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sábado, 9 de junio de 2012

Sharapova salda su cuenta con Roland Garros borrando a Errani


Sharapova festeja su primer Roland Garros - AFP.

Daba gusto verla dando vueltas sobre sí misma como si fuese una renacuaja que acaba de abrir el regalo que le había pedido a los Reyes Magos. Maria Sharapova (Nyagan, Rusia, 1987) estaba viviendo el momento que tanto había esperado: saldar su cuenta pendiente con Roland Garros. En su primera final en París la rusa borró a la sorprendente Sara Errani por 3-6 y 2-6 para completar su colección: ya tiene los cuatro grandes. Sharapova empezó su álbum con 17 años ganando en Wimbledon (2004), continuó en el Abierto de EE UU (2006) y siguió en el Abierto de Australia (2008). Para ella los años impares son talismán, aunque en este 2012 perdió en enero perdió su tercera final en un Grand Slam en Melbourne ante Azarenka.

“Esto es algo excepcional, una victoria memorable”, confesó la tercera rusa en lograr un Roland Garros en la primera final entre dos jugadoras que no se habían enfrentado nunca desde el Abierto de EE UU de 1999, cuando se citaron Serena Williams y Martina Hingis. La suiza se retiró en 2007 con la espinita clavada de no haber ganado nunca en París, como tampoco lo hizo Pete Sampras, que durante muchos años fue el tenista con más Grand Slam con 14, hasta que Roger Federer le superó (16). 

0-4 inicial 

Hace cuatro años Sharapova llegó a decir que en tierra batida se sentía como una vaca sobre hielo: débil, torpe y vulnerable. No fue así en este Roland Garros, impecable para ella, pues sólo cedió un set en cuarta ronda ante Zakopalova, un partido que tardó 3 horas y 11 minutos en cerrar. En 1 hora y 29 minutos Sharapova despachó a la revelación del torneo, Errani, capaz de eliminar a tres ganadoras de grandes durante el torneo, pero que empezó la final nerviosa y siendo una marioneta para la rusa. Sharapova se fue 0-4, mientras que la italiana sólo era una mera espectadora. Tan sólo se hizo con tres puntos, uno de ellos por doble falta de su rival.

Sharapova se salía con la suya, con su propuesta de intercambios cortos y sostenida por sus paralelos no encontró oponente hasta el quinto juego, que se apuntó Errani rompiendo el saque. La boloñesa se creció, puso algo nerviosa a la rusa –4 dobles falta en la primera manga–, aunque no pudo aspirar a ganar el primer parcial (3-6), cerrado en sólo 36 minutos. Tampoco tuvo voz en el segundo, aunque al menos salvó las dos primeras pelotas de torneo para Sharapova, que replicó con dos saques directos. Es el décima tenista en ganar los cuatro Grand Slam en un curso en el que también ha ganado en Stuttgart y en Roma. Sharapova ha ganado 21 partidos de los últimos 22 que ha jugado a dos mangas y con su pase a la final ya se había asegurado volver a ser la número uno cuatro años después. 

“Han pasado ocho temporadas desde que llegué a cuartos de final aquí y ahora soy la vencedora”, dijo, emocionada, Sharapova, que elogió a Errani: “He estado viéndote estas dos semanas y has jugado muy bien. Espero que juguemos más finales”. Así de detallista es Sharapova, la deportista que más gana del mundo y que está envuelta en mil negocios, en moda... Ahora también se plantea lanzar una línea de confitería que se llamaría Sugarpova. Una idea de esta rusa que ha sabido sobreponerse a las lesiones para volver a lo más alto con Thomas Hogstedt como técnico. Es la sexta ganadora consecutiva diferente de un grande en un circuito femenino que necesita una reina estable. Sharapova presenta su candidatura a serlo.  

sábado, 28 de enero de 2012

Azarenka alcanza el número uno empequeñeciendo a Sharapova para ganar su primer Grand Slam en Australia


En los guiños de los realizadores de televisión se explican muchas historias, especialmente cuando se entretienen captando la reacción de las deportistas a cuanto acontece en la competición. Victoria Azarenka (Minsk, Bielorrusia, 1989) acaba de fallar un punto de break y en vez de lamentarse parece estar cantando su error con cierta gracia, dándole melodía a esa caña que le ha salido. Una equivocación anecdótica para ella, que a la siguiente oportunidad se lleva el juego, el octavo consecutivo. Y al saque Azarenka se lleva el partido, el número uno mundial y su primer Grand Slam, el Abierto de Australia, ante una Maria Sharapova pasada de revoluciones a lo largo de la noche australiana y que falló el resto lanzando la pelota a la red para perder por 6-3 y 6-0 en una hora y 22 minutos.

