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jueves, 13 de diciembre de 2012

Teodosic saca su genio

El base serbio anota un triple oportuno para romper la imbatibilidad de un Barça discontinuo que accede como primero de grupo al Top 16 (75-78)

Wallace coge a Krstic - FCB / Àlex Caparrós. 

Las ocasiones diferencian entre el buen jugador y el agitador que aglutina a todo un equipo. Y Milos Teodosic es un agitador, por más que con su cara no se exprese tan bien como con su muñeca. Apenas se mueve un músculo en el rostro el base serbio, que  gesticula lo mínimo pase lo que pase. Teodosic es un tipo de hechos y no de gestos. Por hechos entiende triples como el que eliminó a España en cuartos de final del Mundial de Turquía y otro menos importante, pero igual de decisivo, como el que rompió la imbatibilidad en la Euroliga del Barça, derrotado por el CSKA Moscú 75-78, pero que accede al Top 16 como primero de grupo porque en Rusia había ganado a su rival por 21 puntos. 13 anotó Teodosic, que a falta de 42 segundos metió el triple decisivo (5/8 su equipo), mientras Navarro, quien había rescatado a los locales de un inicio nefasto, no estuvo fino en ese momento: falló un tiro libre y un triple –como Mickeal– y Jackson acabó sentenciando desde la línea de personal. El tiro de tres sobre el suspiro de Navarro fue tan anecdótico el traspié de un Barça al que se le presenta un grupo bien difícil: Maccabi Tel Aviv, Khimki, Montepaschi Siena, Besiktas, Fenerbahçe, Olympiacos o Zalgiris y Caja Laboral, Milán o Cedevita.

Tuvo varias caras el Barça. En el inicio se presentó como un equipo tierno y totalmente blandengue, mordido sin piedad por Teodosic y machacado por Kaun y Khryapa. Los azulgrana parecían un equipo de mantequilla ante un CSKA lanzado (3-15 a los 4m 18s) y tardaron más de dos minutos en anotar gracias a un triple de Lorbek, pretendido en verano por los rusos. El ala-pívot esloveno resultó fundamental para espabilar a su equipo gracias a Huertas y Mickeal, pero los visitantes volvieron a escaparse. Jasikevicius, pillo, se levantó del banquillo para protestarle a Lamonica, que le castigó con una técnica que encendió a la grada y a sus compañeros. En especial a Navarro, tan arrollador que se marcó dos triples y diez puntos consecutivos. Y entre Mickeal y Lorbek de nuevo el Barça sacó pecho (47-37 a los 19m 10s) y la misma diferencia dejó minutos después Navarro (51-41 a los 21m 30s).

Ése fue el inicio de otro colapso de los azulgrana, que perdieron cinco pelotas en un tercer cuarto en el que Tomic se cargó rápido con cuatro personales y sólo Wallace aguantó el tipo en defensa ante un CSKA que se puso a un punto a 8m 52s tras otra acción de Krstic (58-57), replicado por Ingles. Mientras que Jackson era capaz de anotar un buen triple como de perder una pelota solo en su siguiente acción para suerte del Barça, que se puso 70-64 a 2m 44s gracias a Tomic. Un sinfín de malas decisiones y un parcial final de 5-14 castigó con la derrota a un Barça que igualmente acabó como primero de grupo y tendrá un grupo en el Top 16 de lo más complejo.

BARÇA 75 (19+28+11+17): Jasikevicius, Ingles (6), Mickeal (11), Lorbek (11) y Tomic (12) –quinteto inicial–, Sada (2), Huertas (11), Navarro (17), Wallace (3), Rabaseda (2) y Jawai. CSKA MOSCÚ 78 (24+17+14+23): Teodosic (13), Micov (3), Weems (12), Kaun (14) i Khryapa (11) –quinteto inicial–, Jackson (7), Sokolov, Krstic (15), Christmas (3) y Ponkrashov. Árbitros: Lamonica, Maestre y Latisevs.

jueves, 8 de noviembre de 2012

Lorbek y Navarro borran al CSKA de Messina (60-81)

El Barça aparca su tropiezo en Vitoria dejando en 25 puntos en la segunda parte a uno de los favoritos de la Euroliga

Navarro, en una acción del partido - Euroleague.

