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jueves, 2 de junio de 2011

Jackson certifica el fracaso del Madrid y la proeza de un Bizkaia Bilbao finalista (80-72)

Los jugadores del Bizkaia Bilbao Basket mantean a Katsikaris -EFE.
Confiesa que lo que más le cuesta en una pista de baloncesto es contenerse. Contenerse en los dos sentidos: no le es fácil rebajar su ímpetu ni dejar de correr. Aaron Jackson (Hartford, EE UU, 1986) es un cohete sin motor y un líder sin egos que sonríe a la mínima oportunidad y se mueve con fiabilidad en las situaciones más comprometidas. Tanto como para resolver un partido y, por extensión, una eliminatoria entera después de que Blums y Mumbrú encadenasen dos triples para empatar a 64 a seis minutos largos. Ahí surgió Jackson para continuar haciéndole un traje al Madrid con penetraciones, descaro y puntos, con 8 de los 17 que aportó, la mitad del parcial definitivo de 16-6, con una canasta soberbia a aro pasado de Hervelle, una segunda opción surrealista de Mumbrú o una canasta que se salió para acabar entrando de Banic. Todos los que estaban en pista aportaron su granito de arena para que el Bizkaia Bilbao Basket hiciese historia venciendo a un rival tan opulento como el Madrid por 81-72 y llevarse el cruce de semifinales con 3-1 y llegar a la final superando el factor pista en contra. Jackson certificó el enésimo proyecto fallido del Madrid, que no gana título alguno desde la temporada 2006-2007, cuando logró la ULEB Cup y la ACB ante el Barça, el rival del Bizkaia Bilbao en su primera final de la Liga. El conjunto bilbaíno es el segundo en la historia del torneo en llegar a la final tras acabar en sexta posición. El otro en conseguirlo fue el TDK Manresa, que en 1998 también eliminó en semifinales al Madrid y fue campeón ante el Baskonia.

Una misma frase utilizó Mumbrú para empezar y también para acabar la eliminacoria: "Hay que controlar la euforia". La pronunció después de eliminar al Power Electronics Valencia, en la previa del primer partido ante el Madrid y la repetió después de eliminar al conjunto de Molin. Esa reacción ante lo que ha ido conseguiendo es parte de la clave de un éxito, como reconoció el emocionado director de este ilusionante proyecto, Katsikaris, que destacó que los jugadores experimentados han sabido aconsejar a los más inexpertos. Y se acordó de la dura derrota en semifinales de la Eurocup del curso pasado ante el Alba Berlín en Vitoria: "Teníamos 4.000 aficionados llorando. Tenía eso clavado, tenía que devolver eso". El griego tragó saliva, en una imagen impagable de un equipo humilde grandioso y detallista, como Vasileaidis, que se paseó con la camiseta del Athletic de Toquero, El Lehendakari. Jackson se puso la de Aitor Ocio: el estadounidense ha conseguido lo imposible, llenar el hueco dejado en el club por un emblema como Javi Salgado.

Los desaprovechados

Se equivocaría la dirección deportiva del Madrid se cambiase de nuevo muchas piezas otra vez. No necesita demasiados retoques para mejorar, pero sí que necesita que sean de total confianza del entrenador y sobre todo -siga o no siga Molin, que eso está por ver- que sean utilizados. Es una aberración que Vidal haya jugado únicamente 180 segundos en los playoffs y que Velickovic sumase tres minutos y 27 segundos en la serie contra el Bizkaia Bilbao. Seguro que Obradovic le sacará máximo al serbio si acaba fichándolo para el Panathinaikos. Molin le utilizó menos de medio minuto en el partido decisivo y para dar descanso a Tomic, el más entero de un Madrid que cambió de actitud, pero al que le faltó puntería y seguridad. Los visitantes se despidieron con tres triples muy mal lanzados de Llull, Prigioni y de Tucker, este último muy largo, desproporcionado. Como sla temporada del tirador en Madrid.     

El Madrid mejoró la horrible imagen oferecida en el tercer partido. Se puso las pilas en el rebote y eso, los puntos interiores y algunas acciones de sus exteriores le permitieron competir ante un conjunto local inferior en currículum, pero superior en la pista y más hambriento de hacer cosas grandes. Los visitantes al menos impidieron al principio que el Bizkaia Bilbao pudiese correr, es lo que tiene hacerse con el rebote propio o ajeno, que se tiene más poder sobre el ritmo del partido. Así que Tomic se relamió en un inicio de los que suele protagonizar: impecable, preciso y pragmático para adelantar a su equipo 2-9 con siete puntos a los tres minutos. Los locales encontraron la solución a su primer problema con el catedrático de la noche, Jackson, que anotó y desgastó como quiso a Prigioni para empatar a 13. Reyes (1/6) acumulaba más personales (dos) que puntos (ninguno) y Llull empezaba a carburar. Pero el Madrid pegó el acelerón con Sergio Rodríguez, que proporcionó velocidad y confianza al ataque visitante, doblando balones, pero sobre todo definiendo él mismo. Ha habido que esperar todo un curso para ver al mejor Rodríguez, notable en momentos muy puntuales, irregular casi siempre.

Fischer, válido

A la hora de la verdad, en los momentos más peliagudos del partido, Molin puso a Prigioni y Llull y no utilizó a Rodríguez. Seguramente perdió chispa, pero ganó en defensa. Desaparecido Reyes y mal utilizado Begic, Fischer fue el único pívot válido del Madrid en el Bilbao Arena. El ex jugador del Maccabi (12 puntos y cinco rebotes) estuvo fino, aunque no le acompañasen sus compañeros. Intentaron que completase cuatro veces en alley hoop y Fichser sólo lo logró una, la única ocasión que el balón le llegó en condiciones: de momentos los jugadores no tienen la habilidad de Boomer para alargar su cuerpo. 

Antes de ser espectador de banquillo Rodríguez puso picante al Madrid mordiendo a Fisher. Suárez aparecía a cuentagotas y Reyes tuvo que desaparecer obligado al banquillo por su tercera personal en el ecuador del segundo cuarto. "¿Por qué? ¿Por qué?", le preguntaba, contrariado, al árbitro. Molin apostó por Prigioni y Llull y el Madrid volvió a dar otro impulso, en este caso para ponerse con su mayor renta (32-39 a los 17m 58s). Mumbrú y sobre todo Mavroeidis rescataron antes del descanso e impulsaron a los locales en el inicio del tercer cuarto con un parcial de 16-5. Jackson era el faro del Bizkaia Bilbao y el Madrid se encomendó a Fisher y a Llull para remontar. Incluso Tucker se marcó un triple, su única canasta, y otro tiro de tres de Suárez y una contra de Llull pusieron el 56-62 a 8m 45s. 