Azarenka, Vika para su entorno, es tan expresiva en una pista de tenis como fuera de ella, algo que le perjudicaba antes, cuando era demasiado impulsiva: “Mi equipo me ha hecho darme cuenta de que puedo confiar en mí”. Si durante el partido se había mostrado más segura, paciente, eficaz, buena gestora -sabiendo sobrevivir a los primeros obuses de Sharapova- además de escoger bien sus subidas a la red en el triunfo estuvo casi adorable. Primero se arrodilló y se tapó la cara, para poner cara de sorpendida, irse a abrazarse a su técnico, Sam Smuyk, a la pareja de éste y a su fisio, Jean Pierre Bruyere. Los siguientes gestos, para el público, al que obsequió con varias muñequeras y con su cinta, todo de color verde. Verde esperanza, la que no perdió la bielorrusa -la primera que juega y gana una final de Grand Slam- después de empezar muy nerviosa y verse con 0-2 y 0-30 en contra nada más empezar tras dos dobles faltas. 

Sólo entonces Sharapova pareció Sharapova. Después la rusa no tuvo réplica, vio cómo su rival remontaba el parcial para ponerse 3-2. Sharapova sólo pudo llevarse un juego más en todo el partido con un ace (3-3) y empezó a competir contra Azarenka y contra sí misma, obsesionada como estaba en revertir la situación con golpes a la línea y con mucha potencia. Le salió cruz por completo: “Vika se merece este título lo ha trabajo mucho. Es un honor que su nombre figure en este torneo”.

Décimo título

Sharapova estuvo elegante en su discurso en la jornada que perdió su tercera final de Grand Slam -ha ganado tres: Wimbledon en 2004, el Abierto de Estados Unidos en 2006 y el Abierto de Australia en 2008-. Azarenka sonreía agradecida, tímida ante tal alago y en su primera frase lo agredeció: “Gracias por tus palabras”. La bielorrusia acababa de recibir el trofeo de las manos de Martina Hingis, que según Eurosport podría jugar los dobles de los Juegos Olímpicos de Londres como Roger Federer. El suizo es el ídolo de Azarenka, a la que le encanta leer, estar con los amigos y escuchar música, desde rock pasando por hip-hop o R&B. Quién sabe en qué estilo se puso a cantar ante aquel fallo. Un despiste puntual para una grandiosa campeona que parecía toda una veterana en su primera gran cita.  

Ahora Azarenka es la nueva número uno mundial -Sharapova será tercera-, acumula diez títulos (Abierto de Australia y Sydney este curso; Miami, Marbella y Luxemburgo en 2011; Stanford y Moscú en 2010; Brisbane, Memphis y Miami en 2009; y ITF/Petange-LUX en 2005) y ya tiene su primer Grand Slam venciendo a la campeona la titánica Kim Clijsters en semifinales y sacando la versión más obsesiva a Sharapova en la final. Es la quinta campeona diferente en los últimos cinco grandes.

sábado, 3 de noviembre de 2007

Martina Hingis: otro icono que se destruye

Hingis, de 27 años, se retira del circuito profesional -Steve Christo.

Otro icono que se destruye. Hace unos días Marion Jones, la imagen del atletismo moderno, confesaba que había hecho trampas y que sus proezas en Sydney eran un engaño. Ahora
Martina Hingis (Kosice, Eslovaquia, 1980), la mejor tenista de finales de los noventa, anuncia que deja la raqueta tras haber dado positivo por cocaína en un control efectuado durante el pasado Wimbledon.

"Es una acusación horrenda y monstruosa. Mis únicas armas en la pista han sido siempre la imaginación y el amor por el juego. Me aterroriza consumir drogas", dice la tenista suiza, a la que le espera un largo camino de juicios y leyes para demostrar que es inocente. "Lo soy cien por cien", ratifica Hingis, de 27 años, mientras asegura que aconsejada por su familia se ha hecho la prueba en el cabello y que ha dado negativo "como todos los análisis que me han hecho en los últimos 12 años".

La WTA, escéptica

Según su entorno, las muestras de orina analizadas ni tan siquiera son de la tenista suiza. Afirman que hay un extraño complot contra la que hace una década, en 1997, se convirtió en la número uno más precoz, con 16 años, seis meses y un día. También son escépticos en la WTA: "No hemos recibido confirmación oficial de nada. Todas las jugadoras son inocentes hasta que se demuestra lo contrario. Martina Hingis es una tremenda campeona y una de las favoritas de los aficionados", explicó en un comunicado Larry Scott, presidente de la WTA.

