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domingo, 4 de septiembre de 2011

Bolt reparte un récord de oro en el 4x100

Bolt abre los brazos para celebrar el oro en el relevo - EFE.

Sólo le falta disfrazarse, ponerse corona, barba larga y traje para ser un Rey Mago real. A Usain Bolt le encanta repartir imágenes para la historia en su lucha contra el cronómetro. Tanto que el último día y en la última prueba, el relevo 4x100, contribuyó a otro récord del mundo cogiendo el cuarto testigo y corriendo al máximo de sus fuerzas: 37.04 segundos y oro para Jamaica, mientras que Francia, liderada por Lemaitre fue plata, y Saint Kitts y Nevis, con el veterano Tim Collins como líder, bronce.

Ausente Asafa Powell, el cuarteto jamaicano es igualmente difícil de batir: Nesta Carter, Michael Frater y Yohan Blake, campeón mundial en Daegu en una prueba que siempre quedará como marcada por la descalificación de Bolt. Juntos se marcaron unos pases de baile para celebrar la proeza. Un momento que los relevistas estadounidenses, los que podían hacerles sombra, vieron con las manos en la cabeza después de que Darvis Patton tropezase solo y no llegase a entregar el testigo el testigo a Walter Dix. En el equipo de Estados Unidos había silencio. La fiesta estaba en su rival jamaicano. "Estoy orgulloso de mi equipo y feliz conmigo mismo. He disfrutado mucho haciendo la recta final", dijo Bolt, que reconoció no haber corrido la curva por tener tocado el talón de Aquiles. 

Sorpresa, Savinova derrota a Semenya

Savinova mira al cielo tras su victoria con Semenya a su izquierda - EFE.
No deben haber sido nada fáciles los últimos dos años para Caster Semenya, a la que pusieron en duda sus logros, esa zancada prodigiosa sin rival y esa superioridad apabullante en la final de los 800 metros. Su federación le hizo exámenes ginecológicos antes de aquel campeonato porque tenían dudas sobre su sexo, sobre si era o no mujer. El mundo dudó si lo era o si, por el contrario, era un hombre. La IAAF y su federación, la sudafricana, trabajaron durante once largos meses para encontrar una solución a la pregunta. Tiempo en el que no pudo competir. Un parón que tuvo final en julio del año pasado. A pesar de todo llegó a Daegu como clara favorita, pero se encontronó con una rival menos fibrada y más delgada que dobló sus pasos en los últimos metros y dejó un discurso conmovedor: "No me lo creo, me parece un accidente. No me esperaba correr tan deprisa". Palabras de la rusa Mariya Savinova, actual campeona de Europa y que hizo el mejor registro del año (1:55.87) para lograr el oro y sobre todo se fue a abrazar a Semenya, ignorada por sus rivales durante todo el campeonato.

Resultó una carrera de alto voltaje: los 200, con Semenya quinta, se corrieron en 26.61 segundos y los 400 en 55.86 segundos.  Sinclar y Jepkosgei, segunda en Berlín, asumieron el mando a un ritmo frenético, dispuestas a eliminar como fuese a la peor contricante. Pero Semenya remontó sin aparente dificultad: cuarta, tercera, segunda y primera en la recta final... Pero por detrás llegó como un cohete Savinova y se llevó el oro. Semenya festejó la plata como una liberación y Jepkosgei se quedó al otro extremo del podio, bronce y de nuevo por detrás de una atleta que ha pasado por un calvario fuera y dentro de las pistas.  

Mo Farah se hace con el oro en los 5.000 y Jesús España acaba 12º

Mo Farah, tras llegar a la línea de meta - EFE.

Ir por detrás da una perspectiva general -la que tendría un telespectador- y permite evitar algunos de los peligros en el tartán, como los codazos y las caídas ajenas. El problema para Jesús España es que no fue una pose: en el kilómetro 4 iba el último de los no descolgados. e intentó progresar por el interior, pero no llegó a inquietar al grupo delantero. Ahí donde estaba Mo Farah, que antes de llegar a la última vuelta hizo un cambio selectivo, definitivo en definitiva, a pesar de la remontada de Bernard Lagat en la última recta. Mo Farah (13:23.37) se quitó la espina de los 10.000 -fue plata- llevándose el oro en los 5.000, mientras que otro de los favoritos, Imane Merga, fue bronce durante unas horas, las que tardó la organización en descalificarse por encarar la curva por dentro, con lo que el metal recayó en Dejen Gebremeskel y España ascendió un puesto, del 13º al 12º.

