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domingo, 29 de enero de 2012

Un Nadal renovado lleva al límite a un Dkojovic que levanta su tercer Abierto de Australia

Djokovic celebra su victoria en Melboure - EFE.

En reconocer las debilidades se encuentra gran parte de la fortaleza de las personas. De esa transparencia y sinceridad parte el camino para mejorar y completarse. Es una señal de humildad, una virtud que define a Rafa Nadal (Manacor, 1986), que despidió el 2011 desnudándose en una entrevista de Juan José Mateo en El País: “Me ha faltado ser menos previsible jugando”, “me ha faltado un pelín de intensidad en todo: piernas, golpes y cabeza”. Y en cuanto el periodista le nombró a Novak Djokovic Nadal fue directo: “¿Qué he hecho mal? No ir más allá”. A Nadal le quedó la sensación de no haber retorcido a Djokovic como podía haber hecho en ninguna de las seis finales que perdió contra él la temporada pasada. Poco más de un mes después de aquella conversación el mallorquín volvió a ceder ante Djokovic, pero lo hizo de otra forma, llevándole a cinco sets y exigiéndole en la final de un Grand Slam más larga de la historia, 5-7, 6-4, 6-2, 6-7(5), 7-5. 5 horas y 53 minutos, una marca superior a las 4 horas y 54 minutos del Mats Vilander-Ivan Lendl del Abierto de Estados Unidos de 1988. Una eternidad en la que Nadal, haciendo de tripas corazón, demostró esas mejoras que ha entrenado con su entrenador Toni durante las vacaciones -la ubicación en la pista, el jugar mucho más dentro, el servicio, una nueva raqueta..- y resultó muy agresivo, tanto para remontarle dos sets a uno en contra al número 1 y de tenerle contra las cuerdas. Lo tuvo a tiro en la última manga sirviendo con 2-4 a favor y 30-15 falló una volea clara en un juego que se llevó el serbio, al que salvó trece bolas de rotura. Djokovic sumó el quinto Grand Slam de su historia: el tercer Abierto de Australia. También tiene un trofeo de Wimbledon y otro del Abierto de Estados Unidos.

“Hemos hecho historia esta noche. Podríamos haber ganado los dos. Desafortunadamente no puede ser”, se arrancó Djokovic, “espero que tengamos más partidos como éste”. Un gesto tan extraordinario como un encuentro que “nunca olvidaré, sobre todo por este público. Espero volver el año que viene y muchos más”. Palabra de Nadal, que acabó tan exhausto que vivió parte de los discursos de las autoridades apoyado en la red, mientras Djokovic, comedido, hacía estiramiento. Ya se había liberado antes el número 1 arrancándose la camiseta y gritando sin parar. Una celebración salvaje para una cita para enmarcar que dejó a Nadal mucho más cerca de su rival y que le convierte en el primer tenista de la historia en encadenar tres finales perdidas en un Grand Slam, justo en la primera ocasión en la que un grande se acabó jugando bajo techo -impagable la imagen de los voluntarios secando la pista con toallas, en un mosaico multicolor, unos iban de azul, otros de amarillo y otros de naranja-. Llovió en Melbourne y la Rod Laver Arena se cubrió del todo. Cinco minutos de descanso tras los cuales Nadal forzó el quinto set tras imponerse en el tie-break después de ir 5-3 en contra.


Comodo, incómodo

Nadal se arrodilló y celebró ese momento como una pequeña gran victoria por cuanto había sufrido para llegar allí. Por haber contenido a Djokovic jugándole donde más daño le hace, a su derecha, por torturarle a derechas inversas y paralelas en ese cuarto set o en el primer, que se había llevado 5-7 -en 1 hora y 20 minutos- y después de ganar juegos como el quinto, en el que rompió por primera vez el servicio a un Djokovic que había sumado tres saques directos en ese juego. Nadal subió entonces con criterio y valentía a la red y restaba dentro. Exigía al máximo al serbio, muy cómodo, por contra en el segundo y en el tercer set, cuando Djokovic impuso su ritmo y jugó con Nadal llevándole de un sitio a otro. Pero incluso así resistió Nadal, que todavía le salvó tres pelotas de set en la segunda manga y redujo diferencias de 4-1 a 5-4 rompiendo el servicio de su rival, confundido con su primer doble falta. El error que condenó a Nadal a perder ese set. 

