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martes, 9 de junio de 2020

"¿Es tu padre mejor que tu madre porque sea un hombre? ¿Lo crees de verdad?"

Emma Stone y Steve Carell encarcan a Billie Jean King y Bobby Riggs en 'La batalla de los Sexos', un hito en la lucha a favor de la igualdad en el deporte
Emma Stone en una de las escenas más icónicas de 'La batalla de los sexos'. Captura de la película. 

Toni Delgado (@ToniDelgadoG) 

Hay quien lucha contra la desigualdad de género escribiendo un tuit de vez en cuando. 

—¿Vas a ver algún partido de baloncesto femenino? 
—Sí. Cuando la entrada es libre. Cinco, seis o siete euros resulta caro. 
—Ah. Con el abono anual te saldrá más barato. 
—¿50 euros? Buff... ¡Demasiado! Tampoco compro camisetas ni bufandas de ningún equipo ni biografías de jugadoras, pero... ¿Te he dicho que escribo tuits a favor del baloncesto femenino? ¡Quiero que las jugadoras cobren lo mismo que los hombres!

sábado, 15 de julio de 2017

"Garbiñe Muguruza se entrenaba muy duro, pero a veces priorizaba otras cosas al tenis"

La hispano-venezolana levanta su primer Wimbledon tras desquiciar a Venus Williams

Garbiñe Muguruza con el trofeo. Foto: AFP.

Miró, durante unos segundos, al Venus Rosewater Dish, el imponente trofeo de Wimbledon. Recompensa a su izquierda, y luego, a su derecha. Sonrió. Garbiñe Muguruza (Guatire, Venezuela, 1993) dominó la puesta en escena ante los flashes del All England Club con la misma tranquilidad con la que sacó de sus casillas a Venus Williams, sin alma después de que la hispano-venezolana le remontase dos pelotas de set en la primera manga, con 5-4 en contra (7-5 final). En la siguiente, no hubo historia (6-0) y Muguruza

domingo, 11 de junio de 2017

“Nadal no sabe pelotear”

El balear logra su décimo Roland Garros tras desquiciar a  Wawrinka 

Nadal besa el trofeo como campeón de Roland Garros. Foto: Getty. 

“Mi hijo es muy amigo de Rafa Nadal (Manacor, Mallorca, 1986) y siempre que va a jugar con él a tenis me dice lo mismo. ‘No sabe pelotear. No hago más que recoger pelotas porque... ¡La mueve con una fuerza! Es alucinante’”, le cuenta a Cronómetro de Récords el padre de otro deportista balear de élite: “Rafa es un ganador con mucho carácter”. Nadal no se relaja ni en los partidillos con los amigotes porque quiere aprender y mejorar en cualquier instante. Es el mismo que siendo juvenil le aseguró a su

sábado, 4 de junio de 2016

Garbiñe Muguruza recita a Muhammad Ali

La hispano-venezolana gana Roland Garros, su primer Grand Slam, tras bloquear a Serena Williams (5-7 y 4-6)

Garbiñe Muguruza con su primer Roland Garros. Foto: FTT., 


"Los campeones no se hacen en gimnasios, están hechos de algo inmaterial que tienen muy dentro de ellos. Es un deseo, un sueño, una visión", defendía Mohammad Ali, el ex campeón del mundo de los pesos pesados. Murió a los 74 años en un hospital de Phoenix (Arizona, EE. UU.) horas antes de que Garbiñe Muguruza (Caracas, Venezuela, 1993) mirase la Philippe Chatrier como quien mira el mar, con ojos hambrientos. Horas antes de que Serena Williams, la número uno, soltase un "Come on! (¡Vamos!)" que retumbó en la

domingo, 8 de junio de 2014

El técnico que cambió la vida de Nadal

El mallorquín levanta su noveno Roland Garros ante Djokovic e iguala los 14 Grand Slam de Sampras

Nadal, emocionado, con la copa de campeón en París. 

Un modesto entrenador de un equipo más modesto todavía, el Olímpic de Manacor, es uno de los responsables de que Rafa Nadal se arrodille en la arena de la Philippe Chatrier para festejar su noveno Roland Garros tras tres horas y 31 minutos (3-6, 7-5, 6-2 y 6-4) y la enésima batalla feroz ante Novak Djokovic, con el que ha compartido, según datos de Mister Chip, 6.138 minutos con 3.482 puntos a su favor y 3.479 en contra, 23 victorias y 19 derrotas. Que Nadal iguale a Pete Sampras con 14 Grand Slam y se quede a tres de empatar

sábado, 7 de junio de 2014

Las mil y una vidas de Maria Sharapova

La rusa logra su segundo Roland Garros ante una titánica Halep en una final maratoniana 


Sharapova, con su segunda copa de Roland Garros. 

En una derrota de hace cuatro años se explica que Maria Sharapova (Niagan, Rusia, 1987) tenga en sus manos su segunda copa de Roland Garros, que le dé un beso y se ponga a mecerla como si fuese su hijo, que levante el brazo izquierdo y venga a decir "tengo la piel de gallina". Su persistencia para superar a Simona Halep en la segunda final más larga de la Era Open en la Philippe Chatrier, con un tanteo de 6-4, 6-7(5) y 6-4 en tres horas y dos minutos, y en una superficie en la que llegó a sentirse como una "vaca sobre el hielo" 

sábado, 25 de enero de 2014

Li Na, una pionera persistente

La tenista china descompe a Cibulkova (7-6 y 6-0) para convertirse en la primera asiática en levantar el Abierto de Australia tras dos finales perdidas  

Li Na muestra el trofeo de su primer Abierto de Australia - AFP. 