Mo Farah dejó que otros, como Koech o el propio Merga, tirasen del grupo al principio para reservar energías y dar el golpe preciso antes de la última vuelta, que supuso la primera gran criba de la prueba, y logró mantenerse primero a pesar del gran sprint de Lagat, el bicampeón mundial en Osaka 2007 en 1.500 y 5.000 que no pudo alcanzar a un rival fino y poderoso que el año pasado en Barcelona se llevó el oro en los 10.000 y 5.000. Entonces España le puso en aprietos y le levantó el brazo en señal de reconocimiento.  

Esta vez Mo Farah, entrenado por Alberto Salazar y en Oregón desde febrero, ganó más de diez segundos antes de lo que entró España, crítico con los que critican los resultados del equipo nacional (sólo el bronce de Natalia Rodríguez y el cuarto puesto de Manolo Olmedo en el milqui): "Hay buenos resultados y malos, de todo como en botica. Lo que hay que exigir a los atletas es que compitan al nivel que vienen en el ránking de marcas y no crear falsas expectativas". Y volvió a felicitar a su amigo Mo Farah -"ha corrido muy bien, es justo vencedor"- para reconocer que debe coger "una marcha más" que sus principales rivales africanos, menos tras la renuncia a la prueba de Bekele, para beneficiarse de su último 500: "El problema está en hacer ese 500 rápido cuando llegas al 4.500. Ellos llegan con soltura". 

sábado, 3 de septiembre de 2011

Éste sí es Bolt, imperial en los 200

Bolt, cámara en mano, retratado por los fotógrafos - EFE.

El atletismo vuelve a bailar al ritmo de Usain Bolt, capaz de revalidar con la gorra su título mundial de los 200 metros y hacer olvidar que hace seis días perdió contra sí mismo tras ser descalificado por una salida nula en los 100. El jamaicano toreó a los fotógrafos, que le perseguían para capturar su momento, mientras él, como los niños pequeños o como Benny Hills, se escapaba en dirección contraria. Incluso cogió una cámara e hizo una foto a sus perseguidores, algo parecido a que se hubiese colado en el ordenador de un cronista y le escribiese unas líneas del texto. Bolt se rió de la ocurrencia, como de casi todo lo que se le pasa por la cabeza, mientras que los profesionales de la cámara, muy juntos, peleados por conseguir el encuadre perfecto, seguían apretando al botón de sus máquinas. La sonrisa de Bolt ha vuelto con una marca más que buena (19.40, lejos, eso sí, de su récord mundial de 19.19). A partir de la curva no tuvo rival, y Walter Dix, su principal rival, tuvo que conformarse con la plata (19.70). El francés Christophe Lemaitre, exultante, un blanco en territorio de negros, se llevó el bronce con 19.80, la segunda mejor marca de un europeo después de la del italiano Pietro Mennea (19.72s).

Bolt gestionó tan bien la previa de la final como la propia prueba en sí, en la que no se dejó llevar en los últimos metros. Quería hacerlo lo mejor posible, pero siendo consciente de que no podía pretender superar el récord de siempre, suyo, claro: "Quería arreglar lo de los 100". Ésta vez su salida fue válida, pero no brillante, más bien mala como casi siempre (193 milésimas). Bolt hizo de arquero señalando al cielo, una posición que se ha convertido en su seña de identidad tanto dentro como fuera de la pista, donde se comercializan productos con dicha silueta. La figura de un ganador que pedía silencio a la par que la voz de megafonía antes de comenzar, que se peinaba las cejas después de pasarse los dedos por la lengua. Así es Bolt y así es su show.      