Conserva esa costumbre tan suya de seguir parte de los partidos con las rodillas flexionadas y pensativo. Ettore Messina ha regresado a Moscú para tratar de volver a hacer campeón de la Euroliga al CSKA, al que hizo finalista en cada una de sus cuatro temporadas como entrenador. Los años pares (2006 y 2008) levantó el trofeo ante el Maccabi Tel Aviv y los impares (2007 y 2009) chocó ante el Panathinaikos de Obradovic. Tampoco guarda buenos recuerdos del Barça, con quien perdió la final del Palau Sant Jordi de 2003 y se convirtió en el rival inabordable en su corta etapa en Madrid, de donde Messina salió impotente tras una derrota en casa ante el Montepaschi por el comportamiento de los jugadores, del club, de la prensa... El reencuentro con los azulgrana volvió a ser traumático para el técnico italiano, que no supo cómo frenar a un Barça imparable y autoritario, vencedor por 60-81 gracias sobre todo a su defensa y a los puntos de Juan Carlos Navarro (21) y Erazem Lorbek (15). Un triunfo de prestigio del Barça ante uno de los favoritos y actual subcampeón del torneo, al que dejó en 25 puntos en la segunda parte. Una excelente respuesta al tropiezo en Vitoria y su trayectoria en la Liga ACB en general, donde el conjunto de Xavi Pascual contabiliza tantas victorias como derrotas. Por contra, en Euroliga el balance es de 5-0 y lidera en solitario el grupo B.

“Creo que hemos dado un mensaje a todos: queremos hacer bien las cosas”, advirtió Navarro, orgulloso de la imagen de su equipo, muy difuso en el partido precedente ante el Caja Laboral y luminoso en Rusia. Porque esta vez el Barça, al contrario que en el Buena Arena, tuvo una trayectoria ascendente. A Lorbek no le tembló el pulso en un primer cuarto con varios despistes de unos y otros –bien lo agradecieron Kaun y Khryapa, casi intrascendentes después– y Navarro impuso su clase en el segundo. En el tercero la pareja azulgrana se puso de acuerdo para dejar finiquitado el partido con dos triples en medio minuto. Ni Teodosic ni Jackson podían dirigir a un CSKA Moscú que ya un juguete en manos de La Bomba y de Huertas y lamentaba la pobre actuación de Weems y la intermitencia de Krstic. 

Ingles y Sada se movían como culebras, Lorbek mostraba su elegancia y Jawai machaba a placer y por fin se mostraba seguro desde la línea de tiros libres (4/4), el punto negro de los visitantes en su exhibición (13/21). La otra buena noticia para Pascual fue la reaparición tras su lesión de Pete Mickeal, por más que sólo anotase uno de sus siete tiros.

CSKA MOSCÚ 60 (19+16+13+12): Teodosic (12), Ponkrashov (9), Weems (4), Khryapa (6), Kaun (4) -quinteto inicial-, Krstic (18), Jackson (1), Micov (2), Vorontsevich (4), Christmas y Nicholas. BARÇA 81 (17+21+25+18): Huertas (12), Navarro (21), Mickeal (2), Lorbek (15), Tomic (6) -quinteto inicial-, Ingles (4), Sada (7), Jawai (10), Jasikevicius, Wallace (4), Rabaseda y Todorovic. Árbitros: Carl Jungebrand, Eddie Viator y Damir Javor.



sábado, 5 de marzo de 2011

El Madrid olvida a Messina ganando al DKV Joventut en el estreno de Molin (78-60)