"Por fin. Ya tengo la copa". Es lo primero que dice, o más bien suspira, Li Na (Wuhan, China, 1982) tras descomponer a su rival, Dominika Cibulkova por 7-6 y 6-0, y recibir su primer trofeo del Abierto de Australia tras dos finales perdidas ante Kim Clijsters (2011) y Victoria Azarenka (2013). Quien le entrega la copa es alguien como Chris Evert, con 18 Grand Slams a sus espaldas, y que en su día la equiparó a Billy Jean King y Martina Navratilova por ir más allá del deporte en su país. Porque no hay otra deportista china más

martes, 10 de septiembre de 2013

Nadal es indestructible

El mallorquín logra su segundo US Open y 13º Grand Slam tras desquiciar a un Djokovic que comete 53 errores no forzados y remontar un tercer set que tenía perdido  


Nadal se emociona en el suelo tras el último punto de partido - AFP.

Una jugada define a Rafa Nadal (Manacor, 1986). Se juega por el tercer punto del noveno juego del tercer set con 4-4 y empate también a un set para dos contrincantes que no se reservan nada y hacen rugir a la Flushing Meadows, enloquecida ante una batalla singular. Novak Djokovic resta y a Nadal se le va el pie derecho, se resbala, pero no le quita el ojo a una pelota que no puede devolver. Es el 0-30 para su rival, que llega a procurarse tres oportunidades de break para poder sacar para llevarse el tercer set y tener más cerca la

domingo, 18 de agosto de 2013

Nadal es un camaleón

El mallorquín se impone a Isner (6-7 y 6-7) en Cincinnati para levantar su noveno título del año, recuperar el número dos y poder desbancar del uno a Dkojovic en el US Open 

Nadal celebra su triunfo en Cincinnati - AP. 

Cuando Rafa Nadal se deja ir, acaba de completar una larga lista de logros que le definen como un deportista camaleónico e insaciable. Cuando se deja caer en la pista dura de Cincinnati,  grita y agita los brazos el balear ha ganado el torneo por primera vez y también el primer partido en el que no ha dispuesto ni de una sola pelota de rotura. Con ese gesto Nadal celebra que ha sobrevivido al tremendo saque del local John Isner, el tenista que ganó aquel eterno partido de Wimbledon a Nicolas Mahut –el más largo de la

domingo, 7 de julio de 2013

Murray reescribe Wimbledon

Tras vencer a Djokovic (6-4, 7-5 y 6-4), se convierte en el primer británico en ganar en el All England Club desde que el último título masculino, de Fred Perry en 1936

Murray besa el trofeo de Wimbledon - AFP.

Andy Murray (Dunblane, Escocia, 1987) se siente pesado. Le pesa incluso la gorra, que más que protegerle del sol, parece molestarle en ese juego interminable. Ha tenido tres pelotas para cerrar el partido y ha salvado otras tres de rotura ante Novak Djokovic, que se resiste a ceder la final en tres sets. Hasta que el resto del número uno se queda en la red de la pista central del All England Club. Ahí, tras poco más de tres horas y un parcial de 6-4, 7-5 y 6-4, Murray se desprende de la gorra, se tapa la cara, abraza a Nole, chuta al aire, y, encogido en la hierba, rompe a llorar. Después se desprende de las muñequeras y del peso de la historia. Ésa que decía que desde 1936 ningún británico había ganado un título masculino en Wimbledon –en el cuadro femenino lo había logrado Virginia Wade en 1977–. “No tengo ni idea de lo que pasó en el último punto”, confiesa después: “No sé cómo conseguí ganar ese último juego, tras un partido tan duro, de tantos intercambios largos. Ha sido muy duro”. Murray se acuerda, claro, de que hace un año en el mismo escenario tras perder la final ante Roger Federer, pero también de su dulce venganza con el olímpico en Londres ante el suizo. 

“Felicito a Andy, que ha jugado un tenis increíble”, reconoce Djokovic, consciente de cuánto ha tenido que oír, escuchar y soportar su rival en estos años: “Se lo merece absolutamente. Sé lo mucho que significa para él, para su equipo y para el país entero”. Es cuando el serbio se gira hacia Murray: “Esto hace tu éxito más importante, sé la presión a la que has estado sometido. Es un gran éxito. Yo lo di todo, fue un placer y un honor formar parte de este partido y esta final”. Ivan Lendl sonríe y aplaude. Se emociona viendo cómo su pupilo recoge el trofeo que él, como jugador, nunca pudo levantar. 

Murray es casi siempre mejor en un partido en el que los pierden el norte y los nervios en algún momento. El británico llega a quejarse del abanico de un espectador y de una zapatilla. Y Djokovic explota –“¡que he pedido challange! ¡que he pedido challange!–, sin percatarse que no puede pedir otro. Es el undécimo juego de un segundo set que el serbio llega a dominar por 1-4 y acaba perdiendo por 7-5. En el tercero, la remontada es de Djokovic –de 2-0 para a mandar 2-4–, pero su rival vuelve a imponerse y se lleva la final, su segundo Grand Slam tras el US Open del curso pasado y, también ante Djokovic. Desde enero de 2012, desde le entrena Lendl, al que abrazó antes que a su propia madre, Murray es otro. Parece una roca, por más que a veces dé la impresión de que vaya a romperse. Es el número dos mundial y acaba de reescribir Wimbledon.
      

domingo, 9 de junio de 2013

París huele a Nadal

El balear logra su octavo Roland Garros, 12º Grand Slam con lo que se equipara a Emerson, ante un Ferrer sin respuesta (6-2, 6-3 y 6-2)

Bolt entrega la copa de campeón de Roland Garros. 

