, y tras el descanso, del goleador de la ida, Gomis –Casillas despejó fatal y Ramos despejó a córner– fue lo último de un Lyon avergonzado a partir de entonces, intimidado e inocente en defensa. En dos contraataques Benzema y Di María, tras una asistencia con la cabeza de Özil, el tipo de los mil ojos, el Madrid sentenció el encuentro. Pjanic, el artífice de la eliminación del año pasado, entró por Delgado, pero era tarde para que continuase la maldición de octavos para el conjunto blanco. Una frustración que empezó en 2005 y acabó Marcelo esta noche del 16 de marzo de 2011: “Estoy muy feliz por la victoria, que nos servirá para levantar nuestra moral y de nuestros aficionados. Teníamos una deuda con el madridismo”. Una cita concluida con un gesto fantástico: con los jugadores de ambos equipos con una camiseta blanca en la que se leía “ANIMO ABIDAL”. El defensa del Barça será operado mañana de un tumor en el hígado: “Le mando mucho ánimo”.  

REAL MADRID, 3: Iker Casillas; Sergio Ramos, Pepe, Carvalho, Marcelo; Khedira, Xabi Alonso; Di María (Granero, m.78), Özil, Cristiano Ronaldo (Adebayor, m.74); y Benzema (Lass, m.86). OLYMPIQUE DE LYON, 0: Lloris; Réveillère, Cris, Lovren, Cissokho; Toulalan, Källström; Briand (Gomis, m.46), Gourcuff (Pied, m.69), Delgado (Pjanic, m.80); y Lisandro. Goles: 1-0, m.37: Marcelo. 2-0, m.67: Benzema. 3-0, m.76: Di María. Árbitro: Damir Skomina (SLO). Amonestó a Pepe (9) y Carvalho (30) por el Real Madrid, y a Gourcuff (38) y Cissokho (54) por el Lyon.

sábado, 5 de marzo de 2011

El Madrid olvida a Messina ganando al DKV Joventut en el estreno de Molin (78-60)

Molin, en el centro, en un tiempo muerto -ACB Photo / Ángel Martínez.
En una jornada de disfraces Ettore Messina se camufló en un discurso altruista para valorar por qué decidió dimitir como entrenador del Madrid, algo que según él llevaba varios días pensando. La amplia derrota del equipo en casa ante el Montepaschi Siena resultó, por tanto, un motivo más de un cúmulo de circunstancias que Messina resumió en un propósito: “intentar ayudar a conseguir una unión dentro y fuera de la pista”. No añadió la palabra paciencia, que es lo que le falta últimamente a un club que se toma cada temporada con la necesidad de empezar de cero y acumular muchos fichajes y reconoció que al equipo de falta madurez porque es joven. Messina no se ha ido del todo del Madrid, pues su sustituto ha trabajado con él desde 2000 y era el segundo técnico. Emanuelle, ‘Lele’ Molin (Mestre, Italia, 1960) dijo en su primera rueda de prensa como técnico blanco que ve el baloncesto como Ettore. En su precipitado estreno Molin celebró con un triunfo ante el DKV Joventut por 78-60 con un parcial final de 15-3 y dos datos de peso: 8/19 en triples y 48 rebotes por los 34 de su rival.

Afectados por la forma en la que perdieron en Euroliga y por la marcha repentina de Messina, los jugadores del Madrid saltaron a la Caja Mágica atenazados, “muy tensos”, describió Llull en Teledeporte. Una situación que hizo crecer a los visitantes, más enteros y certeros en el inicio con un McDonald omnipresente, el mejor en el parcial inicial de 2-11, solucionado por Tomic que no dejó de anotar hasta empatar 20, ya en el segundo cuarto. El problema para los locales es que el DKV Joventut continuaba encontrando recursos en el propio McDonald o Robinson. Tuvo que ser precisamente un ex verdinegro, Tucker, quien  le diese la primera ventaja al conjunto de Molin, que se marchó al descanso 33-31 con varias acciones de mérito de alguien bastante ignorado por Messina.

La puntería de Llull, Suárez y Tucker desde más allá de 6’75 metros, cuatro triples en el tercer cuarto distanciaron al Madrid (54-41), con lo que el partido quedó resuelto. Pero no para Jelinek, realidad y futuro para el DKV Joventut: le sobra irregularidad y no le falta valentía. El tirador checo cargó con toda la responsabilidad y de valorar -6 pasó a meter 13 puntos, con tres triples de por medio, en menos de cinco minutos (63-57 a 5m 44s). Pero su equipo se atascó y el Madrid solucionó el entuerto con su tripleta más en forma: Llull, Suárez y Mirotic. Así que Molin pudo festejar su primer triunfo como técnico horas después del adiós de Messina: “Me han pasado por encima muchos sentimientos”. Seguramente algunos de ellos tenían algo que ver con la versión más completa de los motivos de su amigo para dejarle el banquillo. Porque es evidente que Messina no ha querido hacer demasiada leña del árbol caído.   

