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domingo, 8 de junio de 2014

El técnico que cambió la vida de Nadal

El mallorquín levanta su noveno Roland Garros ante Djokovic e iguala los 14 Grand Slam de Sampras

Nadal, emocionado, con la copa de campeón en París. 

Un modesto entrenador de un equipo más modesto todavía, el Olímpic de Manacor, es uno de los responsables de que Rafa Nadal se arrodille en la arena de la Philippe Chatrier para festejar su noveno Roland Garros tras tres horas y 31 minutos (3-6, 7-5, 6-2 y 6-4) y la enésima batalla feroz ante Novak Djokovic, con el que ha compartido, según datos de Mister Chip, 6.138 minutos con 3.482 puntos a su favor y 3.479 en contra, 23 victorias y 19 derrotas. Que Nadal iguale a Pete Sampras con 14 Grand Slam y se quede a tres de empatar

domingo, 26 de enero de 2014

Wawrinka sabe ganar y Nadal, perder

El suizo se corona por primera vez como campeón de un Grand Slam, del Abierto de Australia, tras derrotar a un Nadal corajudo que se lesionó en la espalda en el peloteo


Wawrinka levanta el trofeo del Abierto de Australia con Nadal al fondo - AFP.

Es el octavo juego del cuarto set y Stanislas Wawrinka (Lausana, Suiza, 1985) se señala la cabeza con el dedo. Viene a decir "la mente, la mente. He sabido no perder los nervios. Ahora sí me creo que voy a ser campeón". Después, con el puño encogido, se golpea la zona: "Ahora no te desconcentres. Estás a un juego, solo a uno. No falles". Y el suizo no lo hace al saque y se corona por primera vez campeón del Abierto de Australia (6-3, 6-2, 3-6 y 6-3 del español tras dos horas y diez minutos). Es su primer Grand Slam, en su debut en

martes, 10 de septiembre de 2013

Nadal es indestructible

El mallorquín logra su segundo US Open y 13º Grand Slam tras desquiciar a un Djokovic que comete 53 errores no forzados y remontar un tercer set que tenía perdido  


Nadal se emociona en el suelo tras el último punto de partido - AFP.

Una jugada define a Rafa Nadal (Manacor, 1986). Se juega por el tercer punto del noveno juego del tercer set con 4-4 y empate también a un set para dos contrincantes que no se reservan nada y hacen rugir a la Flushing Meadows, enloquecida ante una batalla singular. Novak Djokovic resta y a Nadal se le va el pie derecho, se resbala, pero no le quita el ojo a una pelota que no puede devolver. Es el 0-30 para su rival, que llega a procurarse tres oportunidades de break para poder sacar para llevarse el tercer set y tener más cerca la

domingo, 18 de agosto de 2013

Nadal es un camaleón

El mallorquín se impone a Isner (6-7 y 6-7) en Cincinnati para levantar su noveno título del año, recuperar el número dos y poder desbancar del uno a Dkojovic en el US Open 

Nadal celebra su triunfo en Cincinnati - AP. 

Cuando Rafa Nadal se deja ir, acaba de completar una larga lista de logros que le definen como un deportista camaleónico e insaciable. Cuando se deja caer en la pista dura de Cincinnati,  grita y agita los brazos el balear ha ganado el torneo por primera vez y también el primer partido en el que no ha dispuesto ni de una sola pelota de rotura. Con ese gesto Nadal celebra que ha sobrevivido al tremendo saque del local John Isner, el tenista que ganó aquel eterno partido de Wimbledon a Nicolas Mahut –el más largo de la

domingo, 7 de julio de 2013

Murray reescribe Wimbledon

Tras vencer a Djokovic (6-4, 7-5 y 6-4), se convierte en el primer británico en ganar en el All England Club desde que el último título masculino, de Fred Perry en 1936

Murray besa el trofeo de Wimbledon - AFP.

Andy Murray (Dunblane, Escocia, 1987) se siente pesado. Le pesa incluso la gorra, que más que protegerle del sol, parece molestarle en ese juego interminable. Ha tenido tres pelotas para cerrar el partido y ha salvado otras tres de rotura ante Novak Djokovic, que se resiste a ceder la final en tres sets. Hasta que el resto del número uno se queda en la red de la pista central del All England Club. Ahí, tras poco más de tres horas y un parcial de 6-4, 7-5 y 6-4, Murray se desprende de la gorra, se tapa la cara, abraza a Nole, chuta al aire, y, encogido en la hierba, rompe a llorar. Después se desprende de las muñequeras y del peso de la historia. Ésa que decía que desde 1936 ningún británico había ganado un título masculino en Wimbledon –en el cuadro femenino lo había logrado Virginia Wade en 1977–. “No tengo ni idea de lo que pasó en el último punto”, confiesa después: “No sé cómo conseguí ganar ese último juego, tras un partido tan duro, de tantos intercambios largos. Ha sido muy duro”. Murray se acuerda, claro, de que hace un año en el mismo escenario tras perder la final ante Roger Federer, pero también de su dulce venganza con el olímpico en Londres ante el suizo. 

“Felicito a Andy, que ha jugado un tenis increíble”, reconoce Djokovic, consciente de cuánto ha tenido que oír, escuchar y soportar su rival en estos años: “Se lo merece absolutamente. Sé lo mucho que significa para él, para su equipo y para el país entero”. Es cuando el serbio se gira hacia Murray: “Esto hace tu éxito más importante, sé la presión a la que has estado sometido. Es un gran éxito. Yo lo di todo, fue un placer y un honor formar parte de este partido y esta final”. Ivan Lendl sonríe y aplaude. Se emociona viendo cómo su pupilo recoge el trofeo que él, como jugador, nunca pudo levantar. 

