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domingo, 13 de febrero de 2011

El Barça vuelve a ganar al Madrid y le iguala a títulos de Copa (60-68)

Basile levanta la Copa ante la alegría de sus compañeros y la mirada de Pascual -EFE.
El Rey Juan Carlos le entregó la Copa que lleva su nombre a Roger Grimau, que saludó a las autoridades presentes, entre ellos su presidente Sandro Rosell, pero no la levantó. El capitán azulgrana bajó las escaleras de la grada, se presentó en el parqué al lado de sus compañeros y tuvo un gesto que define cómo es este grupo humano: le cedió el trofeo a Gianluca Basile, lesionado casi todo el curso y que hace poco recayó cuando estaba a punto de reaparecer. Vázquez le aguantó las muletas y Basso levantó el trofeo con orgullo, mientras Xavi Pascual le miraba emocionado un día antes de cumplir tres años como primer entrenador del club. Una instantánea generosa y de amistad de un Barça convertido en una reunión de colegas implicados en la causa de disfrutar, vaciarse y ganar el mayor número de títulos posible. De los últimos seis oficiales en juego los azulgrana han ganado cinco. El último, la Copa en el territorio del rival, el Palacio de Deportes de la Comunidad de Madrid y ante más de 13.000 espectadores, les permitió igualar los 22 títulos coperos del conjunto blanco, al que venció por 60-68, en una actuación menor de Juan Carlos Navarro en su quinta Copa ganada (siete puntos, 2/9, muy bien defendido por Pablo Prigioni), y excelente del MVP Alan Anderson (19) y Víctor Sada, el más valorado con 20 (siete puntos, seis rebotes y otras tantas asistencias, tres recuperaciones…). Desde 1988 ningún equipo lograba revalidar el título. El último en hacerlo fue el propio Barça ganando también al Madrid en Valladolid con un triple final de Nacho Solozabal.   

“Tenemos un grupo muy especial”, se congratuló Ndong. Sada restó importancia a que no se le nombrase Mejor Jugador de la Final y elogió al escogido, Anderson, que con sus “uno contra uno nos ha liberado mucho”. ¿Sois conscientes los jugadores de que están haciendo historia? “Cuando tengamos el pelo blanco ya nos lo replantearemos”, bromeó Sada. Aunque la frase más significativa la pronunció Basile: “Se sufre mucho mirando cómo juegan los compañeros”. Y esta vez Basso sufrió mucho en el banquillo, pues no resultó un triunfo plácido y tranquilo para el Barça como tantas veces le ha sucedido contra el Madrid de Messina, que desde que dirige al conjutno blanco sólo ha vencido a los azulgrana una vez, intrascendente, un partido de cuartos de final de la pasada Euroliga. El Barça sólo pudo poner la directa en el último cuarto, cuando logró una renta de 15 puntos (49-64 a 5m 02s) con Sada como base (Ricky estaba en el banquillo lesionado) y con Grimau y Anderson como alas. Ndong apuntillaba en la pintura. 

Los triples de Mirotic y la jugada de Morris

Como durante toda la Copa, el Madrid persistió en busca de la remontada, impulsado por el intermitente Sergio Rodríguez y el descarado Mirotic, que se ha ganado un hueco en el equipo en muy poco tiempo y, entre otras cosas, es un tirador muy preciso: anotó dos triples, el último a 33 segundos (60-66). El conjunto blanco no hizo falta y Morris, en una jugada cómica, falló un mate y el balón subió para arriba y se metió para dentro para acabar con una final muy física y más competida por el Madrid que la anterior de Copa, la de la Supercopa o el último partido en Liga.   

Messina tenía tres ideas muy claras: no dejar correr al Barça, frenar a Navarro e impedir que el marcador fuese irreparable al descanso como le había sucedido tantas veces ante los azulgrana. Para no dejar jugar a su rival el técnico italiano planteó una defensa muy física y encomendó a Prigioni incordiar a Navarro, cosa que logró casi siempre, especialmente en la primera parte, en la que La Bomba no anotó ni un punto y falló sus cuatro intentos. Messina quiso jugar más con sus interiores y de ahí la importancia de Tomic, hábil como finalizador y un imán para capturar rebotes. El pívot croata recibió cuatro personales en los primeros dos cuartos, por las seis de otro jugador capital, Suárez, tan sólo incómodo ante Anderson, el primer agitador del partido.

Velickovic, Vidal y Begic no juegan

Errático por un día Navarro, muy fallón también en los dos primeros cuartos Lorbek, surgió Anderson como un cohete en un partido con muchos contactos, pura guerra simbólica, en el que ambos entrenadores hacían constantes rotaciones, aunque en ellas nunca figuraran ni Velickovic ni Vidal ni el recién llegado Begic por el Madrid. Sólo Lakovic no disputó minutos en el bando azulgrana. Un guiño a la filosofía de unos y de otros.