Chicherova arrebata el título mundial de altura a una Vlasic ejemplar

Vlasic, superando el listón - EFE.
Estuvo a punto de renunciar a los Mundiales de Daegu y, por tanto, a defender su reinado de Osaka 2007 y Berlín 2009, pero Blanka Vlasic (Split, Croacia, 1983) no podía permitirse ese lujo, ni tan siquiera por llorar a lágrima viva en los entrenamientos. Está siendo un 2011 muy difícil para la croata, que no ha saltado más de los 2.03 metros, cuando su récord son los 2.08 logrados en 2009 en Zagreb. Así que armándose de valor y dignificando su profesión se presentó para ganar y acabó siendo plata, por detrás de Anna Chicherova. Ambas no pudieron superar la marca los 2.05, pero la rusa se llevó el oro por haber superado las marcas anteriores (1.89, 1.93, 1.97, 2.00 y 2.03) a la primera, mientras que Vlasic empleó dos saltos en los 2 metros y en los 2.03. La italiana Antonietta Di Martino, que no saltó los 2 metros, fue bronce y dio a su país el primer metal del campeonato. Exacto botín que el de España.

Vlasic se aplaudió a sí misma cuando falló en su tercer intento de los 2.05. Una marca que sí saltó en su primer oro en un Mundial, en Osaka, entonces como en Berlín (2.04) intentó batir el récord de todos los tiempos de Stefka Kostadinova (1987) sin éxito. Ruth Beitia, eliminada muy rápido, ya no estaba en una final que fue descontando rivales pronto. En 1.97, por ejemplo, se quedaron Barrett y Amata y los 2 metros redujeron a tres las aspirantes, pues ni Shkolina ni Slesarenko pudieron llegar a dicha altura. Di Martino se quedó en la siguiente y Chicherova y Vlasic, en 2.05. 

La croata no pudo tener un discurso más ejemplar: "Por supuesto que estoy contenta. He llorado mucho entrenándome por el dolor. Lo he pasado muy mal. Felicito a mi rival, que ha sido mejor". Y después, con la bandera de su país a cuestas, empezó a llorar, un gesto de emoción por haber sido capaz de competir sin estar a su máximo nivel y en condiciones físicas complicadas. Y diciendo casi al final su participación en Daegu. El mes pasado había explicado su problema en su web: "Me hice un escáner porque sentía un dolor constante que me impedía rendir al máximo en los entrenamientos y el médico me ha confirmado que sufro una rotura parcial del músculo semimembranoso".


Quien no tuvo rival fue Sally Pearson en los 100 metros vallas (12.28s): ganó con la cuarta mejor marca de siempre, a siete centésimas del récord de Donkova en 1988, y con la misma suficiencia con la que había corrido en las rondas anteriores. La australiana ya iba primera en el primero de los diez obstáculos y nadie la pudo alcanzar. Por detrás suyo llegaron por este orden y superando sus  marcas personales las estadounidenses Danielle Carruthers y Dawn Harper, ambas cuadraron 12.47. La photo finish decidió. Un recurso que no necesitó Pearson. "Tenían ansias, hambre por ganar, por demostrar que podía conseguirlo. ¿Que cómo lo he hecho? ¿Y me lo preguntas tú?", le soltó al ex atleta Maurice Green. 

Un gran sprint final no le alcanza a Olmedo para ser bronce en 1500


En la víspera se había pasado horas repasando diferentes carreras del milqui, actuales e históricas, de Morzeli a El Guerrouj, pasando por las de Fermín Cacho, oro olímpico en Barcelona, el icono español de una especialidad a la que Manolo Olmedo (Sevilla, 1983) llegó después de su paso por los 800 metros. En su primer campeonato de peso, los Europeos de Barcelona, Olmedo le arrebató el bronce a Reyes Estévez. Un metal al que volvió a aspirar poco más de un año después, en el Mundial de Daegu, pero que se le escapó pese a su fantástico sprint final, la mayor de sus virtudes. El sevillano afrontó los últimos 50 metros séptimo y fue descontando rivales, aunque para ser tercero necesitado varias zancadas más. Le separaron 25 centésimas del bronce, el sorprendente estadounidense Matthew Centrowitz. El cuarto puesto de Olmedo (3:36.33) es el mejor resultado para España en el milqui en un campeonato del mundo desde el bronce de Estévez, precisamente en su ciudad, Sevilla. Kenia consiguió su primer oro mundial con Asbel Kiprop y su compañero Silas Kiplagat fue plata.