Murray es casi siempre mejor en un partido en el que los pierden el norte y los nervios en algún momento. El británico llega a quejarse del abanico de un espectador y de una zapatilla. Y Djokovic explota –“¡que he pedido challange! ¡que he pedido challange!–, sin percatarse que no puede pedir otro. Es el undécimo juego de un segundo set que el serbio llega a dominar por 1-4 y acaba perdiendo por 7-5. En el tercero, la remontada es de Djokovic –de 2-0 para a mandar 2-4–, pero su rival vuelve a imponerse y se lleva la final, su segundo Grand Slam tras el US Open del curso pasado y, también ante Djokovic. Desde enero de 2012, desde le entrena Lendl, al que abrazó antes que a su propia madre, Murray es otro. Parece una roca, por más que a veces dé la impresión de que vaya a romperse. Es el número dos mundial y acaba de reescribir Wimbledon.
      

domingo, 21 de abril de 2013

Djokovic destrona a Nadal en Montecarlo

El número uno rompe la racha de ocho títulos seguidos en Mónaco e inicia con nota su gira en tierra batida (6-2 y 7-6)

Djokovic festeja su triunfo en Montecarlo - AP. 


Cuando Novak Djokovic abre los brazos y se libera de la tensión acumulada es posible que sepa alguna de las marcas que acaba de lograr en la arcilla de Montecarlo. La primera, claro, es que ha logrado llevarse su anhelado Másters 1.000 a la tercera tentativa y que es el jugador que figurará siempre como quien rompió la racha triunfal en Mónaco de Rafa Nadal, que acumulaba ocho títulos seguidos y que contando ese tiempo y hasta esta final solo había cedido siete sets. Pero Djokovic vence en dos (6-2 y 7-5) en casi dos horas de juego y se convierte también en el primero que gana ocho Másters 1.000 diferentes (Indian Wells, Miami, Montecarlo, Roma -2-, Madrid, Canadá, Shanghái y París). Al serbio solo le queda Cincinnati para completar los que están en el calendario actual. Sabe que esta victoria supone un golpe de moral para él, que también aspira a destronar a Nadal en Roland Garros, el único Grand Slam que le falta.

No se enfrentaban en un torneo desde esa final de París, jugada un lunes por culpa de la lluvia, que también retrasó, aunque apenas una hora, la cita en Montecarlo. Una cita que empezó como un huracán Djokovic, poniéndose 5-0 por delante y sin restos de sus dolores en el tobillo derecho. Nadal chocaba contra un rival desatado que acertaba con las líneas y contra sí mismo, pues fallaba solo: un revés, otro revés cortado o haciendo una doble falta. El mallorquín estuvo a punto de ceder el set sin ganar un juego, pero fue capaz de remontar dos pelotas de break en el sexto. Pero cedió en la manga 6-2.

Dispuesto a forzar el tercer set, Nadal se creció en el segundo. Jugó con más frescura y soltura y se colocó 2-4. La réplica del número uno fue un juego en blanco, otro en el que cedió un punto y otro igualado (5-4). Djokovic se bloqueó con su revés y Nadal se puso 5-6 y sirviendo para alargar el partido. Pero de nuevo el serbio respondió con un juego en blanco y con un tie-break inmaculado. Es el tercer título del curso para el serbio tras el Abierto de Australia y Dubai, su 14º Másters 1.000 y una inyección de confianza de cara a Roland Garros, territorio de Nadal, que en su retorno a la competición ha ganado tres torneos y ha sido finalista en los otros dos. Es su mejor comienzo de siempre en un curso difícil tras siete meses lesionado.  

sábado, 28 de julio de 2012

En un abrir y cerrar de sueños

Londres inaugura sus Juegos Olímpicos con un espectáculo repleto de homenajes al Reino Unido

Una imagen del pebetero en el Estadio olímpico de Londres - AFP.

Debajo de las sábanas y con una linterna leía una niña las aventuras de Peter Pan. Lo hacía a escondidas para que sus padres no se percatan que no dormía, sino que soñaba despierta con las aventuras de su héroe vestido de verde. Y, claro, también aparecieron los malos, malos de siempre como Cruela de Vil, empeñada en hacerse abrigos con la piel de los pobres dálmatas, o de Tom Sorvolo Ryddle, el villano de Harry Potter. La pequeña lectora y muchos otros niños repartidos en varias camas fueron salvados por un ejército de Mary Poppins, que aterrizaron con su medio de transporte, el paraguas, y sin más arma que su bondad. En un abrir y cerrar de sueños y de recuerdos se movió la ceremonia inaugural de los Juegos Olímpicos de Londres, perpetrada por el director Danny Boyle, que buscó directamente el corazón de la historia y el del espectador, invitado a ver la esencia del Reino Unido. Y ahí no podía la literatura infantil, donde todo es posible, como lo fue durante el espectáculo, concluido con la llegada de David Beckham en lancha desde el Támesis con la antorcha olímpica para encendérsela a otra institución, Steve Redgrave, el remero de los cinco oros , y éste se la dio en el Estadio Olímpico a siete jóvenes atletas que se la fueron pasando. Después, ya cada uno con una antorcha, encendieron el pebetero, formado por piezas que habían llevado un representante de cada uno de 205 comités olímpicos y que habían dejado en el centro del estadio.

El ascenso de las piezas del pebetero y su unión en la cielo vino a reproducir el espíritu olímpico, ése que proclama el respeto por el contrario y las normas y donde el esfuerzo y la superación personal y colectiva son más importantes que la victoria. Una filosofía más teórica que práctica, lamentablemente. Un discurso acompañado por un repaso emotivo de la historia del Reino Unido, desde el toque de campana de Bradley Wiggins, el primer británico en ganar el Tour de Francia hace unos días, y pasando por la representación en el estadio de la campiña, la Revolución Industrial, la lucha sindical, el recuerdo a los caídos en las dos Guerras Mundiales, la reivindicación de la mujer para exigir su derecho a voto...


El aterrizaje de James Bond 

Y, claro, el sacar pecho de cantera de artistas de canciones eternas como The Who, David Bowie, Queen, los Rolling Stones o los Beatles. En directo, entre otros, Mike Oldfield o Paul McCartney, éste interpretando al unísono Hey Jude, demostrando que hay letras para siempre. Como lo es James Bond –por más que mantenga intacto su deje machista–, también presente e interpretado por Daniel Craig en una de las escenas grabadas y que llegó al Estadio Olímpico en helicóptero acompañado de la Reina Isabel II, contenida en todo momento. La procesión, seguramente iría por dentro. 