Por momentos el partido funcionó como un enfrentamiento particular entre un pívot, Tomic, y un escolta, Anderson, sustituido por un nervioso Ingles tras su segunda personal al final del primer cuarto (15-17). Sangre, puro nervio, era Sada, un jugador impagable en el conjunto azulgrana: capaz de dar un salto como si tuviera muelles en las piernas, de defender al límite y de repartir más asistencias que nadie. Su ascendencia en el equipo es innegable.

Sada lucha por un rebote con Fischer -EFE.

Los triples de Lorbek

Sin Anderson sufrió el Barça y se gustó Suárez, y al descanso se llegó con empate a 30, después de que el estadounidense volviese a la pista y continuase con su gran racha (llevaba 14 puntos con un solo fallo en tiros de campo). Mala, mucho, era la de Navarro, que por fin en el primer minuto de la segunda parte metió un triple afortunado en su sexto intento. Lorbek se destapó con dos triples consecutivos para responder a otro de Prigioni, el hombre para todo para Messina. Un palmeo de Sada, cómo no, puso a los azulgrana con su mayor ventaja hasta entonces (37-44 a los 24m 32s).

Negado Llull (0/6), impreciso Suárez, Messina apostó, ahora sí, por dar entrada a Sergio Rodríguez, tras no haberle concedido ni cuatro minutos en la primera parte. Y el base canario metió dos canastas consecutivas, las mismas que llevaba su equipo en todo lo que se había jugado de tercer cuarto. La entrada de Sergio Rodríguez (decisivo en cuartos ante el Gran Canaria e importante, a pesar de sus siete pérdidas, en la remontada ante el Power Electronics Valencia) coincidió con el gran susto de la final: Ricky pisó mal y se fue cojeando al banquillo, maldiciendo su suerte, haciendo cábalas de qué lesión podía tener: era un esguince de tobillo. Un alley-oop de Vázquez y dos puntos más de Navarro, desde la línea de personal, cerraron el último cuarto (43-48).

Con Ricky mermado y Lakovic ignorado por Pascual, Sada pasaba a ser el único base, tenía que ser el guía hacia la victoria. Y lo fue. Un resbalón de Llull aprovechado por Grimau fue el inicio del fin para el Madrid, sometido por el capitán azulgrana, golpeado por los puntos de Anderson, Morris y Ndong. 15 puntos fue la máxima renta. Un colchón que fue suficiente para que el Barça volviese a ganar a su rival histórico e igualarle a número de Copas (22). El guión fue muy distinto a los precedentes, pero el final resultó exacto. 

MADRID 60 (17+13+13+17): Tomic (12), Prigioni (10), Reyes (3), Tucker (9) y Suárez (8) –quinteto inicial–, Llull, Mirotic (8), Rodríguez (8) y Fischer (2). BARÇA  68 (19+11+18+20): Rubio (1), Navarro (7), Anderson (19), Perovic (2) y Lorbek (9) –quinteto inicial–, Sada (7), Vázquez (4), Ingles (1), Ndong (6), Morris (8) y Grimau (4). Árbitros: Martín Bertrán, Daniel Hierrezuelo y Juan L. Redondo. Eliminado por cinco personales Tucker. 

sábado, 12 de febrero de 2011

Navarro acribilla al Caja Laboral para citar otra vez al Barça con el Madrid en la final de Copa

Navarro bota el balón durante el partido -EFE.

Es la imagen. La foto que cualquier fotógrafo querría tener para describir el partido. Juan Carlos Navarro acaba de meter un triple y de recibir la personal de Teletovic, con lo que le se asegura un tiro adicional. Sentado en el parqué, La Bomba cierra los puños y levanta los brazos, convencido de que con esa jugada se ha acabado el partido y el Barça ya tiene asegurada la final de Copa del Rey, pues cuenta con 20 puntos de margen con menos de cinco segundos por disputarse. Pero el Caja Laboral, que nunca pierde ese Carácter Baskonia, anota ocho puntos en un minuto. Tiempo muerto de Pascual, que da entrada a Sada y Grimau para defender y en ataque Navarro (26 puntos) y Anderson (17) finiquitan cualquier sorpresa. El Barça venció 92-73, con la que podrá defender el título ante el Madrid, al que ya ganó el año pasado y al que ha pasado por encima en los últimos enfrentamientos. Los azulgrana intentarán igualar los 22 títulos en la final más mediática (este domingo a las 18:00 horas, Teledeporte y Esport 3).

