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domingo, 22 de abril de 2012

Nadal rompe a Djokovic para lograr su octavo título consecutivo en Montecarlo


Nadal celebra un punto en la final - AP.

Entiende Rafa Nadal que el tenis es un camino repleto de retos, los que marcan los rivales y sobre todo los que se pone uno mismo. Y en Montecarlo tenía un reto doble que acabó superando con solidez y madurez ante un Novak Djokovic que le había ganado las últimas siete finales que habían protagonizado. Hace tres meses Nadal rozó el triunfo en el Abierto de Australia en un partido interminable, alargado a casi seis horas, y esta vez venció por la vía rápida, en tan sólo 78 minutos y por 6-3 y 6-1, en Montecarlo, donde se coronó campeón por octava vez consecutiva. Con este triunfo el tenista mallorquín es ya quien atesora más Másters 1.000 -20, uno más que Roger Federer- y supera la marca de siete triunfos consecutivos en grandes torneos de Richard Sears, que en su día levantó siete US Open seguidos. Nadal suma 47 títulos y el 33 en tierra batida, su tapiz predilecto.

Mientras escuchaba el himno de su país después del partido Nadal se puso a temblar. Estaba emocionado por el ritual, pero también por haber roto un par de rachas, pues no había ganado un torneo a nivel individual desde que en junio lograse en París su sexto Roland Garros y no vencía a Djokovic desde diciembre de 2010, cunado lo consiguió en el Másters, en Londres. Desde entonces el serbio le había había ganado en siete finales, por orden: Indian Wells, Miami, Madrid, Roma, Wimbledon, US Open y Abierto de Australia. Nadal puso punto y final a esa errática trayectoria con un triunfo sin discusión en el que atacó a la derecha a Djokovic, tan menor que sólo aprovechó el 40% de sus primeros saques y que sólo disfrutó en el primer juego, que se llevó en blanco. A partir de ese momento Nadal rompió su servicio al número uno hasta cinco veces –en ocho oportunidades– y logró volver a repetir en Montcarlo, donde sólo ha perdido un partido, ante Guillermo Coria en 2003, y que acumula 42 victorias consecutivas. En la última, tras dos semanas sin entrenarse por una tendinitis en la rodilla izquierda, recuperó su brío ante el rival que le había batido sin descanso: “Da mucha confianza volver a ganar un gran torneo como éste, que es quizás mi favorito”. 

Muy seguro con su servicio, Nadal tuvo “muchos puntos gratis”, se permitió subir diversas veces a la red y descompuso a un Djokovic desconocido que ha pasado una semana muy complicada por el fallecimiento de su abuelo: “Djokovic tampoco puede estar siempre impecable. Yo también he estado así otras veces contra él. No sé si lo de su abuelo le ha afectado, pero también es cierto que le pasó a comienzos de la semana, y ha llegado a la final”. Nadal estará este lunes en Barcelona en actos de promoción del Conde de Godó, que intentará ganar por séptima vez en su carrera. 

domingo, 5 de junio de 2011

Nadal desmoraliza a Federer para alcanzar su sexto Roland Garros e igualar a Borg

Nadal abraza su sexto trofeo de Roland Garros -EFE.

La ascendencia de Rafa Nadal (Manacor, Mallorca, 1986) no tiene límites. Es capaz de ganar jugando de maravilla, pero también sabe resolver mostrando una versión más terrenal. El balear desmoralizó al mejor tenista de la historia, Roger Federer, remontándole un primer set que llegó a dominar 2-5 y en el que tuvo una pelota de manga. Un golpe moral que no hizo desfallecer al suizo, tan persistente para alargar la final como impreciso en sus errores no forzados (56 por los 27 de su rival). Nadal ganó por 7-5, 7-6 (2), 5-7 y 6-1 en tres horas y 40 minutos su sexto Roland Garros, en la edición en la que ha sufrido más y en la que comenzó peor, ganando en cinco sets en primera ronda a John Isner, el maratoniano que se apuntó el año pasado en Wimbledon el encuentro más largo de la historia del tenis. Un universo en el que Nadal ocupa un lugar entre los mejores con 10 Grand Slams, uno menos que Björn Borg, al que ha igualado su marca de títulos en París. El sueco logró la marca con 25 años y un día, 24 horas menos que el registro de Nadal, que con el triunfo conserva el número uno y este lunes día 6 sumará su 100ª semana como el mejor. Desde el 2001 el primer clasificado del circuito no ganaba en París. Entonces lo hizo Gustavo Kuerten. 