– ¿Sabes por qué me he lesionado este año y no he podido jugar aquí? Porque no me tocaba todavía, no era mi momento. Cuando pueda jugar por primera vez en este torneo será para ganarlo.

Era la primavera de 2004, Rafa Nadal (Manacor, 1986) estaba a punto de cumplir la mayoría de edad y hablaba, muletas en mano, con un representante de Nike que le acompañaba por
el torneo parisino. El jovenzuelo cumplió su palabra la temporada siguiente, cuando se plantó en París después de haber ganado en Montecarlo, Barcelona y Roma y se plantó en la final de Roland Garros ante Mariano Puerta, al que ganó en cuatro sets, pero después estuvo cuatro meses fuera de las pistas por una fisura en el tercio externo del escafoides, el mismo problema que le impidió debutar ante en Roland Garros. Su regreso en 2006 se concretó con unas semifinales en Marsella. “Se piensa de todo, incluso que quizás no puedes volver a jugar a tenis”, confesaba Nadal a Ángel Rigueira en una entrevista en Mundo Deportivo. También las pasó canutas el balear entre su eliminación en Wimbledon en 2012 y su retorno, con final incluida, en Viña del Mar, tras siete meses sin competir por una rotura parcial de tendón rotuliano y una hoffitis en la rodilla izquierda. De nuevo, peligraba su carrera y su trayectoria casi perfecta –una única derrota en 2009 ante Soderling– en Roland Garros, pero el balear se ha repuesto de nuevo y ha sido finalista en los nueve torneos que ha disputado en este triunfal 2013. Acumula ya siete títulos, el último, claro, su octavo en Roland Garros, donde se emocionó mordiendo su octavo Grand Slam en París, el 12º grande de su carrera con lo que iguala a Roy Emerson y se queda a dos de Pete Sampras y a cinco de Roger Federer, ante un David Ferrer (6-2, 6-3 y 6-2) que fue directo: “Él es el mejor”.

“Muchas gracias a la vida por darme esta oportunidad”, dice Nadal, que recibe el trofeo de manos de Usain Bolt, el atleta más rápido de la historia, trajeado y serio por un día: “Estoy aquí tras mucho trabajo desde que soy un niño, tras recibir mucho apoyo de mi familia, de Toni, de todos los entrenadores que he tenido, de Titín [su fisioterapeuta] y de mis patrocinadores”. El balear suma 59 victorias en Roland Garros, una más que Vilas y Federer, es el primero que gana un Grand Slam ocho veces y también el que logra al menos un grande nueve temporadas seguidas.. Desde su retorno ha ganado 94 de los 110 sets que ha disputado, 43 de los 45 partidos y suma 4.895 minutos. Una barbaridad que no le pesó en la final, a pesar del gran esfuerzo en semifinales ante Djokovic. Poco importa que Ferrer llegue sin haber cedido un set ni que comience con un juego en blanco el primer juego y lo gane en un minuto. Nadal se procura cinco pelotas de rotura y logra tres en un primer set cuyo penúltimo punto es una doble falta de su rival, que nunca antes había alcanzado una final de Grand Slam.

“David es un luchador”

Ferrer –“David es un luchador. Él y todo su equipo se merecen estar aquí y les deseo lo mejor”, concede el ocho veces campeón en París– trata de hacer de tripas corazón y salva dos pelotas de break que le darían un 4-0 a Nadal en la segunda manga, pero poco más puede hacer, pues no puede llevarse el siguiente juego, el quinto del set, en el que el alicantino cede de nuevo su saque tras salvar otras dos bolas de rotura, aunque no aguanta a su rival en el intercambio más largo y espectacular del partido, un punto que se lleva Nadal tras un passing. Es un set marcado por dos paréntesis extradeportivos: la expulsión de dos personas que enseñan una pancarta en contra de los matrimonios homosexuales en Francia –gritan “¡François [por Hollande, el presidente francés], no queremos tu ley”– y la aparición de un enmascarado con el torso desnudo y máscara que lleva una bengala.


Ferrer se repone en la tercera manga a un 0-2 y empata a dos y a tres, mientras la Philippe Chatrier le premia con un “¡David! ¡David!”. Es el reconocimiento unánime a un tenista que a los 31 años se está superando y que es un exponente del trabajo: “Espero que no sea la última vez que llego a la final de un Grand Slam. Intentaré volver”. No pone excusas Ferrer a la lluvia y felicita a su amigo Nadal: “Si alguien se merece esto es él”. Definitivamente, París huele a Nadal.
    

sábado, 8 de junio de 2013

Serena Williams recupera su corona extraviada en París

La estadounidense suma su segundo Roland Garros once años después, suma su 16º Grand Slam y alarga a trece las victorias consecutivas ante Sharapova (6-4 y 6-4)

Serena festeja su segunda victoria en París - Getty images.