Molin, en el centro, en un tiempo muerto -ACB Photo / Ángel Martínez.
En una jornada de disfraces Ettore Messina se camufló en un discurso altruista para valorar por qué decidió dimitir como entrenador del Madrid, algo que según él llevaba varios días pensando. La amplia derrota del equipo en casa ante el Montepaschi Siena resultó, por tanto, un motivo más de un cúmulo de circunstancias que Messina resumió en un propósito: “intentar ayudar a conseguir una unión dentro y fuera de la pista”. No añadió la palabra paciencia, que es lo que le falta últimamente a un club que se toma cada temporada con la necesidad de empezar de cero y acumular muchos fichajes y reconoció que al equipo de falta madurez porque es joven. Messina no se ha ido del todo del Madrid, pues su sustituto ha trabajado con él desde 2000 y era el segundo técnico. Emanuelle, ‘Lele’ Molin (Mestre, Italia, 1960) dijo en su primera rueda de prensa como técnico blanco que ve el baloncesto como Ettore. En su precipitado estreno Molin celebró con un triunfo ante el DKV Joventut por 78-60 con un parcial final de 15-3 y dos datos de peso: 8/19 en triples y 48 rebotes por los 34 de su rival.

Afectados por la forma en la que perdieron en Euroliga y por la marcha repentina de Messina, los jugadores del Madrid saltaron a la Caja Mágica atenazados, “muy tensos”, describió Llull en Teledeporte. Una situación que hizo crecer a los visitantes, más enteros y certeros en el inicio con un McDonald omnipresente, el mejor en el parcial inicial de 2-11, solucionado por Tomic que no dejó de anotar hasta empatar 20, ya en el segundo cuarto. El problema para los locales es que el DKV Joventut continuaba encontrando recursos en el propio McDonald o Robinson. Tuvo que ser precisamente un ex verdinegro, Tucker, quien  le diese la primera ventaja al conjunto de Molin, que se marchó al descanso 33-31 con varias acciones de mérito de alguien bastante ignorado por Messina.

La puntería de Llull, Suárez y Tucker desde más allá de 6’75 metros, cuatro triples en el tercer cuarto distanciaron al Madrid (54-41), con lo que el partido quedó resuelto. Pero no para Jelinek, realidad y futuro para el DKV Joventut: le sobra irregularidad y no le falta valentía. El tirador checo cargó con toda la responsabilidad y de valorar -6 pasó a meter 13 puntos, con tres triples de por medio, en menos de cinco minutos (63-57 a 5m 44s). Pero su equipo se atascó y el Madrid solucionó el entuerto con su tripleta más en forma: Llull, Suárez y Mirotic. Así que Molin pudo festejar su primer triunfo como técnico horas después del adiós de Messina: “Me han pasado por encima muchos sentimientos”. Seguramente algunos de ellos tenían algo que ver con la versión más completa de los motivos de su amigo para dejarle el banquillo. Porque es evidente que Messina no ha querido hacer demasiada leña del árbol caído.   

REAL MADRID 78 (13+20+24+21): Prigioni, Llull (13), Suárez (6), Reyes (8) y Tomic (13) -quinteto inicial-, Mirotic (11), Fischer (10), Tucker (9), Sergio Rodríguez (2), Begic (5), Vidal (1). DKV JOVENTUT 60 (16+15+16+13): Robinson (9), Hosley (7), Tomás (7), Trías (2) y McDonald (14) -quinteto inicial-, Jelinek (15), Franch (2), Flis (4) y Todorovic. Árbitros: Redondo, Cortes y Pérez Niz.      

domingo, 13 de febrero de 2011

El Barça vuelve a ganar al Madrid y le iguala a títulos de Copa (60-68)