Banic y dos triples de Blums y Mumbrú consecutivos (los locales llevaban uno hasta ese momentos) recuperaron al Bizkaia Bilbao, engrandecido por la reacción de una plantilla comprometida y liderado por Jackson. En la grada reza una pancarta: "Aaron Rules". Él y su equipo han impuesto su ley. "Estos jugadores que tengo nunca bajan los brazos", recalcó Katsikaris. "Esto no se acaba aquí. ¿Por qué no? El equipo tiene confianza y vamos a intentarlo", cerró Mumbrú, presente en los dos últimos éxitos del Madrid como jugador y uno de los artífices del enésimo fracaso blanco como rival.  

BIZKAIA BILBAO BASKET 80 (19+19+16+26): Jackson (17), Blums (5), Mumbrú (15), Banic (12) y Mavroeidis (8) -quinteto inicial-; Fisher (4), Warren (6), Vasileiadis (7) y Hervelle (6). MADRID 72 (20+21+14+17): Prigioni (8), Llull (13), Suárez (7), Reyes (6) y Tomic (17) -quinteto inicial-; Sergio Rodríguez (6), Tucker (3), Mirotic, Fischer (12), Begic y Velickovic. Árbitros: Martín Bertrán, Hierrezuelo y Conde. 

martes, 31 de mayo de 2011

Apagado Llull, luminoso el Bizkaia Bilbao Basket de Hervelle (68-51)

Tomic y Hervelle luchan por un rebote - EFE.


Desde que comenzaron los playoffs el Madrid ha sido el equipo de Sergio Llull, el jugador más en forma del grupo y el único capaz de no esconderse nunca suceda cuanto suceda. Hasta ahora el base menorquín había sido el máximo anotador de todos los partidos por el título de su equipo, que durante mucho tiempo parecía reducirse a él. Apagado Llull, cargado pronto de personales y siempre bien defendido por Warren o Blums, el Madrid padileció pese a la mejor versión del otro Sergio, Rodríguez. El conjunto de Molin es ahora mismo un equipo desaprovechado, anárquico y con un único jugador solvente. Todo lo contrario que el Bizkaia Bilbao Basket, centrado ante un sueño inimaginable antes de comenzar la temporada, ni tan siquiera después del sorteo de cruces: jugar la final de la Liga ACB. El conjunto de Fotis Katsikaris está a victoria de esa proeza después de ridiculizar al Madrid por el marcador (68-51), pero sobre todo por compromiso, ilusión y espíritu. Valores que reunió el Bizkaia Bilbao Basket, un equipo con menos nombres, pero engrandecido ante un público agradecido por hacerles soñar. Una grada que volvió a cantarle a Hervelle eso que tan bien suena de ¡MVP! El ala-pívot belga, despreciado en la capital por Messina, es el exponente del conjunto vasco, gobernado por el delicioso Jackson, trabajado por Banic y certero por Blums y Vasileiadis.

En un Bilbao Arena tan entusiasta como su equipo, sólo los locales fuvieron un discurso serio, constante y coral. La realización del partido, siempre pendiente de la voz de la grada, rescató, entre otras, una frase del año pasado de Katsikaris: "Tenemos que sufrir juntos para ser grandes algún día". Ésa es la línea marcada por un club con poco recorrido (nació en 2000), pero que su cuarta temporada en ACB jugó los playoffs ante el Barça. Ahora domina tiene un balance de 1-2 en semifinales a su favor ante un Madrid debilitado desde el primer momento y que alcanzó el descanso con 21 puntos en su haber y sólo ocho canastas en juego.

Surge Sergio Rodríguez

Las personales de Llull habían resaltado la dependencia que tiene el equipo de su líder, por mucho que ya había surgido la figura discontinua de Sergio Rodríguez, el antídoto que encontró Molin para parar a un Jackson que estaba haciendo del partido un espectáculo personal y de su equipo, la combinación perfecta. Hervelle estaba al quite en cualquier rebote (44 de los locales por los 29 visitantes) y Blums y Mumbrú tenían puntería, tanto como para que el Bizkaia Bilbao Basket obtuviese un parcial de 13-0 (19-7 a los 6m 36s). El mencionado Rodríguez rebajó las diferencias con su velocidad y penetraciones, justo lo que apenas pudo hacer su equipo, enredado ante las defensas -la zonal funcionó de maravilla- planteadas por Katsikaris, que perpretó una tela perfecta. Los pívots blancos tiraban lejos y mal (aportaron entre todos 12 puntos) y los exteriores tuvieron un día para olvidar: 2/15 en triples. Blums ya superó solo dicha la marca (4/7) y el Bizkaia Bilbao Basket, que lanzó 17 veces más a canasta, alcanzó un gran 10/25.

La fe de Rodríguez y algunas actuaciones puntuales de Suárez -sigue desconocido desde que Messina se fue-, Tomic y Llull sostuvieron al Madrid a pesar de todo para llegar al último cuarto ocho por debajo, aunque contabilizara 10 rebotes menos. Y ése fue el límite del conjunto blanco, destrozado por la hiperactividad de Jackson, el trabajo incansable de Banic bajo los aros y los triples. Los locales rondaron la veintena de puntos de renta, hasta alcanzarla en el último minuto por medio de Warren. Poco antes Rodríguez había tenido que irse al banquillo tras cometer la cuarta personal y recibió una antideportida (compartida) con Banic, al que se encaró. El concurso del canario resultó insuficiente -en un equipo poco aprovechado, Begic sólo saltó a la pista cuando a Fischer se le salió una lentilla- ante un Bizkaia Bilbao Basket fantástico. "Hemos luchado como un equipo, hacemos trabajo en equipo", valoró Banic: "Somos un club que sueña mucho y seguiremos luchando por ese sueño".   
BIZKAIA BILBAO BASKET 68 (22+11+15+20): Jackson (8), Blums (12), Mumbrú (8), Banic (13) y Mavroeidis (5) -quinteto inicial-, Fisher (3), Warren (2), Vasileiadis (8), Hervelle (9) y Vázquez. MADRID 51 (13+8+19+11): Prigioni, Llull (7), Suárez (5), Reyes (3) y Tomic (6) -quinteto inicial-, Sergio Rodríguez (18), Tucker (2), Mirotic (4), Fisher (3) y Begic (3). Árbitros: Amorós, Pérez Pérez y Jiménez. Descalificado por personales Sergio Rodríguez (min. 40).