La mejor definición que nadie ha hecho sobre Serena Williams (Saginaw, Michigan, EE UU, 1981) la hizo ella misma ante el público del Abierto de Australia: “Soy insaciable”. Era enero de 2007 y la tenista estadounidense se dirigió a una grada encantada con su juego arrollador y por verla coronada por tercera vez en Melbourne –su octavo Grand Slam– después de empezar el torneo como 81º y de haber jugado solo cuatro torneo el curso anterior. Detrás suyo, Maria Sharapova sostenía su trofeo como subcampeona y estaba atenta al discurso de quien no le había dejado ganar más que tres juegos. “Cuando tenía 10 años, le dije a mis padres que querría estar aquí con el trofeo y hablando francés. Lo he conseguido”, bromeó Serena más de seis años después, en París y tras descomponer a la misma rival, esta vez por 6-4 y 6-4 en 1 hora y 46 minutos. Es la 13ª vez consecutiva que la estadounidense gana a Sharapova –que defendía el título– y la victoria le hace recuperar su Grand Slam más esquivo, pues su único Roland Garros databa de 2002, cuando superó a su hermana Venus. Serena suma 16 grandes y se acerca a los 18 de Martina Navratilova y su compatriota Chris Evert, a la que, con 31 años y 247 días, arrebató la marca de campeona más veterana en París –31 años y 256 días era la de Evert–.

“Estaba muy nerviosa, quería ganar... Es algo increíble. Quiero volver el próximo año, quedarme un poco aquí, adoro París, al público. Quiero volver a ganar aquí. Es un torneo formidable”, continuó Serena, que festejó a cámara lenta su triunfo, agachándose y gritando sin descanso, tanto que parecía que la mandíbula fuese a salirse de su sitio. La ocasión para ella lo merecía y más teniendo en cuenta que la temporada pasada cayó en primera ronda ante Razzano en Roland Garros. En ésta acumula 31 triunfos consecutivos y seis títulos en 2013, tres (en París, Miami y Madrid) ante Sharapova, que al menos resistió más que otras veces. Lo demostró con el juego inicial, en el que la rusa logró salvar cuatro pelotas de rotura para mantener su servicio en una primera manga con baile de breaks –dos para ella y tres para su rival– que llegó a dominar por 0-2 y perdió por 6-4.


Serena volvió a sacar lo peor de Sharapova, a la que hizo dudar y sometió a latigazos, especialmente en el cuarto, sexto, octavo y décimo y último juego del segundo set, cuando conectó cuatro saques directos y ¡solo! cedió un punto ante una Sharapova que hizo lo imposible para mantener su servicio (5-4), pero que en esa manga solo ganó al resto el 13% de los puntos. La rusa no sabía qué cara poner y casi ni se atrevía a celebrar sus aciertos –“he tenido derrotas muy duras en este torneo, y una de las victorias más especiales de mi carrera, el año pasado. Es duro no haber ganado, pero amo formar parte de este torneo y agradezco vuestro apoyo incansable”– ante una rival que le tiene comida la moral y dispone de más recursos. Una Serena que celebró en silencio, agachada y mirando al horizonte su penúltimo punto. Se imaginaba cómo sería volver a vencer en París. Lo hizo justo después, con un ace que alcanzó los 198 km/h y se dejó la raqueta por el camino. Bailó, se tapó la cara y apretó los dientes. Es insaciable.
        

domingo, 19 de mayo de 2013

Huracán Nadal en Roma

El tenista balear tritura a Federer (6-1 y 6-3) para ganar su séptimo título en la capital italiana y llegará a Roland Garros como número cuatro   

Nadal celebra su victoria en Roma - AFP. 


Es el sexto juego de la segunda manga y Roger Federer, el tenista con más Grand Slams (17), salva su primera bola de rotura subiendo a la red. Rafa Nadal le replica sin pestañear y cierra el juego con un passing de revés. En poco más de una hora el tenista balear tritura al suizo por 6-1 y 6-3 en una final del Másters 1.000 de Roma sin historia. Nadal levanta los brazos y apenas celebra su séptima victoria en la capital italiana, pese a todas las buenas noticias que le comporta: su sexto título en los ocho torneos que ha jugado esta temporada y recuperar un cuarto puesto que le dará un cuadro más accesible en Roland Garros. “Valoro lo que me está pasando porque sé realmente donde estábamos hace unos meses", dice el tenista con más Másters 1.000 que nadie, 24.

“Si me dicen esto antes, hubiera pensado que era una cosa de locos. Sin tanto tiempo que competir y con las dos primeras semanas en Chile y Brasil con sensaciones bastantes negativas, estar aquí meses después llevando ganado todo lo que llevo es un sueño”, continúa Nadal, que tras pasarse siete meses lesionado disfruta como nunca. Nunca antes había encadenado ocho finales como este año, donde es el mejor tenista con mejor currículum. En Roma supo sufrir ante Gulbis y Ferrer, y no tuvo apenas dificultades ante Berdych en semifinales ni en la final ante Federer, contra el que jugó gran parte del partido tranquilo, alejado de la línea ante un rival descompuesto que cedió la primera manga en 23 minutos, moviéndose de un lado de la pista y sin poder defender ninguna de las tres pelotas de rotura que se procura un rival desatado que ya este curso ya le había ganado en Indian Wells en cuartos de final dejándole también en seis juegos. Dos menos logró esta vez el suizo, que fue muy directo en su análisis: “Hoy no fue mi día, sino el de Rafa, lo que pasa frecuentemente contra mí”. Es la 20ª victoria de Nadal en los 30 duelos entre ambos. Citas para la historia como la final de Wimbledon de 2008, quizás el mejor partido de siempre.


domingo, 12 de mayo de 2013

Un tentempié para Nadal

El balear borra a Wawrinka (6-2 y 6-4) para llevarse su tercer Másters 1.000 de Madrid, su quinto título del curso y el 40º en tierra batida, igualando a Muster

Nadal muerde su tercer trofeo de Másters 1.000 de Madrid. 