Ganadora de 43 títulos individuales, entre los que destacan cinco Grand Slams (un Open de Estados, un Wimbledon y tres Open de Australia), Hingis abandona el tenis por segunda vez en su carrera. En 2002 se vio obligada a retirarse por las lesiones, que le impidieron seguir entre las mejores. Ahora se va acusada de dopaje. "Teniendo en cuenta este hecho, mi edad y los problemas físicos que he padecido con la cadera, he decidido abandonar el circuito", resumió.
Relato de prodigio adolescente

La historia de Hingis es un relato de prodigio adolescente. De una estrella que surge de repente y logra minimizar a un mito como Steffi Graf, que entre 1995 y 1996 había ganado seis de los ocho Grand Slams. Hingis, en mayo de 1996, fue quien rompió la excelente racha sobre tierra batida de la número uno, que hacía dos años que no perdía en esa superficie. "Es una jugadora muy sólida", reconoció Graf tras perder en los cuartos de final de Roma. Era el 10 de mayo de 1996. El primer aviso de aquella descarada jugadora que disfrutaba escuchando Bon Jovi y montando a caballo.
No tardó Hingis en lograr su primer torneo como profesional. Fue el 13 de octubre de ese mismo, en Fildestadt (Alemania). Tenía 16 años y 14 días. Desde entonces su progresión fue excepcional, casi surrealista: apenas cuatro meses después ganaba su primer Grand Slam, el Open de Australia, ante una desconcertada Mary Pierce. Y el 30 de marzo de 1997 Hingis se convertía en la número uno más joven de la historia, con 16 años, seis meses y un día. Esa temporada, en la que ganó 12 de los 17 torneos que disputó, también logró Wimbledon y el Open de Estados Unidos. Sólo se le resistó un grande, Roland Garros, su torneo maldito. El único torneo prestigioso que jamás conquistó.

Roland Garros


En París empezaron sus dudas. Se convirtió en una tenista más débil y temperamental. Siempre se encaró con el público, protestó a los jueces de silla, se concentró más en el entorno que en su propio partido. Sólo así se explica que perdiese la edición de 1999 ante Steffi Graf tras haber ganado el primer set 6-4 y sacando con 5-4 y 15-0 a favor. Ese año ganó por tercera vez consecutiva el Open de Australia ante Amélie Mauresmo. El 31 de enero de 1999 ganaba su quinto y último Grand Slam. Esa temporada perdió la final del US Open ante una emergente Serena Williams y fue finalista en el Másters de Campeonas. Aún era número uno.
Si Hingis siguió en lo más alto durante el año 2000 fue por su regularidad en los torneos menores. Porque en los más prestigiosos fracasó: cuartofinalista en Wimbledon, semifinalista en Roland Garros y Estados Unidos, y finalista en Australia. Pero la tenista suiza alivió sus males con un gran final de temporada, en el que ganó en Filderstadt, Zúrich y Moscú, y se impuso a Monica Seles en la final del Másters, en el mítico Madison Square Garden de Nueva York.
Pierde el número uno
Pero Hingis parecía otra tenista. No pudo competir contra la estelar aparición de las hermanas Venus y Serena Williams. Menos aún ante el excelente año 2001 de Jennifer Capriati, que ganó a la suiza en las finales del Open de Australia y en Charleston (Estados Unidos), además de imponerse en París. La tenista estadounidense, otro prodigio precoz, le arrebató el número uno el 15 de octubre de 2001, tras 209 semanas como la mejor. Capriati también había encontrado el éxito muy pronto: con poco más de 16 años ganó el oro olímpico en Barcelona ante Steffi Graf y pronto se perdió entre robos, drogas y sobrepeso. Su excelente ejemplo fue un ejemplo para todos y la agencia EFE la nominó como mejor deportista del año.
La confirmación del declive de Hingis llegó en 2002, donde sólo consiguió dos torneos modestos (Sydney y Tokio) y por primera vez desde 1996 estaba fuera de las diez primeras jugadoras de la WTA. Sus interminables lesiones en los tobillos no le permitieron jugar Roland Garros y Wimbledon. Su ansiedad le apartaba de las mejores, pero también de las desconocidas, como Nadia Petrova y Elena Dementieva sin apenas esfuerzo.
Hingis decidió retirarse esa temporada. Muchos fueron los que aseguraron que nunca más volvería a competir, que sus dolencias en los ligamentos de ambos tobillos eran incurables. Pero resurgió en 2006: "Jamás acepté tener que poner fin a mi carrera por una lesión", dijo tras su brillante Open de Australia, en el que llegó a cuartos de final. Esa misma temporada ganó en Roma y Calcuta, y llegó a cuartos de final de Roland Garros -"uno de los grandes motivos de mi vuelta es ganar en París"-.
El retorno
Esta temporada había ganado el torneo de Tokio a otra joven promesa como Ana Ivanovic. Ése ha sido el último éxito de Hingis, una tenista genial, tan irreverente como efectiva. Para la historia queda su espectacular ascenso, su lento declive, su vuelta triunfal y su adiós más doloroso. "Ni siquiera Navratilova tenía tal capacidad mental; Graf era más paciente, pero no tenía instinto; Chris Evert no tenía su audacia en la red. Reúne todas las cualidades de todas las campeonas precedentes", dijo en su día Andrea Jaeger, otra tenista precoz. Otra tenista también tuvo que retirarse por las lesiones. Aunque no baja sospechas. Con Hingis se destruye otro icono.