domingo, 29 de mayo de 2011

Vasileiadis frustra la remontada de un Madrid ridículo hasta el descanso (66-71)

Hervelle y Reyes luchan por un rebote -EFE.
Le gustan los peinados peculiares y le atraen los momentos calientes del partido. Vasileiadis no se esconde nunca. Le excita la responsabilidad y le sobra confianza en sí mismo, tanta como para meter seis tiros libres sin fallo en el último minuto con la Caja Mágica pitándole sin descanso. El tirador griego fue el último protagonista de una victoria colectiva del Bizkaia Bilbao Basket ante el Madrid (66-71) a domicilio que supone que la serie de semifinales se traslade a Euskadi con empate a uno y el conjunto de Katsikaris pase a tener el factor cancha a favor. Los blancos estuvieron nefastos durante gran parte del partido ante un rival que supo sobreponerse a un tercer cuarto en el que tardaron casi seis minutos en anotar la primera canasta. Fue, claro, de Vasileiadis.

Difícilmente puede jugar peor el Madrid que como lo hizo en la primera parte, cuando permitió a su rival jugar como más le conviene y no tuvo ni actitud ni cierta dignidad. Sin rebote, sin sangre ni competitividad los locales fueron un triste juguete ante un Bizkaia Bilbao Basket jovial, generoso en defensa (9 recuperaciones por 10 pérdidas) y muy rápido en ataque. Los visitantes repetían una y otra vez penetraciones sencillas, canastas en segunda opción. El faro era el director, Jackson, espléndido entonces y los actores de reparto eran Banic, Vasileiadis y Hervelle. La diferencia de puntería y de criterio (del bueno) era tan grande que al descanso se llegó con 25-44 y con un Madrid deprimido desde el 8-8 inicial y con Llull negado.

Mumbrú y Hervelle

Con la misma facilidad que se había diluido reaccionó el Madrid nada más volver de los vestuarios. Apareció fogoso y desatado para desmoralizar a un Bizkaia Bilbao Basket que llegó a encajar un parcial de 18-2 en el tercer cuarto (43-46 a los 27m 27s). Mumbrú y Hervelle, dos ex madridistas, salieron al rescate de los visitantes, que aguantaron como pudieron la réplica de los locales, más agresivos en defensa y más pragmáticos en ataque con Suárez y Tucker como principales reclamos.

Estaba a punto de remontar el Madrid y sorprendía que Llull -el único junto a Tomic en meter más de dos canastas en la primera parte- no hubiese aportado punto alguno en dicha reacción. Pero en cuanto apareció el base resultó un torbellino, como suele pasar. Llull se marcó un dos más uno y un par de entradas en medio minuto, y dos tiros libres de Tomic pusieron al Madrid por delante (59-58 a 5m 06s).

Parecía que iba a ser la enésima remontada del conjunto de Molin, que contaba con Llull desatado. No fue así. "Hemos sido más fríos en el tramo final", describía,con cierto, Mumbrú, clave como Vasileiadis para que su equipo se volviese a poner por delante y ya no volviese a ceder, en una baile continuo de tiros libres. Llull pudo forzar la prórroga, pero falló un triple, Más certero estuvo al final Vasileiadis para empatar a serie. Para quien no haya visto el partido será una sorpresa. Para el espectador, un premio merecido.

MADRID 66 (14+11+20+21): Prigioni (6), Llull (20), Carlos Suárez (7), Reyes (5) y Tomic (10) -quinteto inicial-, Fischer ( 4), Tucker (6), Sergio Rodríguez (1), Mirotic (5) y Begic (2). BIZKAIA BILBAO BASKET 71 (19+25+6+21): Jackson (13), Blums (3), Mumbrú (13), Mavroeidis (6), Hervelle (8) -quinteto inicial-, Banic (10), Vasileiadis (11), Vázquez (0), Warren (2) y Fisher (5).Árbitros: Martín Bertrán, Perea y Cortés.

sábado, 28 de mayo de 2011

Llull vuelve a exhibirse para adelantar al Madrid ante el Bizkaia Bilbao Basket (78-67)

Llull intenta avanzar ante Blums -EFE.

No es muy dado a dar titulares ni a extender demasiado con los medios de comunicación. Ante un micrófono suele ser concreto y mirar al horizonte más que a quien pregunta. Sergio Llull no se siente cómodo rodeado de cámaras ni hablando de sí mismo, aunque nunca tiene un discurso artificial, sino crítico y ambicioso. "Después de la lesión me ha costado recuperarme", reconoció Llull en  Teledeporte, "y ahora estoy al 100%". Lo demostró en cuartos de final ante el Baloncesto Fuenlabrada y lo corroboró con 20 puntos en el primer partido de semifinales ante un combativo Bizkaia Bilbao Basket (78-67). Los visitantes se pusieron a dos puntos a seis minutos del final, pero entre Llull, que le sacó una antideportiva a Vasileiadis, y Tucker y Tomic resolvieron el partido.

Mumbrú, Mavroeidis y Banic supieron hacer reaccionar al conjunto de Fotios Katsikaris, negado en laprimera parte (27 puntos) por la baja aportación de Jackson, uno de los bases más eléctricos de la competición. Un triple de Llull sobre la bocina y otro de Tucker pusieron al Madrid con su mayor ventaja (55-43 a los 27m 52s), pero Vasileiadis y sobre todo Banic se resistieron, tanto como para ponerse 63-61 a 5m 40s del final. La réplica de Tomic, Tucker y Llull resultó inmediata y el Bizkaia Bilbao Basket tuvo que hacerse a la idea que ya no podría opositar por el partido, aunque no bajase los brazos en ningún momento. Los vascos no figura en las quinielas de semifinalistas, pero han llegado al penúltimo paso antes de la final después de ganar los dos partidos ante el equipo el que mejor progresión había experimentado desde que el fichaje de Pesic y la destitución de Hussein. "Nos han puesto las cosas difíciles", reconoció Llull.