"Sigo sin poder ganar a Rafa aquí", declaró, resignado, Federer, que sólo ha ganado Roland Garros el año de la única derrota de Nadal en la Philippe Chatrier, que aplaudió y vitoreó a quien logró derrotarle en octavos de final en 2009, Robin Soderling. La grada nunca ha estado a favor de Nadal, que no es rencoroso. En el turno de los agradecimientos se acordó del público: "les doy las gracias por su apoyo". En su Twitter, Carlos Moyá no pudo ser más explícito: "Admiro muchas cosas de Nadal, pero casi que la que más es que todavía le queden ganas de agradecer al público". El número uno es ejemplar en su discurso y en su juego y sabía que llegaba al torneo amenazado por Novak Djokovic, que le había ganado en cuatro finales consecutivas, estaba invicto desde diciembre del año pasado y al que Federer acabó despachando en semifinales. 

Cambio de estrategia 

Pocos deportistas tienen la tensión competitiva y la confianza de Nadal: en los momentos críticos saca pecho. Lo demostró sobre todo en la mencionada primera manga, cuando con 2-5 y una pelota de set en contra logró remontar "-he tenido suerte-" sin hacer un tenis brillante, pero cambiando su estrategia. De intentar desgastar de un lado a otro a Federer, el tenista que menos movimientos hace y mejor rentabiliza su esfuerzo, parece que no sude, para jugarle sobre la zona de revés. Hasta entonces el suizo obligo a Nadal a olvidarse su derecha y a retroceder. Nadal era el dominador en un encuentro gobernado por Federer, que logró su primera rotura de servicio a la cuarta oportunidad.

Nadal reclamó la presencia del fisio, que le reajustó el vendaje y le trató las ampollas antes de empezar el octavo juego. El punto de inflexión para Nadal, que desmontó a Federer ganándole hasta siete juegos juegos consecutivos y nueve de once. El 4-2 parecía indicar un set plácido para Nadal, pero el suizo empezó a fallar menos con su revés y resolvió como mejor le convenía, con intercambios muy cortos para empatar a 4 rompiéndole el servicio a Nadal, que le devolvió la jugada y sacaba con deuce antes de que el partido se parase de nuevo, esta vez por motivos metereológicos, pues comenzó a llover en la Phippe Chatrier. Un paréntesis de apenas once minutos que permitió a los entrenadores aconsejar a sus pupilos y que le sentó mejor al suizo, capaz de llevarse el juego y ganar en blanco el siguiente con el que se aseguró un tie-break sin historia para Nadal (7-2).

"Soy un gran privilegiado"

Federer supo reponerse de dos mazazos tan grandes y empezó a jugar más seguro y sobre todo más suelto. El suizo, actual número tres, sacó sus mejores golpes de la tarde y fue muy oportunos con los saques directos para llegarse la tercera manga con un revés espléndido. Todavía había final y más viendo cómo Nadal compareció en la siguiente, encadenando varios saques cariñosos, de una demasida de poco más de 150 km/h para ponerse con 0-40. Pero reaccionó a partir de su servicio, con su cuarto ace para poner el deuce en un juego en el que consiguió mantener el servicio y, lo más importante, contener a un rival desatado, impreciso en el cuarto juego, en blanco y con su primera doble falta del partido (3-1).

Sostenido por su servicio y suelto por la fiabilidad de sus golpes y la resistencia de sus piernas Nadal se llevó la final y el sexto Roland Garros de su historia en su primera bola de partido. "Sólo le doy gracias a la vida porque soy un gran privilegiado", confesó, antes de valorar que fue un triunfo especial para él en un torneo en el que recuperó sensaciones a partir de los cuartos de final, una ronda jugada precisamente contra Soderling. Le preguntaron si era su victoria más sufrida de su carrera en París, pero él se acordó de la edición de 2006, cuando ganó después de muchos meses lesionado, o la del año pasado, después de haber sido eliminado tan pronto en el 2009.

sábado, 4 de junio de 2011

Li Na, campeona de Roland Garros y pionera del tenis asiático a los 29 años

Li Na sonríe con su copa de ganadora de Roland Garros -EFE.