En un espectáculo ideado por un director de cine hubo también guiños a las series míticas –entre las que que se incluyó a Cuéntame– o la intervención estelar de Mr. Bean en la escena mítica en la playa de Carros de fuego, dispuesto a hacer trampas simpáticas para ser el primero. Su humor sin  palabras provocó carcajadas en una ceremonia que como advirtió Danny Boyle se explicaba por sí misma, con el guiño a las nuevas tecnologías e Internet -y al amor a primera vista- y que no se olvidó de las palomas de la paz –ciclistas con alas– y claro algunos la presencia de algunos de los más de 10.000 deportistas participantes, desde la elegante Maria Sharapova como abanderada de Rusia, el carismático Usain Bolt por Jamaica, el bromista Novak Djokovic por Serbia o el caballero Pau Gasol, ejemplo para todo, incluso para expresar su orgullo por llevar la bandera con la cara y con los ojos. Los que tanto habrá cerrado para soñar un momento así.        

domingo, 8 de julio de 2012

Federer amplía su leyenda: ya es heptacampeón de Wimbledon

El suizo se impone en cuatro sets a Murray en Londres y recupera el número uno mundial 


Federer festeja su triunfo en la central del All England Club - AFP.

Sólo los elegidos cambian el curso de la historia y vencen al tiempo. Sólo los singulares pasan a la prosperidad del deporte por ser más grandes que el resto. Roger Federer (Basilea, Suiza, 1981) simplemente es una leyenda, el mejor tenista de siempre, el único capaz de levantar 17 Grand Slam. Como Pete Sampras y William Renshaw ya es heptacampeón de Wimbledon después de superar por 4-6, 7-5, 6-3 y 6-4 a Andy Murray en la primera final en Londres jugada bajo techo por la lluvia. El británico aspiraba a ser el primer jugador local en ganar en el All England Club tras Fred Perry (1936), pero acabó viendo a Federer superado por las circunstancias, arrodillado tras su triunfo, que le permitirá igualar la marca de semanas en lo más alto del ránking ATP de Sampas (286): “Definitivamente, éste es un momento mágico. En los dos últimos años he dejado escapar muchas ocasiones, pero nunca he dejado de creer y he recuperado la confianza”. 

Por más críticas que haya leído y escuchado Federer ha seguido cuestionando a aquellos que le daban como gloria perdida señalando, por ejemplo, que en sus dos últimas participaciones en Wimbledon había caído en cuartos de final, algo anormal para quien atesora un récord casi inalcanzable de 23 semifinales de Grand Slam consecutivas. Esta vez en semifinales venció a Novak Djokovic, al defensor del título y al que ha arrebatado la corona mundial. Federer batió al serbio, contra el que había perdido seis de sus últimos siete partidos y en la final empató su estadística particular con Murray (8-8) después de vencerle en la central de Wimbledon. El británico, curiosamente curiosamente el mismo rival contra el que ganó su último grande, el Abierto de Australia en enero de 2010, se mostró frustrado tras su cuarta final alcanzada y perdida en un grande: “Me voy acercando”. Lo dijo mientras lloraba. Murray hizo de tripas corazón para continuar: “No va a ser fácil... Quiero felicitar antes que nada a Roger, no ha jugado nada mal pese a tener 30 años. Quiero agradecer al público su trato. Todo el mundo habla de la presión, pero la verdad es que el apoyo que he tenido ha sido estupendo”. 

La final se alarga por el parón por lluvia (4-6, 7-5, 1-1 40-0) y vive su momento más espectacular con 3-2 y saque para Murray. Empieza un juego interminable de 20 minutos, 10 deuces y en el que Federer desaprovecha hasta cinco pelotas de rotura. El suizo acierta con la sexta y un rato después logra su séptimo Wimbledon en la octava final. Sólo Rafa Nadal ha sido capaz de vencerle en una final en el All England Club. El nuevo número uno sueña ahora con el único mérito que le falta en un currículum repleto de títulos (75) y récords –ya es el segundo tenista más veterano en ganar un Grand Slam: 30 años y 355 días por los 33 años y 131 días de Andre Agassi–. Federer sueña con el oro olímpico en la ciudad en la que ha ampliado su leyenda.  

lunes, 11 de junio de 2012

Nadal alcanza su séptimo Roland Garros para superar la marca de Borg

Nadal y Pau Gasol, abrazados tras la final - AP. 


Les separan 30 centímetros y les une una gran amistad desde que se conocieron en un anuncio y sobre todo después de compartir varias jornadas en los Juegos Olímpicos de Pekín. El abrazo entre ambos no sólo una instantánea entrañable, sino un gesto entre dos de los mejores deportistas españoles de la historia. Vestido de calle, Pau Gasol acogió a un Rafa Nadal muy emocionado por haberse llevado su séptimo Roland Garros, superando la marca del sueco Bjorn Borg  ante el rival con el que había perdido de forma consecutiva las últimas tres finales de Grand Slam consecutivas. “Mentalmente era complicado afrontar ese precedente”, reconoció Nadal tras batir a Novak Djokovic un día después de que comenzase la final, suspendida por la lluvia, cuando el serbio, más suelto con la pelota más pesada, había logrado encadenar ocho juegos seguidos a su favor. Con 6-4, 6-3, 2-6 y 1-2 a favor del balear se reanudó el partido. Nadal se puso las pilas, empezó haciéndole un break al serbio, ganó cuatro  juegos con su servicio –dos en blanco– y acabó con otra rotura ante un Djokovic roto que cedió el torneo con una doble falta: 7-5. 

“Quizás haya sido mi mejor temporada de tierra”, reconoció Nadal, que venció en Montecarlo, Barcelona y Roma sin ceder ni un set, y que sólo concedió uno en la final después de alcanzarla habiendo cedido tan sólo una vez su servicio. Números casi inmejorables, sólo empañados por su pronta eliminación en el Másters de Madrid, donde la pista no estuvo a la altura de las circunstancias. Entonces acabó enfadado, nada que ver con su reacción en una Philippe Chatrier prácticamente llena en un día laboral. Era la cuarta vez que Djokovic y él tenían que continuar una final al día siguiente y la primera desde 1973 que Roland Garros no concluía el domingo. Todo por culpa de la lluvia y de las nubes. El sol hizo acto de presencia en el último juego para iluminar a un Nadal al que le brillaron los ojos, que se saltó el protocolo para ir a abrazar a su familia y a su amigo Gasol. Es un deportista modélico como demostró en su discurso: “Para mí es un privilegio jugar contra el número uno”, dijo mirando a Djokovic, mientras éste estaba casi ausente. 