MADRID 78 (18+19+19+22): Prigioni (4), Llull (20), Carlos Suárez (8), Reyes (5) y Tomic (15) -quinteto inicial-, Fischer (4), Tucker (11), Sergio Rodríguez (6), Mirotic (5) y Velickovic. BIZKAIA BILBAO BASKET 67 (15+14+19+19): Jackson (6), Warren (2), Mumbrú (9), Mavroeidis (10) Y Banic (18) -quinteto inicial-, Hervelle (2), Vasileiadis (16), Blums (2) y Fisher (2). Árbitros: Pérez Pizarro, Conde y Guirao.

domingo, 22 de mayo de 2011

Llull hace semifinalista al Madrid tras vencer al Fuenlabrada (55-68)

Llull, con 16 puntos, volvió a ser el mejor del Madrid -EFE.

Es un superviviente en un equipo que constantemente de cromos, pero ante todo Sergio Llull (Maó, 1987) es un jugador fundamental, el principal responsable de que el Madrid sea semifinalista de la Liga ACB tras volver a superar al Baloncesto Fuenlabrada (55-68). Llull acabó la Liga regular con 12 puntos de media y 42% de efectividad en tiros de dos y en triples. Una producción que ha mejorado consideramente en la serie de cuartos, donde aportó 21 puntos en el primer partido y 16 en el segundo con unos porcentajes de % en tiros de dos y % en triples. Aunque más allá de números, que también, el base menorquín encontró siempre respuestas en los momentos de duda de su equipo, que se enfrentará en el próximo cruce al sorprendente Bizkaia Bilbao Basket, vencedor de nuevo ante el Power Electronics Valencia por 79-75 con 16 puntos de Blums y 15 de Vasileiadis. La otra serie de semifinales estará protagonizada entre el Barça y el Caja Laboral, que venció a domicilio al Gran Canaria 2014 (76-93) con 21 tantos de Oleson. Todas las eliminatorias, por tanto, se han decidido 2-0.   

La mayor pesadilla de una temporada de ensueño para el Fuenlabrada ha sido Llull, que con una canasta en el último segundo privó al Fuenlabrada de una victoria en la Caja Mágica en la última jornada de la primera vuelta que les hubiese reportado una plaza para jugar la Copa del Rey. Meses después y en cuartos de final de la Liga, el mismo jugador de nuevo quien machacó al conjunto de Salva Maldonado. Llull resultó el más activo en un parcial demoledor de 0-17 con el que el Madrid replicó el 16-8 inicial, instantes en los que careció de ambición, acierto y rebote. Tan mal empezaron los visitantes como bien Valters, que ha olvidado su paso discreto por Badalona y en su segunda época en Fuenlabrada está jugando a gran nivel. El base simbolizó el pobre inicio del Madrid: primero para coger la bola para hacer un coast to coast y acabar penetrando sin encontrar ninguna oposición y en la siguiente acción anotó un triple para catapultar a los locales.

Obsesión por los triples

El Fuenlabrada estuvo casi nueve minutos sin anotar: Barton cortó la racha con dos tiros libres, y Ayón aportó la primera canasta en juego tras casi diez. Un tiempo donde Llull se había sentido como pez en el agua: era el agitador de un equipo fortalecido por el trabajo impagable de Reyes y la aportación de los exteriores: Tucker, Prigioni y Suárez, que anotó sus primeros puntos en la eliminatoria. Una serie que pudo resolverse ya en la primera parte, cuando el Fuenlabrada llegó a lanzar hasta 19 triples, de los que sólo anotó cuatro, tres en su comienzo inmaculado (6/30, 20% al final). La ausencia de Ayón por personales convenció a Salva Maldonado de que el tiro lejano era la mejor opción.

Pudo resolver el Madrid, pero su rival fue capaz de empatar a 40 en el ecuador del tercer cuarto. El Fuenlabrada regresó tras los vestuarios convencido de remontar y con Valters y Ayón (12 puntos y  imparables. Ambos protagonizaron un par de contraataques que indignaron a Emanuele Molin, que pidió tiempo muerto. Tras las advertencias del entrenador blanco y los últimos cinco puntos de Llull se acabó el partido y, por extensión, la serie. Ayón y Valters se quedaron demasiado solos para contrarrestar el repertorio de Reyes y sobre todo de Fischer.

La retirada de Salva Guardia

Maldonado tuvo el gran detalle de volver a sacar a Salva Guardia, que entró por Ayón y retornó al banquillo, previo abrazo con el entrenador y sus compeñros, sustituyendo a Laso. Fueron los últimos segundos en la ACB de un pívot histórico en la competición, un símbolo del Fuenlabrada que el miércoles celebró su 37º aniversario. El jugador, emocionado, aplaudió a un público que enseñaba con orgullo su número, el 19, en una cartulina. Aunque la cifra que había resuelto la serie, eso sí, era otra, el 23 de Llull. 

BALONCESTO FUENLABRADA 55 (16+10+18+11): Valters (12), Kus (12), Muñoz (3), Barton(10) y Ayón (12) -quinteto inicial-, Colom, Laviña (4), Cortaberría (2), Mainoldi, Guardia y Laso. MADRID 68 (18+18+19+13): Prigioni (8), Llull (16), Tucker (13), Reyes (10) y Tomic (4) -quinteto inicial-, Sergio Rodríguez (5), Suárez (4), Mirotic, Fischer (8)  y Velickovic. Árbitros: Arteaga, Perea y Sánchez Mon.

domingo, 8 de mayo de 2011

Llull se queda solo en un Madrid que se despide de la Euroliga con derrota ante el Montepaschi (62-80)


Supone un partido artificial y tristón con un premio más simbólico que prestigioso. Luchar por el tercer puesto de la Euroliga, como de cualquier competición en la que no se repartan medallas, tiene un tono nostálgico y se juega a otro ritmo. Es una cita ideal para dar más minutos a los que tuvieron menos protagonismo en semifinales y para que los que no estuvieron a la altura de las circunstancias se puedan redimir. Resultó el caso de Sergio Llull (Mahón, 1987), errático ante el Maccabi Tel Aviv el viernes y un torpedo ante el Montepaschi de Siena con 23 puntos, más de un tercio de la pobre producción del Madrid (60-82). 

El descaro de Llull, el jugador más explosivo del grupo, fue la mejor noticia para un Madrid que volvió a perder cualquier opción de victoria en el tramo final. El conjunto blanco fue  destrozado ante el arreón de Kristof Lavrinovic, máximo anotador del Montepaschi con 17 puntos. A 7m 11s Tomic puso el 53-61 y un triple de Carreretto marcó el inicio del fin para el conjunto de Lele Molin, que hizo jugar a Velickovic, autor de siete puntos, sólo uno menos que el propio Tomic y Reyes partipando menos de la mitad que ambos. Mala señal para el equipo y un acto reivindicativo para el alero serbio, inédito en semifinales. Vidal fue quien más aplaudió las canastas de Velickovic: el catalán fue el único que no participó en una Final Four en la que "hemos pecado de falta de experiencia". Un apunte sincero de Llull, el principal responsable de que el equipo se sobrepusiese a un inicio complicado de 2-12 y llegase al descanso cediendo por 32-36 y con los únicos puntos y minutos de Begic. 