“Ha sido un partido muy completo de todo el mundo”, razonó Navarro, recordando quizás la actuación de Anderson en el tercer cuarto o cómo Perovic frenó a Barac, que con otros defensores anotaba con mucha facilidad. O las canastas de Ricky, que recuperó la puntería (10 puntos, 4/6) y surgió cuando el rival intentaba reducir los diez puntos de ventaja al inicio del segundo cuarto. O Morris, con dos triples seguidos, los previos a la jugada de Navarro mencionada al principio de la crónica. Un grupo muy completo ante un Caja Laboral reducido por la escasa aportación de sus tres jugadores referentes (Barac al margen): Huertas se quedó en cuatro puntos (aunque repartió diez asistencias), San Emeterio, su máximo anotador en Liga, metió un único triple y valoró -4 y Teletovic aportó cinco, con un 2/8.

Logan, imparable

Comenzó el Barça como acabó, arrasando con un 21-8 antes de que se acabara el primer cuarto y con Navarro campando a sus anchas y Ricky recuperando el tino. Se recuperó el conjunto de Ivanovic sobre todo con Logan, imparable en el segundo cuarto y que llegó a plantearle a La Bomba un duelo individualizado por quién iba a ser el mejor realizador del encuentro. Con más minutos, Bjelica mostraba su descaro y versatilidad y al descanso se llegaría con un apretado 39-36 tras una asistencia deliciosa de Navarro para Perovic en el último segundo de la primera parte, en la que, atención, el Barça perdió sus cuatro pelotas. Ninguna cedió en los dos últimos cuartos finales. Un dato fantástico, como su 62% de efectividad en tiros de dos. 

El Caja Laboral continuó achuchando, hasta que Anderson, testimonial hasta entonces, se disfrazó de Navarro. Perovic detuvo a Barac y Ricky respondería a las grandes canastas de Oleson. Todo hasta llegar a ese tres más uno de Navarro, replicado con un 0-8 que resultó anecdótico. Más impacte fue ver cómo reaccionó la afición baskonista tras la derrota de su equipo: hizo girar sus bufandas y se dejó la voz y las manos aplaudiendo a sus jugadores, que salieron del vestuario, cariacontecidos, a agradecer ese gesto sensacional de una hinchada maravillosa. 

BARÇA 92 (21+18+23+30) 92: Rubio (10), Navarro (26), Anderson (17), Lorbek (4) y Perovic (11) –quinteto inicial–, Sada, Ndong (4), Ingles (6), Morris (6), Lakovic, Grimau (4) y Vázquez (4). CAJA LABORAL 73 (11+25+13+24): Huertas (4), San Emeterio (3), Oleson (9), Teletovic (5) y Barac (15) –quinteto inicial–, Batista (8), Logan (15), Ribas (3), Bjelica (9) y Sow (2). Árbitros: Hierrezuelo, Redondo y Conde.

Suárez y Mirotic recomponen al Madrid ante un Power Electronics Valencia superado


Suárez entra a canasta ante Claver y Savanovic -EFE.
Este verano rechazó una oferta del Barça porque estaba decidido a no alejarse de la familia y a ser una pieza clave en el segundo proyecto de Ettore Messina en el Madrid para deshonra de la afición de Estudiantes, que no le perdonará nunca haberse ido al eterno rival. Carlos Suárez (Aranjuez, 1986) reflexionó que podía tener más repercusión en el conjunto blanco que en el azulgrana, donde los galones se los reparten figuras como Navarro, Mickeal o Ricky. El tiempo ha dado la razón al mejor alero del curso pasado y el que atesora mejor valoración de su equipo: Suárez es una pieza fundamental para el Madrid y su concurso fue decisivo para que remontase 13 puntos de desventaja ante el Power Electronics Valencia y se plantase en la final (69-59) tras un parcial de 42-24 en la segunda parte. Tampoco se escondió Nikola Mirotic (Pogdorica, Montenegro, 1991), espléndido en el último cuarto, donde también destacó Sergio Rodríguez y Víctor Claver y el resto de sus compañeros no dominaron su ansiedad. El referente del conjunto de Svetislav Pesic corroboró que todavía le falta demostrar su innegable talento en una gran cita. No lo ha hecho todavía.  

Suárez tenía una espina clavada con la Copa. “Nunca he rendido aquí”, confesó, serio como siempre, ante las cámaras de Teledeporte: “Por eso estoy doblemente contento”. Porque cuajó un gran partido con 17 puntos (3/6 en triples, justo el 50% de efectividad que promedia en la Liga), y secó en su duelo directo a Claver, más tímido y alejado del aro que en su autohomenaje ante el Blancos de Rueda Valladolid. El Power Electronics Valencia echó en falta a su icono, pero también a Javtokas o Lishchuk, que sólo aportaron dos puntos entre ambos. Y le sobró la obsesión de Savanovic por jugarse tres tiros consecutivos, en medio de una pérdida de Rafa Martínez, infalible cuando su equipo minimizó al Madrid (27-40 a los 21m 38s), muy terrenal después.