Djokovic, desquiciado 

Nadal sacó de nuevo la versión más infantil del serbio, capaz de controlar sus impulsos el curso pasado y que en el sexto punto tras la reanudación ya se estaba dando raquetazos tras un error. El domingo, después de un break de Nadal destrozó de otro raquetazo su banquillo. Entonces Había perdido 6-4 la primera manga y cedía 4-3 en la segunda. Fue entonces cuando el serbio advirtió que lo mejor era suspender el partido porque chispeaba. La organización le hizo caso. 

Tras el forzado descanso Nadal se llevó el segundo set y se puso 2-0 en el tercero, antes de encajar un 0-8 y de desencajarse porque no se parase el partido por la lluvia: “¡La pista es la misma que hace una hora y entonces no hemos parado!”. Antes de la segunda y última suspensión ganó el último juego ante un Djokovic que tenía ventaja con la pelota llena de arcilla: metido más en la pista los restos de su rival le llegaban a la altura de la cintura. Poco tendría que decir el serbio el día después para impedir que Nadal se coronase por séptima vez campeón en Roland Garros, para que impidiese que batiese la marca de Borg y para que sumase su undécimo Grand Slam. 

lunes, 21 de mayo de 2012

Nadal se convierte en hexacampeón en Roma desquiciando otra vez a Djokovic


Nadal celebra su sexto título en Roma - AFP.

Un día atípico, un lunes al mediodía y con buen tiempo, se jugó una final que bien podría repetirse a principios de junio en Roland Garros y que se había aplazado el día anterior primero por la lluvia y después por coincidir con la final de la Coppa italiana. Un trofeo que acabó llevándose el Nápoles 22 años después de su último título y el día de la despedida de la Juve de Alessandro Del Piero. Un icono del fútbol como lo es para el tenis Rafa Nadal, humano en la derrota y en la victoria, tan detallista como para hacer su discurso como vencedor en el Foro Itálico de Roma en un italiano sin dudas. Así estuvo en la arcilla el tenista balear ante Novak Djokovic, al que desquició y despertó su lado más animal, esa versión de tenista que se pierde en gestos de rabia y que destrozó una raqueta. Nadal salvó hasta seis pelotas de rotura para convertirse en hexacampeón del Másters 1.000 de Roma, vengar de la derrota del año anterior con un 7-5 y 6-3 en dos horas y 20 minutos, y recuperar el número dos mundial en detrimento de Roger Federer, a quien también supera en número de títulos de esta categoría.     

El Djokovic del 2011 era un tenista de hielo, casi imperturbable a sus fallos y muy convencido de sus posibilidades. En enero en Australia el serbio le ganó a Nadal la séptima final consecutiva tras seis horas eternas. La derrota fortaleció a Nadal, que se vio muy cerca del actual número uno y que meses después le batió en Montecarlo y ahora en Roma. Entre medias, el título en el Godó para el balear y la eliminación prematura de ambos en Madrid: a ninguno de los dos les convenció la pista azul y aseguraron que no volverán el año que viene si no cambian las cosas. 

Pelotas de rotura 

Nadal ha vuelvo a ganarle la partida mental a Djokovic, hecho una furia con 4-5 a su favor y 30-30 cuando el juez de silla mandó repetir un punto cuando la nota había tocado la línea de dobles. Al serbio le perdió la rabia y su rendimiento bajó en picado. Sirviendo Nadal con 30-0 y 6-5 Djokovic la pagó con la raqueta, que acabó destrozada en un poste de la red. Ahí donde falló un par de remates sencillas y donde acabó el partido con su cuarta doble falta –firmó hasta 35 errores no forzados–. 


Nadal no se destempló a pesar de verse con cuatro bolas de break en contra en el inicio de la segunda manga. Las salvó todas. El balear fue un tenista más entero y se procuró cuatro de las siete de las que dispuso. Llegará a Roland Garros en plena forma, a un título de festejar los 50 de su carrera y después de batir por segunda vez consecutiva al rival contra el que más veces seguidas ha perdido.  

domingo, 22 de abril de 2012

Nadal rompe a Djokovic para lograr su octavo título consecutivo en Montecarlo


Nadal celebra un punto en la final - AP.

Entiende Rafa Nadal que el tenis es un camino repleto de retos, los que marcan los rivales y sobre todo los que se pone uno mismo. Y en Montecarlo tenía un reto doble que acabó superando con solidez y madurez ante un Novak Djokovic que le había ganado las últimas siete finales que habían protagonizado. Hace tres meses Nadal rozó el triunfo en el Abierto de Australia en un partido interminable, alargado a casi seis horas, y esta vez venció por la vía rápida, en tan sólo 78 minutos y por 6-3 y 6-1, en Montecarlo, donde se coronó campeón por octava vez consecutiva. Con este triunfo el tenista mallorquín es ya quien atesora más Másters 1.000 -20, uno más que Roger Federer- y supera la marca de siete triunfos consecutivos en grandes torneos de Richard Sears, que en su día levantó siete US Open seguidos. Nadal suma 47 títulos y el 33 en tierra batida, su tapiz predilecto.