Un jugador, un equipo

El Montepaschi empezó jugando para sus pívots y sus exteriores preferían lanzar cerca del aro. Hairston e incluso McCalebb, mermado tras recuperarse de una lesión, parecían balas de fogeo ante un Madrid que aguantaba el tipo con su juego interior y, claro, con Llull como líder. El menorquín, respondón ante Moss, persistió tras el descanso y metió 11 de los 13 puntos de su equipo en el tercer cuarto. 

Llull era su equipo y en cuanto su rendimiento bajó el Madrid no encontró más argumentos para imaginarse si quiera una remontada con sabor amargo, pues Sergio Rodríguez, Tucker o Fischer parecían tener sangre de horchata. Así que el banquillo del rival, jugadores de calidad como Zisis, Ress o otro ex, Kaukenas, aumentaron la diferencia. El Madrid se despidió triste de una Four Four que hacía 15 años que no jugaba. Con paciencia y buenos retoques puede ser un equipo habitual en esta cita en los próximos años.   

REAL MADRID 62 (11+21+13+17): Tomic (8), Prigioni (1), Reyes (8), Suárez (1) y Llull (23) -quinteto inicial-, Mirotic (6), Rodríguez, Fischer (4), Begic (4), Velickovic (7) y Tucker. MONTEPASCHI SIENA 80 (19+17+21+23): Hairston (4), Rakovic (8), Lavrinovic (17), Jaric (2) y Moss (11) -quinteto inicial-, McCalebb (10), Zisis (9), Carraretto (5), Kaukenas (8), Ress (4), Michelori (2) y Aradori. Árbitros: Christos Christodoulou (GRE), Matej Boltauser (SLO) y Eddie Viator (FRA). Felipe Reyes fue eliminado por cinco faltas en el minuto 35 y Rimantas Kaukenas en el 39.  

viernes, 6 de mayo de 2011

Eidson desmonta y priva de la final a un Madrid limitado (82-63)

Eidson protege el balón ante Prigioni -EFE.
Manteniendo la base y con algunos retoques el Madrid tiene un grupo joven para competir por todo en los próximos años, pero ahora su presencia en la Final Four de la Euroliga de Barcelona era toda una extravagancia, pues por el camino se habían quedado plantillas superiores, como la del Olympiakos o la del propio organizador, el Barça. Ante el Maccabi de Tel Aviv se vio un conjunto blanco con dientes de leche, muy blandito cuando su quinteto inicial no estuvo en pista y con un banquillo minúsculo que aportó únicamente cinco puntos. Los suplentes del rival contabilizaron 19, la cifra de tantos perpretrada por el agitador de la noche, Eidson, el máximo responsable de la contundente derrota por 82-63 del Madrid, descompuesto en una segunda parte muy desigual.

Al Madrid, el club más condecorado del torneo, le falta recorrido. Sólo dos jugadores habían jugado la fase final de la copa más golosa del continente y hasta tres, Velickovic, Begic y Vidal no intervinieron ni un minuto en el partido. Circunstancia a la que hubo que añadir que a Sergio Rodríguez y a Mirotic el aro se les hiciese más pequeño y saliesen a la pista acongojados, agobiados por la repercusión de una cita mayúscula. Tampoco rindieron ni Llull ni Suárez, dos de las piezas fundamentales del que fue el segundo proyecto de Messina en la capital. El entrenador italiano se marchó hace dos meses sin explicar los motivos y presenció en la grada del Palau Sant Jordi cómo se descomponía el equipo, dirigido por un eterno técnico ayudante como Lele Molin y debutante en una gran cita, se tambaleaba tras el descanso.

Reyes y Tomic

Antes, el Madrid, de negro y de visitante, perdedor en número de aficionados, había sabido mantenerse en el partido gracias a Reyes, omnipresente, y a Tomic, un pívot con poco músculo y muchos recursos, tantos como para hacerse un hueco ante una mole como Schortsanitis, la eterna promesa del baloncesto europeo que está cuajando su mejor temporada. Baby Shaq hacía daño en la zona y Pargo y Prigioni, cargado muy pronto de personales y que encadenó dos triples en el primer momento incómodo para su equipo, se discutían el mando. Sin hacer mucho ruido tanto Eidson como Hendrix avisaban de lo que vendría después (30-31, minuto 20).

Poco a poco el conjunto de Molin se fue marchitando, aunque festejase tres triples en un plis-plas, llegasen por fin los primeros puntos de Suárez y Llull comenzase a carburar. El partido estaba a punto de desequilibrarse bruscamente por la inexperiencia de los blancos y la pericia de un treintañero como Eidson, que se marcó seis puntos en el último tramo del final del tercer cuarto. Los últimos tres del estadounidense marcaron el devenir del encuentro y confirmaron la candidez del Madrid: Fischer, tan nulo como Tucker, sacó de fondo para Sergio Rodríguez sin fijarse y Eidson cogió el rebote y forzó la personal. El poco acierto del Maccabi Tel Aviv con los tiros libres había impedido que la distancia no superase los dos dígitos (55-47 a los 29m 50s).

Ahí se acabó el Madrid, desmontado por un Eidson que sólo falló dos canastas y acabó con 33 de valoración, mareado por Pargo y machacado por Baby Shaq. Los blancos, el único equipo ACB de los cuatro que alcanzaron los cuartos de final, comenzarían el último período con un parcial definitivo de 16-4. "En defensa hemos estados débiles", resumió con acierto el capitán Felipe Reyes, que tenía la ilusión de ganar el único gran título que le falta además del oro en unos Juegos Olímpicos. En las horas previas había dicho que era más difícil llegar a la Final Four que ganarla. Lo primero ya era una proeza para este equipo lleno de jóvenes con talento que necesitan experiencias similares para curtirse y que les salgan los dientes. Mientras, Maccabi y Panathinaikos, vencedor por 77-69 ante el Panathinaikos de Obradovic se disputarán la Euroliga.