– Lo que no voy a hacer nunca es estar en una pista de tenis sin dar todo lo que tengo dentro. Eso jamás.    

Rafa Nadal (Manacor, 1986) lo dice en octubre de 2005 tras remontar dos sets en contra en la final del Másters 1.000 de Madrid ante Ivan Ljubicic. Aguanta un dolor indescriptible en el pie izquierdo y las rodillas y cuando el doctor Cotorro le queda la venda del pie tras el partido descubre ampollas, sangre y piel desgarrada en algunas zonas. El balear ha logrado una victoria épica, pero poco después tiene que renunciar a la Copa de Maestros de Shanghái y su carrera pende de un hilo varios meses. Una situación que volvió a vivir durante siete meses, desde su derrota en Wimbledon el curso pasado hasta su reaparición en Viña del Mar en un curso fantástico para él. Nadal ha jugado siete torneos y ha levantado cinco, el último y por tercera vez en su carrera –como Roger Federer– en Madrid ante un Wrawrinka que no fue ni la sombra de aquel Ljubicic que le formó al máximo. El suizo levantó la bandera blanca de rendición tras una hora y 11 minutos y un marcador muy claro: 6-2 y 6-4. Nadal logró su 40º torneo en tierra batida, igualando la marca de Thomas Muster. 

El balear tiene a solo seis títulos el récord de Guillermo Vilas, el mejor especialista en arcilla de la historia por palmarés. “Quizás esta victoria es aún más especial por donde venimos, de una temporada complicada. En estos últimos partidos me he acercado a la línea de juego que me interesa, a la aspiro a conseguir. Necesito seguir encontrando un poco más de calma, más confianza en mis movimientos”, dijo tras ganar su 23º Másters 1.000: “El torneo ha salido mejor imposible. Es el partido en el que he estado más agresivo. He conseguido jugar a un nivel alto”. Su próximo reto es revalidar su título en Roma –donde acumula seis coronas–, un logro que le haría recuperar el cuarto puesto en el ránking y tener cruces más favorables en su ciudad fetiche, París. En Roland Garros.  
            

Serena Williams vuelve a empequeñecer a Sharapova

La estadounidense se consolida como número uno venciendo por segundo año seguido en Madrid y prolongando su racha de victorias ante la rusa, que no le gana desde 2004

Serena festeja su victoria en Madrid - Reuters. 

No era un trofeo especialmente bonito. Recordaba a cualquier jarra de vidrio que sirve para decorar la casa o poner las flores. Pero para Maria Sharapova (Niagan, Rusia, 1987) era el más bonito del bonito, lo mecía y lo agarraba con ternura a la altura del corazón. “Ya sé que no me estoy mostrando demasiado entusiasmada, pero no se confundan. En realidad, sí que lo estoy. Lo que pasa es que no me salen sus palabras”, decía la rusa, que entonces tenía 17 años y cerraba su fantástico 2004 –Birmingham, Seúl, Tokio y sobre todo Wimbledon, convirtiéndose en la tenista más joven en ganar un Grand Slam desde Martina Hingis– con un triunfo en Los Ángeles en la Copa de Maestros. El 16 de noviembre de 2004 iba a marcar un punto y aparte entre Sharapova y la rival a la que había vencido en esa final y en la Wimbledon, Serena Williams (Saginaw, Michigan, 1981), que antes de la final del Másters 1.000 de Madrid había encadenado once victorias consecutivas ante la rusa, a la que derrotó en finalistas tan dolorosas como la de los Juegos Olímpicos de Londres, la Copa de Maestros del curso pasado y el Abierto de Australia de 2007. “[Me falta su] fuerza física (…) Ella es capaz de coger la línea y, con consistencia, disparar un tiro que es 30 kilómetros por hora más rápido que el resto de las chicas”, reconocía a Juan José Mateo en El País horas antes de comenzase el torneo en el que Sharapova pretendía acabar con su maldita trayectoria ante Serena Williams, pero perdió por 6-1 y 6-4. Serena Williams empequeñeció a la rusa para lograr su segunda victoria consecutiva en el Másters 1.000 de Madrid, algo que habían logrado, entre otras, Dinara Safina, Aravane Rezai o Petra Kvitova. Es el 50º título –el décimo sobre arcilla– de la menor de las Williams, que continúa como número uno del mundial ante Sharapova, sin la tecla adecuada para ganar a una rival casi inigualable.  

“Gracias a Dios… Estoy muy feliz. Gracias a Maria, al estadio…”, dice en castellano Serena Williams, al borde del llanto, pero también de la risa. Está eufórica la estadounidense, que volvió a minar la moral de Sharapova, condenada por los latigazos de su rival y de sus propios errores, hasta ocho dobles faltas, la última en el penúltimo punto del partido y cinco en un primer set sin historia. Serena Williams atenaza a Sharapova, que en 15 minutos ya ha perdido dos servicios y cae 4-0. A la rusa le cuesta un mundo mantener su saque –lo consigue a la séptima oportunidad–, pero cede la manga. Mejora en la segunda, en la que llega a ponerse 1-3 y volviendo a las andadas para perder por 6-4. La estadounidense, a la que le encanta bailar salsa, se marcó un divertido giro sobre sí misma para celebrar el triunfo, antes de saludar a la grada, firmar a la cámara y hacer gestos.   