Mientras escuchaba el himno de su país después del partido Nadal se puso a temblar. Estaba emocionado por el ritual, pero también por haber roto un par de rachas, pues no había ganado un torneo a nivel individual desde que en junio lograse en París su sexto Roland Garros y no vencía a Djokovic desde diciembre de 2010, cunado lo consiguió en el Másters, en Londres. Desde entonces el serbio le había había ganado en siete finales, por orden: Indian Wells, Miami, Madrid, Roma, Wimbledon, US Open y Abierto de Australia. Nadal puso punto y final a esa errática trayectoria con un triunfo sin discusión en el que atacó a la derecha a Djokovic, tan menor que sólo aprovechó el 40% de sus primeros saques y que sólo disfrutó en el primer juego, que se llevó en blanco. A partir de ese momento Nadal rompió su servicio al número uno hasta cinco veces –en ocho oportunidades– y logró volver a repetir en Montcarlo, donde sólo ha perdido un partido, ante Guillermo Coria en 2003, y que acumula 42 victorias consecutivas. En la última, tras dos semanas sin entrenarse por una tendinitis en la rodilla izquierda, recuperó su brío ante el rival que le había batido sin descanso: “Da mucha confianza volver a ganar un gran torneo como éste, que es quizás mi favorito”. 

Muy seguro con su servicio, Nadal tuvo “muchos puntos gratis”, se permitió subir diversas veces a la red y descompuso a un Djokovic desconocido que ha pasado una semana muy complicada por el fallecimiento de su abuelo: “Djokovic tampoco puede estar siempre impecable. Yo también he estado así otras veces contra él. No sé si lo de su abuelo le ha afectado, pero también es cierto que le pasó a comienzos de la semana, y ha llegado a la final”. Nadal estará este lunes en Barcelona en actos de promoción del Conde de Godó, que intentará ganar por séptima vez en su carrera. 

domingo, 29 de enero de 2012

Un Nadal renovado lleva al límite a un Dkojovic que levanta su tercer Abierto de Australia

Djokovic celebra su victoria en Melboure - EFE.

En reconocer las debilidades se encuentra gran parte de la fortaleza de las personas. De esa transparencia y sinceridad parte el camino para mejorar y completarse. Es una señal de humildad, una virtud que define a Rafa Nadal (Manacor, 1986), que despidió el 2011 desnudándose en una entrevista de Juan José Mateo en El País: “Me ha faltado ser menos previsible jugando”, “me ha faltado un pelín de intensidad en todo: piernas, golpes y cabeza”. Y en cuanto el periodista le nombró a Novak Djokovic Nadal fue directo: “¿Qué he hecho mal? No ir más allá”. A Nadal le quedó la sensación de no haber retorcido a Djokovic como podía haber hecho en ninguna de las seis finales que perdió contra él la temporada pasada. Poco más de un mes después de aquella conversación el mallorquín volvió a ceder ante Djokovic, pero lo hizo de otra forma, llevándole a cinco sets y exigiéndole en la final de un Grand Slam más larga de la historia, 5-7, 6-4, 6-2, 6-7(5), 7-5. 5 horas y 53 minutos, una marca superior a las 4 horas y 54 minutos del Mats Vilander-Ivan Lendl del Abierto de Estados Unidos de 1988. Una eternidad en la que Nadal, haciendo de tripas corazón, demostró esas mejoras que ha entrenado con su entrenador Toni durante las vacaciones -la ubicación en la pista, el jugar mucho más dentro, el servicio, una nueva raqueta..- y resultó muy agresivo, tanto para remontarle dos sets a uno en contra al número 1 y de tenerle contra las cuerdas. Lo tuvo a tiro en la última manga sirviendo con 2-4 a favor y 30-15 falló una volea clara en un juego que se llevó el serbio, al que salvó trece bolas de rotura. Djokovic sumó el quinto Grand Slam de su historia: el tercer Abierto de Australia. También tiene un trofeo de Wimbledon y otro del Abierto de Estados Unidos.

“Hemos hecho historia esta noche. Podríamos haber ganado los dos. Desafortunadamente no puede ser”, se arrancó Djokovic, “espero que tengamos más partidos como éste”. Un gesto tan extraordinario como un encuentro que “nunca olvidaré, sobre todo por este público. Espero volver el año que viene y muchos más”. Palabra de Nadal, que acabó tan exhausto que vivió parte de los discursos de las autoridades apoyado en la red, mientras Djokovic, comedido, hacía estiramiento. Ya se había liberado antes el número 1 arrancándose la camiseta y gritando sin parar. Una celebración salvaje para una cita para enmarcar que dejó a Nadal mucho más cerca de su rival y que le convierte en el primer tenista de la historia en encadenar tres finales perdidas en un Grand Slam, justo en la primera ocasión en la que un grande se acabó jugando bajo techo -impagable la imagen de los voluntarios secando la pista con toallas, en un mosaico multicolor, unos iban de azul, otros de amarillo y otros de naranja-. Llovió en Melbourne y la Rod Laver Arena se cubrió del todo. Cinco minutos de descanso tras los cuales Nadal forzó el quinto set tras imponerse en el tie-break después de ir 5-3 en contra.


Comodo, incómodo

Nadal se arrodilló y celebró ese momento como una pequeña gran victoria por cuanto había sufrido para llegar allí. Por haber contenido a Djokovic jugándole donde más daño le hace, a su derecha, por torturarle a derechas inversas y paralelas en ese cuarto set o en el primer, que se había llevado 5-7 -en 1 hora y 20 minutos- y después de ganar juegos como el quinto, en el que rompió por primera vez el servicio a un Djokovic que había sumado tres saques directos en ese juego. Nadal subió entonces con criterio y valentía a la red y restaba dentro. Exigía al máximo al serbio, muy cómodo, por contra en el segundo y en el tercer set, cuando Djokovic impuso su ritmo y jugó con Nadal llevándole de un sitio a otro. Pero incluso así resistió Nadal, que todavía le salvó tres pelotas de set en la segunda manga y redujo diferencias de 4-1 a 5-4 rompiendo el servicio de su rival, confundido con su primer doble falta. El error que condenó a Nadal a perder ese set. 

El mallorquín se descompuso al resto  y encajó cuatro juegos en blanco en la tercera manga (6-2), en la que volvía a estar lejos de la línea, abusaba de los cortados y parecía haberse olvidado de esa agresividad y movilidad que recuperó después para llevar al límite a Djokovic, contra el que, efectivamente, volvió a perder, pero ante el que exigió al límite, como no había pasado durante el 2011. Este Nadal renovado está cerca de ese serbio maravilloso que es capaz de ponerse a cantar en un karaoke como de llegar a bolas increíbles.

domingo, 3 de julio de 2011

Djokovic vuelve a ganar a Nadal para lograr su primer Wimbledon

Djokovic mira a la grada emocionado mientras Nadal le aplaude - EFE.