MACCABI TEL AVIV 82 (14+18+23+27): Pargo (13), Eliyahu (1), Pnini (14), Eidson (19) y Schortsanitis (16) -quinteto inicial-, Hendrix (6), Sharp (3), Blu (10), Burstein y Macvan. REAL MADRID 63 (12+17+18+16): Tomic (17), Prigioni (9), Reyes (15), Suárez (8) y Llull (9) -quinteto inicial-, Mirotic, Rodríguez, Fischer (2) y Tucker (3). Árbitros: Luigi Lamonica (ITA), Christos Christodoulou (GRE) y Zoran Sutulovic (MNE). Sin eliminados.

sábado, 16 de abril de 2011

Un CAI Zaragoza coral frena al Madrid (86-84)

Hettsheimeir defiende a Reyes -EFE.
Nunca es fácil para un jugador volver a la pista después de estar un tiempo importante  de baja por lesión. Un mes sin jugar llevaba Sergio Rodríguez (Santa Cruz de Tenerife, 1986).  El canario se había lesionado en la última derrota de su equipo ante Unicaja en Málaga y reapareció en una pista difícil como el Príncipe Felipe y el día en que los otros dos bases del equipo, Llull y Prigioni, estaban de baja. Rodríguez tuvo que jugar más de 33 minutos y Molin tuvo que recurrir incluso al júnior Jorge Sanz, que debutó en la Liga ACB con derrota ante un CAI Zaragoza coral (86-84) liderado por Quinteros, Miso y Chubb. Los dos primeros anotaron 15 puntos cada uno y el tercero, 14. El Madrid, que comparte la primera plaza con el Barça, podría quedarse a un triunfo de los azulgrana si éstos vencen en el Palau al Blancos de Rueda Valladolid este domingo.

Casualidades o no, sin Sergio Rodríguez el Madrid no había vuelto a perder e incluso había saldado dos cuentas pendientes históricas: la clasificación para la Final Four de la Euroliga 15 años después y ganar al Barça. El propio Rodríguez fue quien se jugó la canasta que hubiese forzado la prórroga en Zaragoza, pero falló. El base había sido el principal responsable, junto con Carlos Suárez (4/5 en triples) de la reacción final de su equipo, que pasó de ceder 81-72 a 1m 43s a acercarse 85-84 con un tiro de tres de Tucker. En ese tiempo los visitantes metieron cuatro triples (dos de Rodríguez) y pusieron en dificultades al CAI Zaragoza. Quinteros, el emblema del club, le decía a su técnico, José Luis Abós, que no quería sacar él de banda, que prefería recibir la personal y tirar los tiros libres. El entrenador ignoró su sugerencia, impuso su orden y Cabezas fue quien recibió la falta: anotó el segundo tiro libre. Rodríguez fallaría la última acción y los locales se permiten soñar con una plaza de playoff justo un año después de su ascenso al torneo.

"Ganar a un grande en casa"

"Hemos logrado lo que nos hacía falta: ganar a un grande en casa", resolvió Quinteros, pura trituradora en el primer cuarto junto a Pablo Aguilar, por primera vez en mucho tiempo certero y desatado ante el equipo que tiene cedido, el Madrid. El conjunto de Molin respondía con los puntos de Tucker y de sus pívots, especialmente de Reyes, con más presencia y mayor fiabilidad en las últimas semanas. El problema para los visitantes era su fragilidad defensiva, pues el CAI Zaragoza hacía daño continuamente con entradas sencillas, aprovechadas por Quinteros, Aguilar o Barlow. El desajuste era tan grande que el CAI Zaragoza se fue al descanso habiendo anotado 15 de sus 19 intentos de tiros de dos y con una ventaja de 51-42.

La diferencia de los locales había llegado a ser de 12 puntos. Suárez la había rebajado con un triple, sus únicos tres puntos de la primera parte. Pero en la segunda el alero de Aranjuez se transformó y volvió de los vestuarios con la muñeca fina, y con mucha facilidad, y a pesar de las dificultades de tener a sus defensores punteándole, anotó dos triples casi seguidos y una canasta a aro pasado. Tomic, tras un rebote ofensivo, culminaría la remontada del Madrid (57-58), muy mejorado en defensa y que consiguió parar a Quinteros, pero no a Chubb ni a Miso, un jugador eléctrico al que siempre le ha faltado más continuidad para dar un salto de calidad definitivo. Entre esos dos jugadores y un par de tiros libres del propio Quinteros -le quitó la pelota a Tomic y éste le soltó un manotazo; el argentino anotó los dos tiros libres pertinentes- el CAI se distanció 81-72. La última reacción del Madrid no fue suficiente y un CAI Zaragoza con un discurso muy plural venció a un Madrid superado por las circunstancias. Las del rival y las propias.   

CAI ZARAGOZA 86 (25+26+13+22): Hettsheimeir (9), Quinteros (15), Cabezas (7), Barlow (9) Y Aguilar (11) -quinteto inicial-, Van Rossom (3), Chubb (14), Miso (15) y Toppert (3). MADRID 84 (28+14+25+17): Tomic (13), Suárez (17), Reyes (14), Sergio Rodríguez (8), Tucker (11) -cinco inicial- Sanz (-), Mirotic (10), Velickovic (3), Begic (4), Vidal y Fischer (4). Árbitros: Hierrezuelo, Pérez Pérez y Soto. No hubo excluidos por personales.  

sábado, 9 de abril de 2011

El Madrid encuentra la receta para vencer a un Barça bloqueado (77-72)

Suárez festeja una jugada - ACB Photo - Ángel Martínez.

Eufórico después de su trabajada clasificación para la Final Four de la Euroliga, el Madrid completó una semana fantástica venciendo al Barça, el rival que más le ha frustrado en los últimos tiempos y al que no ganaba en competición ACB desde hacía 1.079 días. El Barça aterrizó en Madrid con un balance global acumulado de victorias de 14-2 y se fue perdiendo por 77-72 en la prórroga su cuarto partido consecutivo. Lastrados por las bajas y por el bajo rendimiento de Ricky Rubio (0/5, -4), los azulgrana están pasando su peor bache en mucho tiempo y ahora comparten el liderato de la Liga ACB con el conjunto de Molin.  