El mal gesto de Prigioni

Pesic se las había ingeniado de tal forma para que el conjunto de Messina estuviese muy por debajo de sus posibilidades: Sergio Rodríguez parecía perdido, Tomic no lanzó ni una canasta en la primera parte y acumuló tres faltas. Pero la acción que mejor describió el desquiciamiento colectivo e individual fue el desprecio de Prigioni, que apartó de malas el micrófono de la televisión en un tiempo muerto. El argentino estaba encendido porque acababan de señalarse una técnica, que hizo que su equipo cediese por ocho. Y ahí surgió Suárez con un triple, pero Rafa Martínez y una acción al límite de Savanovic cerraron en una primera parte (27-35) con un primer cuarto raquítico de los taques (11-14) y arrollador de las defensas. Cook era el guía de su equipo ante un De Colo confuso y revolucionado, certero con cuentagotas.  

Las personales de Rafa Martínez obligaron a Pesic a darle descanso y cambiarle por David Navarro, que hace unos días jugaba en la Adecco LEB Oro con el CB Sant Josep Girona. El jugador cumplió como pudo y vio cómo el Madrid, poco a poco, triple a triple, se acercaba, hasta ponerse por delante por primera vez al principio del último cuarto con un lanzamiento de tres de Tucker, que no se caracteriza por su regularidad, pero que sí que debe aportar ese valor impagable de oportunismo. Suárez y Mirotic se sumaron a la fiesta de los triples y Fischer por fin, tras varios partidos en la luna, justificó su sueldo con un rebote decisivo y un par de canastas, un alley-oop con Llull y una canasta tras una buena asistencia de Sergio Rodríguez, que en esta Copa espera al final para dar lo mejor de sí. Savanovic asumió demasiado protagonismo y el Power Electronics Valencia entendió que poco más tenía que decir en un partido que no supo gestionar a partir de alcanzar su mayor renta. Echó en falta a Claver y no supo cómo frenar a dos jugadores que si les dan confianza (palabra complicada en el Madrid) deben de ser los líderes del equipo en los próximos años. Por lo pronto aspiran a su primera final de Copa.

MADRID 69 (11+16+19+23): Tomic (2), Prigioni (5), Reyes (6), Velickovic (1) y Llull (7) -quinteto inicial-, Suárez (16), Mirotic (15), Rodríguez (5), Fischer (4) y Tucker (8). 59 - POWER ELECTRONICS VALENCIA 59 (14+21+13+11): Claver (7), Martínez (19), Savanovic (6), Javtokas y Cook (11) -quinteto inicial-, Augustine (2), Lishchuk (2), Navarro (3), Pietrus y De Colo (9). Árbitros: Martín Bertrán, García Ortiz y Vicente Bultó. Sergio Rodríguez fue eliminado por cinco personales en el minuto 39. Homenaje en el descanso la ACB al periodista desaparecido Andrés Montes. 

viernes, 11 de febrero de 2011

Ndong saca a relucir el fondo de armario azulgrana ante un quinteto titular verdinegro exprimido

Ndong trata de superar a McDonald -EFE.
Pocos equipos en Europa serían capaces de lograr un triunfo holgado con sólo 26 puntos de su quinteto titular. Pero el Barça sí es capaz de ganar en un día intermitente de Ricky y negado de Navarro porque controla los partidos con un mando imaginario. A poco más de siete minutos vio el conjunto azulgrana cómo el DKV Joventut se puso a seis puntos y acabó ganando por veinte (86-66). Un mérito de su fondo de armario, con Boniface Ndong (18 puntos, 9/11 en tiros de dos y cinco mates) y bajo la batuta de Lakovic, que repartió seis asistencias. Eso, recambios, es lo que le faltó a Pepu Hernández, que aterrizó en Madrid para jugar la Copa sin los lesionados Norel y English y con ocho jóvenes y se vio obligado a  exprimir al máximo a su quinteto titular. Los suplentes sólo le reportaron diez puntos, pero también es cierto que Ventura y Suárez no jugaron y Homs disputó 15 segundos y debutó en la competición con 16 años, cuatro meses y 19 días. Son jugadores por cuajar del todo en un club torturado por las de deudas. En Esport3 hablaron de un agujero de 15 millones de euros. El Barça se enfrentará al Caja Laboral en semifinales (este sábado en Teledeporte y Esport3, 20:30 horas).