Se puso el trofeo a la altura del corazón, que latía con más intensidad de lo habitual por el esfuerzo acumulado, pero sobre todo por la emoción de ver cumplido un sueño de siempre, tenía entre sus manos la copa con la que más se había imaginado posar. Resultó una celebración más propia de un poeta más que de un showman que juega a tenis como Novak Djokovic (Belgrado, 1987), que rompe estadísticas con la misma facilidad que provoca las caracajadas del respetable. El serbio besó la copa de Wimbledon, su tercer grande tras los dos anteriores en Australia. Djokovic sólo ha perdido un partido este año y es la nueva bestia negra de Rafa Nadal, al que ha arrebatado el número uno  mundial y ha vencido en cinco finales este 2011. La última, en la central del All England Club por 4-6, 1-6, 6-1 y 3-6, su "mejor partido de mi vida en hierba".

Djokovic logró lo que pocos jugadores pueden hacer: que Nadal cambiase su forma de jugar. Le obligó a replantearse estilo y estrategia. Como en los cuatro partidos anteriores entre ambos Djokovic le había discutido en los juegos largos, Nadal optó por intentar acortar lo máximo los intercambios, en resolver, para bien o para mal, los puntos en pocos golpes. 

Un break, un set

Estuvo a punto de funcionarle la idea a Nadal en el primer set, en el que llegó a tener un 90% en su primer servicio y defendió bien su saque como su rival el suyo. Pero la manga fue para Djokovic, el único de los dos capaz de hacer un break, en el undécimo juego, el definitivo. Lo mismo había sucedido en semifinales ante Murray, pero al contrario que entonces Nadal no era tan fiable y en el segundo juego de la segunda manga ya llevaba un error no forzado más (ocho) que en el partido anterior. El balear se veía obligado a jugar con su segundo servicio y su rival le torturaba a aces. Precisamente con esa solución, con dos saques directos consecutivos, Nadal se llevó su único juego de un segundo set magistral para Djokovic, capaz de conectar 13 golpes ganadores por sólo seis de Nadal.

Los números y la historia iban con el serbio. Sólo en cuatro ocasiones en la historia un jugador ha  remontado dos sets en contra en una final de Grand Slam, y siempre sucedió en Roland Garros, donde Djokovic perdió su partido en un grande después de 2-0 ante Jürgen Melzer. Pero Nadal no se vino abajo, sino que desestabilizó a su rival y en el segundo juego tuvo (y aprovechó) su primera opción de rotura. Más fresco y seguro, Nadal jugó profundo y desquició a su rival, que cedió el 5-1 con su primera doble falta y se dejó el 6-1 en blanco. 

Doble falta de Nadal

La final, disputada a toda velocidad, parecía encaminada a prolongarse hasta el quinto set. Ambos rompieron el servicio del otro hasta llegar al 3-3. Djokovic se llevó el siguiente juego en blanco y Nadal cometió su primera doble falta. Resultó el inicio del fin de su sueño de lograr su tercer Wimbledon, el tercero también ante un rival distinto. Restó largo: 3-5. Necesitaba romper el servicio de Djokovic para intentarlo, pero el servicio subió a la red para lograr el punto de partido y el balear volvió a restar fuera. Fin de un sueño para uno, el sueño para el otro.

Djokovic se santiguó, se puso las manos a la cabeza y cogió un trozo de hierba para metérselo en la boca. En ese gesto espontáneo sin ningún complejo se explica el éxito de un jugador al que le ha tocado convivir en una época muy difícil, la de Roger Federer y Rafa Nadal, y que está dispuesto a ser el nuevo rey. Números en manos de este 2011 lo es sin duda: siete títulos, entre ellos el Abierto de Australia y Wimbledon, y sólo una victoria. El triunfo en la Copa Davis en diciembre ha fortalecido a un Djokovic que parece no tener límite y al que ni siquiera Nadal es capaz de vencer.  

domingo, 5 de junio de 2011

Nadal desmoraliza a Federer para alcanzar su sexto Roland Garros e igualar a Borg

Nadal abraza su sexto trofeo de Roland Garros -EFE.

La ascendencia de Rafa Nadal (Manacor, Mallorca, 1986) no tiene límites. Es capaz de ganar jugando de maravilla, pero también sabe resolver mostrando una versión más terrenal. El balear desmoralizó al mejor tenista de la historia, Roger Federer, remontándole un primer set que llegó a dominar 2-5 y en el que tuvo una pelota de manga. Un golpe moral que no hizo desfallecer al suizo, tan persistente para alargar la final como impreciso en sus errores no forzados (56 por los 27 de su rival). Nadal ganó por 7-5, 7-6 (2), 5-7 y 6-1 en tres horas y 40 minutos su sexto Roland Garros, en la edición en la que ha sufrido más y en la que comenzó peor, ganando en cinco sets en primera ronda a John Isner, el maratoniano que se apuntó el año pasado en Wimbledon el encuentro más largo de la historia del tenis. Un universo en el que Nadal ocupa un lugar entre los mejores con 10 Grand Slams, uno menos que Björn Borg, al que ha igualado su marca de títulos en París. El sueco logró la marca con 25 años y un día, 24 horas menos que el registro de Nadal, que con el triunfo conserva el número uno y este lunes día 6 sumará su 100ª semana como el mejor. Desde el 2001 el primer clasificado del circuito no ganaba en París. Entonces lo hizo Gustavo Kuerten. 

"Sigo sin poder ganar a Rafa aquí", declaró, resignado, Federer, que sólo ha ganado Roland Garros el año de la única derrota de Nadal en la Philippe Chatrier, que aplaudió y vitoreó a quien logró derrotarle en octavos de final en 2009, Robin Soderling. La grada nunca ha estado a favor de Nadal, que no es rencoroso. En el turno de los agradecimientos se acordó del público: "les doy las gracias por su apoyo". En su Twitter, Carlos Moyá no pudo ser más explícito: "Admiro muchas cosas de Nadal, pero casi que la que más es que todavía le queden ganas de agradecer al público". El número uno es ejemplar en su discurso y en su juego y sabía que llegaba al torneo amenazado por Novak Djokovic, que le había ganado en cuatro finales consecutivas, estaba invicto desde diciembre del año pasado y al que Federer acabó despachando en semifinales. 