Economía de esfuerzas, ahorro máximo de fuerzas era lo que había pregonado Olmedo estos días, que pretendía llegar a la final fino y descansado, a tope para sacar partido de los metros finales. Por eso apuró tanto en semifinales, en la que fue quinto en su serie -a partir de ahí dependía de meterse con uno de los dos mejores tiempos-. Enrique Pascual Oliva, su entrenador y también en su momento de Cacho, le había aconsejado que no se excediese, que se reservase para la vuelta final. Y, obediente, Olmedo le hizo caso. Primero le vino bien que tirase el neozenlandés Willis a un ritmo infernal (28s los 200 metros). A 500 el español iba antepenúltimo y progresando por el intenior alcanzó la sexta plaza a 800. A 200 sacó el genio, apretó los puños y los dientes y dejó a atrás a varios rivales, pero no a Centrowitz lo que le hubiera dado un bronce en su primera final mundialista. Olmedó se quedó con la miel en los labios, sin poder emular a Natalia Rodríguez. Un bronce, el único metal de la delegación española en Daegu de momento.

jueves, 1 de septiembre de 2011

Natalia Rodríguez aparca su mal recuerdo de Berlín con un bronce en Daegu

De izquierda a derecha, Barringer, England y Natalia Rodríguez en los últimos metros - EFE.

Estaba seria y tan concentrada en su cometido que cuando la cámara de televisión la enfocó en la calle uno, con los brazos apoyados en sus caderas, Natalia Rodríguez (Tarragona, 1979) ni pestañeó. No quería gestos en un instante tan buscado desde hace dos años, en la oportunidad de redimirse de lo acontecido en el Mundial anterior. Todavía le retumbaban los silbidos del público en Berlín mientras daba la vuelta de honor como ganadora. Un oro del que fue desposeída por haber tropezado con la etíope Gelete Burka, que acabó en el suelo. Las lágrimas de aquella noche suponían una motivación extra, incalculable, en otra final, esta vez en Daegu y para la que se sentía en plena forma. El ritmo fue lento, mucho -se pasó la primera vuelta a 1:08.78- y Natalia no gastó fuerzas inútiles al principio y apareció al final, su táctica habitual, certera como los alumnos que preguntan poco, pero que cuando lo hacen inquietan al profesor. Pasó penúltima por los 800 metros, fue progresando por el exterior y ya tiraba del grupo a falta de 400, cuando se libró de una caída. Natalia Rodríguez hizo un primer cambio y perpretó otro a 200. Buscaba el oro con "obsesión". Por detrás venían muy fuertes, y  a 20 cedió terreno ante dos que no figuraban entre las favoritas: la estadounidense Jennifer Barringer Simpson -simpática saludando a dos manos y a una los instantes- protagonizó un sprint fantástico para vencer con claridad (4:05.40). Segunda, y plata, acabó Hannah England (4:05.68), de Gran Bretaña. La atleta tarraconense no se vino abajo -"hemos trabajado con mi entrenador (Miguel Escolona, que la acompaña desde los 12 años) esa parte de la carrera para no bloquearte"- y defendió el bronce (4:05.87), exacto botín del de los Europeos de Barcelona. Ahora sí era el momento para expresarse, para soltar una buena sonrisa. El instante esperado para España, su primer metal en un Mundial decepcionante hasta dicho momento. Incluso Ruth Beitia no pasó a la final en salto de altura, anclada en un límite discreto, 1'92 metros. 

Tercera, tercera, decía con sus dedos Natalia, que sí atendía al cámara para señalar la mini bandera de Tarragona con la que corrió la prueba atada a su muñeca derecha. Un gesto de cariño hacia su ciudad, que le acompañó en su reto y le arropó en su desengaño en Berlín. Natalia felicitó a la ganadora, ataviada con la bandera de Estados Unidos y con las zapatillas en las manos. Hace dos años que Barringer aparcó los obstáculos y apostó por correr en liso. Una decisión sabia. Ella fue la gran triunfadora del 1.500, que empezó mandando la noruega Makestad, pero sobre todo Belete, Bahrein, que se esforzaba para su compañera Jamal, que acabó duodécima tras una caída el día que perseguía su tercera corona mundial consecutiva. 