REAL MADRID 78 (13+20+24+21): Prigioni, Llull (13), Suárez (6), Reyes (8) y Tomic (13) -quinteto inicial-, Mirotic (11), Fischer (10), Tucker (9), Sergio Rodríguez (2), Begic (5), Vidal (1). DKV JOVENTUT 60 (16+15+16+13): Robinson (9), Hosley (7), Tomás (7), Trías (2) y McDonald (14) -quinteto inicial-, Jelinek (15), Franch (2), Flis (4) y Todorovic. Árbitros: Redondo, Cortes y Pérez Niz.      

domingo, 13 de febrero de 2011

El Barça vuelve a ganar al Madrid y le iguala a títulos de Copa (60-68)

Basile levanta la Copa ante la alegría de sus compañeros y la mirada de Pascual -EFE.
El Rey Juan Carlos le entregó la Copa que lleva su nombre a Roger Grimau, que saludó a las autoridades presentes, entre ellos su presidente Sandro Rosell, pero no la levantó. El capitán azulgrana bajó las escaleras de la grada, se presentó en el parqué al lado de sus compañeros y tuvo un gesto que define cómo es este grupo humano: le cedió el trofeo a Gianluca Basile, lesionado casi todo el curso y que hace poco recayó cuando estaba a punto de reaparecer. Vázquez le aguantó las muletas y Basso levantó el trofeo con orgullo, mientras Xavi Pascual le miraba emocionado un día antes de cumplir tres años como primer entrenador del club. Una instantánea generosa y de amistad de un Barça convertido en una reunión de colegas implicados en la causa de disfrutar, vaciarse y ganar el mayor número de títulos posible. De los últimos seis oficiales en juego los azulgrana han ganado cinco. El último, la Copa en el territorio del rival, el Palacio de Deportes de la Comunidad de Madrid y ante más de 13.000 espectadores, les permitió igualar los 22 títulos coperos del conjunto blanco, al que venció por 60-68, en una actuación menor de Juan Carlos Navarro en su quinta Copa ganada (siete puntos, 2/9, muy bien defendido por Pablo Prigioni), y excelente del MVP Alan Anderson (19) y Víctor Sada, el más valorado con 20 (siete puntos, seis rebotes y otras tantas asistencias, tres recuperaciones…). Desde 1988 ningún equipo lograba revalidar el título. El último en hacerlo fue el propio Barça ganando también al Madrid en Valladolid con un triple final de Nacho Solozabal.   

“Tenemos un grupo muy especial”, se congratuló Ndong. Sada restó importancia a que no se le nombrase Mejor Jugador de la Final y elogió al escogido, Anderson, que con sus “uno contra uno nos ha liberado mucho”. ¿Sois conscientes los jugadores de que están haciendo historia? “Cuando tengamos el pelo blanco ya nos lo replantearemos”, bromeó Sada. Aunque la frase más significativa la pronunció Basile: “Se sufre mucho mirando cómo juegan los compañeros”. Y esta vez Basso sufrió mucho en el banquillo, pues no resultó un triunfo plácido y tranquilo para el Barça como tantas veces le ha sucedido contra el Madrid de Messina, que desde que dirige al conjutno blanco sólo ha vencido a los azulgrana una vez, intrascendente, un partido de cuartos de final de la pasada Euroliga. El Barça sólo pudo poner la directa en el último cuarto, cuando logró una renta de 15 puntos (49-64 a 5m 02s) con Sada como base (Ricky estaba en el banquillo lesionado) y con Grimau y Anderson como alas. Ndong apuntillaba en la pintura. 

Los triples de Mirotic y la jugada de Morris

Como durante toda la Copa, el Madrid persistió en busca de la remontada, impulsado por el intermitente Sergio Rodríguez y el descarado Mirotic, que se ha ganado un hueco en el equipo en muy poco tiempo y, entre otras cosas, es un tirador muy preciso: anotó dos triples, el último a 33 segundos (60-66). El conjunto blanco no hizo falta y Morris, en una jugada cómica, falló un mate y el balón subió para arriba y se metió para dentro para acabar con una final muy física y más competida por el Madrid que la anterior de Copa, la de la Supercopa o el último partido en Liga.   