Llegados a este tramo de la temporada, con Navarro de baja temporal y sin Mickeal hasta el año que viene si todo va bien, el Barça se ha bloqueado, ilusionado como estaba en jugar su final de Euroliga en el Sant Jordi, frustada en una serie mal jugada. Al grupo le despistan las cuestiones extradeportivas, como el criterio arbitral ante el Panathinaikos, o se queda blanco e indefenso por momentos, caso de Morris durante todo el partido y especialmente en el último cuarto, cuando cometió tres personales en poco más de medio minuto a Reyes y a Tomic. Los azulgrana echan en falta un director que dirija, pues Sada juega menos y Ricky continúa anclado en los peores números de su carrera: tira con miedo y, como reconocía en una entrevista de Luis Mendiola en El Periódico de Catalunya, "empiezas a dudar, a esconderte un poco". A pesar de todo, los azulgrana tuvieron la última posesión para ganar el partido sin llegar a la prórroga, pero el tiro de Vázquez se quedó corto. En los cinco minutos de más a los azulgrana les penalizó que a Ingles, capital para que su equipo remontase, se le escapase una pelota ante Tomic cuando pretendía penetrar ante Tomic, tan escurridizo y decisivo en el epílogo como Prigioni y Suárez.  

La pareja Suárez-Llull

La sensación es que el Madrid ha reducido su distancia con respecto al Barça desde la final de la Copa del Rey, disputada hace casi dos meses y ganada con menos facilidades de las habituales por los azulgrana, privados como ahora de Mickeal, entonces por decisión técnica, por no llegar muy justo a la cita después de superar una lesión. El conjunto blanco se ha quitado los complejos contra un rival que casi siempre le sacaba los colores y puso de vuelta y media al quinteto inicial de Xavi Pascual, una formación más anotadora que defensiva. Un juguete divertido para Suárez y Llull, dos jugadores que congenian de maravilla en la pista. Suárez hacía cuanto quería ante Anderson, al que le sacó una personal y una antideportiva de impotencia. Total, que el Madrid se puso 15-6 cuando no se llevaban ni tres minutos jugados. Pascual no perdió el tiempo calculando cuántos puntos iba a encajar su equipo con esa progresión e hizo un triple cambio, primando la defensa y la velocidad por encima de los centímetros.

Así, desde la defensa, los rebotes de Vázquez y los contraataques de Lakovic y sobre todo de Grimau, omnipresente, los visitantes consiguieron empatar a 17 antes de acabarse el primer cuarto. Los azulgrana jugaban por fin como más les convenía, pero de nuevo empezaron a ver el aro minúsculo, obligados a probar suerte desde lejos por la agobiante defensa del Madrid, bloqueado también en ataque. El parcial del segundo cuarto (12-10) resultó horrible, aunque no tanto como el registrado en ese período en el Blancos de Rueda Valladolid- CB Granada (0-13). La mejor defensa (o el peor ataque, según se mire) desde que en 2000 se instaurasen los cuatro cuartos.

Igualdad

El Madrid se escapó de diez puntos (29-19) y Lakovic redujo la distancia a la mitad en un instante, pero de nuevo Llull, desatado, volvió a tranquilizar a los locales, que se fueron a los vestuarios con 34-29 a favor y vieron como en el inicio de la segunda parte se igualaban las cosas con un duelo personalizado entre Tomic y Perovic. Y una mala noticia para el encuentro: la retirada de Llull por un pinchazo en el isquiotibial de la pierna derecha. El jugador había sido duda hasta el último momento porque había acabado tocado el partido de Euroliga ante el Power Electronics Valencia.

Suárez y Reyes cogieron la responsabilidad del Madrid para distanciar al conjunto de Molin (50-41 a los 19m 15s), pero cuando peor pintaban las cosas surgió un brillante Ingles con 12 puntos en nueve minutos y Anderson, muy precipitado hasta entonces, incluso metió la canasta que ponía por delante a los visitantes (62-64) a 16'8 segundos. El Madrid empató con una canasta solo de Tomic. A Vázquez se le quedó corto el tiro para impedir la prórroga y a su equipo le sobró el tramo final del tiempo extra, repleta de tiros libres y con sólo dos canastas en juego.  

REAL MADRID 77 (22+12+16+14+13): Prigioni (8), Llull (12), Suárez (19), Reyes (8) y Tomic (17) –quinteto inicial–, Velickovic (3), Begic, Tucker (4), Fischer (1), Mirotic (5) y Vidal. BARÇA 72 (19+10+14+21+8): Rubio, Anderson (12), Ingles (14), Lorbek (11) y Perovic (6) –quinteto inicial–, Morris (2), Grimau (12), Sada (5), Vázquez (4) y Lakovic (7). Árbitros: Pérez Pizarro, García González y Martínez Díez.

sábado, 26 de marzo de 2011

Llull revoluciona al Madrid en un triunfo polémico ante el Gran Canaria (74-73)

Llull, autor de 19 puntos, supera a Green -EFE.
Los tiempos muertos son lo más parecido a los tráilers de películas o a los anuncios sobre el próximo capítulo de una serie, pues los entrenadores, gracias al oportuno micrófono de las televisiones, anticipan con palabras a los espectadores lo que pretenden que suceda después. “Tenemos que buscar a Llull”, ordenó Molin a sus jugadores. Disciplinado, el Madrid buscó y encontró a Sergio Llull (Maó, 1987) para jugarse los siguientes tres ataques. El base revolucionó a su equipo, que llegó a ceder por 12 puntos, y acabó venciendo por 74-73 ante un Gran Canaria 2014 descarado y muy enfadado, pues entendió (entendimos) que cuando, a 1’4 segundos del final, Nelson se fue directo a la canasta recibió un manotazo de Reyes, por eso se le escapó la pelota. “Me ha dado aquí, en el brazo izquierdo, aquí, aquí”, se quejaba, con gestos, señalándose el brazo, el pívot estadounidense, mientras los colegiados le decían que no, que no había infracción alguna. “Si tres árbitros no han visto la última falta, falta gente….”, denunció Pedro Martínez, el entrenador visitante, “es falta clarísima”. Molin no se quiso mojar y concedió que era una acción que podía pitarse o no. Beirán cometió falta sobre Suárez, que falló sin querer el primer tiro libre y erró a propósito el segundo. Reyes, básico, se hizo con el rebote.

Descentrado por su último desengaño en la Euroliga, al Madrid le costó una barbaridad conectarse a un encuentro que el Gran Canaria 2014 manejó como quiso hasta el mencionado tiempo muerto –uno de los pactados por la televisión en cada retransmisión–. Hasta de ese momento los visitantes, muy equilibrados, tan serios en defensa como prácticos en ataque, hacían daño por todos los sitios: primero surgió Moran, después le secundaron Bramos y Green. Un representante por línea para sacar los colores a un Madrid reducido a sus pívots y fallón desde la línea personal, descentrado en general y que cedió 11 puntos. La réplica fueron dos triples seguidos de Prigioni y más puntos de Reyes, contrarrestados por otro tiro de tres de Beirán y el acelerón en el tramo final antes del descanso de Carroll, el máximo anotador de la Liga ACB y que llevaba 24 puntos de media en los últimos encuentros. Boom Boom Carroll tiene libertad de maniobra en un grupo del que es su máximo referente: sólo hay que repasar la victoria de la jornada pasada ante el Bizkaia Bilbao Básket con dos prórrogas.