Hasta la traca final, cuando Lakovic y Ndong sobresalieron y se complementaron a la perfección y el DKV Joventut bajó los brazos, el partido resultó una sucesión de parciales grandes replicados por otro balance igual o superior. Empezó con un 7-0 el Barça, que enseguida perdió a Ricky, a quien Xavi Pascual quiso reservar tras cometer dos personales en 3m 06s. El ex jugador del conjunto verdinegro no volvió hasta después del descanso y tardó nueve segundos más en cometer dos infracciones más e irse al vestuario. El primer recambio de Ricky fue Sada, espectador en el parcial de 3-10 con el que replicó el conjunto de Pepu Hernández y fundamental como Grimau en la reacción azulgrana posterior.

“¡Vete al teatro!”

McDonald fallaba casi todo lo que lanzaba menos los mates y los azulgrana, ya guiados por Lakovic y seguros con el oficio de Ndong, se fueron al descanso 43-33. Navarro había tenido una aparición puntual y había provocado una pugna dialéctica en la grada. La afición rival le cantaba “¡Vete al teatro! ¡Navarro vete al teatro!” y la suya simplemente pronunció su apellido, lo más acertado para defender al jugador, al que poco (o nada) le importan esas anécdotas. Sí le molestó a La Bomba ver cómo el DKV Joventut, impulsado por un Jordi Trias polifacético (ocho puntos y los mismos rebotes y seis asistencias) y un descarado Josep Franch, capaz de clavar dos triples en un momento como de provocar los fallos más infantiles de sus rivales. Rebañó una pelota y asistió a Trias para poner el 52-51 a los 27m 48s. Y ahí estuvieron Ndong e Ingles, liberado de sus dilemas (y con más minutos, insistimos) por tercer partido consecutivos. Entre los dos aguantaron la acometida del rival.

En su 53º aniversario, Pepu Hernández continuó insistiendo con las defensas zonales y con Jelinek (oro puro, sino al tiempo) en pista el DKV Joventut se puso a seis puntos por dos veces. En ambas intervino Lakovic. En la primera con un triple y en la segunda con un alley-oop para Ndong. Los azulgrana, crecidos, se dedicaron a mejorar el tanteo ante un rival que bastante había hecho hasta entonces con tantos pocos jugadores y que no pudo seguir el ritmo. Muy meritorio para un equipo tan agobiado por los números y privado de dos de sus mejores jugadores.  

BARÇA 86 (24+19+15+28): Ricky Rubio (6), Navarro (9), Perovic (2), Lorbek (4) y Anderson (5) -quinteto inicial-, Grimau (10), Sada (2), Lakovic (8), Ingles (15), N'Dong (18), Vázquez (2) y Morris (5). DKV JOVENTUT 66 (18+15+19+14): Trias (8), Robinson (11), Franch (11), Hosley (13) y McDonald (13) -quinteto inicial-, Homs, Tomas (8), Flis y Jelinek (2). Árbitros: Juan L. Redondo, Vicente Bultó y Óscar Perea. Morris fue eliminado por cinco personales en el min. 40.

Huertas destapa su mejor esencia para desilusionar a su ex equipo y un extraordinario Vasileiadis

Huertas lanza ante Banic -EFE.
El público, puesto en pie y de acuerdo, le pedía que no se moviese de Bilbao, que había cosas más grandes que el lugar de trabajo como el cariño de una afición agradecida y emocionada por una temporada de ensueño de su equipo, cerrada con la eliminación en el primer cruce de la Liga ACB de su historia ante un Barça al que había eliminado en Copa. Marcelinho Huertas (Sao Paulo, Brasil, 1983) respondió a la petición y al reconocimiento con aplausos y lágrimas, asumiendo que lo que le pedían iba a ser imposible, que no podía continuar jugando en Bilbao y se fue al Gmac Bologna. Algo más de dos años y medio después Huertas frustró y desilusionó a esa afición que tanto le aprecia destapando su mejor versión (18 puntos, 5/6 en tiros, 10 asistencias, 29 de valoración) en un encuentro impagable por tensión, emoción y coraje, tanto del grande como del pequeño, que fue muy grande (remontó 15 puntos en contra) y tuvo en Kostas Vasileiadis (Salónica, Grecia, 1984) a un tirador infalible con 31 puntos y que llegó a encadenar cinco triples sin fallo (7/12). Pero falló el antepenúltimo y el penúltimo intento de triple, y poco antes y poco después de dichos errores (hablamos del minuto final) surgió Huertas. Primeras para anotar una bomba, después para asistir a su mejor aliado Barac (18 puntos) y tercero, claro, para marcarse la enésima entrada ante una multitud de rivales. El triple de Vasileiadis a 1’5 segundos puso emoción (75-74) y Banic cometió falta personal sobre Ribas, que metió el primero y falló porque quiso el segundo. El propio Banic lanzó un triple imposible que… tocó el aro. Huertas respiró hondo y gritó de rabia: el Caja Laboral venció por 76-74 y se clasificó para semifinales de la Copa (su rival será el Barça o el DKV Joventut). Hay pocos jugadores como él que se sientan tan cómodos y seguros como él en los momentos dramáticos. Es un seguro de vida. 