Messina tenía tres ideas muy claras: no dejar correr al Barça, frenar a Navarro e impedir que el marcador fuese irreparable al descanso como le había sucedido tantas veces ante los azulgrana. Para no dejar jugar a su rival el técnico italiano planteó una defensa muy física y encomendó a Prigioni incordiar a Navarro, cosa que logró casi siempre, especialmente en la primera parte, en la que La Bomba no anotó ni un punto y falló sus cuatro intentos. Messina quiso jugar más con sus interiores y de ahí la importancia de Tomic, hábil como finalizador y un imán para capturar rebotes. El pívot croata recibió cuatro personales en los primeros dos cuartos, por las seis de otro jugador capital, Suárez, tan sólo incómodo ante Anderson, el primer agitador del partido.

Velickovic, Vidal y Begic no juegan

Errático por un día Navarro, muy fallón también en los dos primeros cuartos Lorbek, surgió Anderson como un cohete en un partido con muchos contactos, pura guerra simbólica, en el que ambos entrenadores hacían constantes rotaciones, aunque en ellas nunca figuraran ni Velickovic ni Vidal ni el recién llegado Begic por el Madrid. Sólo Lakovic no disputó minutos en el bando azulgrana. Un guiño a la filosofía de unos y de otros.

Por momentos el partido funcionó como un enfrentamiento particular entre un pívot, Tomic, y un escolta, Anderson, sustituido por un nervioso Ingles tras su segunda personal al final del primer cuarto (15-17). Sangre, puro nervio, era Sada, un jugador impagable en el conjunto azulgrana: capaz de dar un salto como si tuviera muelles en las piernas, de defender al límite y de repartir más asistencias que nadie. Su ascendencia en el equipo es innegable.

Sada lucha por un rebote con Fischer -EFE.

Los triples de Lorbek

Sin Anderson sufrió el Barça y se gustó Suárez, y al descanso se llegó con empate a 30, después de que el estadounidense volviese a la pista y continuase con su gran racha (llevaba 14 puntos con un solo fallo en tiros de campo). Mala, mucho, era la de Navarro, que por fin en el primer minuto de la segunda parte metió un triple afortunado en su sexto intento. Lorbek se destapó con dos triples consecutivos para responder a otro de Prigioni, el hombre para todo para Messina. Un palmeo de Sada, cómo no, puso a los azulgrana con su mayor ventaja hasta entonces (37-44 a los 24m 32s).

Negado Llull (0/6), impreciso Suárez, Messina apostó, ahora sí, por dar entrada a Sergio Rodríguez, tras no haberle concedido ni cuatro minutos en la primera parte. Y el base canario metió dos canastas consecutivas, las mismas que llevaba su equipo en todo lo que se había jugado de tercer cuarto. La entrada de Sergio Rodríguez (decisivo en cuartos ante el Gran Canaria e importante, a pesar de sus siete pérdidas, en la remontada ante el Power Electronics Valencia) coincidió con el gran susto de la final: Ricky pisó mal y se fue cojeando al banquillo, maldiciendo su suerte, haciendo cábalas de qué lesión podía tener: era un esguince de tobillo. Un alley-oop de Vázquez y dos puntos más de Navarro, desde la línea de personal, cerraron el último cuarto (43-48).

Con Ricky mermado y Lakovic ignorado por Pascual, Sada pasaba a ser el único base, tenía que ser el guía hacia la victoria. Y lo fue. Un resbalón de Llull aprovechado por Grimau fue el inicio del fin para el Madrid, sometido por el capitán azulgrana, golpeado por los puntos de Anderson, Morris y Ndong. 15 puntos fue la máxima renta. Un colchón que fue suficiente para que el Barça volviese a ganar a su rival histórico e igualarle a número de Copas (22). El guión fue muy distinto a los precedentes, pero el final resultó exacto. 

MADRID 60 (17+13+13+17): Tomic (12), Prigioni (10), Reyes (3), Tucker (9) y Suárez (8) –quinteto inicial–, Llull, Mirotic (8), Rodríguez (8) y Fischer (2). BARÇA  68 (19+11+18+20): Rubio (1), Navarro (7), Anderson (19), Perovic (2) y Lorbek (9) –quinteto inicial–, Sada (7), Vázquez (4), Ingles (1), Ndong (6), Morris (8) y Grimau (4). Árbitros: Martín Bertrán, Daniel Hierrezuelo y Juan L. Redondo. Eliminado por cinco personales Tucker.