La Caja Mágica apenas disfruta de la final, poco más de una hora vive un encuentro intenso entre dos jugadoras poderosas en la pista y fuera de ella. Entre dos mayúsculas supervivientes. La rusa llegó a caer hasta el 126º puesto en el ránking por una lesión en el hombro, mientras que la estadounidense, que temió por su vida en 2011 cuando se le diagnosticó una embolia pulmonar –“ha sido extremadamente duro, aterrador y decepcionante. Sé que me pondré bien, pero estoy rezando y deseando dejar esto atrás pronto”–. Comparten un pasado difícil, pero les separa separan cinco años de vida, títulos y constitución. Mientras Serena mide 1'76 metros y pesa 70 kilos –puro músculo, fuerza, el vídeo que encabeza su web personal no podía ser otro que el de un entrenamiento en el gimnasio–, cuenta con 15 Grand Slam y 49 títulos, mientras que Sharapova, apodada Shazza, es más alta (1'90) y más fina (59 kilos), cuenta con cuatro Grand Slam, uno por cabeza. El año pasado rompió su difícil relación con la tierra batida ganando en Roland Garros, el único grande que el faltaba y donde en 2007 dijo una frase que le acompañará de por vida: “[en esta superficie] me siento como una vaca en el hielo”. Así se llegó a sentir por momentos ante una Serena Williams muy superior.

domingo, 28 de abril de 2013

La sinfonía de Nadal

El tenista mallorquín logra su octavo Godó tras ganar 6-4 y 6-3 a Almagro

Nadal levanta su octavo Godó - AFP. 

Su rival tiene 12 años, cinco más que él, y el cielo está encapotado. Rafa Nadal (Manacor, 1986) está asustado hasta que su tío Toni le tranquiliza diciéndole que si las cosas se ponen feas hará que llueva. Con 2-3 en el primer set se pone a llover y un rato después Nadal le pide a su familiar que haga que salga el sol, que se ve capaz de ganar un partido que acaba perdiendo en el tercer set. Muchos años, de nuevo con el cielo cargado y 54 títulos en su haber, entre ellos once Grand Slam, Nadal no quiere que llueva y empieza, como aquel día, 0-3 en contra ante un Nicolás Almagro fresco y directo. En la grada del Real Club de Tenis Barcelona el público se protege de la fina lluvia con chubasqueros y paraguas y también están protegidas las diferentes copas del torneo del Conde de Godó. Los puntos se alargan, en parte, porque la pelota va lenta y Nadal deshace el entuerto para llevarse seis juegos de siete y alcanzarse con el primer set por 6-4. En el segundo apenas tiene dificultades y lo gana por 6-3. El tenista mallorquín gana el partido en una hora y 32 minutos y poco después ya levanta su octavo Conte de Godó, tantos como Másters 1.000 de Montecarlo. Es su 39º título en tierra batida y se coloca a uno de Thomas y a siete de Guillermo Vilas.

“Las condiciones eran realmente complicadas”, reconoce Nadal. Se refiere al tiempo, al estado de la superficie a su rival, que le domina al principio. Pero el mallorquín reacciona y se lleva su cuarto título en el 2013 (tras Sao paulo, Acapulco e Indian Wells), más que nadie: “Desde que hemos vuelto [tras siete meses lesionado] las cosas están yendo mejor imposible”. Lo dice una semana después de perder la final de Montecarlo ante Djokovic. En Viña del Mar, en el torneo de su reaparición, también fue finalista ante Zeballos. Nadal cogió con mimo su octavo Godó, “una de las victorias más emotivas que podía tener” y se lo pudo encima de la cabeza. Almagro no perdió detalle: “No ha podido ser. Hay una persona que es un monstruo y que está por encima del resto en esta superficie”.    
     

domingo, 21 de abril de 2013

Djokovic destrona a Nadal en Montecarlo

El número uno rompe la racha de ocho títulos seguidos en Mónaco e inicia con nota su gira en tierra batida (6-2 y 7-6)

Djokovic festeja su triunfo en Montecarlo - AP. 


Cuando Novak Djokovic abre los brazos y se libera de la tensión acumulada es posible que sepa alguna de las marcas que acaba de lograr en la arcilla de Montecarlo. La primera, claro, es que ha logrado llevarse su anhelado Másters 1.000 a la tercera tentativa y que es el jugador que figurará siempre como quien rompió la racha triunfal en Mónaco de Rafa Nadal, que acumulaba ocho títulos seguidos y que contando ese tiempo y hasta esta final solo había cedido siete sets. Pero Djokovic vence en dos (6-2 y 7-5) en casi dos horas de juego y se convierte también en el primero que gana ocho Másters 1.000 diferentes (Indian Wells, Miami, Montecarlo, Roma -2-, Madrid, Canadá, Shanghái y París). Al serbio solo le queda Cincinnati para completar los que están en el calendario actual. Sabe que esta victoria supone un golpe de moral para él, que también aspira a destronar a Nadal en Roland Garros, el único Grand Slam que le falta.

No se enfrentaban en un torneo desde esa final de París, jugada un lunes por culpa de la lluvia, que también retrasó, aunque apenas una hora, la cita en Montecarlo. Una cita que empezó como un huracán Djokovic, poniéndose 5-0 por delante y sin restos de sus dolores en el tobillo derecho. Nadal chocaba contra un rival desatado que acertaba con las líneas y contra sí mismo, pues fallaba solo: un revés, otro revés cortado o haciendo una doble falta. El mallorquín estuvo a punto de ceder el set sin ganar un juego, pero fue capaz de remontar dos pelotas de break en el sexto. Pero cedió en la manga 6-2.