Basile levanta la Copa ante la alegría de sus compañeros y la mirada de Pascual -EFE.
El Rey Juan Carlos le entregó la Copa que lleva su nombre a Roger Grimau, que saludó a las autoridades presentes, entre ellos su presidente Sandro Rosell, pero no la levantó. El capitán azulgrana bajó las escaleras de la grada, se presentó en el parqué al lado de sus compañeros y tuvo un gesto que define cómo es este grupo humano: le cedió el trofeo a Gianluca Basile, lesionado casi todo el curso y que hace poco recayó cuando estaba a punto de reaparecer. Vázquez le aguantó las muletas y Basso levantó el trofeo con orgullo, mientras Xavi Pascual le miraba emocionado un día antes de cumplir tres años como primer entrenador del club. Una instantánea generosa y de amistad de un Barça convertido en una reunión de colegas implicados en la causa de disfrutar, vaciarse y ganar el mayor número de títulos posible. De los últimos seis oficiales en juego los azulgrana han ganado cinco. El último, la Copa en el territorio del rival, el Palacio de Deportes de la Comunidad de Madrid y ante más de 13.000 espectadores, les permitió igualar los 22 títulos coperos del conjunto blanco, al que venció por 60-68, en una actuación menor de Juan Carlos Navarro en su quinta Copa ganada (siete puntos, 2/9, muy bien defendido por Pablo Prigioni), y excelente del MVP Alan Anderson (19) y Víctor Sada, el más valorado con 20 (siete puntos, seis rebotes y otras tantas asistencias, tres recuperaciones…). Desde 1988 ningún equipo lograba revalidar el título. El último en hacerlo fue el propio Barça ganando también al Madrid en Valladolid con un triple final de Nacho Solozabal.   

“Tenemos un grupo muy especial”, se congratuló Ndong. Sada restó importancia a que no se le nombrase Mejor Jugador de la Final y elogió al escogido, Anderson, que con sus “uno contra uno nos ha liberado mucho”. ¿Sois conscientes los jugadores de que están haciendo historia? “Cuando tengamos el pelo blanco ya nos lo replantearemos”, bromeó Sada. Aunque la frase más significativa la pronunció Basile: “Se sufre mucho mirando cómo juegan los compañeros”. Y esta vez Basso sufrió mucho en el banquillo, pues no resultó un triunfo plácido y tranquilo para el Barça como tantas veces le ha sucedido contra el Madrid de Messina, que desde que dirige al conjutno blanco sólo ha vencido a los azulgrana una vez, intrascendente, un partido de cuartos de final de la pasada Euroliga. El Barça sólo pudo poner la directa en el último cuarto, cuando logró una renta de 15 puntos (49-64 a 5m 02s) con Sada como base (Ricky estaba en el banquillo lesionado) y con Grimau y Anderson como alas. Ndong apuntillaba en la pintura. 

Los triples de Mirotic y la jugada de Morris

Como durante toda la Copa, el Madrid persistió en busca de la remontada, impulsado por el intermitente Sergio Rodríguez y el descarado Mirotic, que se ha ganado un hueco en el equipo en muy poco tiempo y, entre otras cosas, es un tirador muy preciso: anotó dos triples, el último a 33 segundos (60-66). El conjunto blanco no hizo falta y Morris, en una jugada cómica, falló un mate y el balón subió para arriba y se metió para dentro para acabar con una final muy física y más competida por el Madrid que la anterior de Copa, la de la Supercopa o el último partido en Liga.   

Messina tenía tres ideas muy claras: no dejar correr al Barça, frenar a Navarro e impedir que el marcador fuese irreparable al descanso como le había sucedido tantas veces ante los azulgrana. Para no dejar jugar a su rival el técnico italiano planteó una defensa muy física y encomendó a Prigioni incordiar a Navarro, cosa que logró casi siempre, especialmente en la primera parte, en la que La Bomba no anotó ni un punto y falló sus cuatro intentos. Messina quiso jugar más con sus interiores y de ahí la importancia de Tomic, hábil como finalizador y un imán para capturar rebotes. El pívot croata recibió cuatro personales en los primeros dos cuartos, por las seis de otro jugador capital, Suárez, tan sólo incómodo ante Anderson, el primer agitador del partido.