Cambio de estrategia 

Pocos deportistas tienen la tensión competitiva y la confianza de Nadal: en los momentos críticos saca pecho. Lo demostró sobre todo en la mencionada primera manga, cuando con 2-5 y una pelota de set en contra logró remontar "-he tenido suerte-" sin hacer un tenis brillante, pero cambiando su estrategia. De intentar desgastar de un lado a otro a Federer, el tenista que menos movimientos hace y mejor rentabiliza su esfuerzo, parece que no sude, para jugarle sobre la zona de revés. Hasta entonces el suizo obligo a Nadal a olvidarse su derecha y a retroceder. Nadal era el dominador en un encuentro gobernado por Federer, que logró su primera rotura de servicio a la cuarta oportunidad.

Nadal reclamó la presencia del fisio, que le reajustó el vendaje y le trató las ampollas antes de empezar el octavo juego. El punto de inflexión para Nadal, que desmontó a Federer ganándole hasta siete juegos juegos consecutivos y nueve de once. El 4-2 parecía indicar un set plácido para Nadal, pero el suizo empezó a fallar menos con su revés y resolvió como mejor le convenía, con intercambios muy cortos para empatar a 4 rompiéndole el servicio a Nadal, que le devolvió la jugada y sacaba con deuce antes de que el partido se parase de nuevo, esta vez por motivos metereológicos, pues comenzó a llover en la Phippe Chatrier. Un paréntesis de apenas once minutos que permitió a los entrenadores aconsejar a sus pupilos y que le sentó mejor al suizo, capaz de llevarse el juego y ganar en blanco el siguiente con el que se aseguró un tie-break sin historia para Nadal (7-2).

"Soy un gran privilegiado"

Federer supo reponerse de dos mazazos tan grandes y empezó a jugar más seguro y sobre todo más suelto. El suizo, actual número tres, sacó sus mejores golpes de la tarde y fue muy oportunos con los saques directos para llegarse la tercera manga con un revés espléndido. Todavía había final y más viendo cómo Nadal compareció en la siguiente, encadenando varios saques cariñosos, de una demasida de poco más de 150 km/h para ponerse con 0-40. Pero reaccionó a partir de su servicio, con su cuarto ace para poner el deuce en un juego en el que consiguió mantener el servicio y, lo más importante, contener a un rival desatado, impreciso en el cuarto juego, en blanco y con su primera doble falta del partido (3-1).

Sostenido por su servicio y suelto por la fiabilidad de sus golpes y la resistencia de sus piernas Nadal se llevó la final y el sexto Roland Garros de su historia en su primera bola de partido. "Sólo le doy gracias a la vida porque soy un gran privilegiado", confesó, antes de valorar que fue un triunfo especial para él en un torneo en el que recuperó sensaciones a partir de los cuartos de final, una ronda jugada precisamente contra Soderling. Le preguntaron si era su victoria más sufrida de su carrera en París, pero él se acordó de la edición de 2006, cuando ganó después de muchos meses lesionado, o la del año pasado, después de haber sido eliminado tan pronto en el 2009.

domingo, 15 de mayo de 2011

Djokovic vuelve a ganar a Nadal en Roma

Djokovic festeja su triunfo en Roma en la arcilla -EFE.
Números, números y más números. Hablar de Novak Djokovic este curso parece un trabalenguas de cifras cada vez más sorprendentes y que se equiparan con las mejores de la historia. El serbio lleva 79 sets ganados de los 88 que ha disputado este curso, donde acumula 37 victorias consecutivas (39 contando la final de la Copa Davis del año pasado) y está a cinco de igualar la mejor racha en la era profesional, en posesión de McEnroe desde 1984. Djokovic ha levantado durante este 2011 siete torneos y en cuatro de ellos doblegó a Rafa Nadal en la final, el último es el Másters  Roma. Como la semana pasada en Madrid, el serbio se impuso en la tierra batida del Foro Itálico, el territorio favorito del número uno. Un doble 4-6 fue el tanteo de un partido que comenzó con tres horas de retraso por la lluvia. Antes, en la final femenina, Maria Sharapova se había impuesto por 6-2 y 6-4 a la australiana Samantha Stosur. La rusa no ganaba un torno desde hacía un año en Estrasburgo. 

Ahora mismo Djokovic es lo más parecido a un muro. Parece indestructive, sobre todo mentalmente, el factor donde casi siempre había sido inferior ante Nadal, al que le ha tomado la medida y espera batir en Roland Garros. El número dos tiene muy cerca, a sólo 405 puntos, alcanzar el primer puesto, que Nadal conservó en Roma por haber llegado a semifinales. En París el balear defenderá título (ha ganado cinco de las seis últimas ediciones) y muchos puntos más que Djokovic, cuya trayectoria en la edición pasada de Roland Garros acabó en cuartos de final. El serbio ya forma parte, junto a Roger Federer y Gastón Gaudio, del selecto grupo de tenistas que ha superado dos veces a Nadal en arcilla.
 
Versión más segura

Djokovic aparcó rápido su maratón ante Andy Murray de 18 horas antes y volvió a enseñar su versión más segura para mantener su servicio y rompérselo a Nadal a la primera tentativa, en el octavo juego. El balear replicó con la misma medicina, pero el número dos cerró la primera manga con otro break.