El mallorquín se descompuso al resto  y encajó cuatro juegos en blanco en la tercera manga (6-2), en la que volvía a estar lejos de la línea, abusaba de los cortados y parecía haberse olvidado de esa agresividad y movilidad que recuperó después para llevar al límite a Djokovic, contra el que, efectivamente, volvió a perder, pero ante el que exigió al límite, como no había pasado durante el 2011. Este Nadal renovado está cerca de ese serbio maravilloso que es capaz de ponerse a cantar en un karaoke como de llegar a bolas increíbles.

sábado, 28 de enero de 2012

Azarenka alcanza el número uno empequeñeciendo a Sharapova para ganar su primer Grand Slam en Australia


En los guiños de los realizadores de televisión se explican muchas historias, especialmente cuando se entretienen captando la reacción de las deportistas a cuanto acontece en la competición. Victoria Azarenka (Minsk, Bielorrusia, 1989) acaba de fallar un punto de break y en vez de lamentarse parece estar cantando su error con cierta gracia, dándole melodía a esa caña que le ha salido. Una equivocación anecdótica para ella, que a la siguiente oportunidad se lleva el juego, el octavo consecutivo. Y al saque Azarenka se lleva el partido, el número uno mundial y su primer Grand Slam, el Abierto de Australia, ante una Maria Sharapova pasada de revoluciones a lo largo de la noche australiana y que falló el resto lanzando la pelota a la red para perder por 6-3 y 6-0 en una hora y 22 minutos.

Azarenka, Vika para su entorno, es tan expresiva en una pista de tenis como fuera de ella, algo que le perjudicaba antes, cuando era demasiado impulsiva: “Mi equipo me ha hecho darme cuenta de que puedo confiar en mí”. Si durante el partido se había mostrado más segura, paciente, eficaz, buena gestora -sabiendo sobrevivir a los primeros obuses de Sharapova- además de escoger bien sus subidas a la red en el triunfo estuvo casi adorable. Primero se arrodilló y se tapó la cara, para poner cara de sorpendida, irse a abrazarse a su técnico, Sam Smuyk, a la pareja de éste y a su fisio, Jean Pierre Bruyere. Los siguientes gestos, para el público, al que obsequió con varias muñequeras y con su cinta, todo de color verde. Verde esperanza, la que no perdió la bielorrusa -la primera que juega y gana una final de Grand Slam- después de empezar muy nerviosa y verse con 0-2 y 0-30 en contra nada más empezar tras dos dobles faltas. 

Sólo entonces Sharapova pareció Sharapova. Después la rusa no tuvo réplica, vio cómo su rival remontaba el parcial para ponerse 3-2. Sharapova sólo pudo llevarse un juego más en todo el partido con un ace (3-3) y empezó a competir contra Azarenka y contra sí misma, obsesionada como estaba en revertir la situación con golpes a la línea y con mucha potencia. Le salió cruz por completo: “Vika se merece este título lo ha trabajo mucho. Es un honor que su nombre figure en este torneo”.

Décimo título

Sharapova estuvo elegante en su discurso en la jornada que perdió su tercera final de Grand Slam -ha ganado tres: Wimbledon en 2004, el Abierto de Estados Unidos en 2006 y el Abierto de Australia en 2008-. Azarenka sonreía agradecida, tímida ante tal alago y en su primera frase lo agredeció: “Gracias por tus palabras”. La bielorrusia acababa de recibir el trofeo de las manos de Martina Hingis, que según Eurosport podría jugar los dobles de los Juegos Olímpicos de Londres como Roger Federer. El suizo es el ídolo de Azarenka, a la que le encanta leer, estar con los amigos y escuchar música, desde rock pasando por hip-hop o R&B. Quién sabe en qué estilo se puso a cantar ante aquel fallo. Un despiste puntual para una grandiosa campeona que parecía toda una veterana en su primera gran cita.  

Ahora Azarenka es la nueva número uno mundial -Sharapova será tercera-, acumula diez títulos (Abierto de Australia y Sydney este curso; Miami, Marbella y Luxemburgo en 2011; Stanford y Moscú en 2010; Brisbane, Memphis y Miami en 2009; y ITF/Petange-LUX en 2005) y ya tiene su primer Grand Slam venciendo a la campeona la titánica Kim Clijsters en semifinales y sacando la versión más obsesiva a Sharapova en la final. Es la quinta campeona diferente en los últimos cinco grandes.