Dispuesto a forzar el tercer set, Nadal se creció en el segundo. Jugó con más frescura y soltura y se colocó 2-4. La réplica del número uno fue un juego en blanco, otro en el que cedió un punto y otro igualado (5-4). Djokovic se bloqueó con su revés y Nadal se puso 5-6 y sirviendo para alargar el partido. Pero de nuevo el serbio respondió con un juego en blanco y con un tie-break inmaculado. Es el tercer título del curso para el serbio tras el Abierto de Australia y Dubai, su 14º Másters 1.000 y una inyección de confianza de cara a Roland Garros, territorio de Nadal, que en su retorno a la competición ha ganado tres torneos y ha sido finalista en los otros dos. Es su mejor comienzo de siempre en un curso difícil tras siete meses lesionado.  

lunes, 1 de abril de 2013

El centímetro de Ferrer

El alicantino roza el título en Miami ante Murray en un partido de rachas

Ferrer se lamenta durante el partido - EFE. 

Andy Murray saca para salvar la pelota de torneo de la que dispone su rival, David Ferrer, que dos días antes de soplar las velas de su 31 años está a punto de regalarse su segundo Másters 1.000, el de Miami. Ferru pretende convertirse en el primer español que lo gana después de que Sergi Bruguera, Carlos Moyá y Rafa Nadal se quedasen a las puertas. Ferrer devuelve entonces una pelota a Murray y éste le replica. Pero Ferru, convencido de que la bola había botado fuera, no lucha la siguiente y pide el ojo del halcón. El escocés espera el veredicto del vídeo apoyado en la raqueta, al borde de un ataque de nervios y destrozado tras un esfuerzo sobrehumano. La pantalla muestra que la pelota ha entrado por poco más de un centímetro y Murray suspira de alivio y se acaba llevando el juego para forzar un tie-break sin historia en el que Ferrer, paralizado por los calambres que le habían hecho requerir los servicios de un fisioterapeuta, claudica 4-6, 6-4 y 6-7 tras dos horas y 45 minutos.

“Ahora estoy un poco triste pero Murray también se lo ha merecido”, dice, elegante, Ferrer, que sabe que seguirá con su dichosa estadística de no haber ganado nunca una final contra los cinco mejores del circuito (balance de 0-13). Esta vez lo ha tenido muy cerca en un partido marcado por el viento y las rachas extremas de sus protagonistas. Murray, que con el título alcanza el número dos –su mejor posición de siempre y que había ocupado en 2009 durante tres semanas, es un tenista sin alma en un primer set que empieza procurándose dos pelotas de rotura que pierde y en el que cede tres breaks ante un Ferrer que no acaba de creerse tantas facilidades y que en la segunda manga salva dos pelotas de rotura para el 2-5 y empata a 4.

Ferrer ha resurgido, pero se derrumba de repente y cede 4-6. Todavía más extraño es el último set, con los dos jugadores repartiéndose roturas en los seis primeros juegos, con Murray haciendo dos dobles faltas casi consecutivas y Ferrer fallando solo en la red. Ferru rompe la racha y mantiene su servicio, como hace Murray en el siguiente juego. A Ferrer ya le hacen masajes porque sufre una sobrecarga del bíceps femoral de su pierna izquierda: festeja con el puño en alto el 5-5 y se pone 6-5 tras un fallo de Murray con la volea. Con 30-40 a favor Ferru tiene en su mano el torneo y lo ve en sus manos cuando pide el ojo del halcón, que le quita la razón. Murray suspira de alivio y a Ferrer, torturado por los calambres, ya no le queda más que decir.
   

domingo, 4 de noviembre de 2012

David Ferrer, la hormiga infatigable ya tiene su premio

El tenista alicantino alcanza su primer Másters 1000, el París-Bercy, tras superar a Janowicz (6-4 y 6-3)

Ferrer levanta el París-Bercy, su primer Másters 1000 - Reuters. 

Es el color de los titulares y de las citas entre comillas. El negro esteriliza figuras y realza protagonistas. Por eso la realización se centra en el ritual de David Ferrer (Xàvea, Alicante, 1982) bajo el fondo negro de la pista cubierta del París Bercy: le sopla a la pelota, muestra la lengua y saca por su primera pelota de partido y de primer Másters 1000. Saca para la historia y el rival, Jercy Janowicz, un descubrimiento procedente de la fase previa –“necesito dos semanas para despertarme de este sueño”, diría después el polaco– resta largo. Ferrer se tira al suelo, suelta la raqueta y se revuelve mientras se tapa los ojos. Ya tiene el premio por el que ha luchado tantos años y lo tiene en su mejor año como profesional, pues ha alcanzado más títulos (siete) y victorias que nadie en el circuito (72 en 83 partidos). “Pensaba que iba a ser imposible, que no lo iba a conseguir, pero la vida te da sorpresas”, concede Ferrer sobre el anhelado Másters 1000, el primer gran título individual de una hormiga infatigable que a los 16 pensó en abandonar la raqueta y al que en la Federación apodaron Ferro –hierro en catalán– por su tenacidad, por esa capacidad de superarse que le ha valido el cariño de aficionados y rivales: “Estoy muy feliz, es algo que me preocupaba desde hacía mucho tiempo. Ha sido como quitarme una espina”. Se la sacó en una hora y 27 minutos, a las cinco menos veinte de la tarde y con un tanteo de 6-4 y 6-3, logrando una rotura de servicio en la primera manga y no despistándose cuando cedió un break en la segunda y definitiva: “Ya he pasado muchas veces por ahí”.