A Natalia le sobraron 20 metros, pero no le faltó la alegría de llevarse un medalla muy perseguida y como homenaje a su abuela, que está en el hospital. Un bronce para olvidarse de Berlín, un bronce para confirmar que es mejor competidora desde que fue madre. Entonces su barrera era el sexto puesto e incluso llegó a plantearse la retirada. En su vuelta tras dar a luz a Guadalupe fue plata en los Europeos en pista cubierta de Turín, meses antes del tropiezo con Burka, a quien se fue a consolar en Berlín, sintiéndose culpable. Después se llevó la plata en el Mundial de pista cubierta de Doha. Ahora Natalia, hija de un soldador y de una empleada de hospital, sólo es culpable de ser una ganadora. 

domingo, 28 de agosto de 2011

Bolt se quita del medio y Blake se convierte en el campeón más precoz

Bolt se lamenta después de su salida nula - EFE.
El mundo se quedó en silencio, mudo, mientras el atleta más veloz de todos los tiempos recorría el tartán con el pecho al descubierto. Usain Bolt (Trewlany, Jamaica, 1986) se había deshecho de su maillot, olvidado unos metros más atrás, después de adelantarse a la salida y ser descalificado de la final de los 100 metros del Mundial de Daegu. Bolt, el mismo que sabiéndose el centro de atención de las cámaras se había frotado la perilla y la cabeza -gestos simpáticos o prepotentes según quien los valore-, estaba maldiciendo su suerte, la de no poder defender su título mundial de Berlín por precipitarse en la salida -hacerla nula, antes de que sonara el disparo- algo que según decidió la IAAF en 2009 y se aplicó desde el 1 de enero de 2010 conlleva la descalificación. El icono del atletismo acabó sus lamentos golpeando un muro al lado de una grada tan decepcionada en general como él. "Buscáis lágrimas?", dijo a los periodistas que le esperaban, "pues eso no va a suceder". Sin el favorito, Yohan Blake, también jamaicano (Saint James, 1989), se llevó el triunfo con suficiencia, pero con una marca nada espectacular (9,92s), aunque magnífica para su edad. Blake tiene 21 años y es el campeón más precoz. Detrás llegaron Walter Dix (10,8s) y Kim Collins (10,09s, 35 años), mientras que Christopher Lemaitre no aprovechó la ocasión y sólo fue cuarto (10,19s).

A Bolt, que siempre ha tenido en la salida su talón de Aquiles y que la había preparado a consciencia en los últimos meses, le queda corroborar que es el rey de los 200. ¿Pero qué le pasó en los 100? ¿Le pudo la presión de ver cómo perdía rivales con los días? Sabía que Tyson Gay y Asafa Powell habían renunciado a la prueba por lesión días antes y Mullings y Rodgers fueron vetados dopaje. El Bolt más terrenal -había anunciado que su objetivo era ganar, pero sin aspirar a récords- se veía más fuerte sin sus contricantes más complicados. Seguramente, no veía en Blake, uno de sus compañeros de entrenamiento bajo la batuta de Glen Mills y al que en su país señalan como su sucesor, un opositor real. Pero el chaval, de finas restas y cuerpo fibrado, estuvo "tranquilo", sabedor de que si alcanzaba a Collins iba a ganar, "porque tengo un final de locura". Y acabó ganando con la gorra, igualando su mejor registro (y con un viento de 1'4 m/s en contra), pero en todo caso muy lejos del 9,58s de Bolt en el Mundial de Berlín hace dos años.

"Desde que llegué a Daegu", relató Blake, "no he podido dormir, he estado soñando con esta carrera, teniendo pesadillas... Siempre rezando y pensando en la prueba. Sabía que haría esto un día pero no esperaba que fuera hoy". Además de ser el campeón mundial más joven también fue el más precoz en correr en menos de 10 segundos: 9.93 en 2009, antes de los 20. Su trayectoria hasta ahora era discreta: séptimo en el Mundial juvenil de 2005, y bronce y cuarta plaza, respectivamente, en los Mundiales júniors de 2006 y 2008. ¿Qué habría pasado con Bolt en pista. "Nunca lo sabremos", zanjó Blake, consciente de que es más noticia el fracase de su compatriota que su victoria: "No pensé que llegarían a descalificarlo. ¿Cómo puedes echar a Bolt de una carrera?". La IAAF se vio obligada a recordar que las normas no hacen distinciones: "Por supuesto que es una pena la salida falsa de Usain Bolt (...) es importante recordar que la credibilidad de un deporte depende de sus reglas, y éstas deben ser aplicadas de manera coherente y justa para 'TODOS' los atletas".