A Nadal le interesaban los intercambios largas para desgastar más a Djokovic, que prefería resolver rápido. El balear buscaba la derecha de su rival para evitar el revés, pero la estrategia no acabó de funcionarle, tampoco en el segundo set, en el que aguantó hasta el empate a 4 y resistió cuatro pelotas de partido ante un rival inquebrantable e infatigable que se golpea en el pecho tras resolver los puntos importantes y que celebró así su séptimo título en este 2010, el cuarto ante Nadal. "Rafa continúa siendo el rey de tierra batida", recalcó el serbio. "Estoy haciendo todo lo que puedo, no puedo pedirme más. Lo estoy intentando y lo estoy haciendo muy bien pero hay un jugador que es mejor que yo", se sinceró el derrotado. 

domingo, 8 de mayo de 2011

Djokovic vence por primera vez a Nadal en tierra batida en Madrid

Djokovic y Nadal posan con sus trofeos ante Manolo Santana, director del torneo -EFE.
Ha cambiado en mentalidad, actitud y convicción ante los momentos más peliagudos e incluso ha modificado su dieta, ahora sin gluten, por recomendación de su nutricionista. Hace meses que Novak Djokovic (Belgrado, 1987) es un tenista nuevo, desde su victoria en la Copa Davis con Serbia no ha perdido ni un partido y le ha ganado tres finales a Rafa Nadal: Indian Wells, Miami y ahora Madrid. En la Caja Mágica Djokovic logró la victoria que tanto ansiaba: vencer al número uno en tierra batida, algo que no había podido hacer en los nueve partidos entre ambos y que logró en el Másters de Madrid por 5-7 y 4-6 para romper la racha de 37 encuentros consecutivos ganados en arcilla de Nadal y proseguir con la propia: 34, de ellas 32 en este 2011 en el que permanece invicto, suma seis títulos y amenaza el número uno.

Preguntado por el asunto, Nadal ya ha dicho que le haría ilusión que sus duelos con Djokovic pasen ahora a ser los más interesantes. El problema es si encuentra en el serbio lo que Roger Federer con él: un rival respondón. Para muestra, la actuación de Djokovic en Madrid, donde llevó casi siempre el peso del partido y se plantó con 0-4 en el primer set. Ante cualquier otro la primera manga se hubiese resuelto poco después a su favor, pero Nadal logró empatar a cinco juegos tras llevarse el décimo, el más largo del encuentro con casi un cuarto de hora de duración y en el que el serbio dipuso de tres pelotas de set. El balear jugaba desde el fondo, había retrocedido unos metros, señal de entereza y seguridad. Pero Djokovic no se destempló y se llevó en blanco los dos juegos siguientes. 

Golpes prodigiosos

El amago de remontada reanimó a Nadal, capaz de hacer golpes prodigiosos, como uno de espaldas y por debajo de las piernas qconvirtió en un globo ante la desesperación de Djokovic, que le torturaba a base de reveses cruzados. Nadal se sacó un par de aces puntuales para empatar el segundo set a dos y a cutro, pero de nuevo el serbio supo concluir rápido la manga en su segunda pelota de partido. 

En Roma podrían verse las caras de nuevo, pero el gran reto de Dkojovic es vencerle en la arcilla de Roland Garros. Hasta ahora sólo Robin Soderling lo ha logrado. Fue en octavos de final de la edición de 2009. Desde entonces Nadal no perdía en tierra batida y se ha topado con un rival transformado y reforzado que amenaza su reinado. "El número uno no peligra", zanjó Nadal. "La victoria es especial, pero Rafa sigue siendo el favorito en París", sentenció Djokovic. 

domingo, 30 de enero de 2011

Djokovic vuelve a colarse entre Federer y Nadal para ganar su segundo Abierto de Australia

Djokovic sonríe con el Abierto de Australia entre sus brazos -EFE.

La paciencia y la serenidad en los momentos críticos siempre han sido el talón de Aquiles de Novak Djokovic (Belgrado, Serbia, 1987), el tenista más guasón del circuito, de los pocos que podrían ganarse la vida como presentadores de cualquier tipo de programa en televisión, preferentemente humorístico. Sólo él podía celebrar su segundo Abierto de Australia tirando su raqueta, la camiseta, las zapatillas, la muñequera y hasta la toalla a una grada agradecida. El serbio se guardó las plantillas en la bolsa y ya no siguió con el desnudo. De los últimos 24 Grand Slams, Rafa Nadal y Roger Federer se han repartido 21, y Dkojovic, dos, ambos en Melbourne. El primero en 2008 ante el francés Jo-Wilfried Tsonga y este último por 6-4, 6-2 y 6-3 ante un desfondado Andy Murray, que cambió su raqueta con el 5-3 en el tercer set por si cambiaba su suerte. No fue el caso y el serbio, que cerró el curso pasado alzando la Copa  Davis, pudo soltar un grito liberador en un torneo en el que no cedió ni un set.

La liberación de Dkojovic aún sensible cuando le recuerdan sus dos derrotas en el Abierto de Estados Unidos ante los dos tenistas que han gobernado el tenis en los últimos años. Ahora amenaza el segundo puesto en el ránking mundial del suizo, al que ya tiene a 85 puntos. Beneficios de su triunfo y de haber caído el curso pasado en cuartos de final. Murray, que ha perdido sus tres finales de Grand Slam (una en Estados Unidos y dos en Australia), recupera la cuarta plaza en detrimento de Robin Soderling. 

“Más motivado mentalmente”

Djokovic se quedó con un juego para concretar la clave de su triunfo: el último juego del primer set, puro intercambio de golpes (38) que acabó llevándose, y se distanció 5-0 en la segunda manga, un parcial definitivo. El serbio reconoció que ha evolucionado mucho desde su última victoria en Australia en 2008, pues es “más fuerte físicamente, más rápido” y sobre todo “más motivado mentalmente”. Djokovic ha jugado cuatro finales de Grand Slam, además de llegar a dos semifinales en Roland Garros y otras tantas en Wimbledon.

El serbio parece haber aprendido  jugar los momentos decisivos. ¿Tanto como para ser la alternativa a Nadal y Federer?  “Son los que más han dominado este juego en una época. Todo el crédito para ellos”, respondió, consciente de que le queda mucho camino por recorrer y varias celebraciones diferentes que protagonizar. Él, que pudo ser esquiador, otro más en una familia de dicho gremio y que escogió jugar a tenis, un mundo donde atesora el récord de ser el más precoz en alcanzar las cuatro semifinales del Grand Slam, con 20 años y 247 días. “Novak jugó de forma increíble. Es difícil pero hay que vivir con ello”, reconoció Murray, que rompió una raqueta.  El gesto más descriptivo del monólogo de Dkojovic, de nuevo rey en Australia.