El base brasileño lo había definido muy bien antes del encuentro: “Esta noche se prepara una auténtica batalla”. Ése era el final de su definición de un derbi como el que iba a acontecer, una cita que los jugadores salgan “más aguerridos y con más ganas”. Se cumplieron sus palabras desde el primer instantes, con dos equipos parejos desde la línea de tres e igualados en los primeros minutos, pese al 5-0 inicial. San Emeterio anotaba y Huertas manejaba a su antojo el partido ante un Jackson, siempre con bastantes más revoluciones que el resto, para lo bueno y lo malo. Es una locomotora. El base estadounidense resultó más una carga que otra cosa en los primeros tres cuartos, en los que sólo anotó dos tiros libres, y se unió a Vasileiadis en el último con nueve puntos que a punto estuvieron de servir para dar la victoria a su equipo. Mumbrú y Hervelle destacaron tanto al inicio como fueron irrelevantes tras la segunda parte.

Los buenos deseos de Rakocevic

Sólo Vasileiadis estuvo siempre en el Bizkaia Bilbao Básket, que cedió seis puntos en el inicio del segundo cuarto sorprendido por Huertas y Batista, certero para anotar dos canastas al límite (la primera, en la última acción del primer cuarto). Igor Rakocevic, desde estuviese, deseaba lo mejor para el Caja Laboral desde su Twitter: Suerte @Baskonia!!!!!! Seis puntos de admiración son muchos, pero bien pudieron describir la irrupción de Vasileiadis, pelo estirado para arriba, con cinco puntos en un momento para empatar a 30, sin Huertas ni Mumbrú y Hervelle en la pista.

El Caja Laboral no se incomodó y a pesar de Huertas perdió los nervios y se ganó una técnica más que merecida apretó de nuevo el acelerador y se marchó al descanso 43-36 por delante. Una suficiencia que repitió al inicio del tercer cuarto hasta alcanzar los 15 puntos de ventaja (55-40 a los 24m 08s). Tres de las cuatro canastas en juego en ese período habían partido de la mano de Huertas, inmenso como cartero. Como desatascador surgió Vasileiadis para empezar a hacer soñar a su equipo. E incluso acabó el penúltimo cuarto con un triplazo desde su cancha que tocó al tablero y entró. Un tirador tenaz y convencido de sus posibilidades. Los árbitros vieron repetido una y otra vez la acción (muy clara: tiró a falta de 1’8 segundos). 58-51.

La  acción convenció de sus posibilidades al conjunto de Katsikaris y desconcertó al Caja Laboral, que regaló muchas pelotas, hasta tres consecutivas en un momento. Incluso Huertas se contagió de ese desacierto. Sólo Barac conseguía anotar ante un Caja Laboral en el que sus jugadores parecían tener jabón en las manos ante un Vasileiadis que metió dos triples en un minuto para poner a su equipo por primera vez por delante (65-66 a 4m 16s). Pero su proeza y del Bizkaia Bilbao Básket se topó con Huertas, que destapó su mejor esencia ante su ex equipo. Nunca falla en ese tipo de situaciones. No tiene precio.

CAJA LABORAL 76 (24+19+15+18): Huertas (18), Oleson (0), San Emeterio (15), Teletovic (13) y Barac (18) -quinteto inicial-, Bjelica, Batista (8), Sow, Logan (3) y Ribas (1). BIZKAIA BILBAO BÁSKET 74 (20+16+18+23): Jackson (9), Warren (8), Mumbrú (12), Hernández-Sonseca (0) y Hervelle (10) -quinteto inicial- Blums, Mavroeidis (4), Banic, Vasileiadis (31) y Fisher. Árbitros: Martín Bertrán, García Ortiz y Guirao.

jueves, 10 de febrero de 2011

Sergio Rodríguez ilumina al Madrid hacia semifinales ante un Gran Canaria 2014 inmenso (78-72)

Sergio Rodríguez bota el balón ante Green - ACB Photo.