Máxima ventaja

A Carroll le salió un competidor que también había pasado inadvertido hasta entonces, Llull, que le sacó una personal para completar un dos más uno, sus primeros puntos en el partido. Antes de llegar al descanso el base anotó otra canasta más y Carroll dos, para alcanzar los 11 puntos. El tirador del Gran Canaria 2014 se marcó un triple poco después de empezarse la segunda parte y que significó la mejor ventaja de los visitantes (37-49) y requirió de otra actuación estelar de Llull, que en un momento metió 10 puntos y rebajó sustancialmente la diferencia (51-55 a los 29m 43s).

El conjunto de Pedro Martínez perdió frescura y empezó a flojear ante un Madrid que por fin carburaba con Reyes, que festejó superar la barrera de los 6.500 puntos en ACB, y con Tucker anotando y secando a Carroll. Neutralizada la estrella, inquieto el Gran Canaria 2014, que anotó una canasta en casi seis minutos, antes de que el propio Carroll volviera a ejercer de líder. De nuevo su adversario fue Llull: resultó un duelo exquisito, ganado por Carroll en los puntos (20 por 19), pero con más repercusión de los de Llull, que anotó la canasta ganadora a 16’2 segundos, después de que Suárez, renacido en el epílogo, hubiese hecho el último esfuerzo. Pedro Martínez pidió tiempo muerto y Llull, con su equipo sin bonus, paró con falta a Green. Y Reyes a Nelson, una jugada clarísima que los árbitros no concedieron. Así que el Madrid pudo respirar aliviado gracias a la revolución protagonizada por Llull y anunciada por Molin, que reconoció los defectos de su equipos y proclamó que “saber sufrir es una cualidad”. El Power Electronics aceptaría gustoso esa falta de tensión en la Euroliga. 

MADRID 74 (14+21+17+22): Llull (19), Tucker (7), Suárez (8), Tomic (9) y Reyes (15) –quinteto inicial–, Begic (6), Velickovic, Prigioni (6), Mirotic (2), Vidal (0) y Fischer (2). GRAN CANARIA 2014 73 (20+24+13+16): Green (9), Carroll (20), Beirán (3), Wallace (12) y Rey (5) –quinteto inicial–, Bellas (4), Moran (8), Bramos (6), Borovnjak (3) y Nelson (3). Árbitros: García Ortiz, Guirao y Sacristán. Eliminado Wallace, min. 40.

sábado, 5 de marzo de 2011

El Madrid olvida a Messina ganando al DKV Joventut en el estreno de Molin (78-60)

Molin, en el centro, en un tiempo muerto -ACB Photo / Ángel Martínez.
En una jornada de disfraces Ettore Messina se camufló en un discurso altruista para valorar por qué decidió dimitir como entrenador del Madrid, algo que según él llevaba varios días pensando. La amplia derrota del equipo en casa ante el Montepaschi Siena resultó, por tanto, un motivo más de un cúmulo de circunstancias que Messina resumió en un propósito: “intentar ayudar a conseguir una unión dentro y fuera de la pista”. No añadió la palabra paciencia, que es lo que le falta últimamente a un club que se toma cada temporada con la necesidad de empezar de cero y acumular muchos fichajes y reconoció que al equipo de falta madurez porque es joven. Messina no se ha ido del todo del Madrid, pues su sustituto ha trabajado con él desde 2000 y era el segundo técnico. Emanuelle, ‘Lele’ Molin (Mestre, Italia, 1960) dijo en su primera rueda de prensa como técnico blanco que ve el baloncesto como Ettore. En su precipitado estreno Molin celebró con un triunfo ante el DKV Joventut por 78-60 con un parcial final de 15-3 y dos datos de peso: 8/19 en triples y 48 rebotes por los 34 de su rival.

Afectados por la forma en la que perdieron en Euroliga y por la marcha repentina de Messina, los jugadores del Madrid saltaron a la Caja Mágica atenazados, “muy tensos”, describió Llull en Teledeporte. Una situación que hizo crecer a los visitantes, más enteros y certeros en el inicio con un McDonald omnipresente, el mejor en el parcial inicial de 2-11, solucionado por Tomic que no dejó de anotar hasta empatar 20, ya en el segundo cuarto. El problema para los locales es que el DKV Joventut continuaba encontrando recursos en el propio McDonald o Robinson. Tuvo que ser precisamente un ex verdinegro, Tucker, quien  le diese la primera ventaja al conjunto de Molin, que se marchó al descanso 33-31 con varias acciones de mérito de alguien bastante ignorado por Messina.

La puntería de Llull, Suárez y Tucker desde más allá de 6’75 metros, cuatro triples en el tercer cuarto distanciaron al Madrid (54-41), con lo que el partido quedó resuelto. Pero no para Jelinek, realidad y futuro para el DKV Joventut: le sobra irregularidad y no le falta valentía. El tirador checo cargó con toda la responsabilidad y de valorar -6 pasó a meter 13 puntos, con tres triples de por medio, en menos de cinco minutos (63-57 a 5m 44s). Pero su equipo se atascó y el Madrid solucionó el entuerto con su tripleta más en forma: Llull, Suárez y Mirotic. Así que Molin pudo festejar su primer triunfo como técnico horas después del adiós de Messina: “Me han pasado por encima muchos sentimientos”. Seguramente algunos de ellos tenían algo que ver con la versión más completa de los motivos de su amigo para dejarle el banquillo. Porque es evidente que Messina no ha querido hacer demasiada leña del árbol caído.   

REAL MADRID 78 (13+20+24+21): Prigioni, Llull (13), Suárez (6), Reyes (8) y Tomic (13) -quinteto inicial-, Mirotic (11), Fischer (10), Tucker (9), Sergio Rodríguez (2), Begic (5), Vidal (1). DKV JOVENTUT 60 (16+15+16+13): Robinson (9), Hosley (7), Tomás (7), Trías (2) y McDonald (14) -quinteto inicial-, Jelinek (15), Franch (2), Flis (4) y Todorovic. Árbitros: Redondo, Cortes y Pérez Niz.