Si hubiese continuado sus estudios de periodismo seguramente sería una entrevistadora incisiva, incómoda y graciosa, todo a la vez, como su juego. Li Na (Wuhan, 1982) podría novelizar una biografía peculiar marcada por el incorformismo, la rebeldía y las anécdotas con su pareja. En ese libro uno de los capítulos estrella sería el dedicado a su primer Grand Slam, Roland Garros, ganado ante Francesca Schiavone por 6-4 y 7-6 (0). Resultó una final en la que la china pasó de jugar sobrada, de gustarse mucho, a enfurruñarse contra sí misma y su equipo técnico, al que recriminó sus indicaciones. A Li Na, que también responde al nombre de Na Li, le entraron las prisas ante la campeona del año pasado, pero se repuso con una reacción irreprochable -con una decisión de la juez de silla muy discutida por Schiavone de por medio- y un tie-break perfecto (7-0). Es el triunfo histórico de Li Na, una tenista pionera en China: en 2004 fue la primera tenista de su país en ganar un torneo de la WTA (Guanghou), en 2008 quedó cuarta en los Juegos Olímpicos de Pekín y en enero había sido la primera china en alcanzar una final en un grande, la perdió en el Abierto de Australia ante Kim Clijsters, a la que venció en Sydney. El siguiente paso para Li Na era ganar un Grand Slam: es pionera a los 29 años en todo un continente, el asiático.

El éxito no tiene edad, pero sí un recorrido. El de Li Na no ha sido fácil y ha tenido que tomar decisiones complicadas, como la de dejar el tenis en 2002 para acompañar a su pareja a la univerdad. Una vez casada volvió a las pistas y su entrenador ha sido el marido, Jiang Shan, del que hace unos meses decidió prescindir como entrenador. Li Na no se anduvo por las ramas para justificarlo: "Pasábamos 24 horas juntos, dentro y fuera de la pista. Necesitábamos un descanso. Además, después de Melbourne los resultados empeoraron". En abril contrató al danés Michael Mortensen en abril y los resultados han mejorado: "Ha sabido transmitirme su confianza en mí y quisiera seguir con él, pero tiene familia; hablaremos para ver cuántas semanas al año podría viajar conmigo".  

Primera manga: 39 minutos

Confianza, descaro y seguridad fueron los argumentos con los que Li Na se llevó la primera manga en 39 minutos con dos juegos en blanco al saque, una derecha poderoso. La china jugaba de maravilla en la red, en media pista y en el fondo ante una Schiavone descolocada y desmoralizada. El lema de la camiseta de los fans de la milanesa -"Schiavone another show (Schiavone, otro espectáculo)"- no podía ser menos apropiado para el momento.

Li Na era un martillo y Schiavone un simple clavo. Tal era la superioridad de la china que rozó el 90% de puntos conseguidos con el primer servicio y salvó el primer punto de break de Schiavone en el segundo set. La campeona de 2010 remontó un 2-0 y se pasó con 2-4 a favor gracias a su repertorio de golpes, las derechas demoleadores, los precisos passing shots y, también, la imprecisión de Li Na, por primera vez débil y aplaudiendo con ironía hacia su equipo técnico. Había tenido una bola para el 4-1, pero con todo a favor restó a la red.  

Las protestas de Schiavone

Pero con la misma facilidad con la que se había descentrado se volvió a conectar Li Na para ponerse 5-4 y forzar el tie-break con un juego en blanco. Schiavone no estuvo nada de acuerdo con el tercer punto, que la juez de silla dio como bueno, y en el siguiente dibujó con las manos la trayectoria que habría tenido que seguir la pelota para no salir fuera. La diferencia entre la acción y la intención.

Li  Na resolvió la muerte súbida sin fisuras y crecida con la candidez de su rival, incapaz de anotarse ni un punto: "Ha sido un día duro". Li Na completó un discurso clásico repleto de agradecimientos y sonrió. Fue amable con el público y directa con la prensa: "Cuando era joven soñaba con ser campeona de un grande. Ahora, he escuchado que dicen que soy vieja. Pues la viejecita ha logrado su sueño". Con 29 años es la precursora de un país y de todo un continente: "Todo el mundo me apoya en China". Palabras de una luchadora insaciable, todo corazón -lleva una rosa tatuada en esa zona- que de pequeña jugaba a badminton. De grande, rozando los treinta, acaba de ganar Roland Garros y explica a los cuatro vientos que su marido ronca, pero que lo quiere con locura.