No se esperaba Ferrer ganar su primer Másters 1000, el París-Bercy, en cemento bajo techo, cuando su fuerte es la tierra batida. El tenista alicantino supo aprovechar la ausencia en París de Roger Federer y Rafa Nadal, que le batió en las finales de Roma y Montecarlo, y la prematura eliminación de Novak Djokovic y Andy Murray, que le superó en su tercera tentativa en un Másters 1000 en Shanghái. A la cuarta fue la vencida para Ferrer, que cuenta con 18 títulos y se sorprende de estar “tan bien física y mentalmente” a los 30 años. Cuestión de carácter, de ser una hormiga infatigable que ha perseverado hasta conseguir su objetivo -era el jugador que más triunfos tenía en Másters 1000 sin levantar un torneo de dicha categoría- y acabará su excepcional 2012 como número cuatro por delante de su amigo Nadal si llega a la final de la Copa de Maestros, como hizo en 2007 y 2011. Después Ferrer, que luchará también por su cuarta Copa Davis, alzó el París-Bercy, un trofeo con forma de árbol y en cuyas ramas aparece el nombre de sus campeones. Ahí figurará Ferrer. Ese culé declarado que devora libros y que admiraba a Kluivert por su elegancia. 

sábado, 15 de septiembre de 2012

Juan Carlos Ferrero, el primer héroe de la Davis

El tenista de Ontinyent anuncia que se retirará en octubre, tras el Valencia Open 500, del que es propietario junto a David Ferrer

Ferrero, tras el punto definitivo en la Copa Davis de 2000. 

Los nervios de un anuncio bien meditado y que no tiene vuelta atrás se reflejan en tres gestos. Como entrada a la noticia Juan Carlos Ferrero (Ontinyent, Valencia, 1980) recorre, nervioso, su ceja izquierda, hasta tres veces. Dado el titular de que se retirará en octubre, tras el Valencia Open 500, del que es propietario junto a David Ferrer, que lo hace a los 32, a una edad idónea “para un deporte tan exigente”, continúa con los agradecimientos. Se le corta la voz mencionando a su padre, Eduardo, y logra seguir con sus hermanas, Laura y Ana, a su familia en general y a Toni [Antonio Martínez Cascales, su técnico de casi siempre, Josep Perlas lo fue un tiempo]... No puede más: pide “un segundo” y toma un sorbo de agua mientras llora en un momento inevitable para el primer héroe de la Copa Davis. Para quien rompió la eterna barrera de España con la Ensaladera con un passing de revés ante Hewitt en un Palau Sant Jordi a rebosar que disfrutó de un talento precoz al que sólo las lesiones pudieron frenar. Del segundo número uno nacional tras Carles Moyà y antes de que lo fuese Rafa Nadal.  

De Ferrero se recuerda cómo celebró el punto decisivo de la primera Copa Davis, dejando sus rodillas reposar en la arcilla con 20 años y como con 23 hizo lo mismo para festejar su único Grand Slam, Roland Garros, cuya copa llenó a besos: “Era el sueño de mi vida. Te lo dedico también a ti, que estás ahí arriba”. El Mosquito, como le apodó un amigo por su tremenda velocidad, hablaba de Rosario, su madre, que murió de una enfermedad cuando él tenía 16 años, y que no pudo disfrutar con su retoño como número 1, también en 2003, su mejor temporada, en la que además de seducir a París, se metió en la final del US Open, coto privado hasta entonces para los españoles y emulando a Moyà, que también fue finalista en el Abierto de Australia, otro territorio prohibido hasta la aparición fulgurante de Nadal. 

Sí, Ferrero fue y será recordado como un pionero, un talento precoz al que sólo pudieron las lesiones, de todo tipo y continuas, a veces se recuperaba de una y volvía a la otra. Pero El Mosquito continuaba erre que erre –“Ferrero sigue jugando por su autoestima, por estar bien consigo mismo”, decía su entonces técnico Josep Perlas a Sergio Heredia en La Vanguardia–, venciendo al miedo y a los dolores por hacer lo que le gusta, jugar al tenis –“ahora lo haré de una forma un tanto más relajada”–. Estuvo casi cinco años largos sin ganar un título individual, el período entre que alzó el Másters de Madrid ante Nicolás Massú y eliminado a un jovenzuelo irreverente y con coleta, Roger Federer, en octubre de 2003 –en 2006 sí que ganó el Másters nacional– hasta que en abril de 2009 alzó el de Casablanca. 

Entre medias, algunas finales, como las de Rotterdam (2003), Godó y Viena (2005), Costa do Sauipe (2007), Auckland (2008) y Cincinnati (2006), a la que llegó tras batir por el camino a, entre otros, Nadal. La joven perla desplazó a Ferrero en la final en Sevilla ante Estados Unidos poco después de haber logrado su primer título ATP en Sopot y se convirtió en el más joven en lograr un punto para el vencedor. Moyà quedó como héroe final, emulando a ese Ferrero descarado del Palau Sant Jordi. Ferrero fue fino en la pista y dentro de ella, eterno, por ejemplo, para dar el punto definitivo ante Alemania en Marbella y alcanzar las semifinales de 2009 de la Davis, una competición a la que no acudía desde 2005. Aficionado del Madrid, jugador puntual de golf y enamorado de los coches, Ferrero se irá de las pistas a finales de octubre en su torneo, pero continuará ligado al mundo del tenis que tanto ama y no dejará de escuchar su música favorita, a  los desaparecidos Michael Jackson y Whitney Houston, y a Manolo García y Ella baila sola.