Aunque su entrenador diga que el equipo no está obligado a ganar, Sergio Rodríguez (San Cristóbal de La Laguna, 1986) quiere contribuir a que el Madrid vuelva a levantar la Copa del Rey. Conseguir su primer título de club es el gran anhelo de un jugador que, como tantos otros, hizo las maletas antes de tiempo en la NBA, y no consiguió hacerse un hueco en la Liga estadounidense, en la que pasó por cuatro equipos, desde Portland a Houston. Con poca confianza de los entrenadores, Rodríguez vio cortada su progresión, inmortalizada en su partidazo ante Argentina en semifinales del Mundial de Japón. El base fue hace unos días el artífice de la remontada ante el Efes Pilsen y esta vez, en el torneo copero, se marcó un último cuarto para enmarcar, anotando 13 de sus 17 puntos y haciendo insuficiente la aportación de Jaycee Carroll (30) y de un inmenso Gran Canaria 2014 (78-72). El conjunto de Ettore Messina (20/21 en tiros libres) se cruzará ahora en semifinales ante el Power Electronics Valencia, ganador ante el Blancos de Rueda Valladolid (60-83). 

De todos los guisos posibles anotó Sergio Rodríguez en el momento decisivo. Ante Teledeporte relativizó su actuación diciendo que le entraron los tiros que durante el resto de temporada no lo habían hecho, dando entender que su compromiso había sido el mismo. Sergio Rodríguez se lleva el titular, pero Carroll sumó un punto más en el último cuarto (14), es la fina línea que separa a derrotados y vencidos. El grupo de Pedro Martínez se sobrepuso primero a la baja de Savané, que se perderá lo que resta de temporada por haberse roto el tendón de Aquiles en el último partido de Liga, y llegó a falta de 3m 37s sólo cinco por debajo (68-63), en parte por el impagable esfuerzo de Xavi Rey (ocho puntos y nueve rebotes).

La “ilusión”

Las previas describían al Gran Canaria 2014 como el equipo que nunca había ganado un partido de Copa en su historia. Muchas repetían la palabra más repetida por su técnico, Pedro Martínez: “ilusión”. Y el Gran Canaria 2014 salió sabiendo que sus únicas opciones pasaban por una defensa quisquillosa y un ataque veloz, y supo fabricarse ese escenario en un primer cuarto para enmarcar. Así que en el conjunto grancanario, valga la redundancia, se multiplicó, impulsados por el máximo anotador de la Liga ACB, el hiperactivo Carroll, y siguiendo con gente tan batalladora como Rey o Beirán, el sustituto rápido de Green, al que Prigioni mareó cuanto quiso en el primer cuarto. Al argentino, eso sí, le sobró tirar tantos triples en ese período (0/4) y precisamente con dos triples consecutivos el Gran Canaria 2014 se fue por 11-19 (a los 8m 38s).

Reemplazado Prigioni por Sergio Rodríguez, el Madrid se reenganchó en el partido desde la dirección desde el intermitente base canario y las prestaciones bajo el aro de dos jugadores de futuro y de presente del Madrid: Tomic y sobre todo Mirotic. A ambos les han comparado con Gasol y con Bodiroga. Pronosticar, como hablar, es gratis. El tiempo a cada uno donde se merezca, lesiones aparte. En el partido el Madrid atesoró un 17-2 de parcial que le hizo ponerse ocho por delante (35-27 a los 16m 41s). Suárez empezaba a funcionar y Llull ya estaba con dos personales y seis puntos en el banquillo. Pero otra pareja, Carroll y Beirán, respondieron por el conjunto de Pedro Martínez, ofendido porque los árbitros se reiterasen en pitar una falta personal sobre la bocina de Nelson a Suárez, que no falló los tiros libres y puso el 39-34 al descanso.

Carroll empezó enchufado tras el paso por los vestuarios y Wallace con un triple puso la última ventaja para el Gran canaria 2014 (43-44 a los 23m38s) la jugada previa a su tercera personal y al arsenal de puntos de una tripleta de mucha calidad del Madrid: Tomic replicó con su media vuelta genial, y entre Llull y Suárez se repartieron tres triples para volver a distanciar a su equipo. Ni por ésas se rindió el grupo grancanario, que tuvo hasta cinco ocasiones de cerrar una canasta el penúltimo cuarto. Y resistió hasta el final. La aparición estelar de Sergio Rodríguez le impidió llegar al último minuto con opciones reales de dar la primera sorpresa de esta Copa del Rey, en la que los dos clasificados para las semifinales eran los favoritos.

 Real Madrid (14+25+17+22) 78: Tomic (12), Prigioni (2), Suárez (12), Reyes (8) y Llull (14) -equipo inicial-, Mirotic (6), Rodríguez (17), Velickovic, Vidal, Fischer (2) y Tucker (5). 72 - Gran Canaria 2014 (21+13+17+21) 72: Green (10), Wallace (9), Carroll (30), Beirán (5) y Rey (8) -equipo inicial-, Bramos (1), Bellas, Nelson (9) y Moran. Árbitros: Francisco de la Maza, Miguel A. Pérez y Carlos Peruga.