Velickovic, Vidal y Begic no juegan

Errático por un día Navarro, muy fallón también en los dos primeros cuartos Lorbek, surgió Anderson como un cohete en un partido con muchos contactos, pura guerra simbólica, en el que ambos entrenadores hacían constantes rotaciones, aunque en ellas nunca figuraran ni Velickovic ni Vidal ni el recién llegado Begic por el Madrid. Sólo Lakovic no disputó minutos en el bando azulgrana. Un guiño a la filosofía de unos y de otros.

Por momentos el partido funcionó como un enfrentamiento particular entre un pívot, Tomic, y un escolta, Anderson, sustituido por un nervioso Ingles tras su segunda personal al final del primer cuarto (15-17). Sangre, puro nervio, era Sada, un jugador impagable en el conjunto azulgrana: capaz de dar un salto como si tuviera muelles en las piernas, de defender al límite y de repartir más asistencias que nadie. Su ascendencia en el equipo es innegable.

Sada lucha por un rebote con Fischer -EFE.

Los triples de Lorbek

Sin Anderson sufrió el Barça y se gustó Suárez, y al descanso se llegó con empate a 30, después de que el estadounidense volviese a la pista y continuase con su gran racha (llevaba 14 puntos con un solo fallo en tiros de campo). Mala, mucho, era la de Navarro, que por fin en el primer minuto de la segunda parte metió un triple afortunado en su sexto intento. Lorbek se destapó con dos triples consecutivos para responder a otro de Prigioni, el hombre para todo para Messina. Un palmeo de Sada, cómo no, puso a los azulgrana con su mayor ventaja hasta entonces (37-44 a los 24m 32s).

Negado Llull (0/6), impreciso Suárez, Messina apostó, ahora sí, por dar entrada a Sergio Rodríguez, tras no haberle concedido ni cuatro minutos en la primera parte. Y el base canario metió dos canastas consecutivas, las mismas que llevaba su equipo en todo lo que se había jugado de tercer cuarto. La entrada de Sergio Rodríguez (decisivo en cuartos ante el Gran Canaria e importante, a pesar de sus siete pérdidas, en la remontada ante el Power Electronics Valencia) coincidió con el gran susto de la final: Ricky pisó mal y se fue cojeando al banquillo, maldiciendo su suerte, haciendo cábalas de qué lesión podía tener: era un esguince de tobillo. Un alley-oop de Vázquez y dos puntos más de Navarro, desde la línea de personal, cerraron el último cuarto (43-48).

Con Ricky mermado y Lakovic ignorado por Pascual, Sada pasaba a ser el único base, tenía que ser el guía hacia la victoria. Y lo fue. Un resbalón de Llull aprovechado por Grimau fue el inicio del fin para el Madrid, sometido por el capitán azulgrana, golpeado por los puntos de Anderson, Morris y Ndong. 15 puntos fue la máxima renta. Un colchón que fue suficiente para que el Barça volviese a ganar a su rival histórico e igualarle a número de Copas (22). El guión fue muy distinto a los precedentes, pero el final resultó exacto. 

MADRID 60 (17+13+13+17): Tomic (12), Prigioni (10), Reyes (3), Tucker (9) y Suárez (8) –quinteto inicial–, Llull, Mirotic (8), Rodríguez (8) y Fischer (2). BARÇA  68 (19+11+18+20): Rubio (1), Navarro (7), Anderson (19), Perovic (2) y Lorbek (9) –quinteto inicial–, Sada (7), Vázquez (4), Ingles (1), Ndong (6), Morris (8) y Grimau (4). Árbitros: Martín Bertrán, Daniel Hierrezuelo y Juan L. Redondo. Eliminado por cinco personales Tucker.