Javtokas y Claver acomplejan a un Blancos de Rueda Valladolid sin aire (60-83)

Claver lanza a canasta ante Robinson -EFE.



Apenas habían transcurrido nueve minutos, los primeros de la Copa del Rey 2011, y Porfirio Fisac (Segovia, 1965) ya advertía que su equipo estaba perdiendo su seña de identidad. “Miramos, esperamos a que pase”, les decía a sus jugadores, que se habían encogido tras un inicio de trompas y cornetas en el que recuperaron dos pelotas e intentaron, sin éxito, dos alley-oop. Una anécdota, como su empate a 19 posterior con dos triples, pues el Blancos de Rueda Valladolid resultó una marioneta en manos del Power Electronics Valencia de Svetislav Pesic y de Víctor Claver, la promesa más eterna del baloncesto español y que con el entrenador serbio ha dado un salto cualitativo indudable: asume más responsabilidades en ataque y se está postulando como el líder de un grupo que se clasificó para las semifinales tras vencer por 60-83. Un cruce en el que el conjunto valenciano se enfrentará al ganador del Real Madrid-Gran Canaria 2014. 

Tiene mérito, mucho, el curso del Blancos de Rueda Valladolid, agobiados por la ley concursal y con el menor presupuesto se clasificó para la Copa y es tercero en la Liga ACB porque sobre todo es un equipo batallador, débil al rebote, pero aguerrido tenaz y constante en defensa, pues es el segundo que menos puntos recibe y el que más robos asesora. Esta vez se nubló en cuando Claver anotó su primer triple, que gracias a 19 puntos y nueve rebotes valoró 32 tantos, dos menos que todo el conjunto rival, que no supo nunca cómo pararlo. También Javtokas se dio un buen festín. Posiblemente el pívot lituano nunca encontró tantas facilidades que ante el conjunto vallisoletano y sin demasiado desgaste, siempre bajo el aro y certero, llegó al descanso (30-44) con 11 puntos en su haber para acabar con 15. No tiene nada con el jugador bajo de forma que empezó la temporada.

La peor derrota

Nunca había cedido por tantos puntos en sus participaciones en Copa del Rey (hasta ahora su peor derrota era un -20 en 1985 ante el Barça) y esta vez rondó la treintena de puntos de desventaja en la que muchos veían como el cruce de cuartos más igualado. Estuvo lejos de serlo por muchos factores, empezando por el rebote: 12 de diferencia, 41 por 29, y en las asistencias, pues Cook repartió seis (las que el conjunto de Fisac) de las 20 de su equipo. Un Power Electronics que parecía casi desahuciado en la séptima jornada después de perder en Valladolid y presentar 1-6 de balance. Una derrota que supuso el cese de Manolo Hussein y el fichaje de Pesic. Lo que puede cambiar un entrenador.

El serbio ha dado confianza al grupo, que apenas bajó el pistón pese a sus cómodas rentas. Con Rafa Martínez menos acertado Pietrus aportaba bajo el aro, De Colo volvió locos a sus rivales desde más allá de 6’75 y con su juego veloz al contraataque. Las diferentes defensas zonales de Fisac eran un obstáculo menor para el Power Electronics, siempre más compacto y mejor ante un equipo en el que sólo Diego García y Fede Van Lacke sobrepasaron los siete puntos, aunque la mayoría de ellos fueron entre el final del tercer cuarto y el último, con todos más que decidido. Hablando de decisiones, la grada afín a los vencedores le cantó a Claver MVP después de que éste se marcase un alley-oop a servicio de Simeón, justo antes de que David Navarro celebrase su debut en la Copa con un triple. Antes Van Lacke, que es Johnny Depp pero sin barba, salvase un tres contra uno en contra. Más representativa de cuanto sucedió fue otra jugada en la que el Power Electronics se hizo con tres rebotes ofensivos.

Blancos de Rueda (16+14+14+16) 60: Dumas (2), Van Lacke (11), Baez (5), Slaughter (4) y Robinson (7) -quinteto inicial- Barnes (6), Diego García (15), Stanic (5), Isaac López (3), Nacho Martín (2), A. Reyes (0) y Eduardo Ruiz (0). Power Electronics Valencia 83 (19+25+18+21): Cook (2), Rafa Martínez (8), Claver (19), Savanovic (5) y Javtokas (14) -quinteto inicial- Navarro (3), Augustine (0), Lischuk (7), Pietrus (5), De Colo (17), Fernández (3) y Simeón (0). Árbitros: Hierrezuelo, Conde y Cortés.